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lunes 1 de marzo, 2004

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lunes 1 de marzo, 2004

Buenos Aires

       

Cuando terminaba de trabajar me volvía a casa en el subte D, de punta a punta. Como salía a las seis de la tarde, el vagón iba relleno de gente (no digo re-lleno como lo diría un adolescente, si no 'relleno': del verbo empanada). Íbamos todos apretados, colgados, tratando de quitarnos de la cabeza la última hora laboral y pensando qué haríamos de nuestras vidas si las cosas no cambiaban para mejor.

Algunos nos poníamos los auriculares y oíamos música para hacernos la ilusión de que la existencia tenía banda de sonido; otros abríamos el librito de bolsillo en la página que habíamos marcado durante el viaje de ida, y seguíamos viendo cómo iba la historia del cuento de Javier Marías. Los más, sin literatura ni música, cabeceaban tristones, tratando de no mirar a los ojos al que estaba nariz con nariz.

En Pueyrredón la cosa se calmaba un poco, no mucho, pero se podía cambiar de posición las piernas. Igual la mayoría viajaba triste. A veces una chica que había conseguido un asiento para leer sonreía por alguna cosa de su libro, y esa sonrisa perdida en el mar del malhumor parecía un colibrí entre una marejada de cuervos. Pero a veces ni siquiera había una chica sonriendo.

En Palermo, con suerte, me podía sentar. Y en José Hernández nos bajábamos todos en silencio y subíamos las escaleras. Arriba, entre los rieles y la calle, Metrovías había dejado que un grupo de músicos del Colón pusiera sus parlantes e hiciera melodías de Bizet, de Tchaicovsky, de Mozart y de Beethoven. Eran tres: una pianista linda, un violinista gracioso y un flautista enloquecido.

La gente salía del subte y ya desde lejos podía oírlos. Cuando la turba pasaba por al lado del trío, lo más frecuente es que cada uno se detuviera algunos un segundo, otros más, y se quedaran un ratito suspendidos en medio de la armonía. Se notaba que por ese pasillo todo el mundo experimentaba una transición, algo extraño, una certeza de que las cosas de esta vida podían ser mejores, algo que los acariciaba con fugacidad.

Todos salíamos del subte desesperados por llegar a casa, pero cuando atravesábamos la música no había quien no se detuviera un segundo. Cuando una composición terminaba, los aplausos eran tan reales y agradecidos que parecían ser los primeros aplausos verdaderos que yo había escuchado en mi vida. Los anteriores sonaban a fórmula y compromiso, a costumbre cultural.

Un martes me tocó pasar cuando terminaban de ejecutar "Carmen". Oí otra vez los aplausos y también vi, de reojo, una mirada que se hicieron la pianista con el chico del violín. La mirada era de triunfo. Han pasado cuatro años pero la recuerdo intacta. Se miraron y sus ojos decía 'estamos en la gloria'. Yo pensé en ese momento que el arte estaba allí, congelado en ellos, y que la pareja de músicos, durante el segundo que les duró la mirada, lo sabían mejor que nadie en el mundo.

Los oficinistas más tristes y devaluados pasaban de a montones y durante un instante creían que las cosas podían ser mejores de lo que eran. Ellos solamente hacían un poco de música, y al final del día contaban las monedas que el público pasajero les había dejado en la funda del violín. Músicos que tenían que vivir de tocar en el subte: si alguien lo medía con la vara del éxito, esos chicos estaban fracasando rotundamente. Pero yo pasé y los vi, y pude retener la mirada del violinista y la pianista, y era una mirada de triunfo.

Después saqué la cabeza a la avenida Cabildo. Me fui a casa pensando que yo conocía a esos chicos, que conocía en ese país a un montón de gente que, como esos músicos del subte, no querían nada malo para este mundo, sino únicamente un poco de magia y de misterio. Y que se conformaban con hacer lo que amaban, en el Teatro Colón o en el entresuelo de la línea D. Y me sentí yo mismo tan lleno de misterio y de felicidad, que me hubiera gustado tener un frasco a rosca para encerrar ese sentimiento fugaz y usarlo durante estos días, en los que me cuesta tanto recordar por qué amo con desesperación a Buenos Aires.

