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10.6 segundos

▣ Hernan Casciari, martes 29 de enero, 2013

Menos de once segundos antes, cuando el jugador argentino recibe el pase de un compañero, el reloj en México marca las trece horas, doce minutos y veinte segundos. En la escena central hay también dos británicos y un hombre algo mayor, de origen tunecino. El deporte al que juegan, el fútbol, no es muy popular en Túnez. Por eso el africano parece el único que no está en actitud de alarma atlética.

Se llama Alí Bin Nasser y, mientras los otros corren, él camina despacio. Tiene cuarenta y dos años y está avergonzado: sabe que nunca más será llamado a arbitrar un partido oficial entre naciones.

También sabe que si, doce años antes, cuando se lesionó en la liga tunecina, le hubieran dicho que estaría en un Mundial, no lo habría creído. Tampoco la tarde en que se convirtió en juez: en Túnez no es necesario, para acceder al puesto, más que tener el mismo número de piernas que de pulmones.

Cuando dirigió su primer partido descubrió que sería un árbitro correcto. Fue más que eso: logró ser el primer juez de fútbol al que reconocían por las calles de la ciudad. Lo convocaron para las eliminatorias africanas de 1984 y su juicio resultó tan eficaz que, un año más tarde, fue llamado a dirigir un Mundial.

En México le pedían autógrafos, se sacaban fotos con él y dormía en el hotel más lujoso. Había arbitrado con éxito el Polonia-Portugal de la primera fase, y vigilado la línea izquierda en un Dinamarca-España en donde los daneses jugaron todo el segundo tiempo al achique; él no se equivocó ni una sola vez al levantar el banderín.

Cuando los organizadores le informaron que dirigiría un choque de cuartos —nunca un juez tunecino había llegado tan lejos—, Alí llamó a su casa desde el hotel, con cobro revertido, se lo contó a su padre y los dos lloraron.

Esa noche durmió con sofocones y soñó dos veces con el ridículo. En el primer sueño se torcía el tobillo y tenía que ser sustituido por el cuarto árbitro; en el sueño, el cuarto árbitro era su madre. En el segundo sueño saltaba al campo un espontáneo, le bajaba los pantalones y él quedaba con los genitales al aire frente a las televisiones del mundo.

De cada sueño se despertó con palpitaciones. Pero no soñó nunca, durante la víspera, en dar por válido un gol hecho con la mano. No soñó con que, en la jerga callejera de Túnez, su apellido se convertiría en metáfora jocosa de la ceguera. Por eso ahora dirige el segundo tiempo de ese partido con ganas de que todo acabe pronto.

Ahora el jugador argentino toca el balón con su pie izquierdo y lo aleja medio metro de la sombra. El calor supera los treinta grados y esa sombra, con forma de araña, es la única en muchos metros a la redonda.

Alrededor del campo, acaloradas, ciento quince mil personas siguen los movimientos del jugador pero solo dos, los más cercanos a la escena, pueden impedir el avance.

Se llaman Peter: Raid uno, Beardsley el otro; nacieron en el norte de Inglaterra, uno en el cauce y el otro en la desembocadura del río Tyne; los dos tuvieron, pocos años antes, un hijo varón al que llamaron Peter; los dos se divorciaron de su primera mujer antes de viajar a México; y los dos están convencidos, a las trece horas, doce minutos y veintiún segundos, que será fácil quitarle el balón al jugador argentino porque lo ha recibido a contrarié y ellos son dos: uno por el frente y el otro por la espalda.

No saben que, una década después, Peter Raid hijo y Peter Beardsley hijo serán amigos, tendrán quince y dieciséis años y estarán bailando en una rave de Londres.

Un escocés de apellido O’Connor —que más tarde será guionista del cómico Sacha Baron Cohen— los reconocerá y, en medio de la danza, los esquivará con una finta y un regate. Lo hará una vez, dos veces, tres veces, imitando el pase de baile que ahora, diez años antes, le practica a sus padres el jugador argentino.

Raid hijo y Beardsley hijo no entenderán la broma, entonces otros participantes de la rave se sumarán a la burla de O’Connor y se formará un bucle de bailarines que, en forma de tren humano, esquivará a los muchachos en dos tiempos.

Peter Raid hijo será el primero en comprender la mofa, y se lo dirá a su amigo: «Es por el video de nuestros padres, el de México ochenta y seis».

Peter Beardsley hijo hará un gesto de humillación y los dos amigos escaparán de la fiesta perseguidos por decenas de muchachos que gritarán, a coro, el apellido del jugador que diez años antes, ahora mismo, se escapa de sus padres con un quiebre de cintura.

Muy pronto Raid padre y Beardsley padre dejarán de perseguir al jugador: será el trabajo de otros compañeros intentar detenerlo. Ellos ahora permanecen congelados en medio de una cinta que el tiempo convierte, a cámara lenta, de VHS a Youtube.

Ahora sus hijos tienen cinco y seis años y no recordarán haber visto en directo el primer regate del jugador, pero al comienzo de la adolescencia lo verán mil veces en video y dejarán de sentir respeto por sus padres.

Peter Raid y Peter Beardsley, inmóviles aún en el centro del campo, todavía no saben exactamente qué ha pasado en sus vidas para que todo se quiebre.

Raudo y con pasos cortos, el jugador argentino traslada la escena al terreno contrario. Solo ha tocado el balón tres veces en su propio campo: una para recibirlo y burlar al primer Peter, la segunda para pisarlo con suavidad y desacomodar al segundo Peter, y una tercera para alejar el balón hacia la línea divisoria.

Cuando la pelota cruza la línea de cal el jugador ha recorrido diez de los cincuenta y dos metros que recorrerá y ha dado once de los cuarenta y cuatro pasos que tendrá que dar.

A las las trece horas, doce minutos y veintitrés segundos del mediodía un rumor de asombro baja desde las gradas y las nalgas de los locutores de las radios se despegan de los asientos en las cabinas de transmisión: el hueco libre que acaba de encontrar el jugador por la banda derecha, después del regate doble y la zancada, hace que todo el mundo comprenda el peligro.

Todos menos Kenny Sansom, que aparece por detrás de los dos Peter y persigue al jugador con una parsimonia que parece de otro deporte. Sansom acompaña al jugador argentino sin desespero, como si llevara a un hijo pequeño a dar su primera vuelta en bicicleta.

«Parecía que estuvieras en un entrenamiento, joder», le dirá el entrenador Bobby Robson dos horas después, en los vestuarios. «Ese no eras tú», le dirá su medio hermano Allan un año más tarde, borrachos los dos, en un pub de Dublin.

Kenny Sansom rebobinará mil veces el video en el futuro. Verá su paso desganado, casi un trote, mientras el jugador se le escapa.

Comenzará, en noviembre de ese año, a tener problemas con el juego y el alcohol. En la prensa sensacionalista lo apodarán «White» Sansom, por su afición al vino blanco.

Su único amigo de las épocas doradas será Terry Butcher, quizá porque ambos compartirán el eje de un trauma idéntico.

Butcher es el que ahora, cuando los relatores de radio y los espectadores en las gradas todavía están poniéndose de pie, le tira una patada fallida al jugador que avanza por su banda. Sin saber que su apellido, en el idioma del rival, significa carnicero, Butcher perseguirá enloquecido al jugador y le tirará una segunda patada, esta vez con ánimo mortal, en el vértice del área pequeña.

Terry Butcher tampoco superará nunca el fantasma de esos diez segundos en el mediodía mexicano. «Al resto de mis compañeros los regateó una sola vez, pero a mí dos..., pequeño bastardo», le dirá a la prensa muchos años después, con los ojos vidriosos.

Kenny Sansom y Terry Butcher no regresarán a México jamás, ni siquiera a playas turísticas alejadas del Distrito Federal. En el futuro, sin hijos ni parejas estables, tendrán por afición (con casi sesenta años cada uno) juntarse a tomar whisky los jueves por la noche e inventar nuevos insultos contra el jugador argentino que ahora, sin marca, entra al área grande con el balón pegado a los pies.

Antes del inicio de la jugada, un hombre da un mal pase. Con ese error empieza la historia. Podría haber jugado hacia atrás o a su derecha, pero decide entregar el balón al jugador menos libre.

Ese hombre se llama Héctor Enrique y se queda inmóvil después del pase, con las manos en la cintura. Después de ese partido nunca podrá separarse del jugador, como si el hilo invisible del pase vertical se transformara, con el tiempo, en un campo magnético.

Enrique todavía no lo sabe, pero volverá a participar de un Mundial de fútbol, veinticuatro años después y en tierra sudafricana. Será parte del cuerpo técnico de un entrenador que, más gordo y más viejo, tendrá el mismo rostro del hombre joven que ahora corre en zigzag. Y acabará su carrera todavía más lejos, en los Emiratos Árabes, de nuevo a la derecha del jugador al que, hace dos segundos, le ha dado un pase a contrarié.

