Orsai blog post

Vida privada
jueves 6 de septiembre, 2012

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Vida privada
jueves 6 de septiembre, 2012

Algo para recordar

       

Lo que voy a contar pasó cuando todavía existían las pesetas, exactamente el día que me quedé sin ninguna. Con treinta años recién cumplidos, yo vivía en una pensión del barrio de Gràcia. Una cama, un escritorio, el baño afuera. Hacía poco que estaba en Barcelona y Cristina ya me había empezado a pagar los cigarros.

Tengo cada vez menos recuerdos sobre esos meses: escribía, con falta de pasión, una novela malísima que nunca supe terminar, y me pasaba el resto del día preguntándome por qué no se me ocurría una buena historia si el contexto era ideal: Europa, pensión barata, pobreza y juventud. Pero lo cierto es que no avanzaba y me aburría, hasta la hora en que Cristina salía del trabajo y por fin podía hablar con alguien.

Aunque ya había perdido, adrede, el avión de regreso a Buenos Aires, me comportaba como si estuviera de vacaciones, despreocupado por el futuro, y así estuve hasta la tarde en que Cristina debió pagarme el mes entero de la pensión. A la mañana siguiente bajé a la calle con dos monedas de cincuenta pesetas y me compré el Segundamano. Me senté en el Barbarella, el único bar de Barcelona con bidé, y me dispuse a encontrar trabajo.

No lo hice por responsabilidad ni por culpa, sino para darle a entender a Cristina que yo no era un argentino vago.

Al segundo llamado telefónico conseguí una entrevista: el aviso buscaba a alguien que consiguiera publicidad para una revista de aparición inminente. Me bañé, me puse la camisa adentro del pantalón y me fui caminando hasta la avenida República Argentina. El nombre de la calle era una buena señal.

Llegué sin nervios, porque en esa época me creía inmortal, y subí por ascensor a la primera planta de lo que me pareció, más que una editorial, una casa antigua. Me abrió la puerta un mayordomo sesentón, vestido realmente de mayordomo. Me hizo pasar a una salita y me invitó a sentarme.

Al lado mío, en otra silla, había un muchacho alto, de pelo lacio, que también esperaba con un currículum en la mano. El mayordomo golpeó una puerta, la entreabrió con ceremonia y dijo:

—Niño, están aquí el modelo y el redactor.

¿Niño? El chico que estaba sentado a mi lado también se sorprendió con la palabra. Pasó un minuto. El mayordomo se mantuvo todo ese tiempo al lado de la puerta con la vista en alto. Entonces apareció, con cadencia de teatro griego, el ser humano más extraño que conocí en la vida.

Miró primero al chico de pelo lacio y le brillaron los ojos. Después me miró a mí, señaló mi cuerpo con el dedo meñique y adivinó con asco:

—Tú eres el redactor, sin duda.

Eso fue lo primero que me dijo Narcís Cardelús antes de hacerme pasar a su despacho.

Durante el primer minuto me sentí ofendido. No tanto porque yo no pudiera ser modelo, eso era obvio, sino porque el desprecio de las palabras “sin duda” venían de la boca de un chimpancé con facciones humanas, solamente un poco más alto que un enano, vestido con una bata de arabescos y con una gata siamesa entre los brazos.

Yo sé que estos detalles parecen insidiosos y pido perdón por el tópico, pero Narcís Cardelús era, realmente, un enano alto que hacía todos los esfuerzos del mundo por ser el estereotipo del gay: exageraba el seseo, el quiebre de la muñeca, el olor a talco. Todo su entorno era una producción minuciosa excepto la cara y la estatura. Si lo mirabas a los ojos y te olvidabas del resto, parecía un camionero rumano en miniatura.

Aunque había conseguido imitar, con mucha gimnasia de espejos, los movimientos y el aura de una bailarina, su genética era rústica, de una enorme mediocridad heterosexual. Pero yo no podía dejar de mirarlo. Tenía algo hipnótico. Después de unos segundos de desprecio, sin darme cuenta, pasé de repente a la fascinación.

Nunca había visto un gay enano, no sabía que podía existir esa cruza. Por eso cuando Narcís abría la boca, o cuando hacía un gesto, yo no sabía muy bien de qué tabú avergonzarme. Tenía la misma voz aflautada que usan los actores que no saben componer a un homosexual.

Y aunque su voz era increíble, su aventura editorial era mejor: planeaba una revista para los gays de Barcelona, con noticias para gays. Él ya tenía lo más importante, me decía: todos los empresarios del Eixample, el barrio gay barcelonés, eran sus amigos y estaban encantados de financiar la revista. Solamente faltaba redactar algunos publirreportajes y cobrarlos.

—¿Puedes encargarte tú de eso? —me preguntó.

Le dije que había dado con la persona indicada. No pareció muy convencido, pero como ningún otro candidato había respondido el aviso, me contrató en negro y con un sueldo mensual descabellado.

Yo supe desde el primer minuto que jamás cobraría ese dinero y que la revista no saldría nunca, pero acepté encantado. Estar allí era mejor que seguir buscando trabajo sin papeles, o que estar en la pensión todo el día peleándome con una novela sin futuro.

A los ojos de Cristina yo había conseguido empleo, eso era lo importante. A mis ojos, había conseguido algo para contarle a mis amigos de Mercedes.

Mi obligación era estar allí todos los días a las nueve en punto. Narcís no se levantaba nunca antes de las diez, aunque el mayordomo repetía, cada cinco minutos y en el mismo tono:

—Niño, que ha llegado el periodista.

Yo podía verlo en su habitación, de reojo. Narcís no dormía: miraba películas yanquis viejas, dobladas al español, y lloraba con un paquete de Kleenex al lado de la cama. Yo bajaba la cabeza y fingía estar muy ocupado en la computadora.

En esas horas muertas me hice un poco amigo de Ramón. Supe que durante décadas había sido el mayordomo de una familia compuesta por el duque de Cardelús i Monturiol, un personaje de abolengo dueño de dos teatros clásicos de Barcelona; su esposa Emma, famosa actriz de teatro ya retirada; y el único hijo de ambos, Narcís, que, en palabras de Ramón, siempre estuvo demasiado protegido por su madre a causa de ser canijo. Canijo es petiso, pero Narcís era más que eso.

El duque, un hombre de la alta sociedad barcelonesa, se avergonzó siempre de su hijo único, pero mientras estuvo a cargo de su madre lo soportó. El problema empezó en septiembre, me dijo el mayordomo, cuando falleció la señora Emma. El duque intentó convivir con su hijo pero le resultó imposible. Le irritaba que Narcís estuviera todo el día solo, vestido como un transexual y llorando la muerte de la madre. “¡Que tiene ya cuarenta años, coño!”, gritaba el duque y pasaba cada vez más tiempo fuera.

Una tarde, harto de no poder estar cómodo en su casa, el duque se alquiló un dúplex y se fue a vivir allí. Dejó a Ramón en la casa para que cuidara de Narcís, y le puso al hijo una paga mensual módica para que pudiera mantenerse, a cambio de no tener que verlo. Ramón no estaba feliz con la decisión, pero era leal al duque y hacía ya meses que cuidaba del niño.

—Este pringado jamás va a pagarte el sueldo... Vete ahora que no pierdes nada —me advertía el mayordomo.