Hernán Casciari
lunes 1 de marzo, 2004


Buenos Aires

por Hernán Casciari

Cuando terminaba de trabajar me volvía a casa en el subte D, de punta a punta. Como salía a las seis de la tarde, el vagón iba relleno de gente (no digo re-lleno como lo diría un adolescente, si no 'relleno': del verbo empanada). Íbamos todos apretados, colgados, tratando de quitarnos de la cabeza la última hora laboral y pensando qué haríamos de nuestras vidas si las cosas no cambiaban para mejor.

Algunos nos poníamos los auriculares y oíamos música para hacernos la ilusión de que la existencia tenía banda de sonido; otros abríamos el librito de bolsillo en la página que habíamos marcado durante el viaje de ida, y seguíamos viendo cómo iba la historia del cuento de Javier Marías. Los más, sin literatura ni música, cabeceaban tristones, tratando de no mirar a los ojos al que estaba nariz con nariz.

En Pueyrredón la cosa se calmaba un poco, no mucho, pero se podía cambiar de posición las piernas. Igual la mayoría viajaba triste. A veces una chica que había conseguido un asiento para leer sonreía por alguna cosa de su libro, y esa sonrisa perdida en el mar del malhumor parecía un colibrí entre una marejada de cuervos. Pero a veces ni siquiera había una chica sonriendo.

En Palermo, con suerte, me podía sentar. Y en José Hernández nos bajábamos todos en silencio y subíamos las escaleras. Arriba, entre los rieles y la calle, Metrovías había dejado que un grupo de músicos del Colón pusiera sus parlantes e hiciera melodías de Bizet, de Tchaicovsky, de Mozart y de Beethoven. Eran tres: una pianista linda, un violinista gracioso y un flautista enloquecido.

La gente salía del subte y ya desde lejos podía oírlos. Cuando la turba pasaba por al lado del trío, lo más frecuente es que cada uno se detuviera algunos un segundo, otros más, y se quedaran un ratito suspendidos en medio de la armonía. Se notaba que por ese pasillo todo el mundo experimentaba una transición, algo extraño, una certeza de que las cosas de esta vida podían ser mejores, algo que los acariciaba con fugacidad.

Todos salíamos del subte desesperados por llegar a casa, pero cuando atravesábamos la música no había quien no se detuviera un segundo. Cuando una composición terminaba, los aplausos eran tan reales y agradecidos que parecían ser los primeros aplausos verdaderos que yo había escuchado en mi vida. Los anteriores sonaban a fórmula y compromiso, a costumbre cultural.

Un martes me tocó pasar cuando terminaban de ejecutar "Carmen". Oí otra vez los aplausos y también vi, de reojo, una mirada que se hicieron la pianista con el chico del violín. La mirada era de triunfo. Han pasado cuatro años pero la recuerdo intacta. Se miraron y sus ojos decía 'estamos en la gloria'. Yo pensé en ese momento que el arte estaba allí, congelado en ellos, y que la pareja de músicos, durante el segundo que les duró la mirada, lo sabían mejor que nadie en el mundo.

Los oficinistas más tristes y devaluados pasaban de a montones y durante un instante creían que las cosas podían ser mejores de lo que eran. Ellos solamente hacían un poco de música, y al final del día contaban las monedas que el público pasajero les había dejado en la funda del violín. Músicos que tenían que vivir de tocar en el subte: si alguien lo medía con la vara del éxito, esos chicos estaban fracasando rotundamente. Pero yo pasé y los vi, y pude retener la mirada del violinista y la pianista, y era una mirada de triunfo.

Después saqué la cabeza a la avenida Cabildo. Me fui a casa pensando que yo conocía a esos chicos, que conocía en ese país a un montón de gente que, como esos músicos del subte, no querían nada malo para este mundo, sino únicamente un poco de magia y de misterio. Y que se conformaban con hacer lo que amaban, en el Teatro Colón o en el entresuelo de la línea D. Y me sentí yo mismo tan lleno de misterio y de felicidad, que me hubiera gustado tener un frasco a rosca para encerrar ese sentimiento fugaz y usarlo durante estos días, en los que me cuesta tanto recordar por qué amo con desesperación a Buenos Aires.

Hernán Casciari
lunes 1 de marzo, 2004


¿Te gustó esta historia?

