Orsai blog post

Vida privada
jueves 19 de abril, 2007

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Vida privada
jueves 19 de abril, 2007

Canelones

       

A las bromas telefónicas las llamábamos «cachadas» y eran tan antiguas como el teléfono. Había una gran variedad de métodos, pero casi todos tenían como objeto molestar a un interlocutor desprevenido; sacarlo de las casillas, desubicarlo. Con el Chiri nos convertimos en expertos cuando promediábamos el secundario. Éramos magos al teléfono. Pero entonces ocurrió una desventura que nos obligó a abandonar el profesionalismo. Una historia que aún hoy nos recuerda que llevamos la maldad dentro del cuerpo.

Empezamos, como todo el mundo, siendo niños. Cuando los teléfonos eran negros, a disco y del Estado. Las primeras cachadas infantiles siempre tienen como víctima a personas que se apellidan Gallo (nadie sabe por qué, pero es así). En la guía telefónica de Mercedes había nueve y los llamábamos a todos, uno por uno.

—Hola, ¿con lo de Gallo?

—Sí —decían del otro lado.

—¿Está Remigio?

—Acá no vive ningún Remigio.

—Disculpe, entonces me equivoqué de gallinero —y cortábamos, muertos de la risa.

Existían docenas de estas bromas básicas, y siempre nos las copiábamos de hermanos mayores o primos que ya se dedicaban a otras más elaboradas. Como se comprende, las primeras incursiones en el oficio buscaban sólo la propia risa: una carcajada limpia que no causaba grandes molestias a la víctima.

Ah, ojalá nos hubiésemos quedado en ese punto muerto de la infancia, donde no existen la maldad y la culpa. Pero no: debíamos avanzar, y avanzamos.

En los pueblos chicos siempre circulan rumores, informaciones y datos sobre la existencia de vecinos propicios a las cachadas. Vecinos a los que llamábamos «chinches». Se trataba de una clase de señor mayor que, ante una broma telefónica, desataba toda la fuerza de su ira y era incapaz de colgar el teléfono. Alrededor de los diez o doce años, nos llegó una información de primera mano: había que llamar al señor Toledo y decir la palabra clave.

—Hola, ¿hablo con lo de Toledo?

—Sí.

—¿Está "cornetita"?

Ésa era la contraseña para que el señor Toledo, que tenía la voz aguda y estridente, comenzara a insultarnos con frases llenas de palabras groseras, resoplidos desopilantes y desenfrenados neologismos. Nos poníamos el Chiri y yo en el mismo auricular e imaginábamos a Toledo en su casa, en calzoncillos, con los cachetes de color borravino y sacando humo por las orejas. Cuando, a los diez minutos, su diatriba perdía la fuerza y sus pulmones el aire, sólo era necesario decir "pero no se enoje, cornetita" para que todo comenzara otra vez. Era el desiderátum.

Pero el niño crece, y con él madura también la ambición, la estructura dramática y —aún dormida— gana forma la maldad. Con el Chiri no tardamos en aburrirnos de invisibles Gallos y Toledos, que sólo eran voces incorpóreas detrás de un cable, y nos pasamos al nivel de las cachadas en tres dimensiones, que tenían como víctimas a sujetos presenciales.

A las siete de la tarde, el pelado de enfrente comenzaba a cerrar su negocio para volver a casa, sin haber vendido nada en cinco horas de aburrimiento. Nosotros podíamos verlo, resignado, desde la ventana del comedor. Cuando el pelado bajaba la persiana pesadísima del local, justo antes de poner el candado, lo llamábamos por teléfono. El pobre hombre, que no quería perder una venta, se desesperaba y abría otra vez la persiana, corría hasta el fondo del negocio y, al quinto o sexto timbre, decía jadeante:

—Alfombras Pontoni, buenas tardes.

Colgábamos.

Al rato lo veíamos otra vez, humillado y vencido, cerrar la persiana gigante; le costaba el doble. Su vida era una mierda, se le notaba en los ojos y en la curvatura de la espalda. Entonces el pelado escuchaba otra vez el teléfono dentro del local. "Si el que ha llamado antes llama ahora, quiere una alfombra con urgencia", pensaba el comerciante, y otra vez le bombeaba el corazón, y otra vez levantaba la persiana, otra vez corría hasta el fondo, y otra vez decía «alfombras Pontoni, buenas tardes», con un hilo de voz.

Colgábamos. Colgábamos siempre.

Un día repetimos el truco tantas veces, pero tantas, que al enésimo llamado falso el pelado no tuvo más remedio que decir «alfombras Pontoni, buenas noches».

Hubiéramos seguido así hasta el final de los tiempos, pero un año después nos dimos las narices contra el futuro. Al primer llamado, el pelado Pontoni sacó del bolsillo un mamotreto con antena y dijo "hola". Se había comprado un inalámbrico.

La llegada de la tecnología, antes que amilanarnos, propició nuevos métodos de trabajo. Cuando en casa tuvimos el segundo teléfono (uno con cable, otro no) con el Chiri inventamos la telefonocomedia, que era una forma de cachada a dos voces con receptor pasivo. Consistía en llamar a cualquier número y hacer creer a la víctima que estaba interrumpiendo una charla privada.

VICTIMA: —¿Hola?

CHIRI (voz de mujer): —...claro, pero eso es lo que te gusta.

VICTIMA: —¿Diga?

HERNAN (voz masculina): —Lo que me gusta es chuparte el culo.

CHIRI: —Mmmm, no me digas así que me se ponen las tetas duras.

VICTIMA: —¿Quién es?

HERNAN: —Yo lo que tengo dura es la poronga, (etcétera).

El objetivo de este reto dramático era lograr que el interlocutor dejara de decir "hola" y se concentrara en nuestra charla obscena, como si se sintiera escondido debajo de una cama de hotel. Cuanto mejores eran nuestras tramas, más tardaba la víctima en aburrirse y colgar. Fue, supongo, un gran ejercicio literario que nos serviría —en el futuro— para mantener a los lectores atrapados en la ficción de un relato. Una tarde, después de diez minutos de telefonocomedia, una de nuestras víctimas comenzó a jadear, y nos dio asco.

Con dieciséis años, o diecisiete, ya podíamos considerarnos profesionales del radioteatro. Habíamos ganado en pericia escénica, en impronta y, sobre todo, en naturalidad de reflejos. El Chiri y yo faltábamos a las clases vespertinas de gimnasia y nos encerrábamos en casa con dos o tres teléfonos, un grabadorcito Sanyo y algunos elementos para generar sonidos de lluvia, de tráfico, de incendio, de ventisca. También teníamos a mano claras de huevo, por si era necesario cambiar los matices de la voz.

No nos hacía falta hablar entre nosotros: nos comunicábamos con gestos y miradas, como locutores de radio detrás del vidrio. Hacíamos magia. Éramos capaces de mandar a un desconocido a la Municipalidad a buscar un impuesto inexistente, seducir a la secretaria de un médico hasta enamorarla, hacer sonar la sirena de los bomberos en el momento que se nos ocurriera y convencer al kiosquero de la 19 y 30 que estaba saliendo en directo para una radio de Luján.

Nos creíamos dioses, y quizás por eso tocamos fondo en el cenit de nuestra gloria.

Promediaba el año ochenta y ocho. Lo recuerdo porque ya usábamos relojes digitales para cronometrar nuestras hazañas. Era de noche y mis padres no estaban en casa. Hacía horas que, con el Chiri, jugábamos un juego apasionante: hacer durar a la víctima en el teléfono a cualquier precio. Cuando te convertís en un profesional de la cachada volvés a lo básico, a lo simple. El mecanismo del juego era llamar a cualquier número y sacar una conversación de la nada. El reloj corría desde el "hola" y hasta el "clic" de cierre.

Esa noche Chiri llevaba una performance ideal: había logrado una conversación de 17m 12s con una señora, diciéndole que hablaba desde la tintorería. Tuvieron una charla graciosísima sobre el planchado en seco y acabaron cantando "Nostalgias" a dúo. Chiri la paseó por donde quiso, con guiños magistrales y toques de genialidad. Era imposible que yo pudiera superar esa maniobra.

Tiré los dados. Me salió el 24612. Marqué el número. Chiri tenía el cronómetro en la mano y me miraba cancherito. Cuando la voz de una vieja dijo "hola" comenzó a correr el segundero.

Yo había desarrollado una técnica, una marca de la casa, que sólo usaba en momentos clave. Era un sistema muy arriesgado que consistía en poner una voz masculina estándar, atónica, pausada, y provocar que la víctima adivinase mi identidad. Aquella noche, en la que sería la última cachada de mi vida, utilicé este método.

—¿Quién habla? —preguntó la vieja después de mi "hola".

—Lo que faltaba —dije— ¿Ya ni de mi voz te acordás?

Eso era un peón cuatro rey. La apertura clásica. Generaba del otro lado sensación de familiaridad. Siempre hay un sobrino que ha crecido y le ha cambiado la voz, o un ahijado; siempre.

—No sé —dijo la vieja—. ¿Con quién quiere hablar?

—¡Con vos, boludona!

Jugada arriesgadísima. Yo estaba sacando la reina al medio del tablero. Muy poca gente del entorno de una vieja le dice "boludona". Pero si quería superar el tiempo de Chiri, tenía que actuar como un kamikaze. Funcionó:

—¿Daniel! —dijo ella, en ese tono intermedio entre la interrogación y la exclamación. El tono se llama "deseo".

La entonación del nombre propio me dio un millón de pistas. Daniel no era un sobrino, ni un ahijado, porque el grito de la vieja había sido estremecedor. No podía ser más que un hijo. Posiblemente, único. Y ese mismo dato me llevaba a otra cosa: el hijo vivía lejos y no era muy dado a llamar a su madre. Me tiré de cabeza:

—¡Claro, mamá! ¿Quién va a ser?

—¡Dani, Danielito! —sollozó la vieja, mientras Chiri, en silencio, se sacaba de la cabeza un imaginario sombrero, rendido ante mi jugada.

Ahora, el tiempo corría de mi parte. Me fui a caminar con el inalámbrico, para que Chiri no intentara hacerme reír con gestos. Él se quedó escuchando desde el fijo. En cinco minutos supe que Daniel vivía en el sur ("¿y hace frío ahí?", preguntó la vieja en pleno septiembre) y también que la relación entre ellos no había sido, en los últimos años, muy afectuosa.

—Papá hubiera querido que estuvieses en su entierro.

—No es fácil, mamá. Hay heridas abiertas, la vida no es tan simple.

Supe que Daniel tenía una esposa, la Negra, y dos hijos. El más chico, Carlitos, no conocía a su abuela. Supe también que la ciudad en la que vivía Daniel era Comodoro Rivadavia, y que trabajaba en una fábrica de televisores. A los doce minutos de charla, cuando ya todo estaba encaminado para superar el récord del Chiri, la vieja empezó a sospechar algo, comenzó a hacer preguntas ambiguas, y debí improvisar.

—¿Pero cómo es que te escucho tan cerquita, nene? —quiso saber ella, y entonces no tuve opciones.

—Mamá —dije, sorprendido por mi crueldad—. Estoy acá, en la Terminal.

Del otro lado escuché un silencio, y después un llanto contenido. Me di vuelta buscando los ojos de Chiri, que me miraba pálido. No sonreía. Yo sentí, por dentro, la pulsión de la maldad. La sentí por primera vez en la vida. Estaba en el estómago, en el pito y en el cerebro al mismo tiempo, como una santísima trinidad diabólica. Con un gesto, le pregunté a Chiri qué tiempo llevaba. 16 minutos.

—No llores, viejita —dije.

—¿Habías venido ya otras veces a Mercedes? —me preguntó con la voz rota— A veces sueño que venís, de noche, y que no pasás por casa...

—No. No, no... Es la primera vez que vengo, te lo juro. Pero no quería aparecer así, de golpe. Por eso te llamé.

—¡Hijo! —gritó ella, desgarrada— ¡Colgá y apurate, vení, vení!

Casi 17 minutos, hacía falta algo más. Cuando supe lo que iba a decir, mi puño izquierdo se cerró. Ahora creo que la maldad ya me había invadido. Creo que no era yo el que hablaba. Eso que no sabemos qué es, eso que nos hace humanos y horribles, ahora estaba enquistado en mí y yo era su marioneta.

—Tengo que hacer un par de cositas antes, y después voy a casa —dije—. Escucháme, mamá. ¿Me hacés canelones? Estoy muerto de hambre.

—Claro, Dani.

—Siempre extraño tus canelones.

—Apurate, yo ahora te hago.

—Un beso.

—Chau, nene. Estoy toda temblando, apuráte.

Y la mujer colgó.

Lo miré a Chiri, que tenía la vista en el suelo. No me miraba, supongo que no podía verme a la cara. Ni siquiera se acordó de parar el cronómetro, así que tampoco supimos quién ganó. Estuvimos un rato largo en los sillones, sin decirnos nada. Media hora más tarde entendimos que en alguna parte de Mercedes había una casa, que en esa casa había una mesa, y que en esa mesa ya humeaba un plato caliente.

Nuestra adolescencia, supimos entonces, duraría hasta que se enfriaran los canelones de Daniel.

Hernán Casciari
jueves 19 de abril, 2007


Canelones

por Hernán Casciari

A las bromas telefónicas las llamábamos «cachadas» y eran tan antiguas como el teléfono. Había una gran variedad de métodos, pero casi todos tenían como objeto molestar a un interlocutor desprevenido; sacarlo de las casillas, desubicarlo. Con el Chiri nos convertimos en expertos cuando promediábamos el secundario. Éramos magos al teléfono. Pero entonces ocurrió una desventura que nos obligó a abandonar el profesionalismo. Una historia que aún hoy nos recuerda que llevamos la maldad dentro del cuerpo.

Empezamos, como todo el mundo, siendo niños. Cuando los teléfonos eran negros, a disco y del Estado. Las primeras cachadas infantiles siempre tienen como víctima a personas que se apellidan Gallo (nadie sabe por qué, pero es así). En la guía telefónica de Mercedes había nueve y los llamábamos a todos, uno por uno.

—Hola, ¿con lo de Gallo?

—Sí —decían del otro lado.

—¿Está Remigio?

—Acá no vive ningún Remigio.

—Disculpe, entonces me equivoqué de gallinero —y cortábamos, muertos de la risa.

Existían docenas de estas bromas básicas, y siempre nos las copiábamos de hermanos mayores o primos que ya se dedicaban a otras más elaboradas. Como se comprende, las primeras incursiones en el oficio buscaban sólo la propia risa: una carcajada limpia que no causaba grandes molestias a la víctima.

Ah, ojalá nos hubiésemos quedado en ese punto muerto de la infancia, donde no existen la maldad y la culpa. Pero no: debíamos avanzar, y avanzamos.