Yo lo sabía, claro, pero esperaba con ansiedad que Narcís se levantara de la cama, cada día, y me llevara caminando al Eixample para cobrar las publicidades. No le importaban los pequeños textos que yo escribía por la mañana, sino mostrarme en el barrio y presentarme como “mi jefe comercial argentino”.

Descubrí pronto que todos los gays del barrio lo conocían y le escapaban: Narcís era una especie de tonto del pueblo, le prometían cualquier cosa con tal de sacárselo de encima.

Conocí el mundo gay barcelonés como la palma de mi mano. Entré a discotecas con luz de día, conocí peluquerías para gays que también le cortaban el pelo a caniches, estuve en agencias de viajes que ofrecían tours a San Francisco y otros destinos friendly, visité sex shops y me entretuve con una fauna de gente maravillosa.

Al principio iba con Narcís, pero algunas tardes en que mi jefe se quedaba en casa, deprimido y mirando películas, me mandaba a mí solo a hacer negocios. Al verme llegar sin compañía, los comerciantes gays me llevaban aparte y me avisaban lo mismo que el mayordomo Ramón:

—¿Tú sabes que estás perdiendo el tiempo, verdad?

Y cuando yo les respondía que sí, que estaba al tanto, me miraban con extrañeza. No podía explicarles el sentido de la experiencia, el valor que tenía para mí estar en esa casa, con Narcís y su mayordomo. Si hubiera tenido plata, habría pagado para que me dejaran meterme en sus vidas.

Cuando la pasaba a buscar a Cristina por su trabajo podía explicarle historias increíbles, también a Chiri y a mis padres por mail. Les contaba que un día me llevé el termo con el mate a la casa de Narcís, y que Ramón se interesó por el mecanismo de la infusión. Al día siguiente él mismo calentaba el agua y se hacía cargo de todo.

¿Qué importa no tener sueldo, pensaba yo, si un mayordomo, vestido realmente de mayordomo, te ceba mates toda la mañana?

Cada pequeña escena de aquel mes fue memorable: un acopio de anécdotas nutritivas. La mejor ocurrió el último día, cuando decidí que ya era hora de encontrar un trabajo de verdad.

Llegué tarde, cerca del mediodía. Narcís había empezado a escaparse de mí, porque era consciente de que me debía el sueldo. Me decía que cuando su padre le pagara la mensualidad, él me daría dinero. Yo sabía, por Ramón, que el duque le había dado su paga hacía ya una semana. Entonces le dije que lo dejaba, que una revista no podía hacerse sin un diseñador, sin una imprenta, sin fotógrafos o editores. Le dije todo lo que podía haber dicho el primer día.

Él se puso intenso, se le aflautó la voz más que nunca y dejó la gata en el suelo. Me dijo que yo no entendía nada del negocio, que lo estaba dejando en mitad del río, justo cuando aquello empezaba a funcionar. Pegaba grititos, se sentía estafado. Me decía que no esperara paga alguna si lo abandonaba. Quería pelea y yo no le daba el gusto.

Cuando supo que no había vuelta atrás dijo una frase que, durante mucho tiempo, Cristina repitió cada vez que fingía enojarse conmigo. Narcís me gritó, con todo el odio del mundo, “¡Vete a la pampa, guapa!” y se fue a su habitación llorando. Después prendió la tele y la puso a un volumen imposible.

Ramón, que había visto el escándalo, levantó las cejas y me palmeó la espalda. “Así acaba siempre”, me dijo el mayordomo y se despidió de mí con un apretón de manos firme, sin agregar palabra.

Caminé por el pasillo buscando la puerta de salida y, como tantas otras veces, vi a Narcís de reojo en su habitación. Lloraba y murmuraba una misma frase entrecortada, “tots em deixen”, que en catalán significa todos me dejan, y me partió el corazón.

Entré a su cuarto para hacer las paces (no era la primera vez que entraba) y me senté a su lado. Eso sí era la primera vez. Fingió no verme y siguió mirando la tele con los ojos en compota y la respiración entrecortada.

Sobre la cama había media docena de VHS con las películas viejas que Narcís miraba todo el día sin parar. Pude leer algunas carátulas: Julio César, De aquí a la eternidad, Buenos días tristeza. La que estaba puesta en la tele se llamaba Tú y yo. No reconocí el título hasta que vi las imágenes en la pantalla. Era An Affair to Remember.

—Esta la vi —le dije para decir algo—, en Argentina se llama Algo para recordar.

Él no respondió nada, estaba ofendido conmigo.

—¿Te gusta Cary Grant? —le pregunté.

Negó con la cabeza y señaló el televisor:

—Me gusta oírla a ella —dijo.

En la pantalla estaba el rostro de una mujer imponente. Descubrí que a las otras películas, las que estaban desparramadas sobre las sábanas, las protagonizaba la misma actriz, pero no tuve tiempo para sorprenderme, porque Narcís subió el volumen.

—Escucha su voz —me dijo—, es mi madre.

Y cerró los ojos.

El corazón me empezó a latir más fuerte. De repente supe que había estado en esa casa un mes entero para que llegara ese momento.

—Mamá dobló a Deborah Kerr en todas sus películas —dijo.

Y a mí me dio vergüenza la cantidad de horas que había pasado en la pensión, intentando escribir una historia falsa.

¿Cómo carajo se me iba a ocurrir, allí encerrado, el cuento de un mayordomo que cuida a un enano gay que oye la voz de su madre muerta en los doblajes de las películas?

Sentí pena, muchísima pena, por todos los escritores que buscamos sin suerte historias en la imaginación, y me acomodé en la cama junto a Narcís.

Él acurrucó la cabeza en mi pecho.

Hernán Casciari
jueves 6 de septiembre, 2012


Algo para recordar

por Hernán Casciari

Lo que voy a contar pasó cuando todavía existían las pesetas, exactamente el día que me quedé sin ninguna. Con treinta años recién cumplidos, yo vivía en una pensión del barrio de Gràcia. Una cama, un escritorio, el baño afuera. Hacía poco que estaba en Barcelona y Cristina ya me había empezado a pagar los cigarros.

Tengo cada vez menos recuerdos sobre esos meses: escribía, con falta de pasión, una novela malísima que nunca supe terminar, y me pasaba el resto del día preguntándome por qué no se me ocurría una buena historia si el contexto era ideal: Europa, pensión barata, pobreza y juventud. Pero lo cierto es que no avanzaba y me aburría, hasta la hora en que Cristina salía del trabajo y por fin podía hablar con alguien.

Aunque ya había perdido, adrede, el avión de regreso a Buenos Aires, me comportaba como si estuviera de vacaciones, despreocupado por el futuro, y así estuve hasta la tarde en que Cristina debió pagarme el mes entero de la pensión. A la mañana siguiente bajé a la calle con dos monedas de cincuenta pesetas y me compré el Segundamano. Me senté en el Barbarella, el único bar de Barcelona con bidé, y me dispuse a encontrar trabajo.

No lo hice por responsabilidad ni por culpa, sino para darle a entender a Cristina que yo no era un argentino vago.

Al segundo llamado telefónico conseguí una entrevista: el aviso buscaba a alguien que consiguiera publicidad para una revista de aparición inminente. Me bañé, me puse la camisa adentro del pantalón y me fui caminando hasta la avenida República Argentina. El nombre de la calle era una buena señal.