Pertenece al libro España decí alpiste, de Hernán Casciari. Está a la venta en la Tienda Orsai y te lo mandamos a tu casa sin gastos de envío.


 gotardy
27/04/2016 a las 21:42
Sos grande Hernán! Gracias
06/02/2016 a las 22:50
La descripción del subte debería figurar en los libros de historia que hablen de la Argentina en el año 1999. Cuánta angustia.
09/09/2015 a las 20:21
s
09/09/2015 a las 20:23
Que bueno sería vivir con ese entusiasmo embotellado y beberlo de vez en cuando. Por ahora me conformo con el ron :)
Matu
28/09/2005 a las 20:28
Ya no están. ¿Dónde estarán triunfando?.
Lali
02/03/2004 a las 08:28
Ayyyy... pero que suerte tienes "gordito"! La verdadera mamá Mirta que se asoma hinchada de orgullo.

A mí se me ocurrió iniciar un blog hace un tiempo y empecé a contar sobre mi familia y la casa en que crecí. Cometí el error de mostrarselo a mi familia; mi papá se enfureció de tal manera, que dejó de hablarme por unos días.

Mi mamá dijo que le había gustado, pero eso fue por que todavía no le había llegado el turno.

Ahora deberé buscar otro sitio en el ciberespacio para esconderlo y poder escribir sin que me deshereden.

Pero hay un problema que tengo que solucionar antes de continuar escribiendo y es que llevo tantas historias en la cabeza que empiezo contando algo, se desvía y termino contado otra cosa, sin terminar lo primero.
Rax
02/03/2004 a las 05:31
Diablita:
Justamente eso, quise decir Semana Santa... no sé qué traigo en la cabeza :)
Antraxito
02/03/2004 a las 05:25
¡Jaaaaaa, "gordito"!
Hernán
02/03/2004 a las 05:18
No te quepa la menor duda, Susy.
Susy
02/03/2004 a las 04:30
mama chichita, sera la verdadera mirta?
La_oruga_Gritona
02/03/2004 a las 02:42
Pd. El blog de Letizia es lamentable. En buena medida porque Letizia es lamentable...
La_oruga_Gritona
02/03/2004 a las 02:41
Yo toda mi vida recorrí la Ciudad de México de norte a sur subterraneamente. Una de las evidencias de que mi generación es una nulidad literaria es que nadie, pero nadie, se ha tomado la molestia de dejar constancia de todos los mundos que concurren ahí debajo. El mejor recuerdo que tengo del mi metro (naranja y suspirante) es la hora en que pasa el último metro: el encargado del sonido local ponía canciones inolvidable, y era posible esperar entre los solitarios y los desesperados el último salvoconducto a casa escuchando The great gig in the Sky o Five years....
mama chichita
02/03/2004 a las 02:21
Sigo tus pasos desde tu primer latido en mi panza. Hace más de tres horas que estoy en un locutorio leyendo todo esta revelacion a tus lectores y este orsai... que me encanta!! porque sos vos ahora, y ya me han venido a preguntar dos veces si me pasa algo, porque paso de la risa al llanto con mucha facilidad.

¡Qué fuerte para vos (y lo ha sido para mi tambien ) lo de Ingrid! Soy tu mama y sabés que te deseo lo mejor... y estoy tan segura que vas a llegar muy lejos. Estoy hinchada como un sapo... ese es mi hijo, señores! Te quiero mucho mi gordito.