En los pueblos chicos siempre circulan rumores, informaciones y datos sobre la existencia de vecinos propicios a las cachadas. Vecinos a los que llamábamos «chinches». Se trataba de una clase de señor mayor que, ante una broma telefónica, desataba toda la fuerza de su ira y era incapaz de colgar el teléfono. Alrededor de los diez o doce años, nos llegó una información de primera mano: había que llamar al señor Toledo y decir la palabra clave.

—Hola, ¿hablo con lo de Toledo?

—Sí.

—¿Está "cornetita"?

Ésa era la contraseña para que el señor Toledo, que tenía la voz aguda y estridente, comenzara a insultarnos con frases llenas de palabras groseras, resoplidos desopilantes y desenfrenados neologismos. Nos poníamos el Chiri y yo en el mismo auricular e imaginábamos a Toledo en su casa, en calzoncillos, con los cachetes de color borravino y sacando humo por las orejas. Cuando, a los diez minutos, su diatriba perdía la fuerza y sus pulmones el aire, sólo era necesario decir "pero no se enoje, cornetita" para que todo comenzara otra vez. Era el desiderátum.

Pero el niño crece, y con él madura también la ambición, la estructura dramática y —aún dormida— gana forma la maldad. Con el Chiri no tardamos en aburrirnos de invisibles Gallos y Toledos, que sólo eran voces incorpóreas detrás de un cable, y nos pasamos al nivel de las cachadas en tres dimensiones, que tenían como víctimas a sujetos presenciales.

A las siete de la tarde, el pelado de enfrente comenzaba a cerrar su negocio para volver a casa, sin haber vendido nada en cinco horas de aburrimiento. Nosotros podíamos verlo, resignado, desde la ventana del comedor. Cuando el pelado bajaba la persiana pesadísima del local, justo antes de poner el candado, lo llamábamos por teléfono. El pobre hombre, que no quería perder una venta, se desesperaba y abría otra vez la persiana, corría hasta el fondo del negocio y, al quinto o sexto timbre, decía jadeante:

—Alfombras Pontoni, buenas tardes.

Colgábamos.

Al rato lo veíamos otra vez, humillado y vencido, cerrar la persiana gigante; le costaba el doble. Su vida era una mierda, se le notaba en los ojos y en la curvatura de la espalda. Entonces el pelado escuchaba otra vez el teléfono dentro del local. "Si el que ha llamado antes llama ahora, quiere una alfombra con urgencia", pensaba el comerciante, y otra vez le bombeaba el corazón, y otra vez levantaba la persiana, otra vez corría hasta el fondo, y otra vez decía «alfombras Pontoni, buenas tardes», con un hilo de voz.

Colgábamos. Colgábamos siempre.

Un día repetimos el truco tantas veces, pero tantas, que al enésimo llamado falso el pelado no tuvo más remedio que decir «alfombras Pontoni, buenas noches».

Hubiéramos seguido así hasta el final de los tiempos, pero un año después nos dimos las narices contra el futuro. Al primer llamado, el pelado Pontoni sacó del bolsillo un mamotreto con antena y dijo "hola". Se había comprado un inalámbrico.

La llegada de la tecnología, antes que amilanarnos, propició nuevos métodos de trabajo. Cuando en casa tuvimos el segundo teléfono (uno con cable, otro no) con el Chiri inventamos la telefonocomedia, que era una forma de cachada a dos voces con receptor pasivo. Consistía en llamar a cualquier número y hacer creer a la víctima que estaba interrumpiendo una charla privada.

VICTIMA: —¿Hola?

CHIRI (voz de mujer): —...claro, pero eso es lo que te gusta.

VICTIMA: —¿Diga?

HERNAN (voz masculina): —Lo que me gusta es chuparte el culo.

CHIRI: —Mmmm, no me digas así que me se ponen las tetas duras.

VICTIMA: —¿Quién es?

HERNAN: —Yo lo que tengo dura es la poronga, (etcétera).

El objetivo de este reto dramático era lograr que el interlocutor dejara de decir "hola" y se concentrara en nuestra charla obscena, como si se sintiera escondido debajo de una cama de hotel. Cuanto mejores eran nuestras tramas, más tardaba la víctima en aburrirse y colgar. Fue, supongo, un gran ejercicio literario que nos serviría —en el futuro— para mantener a los lectores atrapados en la ficción de un relato. Una tarde, después de diez minutos de telefonocomedia, una de nuestras víctimas comenzó a jadear, y nos dio asco.

Con dieciséis años, o diecisiete, ya podíamos considerarnos profesionales del radioteatro. Habíamos ganado en pericia escénica, en impronta y, sobre todo, en naturalidad de reflejos. El Chiri y yo faltábamos a las clases vespertinas de gimnasia y nos encerrábamos en casa con dos o tres teléfonos, un grabadorcito Sanyo y algunos elementos para generar sonidos de lluvia, de tráfico, de incendio, de ventisca. También teníamos a mano claras de huevo, por si era necesario cambiar los matices de la voz.

No nos hacía falta hablar entre nosotros: nos comunicábamos con gestos y miradas, como locutores de radio detrás del vidrio. Hacíamos magia. Éramos capaces de mandar a un desconocido a la Municipalidad a buscar un impuesto inexistente, seducir a la secretaria de un médico hasta enamorarla, hacer sonar la sirena de los bomberos en el momento que se nos ocurriera y convencer al kiosquero de la 19 y 30 que estaba saliendo en directo para una radio de Luján.

Nos creíamos dioses, y quizás por eso tocamos fondo en el cenit de nuestra gloria.

Promediaba el año ochenta y ocho. Lo recuerdo porque ya usábamos relojes digitales para cronometrar nuestras hazañas. Era de noche y mis padres no estaban en casa. Hacía horas que, con el Chiri, jugábamos un juego apasionante: hacer durar a la víctima en el teléfono a cualquier precio. Cuando te convertís en un profesional de la cachada volvés a lo básico, a lo simple. El mecanismo del juego era llamar a cualquier número y sacar una conversación de la nada. El reloj corría desde el "hola" y hasta el "clic" de cierre.

Esa noche Chiri llevaba una performance ideal: había logrado una conversación de 17m 12s con una señora, diciéndole que hablaba desde la tintorería. Tuvieron una charla graciosísima sobre el planchado en seco y acabaron cantando "Nostalgias" a dúo. Chiri la paseó por donde quiso, con guiños magistrales y toques de genialidad. Era imposible que yo pudiera superar esa maniobra.

Tiré los dados. Me salió el 24612. Marqué el número. Chiri tenía el cronómetro en la mano y me miraba cancherito. Cuando la voz de una vieja dijo "hola" comenzó a correr el segundero.

Yo había desarrollado una técnica, una marca de la casa, que sólo usaba en momentos clave. Era un sistema muy arriesgado que consistía en poner una voz masculina estándar, atónica, pausada, y provocar que la víctima adivinase mi identidad. Aquella noche, en la que sería la última cachada de mi vida, utilicé este método.

—¿Quién habla? —preguntó la vieja después de mi "hola".

—Lo que faltaba —dije— ¿Ya ni de mi voz te acordás?

Eso era un peón cuatro rey. La apertura clásica. Generaba del otro lado sensación de familiaridad. Siempre hay un sobrino que ha crecido y le ha cambiado la voz, o un ahijado; siempre.

—No sé —dijo la vieja—. ¿Con quién quiere hablar?

—¡Con vos, boludona!

Jugada arriesgadísima. Yo estaba sacando la reina al medio del tablero. Muy poca gente del entorno de una vieja le dice "boludona". Pero si quería superar el tiempo de Chiri, tenía que actuar como un kamikaze. Funcionó:

—¿Daniel! —dijo ella, en ese tono intermedio entre la interrogación y la exclamación. El tono se llama "deseo".

La entonación del nombre propio me dio un millón de pistas. Daniel no era un sobrino, ni un ahijado, porque el grito de la vieja había sido estremecedor. No podía ser más que un hijo. Posiblemente, único. Y ese mismo dato me llevaba a otra cosa: el hijo vivía lejos y no era muy dado a llamar a su madre. Me tiré de cabeza:

—¡Claro, mamá! ¿Quién va a ser?

—¡Dani, Danielito! —sollozó la vieja, mientras Chiri, en silencio, se sacaba de la cabeza un imaginario sombrero, rendido ante mi jugada.

Ahora, el tiempo corría de mi parte. Me fui a caminar con el inalámbrico, para que Chiri no intentara hacerme reír con gestos. Él se quedó escuchando desde el fijo. En cinco minutos supe que Daniel vivía en el sur ("¿y hace frío ahí?", preguntó la vieja en pleno septiembre) y también que la relación entre ellos no había sido, en los últimos años, muy afectuosa.

—Papá hubiera querido que estuvieses en su entierro.

—No es fácil, mamá. Hay heridas abiertas, la vida no es tan simple.

Supe que Daniel tenía una esposa, la Negra, y dos hijos. El más chico, Carlitos, no conocía a su abuela. Supe también que la ciudad en la que vivía Daniel era Comodoro Rivadavia, y que trabajaba en una fábrica de televisores. A los doce minutos de charla, cuando ya todo estaba encaminado para superar el récord del Chiri, la vieja empezó a sospechar algo, comenzó a hacer preguntas ambiguas, y debí improvisar.

—¿Pero cómo es que te escucho tan cerquita, nene? —quiso saber ella, y entonces no tuve opciones.

—Mamá —dije, sorprendido por mi crueldad—. Estoy acá, en la Terminal.

Del otro lado escuché un silencio, y después un llanto contenido. Me di vuelta buscando los ojos de Chiri, que me miraba pálido. No sonreía. Yo sentí, por dentro, la pulsión de la maldad. La sentí por primera vez en la vida. Estaba en el estómago, en el pito y en el cerebro al mismo tiempo, como una santísima trinidad diabólica. Con un gesto, le pregunté a Chiri qué tiempo llevaba. 16 minutos.

—No llores, viejita —dije.

—¿Habías venido ya otras veces a Mercedes? —me preguntó con la voz rota— A veces sueño que venís, de noche, y que no pasás por casa...

—No. No, no... Es la primera vez que vengo, te lo juro. Pero no quería aparecer así, de golpe. Por eso te llamé.

—¡Hijo! —gritó ella, desgarrada— ¡Colgá y apurate, vení, vení!

Casi 17 minutos, hacía falta algo más. Cuando supe lo que iba a decir, mi puño izquierdo se cerró. Ahora creo que la maldad ya me había invadido. Creo que no era yo el que hablaba. Eso que no sabemos qué es, eso que nos hace humanos y horribles, ahora estaba enquistado en mí y yo era su marioneta.

—Tengo que hacer un par de cositas antes, y después voy a casa —dije—. Escucháme, mamá. ¿Me hacés canelones? Estoy muerto de hambre.

—Claro, Dani.

—Siempre extraño tus canelones.

—Apurate, yo ahora te hago.

—Un beso.

—Chau, nene. Estoy toda temblando, apuráte.

Y la mujer colgó.

Lo miré a Chiri, que tenía la vista en el suelo. No me miraba, supongo que no podía verme a la cara. Ni siquiera se acordó de parar el cronómetro, así que tampoco supimos quién ganó. Estuvimos un rato largo en los sillones, sin decirnos nada. Media hora más tarde entendimos que en alguna parte de Mercedes había una casa, que en esa casa había una mesa, y que en esa mesa ya humeaba un plato caliente.

Nuestra adolescencia, supimos entonces, duraría hasta que se enfriaran los canelones de Daniel.

Hernán Casciari
jueves 19 de abril, 2007


¿Te gustó esta historia?

Pertenece al libro El pibe que arruinaba las fotos, de Hernán Casciari. Está a la venta en la Tienda Orsai y te lo mandamos a tu casa sin gastos de envío.


13/06/2016 a las 05:20
Qué angustia.
 Lilian Daniel
27/04/2016 a las 16:19
Y sí todos hemos sido así de malvados en la adolescencia... Todos??
 Horacio Parga
29/03/2016 a las 21:56
Hoy escuche este cuento en Perros de la calle. Quede fascinado y triste a la vez.
 Nastenka Sánchez
11/06/2015 a las 17:25
Espero que esta historia sea falsa!! porque fue muy triste leerla!! Me acabo de registrar hoy pero no paro de leerte hace una semana! Tengo una adicción a tus cuentos!! No te mueras nunca!! jaja
22/05/2015 a las 00:18
que jodas mas buenas
Franchi Giordano
16/08/2014 a las 06:45
Quise decir que veo a mi madre, haciendo guiso de mondongo, para mi llegada... Que duro!!!
Franchi Giordano
16/08/2014 a las 06:42
Estoy sufriendo... No podes ser tan hdp, pobre vieja, veo a la mis haciendo buseca... Abrazo!!!
Tini
15/08/2014 a las 18:25
No. Decime que no es cierto. Yo no me creo capaz de hacer eso. (O si...)
 brissett bustamante
13/08/2014 a las 04:38
los relatos estan muy bien escritos... solo es que te pasaste con la ultima joda....
Marián
01/05/2007 a las 08:49
No me interesa estar en lo cierto, pero lo cierto es que estoy segura de que eso ocurrió tal y como lo cuentas. Estoy segura de que durante esos más de diecisiéte minutos fuiste el monstruo que todos podemos ser. Suerte que tu maldad fuese tan corta.
Hay que ser muy valiente para contarlo, sea o no a modo de exculpatorio tardío, y hay que escribirlo así de bien para que el matón del cuento termine siendo el matado a quien dan ganas de consolar. Felicidades por ambas cualidades.
Un saludo.
maicol
30/04/2007 a las 19:00
Hernan

le voy a hacer la misma joda a tu vieja en Mercedes..gordo hijo de puta!
GAVER
30/04/2007 a las 15:39
Desde ya le pido mil disculpas al Angel Gris, el mal entendido sobre su comentario. Me he confundido por que no era hacia mi.
Gracias Crimson por tu aclaración y dejo que la pelea continue entre Angeles y Arcangeles.
Sakkarah
30/04/2007 a las 10:10
¡Cuántos recuerdos! Parece que todos nos poníamos de acuerdo para hacer cosas muy parecidas...