Llegué sin nervios, porque en esa época me creía inmortal, y subí por ascensor a la primera planta de lo que me pareció, más que una editorial, una casa antigua. Me abrió la puerta un mayordomo sesentón, vestido realmente de mayordomo. Me hizo pasar a una salita y me invitó a sentarme.

Al lado mío, en otra silla, había un muchacho alto, de pelo lacio, que también esperaba con un currículum en la mano. El mayordomo golpeó una puerta, la entreabrió con ceremonia y dijo:

—Niño, están aquí el modelo y el redactor.

¿Niño? El chico que estaba sentado a mi lado también se sorprendió con la palabra. Pasó un minuto. El mayordomo se mantuvo todo ese tiempo al lado de la puerta con la vista en alto. Entonces apareció, con cadencia de teatro griego, el ser humano más extraño que conocí en la vida.

Miró primero al chico de pelo lacio y le brillaron los ojos. Después me miró a mí, señaló mi cuerpo con el dedo meñique y adivinó con asco:

—Tú eres el redactor, sin duda.

Eso fue lo primero que me dijo Narcís Cardelús antes de hacerme pasar a su despacho.

Durante el primer minuto me sentí ofendido. No tanto porque yo no pudiera ser modelo, eso era obvio, sino porque el desprecio de las palabras “sin duda” venían de la boca de un chimpancé con facciones humanas, solamente un poco más alto que un enano, vestido con una bata de arabescos y con una gata siamesa entre los brazos.

Yo sé que estos detalles parecen insidiosos y pido perdón por el tópico, pero Narcís Cardelús era, realmente, un enano alto que hacía todos los esfuerzos del mundo por ser el estereotipo del gay: exageraba el seseo, el quiebre de la muñeca, el olor a talco. Todo su entorno era una producción minuciosa excepto la cara y la estatura. Si lo mirabas a los ojos y te olvidabas del resto, parecía un camionero rumano en miniatura.

Aunque había conseguido imitar, con mucha gimnasia de espejos, los movimientos y el aura de una bailarina, su genética era rústica, de una enorme mediocridad heterosexual. Pero yo no podía dejar de mirarlo. Tenía algo hipnótico. Después de unos segundos de desprecio, sin darme cuenta, pasé de repente a la fascinación.

Nunca había visto un gay enano, no sabía que podía existir esa cruza. Por eso cuando Narcís abría la boca, o cuando hacía un gesto, yo no sabía muy bien de qué tabú avergonzarme. Tenía la misma voz aflautada que usan los actores que no saben componer a un homosexual.

Y aunque su voz era increíble, su aventura editorial era mejor: planeaba una revista para los gays de Barcelona, con noticias para gays. Él ya tenía lo más importante, me decía: todos los empresarios del Eixample, el barrio gay barcelonés, eran sus amigos y estaban encantados de financiar la revista. Solamente faltaba redactar algunos publirreportajes y cobrarlos.

—¿Puedes encargarte tú de eso? —me preguntó.

Le dije que había dado con la persona indicada. No pareció muy convencido, pero como ningún otro candidato había respondido el aviso, me contrató en negro y con un sueldo mensual descabellado.

Yo supe desde el primer minuto que jamás cobraría ese dinero y que la revista no saldría nunca, pero acepté encantado. Estar allí era mejor que seguir buscando trabajo sin papeles, o que estar en la pensión todo el día peleándome con una novela sin futuro.

A los ojos de Cristina yo había conseguido empleo, eso era lo importante. A mis ojos, había conseguido algo para contarle a mis amigos de Mercedes.

Mi obligación era estar allí todos los días a las nueve en punto. Narcís no se levantaba nunca antes de las diez, aunque el mayordomo repetía, cada cinco minutos y en el mismo tono:

—Niño, que ha llegado el periodista.

Yo podía verlo en su habitación, de reojo. Narcís no dormía: miraba películas yanquis viejas, dobladas al español, y lloraba con un paquete de Kleenex al lado de la cama. Yo bajaba la cabeza y fingía estar muy ocupado en la computadora.

En esas horas muertas me hice un poco amigo de Ramón. Supe que durante décadas había sido el mayordomo de una familia compuesta por el duque de Cardelús i Monturiol, un personaje de abolengo dueño de dos teatros clásicos de Barcelona; su esposa Emma, famosa actriz de teatro ya retirada; y el único hijo de ambos, Narcís, que, en palabras de Ramón, siempre estuvo demasiado protegido por su madre a causa de ser canijo. Canijo es petiso, pero Narcís era más que eso.

El duque, un hombre de la alta sociedad barcelonesa, se avergonzó siempre de su hijo único, pero mientras estuvo a cargo de su madre lo soportó. El problema empezó en septiembre, me dijo el mayordomo, cuando falleció la señora Emma. El duque intentó convivir con su hijo pero le resultó imposible. Le irritaba que Narcís estuviera todo el día solo, vestido como un transexual y llorando la muerte de la madre. “¡Que tiene ya cuarenta años, coño!”, gritaba el duque y pasaba cada vez más tiempo fuera.

Una tarde, harto de no poder estar cómodo en su casa, el duque se alquiló un dúplex y se fue a vivir allí. Dejó a Ramón en la casa para que cuidara de Narcís, y le puso al hijo una paga mensual módica para que pudiera mantenerse, a cambio de no tener que verlo. Ramón no estaba feliz con la decisión, pero era leal al duque y hacía ya meses que cuidaba del niño.

—Este pringado jamás va a pagarte el sueldo... Vete ahora que no pierdes nada —me advertía el mayordomo.

Yo lo sabía, claro, pero esperaba con ansiedad que Narcís se levantara de la cama, cada día, y me llevara caminando al Eixample para cobrar las publicidades. No le importaban los pequeños textos que yo escribía por la mañana, sino mostrarme en el barrio y presentarme como “mi jefe comercial argentino”.

Descubrí pronto que todos los gays del barrio lo conocían y le escapaban: Narcís era una especie de tonto del pueblo, le prometían cualquier cosa con tal de sacárselo de encima.

Conocí el mundo gay barcelonés como la palma de mi mano. Entré a discotecas con luz de día, conocí peluquerías para gays que también le cortaban el pelo a caniches, estuve en agencias de viajes que ofrecían tours a San Francisco y otros destinos friendly, visité sex shops y me entretuve con una fauna de gente maravillosa.

Al principio iba con Narcís, pero algunas tardes en que mi jefe se quedaba en casa, deprimido y mirando películas, me mandaba a mí solo a hacer negocios. Al verme llegar sin compañía, los comerciantes gays me llevaban aparte y me avisaban lo mismo que el mayordomo Ramón:

—¿Tú sabes que estás perdiendo el tiempo, verdad?

Y cuando yo les respondía que sí, que estaba al tanto, me miraban con extrañeza. No podía explicarles el sentido de la experiencia, el valor que tenía para mí estar en esa casa, con Narcís y su mayordomo. Si hubiera tenido plata, habría pagado para que me dejaran meterme en sus vidas.

Cuando la pasaba a buscar a Cristina por su trabajo podía explicarle historias increíbles, también a Chiri y a mis padres por mail. Les contaba que un día me llevé el termo con el mate a la casa de Narcís, y que Ramón se interesó por el mecanismo de la infusión. Al día siguiente él mismo calentaba el agua y se hacía cargo de todo.

¿Qué importa no tener sueldo, pensaba yo, si un mayordomo, vestido realmente de mayordomo, te ceba mates toda la mañana?