Mamá


Hernán: Ya te dije mil veces que no me digas gordito adelante de mis amigos...
Bea
01/03/2004 a las 22:14
Una vez viajé en Metro en Berlín. Era antes de la caída del muro. El metro era supermoderno, con gente de todo tipo en él. Era la época en que reinaba Ninna Haggen (mi ídola, a la que fui ia ver a un concierto). La cosa es que en una parte el metro cruzaba Berlín-Este ¡y todo se transformaba en algo antiiiiguo y como de película en blanco y negro!. Diez minutos después, la-parte-de-arriba volvía a ser Berlín Oeste y de nuevo las luces, la modernidad, los punks...
(las cosas que me hacen acordar...)
Diablita
01/03/2004 a las 20:08
RAX: ta bien que acá las cosas parezcan un poco rancias, pero todavia no se institucionalizó "La semana pasada" en Buenos Aires como feriado.
Vos no habrás venido en "Semana Santa"?
cobranegra
01/03/2004 a las 20:04
Este comentario no tiene nada que ver con el tema que están tratando, estuve de vacaciones y recién pude leer que finalizó la primer parte del diario de Mirta..
Todos los días leia y pocas veces comenté,
hoy escribo para lamentarme y expresar la tristeza que provoca este final..
Si bien sabía que eras un flaco, porque me recomendó un amigo tuyo,nunca imaginé que fueras a romper el misterio y la ilusión...aunque pensandolo bien, no resulta nada raro...
Asi son!! todos iguales!!
Junto a mi compañera Paola teniamos como único incentivo para venir a trabajar el saber que leeríamos las historias de los Bertotti, y ahora recién vueltas de la playa nos encontramos con esto...
Creo que pronto nos sumaremos a la gran cifra de desempleados!!!
Dejando el llanto de lado, te felicitamos por tu trabajo, realmente fue muy bueno y te deseamos mucha suerte para el nacimiento de tu niña..
Como consuelo y a la espera de la segunda parte empezaremos a leer orsai...
Saludos a tu inmenso ego (con cariño)
Cobra Negra
Susy
01/03/2004 a las 19:56
diablita ,si, esa era la linea B!
Rax
01/03/2004 a las 19:55
El año pasado fuimos en Semana Pasada a Buenos Aires. Viajábamos en subte porque acá en el DF siempre viajamos en metro, y nos parecía lo más natural. Era al mismo tiempo familiar y extraño, porque se parecía y no. No sabría explicarlo...
En todo caso, aquí viajo en Metro con frecuencia. A veces me da por sonreír o hacer caras solamente por el gusto de hacerlo, porque me parece tan triste llevar la máscara inexpresiva, o porque me da miedo que se me quede la cara de palo al bajar......
Fer
01/03/2004 a las 19:21
Qué bien está quedando el blog, Hernán!

Donde yo vivo no hay metro, y no sabes cómo me gusta que no haya... Las ciudades sin metro tienen las venas del lado de arriba, y eso es mejor, creo.

Hola vecinos!!
Anika
01/03/2004 a las 19:18
Hace ya seis años que no piso un metro. Antes me pasaba la vida en el metro, aunque nunca me gustó.
Tocaba música en los pasillos del metro en invierno, iba y venía también en metro de tocar en los mercados en verano, o de vender pijamitas de niño durante todo el año en cualquier parte que pasara gente y no hubiera un "payo" (policía municipal) que me levantara la parada. En fin, que para ir rápido iba a cualquier parte en metro.
Ahora ya no. Demasiadas escaleras, demasiados pasillos y demasiada gente. Lo curioso es que se me está olvidando qué parada corresponde a cada línea... te crees que eso lo tienes grabado en la cabeza para siempre porque desde que naciste conoces esas paradas y esos trayectos, pero no.

Dúftin, yo también me quedé que no sabia cómo hacer la primera vez que me metí en el metro de Madrid y encontré esa línea circular! Además de que son líneas poco racionales (cosas como tener que hacer dos transbordos para completar un trayecto).
Diablita
01/03/2004 a las 18:58
Hablando de subtes, alguien recuerda la película "MOEBIO"?
Dúftin
01/03/2004 a las 18:53
En Madrid hay una línea de metro que no tiene principio ni final, que se come la cola, que sigue para siempre, que no termina nunca... Cuando llegué aquí por primera vez me pasé un dia viajando y viajando, mientras echaba de menos a Buenos Aires... (También recuerdo, Hernán, a ese trío de músicos, a ls mismos). Me ha gustado mucho el post.

PD: a la del comment anterior: ¿un "gancho publicitario" para vender qué? No te entiendo.
sofi
01/03/2004 a las 18:47
Odio reconocerlo, de verdad que odio reconocerlo, pero borjamari tenia razón. Que pasó con las vacaciones que iba a tomarse, no que "un descanso para los dedos". La mujer gorda fue un gancho publicitario. Me pregunto si todos hubieramos sabido desde el principio que se trataba de un escritor y una novela con tintes costumbristas habríamos seguido fielmente el blog.
Antraxito
01/03/2004 a las 17:48
Yo soy clausrofóbico y nunca en mi vida bajé a un subte. Siempre me da miedo que me dejen encerrado adentro. Y desde que pasó lo del gas sarín en Japón, más miedo todavía. Todo el mundo me dice que es mejor que el taxi y el colectivo, pero no, para mi es una fantasía. No creo que por abajo de la tiera pasen todas esas cosas que cuenta la gente. ¡Es mentira!
Caro la del DF
01/03/2004 a las 17:45
Hermoso canto a Buenos Aires. No sabes cuánto me gustaría visitar esa ciudad, de la que siempre siempre todo el mundo me habla maravillas...
Flor
01/03/2004 a las 17:06
Es verdad... el A huele medio medio... Pero convengamos que es como el papá de todos los subtes...