Me ha encantado leerte. Un beso.
maria clara
30/04/2007 a las 07:20
Sos un putas,
por eso es tan adictivo este blog.
El Angel Gris
30/04/2007 a las 01:47
GRAVER: Sos un hijo de cosa!!!!!!!!!!
Crimson
29/04/2007 a las 14:25
Con un "Garcángel", Fede, ya podríamos hablar de la Santísima Trinidad. Estaría bueno. Y ahora huyo hacia la izquierda antes de que alguien quiera incinerarme por hereje.
carlos
28/04/2007 a las 22:31
hacia mucho no te leia, yo concluyo, despues de llorar como mucho diria y es por otras razones, que la maldad que contas, propia de la edad, en manos de un civilizado es infinitamente mas cruel. No importa que sea literatura, ya nomas escribirlo da la sensacion que existe, hay tanto peor por ahi, y es peor que eso que andan haciendo por estos pagos de pegarle y maltratar a los viejos, de vez en cuando un viejito lo manda al horno, tiene la oportunidad. Una mierda che!!!
fede o
28/04/2007 a las 19:27
eso, crim, mejor que no intercedan.
nos arreglamos por nuestra cuenta, y si hace falta, seguro que algún garcángel va a aparecer por el barrio.
Crimson
28/04/2007 a las 15:58
Un Ángel y un Arcángel grises: y a nosotros no nos queda ni el limbo, Seburu, porque el Papa lo anuló. ¿Y si les pedimos que intercedan por nosotros? Mmm...me parece que mejor no. ¡Beso!
seburu
28/04/2007 a las 15:26
crimson,

a no ser que gaver sea el arcangel, utilizando otro estilo de escribición.
trec
28/04/2007 a las 11:34
Felicitaciones, muy bueno, todos fuimos un poco Tangalanga, sin medir consecuencias imprevistas
Sandra
27/04/2007 a las 23:20
:S me dejaste pensando mucho en mi infancia... si, la maldad mata lo poco o mucho de inocencia que tenemos...

Crimson
27/04/2007 a las 22:58
Gaver: no quiero parecer entrometida, pero es mi deber advertirte que, seguramente, el Ángel usó el hiperónimo "coso" para referirse al nick de un comentarista que imitaba al suyo y precedía a tu intervención. Fijate y lo comprobarás. De nada.
(Todo sea por mantener la armonía entre los pasajeros de Orsai y no tener nuevos y funestos motivos para celebrar el Día Internacional del Comentarista.)
GAVER
27/04/2007 a las 21:47
Sobre el comentario del Angel Gris " Y este coso? (238)".
No sabia que los comentarios eran sobre las personas y no sobre el texto de Hernan. Me parece que se le fue la mano con coso, soy una persona como creo que es usted y merezco que se me respete mi comentario.
Me gustaría retribuirle gentileza de su comentario. Si le parece realmente una mierda el contenido del texto no se para que los lee, solo por la forma de relatarlo, no pierda el tiempo y busque alguien que escriba algo que le agrade y nos deja de joder a todos.
Gracias.
germán
27/04/2007 a las 18:33
Paula (acá arriba, nomás...). Por supuesto que me sirve. Porque los otros siempre son el espejo de nosotros mismos.

Pero leíste mal: no hablo sólo de Hernán, sino de todos los que comentan aquí, como vos o yo mismo.

Y también leíste mal, porque no juzgo, ni opino, sino simplemente veo, observo y reflexiono acerca de ello.

Por otra parte, me considero un ávido lector. Y una de mis mayores satisfacciones es haber llegado a conocer y ahondar un poco en algunas de las personas de cuyas literaturas disfruto. Conocer cómo piensa y quién es en realidad un escritor enriquece la experiencia de acercarse a su obra, incluso cuando ella hable por sí misma. Sobre todo cuando, como en este caso, la ficción y la realidad se cruzan, y esto no por decisión mía, sino por voluntad del propio autor.
Paula
26/04/2007 a las 20:52
Referido al comentario Nº 240, de German:
Por que se indaga acerca de la personalidad, de la vida y obra, de la intimidad de quienes hacen cosas que nos llegan (mal o bien)??
Que es esa necesidad gran hermanística de querer meternos en las entrañas de otro? pasando el límite de lo que se quiere contar? exigir más?
Evaluar a otro es fácil y CORTO, más si esa persona no esta presentando examen... pero... sirve? te sirve German?
Una actividad creativa se puede "medir"? comparar? absolutizar?
Por mi parte, prefiero disfrutar a pleno te tus escritos, de lo que son, y de lo que me dejan, porque de última, lo que dejan depende de cada uno y su interpretación. No me interesa ser partícipe de lo que hacés más que como lectora "respetuosa" Mis juicios, son limitadamente "un punto de vista" , y como tal, no es productivo para el otro a menos que lo necesite y lo pida.
Existe un límite entre los juicios personales (los propios)y los juicios hacia las personas (los otros).
Hernan expone aquí su tarea creativa, pero parece que no alcanza opinar acerca de ella, hay que opinar acerca de él?
Paula
26/04/2007 a las 20:19
jum.... recuerdo mi primer crueldad, completa y absulatemente consciente, dolorosa, porque la muy hija de puta tuvo el descaro de presentarse clara desde el primer momento, darme un cachetazo en la cara mientras decía:
- lo que estas haciendo te hace sentir mal, después te vas a sentir peor!!!
Y mientras lo hacía, seguí adelante con mi crueldad, igual que vos, sin parar, como si hubiera pasado la cabeza por la soga y esperase que el cajón se caiga solo...
Una sola vez... la primera, me di cuenta que estaba siendo cruel, ahora, me doy cuenta cuando ya lo hice.
Autoinmunización para que la culpa no impida desplegar toda la crueldad que tengo adentro, y moleste solo despues...
Como siempre, me encantan tus escritos Hernán! Adelante, quiero más!!!!
chikarkas
26/04/2007 a las 19:15
En este momento, seburu, Hernán está gordo pero de halagos ¿viste todo lo que le han (hemos) dicho?, yo en tu lugar dejaría a Hernán disfrutar y seguiría molestando a los mejicanos...
seburu
26/04/2007 a las 18:36
estas gordo de maldad. si te hacen una lipo salen toneladas negras.
si te mojas, te convertis en gremlin?
Joyce
26/04/2007 a las 00:07
Todo se termina, y a veces, de manera un poco abrupta...
putosudaka
25/04/2007 a las 23:20
menudo hijo se puta eres
germán
25/04/2007 a las 17:09
Lo que más me llama la atención, Hernán, ya no respecto de tu literatura, sino en torno a tu psicología, es cómo disfrutás del dejar en un terreno de indefinición tu verdadera identidad, mezclando siempre elementos de tu vida real con aquellos que son propios de tu realidad inventada. Me pregunto, sin conocerte en persona, cómo manejarás estas ficciones, hasta qué punto te compenetrarás con ellas. Dicen que todos podemos mentir un dolor de cabeza, por ejemplo; pero que hay quienes necesitan creerse su mentira para convencer al otro, y se terminan tomando una aspirina para paliar su jaqueca inventada. ¿Cuál será el límite entre el hombre real y sus muchos personajes, en este caso? Es una simple manifestación de curiosidad, Hernán, que no espera de respuesta alguna. Igual me divierte (presumo que a vos también) ver cómo los lectores toman posición juzgándote de uno y otro lado. Aunque también es divertido pensar en la posibilidad de que todos esos comentarios, incluido éste, por supuesto, hayan sido escritos por vos mismo, recurriendo a tantos otros seudónimos.
Sebas
25/04/2007 a las 15:38
Dios que bueno eres
El Angel Gris
25/04/2007 a las 15:28
Y este coso?
GAVER
25/04/2007 a las 15:15
Buen relato de una historia cruel, como es la vida. Tiene sus cosas buenas y malas esa es la esencia del ser humano, cada uno sabe que camino agarrar.

El Arcangel Gris
25/04/2007 a las 14:04
Realmente una mierda, solo justificable por la adolescencia. Lo único bueno en todo esto es que aprendieron la lección para no volver a repetirla.
No entiendo a la gente que dice muy bueno. Que cosa es buena en esta mierda que relató? Solo encuentro buena la forma de relatarlo. Igual te sigo a muerte y entiendo que toda persona tiene su lado negro.
Claudio
25/04/2007 a las 11:34
Es la primera vez que no consigues sonrisa con tu relato. Conseguiste escalofríos que fueron más intensos que las ganas de reír. Y al final , luego de tres minutos quise pensar que no era real. Tuve que convencerme que nada de eso era cierto, ni siquiera una parte.
Así puedo volver a comer canelones tranquilo.
Lucia
25/04/2007 a las 03:54
Qué bueno. Se me puso la piel de gallina. Y eso es lo que importa.
Wolly
25/04/2007 a las 03:08
Nunca me di el permiso para semejante maldad, la culpa por el dolor causado no me permitiria dormir. Sin intencion de bien o mal, solo que jamas me animaria.
Pero como me dijo un conocido alguna vez, el mundo es mas despiadado de lo que uno cree.
ezequiel
25/04/2007 a las 00:38
un ejemplo de culiadasaso (ya exageradamente picante) por lo que hicieron??

Hernan Casciari y su compinche el chiri (el original, no el comentó)
Ezequiel
25/04/2007 a las 00:33
"Culiado" es un término muy usado en la pcia. de Córdoba (Arg.) Es sorprendente como se le pega a la gente. Yo vine a estudiar a cba y se me pegó rapidisimo. Es muy gracioso ver a santiagueños, jujeños, salteños, sanjuaninos, todos con sus respectivas tonadas aplicando el término cuando se vienen a estudiar acá. Pero expliquemos mejor su significado: el mismo remite principalmente a la rapidez mental, picardía, ingenio que sorprende al resto. Cuando alquien hace algo que otros en su entorno no esperaban o veian posible, le dicen: "sos un culiadooooo". Este vendría a ser el significado actual que ha evolucionado y es diferente a su originario, el cual era un insulto despectivo.
Pequeña Laura Ilustrada
24/04/2007 a las 19:52
(#203 ) si no me equivoco, culiadito es una expresion que se usa en Chile...jodidito diríamos en el Río de la Plata...Culiado, jodido.
Alu
24/04/2007 a las 19:27
Nunca dejo comentario pero siempre leo.... igual supongo que tampoco leerás TODOS los comentarios que te dejan!.
Me re gustó, aunque después quedé medio con sensación de angustia por la pobre señora. De todas maneras me gustó muchisimo!!

Pd: me aburre un poco la gente que se empecina en leer buscando errores ortográficos... o será que no tienen nada mejor que decir al respecto?

Besos!
tangalanga
24/04/2007 a las 17:04
si claro es muy tipico hacer esas cachadas por telefono y Mercedes es ideal...la historia conmueve al leerla pero no hay que ser tan tremendista algun dia te tocara comer canelones frios, asi es la vida un ida y vuelta...hola con lo de talanda? que talanda? muy bien y ud?
fer
24/04/2007 a las 15:13
¡Cuanto habrá pagado tu pobre madre de telefono con tus jodas!
Syl
24/04/2007 a las 02:43
Me mataste Casciari, me mataste!
PD: Supremo........
MartonaBCN
24/04/2007 a las 02:00
Ojalá hubiese versión en papel de Orsai para que un dia como ayer hubieras podido dedicarla personalmente en las Ramblas, y no otros que tendrán mucha "familla" pero no consiguen transmitir ni enganchar ni la mitad que tu.
monica
24/04/2007 a las 01:09
Si no fuera que eres tan buen 'cuentista' y que escribes textos salpimentados, te diría que eres un reverendo hijo de tu madre, sin que de ello tenga culpa alguna Chichita (ni la conozco; pero te leo).
Leuma
24/04/2007 a las 00:30
Es la 1ª vez que te leo y me ha impactado. Un relato extraordinario que mantiene el interés acrecentándolo hasta el final. Buena muestra de la crueldad, aunque la realidad a menudo la supera. Impresionante cómo expresas usando un vocabulario sencillo, felicidades.
Carola
23/04/2007 a las 22:27
Lo lindo de esa època es que el valor del pulso telefónico era el mismo así hablarás 2 minutos o 2 horas...
después, llego Carlo.
alguien que sabe
23/04/2007 a las 22:25
#213 Gabriel Rodz, sos un genio! realmente fué así. Doy fe.
zebas
23/04/2007 a las 22:19
Los sentimientos de compasion son validos si las siguientes condiciones estan dadas...madre buena y sacrificada..hijo de las mil p (tienes que ser un hdp para no estar en contacto con tu buena y santa madrecita).
Ahora si la madre era una arpia digna de telenovela y el hijo un ser a punto de ser canonizado en vida...la maldad era tan solo un llamado del karma.
Pero la certeza con que nuestro distinguido despierta toda esta polemica...simplemente genial.
Leo
23/04/2007 a las 21:59
Excelente. Realmente me partió el alma. Excelente cuento, escrito magistralmente...
Paloma
23/04/2007 a las 20:59
No es una expresión que use muy seguido... pero... qué hijo de puta!!! No sólo por lo perverso del acto, sino por la genialidad del relato... Lo sigo admirando HC... qué quiere que le diga.
Maru
23/04/2007 a las 19:54
Ay! No entiendo a aquel(aqullos quizás, no leí todos los comentarios) que dijo que se recagó de la risa con tu texto, todos tenemos una forma de humor diferente, claramente. De poco vale que diga que fue cruel, lo sabés vos, lo sé yo, ahora lo sabemos todos. Creo que pasaste un límite bastante duro, pero hoy ya está, en ese entonces en el año 88 ya estaba también. Todos hemos hecho, más o menos, alguna joda cruel, a desconocidos a conocidos, es parte de la naturaleza.


En fin, como siempre que comento termino diciendo nada, por eso, en general, no comento.
 Teresiña
23/04/2007 a las 19:34

Che, carajo. Quiero la parte II de este relato. Quiero saber qué les pasó por la cabeza en ese fucking sillón! exijo saberlo!. No importa si no queda bien, no importa si no se lee lindo, quiero saber cómo sigue la administración de la culpa ahí. Pronto!
Bicho raro
23/04/2007 a las 19:28
Me puse en el lugar de la señora y me puse muy mal...
Daniel
23/04/2007 a las 19:10
Pasaron casi 20 anos.
Una tia me llamo y me dijo que debia volver inmediatamente al pueblo, la vieja habia fallecido en la terminal de micros de un paro cardiaco. Hasta hoy nunca comprendi el hecho que al encontrarla tenia 2 ( dos ) canelones apretujados en cada mano.
Ya saque pasaje para Europa, te voy a dar la salsa que quedo en su casa personalmente.
Gabriel Rodz.
23/04/2007 a las 19:09
Para mí, el relato es una metáfora sobre la pérdida de la virginidad de Hernán. Corrígeme che.
alcaper
23/04/2007 a las 18:33
Magnífico el relato. Espero que sea sólo un cuento, pero si es real los remordimientos seguro que todavía te visitan.
Oktubre
23/04/2007 a las 18:15
Diosss que historia, primera vez que comento pero no podia dejar de hacerlo...

Saludos
Zanahoria
23/04/2007 a las 17:48
Excelente Hernan!!