Cada pequeña escena de aquel mes fue memorable: un acopio de anécdotas nutritivas. La mejor ocurrió el último día, cuando decidí que ya era hora de encontrar un trabajo de verdad.

Llegué tarde, cerca del mediodía. Narcís había empezado a escaparse de mí, porque era consciente de que me debía el sueldo. Me decía que cuando su padre le pagara la mensualidad, él me daría dinero. Yo sabía, por Ramón, que el duque le había dado su paga hacía ya una semana. Entonces le dije que lo dejaba, que una revista no podía hacerse sin un diseñador, sin una imprenta, sin fotógrafos o editores. Le dije todo lo que podía haber dicho el primer día.

Él se puso intenso, se le aflautó la voz más que nunca y dejó la gata en el suelo. Me dijo que yo no entendía nada del negocio, que lo estaba dejando en mitad del río, justo cuando aquello empezaba a funcionar. Pegaba grititos, se sentía estafado. Me decía que no esperara paga alguna si lo abandonaba. Quería pelea y yo no le daba el gusto.

Cuando supo que no había vuelta atrás dijo una frase que, durante mucho tiempo, Cristina repitió cada vez que fingía enojarse conmigo. Narcís me gritó, con todo el odio del mundo, “¡Vete a la pampa, guapa!” y se fue a su habitación llorando. Después prendió la tele y la puso a un volumen imposible.

Ramón, que había visto el escándalo, levantó las cejas y me palmeó la espalda. “Así acaba siempre”, me dijo el mayordomo y se despidió de mí con un apretón de manos firme, sin agregar palabra.

Caminé por el pasillo buscando la puerta de salida y, como tantas otras veces, vi a Narcís de reojo en su habitación. Lloraba y murmuraba una misma frase entrecortada, “tots em deixen”, que en catalán significa todos me dejan, y me partió el corazón.

Entré a su cuarto para hacer las paces (no era la primera vez que entraba) y me senté a su lado. Eso sí era la primera vez. Fingió no verme y siguió mirando la tele con los ojos en compota y la respiración entrecortada.

Sobre la cama había media docena de VHS con las películas viejas que Narcís miraba todo el día sin parar. Pude leer algunas carátulas: Julio César, De aquí a la eternidad, Buenos días tristeza. La que estaba puesta en la tele se llamaba Tú y yo. No reconocí el título hasta que vi las imágenes en la pantalla. Era An Affair to Remember.

—Esta la vi —le dije para decir algo—, en Argentina se llama Algo para recordar.

Él no respondió nada, estaba ofendido conmigo.

—¿Te gusta Cary Grant? —le pregunté.

Negó con la cabeza y señaló el televisor:

—Me gusta oírla a ella —dijo.

En la pantalla estaba el rostro de una mujer imponente. Descubrí que a las otras películas, las que estaban desparramadas sobre las sábanas, las protagonizaba la misma actriz, pero no tuve tiempo para sorprenderme, porque Narcís subió el volumen.

—Escucha su voz —me dijo—, es mi madre.

Y cerró los ojos.

El corazón me empezó a latir más fuerte. De repente supe que había estado en esa casa un mes entero para que llegara ese momento.

—Mamá dobló a Deborah Kerr en todas sus películas —dijo.

Y a mí me dio vergüenza la cantidad de horas que había pasado en la pensión, intentando escribir una historia falsa.

¿Cómo carajo se me iba a ocurrir, allí encerrado, el cuento de un mayordomo que cuida a un enano gay que oye la voz de su madre muerta en los doblajes de las películas?

Sentí pena, muchísima pena, por todos los escritores que buscamos sin suerte historias en la imaginación, y me acomodé en la cama junto a Narcís.

Él acurrucó la cabeza en mi pecho.

Hernán Casciari
jueves 6 de septiembre, 2012


¿Te gustó esta historia?

Pertenece al libro Messi es un perro y otros cuentos, de Hernán Casciari. Está a la venta en la Tienda Orsai y te lo mandamos a tu casa sin gastos de envío.


10/11/2016 a las 17:59
La novela erotica me gusta mucho, pero sobre todo mirar webcams en internet y que me miren a mi ummm
19/07/2016 a las 11:34
Excelente cuento! a ver cuando nos traes uno caliente de cams porno o webcams eroticas :D
 Rodrigo Sebastian Rivarola
14/04/2014 a las 22:56
Que buena onda.

Che, una pregunta. Es muy complicado mandar las revistas hasta Neuquen, Argentina?
 barsteph.
17/08/2013 a las 03:00
Estoy en pleno enamoramiento. Orsai, te conocí hoy a la mañana en la FSOC y desde que escuche el relato de ABDALA no te quiero soltar.
 LUCRECIA LUCIA CONTARINI
12/08/2013 a las 17:48
..... Sentí pena, muchísima pena, por todos los escritores que buscamos sin suerte historias en la imaginación ......

excelente !!!!!!!
13/04/2013 a las 00:55
Recién descubro Orsai (una amiga me pasó tu vídeo en TED) y encima leo que la cosa empezó en Barcelona, donde nací y viví 34 años de mi vida. Y ya lleváis tres años. Qué mierrrrda que vivo en Zurich ahora, si no ya me tendríais en vuestra puerta currículum en mano: yo también busco trabajo e historias reales para mis novelas.
Gran relato, por cierto. Felicidades y muchos éxitos (más)!
 Ana FB
03/04/2013 a las 08:10
Qué punto tan austeriano. ¡Me ha encantado!
 Alex Visic
17/02/2013 a las 19:47
Me gustó mucho el relato.
Me mato eso de "¿Qué importa no tener sueldo, pensaba yo, si un mayordomo, vestido realmente de mayordomo, te ceba mates toda la mañana?"
29/01/2013 a las 14:23
Sí, sí, sí, me gustó!
19/01/2013 a las 19:52
muy bueno. Me iba a quedar con la frase "vete a la papma, guapa", pero después "de repente supe que había estado en esa casa un mes entero para que llegara ese momento", y hay magia. Muy bueno.
 Titi
27/12/2012 a las 21:04
muy buen relato.. y muy buen sitio, realmente encantador
 Juan Pablo Rebuffi
09/12/2012 a las 03:19
Leyendo a todos ustedes, amigos, en este bello sitio, me veo obligado a elevar el tiro esos milimetros e impedir en esta instancia que el tiro que tenia planificado para el entrecejo de alguien en otro momento, sirva solo para asustarlo y me sirva para darme cuenta que es mejor asi.
Salud.
23/11/2012 a las 21:24
Probando: Pri del 140!
22/11/2012 a las 09:05
que bueno!!!!cuantos Narcis por nuestros caminos!!! Les dejo mi pequena aportacion
http://www.facebook.com/pages/Cuentos-Tristes-Cortos/490196271000530
 Carangueisho
22/11/2012 a las 03:36
Es un relato erselente. Sois grosois!
 CRISTOPOLUS
22/11/2012 a las 01:15
Que relato !!! Barbaro .....
17/11/2012 a las 01:37
Muy bueno!
 Abel Garriga
16/11/2012 a las 21:50
Joder, que bonito.
 Marcio
12/11/2012 a las 21:28
Es decir que lo de "Cristina" y "Nina", es solo una cortina de humo para ocultar tu verdadera inclinación sexual?.