Es de madera, se bambolea de un lado al otro y eso de que se apague la luz mi me gustaba... pero solo un rato porque sino me daba medio paranoia.

Y ahora que hice memoria, me acordé que yo no me bajaba en Catedral... yo trabajaba en Diagonal Norte y Florida, enfrente al Banco de Boston... esa estacion era Diagonal Norte, no?...

Un beso a todos
Flor
Diablita
01/03/2004 a las 16:18
ups. ese el B, no?
Bueno, el A tiene eso que dijiste, olor a pescado como si estuvieras a orillitas del mar. De qué te quejas?
Diablita
01/03/2004 a las 16:16
Susy! sos desagradecida!
En el subte A no habrá música de cámara pero hay otros ruidos con aromas incluídos que el subte D no tiene!!!,a los que también se los extraña cuando se está lejos.
Mirá. llegando a Federico Lacroze y si te subís al trencito Urquiza, es como que agarran ganitas de volver al subte A y viajar hasta Callao de nuevo, porque uno hace suyos esos rumorcitos odorizados, no?
Susy
01/03/2004 a las 16:10
me siento sapo de otro pozo. No Lununa! Todos no viajamos en el subte D!!! Yo viajo en el A!!! y en el subte A no se puede leer porque cuando se mueve un poco el vagón, se paga la luz!! Y cuando me bajo del subte no hay melodías ni de Bizet, ni de Tchaicovsky, ni de Mozart y ni de Beethoven, lo único que hay es el olor a pescado y a queso que viene de la feria que hay en rojas y rivadavia!
Fle
01/03/2004 a las 15:08
Tengo una duda.
Nada que ver con el post, lo siento, más bien tiene que ver con el autor del Weblog de la Mujer gordota que podría haber sido mi madre perfectamente si hubiera nacido en Argentina y demás pequeños detalles...
En uno de los posts la "Sofi" comentó que se había emocionado porque salía en el weblog de Letizia Ortíz... mi pregunta es la siguiente: ¿También es tuyo?
Es todo, muchas gracias por el tiempo.
Besos.



Hernán: Sí, también es mío. Algún día contaré esa experiencia de haber sido 'princesa' durante dos semanas. ¡Todavía sigo recibiendo cartas!
DarthVader
01/03/2004 a las 12:51
Buenas a todos, es mi primera vez que mando un post en un blog, pero bueno ahi va..

Yo lamentablemente o por suerte uno nunca sabe, sigo viviendo en Buenos Aires, y sigo usando el Bendito/Maldito subte D.

Lo que me extraño de todos sus comentarios fue que ninguno agrego al mismo el INMENSO INSOPORTABLE y AgOBIANTE Calor que hace en el mismo.

sobre todo en nuestro hermoso verano de 37 o 40 grados, que en el subte se transforman en mil millon grados que hacen tan pero tan placentero el viaje que uno deja de ir al sauna.

bueno nada queria recordarles el calorcito del subte.!

DarthVader el lado oscuro no es tan malo



Hernán: ¡Es verdad... el calor! Si Marilyn Monroe hubiera hecho su famosa pirueta del vestido blanco en la claraboya de Diagonal y Suipacha se habría chamuscado el culo.
Patri
01/03/2004 a las 10:17
¿Por qué es tan difícil hablar con alguien nuevo que aparece a tu lado en el asiento del bus o del metro? Me da rabia no ser capaz de hacerlo... seguramente me tomaran por loca, pero sería tan interesante, se aprendería tanto, tantísimo...
Basurita
01/03/2004 a las 08:25












