Diez razones para hacer silencio

Solamente puedo escribir cuando se me antoja. No tengo eso que se llama el oficio. Para peor, se me antojan pocos temas: mi hija, los cambios en la sociedad, el fútbol, la hipocresía en las relaciones y la exageración de un tiempo anterior o un sitio querido. En doce años de archivos no encontrarán más que variaciones sobre esos tópicos. También verán, si navegan un poco, un par de baches de silencio en el blog. Estoy en medio de uno.

Cuando me pregunto por qué no pude sentarme a escribir en estos meses, tengo un puñado de respuestas. A veces me parecen excusas pelotudas, pero suelen esconder una verdad.

Las razones son estas diez:

España no me importa ni para burlarme

Desde hace quince años vivo en otro país. Los primeros cinco escribí mucho contra las costumbres de ese país. Los siguientes cinco quise entenderlas, a ver si me gustaban; pero no me gustaron. Entonces cinco años atrás les di la espalda a esas costumbres, me encerré en casa y solo bajo al garage para que Cristina me lleve al aeropuerto.

Hoy sé lo mismo de España que de Bulgaria o Persia. No sabría qué decir sobre España. No trabajo acá, no me relaciono con nativos ni camino sus calles. Permanezco en la patria de mi hija porque quiero vivir con ella.

Ya no extraño Argentina como antes

Del mismo modo, hace quince años que no vivo en el lugar donde nací. Los primeros cinco idealicé los recuerdos que había dejado y les descubrí maravillas que solo se ven desde lejos. Los siguientes cinco años intenté hacer una vida de espaldas a mis hábitos y me aburrí como un hongo. Y desde hace cinco años decidí, de algún modo, volver.

No con el cuerpo, porque todavía es pronto, pero sí con la cabeza. Hoy todo lo que hago —libros, teatro, radio, tele— está en Buenos Aires. También todo lo que soy.

Falta mucho para el próximo Mundial

La Copa del Mundo en Brasil, que sin dudas fue la mejor que vi hasta ahora, le quitó épica a todo lo que pueda ocurrir en estos tres años que nos quedan hasta Rusia 2018. Escribí como un loco entre julio y agosto del año pasado (once crónicas en un mes, tremendas ganas) y ya no me queda resto para glosar este sánguche de nada que son los años tontos sin Mundial.

Es verdad, Racing salió campeón no hace mucho y Messi sigue persiguiendo la esponja en el camp Nou, pero me cansaría volver sobre lo mismo, y los aburriría a ustedes si les hablara por segunda vez sobre mi perro Totín.

No puedo entender las novedades

Esto es grave: por primera vez en este siglo no estoy viendo la serie más vista, no me cautiva la aplicación más descargada, no me hace reír el video más divertido ni soy capaz de leer completa la noticia más leída. Comprendo la complejidad de la serie, la utilidad de la aplicación, la gracia del video y la importancia de la noticia. Pero ya no siento que sean para mí.

No es la rebeldía del que dice “no me gusta lo masivo”; ojalá fuera eso, porque allí anida un síntoma de juventud. Es lo contrario: es saber que la gente que está mejorando el mundo va a una velocidad que ya no puedo perseguir.

Mi hija ya no quiere ser personaje

Hay también una razón generacional. No hace mucho mi hija se ofendió conmigo por ventilar sus intimidades. Lo sospeché hace unos meses, cuando publiqué una conversación que habíamos mantenido y, en sus gestos, entreví que no le gustaba. Hace poco informé, con orgullo, que Nina leía mientras cagaba. Y esa fue la gota. Al día siguiente, con madurez y sin berrinches, me dijo: «No escribas más sobre mí, ya soy grande».

No me dolió el pedido; me entristeció que ya hubiéramos llegado a ese punto. Ella acaba de entrar a una época de privacidad y vergüenza de la que saldrá, si hay suerte, a los dieciocho. Tengo pensado anotar todas nuestras peleas y publicarlas cuando ella me lo permita.