Lo del mayordomo cebandote mates estuvo genial, me encanto el relato.
 benjykim
12/11/2012 a las 14:21
Simplemente GENIAL, llegué de pura casualidad esta mañana y lo más seguro es que seguiré por mucho tiempo en este blog. Gordo (le tomé cariño al apodo) sos un capo y todos los que están contigo en este emprendimiento. Saludos desde Paraguay!
 PaZ
06/11/2012 a las 14:07
... una belleza...
02/11/2012 a las 16:21
¡A mi Che!
Yo tengo un hermano.

No nos vimos nunca
pero no importa.

Yo tengo un hermano
que iba por los blogs
mientras yo dormía.

Lo quiero a mi modo,
le tomé sus letras
libres como el agua,
caminé de a ratos
cerca de sus relatos.

No nos vimos nunca
pero no importa,
mi hermano despierto
mientras yo dormía,
mi hermano mostrándome
detrás de la compu
su pluma elegida.”
Perdón Cortázar… Gracias Hernan por tanto. Después de tanto tiempo de seguirte, era justo dejar de ser un seguidor silencioso, para acompañarte con nombre.
Riso
26/10/2012 a las 03:44
Vete a la Pampa, guapa! Me encantó. Un abrazo!
 light on mars
25/10/2012 a las 05:25
MUY BUENO.
 silvina Troicovich
24/10/2012 a las 13:04
En cada cuento que leo, nunca dejás de sorprenderme. Gracias.
 Cronopio
24/10/2012 a las 00:00
Lo interesante, por efímero, es ser el último. Último. Y la pelea sería por ser el último Último. Que rara suena esa palabra, ahora, tantas veces repetida.
 Alfon
19/10/2012 a las 00:58
"Say no more" !!!
Esta frase, que deja un poco entrever lo que genera descubrir y vivir haciendo lo que a uno le apasiona, me enamoró: ¿Qué importa no tener sueldo, pensaba yo, si un mayordomo, vestido realmente de mayordomo, te ceba mates toda la mañana?
 sebastián Margulis
15/10/2012 a las 12:55
Saber vivir el ahora es la mejor experiencia para compartir.
Gracias
13/10/2012 a las 17:42
la literatura está en la vida
 Jano Vega
05/10/2012 a las 15:46
Algo especial y con dilema sucede a menudo en mi cerebro cuando tengo la necesidad de gozar de los juegos creativos. Al final sucede de la mejor forma, sin mucha planificación me sorprendo del trazo y no me detengo de gusto.
 Wooded
05/10/2012 a las 02:31
Un placer haber llegado.
 Rorro
04/10/2012 a las 02:03
Volvió la magia!
 Rorro
04/10/2012 a las 02:12
Después de tantos piquetes volviste con un relato de esos...por ese pibe es que venimos a la cancha, por ese es que pagamos la entrada.
01/10/2012 a las 18:52
Excelente para hacer un cortometraje!! Lo loco es que "algo para recordar" quizás sea algo que muchos no olvidemos.
 LUP
30/09/2012 a las 10:56
El relato es genial! Hernán, me encanta la manera en que llegas a explicar historias tan surrealistas como la de Narcís...Entiendo cuando decís que el solo hecho de haber estado en esa casa valió la pena - yo también lo creo! :)
Saludos de una compatriota también viviendo en Cataluña!
 Carangueisho
22/11/2012 a las 03:33
No serás tu el modelo de pelo lacio??
 lula086
26/09/2012 a las 16:36
Excelente! Pude ver a Narcís en ese relato...
 clandestino
26/09/2012 a las 03:47
Es la primera historia de tantas que pienso leer en este hermoso blog. Llegué acá gracias a las palabras de Casciari en la expo de TEDx, video que pude ver en YouTube. Grosso!
 Camus
25/09/2012 a las 21:02
Que buena historia. No me entretenía tanto leyendo desde hace un buen tiempo. GRandioso el trabajo que hacen.
 JUAN VIVAS
21/09/2012 a las 18:12
Bueno, me gustó.
 RemGon
21/09/2012 a las 13:26
Buenazo el cuento. Historia de deslumbre, quien no ha tenido una....
 RemGon
21/09/2012 a las 13:23
 Gaby
20/09/2012 a las 18:56
Una ternura.
 klóketen
19/09/2012 a las 23:16
Tierra del Fuego presente! fahh, somo como venti quince
 Daniel Dominguez
18/09/2012 a las 20:51
ULTI! (?)
 Demianchu
18/09/2012 a las 15:58
deci la verdad gordo,,te dio tanta pena Narcis que le comiste la boca eh? aunq sea para q se distraiga x un rato no? jejje grossso saludos!!!
 LACRA
17/09/2012 a las 16:53
Muy bueno, es lo primero que leo de la revista a la que acabo de suscribirme. Y lo que me llevó a esa suscripción fue leer publicado el cuento de una amiga de Costa Rica.
 Jonatan One
16/09/2012 a las 06:50
Muy lindo, e interesante la reflexión final, me dejaste pensando...
 leoneldero
14/09/2012 a las 21:08
que tristeza: estoy desempleado, pero sin mayordomo
 Viviana Estrada
14/09/2012 a las 20:10
Hola Hernan, como siempre un texto genial! Como te conte alguna vez, empece a conocerte gracias a Mujer Gorda, y desde entonces estoy enganchada con tus textos. Estoy releyendo tu blog desde el inicio, voy por el año 2005 con el de "Los españoles son de marte y los argentinos de venus" Y acabo de leer este ultimo post, del 6 de sept 2012. Ya desde hace un tiempo he querido comentar que me llama mucho la atencion que tus seguidores que comentaban en los post antiguos, ya no comentan ahora: interior, patomusa, la romu, clari, angelgris, etc. que paso que ya no veo sus comentarios? Un abrazo!
14/09/2012 a las 20:30
Se hicieron viejos, pobres. La Romu incluso creo que murió.
 Peto
13/09/2012 a las 17:46
Hola, no tiene nada que ver con el tema, pero esta informacion es para los ricoteros.
Redonditos de Ricota, con homenaje sinfónico.

http://www.clarin.com/espectaculos/musica/Homenaje_sinfonico_a_los_Redonditos_de_Ricota_0_773322811.html

Saludos!!
 Fabiana Lopez
13/09/2012 a las 02:07
Existe Narcís?
 Peto
12/09/2012 a las 22:36
Hernan estos, o mejor dicho, todos los relatos, cuentos, historias, te salen de una o las vas armando en diferentes etapas, momentos?