Acá en Perú los buses todo el tiempo van repletos y solo tengo 2 opciones o me pongo los audífonos y me olvido del mundo o simplemente le digo hola al del costado y no desaprovecha la oportunidad del misterio de persona que de casualidad me encontré. De los buses buenas experiencias y otras no tantas en un país como el mío.
marci
01/03/2004 a las 07:49
Yo ya soy veterana en eso de no estar en Buenos Aires y a veces se extranan cosas increibles como el olor a subte que no existe en ningun otro lado y se expande desde abajo hacia arriba junto a una leve brisa cuando empezas a bajar las escaleras mientras buscas el monedero y buscas la plata de reojo mientras cuidas de no patinar en los escalones bastante angostos y gastados por los miles de pisadas diarias y te pones en la cola para sacar la ficha y no se cuanto valdra ahora pero siempre te piden cambio y la cartera se te cae mientras el de atras te mira con ojos de "apurese que viene!" y pasas el molinito y empezas el dialogo interior: por donde me conviene mas esperar? el primer vagon, el ultimo, el de medio?... y al final de te das cuenta que la gente tiene teorias variadas porque el subte esta repleto por todos lados... y ahora encima con esos asientos largos rojos que no tienen mas los respaldos que se podian mover segun la direccion del viaje, y cuando de repente en medio del calor y el cansancio y cuando ya estabas en Dorrego y faltaba solo una para Federico Lacroze el subte se paraba en medio de la nada y habia que esperar a que hagan no se que cosa pero eran minutos que parecian una eternidad y la gente puteaba despacito o cerraba los ojos para imaginar tal vez que estaba en otro lado, y cuando al fin llegabas a los apretujones y empujones subias la escalera porque no te quedaba otra aunque quisieras acercarte al puesto que vendias cerezas y nunca llegabas porque era imposible salir de la manada, y al subir la escalera sentias el aire fresco en la cara, respirabas hondo el olor a colectivo y sentias el alivio de haber salido del encierro...



Hernán: Precioso, Marci... ¡Gracias!
Flor
01/03/2004 a las 05:46
El subte D!!!!!..
Yo lo tomaba en Aguero y me bajaba en Catedral....
Amaba tomarme el subte. Lo unico es que a veces como venia mucha gente hacía lo siguiente: me iba hasta Bulnes y ahi lo tomaba hasta Catedral (retrocedia para ver si podia, por lo menos, entrar).
Sino iba a donde habia mas varones...me ponia adelante de ellos y asi entraba por la presion de los tipos atras mio..y juro que no era porque me gustaba que me apoyaran!!!!).
Me acuerdo cuando las puertas se abrian y la gente estaba como paradita en el bordecito.
Me encantaba el ambiente del subte...es completamente distinto al del colectivo.
En la estacion de mi casa (Aguero) no habia una pequeña orquesta...
Habia un chico que tocaba el saxo (y no era Facundo Arana).
Tocaba blues.
Y creo que la sensacion, tal vez, era la misma.
Era salir de una lata de sardinas y de pronto encontrarse con una melodia, con unas notas que te envuelven y te dicen: "Ya estas casi casi llegando a casa".
Ese chico en Aguero y esos tres musicos en Cabildo nos estaban dando la bienvenida.
Que lindo recordar el subte linea D.
Un beso grande a todos
Flor
Félix
01/03/2004 a las 04:23
Ayer domingo, en el suplemento dominical de no recuerdo qué diario, pues son todos idénticos, el reportaje de portada rezaba "¿Son tan buenos los argentinos?", en referencia al boom que estáis teniendo aquí, en España, en el terreno cultural, futbolístico, profesional... general. La portada ilustraba la investigación con muchisimas fotos, desde Valdano a Susana Rinaldi, pasando por Darín, Luppi, Pavlovsky... Y yo, qué quieres que te diga, eché a faltar a Mirta, o a ti. Sigue siendo un placer leerte, antes y ahora, con cualquiera de tus voces. Aunque, de acuerdo con Sisterdeath, vieno cómo desarrollas este Orsai, mi corazón se queda de este lado, aún amando profundamente a tu Mirta. Aquí sé que eres interminable. Un abrazo, Félix.
cristian
01/03/2004 a las 03:38
Ta bueno, podemos empezar otra vez con los hipervinculos de sonido, estaba buscando el del subte, pero veo que en la web es dificil encontrarlo...
Diablita
01/03/2004 a las 02:36
Si; por eso decidí mudarme al Oeste. Yo ya no soportaba el olor a pata que había en nuestro vagón. Y eso sin contar que, cuando llegábamos a la estación J. Hernández, vos te ponías a tararear la Opera Carmen a los gritos pelados, Lununa ( y justo ese dia, estaban tocando La Traviata).
lununa
01/03/2004 a las 02:33
Con razón el subte D va siempre lleno! Al final viajábamos todos!
Diablita
01/03/2004 a las 02:03
Lununa:
Quizás, una de esas señoritas que regalaba una sonrisa leyendo quién sabe qué texto, fuiste vos, o yo. Cuántas veces habremos rozado los codos y nos hemos pedido respetuosos perdones por la torpeza de no saber cómo moverse en un espacio tan reducido, (a mi me habían dicho que extendiendo los brazos, alli adonde terminan las puntas de mis dedos, es donde acaba mi lugar y en el subte o en el tren, al menos cuatro personas se apoderan de mi espacio o el tuyo).
A propósito, desde que Hernan se fue a España, en el subte D se está viajando más cómodo... Nada, lapsus, no seria yo sin ellos...