Durante muchas noches del futuro, en un país extraño donde las mujeres tienen que ir en el asiento trasero de los coches, Enrique pensará qué habría ocurrido si, en lugar de esa mala entrega, le hubiera cedido el balón a Jorge Burruchaga, su segunda opción.

Burruchaga es el que ahora corre en paralelo al jugador, por el centro del campo. Son las trece horas, doce minutos y veinticuatro segundos: está convencido de que el jugador le dará el pase antes de entrar al área, que únicamente le está quitando las marcas para dejarlo solo frente a los tres palos.

Burruchaga corre y mira al jugador; con el gesto corporal le dice «estoy libre por el medio» y mientras espera el pase en vano no sabe que un día, algunos años después, aceptará un soborno en la liga francesa y será castigado por la Federación Internacional. Otra entrega a destiempo. Pero él, congelado en el presente, todavía corre y espera la cesión que no llega nunca.

Días más tarde hará el gol decisivo de la final, pero el mundo solo tendrá ojos y memoria para otro gol. Año tras año, homenaje tras homenaje, el suyo no será el más admirado.

Una noche Burruchaga llamará por teléfono a Arabia Saudita para conversar con su amigo Héctor Enrique, y lamentará, un poco en broma, un poco en serio, aquel gol ajeno que opacó el decisivo de la final. Entonces Enrique verá por la ventana una tormenta de arena y, sin pretenderlo, lo hará sonreír. «No fue para tanto aquel gol», le dirá, «el pase se lo di yo, si no lo hacía era para matarlo».


Dentro del campo de juego el viento sopla a doce kilómetros por hora. Si hubiera soplado a sesenta kilómetros por hora, como ocurrió en la Ciudad de México seis días más tarde, quizás la jugada no hubiera acabado bien.

El avance parece veloz por ilusión óptica, pero el jugador regula el ritmo, frena y engaña. Hay una geometría secreta en la precisión de ese zigzag, un rigor que se hubiera roto con un cambio en el viento o con el reflejo de un reloj pulsera desde las gradas.

Terry Fenwick piensa en las variables del azar mientras se ducha cabizbajo tras la derrota. Sobre todo en una, la menos descabellada.

Antes del partido, Fenwick le aconsejó a su entrenador Bobby Robson que lo mejor sería hacerle, al jugador rival, un marcaje hombre a hombre. Bobby respondió que la marca sería zonal, como en los anteriores partidos.

¿Qué habría ocurrido si Robson le hacía caso?, se preguntará Terry Fenwick desnudo, en la soledad del vestuario, con el agua reventándole las sienes.

En este momento, a las trece horas, doce minutos y veintiséis segundos del mediodía, es él quien ve llegar al jugador con el balón dominado; es él quien cree que dará un pase al centro del área. Fenwick piensa igual que Burruchaga, apoya todo el cuerpo en su pierna derecha para evitar el pase y deja sin candado el flanco izquierdo. El jugador, con un pequeño salto, entra entonces por el hueco libre, pisa el área y encuentra los tres palos.

«Mierda», le dirá a la prensa Terry Fenwick en 1989, «arruinó mi carrera en cuatro segundos». Dos años después del exabrupto, en 1991, Fenwick pasará cuatro meses en prisión por conducir borracho. Dirá, a mediados de la década siguiente, que no le daría la mano al jugador argentino si lo volviera a ver.

En esas mismas fechas una de sus hijas cumplirá dieciocho años. Durante la fiesta, Terry Fenwick la encontrará besándose con un argentino en una playa de Trinidad. Reconocerá la identidad del muchacho por una camiseta celeste y blanca con el número diez en la espalda. Fenwick aún no lo sabe, pero en su vejez dirigirá un ignoto equipo llamado «San Juan Jabloteh» en Trinidad y Tobago, un país que nunca jugó un Mundial, pero que tiene playas.

Fenwick se emborrachará cada día en la arena de esas playas. La tarde del encuentro de su hija con el argentino querrá acercarse al chico para golpearlo. El argentino hará el gesto salir para la izquierda y escapará por la derecha. Fenwick, de nuevo, se comerá el amague.

Ocho pasos, de cuarenta y cuatro totales, dará el jugador dentro del área, y le bastarán para entender que el panorama no es favorable.

Hay un rival soplándole la nuca a su derecha, Terry Butcher; otro a su izquierda, Glenn Hoddle, le impide la cesión a Burruchaga; Fenwick se ha repuesto del amague y ahora cubre el posible pase atrás y, por delante, el portero Peter Shilton le cierra el primer palo.

El norte, el sur y el este están vedados para cualquier maniobra. Son las trece horas, doce minutos y veintisiete segundos del mediodía. Tres horas más en Buenos Aires. Seis horas más en Londres.

En cualquier ciudad del mundo, a cualquier hora del día o de la noche, intentar el disparo a puerta en medio de ese revoltijo de piernas es imposible, y el que mejor lo sabe es Jorge Valdano, que llega solo, muy solo, por la izquierda.

Nadie se percata de la existencia de Valdano, ni ahora en el área grande ni durante la escuela primaria, en el pueblo santafecino de Las Parejas.

Jorge Valdano se sentaba a leer novelas de Emilio Salgari mientras sus compañeros jugaban al fútbol en los recreos, arremolinados detrás de la pelota. El fútbol le parecía un juego básico a los nueve años, pero a los once ocurrió algo: entendió las reglas y supo, sin sorpresa, que los demás chicos no lo practicaban con inteligencia.

Empezó a jugar con ellos y, mientras el resto perseguía el balón sin estrategia, él se movía por los laterales buscando la geometría del deporte.

Y fue bueno. Integró dos clubes del pueblo y pronto lo llamaron de Rosario para las inferiores de Newell’s; debutó en primera antes de los dieciocho. A los veinte era campeón mundial juvenil en Toulon. A los veintidós ya había jugado en la selección absoluta.

Pero en esos años de vértigo nunca amó el juego por encima de todo. Si le daban a elegir entre un partido entre amigos o una buena novela, siempre elegía el libro.

Hasta ese momento de sus treinta años, Valdano no estaba seguro de haber elegido su verdadera vocación. Por eso ahora, que espera el pase, siente por fin que ese puede ser su destino, que quizá ha venido al mundo a tocar ese balón y colgarlo en la red.

Sabe que la única opción del jugador es el pase a la izquierda. No le queda otra salida. Mientras pisa el área piensa: «Si no me la da, largo todo y me hago escritor”.

Pero el jugador entra al área sin mirarlo. Tampoco Butcher, ni Fenwick, ni Hoddle, ni Shilton se enteran de su presencia. Ni siquiera el camarógrafo, que sigue la jugada en plano corto, lo distingue a tiempo.

En el video, Valdano es un fantasma que asoma el cuerpo completo recién cuando el balón está en el vértice del área pequeña. Jorge Valdano todavía no lo sabe, pero al final de ese torneo comenzará a escribir cuentos cortos.

No hay enemigo mayor para un atacante que el portero. El resto de los rivales puede usar la zancadilla rastrera o las rodillas para el golpe en el muslo. No importa, son armas lícitas en un deporte de hombres y el agredido puede devolver la acción en la siguiente jugada.

Pero el portero, el guardavallas, el goalkeeper, el arquero (como el de Lucifer, sus nombres son infinitos) puede tocar el balón con las manos.

El portero es una anomalía, una excepción capaz de deshacer con las manos las mejores acrobacias que otros hombres hacen con los pies. Y hasta ese día ningún futbolista de campo había logrado devolver esa afrenta en un Mundial.

Por eso ahora, cuando el jugador pisa el área y mira a los ojos al portero Peter Shilton (camisa gris, guantes blancos), entiende el odio en la mirada del inglés.

Media hora antes el argentino había vengado a todos los atacantes de la historia del fútbol: había convertido un gol con la mano. La palma del atacante había llegado antes que el puño del guardameta. En el reglamento del fútbol esa acción está vedada, pero en las reglas de otro juego, más inhumano que el fútbol, se había hecho justicia.

Por eso en este momento culminante de la historia, a las trece horas, doce minutos y veintinueve segundos, Peter Shilton sabe que puede vengar la venganza. Sabe muy bien que está en sus manos desbaratar el mejor gol de todos los tiempos. Necesita hacerlo, además, para volver a su país como un héroe.

Shilton había nacido en Leicester, treinta y seis años antes de aquel mediodía mexicano. Ya era una leyenda viva, no le hacía falta llegar a su primer y tardío Mundial para demostrarlo.

Aún no lo sabe, pero jugará como profesional hasta los cuarenta y ocho años. Protagonizará en el futuro muchas paradas inolvidables que, sumadas a las del pasado, lo convertirán en el mejor goalkeeper inglés.