Genial genio.
 Valentinjrr
11/09/2012 a las 22:22
gordo la puta que te pario, SOS UN GENIO, SOS UN GENIO. TE AMO
 Anacleta
11/09/2012 a las 00:49
Te amo, Casciari. Adoptame.
 Bicho de Pasto
10/09/2012 a las 19:28
Gracias por tanta magia. GRACIAS.
 Marcos Ferrero
10/09/2012 a las 19:10
noventa y ocho...
 Marcos Ferrero
10/09/2012 a las 19:11
vaaaamoss carajo!
10/09/2012 a las 18:23
Tengo una superstición y es que todos los que escribimos algo (sean malo, regular o bueno) es acerca de nosotros mismos (sea sobre superhéroes, alquimistas o asesinos seriales). Y Cayota tiende a reforzar mi creencia, porque no puedo dejar de pensar que este cuento le pasó tal cual.
13/09/2012 a las 13:00
Sí, este es de los reales.
 Fanue
09/09/2012 a las 15:24
Es un cuento magnífico. Pero debo estar en una sintonía distinta a la de aquellos que dicen que se cagaron de risa. La historia es pura ternura.
Y hablando de opiniones diferentes, seguro que más de uno se ofenderá. Pero me parece desatinado y penoso que los primeros comentarios que se desprenden de semejantes relatos (éste mismo, "Los jefes y los empleados", sólo por dar dos ejemplos) sean una ridícula sucesión de "Pri!". Es como salir de ver "Big fish" y comentar que al pochoclo le faltaba sal.
09/09/2012 a las 20:31
A mí me pasó algo parecido, me resultó muy emotiva y antes que graciosa, dramática.
Las peleas por el "Pri" y por quién le corrige antes los errores son, para mí, como el catolicismo: curiosamente no solo existen, sino que tienen fervientes seguidores.
 Kat
09/09/2012 a las 15:05
Jorge Cayota Hernán, qué cuento más lindo.
Ya escribí -y perdí- dos comentarios largos en los que te contaba un par de cosas y detallaba lo que más me entusiasmó de la n°8. Es evidente que no tengo que enviarlo.
Recomiendo la charla que tuvieron Julián y vos con Natu Poblet y Carlos Clerici en Baires.
http://www.ivoox.com/hernan-casciari-vivo-audios-mp3_rf_1408703_1.html
Abrazos.
 Juan el Cuervo
09/09/2012 a las 01:01
Cuántos golpes bajos gordo, (al final se confirma que sos maricón), no sé si sos consciente de lo que significa "recordar":
- Las pesetas y esas monedas porongas con el agujero al medio,
- los bidet de la madre patria sin duchita ascendente y la falta de comprensión entre los nativos,
- La primera vez descubriendo la calle República Argentina de Barcelona,
- La prédica diaria con el mate, hasta por fin compartirlo con un nativo que jamás aprenderá a cebarlo bien.

Muy bueno como siempre Hernán, gracias por esa capacidad de poner en palabras aquellas pequeñas cosas como a mi me hubiera gustado contarlas.
 fede o
08/09/2012 a las 18:43
Me pregunto el anagrama de quien es Narcís Cardelús. Me cago en Avida Dollars!
 reginafallanghi
08/09/2012 a las 02:37
Me jodes que esto paso de verdad. Es sublime la historia. Estas no se salen a buscar, nos caen
 EL ARCA del Sur
08/09/2012 a las 01:16
Maravilloso relato. Una sola cosa Hernán ¿Puede ser que donde dice "sino porque el desprecio de las palabras 'sin duda' venían de..." tendría que decir "venía de..." ya que lo que venía era el desprecio, así en singular?
 sergio tosunian
08/09/2012 a las 00:11
que paso con el modelo?
 Carangueisho
22/11/2012 a las 03:25
Esa es la verdadera historia tras las bambalinas. Hernan fue solo un bluff para que el enano se morfe (o sea morfado) por un modelo de pelo lacio. El enano ganó.
 Tete
07/09/2012 a las 20:26
Genio, genio, genio. Me reí mucho. Gracias Hernán, hacía mucho que no me reía tanto.
Abrazo de blog.
 Miche_l
07/09/2012 a las 19:56
-¿Te gustó esta entrada, Miche_l?, pregunta una chica muy, muy literaria.
-Sí, responde Miche_l.
-Hace tiempo que te gustaría colaborar para esta revista, verdad Miche_l?
-Sí.
-¿Y por qué no les dejas algo a Orsai y a sus lectores aquí mismito, y ahora?
-¿What?
-Aquí, invítales a leer una historia tuya. Si Orsai o sus lectores, gustan de ella, quien sabe lo que ocurra.
-¿Lo crees prudente?
-Lo creo muy muy literario.
-¿En serio?
-¿Sabes?, dudas mucho, pero yo, como soy sólo una chica muy, muy literaria, lo haré.
-Espera, nooooooooh.
-Cállate, a veces como narrador literario...Amig@s de Orsai. hace tiempo que Miche_l, quiere asociarse a este juego. Así que les invita a leer una de sus entradas, para que ustedes mismos, lo hagan papilla, o lo sugieran como jugador de la liga Orsai. ¿Les tinca?
-¿Pero qué haces?
-Calla Michilopotzli. Bueno amig@s, he aquí una entrada muy, muy literaria. http://laqonsulta.wordpress.com/2012/04/29/un-evento-literario-2/
 Miche_l
07/09/2012 a las 19:51
-¿Te gustó esta entrada, Miche_l?, pregunta una chica muy, muy literaria.
-Sí, responde Miche_l.
-Hace tiempo que te gustaría colaborar para esta revista, verdad Miche_l?
-Sí.
-¿Y por qué no les dejas algo a Orsai y a sus lectores aquí mismito, y ahora?
-¿What?
-Aquí, invítales a leer una historia tuya. Si Orsai o sus lectores, gustan de ella, quien sabe lo que ocurra.
-¿Lo crees prudente?
-No lo creo prudente, pero sí, muy muy literario.
-¿En serio?
_sabes, dudas mucho, pero yo, como soy sólo una chica muy muy literaria, lo haré.
-Espera, no,qué haces.
-Cállate, a veces como narrador literario...Amig@s de Orsai. hace tiempo que Miche_l, quiere asociarse a este juego. Así que les invita a leer una de sus entradas, para que ustedes mismos, lo hagan papilla, o lo sugiran como posible jugador de la liga Orsai. ¿Les tinca?
-¿Pero qué haces?
-Calla Michilopotzli. Bueno amig@s, he aquí una entrada muy muy literaria. http://laqonsulta.wordpress.com/2012/04/29/un-evento-literario-2/
 eze ortiz
07/09/2012 a las 18:11
Permiso! soy recién llegado por acá... "vete a la pampa, guapa" es gol.
 María Daniela Paris
07/09/2012 a las 15:35
Hernán, excelente relato.
07/09/2012 a las 11:14
Ja. Por fin volvió el Gordo escritor...
Buenísima, buenísima la historia.
 Miguel
07/09/2012 a las 10:02
La realidad supera a la ficción...o fue fruto de tu mente y nós quieres engañar? ;)
 Ana domen
07/09/2012 a las 09:21
Como funciona el asunto del PRI y la quema del churro?
Ya lo leí arriba pero en realidad solo estoy en busca de la recompensa y el bar en Mexico
 Ana domen
07/09/2012 a las 09:19
Claro que pensé que era verdad! Aunque debí de sospecharlo, el mayordomo se llama Bruno.
Mi mamá también murió y volví a recordar su voz. Algo muy importante, gracias.
 paula956
07/09/2012 a las 08:40
upps!!!!!!!!!!
me encantó la historia,
 EzeCABEZON
07/09/2012 a las 04:56
Linda historia Hernán.Saludos
07/09/2012 a las 04:43
¡Qué buena historia, Cayota! Me hiciste reír una docena de veces. Eso no tiene precio, como para vos haber "laburado" allí y ahora contárselo a miles acá y producir este reguero universal de sonrisas de los dos lados del Atlántico. ¿Qué más puede pedir un escritor, además de que un mayordomo catalán le cebe mate?
 Fernanda Silva
07/09/2012 a las 04:31
solo para saber que numero soy!
 Fernanda Silva
07/09/2012 a las 04:34
me despisto PiPO CON EL 100
 Pipo
07/09/2012 a las 03:57
Primera vez y sub 100. Gracias. El día fue largo, con broncas varias y este relato lo transformó en sonrisas.
07/09/2012 a las 03:50
Y yo imaginándome... qué lindo sería tener un mayordomo. no? :)
 alexandra judith
07/09/2012 a las 03:02
Genial, despues de un dia de merda, leerte cambio lo que queda de el!!!!
Ah! y el mail para poder suscribirme, mejor!!!gracias!
 etomara
07/09/2012 a las 02:51
derechito al capítulo de "historias que merecen ser ciertas...
¡me hencanta hesta halta literatura!!
07/09/2012 a las 02:26
Ay ay ay... recién llego y me encuentro con este mensaje. Qué maravilla. Palabras como un mimo, como un perro que te hace fiesta. Salú.- Lo puedo leer dos veces.
 Luciana Cancer
07/09/2012 a las 01:45
¡Me cancantó!
 PaolaNS
07/09/2012 a las 01:34
Veo que a la mayoría le causó gracia y se rieron; debo estar entrando en una etapa sensiblera de mi vida, porque se me pusieron los ojos como tetas, cuando lo leí en la Nro. 8 y ahora. ¡Me encantó!
06/09/2012 a las 23:19
Excelente. Me encantó.
Falta la tilde en Entré (Entre a su cuarto para hacer las paces).
 Aquelarre
06/09/2012 a las 23:11
MUY BUENA HISTORIA!!! NADA COMO SALIR AL MUNDO PARA VENCER LA HOJA EN BLANCO.
06/09/2012 a las 23:10
No puedo seguri leyendo. Tengo que googlear ese nombre.
06/09/2012 a las 22:19
top 30! :)
 natalia arrivillaga
06/09/2012 a las 22:11
descubro "algo para recordar" aquì,
pues a Orsai 8 apenas pude olerla y transportarla,
se la prestè a un amigo fanàtico del indio
que estaba con una fisura importante...
compartì la historia con mi vieja
leyèndola en voz alta entre mates,
ella no puede parar de reirse
y yo no puedo parar de llorar...
algunas personas tocan la flauta,
otras tocan la fibra,
¡gracias por tanto hernan!