Cuando leo me siento fragmentado

También hay motivos coyunturales. Algunas noches quisiera ser, de nuevo, el lector tranquilo que paladea un párrafo tras otro sin preguntarse nunca, a la mitad de una frase, si alguien ha logrado ser más cínico que ayer en Twitter. Y lo peor es que siento (ojalá sea un error) que a todo el mundo le pasa lo mismo.

Temo que el que haya llegado a este párrafo ya esté pensando en otra cosa. ¿Habrá llegado el mail que esperaba? ¿Ya estará disponible el nuevo subtítulo de la serie de zombies? ¿Y si mientras estoy acá, leyendo a este gordo llorón, murió alguien importante y Twitter explota? Voy a ver. Tengo que ir a ver. En todo caso ya volveré más tarde.

Cuando escribo me siento insensato

En 1987 un amigo de mi viejo tocó el timbre de casa y pidió prestada la videocasetera. Ahora suena normal, pero entonces era un artefacto costoso. (Es como si hoy alguien nos pidiera prestado el iPhone durante unos días.) Le resultó muy incómodo a Roberto negarse. Más tarde, fastidiada, mi mamá resumió la personalidad del amigo en tres palabras: «Es un insensato».

Siento esa misma insensatez cuando publico un texto largo. Me da la impresión de que escribir más de cien palabras es demasiado pedir. Es requerir del otro una atención desbordada, es reclamarle tiempo y, sobre todo, concentración. El solo intento de sostener una idea prolongada, en mi cabeza, se convirtió en una pedantería.

Adopto costumbres de las que me burlaba

Otra razón es la paradoja del tiempo. Los que son jóvenes reciben la nueva fragmentación con naturalidad. Los que son viejos ya tomaron la decisión de no comprenderla. En cambio la generación intermedia, la mía, padece con fuerza la contradicción.

Hace un tiempo me burlaba de los contenidos que, para resultar atractivos, ofrecen títulos numéricos: «Las 27 maneras de…», «Las 12 cosas que…». Pero no es una moda pasajera: es una fórmula que nos calma. Nos ofrece la extensión de lo que vamos a leer y nos asegura párrafos moderados, para que en medio podamos desconcentrarnos en paz. Ya no me burlo de eso; caigo en la trampa.

Ya no es necesario ser el observador

Una vez conté que solo voy a las fiestas de casamiento a cumplir un rol: sentarme solo y pensar en la condición humana mientras los demás hacen el trencito. Siempre me gustó observar a la sociedad, desde una mesa lejana, y sacar conclusiones. Pero noto que, últimamente, ya no hace falta ese rol. Las redes sociales lograron que mi generación haga el trencito mientras se burla de la condición humana. Y eso me deja un poco sin trabajo, me hace sentir un jubilado de la ironía.

Si se fijan bien, el mal llamado “cinismo de Twitter” no es más que el target 35–50 intentando comportarse, sin suerte, como el target 15–30.

Lo que puedo decir ya fue dicho mejor

Y por último, la razón que las unifica a todas. Ya lo habrán descubierto sin ayuda. Todavía es paulatino, pero también es irremediable: me hago viejo. No veo nada si no me pongo los anteojos, me duelen los huesos cuando llueve y empiezo a entender que no hay nuevas historias, sino etiquetas diferentes para contar las mismas. Y aunque me cueste un poco, voy a intentar escribirlas. Por eso acabo de agregar una sección a este blog. Desde hoy tengo un tema flamante del que empiezo a tejer teorías: la vejez.

A los que me pedían continuidad les agradezco la paciencia. Si llegaron al final de este párrafo espero que no se hayan aburrido mucho. De todos modos, todo esto que escribí ya lo dijo Pappo mejor que yo, en tres minutos y con música.