Sin embargo (y esto tampoco lo sabe) en el futuro existirá una enciclopedia, más famosa que la Britannica, que dirá sobre él:

«Shilton, Peter: guardameta ingles que recibió, el mismo día, los goles conocidos como ‘la mano de Dios’ y el ‘del Siglo’».

Ese será su karma y es mejor que no lo sepa, porque todavía sigue mirando a los ojos al jugador argentino que se acerca, y tapa su palo izquierdo como le enseñaron sus maestros.

Cree que Terry Butcher puede llegar a tiempo con la patada final. «Quizá sea córner», piensa. «Quizá pueda sacar el balón con la yema de los dedos».

Tampoco sabe que dos años más tarde se publicará en Gran Bretaña un videojuego con su nombre, titulado «Peter Shilton’s Handball», ni que sus hijos lo jugarán, a escondidas, en las vacaciones de 1992.

Mejor que no conozca el futuro ahora, porque debe decidir, ya mismo, cuál será el siguiente movimiento del jugador. Y lo decide: Shilton se juega a la izquierda, se tira al suelo y espera el zurdazo cruzado. El argentino, que sí conoce el futuro, elige seguir por la derecha.

Antes de tocar por última vez el balón con su pie izquierdo, a las trece horas, doce minutos y treinta segundos del mediodía mexicano, el jugador argentino ve que ha dejado atrás a Peter Shilton; ve que Jorge Valdano arrastra la marca de Terry Fenwick; ve que Peter Raid, Peter Beardsley y Glenn Hoddle han quedado en el camino; ve a Terry Butcher que se arroja a sus pies con los botines de punta; ve a Jorge Burruchaga que frena su carrera con resignación; ve a Héctor Enrique, todavía clavado en la mitad del campo, que cierra el puño de la mano derecha; ve a su entrenador que salta del banquillo como expulsado por un resorte y al otro entrenador, el rival, que baja la mirada para no ver el final del avance; ve a un hombre pelirrojo con una pipa humeante en la primera bandeja de las gradas; ve la línea de cal de la portería contraria y recuerda el rostro del empleado que, durante el entretiempo, la repasó con un rodillo; ve nítidamente a su hermano el Turco que, con siete años, le echa en cara un error que cometió en Wembley en un jugada parecida, ve los labios sucios de dulce de leche de su hermano cuando dice:

«La próxima vez no le pegues cruzado, boludito, mejor amagále al arquero y seguí por la derecha».

Ve el rostro de su hermano con la luz de la cocina donde ocurrió la escena, ve la picardía con que lo miraba; ve, detrás del arco, un cartel que dice Seiko en letras blancas sobre fondo rojo; ve las uñas pintadas de verde de su primera novia, el día que la conoció, y ve a esa misma chica, ya mujer, amamantando a una niña; ve una pelota desinflada y se ve a él mismo, con nueve años, que intenta dominarla; ve a su madre y a su padre que arrastran, con esfuerzo, un enorme bidón de kerosén por una calle de tierra en la que ha llovido; ve una taquilla, en un vestuario de La Paternal, que lleva su nombre y su apellido en letras flamantes, ve su orgullo adolescente al leer por primera vez su nombre y su apellido en la taquilla; ve un estadio, sus tablones de madera, y ve también que un día el estadio entero, y no solo la taquilla, llevará su nombre.

El jugador argentino ha controlado el aire de sus pulmones durante nueve segundos, y ahora está a punto de soltar todo el aire de un soplido.

Al revés que todos los rivales y compañeros que ha dejado atrás, él puede respirar con su pierna izquierda, y también puede intuir el futuro mientras avanza con el balón en los pies.

Ve, antes de tiempo, que Shilton se arrojará a la derecha; ve la intención segadora de Terry Butcher a sus espaldas, se ve a él mismo, muchos años más tarde, con un nieto en los brazos, visitando la entrada del Estadio Azteca donde se levanta una estatua de bronce sin nombre: solo un jugador joven con el pecho inflado, un balón en los pies y una fecha grabada en la base: 22 de junio de 1986; ve una rave en Londres donde dos chicos de quince años escapan de una multitud que se burla; ve un departamento en penumbras donde solo hay una mesa, dos amigos y un espejo sobre la mesa; ve a una muchacha en una playa del trópico que se deja besar por un chico que lleva puesta una camiseta argentina; ve un enjambre de periodistas y fotógrafos a la salida de todos los aeropuertos, de todas las terminales, de todos los estadios y de todos los centros comerciales del mundo; ve a un niño embobado con un videojuego en la ciudad de Leicester, mientras su hermano vigila por la ventana que no aparezca el padre; ve el cadáver de un hombre viejo que ha muerto en Ginebra ocho días antes de ese mediodía, un hombre que también ha visto todas las cosas del mundo en un único instante.

Ve Fiorito de día; ve Nápoles de tarde; ve Barcelona de noche.

Ve el estadio de Boca a reventar y él está en el medio del campo pero no lleva un balón en los pies, sino un micrófono en la mano; ve a un anciano en el aeropuerto de Cartago, que espera a su hijo en el último vuelo desde México, para abrazarlo y consolarlo; ve un tobillo inflamado; ve a una enfermera de la Cruz Roja, regordeta y sonriente; ve todos los goles que ha hecho y los que hará; ve todos los goles que ha gritado y los que gritará en su vida entera; se ve, con cincuenta y tres años, mirando desde el palco la final del mundo en el estadio Maracaná; ve el día que verá a su madre por última vez; ve la noche en que verá por última vez a su padre; ve crecer a todos los hijos de sus hijos; ve los dolores de parto de una mujer que está a punto de parir un niño zurdo en Rosario, un año y dos días más tarde de ese mediodía mexicano; ve un espacio mínimo, imposible, entre el poste derecho y el botín de Terry Butcher.

Cierra los ojos. Se deja caer hacia adelante, con el cuerpo inclinado, y se hace silencio en todo el mundo.

El jugador sabe que ha dado cuarenta y cuatro pasos y doce toques, todos con la zurda. Sabe que la jugada durará diez segundos y seis décimas. Entonces piensa que ya es hora de explicarle a todos quién es él, quién ha sido y quién será hasta el final de los tiempos.

English version. The most famous goal in soccer history, 10.6 seconds of athletic genius that for millions of Argentines repaid in part the humiliation of recent defeat by England in the Falklands war. A quarter-final match, but for Orsai editor Hernan Casciari and every other soccer fan, this was the game that defined the 1986 World Cup that Diego Maradona's team went on to win days later, the match they want to remember as this year's World Cup begins in neighboring Brazil. | Read full

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  • 177 comentarios
    10/03/2014 a las 14:26
    Se me han puesto los pelos de punta.
    28/01/2014 a las 12:55
    Hernán:
    En el final de este párafo
    "... joven que ahora corre en zigzag. Y acabará su carrera todavía más lejos, en los Emiratos Árabes, de nuevo a la derecha del jugador al que, hace dos segundos, le ha dado un pase a contrarié."