Me acordé de las cachadas que hacían los amigos de mi viejo. Unos verdaderos salvajes al teléfono.

Y, aparte, como alguien dijo por ahí, creo que le voy a pegar una llamada a la vieja en un ratito.
El cuidador del Zoo
23/04/2007 a las 06:39
De pendejo haciamos lo mismo. Pero al ser mas joven, mi infancia transcurrio con el boom de los deliverys. A la pobre tana de enfrente le llegaban desde tanques atmosfericos y pizzas hasta cachorros labradores. Que pendejos de mierda. Ahora con esto del identificador de llamada no se puede hacer mucho, pero en mi empresa hay un pendejo que llama seguido y dice que quiere cambiar un album de figuritas, sabiendo que no es adonde debe llamar. Mi jefe se vuelve loco, por que es un 0800 y el paga la llamada encima, hasta que compro un caller id y se fue hasta la casa...por suerte hecha la ley hecha la trampa y nacio el famoso: *31# acxa en argentina.
saludos
Conz
23/04/2007 a las 05:15
posta que me puso muy mal esta historia.
me imagino a la vieja perfectamente, el plato, una cocina oscura, un mantel de plastico. todo.

las cosas que uno hace de pendejo
DudaDesnuda
23/04/2007 a las 02:33
Fuisre el 100, Maestruli. Y con respecto a tu pregunta lo dije en mis besos. A algunos la adolesciencia se nos termina entre pelotudeces y a otros entre brutales realidades.

Besos y respuestas.
gurka
22/04/2007 a las 22:55
eso me hace acordar maldades que uno alguna vez hizo y lo que duele despues cuando uno toma conciencia..hace muchos anos , en mi adolecencia cuando estaba por empesar la guerra con chile me acuerdo de haber torturado constantemente con mis amigos un companero de colegio que era chilenito un dia las cosas hicieron que me diera cuenta de lo que estaba haciendo pero ya era tarde y lo que siempre me sorprendio es que por alguna razon apesar de darme cuenta de que estaba mal no trate de persuadir a mis amigos que dejaramos de hacer esa constante ostigacion......hoy en dia soy inmigrante en otro pais y creo que me doleria que alguien se lo hiciera a mi hija.
muy bueno el relato solo que me hubiera gustado un final de otra forma ..que se yo que hubieras ido a comer con la viejita y finjido que eras el hijo .....o como se te opcurra ....vos sos el escritor no yo ....yo soy el gurka mi trabajo es putiarte
Flor
22/04/2007 a las 22:41
#203 No me importa cuál sea tu interpretación. Yo, por lo pronto, no pienso llamarte de otro modo, querido Culi.
Lucho!
22/04/2007 a las 20:23
Nuuuu... x dios... cuanta crueldad.... te juro q el texto me dejó re triste, pensando en esa mujer...
Chiri
22/04/2007 a las 17:52
(#194) No sé cómo interpretar lo de "un culiadito argentino".
RusaRoja
22/04/2007 a las 14:53
Estoy haciendo canelones... y voy a servir un plato de mas.

Aqui todos leyeron tu post Hernan...Quiero ver las caras de los que se sientan alrededor de mi mesa.

"Espero a la madre de Daniel" ..va a ser mi respuesta.

Lo que quiero es saber la pregunta.


sum
22/04/2007 a las 12:41
Por suerte llego siempre después del 130... Así leo el relato impecable. Gracias a la colaboración correctora de los otros lectores.
Y sí, a veces se nos va la mano con nuestras "gracias". Somos más chooootos!!
SOL
22/04/2007 a las 06:19
200!!!!
Lucia
22/04/2007 a las 05:38
Por sugerencia de una amiga en pleno estado de ebriedad, por primera vez entré en la página. No puedo parar de leer. Está fantastico.
Con respecto a este texto, agregar algo más después de los ciento no sé cuantos comentarios, sería redundante y más bien pelotudo. Así que, simplemente firme adherencia al comentario 60!
VeRa
22/04/2007 a las 02:22
Llego tarde, demasiado tarde, soy impuntual desde que me di cuenta de que llegué a la vida de mi familia "demasiado" temprano.
Esa burda excusa disculpa freudianamente mi costumbre de llegar tarde.

Ah...pero lo diré de todos modos: Herni qué maravilloso relato...
Ya antes me hiciste caer en la cuenta de que un argentino "se hace grande" cuando se ceba por primera vez unos mates, solo. (en otro blog...bueno...)
Asimismo... uno se descubre como un monstruo capaz de provocar dolor o como una fuente de amor causante de dulces lágrimas de ternura...

La puta, que era jodido crecer che...
Besos
Ana
21/04/2007 a las 23:14
la vieja no debe haber sido demasiado buena madre si su hijo no quiere hablar con ella... hiciste justicia, Hernán. Me alegro que la vida le haya devuelto algo del sufrimiento que generó.
21/04/2007 a las 23:00
Hernán. Usted es un maravilloso escritor. Procuro no perderme nada suyo que llegue a mis manos. Gracias por las risas y por la garganta apretada, sí. Un abrazo.
 Emilio Zaidman
21/04/2007 a las 21:48
Hernán...
Me gustó muchísimo, como siempre.
Nosotros de chicos teníamos jodas similares. La que más sonó entre nosotros fue que cuando llegaba uno a donde estuviéramos reunidos le decíamos:
- No sabés! Dimos con el teléfono de una que ni bien atiende si la puteás se re calienta... tomá, pará que yo te marco. En cuanto te atienda la vieja empezá a cagarla a puteadas que se reeee calienta.
Me acuerdo, una vez, cuando en un respiro de las puteadas la persona del otro lado del teléfono dijo:
- Juan? Hijo? qué pasa? cómo me vas a hablar así???

Otro comentario: no puedo creer que encuentre entre los comentarios el de Playo, un cordobés que no me conoce, claro, pero que tiene un blog brillante también.
Playo: tu revista llegó a mis manos (los 1eros. 6 números, si no recuerdo mal), por una amiga de allá.
Y a partir de que hiciste el blog lo sigo mucho, al igual que este.
Así que cumplo en recomendar al resto de la gente tu blog (perdoná mi irreverencia): http://revistapeinate.com.ar/wordpress/

Abrazos!!

Tata
ezequiel
21/04/2007 a las 21:31
Sí Angel Gris, no puede ser otro que un gallego haciendose pasar por el chiri (#190). Cómo llegas a tal deducción?, poque el tipo escribe como no lo haría un culiadito argentino y además porque escribe iba (copretérito del verbo IR) con H...
Damian Olivier
21/04/2007 a las 18:45
Uhhh! Mi cara iba cambiando con el correr de las palabras que leía, y terminó siendo la cara de... "que hijos de putaaaa!" jaajjaaj, pero bueno, tal vez les vino bien hacer esa joda tan pesada.
Ahora, te pregunto, escuchaste alguna vez los 3 cabiados? son 3 pibes de capital creo, que se dedican a hacer bromas, hay unos cuantos mp3 subidos a su web...
Te dejo un abrazo master, seguí redactando así que es muy interesante entrar a leerte de vez en cuando.

Ah!, y los que preguntaban por "curvatura"... y sospechaban de su existencia, obviamente que sí existe, matemática pura, si habré sufrido en Análisis Matemático 2 con la curvatura k jej

Saludos Master!
El Angel Gris
21/04/2007 a las 18:27
El Chiri es gallego y tiene errores de ortografía??
elkelo
21/04/2007 a las 17:08
Te parió...mira que sos jodido eh!
Muy bueno Hernan, te lleva, como debe ser toda buena obra de la risa al llanto.

Nunca dejes de escribir flaco!
Chiri (feliz)
21/04/2007 a las 09:25
Hernan: ya diles el verdadero final para que no te sigan H.P.
Diles, diles, diles que mientras mas frios los canelones, mas maduro pensabamos , cuentales tambien que le llamamos una vez mas a la viejecilla, pero esta vez fui yo quien hablo con ella haciendome pasar por un amigo de Daniel, cuentales que me dio los ultimos datos que ella sabia de el, y en base a eso pudimos facilmente localizarlo, cuentales que desde entonces los canelones nunca mas se enfriaron, ya que cuando no hibamos los tres juntos, hibas tu, hiba yo, o -el Dany- .....por tu santa madre.... ya diles !! , que a mi, no creo que me crean -esos- que les gusta martirizarse.
JoNY CoLoMBiNi
21/04/2007 a las 09:00
No se si el mejor, pero el más cruel. Jeje! Pobre vieja...
Siempre decis que Orsai esta en el limite de la fantasia y la realidad. Ojalá que haya mucha fantasia. Pobre vieja! Jajajaj

Saludos. JoN!

Mi Blog! eL aNoTaDoR
Popi
21/04/2007 a las 08:23
CLAP....CLAP....CLAP....definitivamente "el mejor"
SOL
21/04/2007 a las 07:50
Son las 12:38 AM. Si le hablo a mi mamá ahora, la mato del susto. Acto seguido, me mienta la madre. lol
Al rato, ya que salga el sol le hablo, por vida de Dios.
Ginger, aunque la madre no fuera buena cocinera (te recuerda a alguien?), lo que cocinó lo hizo con todo el amor y la ilusión que sólo una madre con un hijo ausente (física y espiritualmente) podría hacerlo.
Yo no se si es verdad o no, ni me importa. Pero de que me llegó...ME LLEGó!

Gracias, Casciari.
Foca
21/04/2007 a las 07:08
Leer esto me hizo acordar a cuando trabajaba en un hogar de jubilados y pensionados. Había una señora de unos, aproximadamente, 90 años (Doña Renata). La hija, de unos 50 años, la traía todas las tardes tempranito, con la promesa de volver a buscarla en un par de horas: "Mami, quédese aca que en 2 horas la vengo a buscar", le decía. Las dos horas se hacían 3, 4, 5... Y la hija no volvía. La imagen de esa viejita contra la ventana, apoyando la frente contra el vidrio, mirando para afuera con los ojos húmedos y vidriosos y esperando durante horas que la vengan a buscar, me va a quedar grabada mientras viva. Tu relato me evocó esa imagen triste, me imagino a la señora protagonista (o víctima) de la "broma" apoyada contra el vidrio, con lágrimas en los ojos, esperando la llegada de un hijo que jamás iba a aparecer.
Muy buena la historia.
Saludos!
fwult
21/04/2007 a las 07:07
Hello, you have a nice site, good LUCK!
JRMora
21/04/2007 a las 07:01
Genial, agridulce y bien cargado de símbolos.
Me gustó mucho...
Fragaria Vesca
21/04/2007 a las 03:50
Qué bello y cruel. La culpa es un plato que se sigue comiendo una vez frío, ¿no?.
fede o
21/04/2007 a las 02:50
gracias por las recomendaciones. el cuento de auster es antecedente de la película "cigarros" (smoke), con harvey keitel? tienen el mismo fato de la secuencia de fotos.

el de castillo es tan bueno que me da vergüenza no haberlo conocido.

los vagos que no picaron en los links, háganlo. y si lo hacen, no esquiven el prólogo de borges a "cartas de mamá".
DG
21/04/2007 a las 02:11
Que dolor me ha provocado esta historia.
Mientras leía pensaba: no siga, no más...
Que duro entrar así en la adultez.

Zurdo
21/04/2007 a las 01:37
Gracias, como siempre. Fábrica de televisores en Comodoro Rivadavia, gran verdad.
Saludos desde Mar del Plata.
Leo
21/04/2007 a las 01:29
Me gustan tus textos con escenas que marcan etapas de la vida y este junto con el del Caio (Bertotti) tomando mate solo, me han gustado un monton.


Leo
Juli
21/04/2007 a las 01:19
Che.. muy bueno, aunq espero q sea ficcion lo de la pobre vieja, me encantó como lo escribiste.
Y quién no hizo una cachada alguna vez. Yo las hice mil veces, y eso q nací en el mes y el año de tu relato =) jajaj

Un abrazo
Julieta
marcela
21/04/2007 a las 01:11
y porque no pensar que ese fue el bautismo de una seguidilla de maldades de un sádico impresionante...que gozo tanto con la angustia de la pobre vieja...Bien se podría llamar el ddespertar del sádico o algo así...
Igual el cortinero los jodio con el inhalambrico.
Excelente texto.
Sergio M
21/04/2007 a las 01:09
Excelente, Hernán. Una preciosura que espero sea ficción...
Mi vieja hace la inversa: cuando llaman por equivocación y le dan el pie, les sigue la corriente.

La última que me contó es que se hizo pasar por enfermera y se comprometió a ir a ponerle una inyección a un pobre viejo que la debe haber esperado hasta cualquier hora o debe haberle reclamado indignado a la verdadera enfermera (en caso de que acertara con el número). O quizás se murió antes.

Si te sirve, hacé de cuenta que la llamaste a mi vieja y que ella se cagó de risa y ya se olvidó.

Un abrazo!
Guillermo
21/04/2007 a las 00:44
Muy bueno, Hernán. También me dieron ganas de pegarte una patada en la cabeza con lo de la vieja :P.

Saludos desde Pueblo Nuevo (Sí, Jauregui, al lado de Luján).
Ni trono ni reina (de nuevo)
20/04/2007 a las 23:40
Aproposito, una amiga mia tambien asi esas jodas solo que decia( "mama por favor , ayudame, no se me perdi no se donde estoy...etc") un tipo que llamaron la denuncio, tuvo que ir con los viejos( era menor de edad) a la policia por la denuncia y encima la multaron, adivina quien se reia despues??
Ni trono ni reina
20/04/2007 a las 23:36
Hernan (perdoname pero..) SOS UN HIJO DE PUTA ( con todo respeto por tu vieja) COMO VAS A DEJAR UNOS CANELONES CASEROS ENFRIANDOSE EN LA MESA!!!TURRO!!
gumel
20/04/2007 a las 21:23
exelente historia se me fue transformando la cara de la carcajada de los primeros chistes hasta mi pera tocando el piso con el final. Si es cierta la historia, ¿quien a esa edad mide las consecuencias de sus "joditas".? Como la creo de ficcion te felicito hernan por su calidad
juan carlos
20/04/2007 a las 21:02
Extraordinario Hernan! de lo mejorcito de tu extenso extenso material.

un saludo muy afectuoso desde London calling,

un fanatico peruano
Hecpetorpo
20/04/2007 a las 20:30
por cierto.. empece riendome, despues pase a una pequeña sonrisa.. despues estuve tambaleandome por el asombro.. y al finalizar.. al finalizar.. quise ir a patearte el culo..! pero bueno, que sabe uno si esa señora tiene microondas..??
Hecpetorpo
20/04/2007 a las 20:19
A mí en cierta oportunidad me pasó algo parecido a lo de la vieja.. Estaba con unos amigos y llame a un numero al azar.. y me atendio una señora.. lo primero que se me ocurrio decir es que era del departamento de transito.. que alguien habia tenido un accidente atropellando a una vaca.. la señora se lo tomo tan en serio que casi le da un infarto.. al final tranqué el telefono y nos reimos, pero en la noche la señora llamó a mi casa, mi numero habia quedado guardado en su telefono.. mi mama atendio y la señora la amenazó con ir a mi casa y demandarnos.. al colgar mi mama me comento, y yo le respondi que esos eran algunos chicos jugando con el telefono.. saludos hernan, sos impresionante!
Andres
20/04/2007 a las 20:06
Excelente post, no me interesa si ocurrió o no. El relato es impecable. Mas por lo que se calla que por lo que se dice. Tratar de imaginarse a la vieja preparando la comida, sirviendola, y al final, desechandola, quizas, yendo a la estacion, a esperar sentada cual Penelope, o la culpa y pesadumbre de aquellos dos muchachos, que quizas recuerden esta anecdota cada vez que se sientan frente a un plato de canelones, me llevó mas tiempo que leer el relato completo.