maldonado/uruguay
 Gonzalo Romero
06/09/2012 a las 22:10
Cristina era de fierro para pagarte la pensión!!
 el jorge
06/09/2012 a las 22:06
muy tierno,muy kitsch
la parte final bien podría estar en alguna de las páginas de cien años de soledad.
 fer
06/09/2012 a las 22:06
Gran trabajo
 Facundo Iturbe
06/09/2012 a las 21:53
Pobre petiso
06/09/2012 a las 21:44
No sé si ya lo escribieron..., pero me "reí como un enano"!
 Marilina Verdun
06/09/2012 a las 21:30
Tus historias son buenisimas, siempre creo que son ciertas, hasta que leo los comentarios y caigo en la cuenta que sos un gran escritor!
 Carangueisho
22/11/2012 a las 03:17
Que!?!?! El enano no existe?!?! Mon Dieu...
 Tito_titito
06/09/2012 a las 21:11
Muy bueno el relato.
Perdón, que es PRI?
06/09/2012 a las 21:22
Dr Gaitán, presentarse en EXPLICACIONES. DR Gaitán presentarse en EXPLICACIONES.
06/09/2012 a las 21:52
El que llega a una nueva publicación y nota la ausencia total de comentarios puede anotar un sencillo Pri y hacer clic en el boton para enviar el comentario.
Conviene hacerlo antes de lleer la publicacion para no se de el caso de que su comentario aparezca en el puesto 8.
Se trata de un inofensivo juego para decirle al autor que estabamos esperando su publicación.
  Juan Sebastián Olivieri
06/09/2012 a las 22:12
No, no, no.
El Dr. Gaitán, con su exasperante calma y vocecita suave, está deslizando adjetivos inexactos que distorsionan el espíritu del juego.
Él porque viene clavando podios a lo pavote. Pero nosotros, pobres mortales envidiosos estamos haciendo jugo gástrico de Pri y en cuanto podamos saltaremos a su yugular.
Así que: ¡Inofensivo, las pelotas!
07/09/2012 a las 01:08
Nunca me pareció importante lo del pri, no le encuentro el sentido a firmar sin leer, o al hecho de ser el primero en ver la publicación. Desde ya, respeto a los que piensan que figurar allí y expresarlo, es de suma importancia. Saludos.
07/09/2012 a las 16:15
Yo no creo que sea importante llegar primero y figurar, Franz. Y como no es importante es divertido. Entretenimiento barato de simples mortales.
07/09/2012 a las 16:17
No se exaspere, señor Juan Sebastián. La envidia le va a hacer mal.
08/09/2012 a las 09:16
Ese es el punto, tampoco lo encuentro divertido. Ahora bien, interesante definición la de "entretenimiento barato", ya que ayuda a definir la sensación que se recibe al escribir las tres letras iniciales de una palabra en los comentarios de un texto que, al menos para mí, merece, como mínimo, una palabra entera y, si se me permite, que la palabra remita a algo más que un orden de llegada. Quizás -¿por qué no?- que la palabra incluso se refiera al texto en cuestión que le antecede, que no es tacaño en reflexiones, ni abundante en nimiedades. Claro está señor, lejos estoy de pretender una igualdad en nuestras opiniones, más bien por el contrario, disfruto de las discrepancias. Un saludo cordial, mi estimado.
07/09/2012 a las 04:38
Confesá, tantos PRIs ya son sospechosos...¬¬
07/09/2012 a las 16:28
Pura suerte, Pablo.
07/09/2012 a las 21:28
Mira quien lo dice...
07/09/2012 a las 21:34
pero el había vendido el alma, o algo así, no?
08/09/2012 a las 22:26
Claro, por eso, yo vendí mi alma (tantas veces que el día que muera la convocatoria de acreedores será eterna) pero vos ¿qué vendiste?
06/09/2012 a las 21:04
Que memoria de mierda que tengo. Lo iba leyendo y pensaba "esto me parecio leerlo en algun otro lado..." Claro imbecil, en la 8. Yo me mejor me largo de aqui...
 G10N_
06/09/2012 a las 21:00
¿Qué importa no tener sueldo, pensaba yo, si un mayordomo, vestido realmente de mayordomo, te ceba mates toda la mañana? Jaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!! Genial!!!
 joaco
06/09/2012 a las 20:48
La madre del petiso trolo, debe ser la gran Josefina de Luna.

Mataria una foto del personaje este.
 chicruz
06/09/2012 a las 20:45
siempre, lo mejor.....
 Martín Ainciburu
06/09/2012 a las 20:45
Brillante! Excelente cuento
06/09/2012 a las 20:37
Qué bien volver a leer este tipo de historias acá.
Una cosa Hernán. Odio hacer esto pero "Entré a su cuarto para hacer las pases" le falta el tilde a "entre".