    Contrarié=contrapié?
     Belen Schiavi
    23/01/2014 a las 20:49
     JPG
    13/01/2014 a las 14:24
    Soy peruano, pero cada vez que veo el video me se pone la piel de gallina y se me llenan los ojos de lágrimas cuando el relator ice "ta ta ta ta.....". Como Maradona ninguno.
    07/10/2013 a las 03:31
    Que emoción de relato para algo que pude vivir hace tanto tiempo.
    Sublime, supremo!!!
     Rodrigo Villar
    27/09/2013 a las 20:57
    El cuento es tan sublime que atrapa al punto de no poder prestarle atención a nada mas, por eso no me llama la atención que nadie haya marcado este error:
    "A las las trece horas...", sobra un las.
    Bah, capaz que alguien lo corrigió, pero no da para leer 169 comentarios.
     SOFIA CHARRY
    01/08/2013 a las 00:20
    Yo tenía nueve años cuando esto sucedió y no sabia que cuatro años mas tarde iba a ver a Colombia participar en su segundo mundial, ni tampoco que de ahí en adelante sería una apasionada total por el futbol. Excelente artículo. Hasta me puse a ver la jugada en youtube para compararla con la descripción...Esta intachable. Gracias
     LEANDRO CROOK
    27/06/2013 a las 03:22
    TREMENDO.... PIEL DE GALLINA.
     Juan Farello
    23/06/2013 a las 00:58
    Excelente, magistral creación tan bonita como el gol de Diego. Lo único que me generó cierta confusión fue advertir que en su relato, uno de los Peter (Reid, el de la camiseta 16) no se queda parado en el mediocampo, es el que lo sigue a Maradona sin saber mucho que hacer hasta que en ese fallido medio molinete del defensor Terry Butcher (camiseta 6) decide abandonar el trote. El que si se quedó atornillado en el mediocampo fue el otro Peter (Beardsley, camiseta 20). Por otro lado, me encantó el lugar que le da a Valdano, es muy propio de él. Genial. Saludos
     Claudia Villafañe
    22/06/2013 a las 21:18
    Sólo decirte GRACIAS!!!!!!!
    Justo hoy lo leí y no te podes imaginar todas las cosas q pasaron por mi cabeza!
    Viví casi todo lo q relatas en primera persona, fuiste más allá de mis pensamientos en el momento del gol. El nieto ya lo tenemos solo me falta leerle tu cuento,!!!
    23/06/2013 a las 14:42
    Muchachos, paren todo! Llegó "La Claudia"!!!!
     Horacio Vasquenz
    14/06/2013 a las 23:22
    Qué se puede agregar: SENSACIONAL DESCRIPCION Y NARRATIVA. Te felicito Hernán, sos un CAPO, el Maradona de los Escritores. Un gran abrazo desde Barcelona
     Guillermo Canutti
    02/06/2013 a las 15:04
    Gordo, un capo! Y Jorge Cabral se mandó un montaje genial. Otro Capo!
    http://www.artistavisualjorgecabral.com/jorgecabral/obramenugrafica_3.html
     The Walker
    02/05/2013 a las 05:47
    Llegué a tu video TED gracias al Blog de María Alvares una de las estudiantes de Literatura y Ficción de su universidad. No reconocí el nombre de la revista cuando lo escuché pero cuando entré a la página web después de googlearlo me dije: ''Sí he estado aquí'' Con cierto orgullo.
    Todavía no puedo creer lo que tienes ni como empezó. Todo me lleva a la conclusión que debes ser un excelente escritor. Este es el artículo que me llamó la atención entre los otros en la primera visita y el cual no pude dejar de leer a pesar de las altas horas de la noche y el tema que no es de mi preferencia. No se si fue el preconcepto de mi conclusión o no. Por el momento me quedaré por aquí para averiguarlo. Gracias por los textos.
    ~E.
     gabriel arevalo
    16/04/2013 a las 00:19
    Un maestro Casciari... Una genialidad como logra meterte en la historia
    24/03/2013 a las 17:27
    Una y otra vez veo la imágenes del gol siguiendo los apuntes de Cacciari, me imagino la situaciones y pienso en como esos 10.6 segundo le cambiaron la vida a los protagonistas.
    Parir este relato es como como hacer el gol de la victoria, De nuevo lo digo Maestro Cacciari
     yomariar
    02/03/2013 a las 04:12
    Alguien me puede decir como encuentro los audios de los cuentos? Muchas gracias.
    02/03/2013 a las 14:49
    Si te referís a los de Vorterix:

    https://dl.dropbox.com/u/70807638/Audiolibro_MSJ_
    Casciari_Vorterix_ 01 a 20 de 117.rar

    https://dl.dropbox.com/u/70807638/Audiolibro_MSJ_
    Casciari_Vorterix_ 21 a 40 de 117.rar

    https://dl.dropbox.com/u/70807638/Audiolibro_MSJ_
    Casciari_Vorterix_ 41 a 60 de 117.rar
    https://dl.dropbox.com/u/70807638/
    Audiolibro_MSJ_Casciari_Vorterix_ 61 a 80 de 117.rar

    https://dl.dropbox.com/u/70807638/Audiolibro_MSJ_
    Casciari_Vorterix_101 a 117 de 117.rar
     Cristina Crosby
    04/03/2013 a las 15:37
    Muuuuuuuchas gracias. Esto me alegró la mañana.
     Alceo Omar Billoni
    28/02/2013 a las 03:03
    Excelente!! a mis músculos leedores le gusto mucho este cuento, me costo un poco, están medios débiles, ahi nomas piden tele, me tomo dos entradas al blog , ( faltan minutos de libro, un poco de atomo desburrante y anteojos nuevos), cuando arregle o compre impresora con cartuchos baratos, imprimo de una (si el autor lo permite ) .Cambiando de alguna manera me transporto a otro cuento que se encuentra en "cuento breves y extraordinarios " (Borges-Casares-antologia), el cuento se llama "el tren" de Santiago Dabove (1946) si pueden leanlo esta tan bueno como este. Esa es la posta, ir de un cuento a otro, y perderse.
     Burato
    25/02/2013 a las 21:55
    quise esperar a leer el cuento en la revista impresa, no sé por qué.

    Estaba leyendo con mi nena de poco más de 2 años al lado y en un momento se desdibujó todo lo que había alrededor; Juanita, Leticia, el mate y todo el entorno se desdibujaron. Los únicos movimientos de los que tenía conciencia eran los de Diego, Enrique, Burruchaga, Valdano y varios ingleses.

    Muy bueno Hernán, de las cosas que más me gustaron sobre fútbol.

    Un abrazo!
     Bruno Pacchiotti
    24/02/2013 a las 17:06
    Gente, ¿qué les parece esto?:

    http://www.jotdown.es/2013/02/el-pase-del-negro-enrique/
     carlos risu
    18/02/2013 a las 17:40
    PD: Que escribo esto aquí a la memoria de Diego, por supuesto. Que estará orgulloso de mi, estoy seguro. Yo lo hice en 15 minutos, otros tardan meses... él lo hubiese terminado justamente en 10.6 segundos. O menos.
     carlos risu
    03/03/2013 a las 05:12
    AHHHHHH! prueba superada. ¡Por un Espoiler sin erróneos!¡Genio, genio, genio!
     carlos risu
    18/02/2013 a las 17:21
    Muy buenas don Hernán. cambiando de tema y en la esperanza de que le lleguen estas lineas, (ya le envié un mail al respecto) voy a hablarle de ese proyecto de blog sobre series de Tv… que dejó usted abandonado en manos del pueblo hace un par de años. En efecto: www.Espoilertv.com

    Como bien sabe (se lo dije, ¡lo leyó allá!, The Slap es muy buena) escribo artículos con frecuencia. O mejor dicho, escribía, hasta comprobar amargamente como varios textos eran una y otra vez eliminados del blog. Investigando, llegué a la conclusión de que la fulminante desaparición de un post obedece a la sucesiva pulsación sobre el botón ERRÓNEO. y no sólo eso, sino que bastan apenas las pulsaciones de DIEZ usuarios diferentes para consumar la censura. (No deja de ser curioso que todos esos usuarios que arengaban a las masas a REPORTAR COMO ERRÓNEO tal o cual artículo, sean precisamente los primeros que se apuntan a cualquier cambio que se proponga "para mejorar" ,y curiosamente, lnunca escriben artículos… pero bueno, ese es otro tema).

    En un acto de revolucionario terrorismo poético, que quizás la posteridad me agradezca algún día, he decidido FULMINAR esta mañana, un cuarto de hora, veinte artículos de opinión, ZAS, de golpe, BOFETÓN. Quizás me odie todo el mundo por eso, quizás muchos usuarios se acojonen definitivamente y sean conscientes de lo poco que cuesta cargarse el trabajo ajeno. Y de lo estúpido de comentar en artículos pidiendo su desaparición. Y de lo absurdo de escribir en un blog donde el 0,0005% de los ((más de 20.000) usuarios tiene tal capacidad de censura.

    O que desaparezca el blog entero. Una pena.