«El viejo», Pappo (1971)

Hernán Casciari
Jueves 16 de abril, 2015

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172 comentarios Diez razones para hacer silencio

  1. Nerina Badalic #126    24 junio, 2016 a las 3:30 pm

    Aunque un poco tarde (porque recién lo leí) quiero decir algo:

    Con respecto a lo que decís en “Cuando escribo me siento insensato”… ¿Por qué está mal pedirle a la gente un poco más? Un rato más de su tiempo, un esfuerzo más de la mente para entender lo que decís y del corazón para permitirse sentirlo. Tengo 23 años, estoy por recibirme de editora, soy lectora de toda la vida y estoy convencida que lo que le falta a esta época (no a mi generación, ni a la que me sigue, ni a los hispanohablantes, sino a este momento de la historia) es un poco de esa exigencia. Hoy en día los editores, y muchas veces los autores también, tratan de darle a los lectores “lo que ellos (los lectores) quieren”, tratan de ver qué les gusta, qué les va a atraer de todo lo que demasiado que hay, qué van a comprar.

    Antes era al revés. Antes un autor escribía lo que necesitaba decir, lo que él creía que la gente necesitaba escuchar y el editor, en términos simples, validaba esa opinión. Fue la época de mayor gloria de la literatura: nos dio a Borges, a Faulkner, a Golding, a García Márquez, a King, a Kafka… Ellos no nos dicen lo que queremos escuchar, nos muestran la verdad incómoda, eso que NO queremos ver y, encima, nos desafían a prestar más atención cuando leemos.

    Entonces, en una época tan falta de referentes, de guías, de “mirá para acá”, “fijate en esto”, “acordate de esto otro”, “no des tal cosa por sentado”, ¿por qué Vos no podés ser quien lo diga? ¿Por qué vos no podés ser quien le diga al lector “Mirá, esto vale la pena. Es más largo, es más difícil, pero vale la pena. Así que tomate el tiempo de leerlo”? De hecho, creo que es eso lo que hacés y lo que tanto atrae. Hablás de lo cotidiano y de lo difícil, de lo que no hay que dejar pasar. En un momento en que todos estamos apurados (incluso cuando no tenemos nada que hacer) y desesperados por lo inmediato le decís “Ya sé que no tenés tiempo, pero pará. Pará un segundo. Tomate un rato y mirá esto”. Y yo creo que eso que lo te hace valer como autor.

  2. Juan el Cuervo #124    19 julio, 2015 a las 12:18 am

    Hay buenos psicoanalistas por estas tierras. Y no todos argentinos.
    Gordo, en muchos temas abrís camino. Qué vamos a hacer los viejos en este mundo si no hacemos algo ya?
    Hace 80.000 años que los viejos tienen sentido, sino no existirían. Como pasa entre los leones o los ciervos.
    Poné luz Gordo!!! Antes que la desesperanza nos conquiste

  3. ED K #123    8 julio, 2015 a las 1:31 pm

    Yo llegué al final del texto, Gordo.
    Gracias por tomarte el tiempo para escribirlo. El que me tomé para leerlo siento que estuvo bien invertido, aunque a los 41, casi 42, yo también hay días que hago listas y otros en los que, sin hacerlas, igual me siento viejo.

  4. brian roca #122    12 junio, 2015 a las 2:18 am

    me gusta cada gota de tus párrafos… te cono si en una radio y no puedo dejar de leerte uno cada noche… me vuelvo niño cuando mis padres me leeian antes de ir a dormir… Hernan genio.

  5. SITU #121    1 junio, 2015 a las 7:03 pm

    .La liberás a tu hija de ser un personaje tuyo. Eso está bueno. Pero ponerla en el lugar de la causa por la que vivís en un lugar diferente de aquél donde decís que tenés tu vida, todo lo que hacés y lo que sos…espero encuentres buenos psicoanalistas por aquellas tierras!

  6. Demianchu #120    27 mayo, 2015 a las 8:54 pm

    te extrañaba gordo, hacia mucho no te leía. Me pasa lo mismo en algunas cosas sobre todo en “No puedo entender las novedades”. Supongo que son etapas,,,ya pasarán. Saludos

  7. Nacho Sanguinetti #117    28 abril, 2015 a las 4:58 am

    No quiero modificar mi seudonimo o mi foto! a vos te quiero hernan! como a otros que estan en tu rubro, como el negro dolina, ojala sea el momento de la vejez, espero leer lo que escribas, aun si te olvidas de este mensaje y escribis sobre la falta de memoria, y ni mecionas este mensaje igual voy a estar esperando lo que vayan a escribir, y no es por chupar las medias, ni nada que se le parezca, la verdad necesito leer!