Saludos desde Rosario, Argentina.
Sonia
20/04/2007 a las 19:50
Los canelones se pueden recalentar.
Peor hubiese sido que la mujer le hiciera unos churrascos a la plancha.
Yussef
20/04/2007 a las 19:47
Hernán: quería decirte que le hice leer "Canelones" a mi mujer y le encantó (no es adepta a la lectura en el monitor, así que doble mérito).

("le hice leer canelones" suena a que somos brujos culinarios, se entiende que hablaba del texto, ¿no?)
Ricardo
20/04/2007 a las 19:28
Brutal!. Me dejaste con la sonrisa congelada.

Pobre señora.
pal
20/04/2007 a las 18:58
pero divertido
lilit
20/04/2007 a las 18:54
eres despreciable.
Loncho
20/04/2007 a las 18:08
Genial. E igual de genial el comentario #10.
También mi adolescencia acabó con una tragedia auto provocada. Tardía, se terminó 5 años más tarde, con daños intangibles e irrevocables.
Quienes te quieren de ese modo, deberían tranquilizarse: hay signos de admiración.
Valencia City
20/04/2007 a las 17:38
Me hiciste acordar, cuando era una nena y atendía el teléfono, más de una vez algún pibe me preguntaba si tenía una hermana mayor para charlar, como no tengo hermana le decía a mi vieja y me sacaba corriendo. Ya de adolescente había uno que cada vez que lo atendía me decía con voz susurrante "puta, putita" Cómo cambiaron los tiempos! Ja ja ja
Daniel
20/04/2007 a las 17:24
Ahora entiendo la carta de la tía:

"Tu mamá murió. Agarró fuerte mi mano y susurró que te tuviera calentito los canelones porque ella no había sido una buena madre: no supo esperarte"

Gracias Hernán, ahora lo entiendo todo. Un abrazo.
El Angel Gris
20/04/2007 a las 16:46
Hernán: Que capo, pero que capo, que es Abelardo Castillo. El Candelabro de Plata se me había pasado.

Abrazo
Gerardo
20/04/2007 a las 16:15
Grande, Casciari.
IMAGINA
20/04/2007 a las 16:12
Debo tener también mi punto de crueldad, porque a pesar de la putada que le hiciste a la vieja yo estaba concentrada en lo bien contada que esta la historia. Genial.
Saludos,
IMAGINA
Maestruli
20/04/2007 a las 16:11
Hernán, el comentario 117 es muy gracioso como vos decís. Pero qué le encontraste de gracioso al final del comentario 108 me lo sigo preguntando... te habrás confundido de número me parece.
Josef
20/04/2007 a las 16:01
Simplemente Buenísimo...
Bebe
20/04/2007 a las 16:00
Fede O #62. Me gustó tu final, suena lindo para un corto
mariodom
20/04/2007 a las 15:45
excelente relato, solo un comentario a tu comentario #119 de "Y ya que estoy por acá..." Yo creo que sos como el gran hermano y estas siempre por aca, nunca te vas, ni siquiera cuando tu vieja te espera con canelones.
Paco Achaval
20/04/2007 a las 15:39
Dice ElTeta:
Eso es lo bueno que tiene este país.......

ja ja ja Muy bueno loco!, hace referencia al viejo Tato Bores.
No hay que olvidar que toda esta pseudo critica literaria, aparentemente le interesa mucho a Hernan!(por algo sigue el juego).
violeta
20/04/2007 a las 15:14
Hernán, ¿está por ahí?
Quería decirle que creo que le quiero. Me encanta como escribe. Todos los relatos que leí suyos son buenísimos.
Ori
20/04/2007 a las 14:50
Mi broma fue tonta, muy tonta, pero éramos tan ingenuas que lo que logro fue no que no lo intentásemos mas, y eso que apenas comenzaba nuestra adolescencia. Llamamos a una casa, yo y otra amiga, y nos atendió una señora, le dijimos que su esposo la engañaba con otra. La señora nos dijo que sabía quienes éramos porque era bruja y nos iba a denunciar, del susto le pedimos disculpas y le dijimos que era mentira. Que tontas que somos, estoy 85% segura de que el marido si la engañaba y de que ella, pobre, ya lo sabia. Bueno?
Edgard
20/04/2007 a las 14:32
Me gustó mita y mita. Me hizo acordar del cuento de Cortazar. Pero me parece que ese tema no deberia tocarse en Argentina, porque todavía puede haber viejas que esten esperando un regreso, una señal del pasado. Para joderte un poco de digo que mi vieja los prepara con: panqueques (sarten grande), acelga o espinaca, sesos, un poco de carne picada, salsa blanca, un tuquito por arriba y queso rayado como toque final. Con mi hermano les llamamos "matungos", por el tamaño. En treinta y un años volvi 4 veces a Argentina, una de ellas solo 24 horas, no tuvo tiempo de hacerlos. Pero las otras veces, a los 3 o 4 dias de estar, me dice: "mañana te hago canelones". Mis sobrinos y mi hermano paran la oreja y se relamen... que suerte tienen.
Ambi
20/04/2007 a las 13:40
Uff, sos oro para cualquier call center!!

Magistral, para variar.
ire
20/04/2007 a las 13:38
hey che no es tan pobre la vieja... se que suena a la nefasta frase argentina "algo habran hecho" pero quien odiaria a una viejita buenita de pueblo de provincia que hace canelones y encima enviudó, si no hizo algo realmente feo para merecer ese odio?
sobretodo como son los hombres argentinos con sus madres, y estos me suenan a descendientes de tanos, por los canelones..
capaz q entendimos mal
capaz que hay una razon por la cual daniel no vuelve del sur, hay cosas que no esta listo para perdonarle a esa -ahora- inocente viejita viuda.

lamento la frialdad.. pero si habré conocido viejas hijas de puta e hijos que intentan escapar de ellas...
y eso que no me recibi de psicologa todavia..
un beso hernan, atrapante el relato
eclèctica
20/04/2007 a las 13:21
me encanta hacer bromas telefónicas
pero nunca pido canelones
sólo pizza
Daniel
20/04/2007 a las 13:10
Prefiero los ravioles
José
20/04/2007 a las 12:54
Entonces el tango no se repite como tragedia ni como comedia sino como 'cachada'.

Encontré un error. En el título. Donde pone Canelones debería decir...
lukre
20/04/2007 a las 12:38
menuda cabronada.. joder.
me duele a mi..
Alberto José
20/04/2007 a las 12:18
Cuando se tienen 15 años es casi imposible pensar en el prójimo. Todo lo que nos satisfaga y nos haga cagar de risa está bien.
Muy buen texto, cono siempre.
Un abrazo.
Bart
20/04/2007 a las 12:01
Si claro, Pal, ahora el malo es el muerto, no? ;-)

(Si se le ocurrió a alguien, a Canoura en el #39.3)
MURRON
20/04/2007 a las 11:57
Espero de todo corazón que el relato sea ficticio. No sabes la congoja que se me ha quedado en el cuerpo pensando en esa pobre madre. Si eres padre entenderás porqué. Yo trabajo en una residencia de ancianos, aquí en Madrid (España) y soy testigo a diario del olvido por parte de los hijos de estos pobres viejos. Aquí están solos en navidades, en verano, en Semana Santa. Es horrible. Por favor, dime que esto no fue verdad. A buen seguro la pobre vieja se murió de la pena.

Besos
pal
20/04/2007 a las 10:30
Y por qué en todos estos comentarios a nadie se le ha ocurrido que la vieja era una conchesumadre? ah? por ejemplo que el papá violaba al Daniel este y ella NUNCA dijo nada, peor, que nunca le creyó... que Daniel se fue para no volver nunca y poder tener la posibilidad de rehacer su vida sin esos monstruos... no, si imaginarse la maldad humana es fascinante... como el olor a patas de nuestros propios pies...
nadie evidente
20/04/2007 a las 09:31
eres un escritor soberbio. cada vez que vengo a leer una de las tuyas me veo obligado a quitarme el sombrero. esta es un punch al estomago, pero lo bordas.

que grande Hernán, carajo.
El Tipo Del Sofá
20/04/2007 a las 09:13
muy linda historia..... me encantó. pero no tengo nada que opinar sobre ella ni objetar... asi que aqui deje mi huella. nanu-nanu.
Florencia
20/04/2007 a las 08:51
Me consta que la historia es cierta y que hay muchas más de ese tenor (algunas con tu abuela Chola, por ejemplo). No sé ahora (que se te están enfriando los canelones), pero en aquel entonces las viejas eran uno de los motivos más excitantes para disparar gags. Es más, creo que todas las cosas que hacían el Chiri y vos estaban dedicadas a escandalizar alguna vieja imaginaria. Todavía lo veo al Chiri agarrándose la cabeza y diciendo "¡ayy, boluuudo!, ayyy, boluuudo!!" Una pena no haberlos filmado, porque sin duda, como dice el Comequechu, ustedes fueron el mejor dúo cómico de la historia.
13/06/2016 a las 05:15
Si lo dice la hermana del Jorge, palabra santa.
Daniel Lara F.
20/04/2007 a las 07:22
Ese es el problema de llamarse Daniel: no queremos a nuestras madres,nos gustan los canelones y leemos el blog de Casciari para darnos cuenta de lo hijodeputas que somos.
Tu,Casciari,serías un excelente Daniel.
Nombre bueno para mi próximo blog: "La importancia de llamarse Daniel"...
nefastas
20/04/2007 a las 06:26
porqué se ponen todos tan pacatos y le piden que diga que esto es mentira??? resulta que ahora NA DIE hizo una maldad en la infancia o la adolescencia?? son todos santos???
esto es una anécdota de vida, con las cosas buenas y malas que puedan contener...
hay mucha gente que no entiendo!
me recordó mucho a mis andanzas de niñez...le quedó moooy buaaano!!
Taurino
20/04/2007 a las 06:22
Que garrón papá, es terrible que te pase eso, encima boludeando, cuando sabes que encima no tenes vuelta atras. Te sentiste la peor verga sobre la faz de la Tierra, de eso estoy seguro.

De todas maneras, es lo que hay.
Ah, gracias a esto, no te quiero mas!!!
Saludos!!!
Teresita
20/04/2007 a las 06:04
Las bromas en las que participé eran naif y las primeras que describís me recuerdan a ellas.
Luego pensé en Tangalanga que hizo de éstas un oficio y como nos hicieron reír.
Tu historia es simplemente genial si es un relato de ficción, sino que h de p estuviste con la pobre boludona.
carlygom
20/04/2007 a las 02:35
Según Telexplorer, el teléfono que citás existe y pertenece a la familia Otamendi, al fondo de la calle 26. ¿Se trata de ella, o todo es parte de una ficción?
fLoPis
20/04/2007 a las 02:34
Te fuiste al joraca, Hernán!

Pobre vieja...
Kundabuffer
20/04/2007 a las 01:40
Espléndida historia de canelones. Qué manera de girar de la comedia al drama. Extraordinario. Nada más que agregar.
 Carolina Aguirre
20/04/2007 a las 01:40
Mis hermanos y yo hacíamos algo repugnante. Buscábamos carteles de perros perdidos y llamabamos diciendo que los teníamos nosotros pero no sabíamos si devolverlo o no... Y uno de ellos ladraba en el fondo, como un perro llorando.
Cuando eran viejas gritaban enloquecidas "No llores, "chichi/poppi"..." muy muy angustiadas... Ahora que soy madre de dos gatos, me imagino que me pasa algo así, y me palpita el ojo izquierdo.
jorge
20/04/2007 a las 01:22
hola hernan, quisiera aportar que otra historia donde el vago se hace pasar por el sobrino es "Los árboles mueren de pie" una novela si las hay que tambien fue llevada al teatrp
Lili Sum
20/04/2007 a las 01:22
La verdad q no me gustó. Me aburrí hasta la mitad y la trama donde se cargó con un poco de dramatismo, si bien se puso un poco interesante tenía una resolución muy obvia: la versión opuesta a "Los árboles mueren de pìe" de casona.
Sin duda lo mejor es tu comentario #119 con los link a los cuentos de Auster, Cortázar y Castillo. Gracias!
Pancho
20/04/2007 a las 01:18
La mierrrrda, 'vo... empecé con una sonrisa, pasé a toda velocidad a modo carcajada... y luego me sumergiste en un abismo. A toda velocidad, y así, como boludeando, se me terminó la carretera. Eso no se hace che.
Excelente texto.
Arena
20/04/2007 a las 00:52
Ufffffff, no puedo dejar de temblar, ni puedo escribir nada más......
marce
20/04/2007 a las 00:40
Buenisimo, solo espero que sea ficción!
joel
20/04/2007 a las 00:30
te juro que no se que me da mas bronca: si los que en vez de comentar, compiten por la posicion de su "comentario"...o la maldad que hiciste...no puedo parar de imaginar la vieja sentada en la punta de la mesa esperando el timbre y a su hijo detras de la puerta, como tantas veces lo habra soñado...son cosas de pendejos, pero recordarlas, nos muestra, como bien quisiste expresar, la maldad que se apodera de nosotros de vez en cuando.
saludos!
Marcelo
20/04/2007 a las 00:07
Muy, muy bueno. Esa escalada desde la picardía infantil a la crueldad sociopática por la que llevás al lector. Me pregunto qué tal sería si se cortara en "Y la mujer colgó.", sin darle una mano al lector para que vuelva al orden moral de su mundo. Dejarlo ahí, con la madre soñando la llegada del hijo.
 olo mosquera
20/04/2007 a las 00:02
Gracias #115, dos buenas correcciones.