Abrazo desde Uruguay.
 claudio rimbaud
09/09/2012 a las 15:57
esta bien la observación Pablo, pero paces va con c , abrazo
10/09/2012 a las 16:26
y "está" va con tilde y así podemos seguir hasta que se acabe el mundo.
 Carangueisho
22/11/2012 a las 03:13
Mmmm.... Me parece que no.
 Maria Clara Altamirano
06/09/2012 a las 20:31
Esto va en la revista?? Hay que avisar antes! Me voy a quedar sin la sorpresa cuando llegue a mis manos!!
06/09/2012 a las 20:28
Gran Cuento!
06/09/2012 a las 20:25
pri
06/09/2012 a las 20:24
Es dificil no sentirse identificado, si alguna vez intentaste escribir algo imposible durante meses, sentado en el escritorio de tu casa. Gracias por esta historia, llena más de lo que te imaginás
 Karen_de_Uruguay
06/09/2012 a las 20:23
un gusto leerte!
06/09/2012 a las 20:21
Ma-ra-vi-llo-sa historia.
06/09/2012 a las 20:16
Qué bonito!
Es tan cierto que uno muchas veces quiere buscar dentro lo que en realidad está fuera... nada como el mundo para inspirarse.
 Cadmo
06/09/2012 a las 20:13
Gran relato, y mejor conclusión
 El Chua
06/09/2012 a las 20:09
Impresionante Gordo! Sos un Mostro! Genial, Gracias
 Sil
06/09/2012 a las 20:06
Excelente!! una vez mas.
 Kalil Ahon
06/09/2012 a las 20:00
Me encantó! Que grande el mayordomo cebando mates :-)
06/09/2012 a las 19:58
Muy bueno...me parece que hoy si paso por lo de mi distribuidor a recoger mi número ocho...
06/09/2012 a las 19:57
Lo escribo dos veces para que quede claro. Y porque el puto navegador del celular anda para el orto
06/09/2012 a las 21:43
vos pensarás que dos veces... pero yo ya te lo leí cinco! jajajajja
06/09/2012 a las 22:45
Maldito navegador. Me hizo lo mismo con el home banking
07/09/2012 a las 03:49
Jajajajajaja
06/09/2012 a las 19:56
La historia comienza con el peor momento en la vida de un hombre: tener que agarrar los clasificados para buscar trabajo.

Y lo que es peor, para simular delante de una mujer que somos responsables.
06/09/2012 a las 19:55
La historia comienza con el peor momento en la vida de un hombre: tener que agarrar los clasificados para buscar trabajo.

Y lo que es peor, para simular delante de una mujer que somos responsables.
06/09/2012 a las 19:55
Me causó mucha gracia el final al leerlo en la Orsai Nº8. Una consulta ¿Cuando comienzan los goteos del siguiente número?
06/09/2012 a las 19:54
La historia comienza con el peor momento en la vida de un hombre: tener que agarrar los clasificados para buscar trabajo.

Y lo que es peor, para simular delante de una mujer que somos responsables.
06/09/2012 a las 19:54
La historia comienza con el peor momento en la vida de un hombre: tener que agarrar los clasificados para buscar trabajo.

Y lo que es peor, para simular delante de una mujer que somos responsables.
 Claudio
06/09/2012 a las 19:54
Genial!
Te lo comiste al enano?
06/09/2012 a las 19:54
La historia comienza con el peor momento en la vida de un hombre: tener que agarrar los clasificados para buscar trabajo.

Y lo que es peor, para simular delante de una mujer que somos responsables.
 martinianon
06/09/2012 a las 19:54
Excelente
 LOITT
06/09/2012 a las 19:53
La realidad supera a la ficción.
Genial.
06/09/2012 a las 19:52
Genial para todos los que tratamos de escribir Hernán!!! Gracias!!!
06/09/2012 a las 19:46
¡Mirá vos!
 Marcos Forlenza
06/09/2012 a las 19:44
Como es este tema, para ser pri hay que leer antes o no hae falta?
 Randal
06/09/2012 a las 20:08
Si lees y cantas PRI te invitan a Saint Celoni a quemar churro en la terraza. Pero tenes que poner PRI y un comentario del texto. El premio esta vacante desde 1989...
06/09/2012 a las 20:34
En este caso leí el texto antes de poner pri.

Un mes antes, en la revista :)
06/09/2012 a las 20:59
Creo que merece el premio!
 Gavilandia
06/09/2012 a las 19:43
A comerrrla!
Muy buena pero no me la crei desde el principio.
 Sauro Gabriel
06/09/2012 a las 19:41
De acuerdo, esta tarde, irè a buscar trabajo.
 Federico Báncora
06/09/2012 a las 19:39
Maravilloso!!!
 Inimpus
06/09/2012 a las 19:35
Linda historia.
 Noelia Fernández
06/09/2012 a las 19:34
Pri, top 30!
  Juan Sebastián Olivieri
06/09/2012 a las 19:33
Lo leí en la revista. Lo primero que pensé : ¡No podés ponerle Narcís al enano puto!

Extraordinario, gordo.
 Alguien
06/09/2012 a las 19:31
Una vez mas la realidad supera a la ficción. ¡Buenisimo!
06/09/2012 a las 19:31
Top 10! y me encantó!
06/09/2012 a las 19:29
Al menos llegué antes del 50. Yo siempre llego tarde a todo!
06/09/2012 a las 19:28
Wow!
06/09/2012 a las 19:27
Que ladri Gordo!! entre emosionando pensando que había algo nuevo y es el de la revista!!
06/09/2012 a las 19:25
Queridos, escribí algo que quiero compartir con ustedes, relacionado con el mundo Orsai. http://10decorazones.blogspot.com.ar/2012/08/enlaces.html

Los quiero!
  Juan Sebastián Olivieri
06/09/2012 a las 19:36
¡Bien ahí!
Me gustó la idea.
06/09/2012 a las 19:58
Muy bonito!
 PaolaNS
07/09/2012 a las 01:31
Me gustó, mucho.
 etznab
07/09/2012 a las 09:47
hace poco que disfruto del mundo orsai y no lo hubiera podido ver así digo, como un mundo, sino hubiera leído tu relato.. gracias!
07/09/2012 a las 15:53
Qué lindas cosas que dicen, muchas gracias a ustedes!
06/09/2012 a las 19:23
Excelente :D
06/09/2012 a las 19:23
¿ves que sos un gordo puto? (gratuito)
06/09/2012 a las 19:29
Jejejejejejee Creo que quise escribir algo así, pero no me sale :p
06/09/2012 a las 19:20
Lo leí llorando de la risa cuando llegó el N8 a mis manos!
Es una historia genial...
06/09/2012 a las 19:20
top ten!
06/09/2012 a las 19:20
NOT
06/09/2012 a las 19:24
ja! te cago el doblete de gabylink...
06/09/2012 a las 19:20
yeeeeah!! top ten?
06/09/2012 a las 19:20
yeeeeah!! top ten?
06/09/2012 a las 19:19
Top Ten!
 Mariano Najles
06/09/2012 a las 19:19
top 10?
 Juan manuel Garreton
09/09/2012 a las 16:57
Muy bien Mariano!! Le deberías regalar unas carnes al gordito que tan lindo escribe!
06/09/2012 a las 19:19
Muy bueno! Top 10!
06/09/2012 a las 19:18
Me encantó esta historia!
06/09/2012 a las 19:18
Lo lei directo desde la revista... Gran relato!
06/09/2012 a las 19:17
Tres!!
06/09/2012 a las 19:18
Vamos todavía!
 fer
06/09/2012 a las 19:16
opps pri
06/09/2012 a las 19:16
Pri
06/09/2012 a las 19:25
gaitán sigue los pasos de usain bolt...