    Sepa usted (y si hay algún usuario del blog que esté leyendo) esto: Los artículos eliminados están todos archivados y guardados con sus fotos, sus links y sus comentarios. Los míos y los de otros usuarios que ninguna culpa tienen de que el blog haya sido tomado por hooligans. No hay problema en reponerlos y en seguir escribiendo, pero, desde luego, no en esas condiciones. No me hice muy rico metiendo más de 50 buenos artículos sobre buenas (y alguna mala) series en un blog que creía PÚBLICO. Y que se muere, sin remedio. Un saludo, Don Hernán (y otro al resto). Y que sirva de algo.
     Chelotto
    17/02/2013 a las 14:40
    capo Casciari, el relato radial de Victor Hugo Morales todavia me emociona. Este tuyo, escrito, me puso los ojos de vidrio.
     Titi
    14/02/2013 a las 13:12
    me encanto el relato...un nudito en la garganta me dio el si... esto es lo que llega al alma
     caquico
    12/02/2013 a las 17:08
    Faltó la parte donde veía en el futuro ríos de coca por doquier, tantos que la sangre se le volvió blanca. Donde disparaba con un rifle de aire a unos periodistas, donde el asesino Fidel lo recibía en su propia casa para tratarle la "gulliver" y sus adicciones. Donde iba a casa de Chávez a gritar revolución. Donde los fabricantes del Mercedes Benz le pasaban por encima 4 veces, haciéndole tragar toda la palabrería y verborrea que pregonaba. Donde le salían hijos por doquier, y donde abandonaba a una mujer embarazada. Grandísimo jugador, desgracia de persona.
     FILI
    11/02/2013 a las 23:20
    Un relato hermoso que le lei a mi marido en voz alta, llorando hacia el final. De esos textos que te hacen sentir que ciertas cosas te salvan (minimamente, puede ser) la vida.
    11/02/2013 a las 17:33
    Esperando que elijan a Prince de papa.
     carlos risu
    08/02/2013 a las 21:45
    Mierda, siempre hay erratas, eh ¿Hernán? Lo dejo.
     carlos risu
    08/02/2013 a las 21:44
    PRI (REVISADO): El mecanismo es el siguiente: llega un argentino creativo (o sea argentino) e inventa algo donde solo un argentino puede inventar algo: fuera de Argentina. Puede ser en España o México. O México desde España. O desde USA, Taiwan o Arabia Saudita. El que inventa está lejos d Argentina porque si inventa en Argentina... ¡nadie se entera! Y entonces, el argentino que se quedó en Argentin lee y admira. ¡Oh, argentino de fuera! Me emocionaste. Y te lo digo donde me lees. Y te lo digo y... ¿de quién estábamos hablando? ¿De el del gol con la mano? Pues la mano, sí, que tiene dedos y escribe porque así leen los argentinos. Te escriben con la mando y te cuentan goles con el pie. Y te inventan Espoilers que ya no emocionan a nadie. Mentira. ¡Quieren ser americanos!
     carlos risu
    08/02/2013 a las 21:38
    PRI: El mecanismo es el siguiente: llega un argentino creativo (o sea aregentino) e inventa algo donde solo un argentino puede inventar algo: fuera de Argentina. Puede ser España o Mexico. O Mexico desde España. O desde USA, Taiwan o Arabia Saudita. El que inventa está lejos d Aregntina porque el que inventa en Argentina... 'nadie se netera! Y entonces, el argentino que se quedó en Argentin lee y admira. ¡Oh, Argetino de fuera! Me emocionaste, Y te lo digo donde me lees. Y te lo digo y... ¿de quién estábamos hablando? ¿El del gol con la mano? Pues la mano, sí, que tiene dedos y escribe porque leen los argentinos. Los admiro.
     Jorge Flores
    07/02/2013 a las 23:45
    Te conocí en youtube, por el video Messi es un perro... pero ahora después de leer esto, me atrevo a decir que me he convertido en uno de tus admiradores en muy poco tiempo... grande HERNAN CASCIARI...
     carlos risu
    06/02/2013 a las 22:42
    MARADONA #tabú
     Pablick
    06/02/2013 a las 11:53
    Maravilloso relato, maravilloso el no nombrar al jugador argentino y hacerme esperar de que manera gloriosa lo harías, quizás al final, quizás en la última línea, pero no. Y hacerme pensar que era mejor así. Y enrostrarme que lo tuve frente a mi cada vez que daba vuelta la página y no notarlo. Maravilloso.
    Grandiosa la inclusión de tu amado Borges, de Lionel, del 2014 sin caer en lo obvio de decir que estaría en el palco festejando.
    Esa apilada final de hechos pasados y futuros me trajo el recuerdo de la ENORME película "V de Venganza", la escena previa a cruzarse V con el Canciller Adam Sutler. Lo cual me agigantó el relato, y le puso voz y mayor emoción a lo que leía.
     Seve
    05/02/2013 a las 22:38
    Los ojos vidriosos por este cuento. Casciari maravilloso.
     Pauriqueta
    05/02/2013 a las 17:36
    Ayer fui a buscar mi Orsai y el primer texto que leí fue este. Desde que mi viejo no está más (muy fanático de Diego él) cada vez que leo algo o escucho a Diego hablar, termino llorando. Pienso que me gustaria compartirlo con mi papá. Y no te imaginas gordo, cuánto pensé en que me encantaría que lea este texto y me hable de cómo vivió ese partido. Lo leí en voz alta. Sonriendo, llorando... Es increíble como siempre logras eso en mi, Hernán. Amo tus relatos y agradezco que hayas escrito este. Gracias por las lágrimas y las sonrisas. Gracias
     Rogelio Segoviano
    05/02/2013 a las 11:05
    Decir que esta crónica futbolera es maravillosa y no tiene desperdicio, sería como decir que La Mona Lisa es simplemente una buena pintura... Lo mejor que he leído en mucho, mucho, mucho tiempo... Soy chilango (como también se nos conoce a los habitantes de la Ciudad de México) y estuve ese 22 de junio de 1986 en las gradas del Estadio Azteca gracias a un tipo que me obsequió una de sus entradas porque uno de sus sobrinos no había llegado... Este texto me hizo revivir ese día...
     Nacho
    04/02/2013 a las 19:17
    Al igual que varios de los que comentaron, sin llegar mi pasión por el fútbol a mirar más de cuatro o cinco partidos cada Campeonato Mundial, y siendo que he repudiado muchas de las actitudes y palabras de Maradona, me hiciste erizar la piel. Es excelente, el cuento es excelente.
     Juan Pablo Ramacciotti
    04/02/2013 a las 05:22
    Nací el día 21 de marzo del año 1987. 9 meses antes, mientras Diego hacía sus milagros, mis viejos me concebían. Tengo el ENORME ORGULLO de decir que según el horóscopo de los mundiales, yo soy MÉXICO 86 con ascendencia en Diego Armando Maradona. Además me animo afirmar que sin dudas soy un producto de aquellos festejos. Así que, si me disculpan, quiero creer que de alguna manera le ando debiendo a Diego nada menos que mi vida.
    04/02/2013 a las 16:22
    No me extraña para nada tu horóscopo.
    03/02/2013 a las 23:28
    Me hiciste emocionar y lagrimear, gordo de mierda.

    ¡Eres grande escribiendo, grande como el gol del siglo!
     Rafa
    03/02/2013 a las 20:03
    Hubiera pagado por estar en ese estadio, vivir ese momento inolvidavle. Lamentablemente nací 2 años después.
    Por cierto, gracias a este Post, conocí la revista ORSAI, felicitaciones y espero poder formar parte de esta gran familia (por lo menos es lo que parece ser). saludos!!
     OpOloop
    03/02/2013 a las 15:33
    No me emocionaba así desde la doble entrada sobre Filloy en el antiguo blog. Gracias Dios! Por el fútbol, por Casciari, por estas lágrimas...
     Eldoztor
    03/02/2013 a las 13:50
    Sólo quien lo lee, sabe lo que se siente.
     Javitoooo
    03/02/2013 a las 04:42
    lo lei desde el celu para no bardearla en mi laburo (Sydney, tambien en orsai :) ) mientras hacia que laburaba en la compu, se me pianto un lagrimon y me tuve que hacer el boludo mirando el monitor y clickeando en cualquier lado con cara de preocupado como si estuviera resolviendo un tema de laburo, quede medio moqueando y tuve que perfilar para el baño. gracias
     Acerbus
    02/02/2013 a las 21:37
    Una joyita... me emocionó Hernán.
    02/02/2013 a las 10:44
    se ve, con cincuenta y tres años, mirando desde el palco la final del mundo en el estadio Maracaná.

    muy bueno loco.
     Daegurth
    02/02/2013 a las 03:06
    Este es mi primer mensaje acá.

    Me chupa un huevo el fútbol, me chupa un huevo Maradona.

    Y este texto me hizo lagrimear de emoción como un pelotudo.