Respecto de algunas recomendaciones literarias en donde se pone de manifiesto un 'engaño piadoso', algunos lectores proponen dos cuentos que están muy bien, y de los que quiero agregar un link para su lectura directa: El cuento de Navidad de Auggie Wren de Auster, y Cartas de mamá de Cortázar. Y al mismo tiempo aportar otro, que es el que más me gusta de todos: El candelabro de plata de Castillo.

PD: Y ya que estoy por acá, muy graciosos los finales de los comentarios #108 y #117
ROCÍO
19/04/2007 a las 23:59

...qué tristeza! :(
davor
19/04/2007 a las 23:49
Excelente? Brillante la historia, me hiciste recordar a mis 12 o 13 años? seguramente la parte verídica de la historia será que cuando eras adolescente, hacías cachadas por teléfono. Pero con 16 o 17 años me parece que ya deberías haber estado a abocado a otras cosas? no no? a libros no? tendrías que haber estar dedicado a cojer algo? hacer cachadas a esa edad es de virgo o muy virgo. A esa edad tenés que estar pensando que mina te podés cojer, de que manera mentirles; te digo que con tu astucia, si en vez de haberla dedicado a semejante pendejada, te podrías haber garchado a todas las gatitas de Porcel.
Me hiciste reír mucho, gracias y saludos.
anayalour
19/04/2007 a las 23:42
Canelones. Me acordaré de vos, de tu amigo, de la vieja y su hijo de aqui a la eternidad cada vez que coma canelones. Ojalá no se me queden cruzados en el garguero.
Qué capo que sos. Qué manera. Qué talento. A veces te pienso genio. Otras me digo... y claro! si está para eso nomás... no tiene otra cosa que hacer que escribir. Encima te lamemos los dedos, para que sigas haciéndolo. Un espanto.
Abrazo.
Kinoglazco
19/04/2007 a las 23:38
Muy bueno, Hernán. La verdad, creo que todos fuimos unos verdaderos hijos de puta durante la adolescencia, capaces de joder a la gente y de regodearnos en su dolor. Pero, hay que reconocerlo, era muy divertido.

Ahora, al trabajo: hay dos errores: La llegada de las nuevas tecnologías, antes que amilanarnos, propició (no propiciaron) nuevos métodos de trabajo. Segundo: Cuanto mejores eran nuestras tramas, más tardaba la víctima en aburrirse (no aburrrise) y colgar.

Saludos desde Tabogo...
ezequiel
19/04/2007 a las 23:31
Bueno... leí hata el comment 60 y pico y me canse. Así que tal vez alguien ya haya dicho que este txt le hizo acordar a un cuento de Cortazar "Cartas a mama" o algo así.
Jugar con la presencia/ausencia de un ser querido dependerá del fin que se persiga. En el caso del cuento de Cortazar, el fin justificaba los medios; pero en el tuyo, solo el fin de comprobar lo gran hdp que podías ser quizás pueda justificarlo (y hasta ahí nomás). Pero si el fin era deliberadamente superar al chiri, obviamente no tenés argumentación al respecto.
Ojo, le hablo al Hernan personaje de la historia, que seguramente tiene agregados y distorsiones del Hernán autor. De esta forma se puede reflexionar y hasta aprender sobre la vida, en lugar de putear al protagonista por su moral (o su falta de).
Abrazos.

RODRO
19/04/2007 a las 23:26
BIEN LOCO, QUERIAMOS OTRO TEXTO NUEVO. yA ESTA HERNAN, DEJA DE EXPLICAR A GENTE QUE NO ENTIENDE TUS ARGUMENTOS, VOS ESCRIBIS LO QUE ESCRIBIS Y PUNTO!
DE ULTIMA COMO DIJO FONTANARROSA EXPLICANDO UN GRAFITTI QUE SOLAMENTE DECIA:
"PUTO EL QUE LEE"

MartonaBCN
19/04/2007 a las 23:20
Leo tus obras desde hace más de un año, y aun no me había atrevido a comentar. Solo queria que constara que admiro la forma que tienes de transmitir las más diversas sensaciones en tus relatos. Volver atrás en el tiempo, y pensar en aquellas veces que hemos hecho daño cruelmente sin realmente desearlo...

Con respecto a lo que comentaban por ahi arriba, de que al final ibas a ver a la vieja y te hacias pasar por el desgraciado de Daniel, me recordó al El cuento de Navidad de Augie Wren de Paul Auster (muy recomendado... ) donde el protagonista, un desconocido, se hace pasar por el nietp de una anciana, haciendola feliz, aunque engañada...

Muchos besos de una vecina de Barcelona!
19/04/2007 a las 23:13
Desgarrador. ¿Pero que otra cosa se puede hacer sise tenía el objetivo muy claro?
Julian
19/04/2007 a las 22:54
Todos le pegan a Hernán (que en primer lugar no sabemos si es cierto o ficción), pero nadie dice nada de que el verdadero turro en la historia es el hijo de la señora que no la llamaba nunca y ni siquiera fue al entierro de su propio padre. El llamado, si bien no fue muy samaritano que digamos, no hizo mas que poner de relieve tamaña falta.
Chafito
19/04/2007 a las 22:45
Hernan!

Me has hecho llorar. Me ha llegado a lo mas profundo de mi alma esta historia. No paro de imaginarme a la senora esperando a que Dani llegue.... Y este, nada.
El Teleoperador
19/04/2007 a las 22:43
Joder, Sr. Casciari, qué cabrón... Por favor, añada una actualización aclarando que solo es un relato, que no es cierto y que esa vieja no murió esperando que el malparido de Daniel le presentara a su nieto.

Dígame que esa vieja no lloró de alegría mientras preparaba los canelones hecha un manojo de nervios, dígame que no vio pasar las horas intentando conservarlos calientes y dígame que no volvió a llorar al tirarlos a la basura. Miéntame y diga que nos ha mentido.
ElTeta
19/04/2007 a las 22:42
Eso es lo bueno que tiene este país.
Enterrás una lapicera y al año tenés un árbol de críticos literarios.
animal
19/04/2007 a las 22:03
Maestruli, el judeocristiano es el gordito. Y el cabrón es su psicoanalista, que le pone estos ejercicios de literatura terapeútica.
Ginger
19/04/2007 a las 22:03
No te preocupes gordo. La verdad es que Daniel se fue porque la madre cocinaba como el culo.

chikarkas
19/04/2007 a las 22:01
No sé si al autor de Orsai le hacían falta los halagos que escasearon un poco en sus recientes textos, pero esta vez creo que echó mano de los recursos más manidos de los escritores. Un relato lineal y efectista con una frase final propia de un culebrón. Funciona en un solo sentido y por lo tanto no es como el mejor Orsai: irreverente, polémico, travieso, provocador, etc.

No quiero decir que el texto esté mal, de hecho me gustó, pero en mi opinión a lo que hacemos hay que meterle nalgas, arrastrar el lápiz o como cada quien quiera decirlo, y Hernán puede hacer cosas mejores.
Tugo
19/04/2007 a las 21:48
Ke carepicha!!!
LucAsh
19/04/2007 a las 21:36
Brutal.
19/04/2007 a las 21:35
101
Maestruli
19/04/2007 a las 21:21
Duda, a qué viene ese comentario?

Besos e intrigas.

PD: seré el 100?
Dr. CroW
19/04/2007 a las 21:18
P... madre que buen texto, carajo.
Me dejaste orsay :)
Juan
19/04/2007 a las 21:15
Terrible comentario, me encantó y me movió.

Ya hace rato me tenes como fuiel lector tuyo, e intento expandir tus relatos a la mayor cantidad de conocidos que pueda.

Suerte y gracias!
DudaDesnuda
19/04/2007 a las 21:14
Les duró bastante. A algunos se les termina cuando los violan.

Besos y realidades.
Nico
19/04/2007 a las 21:14
Pensé que nos tocaba hablar del gol de Messi hoy día.

Pero esta historia me ha chocado un poco.
Qué hijoputada más grande.

rulicom rafaela
19/04/2007 a las 21:13
HERNAN BUENISIMO SEGUI ASI Y A LA ABUELA POR UN CORTO TIEMPO LA ILUSIONASTES CHAU
Maestruli
19/04/2007 a las 20:28
Creo que es la primera vez que pongo un link en un comentario. Pero vale la pena para el que quiera leer al genio en su envase de origen y no burdas imitaciones (inverosímiles)
Crimson
19/04/2007 a las 20:24
Prefijo de Mercedes+24612, diecinueve años después. El que sea más aficionado a la investigación policial que a la ficción intimista, ya sabe qué hacer.
Rosy
19/04/2007 a las 20:24
Venía bárbara....como siempre...riendome...y eso, pero al final se me nubló la vista de la pena...por faaaaaa decí q es mentira......q solo es un cuento....por favor....q estoy con una amargura terrible....pobrecita......
Héctor
19/04/2007 a las 20:20
maldito seas Hernán.. cuando nos deleitarás con algun guión para una película? o por lo menos algun cortometraje.. sos un Genio que le pasaría encima a 3/4 de los putos guionistas de joligud
fede o
19/04/2007 a las 20:20
horacio, "obligarse"? "angustia"? no estarás exagerando?

planteo otra segunda parte:

a hernán le agarra un "barredazo", y para que la vieja no sufra, pobrecita! va hasta la casa y, mientras ella sirve los canelones, la caga a balazos.

corre el cadáver un poco con el pie, alejándolo de la mesa. es que esos canelones no están para desperdiciarse. si hasta el tinto y el sifón en la mesa le había puesto la vieja!


horacio, ahora sí que me siento mejor.
Sebastián
19/04/2007 a las 20:14
A los que creen que el verdadero Daniel llamó después, en algún momento, a su mamá: ilusos. No había ido al entierro de su padre, ¿qué les hace pensar que iba a reanudar el contacto por las suyas?

Es mucho más probable que ella lo haya llamado (si sabía su teléfono) para saber qué había pasado, y que él la haya tratado ásperamente, pensando que se había convertido en una vieja loca. No, no creo en el final feliz de Canelones, ROU, ni en otros que se han sugerido.

Sí, Hernán, convocaste epítetos y no son descabellados, pero eso ya lo tenías claro al sentarte a escribir...

El Noi: ¿De qué carajo te reís?

Pablo (#37): Creo que la vieja habría muerto feliz si hubiera recibido ese otro llamado. O no habría muerto. Pero ¿por qué tantos tienen la necesidad de cerrar la historia de modo hollywoodense? Fue así, pasó así (o no), y punto. La vida es irreversible.

Maestruli: O a "El Majestic", ¿la viste?

Sigue siendo excelente lo tuyo, Hernán.
 Interior
19/04/2007 a las 20:14
Debo agregar que el relato, aunque esta muy bueno, me golpea muy fuerte, no pude dejar de lagrimear como un tonto, no puedo creer que se pueda ser tan cruel con la gente, no puedo dejar de acordarme de esa etapa tan difícil de mi vida, me trajistes recuerdos que pensé enterrados, ahora afloran por las cicatrices de las mismas heridas que habían sanado: Yo cuando era adolescente NO TENIA TELÉFONO!!!!
 Interior
19/04/2007 a las 20:09
Sos un boludo, si le pedías un guiso carrero como el que le preparaba la esposa al Daniel ganabas por afano, por que seguro que el pasarle la receta te daba tiempo para llegar a los 20 o mas minutos, le ganabas al Chiri sin necesidad de cantar "Nostalgias".
Aunque de titulo está mejor "canelones" que "guiso carrero"
violeta
19/04/2007 a las 20:02
Malooooooooooo
Me hizo sentir mal Hernán. Me entraron ganas de llamarla y contarle lo que pasó. Pensaste en disculparte algún día?
cruptora
19/04/2007 a las 19:58
Verdad o no... pero que HDP!!!
Mari Pili
19/04/2007 a las 19:54
Guau, qué bueno...
 Jole
19/04/2007 a las 19:54
Muy bueno y cruel, me imagino a mi vieja.... ufff suerte que nos conoce la voz al toke.
El texto magnífico, besos a Nina
walter
19/04/2007 a las 19:51
Hernán... como siempre... impresionante relato. No siempre dejo comentarios pero te sigo desde hace años. Un abrazo. Waly de Bahia Blanca - Arg
/|-
19/04/2007 a las 19:40
Es, sin duda, una historia terrible, deprimente. Ahora: está tan bien contada que... acaso es esa la paradoja de lo sublime?
MO
19/04/2007 a las 19:35
¿y por qué no la llamaste para decirle que algo muy poderoso te impedía ir?
¿o será que chiri y tú fueron finalmente los auténticos burlados?
jose
19/04/2007 a las 19:25
sos un gordo hijo de puta!
voy a gastar mis ahorros para sacar un pasaje a España y pegarte un tiro en la gamba, así quedas rengo y tenes un motivo real para ser tan turro.

pobre vieja seguro que estuvo esperando hasta las cuatro de la mañana a ese otro turro de daniel, porque solo un turro no visita a su vieja por años sin sentir ningún remordimiento, en especial una madre que esta dispuesta a preparar canelones a las 12 de la noche. Esas madres son parte de una raza en extinción, de la que quedan solo ejemplares contados y vos te encargaste de matar de dolor a uno de ellos.
Futremza
19/04/2007 a las 19:23
Hola!, antes que anda felicitaciones por el texto.
Creo que tambien pase por esas etapas de hacer jodas, yo no tenia tel... pero si mi mejor amigo y vecino de al lado.
Jodiamos a un vecino de apellido Lana, por ser un tipo piola. Eramos re inocentes.
Hoy por hoy mi amigo no esta entre nosotros, pero me dejo esa costumbre.... apenas tuve tel fue lo primero que se me ocurrio tal vez por recordarlo, como tengo la voz grave me sale la imitacion de agentes de Telefonica, asi es que les hago buscar facturas y demas a la hora que sea, tambien a familiares de mi novia que se que deben creditos.
Mi obra maestra es llamar a un flaco que la jodia a mi novia y es casado... y le digo que si atiende la mujer se va a enterar de las cosas que hace.. asi es que lo cronometro cuanto tarda en correr hasta el telefono a las 2... a las 3... a la hora que tenga ganas.
La joda que no me banque nunca.. es que me llamen y no digan nada!, los mataria!.
Saludos desde Mendoza.
Patton
19/04/2007 a las 19:23
Una parte de mí quiere creer que todo esto sea un relato de ficción, y que haya sido engañado por un buen escritor.

La otra parte, la ingenua, cree en la sinceridad del relato y solo piensa en decir: "Que hijos de puta".