  8. Akira #113    25 abril, 2015 a las 4:23 am

    Hernán, quizás podrías escribir por adelantado e ir publicando sin dejar esos largos
    baches, ya que si hay mucho silencio hay 2 ideas flotando.

    1 Se hizo mucha guita y está durmiendo sobre los billetes.
    2 Se fué de gira y no nos enteramos.
    3 Se abrurrió del tema y se puso un maxikiosco.

    Falta mucho para el próximo Mundial

    Creo que los años con mundial son los más caóticos para los que pasamos por alto, aveces
    uno le puede sacar provecho, aveces puedes ganarte un TV en esas rifas que habían en las
    oficinas, hoy no se porque gracias a internet se puede ver en la oficina. Recuerdo que
    jugaba Brazil y me dije hoy hay poca gente y me fuí a hacer esos trámites que quedan
    pendientes así me fuí a pedir una copia de la denuncia del robo de la moto así tramitava
    la baja, no se si me expresé mal por que me recriminava de “por que me robé una moto”, la
    cosa estaba yendose a cuanquier lado, (sospeché que me estavan provocando), así que agarré saque
    los formularios y explique por qué de haber de robarme la moto soy el titular y tampoco tenía
    sentido un autorobo ya que no tenía seguro contrarobo(tampoco me lo ivan a tomar), me dieron
    los papeles y redoblaron con que me robé la moto. soy de los que pienzan que hay gente que se
    idiotiza por el futbol. En este último mundial un malviviente que quizo entrar a robar a una
    casa fué ultimado por el dueño…

    Tengo pensado anotar todas nuestras peleas y publicarlas cuando ella me lo permita.
    Umm va a pedir su parte.

    Cuando leo me siento fragmentado

    Temo que el que haya llegado a este párrafo ya esté pensando en otra cosa.
    Y sí, ahora sé como dirigirme al psiquiatra y fonoaudiólogo “me siento fragmentado
    y no encuentro el botón desfragmentador”, hay un zumbido desde chico que me impide
    concentrarme, lo tapava con FM pero hace tiempo que me pasé a la AM y no puedo concentrarme
    con ruido, cuando no tenía canas podia con R&Pop y Z95 al mismo tiempo.

    Y con eso de El solo ‘intento de sostener una idea prolongada,”, es que se me acavó el
    disco rígido y va sobreescribiendo los últimos 5 segundos de lectura salvo que pase algo
    muy groso que indica, releer 15s antes y decidir cuánto mas para atrás ir, anotarlo en el
    notepad comentarlo en el blog.

    Soy del colectivo que escribe y escrive mal, no se si ser democrático que cualquiera comente
    la ventaja del notepad es que no se vuelbe una placa roja de crónica VT.

  9. Tam #112    24 abril, 2015 a las 8:43 am

    “Vos nos querés matar de un infarto”, me sale decirte, con toda la ancianidad que me permiten mis veintitrés. Y después, cuando al final, el narrador gordo disfrazado de viejo gruñón (porque no nos engañás, los viejos gruñones son siempre flacos) revela que el texto va de eso, y que vendrán más, me pongo contenta. Si vas a tirar unas puntas sobre como envejecer, ya puedo empezar a hacerlo más tranquila.

    Te quiero gordo. (Todavía soy suficientemente joven para decírselo a un desconocido).

  10. Vinicio Villamarín #111    24 abril, 2015 a las 7:28 am

    En crisis gordo? Pero esta entrada del blog está muy buena, casi como todas las anteriores, te comento porque me gustaría ver la bandera de mi pais en los comentarios (acá no saben de lo que se pierden al no leerte), pero tambien te escribo con interés de por medio, hay algún medio por el cual podamos conversar directamente y que no implique 140 caracteres? Dale, respónde. Un abrazo.