Hernán; el éxito de aquellos regaladores de sueños consiste en tu recuerdo y homenaje a traves del tiempo con emoción y gratitud. No creo que pidan más que eso.


Hernán: No estaría nada mal pensarlo de esa manera...
Krusty
01/03/2004 a las 01:50
Yo también a veces necesito una dosis de buenosaires... Europa es mejor en muchas cosas, pero se está encandilando lo sencillo porque el dinero brilla mucho.

Yo viajaba en el 132, siempre de madrugada, que es cuando viaja menos gente y siempre la misma. Veíamos las mismas caras durante años. Había una chica, alta, renga, que estuvo siempre y nunca nos hablamos. Muchos años después me la encontré en Roma. Nos conocimos seguro, pero seguimos sin saludarnos.
lununa
01/03/2004 a las 01:42
Que cosa... mismo subte, misma fecha, yo también viajaba.
¿Por qué nos conocemos acá sin vernos y no nos hablamos con los del subte, o los del tren, que nos vemos la cara todos los días?
Bea
01/03/2004 a las 01:41
Recuerdo de metros: cuando llegué a Barcelona todo el metro era diferente. La línea roja iba de Santa Eulàlia a Torres i Bages. A mí me habían conseguido un piso (empapelado con imposibles flores verdes y rojas) en la calle Decano Bahí de El Clot ¡que era de tierra! Parece mentira ¡pero había calles sin asfaltar en Barcelona! Me llamó la atención que hubiera asientos reservados para tullidos de guerra. Y en cada estación, junto al molinete, no había un segurata pescando dominicanos.
walquiria
01/03/2004 a las 00:49
Hernan:
Estamos con el horario de Barcelona? Aca todavia estamos disfrutando del dia de yapa de este año.- Yo tambien viajaba en subte, con mi librito que de tanto marcarlo y estrujarlo dentro de la cartera quedaba destruido al terminar de leerlo.- A veces no tenia lugar, de parada, para abrir el libro y poder leerlo!! Y tantas veces me sentía avergonzada porque o se me caian las lágrimas o me cagaba de risa sola, y la gente me miraba como diciendo ¡Que le pasa a esa!!
En fin, al menos disfrutaba el viaje con la compañía de mi libro... porque la cara de la gente que viaja en el subte no es de triste, es de "embolados"!!!
Un beso
Walquiria por siempre
p/d: No te llegó mi mail????
Hernán
01/03/2004 a las 00:14
Siempre sorprendiéndome, JL... ¿Por qué un sevillano sabe cuándo se inauguró la estación de subterráneos de mi barrio de Belgrano?

Efectivamente, lo que cuento me pasó pocos meses antes de llegar a Barcelona, en septiembre de 1999, y lo recordaba hoy mismo, mientras viajaba en metro desde Passeig Sant Joan hasta Verdaguer.
José Luis
01/03/2004 a las 00:09
Teniendo en cuenta que la estación de José Hernández se inauguró en 1997, no debe hace mucho de eso...

Saludos H., delicioso (tú siempre brillando entre la hojarasca)