En verdad que me gustaría saber cual de las partes tiene la razón. Para estar en paz, conmigo mismo. Igual, el hijo de puta no fui yo, pero la curiosidad me puede.
MMMQQL
19/04/2007 a las 19:00
Que hijo de puta, pobre vieja ya debe estar re muerta... como no llamaste para decirle que era una joda, que no podias ir y que te volvias por laburo, o ir vos a la casa a morfarte los canelos y explicarle a la vieja lo que habia pasado seguro esa vieja se murió esa misma noche. Te acordas del nombre podrias buscar a ver que fue de la pobre vieja, como para apaciguar tu alma no te parece.
g+
19/04/2007 a las 18:59
La próxima vez que tenga algún remordimiento por lo que he hecho, voy a pensar en que mínimo, nunca le hice algo así a una viejita.


Horacio
19/04/2007 a las 18:49
Me gustó muchísimo.
Es curiosa la reacción de algunas personas: desde juzgarte en términos morales (esto es literatura, payasos) hasta obligarse a sí mismos a crear una segunda parte por la angustia que les provocó ese final. Por mí parte, me genera silencio...o ganas de decir muchas cosas... a mí también me dolió -de cierta manera-.
Yo también hacía jodas por teléfono con mis amgos, pero no nos preocupábamos tanto por variar sino que usábamos siempre la misma:
Para una materia del secundario llamada Metodología de la investigación, nos hicieron hacer un trabajo sobre el tema que eligiéramos para aplicar diferentes técnicas de síntesis, resúmenes, encuestas, estadísticas etc. Nosotros elegimos como tema "El ovejero alemán" ya que Emiliano tenía un perro de dicha raza, un perrazo -"Toy" se llamaba- que era nuestro perro. La cosa es que desarrollamos una encuesta de múltiple choice que consistía en distintos items -algunos hasta engañosos- sobre el ovejero. Para validar las encuestas decidimos hacerlas telefónicamente. Un día nos aburrimos y la encuesta se desarrolló de la siguiente manera:
Uno de nosotros: -¿sabía que el ovejero alemán es el "rey de los canes?"
El encuestado respondía...
Nosotros: -¿cuántos años cree que vive, en promedio, el ovejero alemán?, ¿10, 15 ó 20?
El encuestado respondía...
así proseguía con un par de preguntas más
y cerrábamos con:
-¿De dónde cree que proviene el ovejero alemán?, ¿de Francia, Italia o Alemania?
Para que -antes de que el entrevistado contestara- todos gritáramos a coro:
- DE LA CONCHA DE TU HERMANA!!"


el día de hoy todavía me acuerdo de la cantidad de veces que hicimos esa joda y de las diferentes reacciones que provocaba. De hecho me hizo acordar tanto a eso que lo acabo de llamar a Emiliano para decirle que lea este post.
yo
19/04/2007 a las 18:48
Clap clap clap

Carmen
19/04/2007 a las 18:42
Me has vuelto a dejar sin palabras.
Manón
19/04/2007 a las 18:30
Quizás no sea cierta la historia, quizás sean verdades a medias, medias mentiras o simplemente ficciones (qué lo hace más o menos ficción si es recuerdo de algo que ocurrió o si es puro invento...).
Mi nudo en la garganta me dice que si algo es, ese algo es IMPENSABLE, por lo menos para mi.
Impensable hacer una cosa así, ni siquiera en un relato.
Y a partir de ahí las posibles puteadas, infinitas.
Pero más allá de eso, excelente texto, deja pensando en los propios rasgos de maldad y en los límites por donde transita.
¿me parece a mi o por estas fechas andás o anduviste por estos pagos, morfándote unos regios canelones de tu vieja y riéndote con el chiri de viejas anécdotas?
Patagonia
19/04/2007 a las 18:24
Hernan yo soy de Comodoro Rivadavia, y en la epoca que vos eras adolescente existia una unica casa que arreglaba televisores. Con los datos que dejas voy hacer una investigacion para ver la veracidad de tus dichos. No puede ser que le hayas hecho una cosa asi a una viejita. Espero que sea todo mentira.
lois lain
19/04/2007 a las 18:22
hace años que te leo pero nunca hasta ahora te he dejado un comentario.
He de decirte que me pareces un maestro de las letras , un artista con las frases, y en especial queria felicitarte por los dos post que mas me han gustado y emocionado de ti: el que titulas : hace 6 años tambien era domingo y el de hoy, ambos caras opuestas de un sentimiento ( el amor).
Seguire por aqui, en silencio hasta que tus palabras vuelvan a ponerme la piel de gallina. Gracias por escribir
fede o
19/04/2007 a las 18:16
maestruli,

ni se te ocurra pensar que creí ser original.

igual, no me acuerdo de ese capítulo de skinner. tampoco de ese cuento del viejo. tengo la memoria a la miseria.

aunque la situación no es tan grave... sí me acuerdo de la existencia de los simpsons y de borges. tengo por dónde empezar.


pd. me encantó lo de "todo evento de la vida remite a un capítulo de los Simpson".
gran verdad. si consigo recordarla la voy a citar alguna vez.
El Angel Gris
19/04/2007 a las 18:09
Una vez, yo estaba borracho en un asado en casa de Torombolo, con Toro y Rabino y se nos ocurrió llamar a un gordito amigo nuestro a las 5:55 hora de Barcelona.

Maestruli
19/04/2007 a las 18:05
Fede O, tu sugerencia de final me hace acordar a un capítulo de los Simpson (bah, todo evento de la vida remite a un capítulo de los Simpson) en que vuelve el verdadero Skinner de Vietnam, a reemplazar a Barreda que era el falso Skinner. La madre prefiere quedarse con el falso porque es mejor hijo.

O me hace acordar a uno de los relatos en "Historia universal de la Infamia"... luego de Google me acordé: "El impostor inverosímil Tom Castro". Creo que hasta su madre quiso creer en la vuelta del hijo.

Animal #59, no me vengas a correr a mí con la culpa judeo-cristiana a estas horas del día...
Jes
19/04/2007 a las 18:04
Me hiciste mierda como si fuera la vieja y ni tengo hijos, no lo puedo creer.
Por lo menos los dos se dieron cuenta de lo lejos que habían llegado con las jodas, lástima que no fue suficiente para que la vieja no se quede esperando a su hijo al pedo.

Saludos!
mardevientos
19/04/2007 a las 18:00
Pienso en mi vieja, que en el 88 tenía su Daniel en el sur, que tambien trabajaba en una fabrica de TV... y pienso en cuanto se inundaba de felicidad con cada llamado.
Pienso en mi vieja ahora que , teniendo tres hijos, tiene los tres lejos.. en su alegria cada vez que la llamamos.
Y pienso en vos, adolescente con la sola idea de romper un record!... Eras de verdad terrible.
Espero que nadie le haga un jueguito de esos ni a tu vieja, ni a la mia!
Ni a la de nadie..!

Diana
19/04/2007 a las 17:52
A mi viejo lo cuidaba de chico una tía que lo hacía llamar por teléfono a números al azar y le hacía decir "Me dejaron solito en casa... tengo miedo", etc, y a continuación, cortaban.
No entiendo cómo mi viejo no la cagó a patadas a mi tía de más grande.
Lo que me encanta de tus historias es que siempre, indefectiblemente, me hacés recuperar recuerdos perdidos. Éste era uno de esos.
fede o
19/04/2007 a las 17:51
el cuento termina redondito como culo 'e perro, pero con tu permiso, desprendo una parte dos.

arranca con el chiri mirando al piso, vos paralizado de la impresión... hasta que decís, "ma sí, si llegué hasta acá, vamos hasta el fondo del tacho!"

salís al trote, dando un portazo. vas a seguir tomando el lugar de daniel pero en persona. no te importa si ella te caga a sartenazos por hijo de puta. vas igual.

te recibe emocionada y te rebalsa de abrazos y besos. morfás sus canelones - riquísimos, canelones de madre. la vieja, por la emoción o la arteroesclerosis no acusa recibo del engaño.

hay un par de tomas del chiri mirando todo desde afuera, por la ventana, con cara de no poder creerlo.

finalmente te despedís, que muy ricos los canelones, que la pasamos bárbaro, que no vuelva a pasar tanto tiempo hasta la próxima vez.

la pasaron bárbaro en serio. la vieja está feliz, y a vos se te llenó un agujero que ni siquiera sabías que tenías.

mientras te vas, la vieja mete un comentario por el que se trasluce que quizás sepa que no sos daniel pero no le importa. o quizás no lo sepa, no estás seguro.

y si lo sabe, en qué momento se dio cuenta? no se toca el tema.

el domingo siguiente no hay canelones sino ravioles. vos le llevás unas masas para el postre, y a un amigo para presentarle. al chiri.
Paradox
19/04/2007 a las 17:50
Genial Hernán, genial sin más.
Excelente historia, que supongo nos llegará al fondo de nuestras conciencias para que seamos capaces de recordar cuán cabrones fuimos en nuestra adolescencia.

Ternura y emoción se mezclan con la maldad que todos llevamos dentro.
Pobre abuela, que cabronazos fuisteis.
Max
19/04/2007 a las 17:48
del dolor se aprende, que bardo al dope para hernan, muchas primeras piedras por aca, recuerden sus pecados hipocritas.
animal
19/04/2007 a las 17:43
Gracias, Hernán. Bonita imagen la del comentario #38, acerca de cómo entrás en nosotros.
A mí no me sorprende tanto la maldad, sino cómo algunos no tienen remordimientos. Cómo pueden dedicarse a ella como oficio, como hay tanto hijueputa, sobre todos los de cuello blanco, que se cagan en otros con la conciencia impune.
...
Pero pienso también en la pequeñas canalladas sin remordimientos que algunos frecuentamos... y ya no puedo tirar ninguna primera, ninguna piedra. Esas omisiones, esas llamadas que nunca hacemos. Porque en tu relato hay dos cabrones: vos y el Daniel de mierda. Y 2538 lectores hasta ahora que quién sabe de cuántas pequeñas heridas que desangran somos culpables y que vos nos recuerdas.
Y qué va: gracias, boludo.
seburu
19/04/2007 a las 17:41
igual, creo que como relato, tuvo un comienzo inseguro. casi hasta la mitad.
ni los chistes te salían muy graciosos.
después mejoró.
Bebe
19/04/2007 a las 17:38
Ufff, que historia, de esas que te hacen doblar el estomago.
Igualmente creo que los marcó, lo importante es que la culpa se hizo carne, no pasó sin mas, a partir de ahi fue otra historia.
Besos, me encanta leerte
Daniel
19/04/2007 a las 17:37
Una de esas acciones que hacen que uno madure, como cuesta dormir a veces cuando se recuerda, son como fantasmas en el placard de la niñez, pero ese placar es nuestra memoria, en comun tienen el surgir al apoyar la cabeza en la almohada.
p mairal
19/04/2007 a las 17:29
uhh, esto es durísimo...
qué historia más triste
saludos al autor y a chiri, que creo que lo conozco
Tatiana
19/04/2007 a las 17:29
que hijos de la grandísima puta por lo de la vieja (si es real).

Lo que si es muy real es que esta vez la historia no estuvo tan buena como otras, espero la siguiente.

Un saludo.
H
19/04/2007 a las 17:19
Bien de mogolico...
Diego A. Rotés
19/04/2007 a las 17:14
Qué gandalla Hernán.
claudia
19/04/2007 a las 17:04
che, hasta se me escapó una lágrima. Yo creo que el plato de canelones sigue en la mesa, muerto de asco, mirando irónico a esa ilusión de madre...esa misma mujer que hace años abandonó a su padre.
Fingolfin
19/04/2007 a las 17:00
Si bien ya hace como un año que leo Orsai esta es la primera vez que se me da por comentar. Me hubiese gustado comentar alguno de los otros textos tuyos pero soy bastante vago a veces. Me gusta como escribís, por lo menos a lo que textos cortos se refiere, suelen sacarme risas, broncas, mariposas en el estomago.
Este en particular me hizo recordar cuando yo lo hacia. Recuerdo que habia conseguido un micrófono para grabar las conversaciones (uno que se pegaba al aparto) pero pronto me di cuenta que no resultaban tan graciosas cuando la volvia a escuchar.
Pero eso termino cuando una vez llamé a alguien que tenía el maldito aparatido de callerid y me llamo a casa. Por suerte para las generaciones venideras apareció el *31# para que las llamadas aparecieran como privadas.

Saludos, seguí así
Pablo
19/04/2007 a las 16:59
Imagino como siguió la noche para la señora...una fugaz visita a la terminal para comprobar que no vino ningun micro desde el sur...creer que fue una broma cruel, o que su hijo es el cruel...en fin...tiro en la sien...la sangre mezclada con la salsa de los canelones frios...que feo lo que hiciste eh!! que feo!!!

Saludos!!!
 Usuario Anónimo
19/04/2007 a las 16:58
Dios!!! Me ha dejado roto tu relato. Genial, pero a la vez terrible.

Saludos
Dr. J
19/04/2007 a las 16:56
Entre tú y Messi voy a empezar a pensar que los argentinos sois una raza de superdotados.

Un señor post.
hugo
19/04/2007 a las 16:47
excelente relato, y como expresan tus fanss, hay mil finales con la pobre/malvada/buena/truculenta vieja esa de los canelones. eso también engrandece la historia. y si sufriste tanto, es que eres buenito, asi que ni te acongojes, que la experiencia sirvió para enriquecer tu arsenal de vivencias para contar.

saludos. h
Soleta
19/04/2007 a las 16:46
Así mi amiga y yo, las bromas por teléfono eran nuestro gusto. Con la voz femenina se pueden hacer maravillas pensábamos.
La última broma de nuestra vida, no tan trágica como la de los canelones fue una pesadilla de cuarenta minutos:
Aída lloraba muy bien, bueno, fingía. El chiste era recibir apoyo, calma, ya nos había cansado que las personas se enojaran, ahora queríamos sacarle a los interlocutores palabras de aliento. Habíamos tenido buenos resultados. Esta vez, contestó una mujer. Aída lloró y dijo entre sollozos ¡Mamá! La mujer asustadísima le contestó ¿Claudia, donde estás? Mi amiga Aída colgó, sintinedo que algo estaba muy mal. Por alguan razón no nos había causado ninguna gracia. Entre la duda y la desesperación estuvimos marcando el mismo número cuarenta minutos, necesitábamos explicarle a la madre que no éramos su hija ("señora, mi amiga estaba muy alterada y marcó el número equivocado, lo sentimos") pero el teléfono estaba furiosamente ocupado.
Después de cuarenta y siete minutos (también teníamos reloj digital a la mano) pudimos comunicarnos, la mujer contestó alteradísima: "Claudia". Esta vez me tocó a mi hablar, le dije que había sido número equivocado. La madre se soltó llorando: "Claudia está con embarazo de alto riesgo, estuve llamando a su casa y no contestaba, a la oficina de su marido, a todos y nadie contestaba. Gracias hija, eres un ángel, no saben la angustia que traía, gracias por llamar, espero que tu amiguita esté bien" Aida y yo dejamos las bromas, habíamos aterrado a una mujer y encima nos agradecía nuestra amabilidad.