    Descripciones visuales del orto! Ahh.
     Carlos Leon
    01/02/2013 a las 22:25
    "ve los dolores de parto de una mujer que está a punto de parir un niño zurdo en Rosario, un año y dos días más tarde de ese mediodía mexicano"....
    01/02/2013 a las 21:00
    LRPMQLRMParíó! Y no más palabras! (Felicidades Gordo! este es -a mi entender- tu mejor cuento... por lejos)
     Ana Ramos
    01/02/2013 a las 19:14
    La virtud de ese gol está en la nobleza de los jugadores ingleses, que lo marcaron sin malevolencia.
    Si el rival hubiera sido uno de esos equipos malintencionados, lo habrían golpeado arteramente antes de que llegara al área.
    Por ello, es de destacar la nobleza y caballerosidad deportiva del equipo británico y no la antideportividad del equipo argentino que se manifestó por ejemplo en el primer gol hecho antirreglamentariamente con la mano.
     Ana Ramos
    01/02/2013 a las 19:20
    Lo siento, se me duplicó el comentario y no se como borrarlo.
     OpOloop
    03/02/2013 a las 16:04
    ¿Te parece, Ana? A mi me dio más como Peter Pan escapando de Capitán Garfio y todos sus piratas... Y en el anterior, me juego tres falanges que no llegó a tocar la pelota con la mano, y que el gol lo hizo Campanita. Aunque le hayan encontrado la remera empapada con polvo de hada en el vestuario.
     Juan Pablo Ramacciotti
    04/02/2013 a las 05:00
    Yo tengo una teoría, Ana. A mí también me parece extraña la falta de sangre de los ingleses en el segundo gol de Diego. Es imperdonable. Porque cualquiera que mire futbol, o mire la historia, sabe que lo de gentleman se les acaba cuando alguien les quiere mojar la oreja. La teoría es que el ser humano está indefenso frente a lo imprevisto de los grandes actos, las grandes palabras, la belleza. Quién no se ha vuelto a su casa pensando en lo que pudo haber dicho o hecho en una situación en la que no pudo más que hacer el bobo?. No me cabe duda de que esos ingleses lo partieron al medio mil veces en sus mentes a Diego después de esa tarde. Pero en ese momento miraron. Miraron porque no podían hacer otra cosa más que mirar. Como los que estaban del otro lado de la tv.
     Pablick
    06/02/2013 a las 11:40
    Excelente teoría Juan Pablo
     Ana Ramos
    01/02/2013 a las 19:13
    La virtud de ese gol está en la nobleza de los jugadores ingleses, que lo marcaron sin malevolencia.
    Si el rival hubiera sido uno de esos equipos malintencionados, lo habrían golpeado arteramente antes de que llegara al área.
    Por ello, es de destacar la nobleza y caballerosidad deportiva del equipo británico y no la antideportividad del equipo argentino que se manifestó por ejemplo en el primer gol hecho antirreglamentariamente con la mano.
     Gabyta
    01/02/2013 a las 18:49
    Nota de color: fui a Wiki porque no sabía que era "regate" (perdón), y en la página de Wikipedia donde se encuentra la definición (que quiere decir "gambeta")HAY UNA FOTO DE MESSI.
    Nada, eso.
    01/02/2013 a las 11:52
    La verdad que muy bueno! Si lo lee Iñárritu te hace la película...
    Esperemos que Messi también pueda ver el futuro!
     Matías Mosquera
    01/02/2013 a las 08:42
    Estoy llorando como un pelotudo. No vi jugar a Maradona.
     Gianfranco Hereña
    01/02/2013 a las 06:36
    Me he registrado solo para comentar y decirle al señor Casciari que estoy fascinado. Es la primera vez que una crónica me conmueve hasta las lágrimas y no solo por ser de Maradona, mi eterno ídolo, sino por cada detalle y el enorme talento literario que ha tenido para armar una pieza como esta. Repito lo de un comentario arriba: no cambie nada. Está exacta. Mis más sinceras felicitaciones desde Perú. Si me lo permite, usaré este ejemplo en una clase para describir el cómo se debe escribir crónicas.

    F-E-L-I-C-I-T-A-C-I-O-N-E-S!
     Fabrizio Scalfino
    01/02/2013 a las 01:24
    No hace falta haber visto en vivo este gol para sentirlo de esta forma. Dichosos aquellos que sí tuvieron la posibilidad, y dichosos nosotros por leer esta maravillosa historia.

    Gracias Diego, por ser el más grande de la historia, y la musa inspiradora de Hernán para esta joya.
     Gonzalo Romero
    01/02/2013 a las 01:21
    Te fuiste al carajo, pusite tu culo en el ca, una gamba en el ra y otra en el jo, y de ahí mirás. Mandale un saludo al Diego.
     Juan el Cuervo
    01/02/2013 a las 00:19
    Los cuarentones de hoy y alrededores, que llevamos en nuestra biografía este gol reconocemos cada detalle. Cada uno puede contar una historia propia de ese día, esa tarde, esos instantes. La mía tiene que ver con una de las mujeres que más he querido en mi vida y que me acompañaba ese domingo, mi abuela... Que se moriría muchos años después y con más de 100. Ella siempre recordaría el día que me volví loco delante del televisor gritándole al Diego que se la pasara a Burruchaga que entraba por el medio. Qué susto se pegó la pobre ("pobre mi nieto se volvió loco, está desesperado, ¿qué le pasa? y tanto que lo quiero, pobre... pobre") y después los abrazos y los besos y más gritos.
    Gracias Hernán por desplegar colores del pasado tan cálidos.
     carlos risu
    31/01/2013 a las 22:47
    Impresionantes comentarios. Son estos, los comentaristas, los diabólicos arqueros y no los porteros neutros los que han de asesinarte, Hernán, digo Diego...
     Sandivar
    31/01/2013 a las 19:26
    Orsai es aplaudido hasta en "La Voz del Interior", un diario de Córdoba!

    http://mundod.lavoz.com.ar/futbol/el-gol-de-maradona-los-ingleses-en-un-cuento-extraordinario-106-segundos-0
     el_octavo
    31/01/2013 a las 18:35
    Este relato es ideal para filmar un corto.
     Ignacio Martín Peyrègne
    31/01/2013 a las 16:06
    Sos hijodeputamente bueno, Hernán!!!
    Me hiciste emocionar a mi, un renegado del fútbol, pero orgulloso asistente (por tv) de esta historia, magníficamente novelada. Abrazo de mercedino, yerno de tu maestra, Rafa Valenti.
     Victo
    31/01/2013 a las 15:42
    Hermoso relato, a mi ese gol me hace acordar a mi papá, lo veo agarrándose la cabeza, gritando como un loco,caminando como un animal en una jaula, ese recuerdo tan agridulce, gracias.
     Agustín Fonseca
    31/01/2013 a las 13:55
    Fue el único player capaz de jugar decúbito dorsal, con los ojos fijos en el decimonono escalón.

    Gracias Hernan
     Comandante Cansado
    31/01/2013 a las 13:12
    Perdón por el off-topic: quiero poner el blog de orsai en el blogroll de blogs de argentinos en el exterior pero recibo un mensaje de que el sitio no tiene feeds; ¿alguna idea de cómo solucionarlo? Gracias mil y saludos belgas.
     Leandro Martín Papini
    31/01/2013 a las 04:02
    Gracias Dios por el fútbol, por Maradona, por Casciari, por estas lagrimas ...
    31/01/2013 a las 03:08
    Hernán, creo que debería decir "Dos años después deL exabrupto".

    Fantástico relato :)
    04/02/2013 a las 13:39
    Es verdad, gracias. Corregido.
    31/01/2013 a las 00:28
    Pero! será de D10S!
    Este gol, como relato, como video, como anécdota... siempre... siempre, pero siempre! me hace moquear!
    Carajo!
    30/01/2013 a las 23:40
    Armosos los comentarios de los personajes que comentan en La Naci*n, mas leo los comentarios de los sitios, mas banco los comentarios de Orsai y La Redó.
     Melanie Pérez Arias
    30/01/2013 a las 23:32
    ¡Borges! Ahí fue donde me quebré. ¡Qué grande, Casciari!
    30/01/2013 a las 23:29
    Me hiciste aguantar las lágrimas para que sigan creyendo que soy el hombre de la casa, Casciari hijo de puto.
    Sos un grande.
    Te corrijo algo a menos que lo hayas escrito antes de 2006: Trinidad y Tobago jugó un mundial.
    Gracias por esto, cuando llegue la revista se lo muestro a mi viejo.
     SPolaco
    30/01/2013 a las 20:34
    HERNAN:
    Mil gracias viejo. Me hiciste emocionar hasta las lágrimas.
    Yo tenía 12 ese día. Termine abrazado con unos vecinos que vivían cruzando la calle...loco, loco, loco.
    Diego marcó mi vida de una forma irracional, profunda.
    Tu relato me llevó no solo a ese momento, también a su despedida. Ese día, ya con 27, y con primer hija en la panza de su mamá, sentí (Lloré todo el segundo tiempo y lo que vino después) que algo que parecía eterno se terminaba. Entendí que nosotros compartimos su tiempo, nos regalo toda esa magia en vivo a nosotros, y eso ha sido un privilegio.

    Gracias por compartir tu relato.
     Anita
    30/01/2013 a las 19:30
    Que bueno que hayas vuelto, Casciari. La sobremesa me dejo puteandote "lo nombre y en mayúsculas, lo que pasa es que sos miope" ¡anda a cagar, gordo forro!
     Pablick
    06/02/2013 a las 11:36
    No sólo eso, al terminar de leer el relato, lo primero que hice fue ver en youtube el gol, una vez, 2, 3, 6 creo... Luego voy a la sobremesa, y dice Chiri que es lo primero que hizo... Y, despues de notar todo el relato que no lo nombraba a Diego, y pensar que lo dejaba para el final, pero no... veo que estuvo delante mio y no lo vi.
    Genio
     Franco Bianciotti
    30/01/2013 a las 19:14
    HERNAN CASCIARI:






    .
    30/01/2013 a las 19:33
    Franco, la comunicación se corta, no te entendí nada.
    30/01/2013 a las 18:57
    Che nadie le va a chupar las medias al Gordo como se debe por este cuento.