  11. Mariano Cognigni #109    23 abril, 2015 a las 4:29 am

    Oiga Casciari, usted que es el mecánico del taller donde llevamos a reparar las anécdotas que no funcionan bien ¿justo usted se me viene a desanimar? Le dejo un obsequio alusivo:

    Cualquier cosa es preferible a esa mediocridad eficiente, a esa miserable resignación que algunos llaman madurez.

    Alejandro. Dolina

  12. Hernán Fuentes #107    22 abril, 2015 a las 10:01 pm

    Gran texto, tan simple y, a la vez, tan profundo.
    Si los que vienen van a ser así, escriba cuando se le cante, sin culpas.
    Abrazo.
    PD: lo de simple va con respeto…

  13. Ignacio J. Dufour García #106    22 abril, 2015 a las 12:15 pm

    Justo cuando menos tiempo tengo para leerte, vuelves.
    No te preocupes, el tiempo invertido en leer una entrada larga es el mejor empleado de todo el día.

    Ya espero el próximo, ¿será este jueves?

  14. Nicolas Rascovan #104    1 respuesta21 abril, 2015 a las 11:20 am

    Uf, cuanta gente que escribió, que lo parió. Esto va a quedar diluído en 500 mensajes. Bueno, venite a comer un asadito a Montpellier, hacemos un cordero al asador, unas entrañitas a la parri o alguna gilada así, campamento en medio de la nada, algún fernét o vinito francés….Lo que hace falta a veces es cambiar la perspectiva de las cosas o mirar al mundo desde un lugar diferente al habitual. Por ejemplo aceptando la invitación de un completo desconocido para irte al medio de la nada a comer un asado, pero que, aún asumiendo que no va a haber ninguna novedad en el plan, deja cierto lugar para la incertidumbre y la sorpresa.

  15. diego #103    20 abril, 2015 a las 11:40 pm

    Gordo, creo que se conjugan dos aspectos, primero esa “crisis tardía” de los 40 en tu caso, y por otra parte creo que mucho de nosotros, los lectores, nos terminamos hinchando las pelotas de como fué mutando el blog. Tendría que rastrear cuando pero creo que me sumé en el 2007 a Orsai, es ese momento era un reducto mas bien chico, en donde cada post tuyo era una forma de ponerle palabras a cosas que me pasaban o pensaba, pero con el tiempo esa comunión se fué perdiendo e incluso en mi caso me terminço aburriendo ver lectores que comentaban lo mismo que yo hace cinco años “sos un genio Hernán !!”; “Me hiciste emocionar”; “Nunca dejes de escribir” y frases pelotudas como esas. Es algo similar a lo que le pasa a mi hija mas grande (tiene 13) que reniega de los dibujitos y series que consumía con voracidad hace un par de años. Siempre en estos casos traigo a colación las palabras del Chiri en la presentación de Orsai en la cancha de Mercedes cuando comentaba la anécdota de un amigo con el que con el tiempo notaba cierta distancia, dijo algo así como que “lo bueno era haber compartido parte del camino” incluso cuando esos caminos se bifurcaron con el tiempo. Es un lugar fácil pegarte y exigirte que “escribas”, por que consideramos que es tu obligación para con nosotros, y en ese contexto está fantástico parar la pelota y decir “chúpenme un huevo, no se me canta el culo de escribir” y a regañadientes tendremos que hacernos a un lado y esperar a que la sequía termine (recuerdo que al amigo José Playo le sucedió algo similar hace un par de años). Siempre te ví como alguien mas bien cínico y medio fatalista, alguien que el día que todo vuele a la mierda estará tranquilo fumando con mirada de “ya lo sabía”, así que honestamente no me sorprende este bajón, lo único que te pido como favor es que si no tenés nada que publicar no nos tires con un post que es una soberana belga como el anterior. Por lo pronto hacé lo que se te cante el orto, que las ideas ya van a venir, algunos de nosotros entraremos periódicamente a chusmear y en un par de meses nos deleitaremos con tu regreso. abrazo. diego