    Bueno voy yo por que te lo ganaste, "Barrilete cósmico".
     Raul
    30/01/2013 a las 18:43
    Me senti medio pavo por emocionarme, pero al leer algunos de los comentarios entendi que un relato asi emociona mucho y esta muy bueno que asi sea. Felicitaciones Hernan!, saludos cordiales desde Córdoba.
     elpenta
    30/01/2013 a las 18:21
    EXCELENTE ......El mejor relato para el mejor gol...asi de simple!!
    Un millon de Gracias Hernan...
     Carlos Andrés Beristain Cuffaro
    30/01/2013 a las 17:45
    "dejarán de sentir respeto por sus padres"...
    No será mucho?
    Saludos.
    30/01/2013 a las 18:06
    Suelo ser un poco exagerado. Sí.
     Gabyta
    30/01/2013 a las 17:02
    Qué maravilla Hernán... Si hubiera sabido que ibas a subir un audio tuyo leyéndolo, ni loca te grababa ese!!!
     Gabyta
    30/01/2013 a las 19:45
    Hernán todavía no me contactó nadie, sigo esperando?
    30/01/2013 a las 19:47
    Lo harán en marzo.
    30/01/2013 a las 16:26
    Ya tenian que poner este post en la tapa de La nacion... http://canchallena.lanacion.com.ar/1550280-106-el-mejor-relato-del-gol-de-todos-los-tiempos
    30/01/2013 a las 16:27
    Ah pero lo autorizaste vos, asi que todo bien.
    30/01/2013 a las 18:07
    Sí, fue con la venia.
    30/01/2013 a las 20:03
    El bonus track de leer los comentarios de Cancha Llena no tiene precio...
     Alceo Omar Billoni
    28/02/2013 a las 11:21
    me puse a leer los comentarios de cancha llena y es verdad,tiene razón edublake, como dice un amigo mio con voz ronca, tremendo.
     Negro Pablo
    30/01/2013 a las 15:59
    Como me hacés llorar, la puta que te parío.
     Agustin Monasterio
    30/01/2013 a las 15:56
    Grande gordo. Desde Rosario, la ciudad del negro Fontanarrosa, muy agradecido!
     Javier Patricio Gorosito
    30/01/2013 a las 15:39
    Que jodido que sos Gordo. Siempre haciendo mariconear a la gente.
    Excelente relato.
    Gracias por volver a escribir así.
    07/10/2013 a las 04:01
    Tal cual.... mariconerar esa es la expresión
    30/01/2013 a las 15:17
    http://canchallena.lanacion.com.ar/1550280-106-el-mejor-relato-del-gol-de-todos-los-tiempos Vamos que se triplican las ventas a partir de esto!
     InGNIO Smart
    30/01/2013 a las 14:27
    Estuve ahí, aquel día, sentado en la cocina de mi casa con mi papá. Yo tenía 16 años, 15 en realidad. Hoy me llevaste a pasear Hernán! me llevaste a pasear por el tiempo! Gracias. Te felicito.
     Raponsje
    30/01/2013 a las 09:26
    Nunca imaginé que un artículo sobre fútbol me iba a gustar tanto.... después de leer la sobremesa me dio pereza releerlo para verificar si efectivamente habías escrito su nombre, pero ahora que lo postearon lo primero que hice fue Ctrl F "Maradona"...
     Chaco
    30/01/2013 a las 05:29
    Uno lee el texto y es casi imposible no chuparte las medias, Casciari. Me pregunto nomás si en el instante final, el jugador no te vio también a vos, de una desmesura a la otra, cronicando esos diez segundos y seis décimas con la extensión que amerita una monografía sobre la batalla de caseros. Me me dejó intrigado el Restodelavida del negrito del principio, que me dio ganas de abrazarlo. Me voy a poner la pava.
    30/01/2013 a las 04:23
    No se te ocurra cambiar una sola coma, ni corregir un solo error de tipeo de este texto. Hernán, es perfecto así como está...

    APLAUSOS
    30/01/2013 a las 18:08
    Hasta ahora encontraron un montón de erratas: el apellido Raid en vez de Reid, Trinidad y Tobagó sí jugó un Mundial (2006), etcétera. Pero como salió en papel no corregiré estos datos en el blog. Que quede así de imperfecto.
    30/01/2013 a las 01:48
    ¡Qué jugadorazo Casciari! Otro que lleva la diez en la espalda (y en el pecho). El artículo está 10.6 puntos.
     EzeCABEZON
    30/01/2013 a las 00:09
    ESPECTACULAR¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
    30/01/2013 a las 00:02
    Que genial!

    Me acorde de mi hijo mayor ys u afición por el fútbol.
    Lo leí hoy en el almuerzo con un pisco sour esperando un ceviche.

    Lagrimón
     andrés enz
    29/01/2013 a las 23:51
    te lo va pintando cuadro a cuadro en la memoria...y todas las referencias que hiciste, caí como en cuento de borges. piel de gashina.
     walter Perruolo
    29/01/2013 a las 22:51
    Y sí, hizo fuerza y le salió esta genialidad.. aunque hubiese deseado que Shilton sea "arquero", allá los españoles si le dicen "portero". En mi barrio, en el tuyo querido Hernán, se dice "arquero" (¿Te suena el "portero" Fillol, o Gatti, o Pumpido?), ¡abrazo y felicitaciones!
    29/01/2013 a las 23:04
    No solo "arquero". Todo el cuento es neutro, y lo es a propósito, no por olvido regional.
     Dave
    29/01/2013 a las 20:59
    Amé el goteo de esta historia y me emocioné hasta el tuétano cuando lo leí completo, y mirá lo que te digo!... terminé más emocionada que escuchando a Víctor Hugo. Tremendo. De lo más lindo de Orsai. Imagino, dentro de unos 17 meses ponele, cuando escribas sobre una hazaña del hombre perro en Brasil y de imaginarlo me duele la panza un poquito.
     Superpogo Mental
    29/01/2013 a las 20:30
    Solo había una forma de igualar (nunca superar) al relato de Victor Hugo Morales en ese gol de Diego en Mexico 86... y es de esta manera... Escrito, y por un gran "relator".

    Felicitaciones Hernan.
     fede o
    29/01/2013 a las 20:25
    todo lo relatado es anterior al día de hoy, salvo una sola cosa:
    "se ve, con cincuenta y tres años, mirando desde el palco la final del mundo en el estadio Maracaná". o sea, julio de 2014.
    ganamos? es con brasil? que dios te bendiga, hernán, que se cumpla!
     fede o
    29/01/2013 a las 20:25
    todo lo relatado es anterior al día de hoy, salvo una sola cosa:
    "se ve, con cincuenta y tres años, mirando desde el palco la final del mundo en el estadio Maracaná". o sea, julio de 2014.
    ganamos? es con brasil? que dios te bendiga, hernán, que se cumpla!
    29/01/2013 a las 20:32
    Dice que ve la final desde el palco, no menciona quienes juegan esa final.
     Pablo Milano
    30/01/2013 a las 21:37
    mala onda!ponele que estamos ahí!
    30/01/2013 a las 23:19
    Ponele, pero le agradece a Hernan por algo que no dice.
     Luiggi
    29/01/2013 a las 20:12
    La descripcion de la jugada del Diego, con todos los aditamentos y circunstancias que rodean a cada uno de los protagonistas que fueron testigos privilegiados tambien del gol de todos los tiempos hicieron que me emocionara y por dentro de mi mente ver el gol tal como lo habia visto cuando tenia 13 años; belleza en el relato, belleza de jugada. Sr. Casciari es un jugador en la prosa como lo fue el Diego con la pelota. Muchas gracias.-
    29/01/2013 a las 19:59
    'if you want to piss off English people, that is what you talk about'. Literal, dicho por un ingles...
     Dick Goodman
    29/01/2013 a las 19:57
    Solo un argentino sería capaz de entender de tal manera y narrar con tanta belleza lo que solo un argentino parece ser capaz de ejecutar sobre una cancha. Aunque fui un apasionado del fútbol en mi adolescencia, hace muchos años que me deja frío. Sin embargo, me he estremecido al leer el relato como probablemte no lo había hecho desde aquellos tiempos. Tenía 19 años cuando sucedió, y lo vi en directo. Acabo de darme cuenta de que, hasta ahora, no lo había comprendido. Chapó, Hernán.
     Rafa B.
    29/01/2013 a las 19:54
    Que bueno que eres cuando te sale de las pelotas, que bueno que eres.
     DamianMr
    29/01/2013 a las 19:24
    Hermoso,brillante, gordo.
    29/01/2013 a las 19:03
    "Puede intuir el futuro mientras avanza con el balón en los pies" No encuentro mejor imagen. Gracias Gordito.
    29/01/2013 a las 18:56
    ¡Impresionante cuento! ¡Volvió Casciari! El "goteo" inicial me dejo regulando hasta que llegó la revista. Muy groso.
    29/01/2013 a las 18:51
    Leí el cuento en el libro. Decidí que voy a usar este cuento para que todos los amigos que me dicen "no sé qué le ves al fútbol" finalmente me comprendan.
    De qué planeta viniste, Casciari!!
     DarksideSV
    29/01/2013 a las 18:32
    Magnífico post, a medida que relatás voy recordando esas imágenes que ví en televisión hace ya tantos años. Nunca pensé en todo aquello que habrá pasado después, quizá solo el caso del Diego por ser el más conocido
     oktubre
    29/01/2013 a las 18:25
    Que hijo de puta, me emocioné
    29/01/2013 a las 18:16
    Hernán, donde dice "Bobby respondió que que la marca sería zonal, como en los anteriores partidos" hay un que de más.
    30/01/2013 a las 14:54
    Gracias Lina, corregido!
    29/01/2013 a las 18:04
    no se puede creer.
    que hijos de puta.

    gracias por este hermoso relato.
    29/01/2013 a las 18:03
    Gordo hijo de puta casi me pongo a llorar.
     walter
    29/01/2013 a las 17:55
    Una belleza...como tipo que ama el fútbol, agradezco textos así, no abundan.
    Ahora, leyendo los comentarios, me calenté. ¿Ésto está en la revista? !Avisá! Siempre espero al papel, no se porqué como estaba en el blog pensé que no iba en la revista. Ahora añoro el momento de leer ésto tirado en el sillón en papel obra.
    "Gracias Dios, por el fútbol, por éstas lágrimas"
     Dave
    29/01/2013 a las 21:01
    "...por este gol, por el Gordo y por Orsai!"
     carlos risu
    29/01/2013 a las 17:48
    Y por cierto, después de releer esta joya: Si nadie se atreve a relatar el gol de Iniesta en Sudáfrica me pongo con ello. Pinta fácil, en vez de 10.6 segundos podría llamarse... 80 años. (Esperando, digo).
    29/01/2013 a las 17:47
    Me emociono hasta las lágrimas y salgo a buscar el gol con los relatos de Víctor Hugo y vuelvo a emocionarme. Y entonces, en la maraña de youtube, una cosa lleva a la otra y de golpe estoy viendo a Messi contra el Getafe con relatos de Víctor Hugo; relatos de otro tiempo en otro genio. Y vuelvo a emocionarme. Y de golpe en el video, en el segundo 35 aparece un niño, que aplaude hasta romperse las manos, que sonríe y sabe, en su interior, que acaba de ver magia pura. Y vuelvo a emocionarme.

    Y te imagino Hernán, siendo un niño, aplaudiendo hasta romperte las manos viendo en ese 86 a Diego, sin saber que unos cuántos años después estarías escribiendo el mejor cuento que se ha escrito sobre Maradona.
    29/01/2013 a las 17:46
    Que genios! Diego y vos Hernán!
    Felicitaciones! un cuento imposible como ese gol!!!
    29/01/2013 a las 17:41
    El relato es genial, los desplazamientos en el tiempo y los acercamientos a las historias son dignos del mejor Casciari cosecha 2013.
     Juan Pablo
    29/01/2013 a las 17:33
    Ese crescendo final me puso las dos manos en la garganta.
     Gilgamezh
    29/01/2013 a las 17:30
    muy bueno, es para un capitulo de "Los Supercampeones" jejej
    29/01/2013 a las 17:26
    Hernán, conforme iba leyéndote el otro día se me fue erizando la piel a la vez que recordaba un penalti que Soriano (hoy veterano jugador del Almería) marcó hará cosa de 10 años para que mi equipo ascendiera a Primera. Fue en un derby regional jugado en la penúltima jornada, siendo precisamente el equipo contrario nuestro inmediato perseguidor.

    Por culpa de tu texto me pregunto qué cojones pensó Fernando desde el momento en el que decidió lanzar la pena máxima hasta que por fin la pelota besó la red. En el fondo no fue más que eso, un ascenso a Primera, pero para nosotros fue como ganar un Mundial. Y por su cabecita, antes que por sus botas, pasó todo.
     Leonardo Martinez
    29/01/2013 a las 17:20
    El mejor relato del "Gol del Siglo" que leí hasta ahora. Insuperable.
    29/01/2013 a las 17:07
    Gracias Hernan, por esas palabras, por esas comas, por esos puntos. Por este "Orsai, sin nadie el medio" 11 - "Revistas con publicidad" 0
     Fernando Girasol
    29/01/2013 a las 17:05
    Gordo, como sucede con la mayoría de tus textos este merece ser leído mucho más de dos veces. Por eso lo leo acá, escucho tu relato, lo comparto y volveré a leerlo cuando tenga la revista en mis manos. Leerlo una sola vez es un desperdicio!
     Demianchu
    29/01/2013 a las 16:59
    Q hijo de puta Gordo,,se me puso la piel de gallina,,,impecable!!! graciasss
     Johnny Cash
    29/01/2013 a las 16:52
    Por Favor!!!!!! la piel de gallina al leerlo.. excelente... Gracias Genio...
     Mar Ruiz
    29/01/2013 a las 16:51
    Top 25!! ya estamos cerca!!
     El Choco
    29/01/2013 a las 16:47
    LA PUTA QUE LO PARIÓ! QUE CUENTO!!!!!!!!!!!!!!! Se me erizó la piel!!!!!!! Me latía el corazón a 200 km/h!!!!!!!!!

    PD: donde dice "contrarié" tiene que decir "contrapié"
    29/01/2013 a las 16:36
    Habría que poner un link con una buena versión del gol, para verlo una y otra vez
     carlos risu
    29/01/2013 a las 16:33
    Venga, valientes, ¡a ver quién es capaz de leerlo en menos de once segundos! ¡Top 11!
     fede o
    29/01/2013 a las 16:30
    buenisimo.
    este es el capítulo 2.
    ahora quiero el capítulo 1, que es el de la mano de dios.
    29/01/2013 a las 16:32
    Excelente idea
     Hernán Fluk
    29/01/2013 a las 16:30
    Casi que me hiciste llorar, la puta que te parió!
    A propósito: dos veces pusiste "contrerié"; es contrapié, no?
     Jorge Berenguer
    29/01/2013 a las 16:28
    Cuando era muy pequeño yo era muy fan de Cruyff. Mi abuelo me llevaba al campo los domingos. Él no se entusiasmaba con el holandés, decía que no tenía sangre. Y con tono pesaroso añadía algo así como "Lástima que no pudiste ver a Kubala". Lo afirmaba con pesadumbre, como si dijera "eso no puedo arreglarlo, aunque moriría por ti". Para él, había un antes y un después de Kubala. Laszy, le llamaba él. Años después, el señor Maradona llegó al Camp Nou.
     Inimpus
    29/01/2013 a las 16:28
    Pusiste contrarié dos veces. Era contrapié, ¿no?

    Se ve que investigaste, eh! Muy buenas las anécdotas aumentadas de los hijos.
     Aarón Blanco
    29/01/2013 a las 19:36
    ¿Crees que son ciertas?

    Como diriamos en España...¡ni de coña!
     Pablick
    06/02/2013 a las 11:26
    "anécdota mejorada"
    29/01/2013 a las 16:19
    Bravo! No tengo palabras para definir la emoción que me transmitió esta historia. Leerla mientras veo pasar el video por mi mente. Un flash!

    Gracias Casciari
    07/10/2013 a las 03:35
    Opino igual estimado
     Sole Ceballos
    29/01/2013 a las 16:14
    Lo dije cuando recibí mi Orsai en papel: Este relato es un gol olímpico al corazón de quienes aman/mos el 11 contra 11. Gracias Hernán.
    29/01/2013 a las 16:09
    Ah, pasen por la Home, que hay video relacionado...
    29/01/2013 a las 16:08
    ni en pedo lo leo acá un martes al mediodía...
    29/01/2013 a las 16:07
    ahhh. nooo... me niego...
    lo voy a leer en la revista...
    no quise leer ni el principio cuando lo posteaste hace poco, no voy a picar ahora, nonono.
    29/01/2013 a las 16:06
    Se pierde el mensaje oculto... ;)
    29/01/2013 a las 16:30
    Solo queda un poco más oculto.
     Inimpus
    29/01/2013 a las 16:05
    Top fái.
     Inimpus
    29/01/2013 a las 16:05
    Ni eso.
    29/01/2013 a las 16:05
    Ya?
    29/01/2013 a las 16:06
    Ja, caí en la tentación de comentar cuando vi solo un comentario.
    29/01/2013 a las 16:05
    Vuelvo a decir que es un relato Tremendo! Me encantó!
    29/01/2013 a las 16:04
    SEc
    29/01/2013 a las 16:05
    Una de las cosas mas lindas que leí en Orsai
    29/01/2013 a las 16:04
    casi
    29/01/2013 a las 16:02
    Pri!!
    29/01/2013 a las 16:20
    Es mi primer pri!! en mi historia como lectora de Orsai, hace ya más de 3 años. Sonrisón!

    Ahora eso sí, ni loca leo el post, que mi distribuidor está de vacaciones y aún no me cruzo con mi Orsai en papel...
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