Orsai: mi novio es un enloquecido admirador tuyo, jamás se ha animado a dejar un comentario, pero aaquí yo con uno kilométrico.
Este relato tuyo es el que más me ha gustado. Besos.
la negra
19/04/2007 a las 16:45
Me gustabas más antes, cuando convocabas a la gente para ver el fútbol, o cuando nos hacías reír con pantomimas ciertas con las que nos sentíamos identificados. Pero ahora te fuiste al carajo.
Es más, no me parece tan mal que a esa edad -en la que uno no sabe ni limpiarse los mocos- hubieras hecho esa gamberrada; pero contarla orgullosos ahora me parece tremendo. Más aún, si pienso que en realidad lo hiciste por unos tristes euros. Yo en tu lugar me moriría de verguenza...
¿Vos tenés madre?, o te olvidaste de ella por un puñado de esos sucios euros? Cómo te sentirías si ahora, alguien estuviera tomando pa'l churrete a tu vieja con un tema tan conflictivo como la lejanía de un hijo?
Es más...tenés hijos?, ya pagarás...
seburu
19/04/2007 a las 16:42
que gordo degenerado
Canelones, ROU
19/04/2007 a las 16:36
Olvidé algo:
4- Ahora estas cosas se hacen por mail, msn y blog...Hay quienes inclusive siguen siendo adolescentes en este rincón oscuro que te da el anonimato de internet muchos años después de los 17.
pablo
19/04/2007 a las 16:35
muy bueno...pero muy cruel.

escelete hernan
Unbeso
19/04/2007 a las 16:34
Guau! Yo de pequeña tambien hacia las tipicas.. "¿Hola, esta consuelo? No. ¿Entonces donde pisa?". Lo sé, podiamos habernos esforzado mas, jeje. Pero lo de la vieja ... si se me ha hecho un nudo el estomago solo leyendolo...
Canelones, ROU
19/04/2007 a las 16:33
1- Por más años que haga que no hablás con un hijo, le reconocés la voz de todas maneras. No será que el cachador fue cachado?
2- Como tengo un espíritu optimista, pienso que al otro día, cuando se dio cuenta que su hijo no iría a comer los canelones, lo llamó por teléfono al sur, hablarlon mucho, lloraron más y los siguientes canelones que la vieja hizo, fueron para una familia completa, incluyendo el nieto que no conocía.
3- Hasta ahora ningun comentarista pensó que la señora de la cachada en realidad era una vieja de m...y se merecía lo que este par de adolescentes le hizo. Núnca se sabrá.
Matias
19/04/2007 a las 16:29
Si hay algo que tienen tus textos es que los comparto, quizá buscándoles eso que tiene uno de pendejo, de copiarle a los amigos o hermanos mayores hasta el gesto (mayor, en este caso, se aplica a lo literario, se entiende ¿no?), de inventarse las mismas anécdotas.
No escribo ni mal ni bien, el problema es que no lo hago seguido. Pero como lector, lo que hace que me saque el sombrero ante un texto es que su autor no me subestime, no trate de comprarme. Aún —y sobre todo— cuando me hace acordar de mis propias miserias, ese escritor puede entrar en mi casa tranquilo, acomodarse en la biblioteca como en su casa, abrir la heladera sin pedir permiso. Al menos, espero que no me robe alguno de mis libros inconseguibles.
La maldad, alguna agachada, mentiras torpes o elaboradísimas... me acercan, me acompañan. Cada uno elige a sus "escritores de cabecera" por diferentes razones: la impoluta autoridad moral (al menos en estas circunstancias cotidianas, no hablo de genocidas ni garcas industriales) no es algo que me atraiga.
Como el Chiri en la última llamada, como decía al principio de este (¿largo? ¿aburrido?) textito, vaya entonces un chapeau por esta historia sin final feliz. Para leer huevadas la red, las librerías y las mesas de café de los universitarios están llenas...

Pablo
19/04/2007 a las 16:25
Mientras la vieja espera delante de un plato de canelones todavía humeantes, con el repasador estrujandose en sus manos, recibe el "otro" llamado de la noche. Su hijo querido, quien debería estar frente a ella degustando un rico plato de canelones, falleció hace tres días en un accidente de auto, junto a sus dos hijos.
La mujer, todavía sentada frente al plato de canelones que su hijo nunca va a comer, dejó de respirar a eso de las tres de la mañana, producto de un paro cardio respiratorio causado por un ataque de angustia post traumatica.
El cuerpo lo encontraron los vecinos, tres días despues.
Gonza
19/04/2007 a las 16:24
Hola Hernan, me gustó mucho el escrito de hoy me hizo acordar cdo. buscabamos telefonos publicos "pinchados" para hacer cachadas, y la de Gallo era la clasica. Me parece genial como escribís el final de la historia muy bueno, sos un idolo, espero que algúndía me escribas o pases por mi web, un saludo grande desde SanCarlos, provincia de Sta. Fe, Argentina.-
el Ova
19/04/2007 a las 16:24
¡Excelente! De lo mejorcito que he leído por acá, y eso que todo es bueno...
No dejás posibilidad de redención alguna. La frase final me recuerda a Cortázar.
¡Chapeau!
Gaby
19/04/2007 a las 16:19
Hmm, yo estaba esperando el post a ver si me levantaba el ánimo. Será la semana próxima, porque lo que es éste hace que adémás de la melancolía que ya tenía, ahora tenga un agujero en el estómago.
Si hay tipos que ilusionan a una madre con la vuelta de su hijo para quedar como un duque delante de un amigo, cómo puede asombrarnos todavía la mentira inmerecida, la maldad agazapada.
Obviamente sos un escritor del carajo.
Beya
19/04/2007 a las 16:15
Ya veo de dónde sacó Tinelli las ideas para la cámara oculta.
Langas
19/04/2007 a las 16:14
Pese a que en esa ocasión el tiro te saliera por la culata (y de qué modo), te envidio por haber sido tan gran bromista telefónico. Yo, gran amante de la guasa, nunca he sido capaz de meterme en situación, me siento violento y acabo jodiendo la broma. Por eso prefería que las hicieran mis amigos y ser yo el apuntador.

La vez que más cerca estuvimos de "cruzar la línea" fue al dejar grabado en el contestador de una compañera de clase un diálogo de película porno (sí, me refiero a un "diálogo" de esos que estáis pensando, con jadeos intercalados y demás); después, ante la posibilidad de que sus padres lo oyeran y le cayera bronca, decidimos buscarla y advertirla. Al final acabamos en su casa bailando agarrado con ella y con unas amigas; cosas del karma.
Carito
19/04/2007 a las 16:13
Hernán, despues de esta historia... volviste a comer canelones alguna vez?
 Guillermo
19/04/2007 a las 16:13
Por lo general, suelo pensar que muchas cosas que escribís con este estilo son mentira. Que son basadas en historias de tu infancia pero que no son 100% verdad.

Hoy fué diferente. Hoy me caía alguna lágrima a medida que leía lo de la vieja. Debe ser por que yo también estoy lejos y en septiembre hace frío. Por que mi vieja también me extraña y yo la extraño. Por que no conoce a mi hijo menor. Por que las heridas con mi viejo no se cierran. Por que si la llamara desde Ezeiza para que me haga canelones, al llegar a casa el plato estaría en la mesa.

Creo que me metí de lleno en tu historia esta vez y, por haberme tocado una fibra tan íntima, solo por estar llorando en la oficina mientras escribo esto, voy a decidir que esta historia de hoy sea verdad.
Lionel
19/04/2007 a las 16:11
Joder Hernán, me dejaste tildado, no se si porque todos en la adolescencia éramos así o que, pero lograste el cometido, hacer pensar a la gente. Muchas Gracias
Beya
19/04/2007 a las 16:10
-¿Daniel! - dije ella.
Están mal los signos y es diJo.

Y si alguien ya lo dijo, no lo leí :-)

Bart
19/04/2007 a las 16:07
Cabrón, me ha quedado como un nudo en la garganta. Me lo voy a sacar diciendo una gilipollada:
Media hora es poco tiempo para preparar un plato de canelones. Y si la abuela los tenía congelados desluce la historia.
Tincho
19/04/2007 a las 16:04
Impresionante la historia!! Hernán, hay que ser malo con ganas eh... Igual imagino que más allá de esa noche, el verdadero Daniel llamó a su madre y habrá vuelto a Mercedes, o no.
Paco Achaval
19/04/2007 a las 16:03
Grandioso Maestro!, divertido, reflexivo, anecdótico; si es ficción o la cruel realidad reflejada sigue latente, no tiene demasiada importancia, pues historias de esas, habrá millones, contadas de esta forma, muy pocas!.
santiago
19/04/2007 a las 16:02
Idem #18.

Estuvo muy buena!!
Liz
19/04/2007 a las 15:56
Pobre viejita, seguro esa noche murió de tristeza.
 olo mosquera
19/04/2007 a las 15:50
A los que descubrieron el "qué" faltante, gracias. Ya está corregido.
Demian
19/04/2007 a las 15:49
Bueno... Todos hacíamos lo mismo en Buenos Aires. Yo había conseguido el teléfono de mi profesora de música del primario, y la volvía completamente loca...
le decía las cosas que hacía durante todo el dia en el colegio... y se ponía loca. Obviamente con 11 años, me resultaba mucho más sencillo imitar una voz femenina...
Me asusté cuando mi profesora comenzó a sospechar que yo era la amante de su marido, y que para peor trabajaba en el mismo establecimiento!
Fantástico el texto, como siempre.
El Noi
19/04/2007 a las 15:49
No, maestruli, el asunto es que me da la sensación de que esta historia con final de canelones
no solamente es verídica sino que es cierta...
Anouk
19/04/2007 a las 15:48

Extraordinariamente relatado.
Algo tan comun en los muchachos entonces ,hacer "cachadas" por telefono ...pero confieso que este relato me emociono ,y estoy segura que a los autores de la travesura ,a traves del tiempo debe conmoverlos.
Nuevamente , muy bien redactado, felicitaciones y GRACIAS!
Hernán Pablo Nadal
19/04/2007 a las 15:47
Che Hernán, sos un hijo de puta.
Yussef
19/04/2007 a las 15:47
Perdón, ya estaba apuntado mi "que". Van cagando los comentarios.
Blog de a Dos
19/04/2007 a las 15:45
Hernan
Siempre te leo y me divierte lo que escribis, pero esta vez realmente espero que sea ficcion y que ninguna madre se haya quedado esperando la visita de su hijo.
Y ya que estoy te mando una correccion. Cuando CHIRI dice con voz de mujer: "...claro, pero eso es lo te gusta", no será "claro, pero eso es lo QUE te gusta"??
Un saludo
Yussef
19/04/2007 a las 15:44
Me permito una licencia: decirte hijo de puta. El relato muestra dos caras de la crueldad que siempre me han empequeñecido el corazón. Como radiógrafo te ganás el insulto, pero te puteo con el sombrero en la mano y una sonrisa.

Por un lado el chiste tonto, la competencia entre amigos que se superan, aún sabiendo que en el camino dejan gente apretando los labios o lanzándole puteadas a un auricular mudo. La otra cara del asunto, Tangalanga retroactivo, la que no podría haberse descripto de mejor manera, es la de ir más allá, cruzar la línea, cruzarla tanto que ya ni ves dónde está. La imagen de los dos en sillones donde contemplan esa desolación es tan icónica que duele. Puntazo.

Este relato en particular me encantó. Justo subí un post hace poco un post sobre las casualidades al teléfono, así que me sorprendió gratamente leer éste.

Con miedo de romper la magia que ha quedado acá en esta oficina mía, resonando como el tono de un teléfono, te apunto:

CHIRI (voz de mujer): —...claro, pero eso es lo )que( te gusta.

Un abrazo grande,

José.
Norma
19/04/2007 a las 15:44
Hernán, quizás no entiendas bien lo que pudo haber sentido esta "vieja" porque no te tocó vivir nunca esta situación. Ojalá nunca te pase.

No soy "una vieja" tengo 50 años pero la vida me golpeó algo, y también espero con anhelo el llamado de alguna de mis dos hijas, Ceci o Lucía. Hubiera reaccionado de la misma manera que esta mujer. Realmente le causaste una gran alegría primero y después .. simplemente quedó esperando.

Quizás por milagro, Dani la llame alguna vez. Quizás se conforme pensando que por lo menos la llamó y que no llegó a tiempo para estos canelonres.

De todos modos, comprendo tus juegos infantiles o pre adolescentes. Lo importante es que descubrieron que en el fondo tienen sentimientos.

Felicitaciones por la página.

Norma
Maestruli
19/04/2007 a las 15:43
Iba a preguntar lo mismo que Samael: existe "corvatura"? La voy a buscar al diccionario ya mismo.

Ah... en el diálogo, cuando el Chiri habla con voz de mujer:

—...claro, pero eso es lo QUE te gusta

Sos cruel Hernán, muy cruel, le podrías haber inventado a la vieja que se te iba el micro, que todavía no era el momento de verla, etc... En fin, igual no sería literario, supongo que por eso le hiciste preparar los canelones.
El Noi
19/04/2007 a las 15:42
Dios Mío....

HACÍA MUCHO QUE NO ME REÍA TANTO CON UN TEXTO TUYO, CHABÓN.

Concuerdo completamente con lo que dice Lorena. El tema es que lo del plato frío de canelones y la soledad de paredes oscuras y mantel a cuadritos de esa señora es un golpe al estómago....

ERAS UN TURRO DE MIERDA!

Y NO TE OLVIDES QUE ACÁ VOS TENES PUBLICADO TU TELÉFONO CELULAR....

Armando
19/04/2007 a las 15:40
Los 17 son buena edad para que acabe la adolescencia Hernán, y terminarla con la maldad pudo no ser tan malo. Con tu suerte, ese tal Daniel lee esto y se lanza, 19 años después, por un plato caliente de canelones.
MD
19/04/2007 a las 15:40
Qué triste. Yo te diría que esos canelones no se van a enfriar nunca para tí y tu amigo. Deben seguir humeantes
Lorena
19/04/2007 a las 15:36
Me acuerdo cuando yo hacía esas bromas también.... pero nunca algo tan fuerte....
Pobre esa mujer che!!

Igual el relato está buensimo Hernán...
Guillermina
19/04/2007 a las 15:34
Primera vez que comento, pero lograste estrujarme la garganta... Por favor que sea mentira, pobre vieja!!!!
No tenés corazón, me morí de pena pensando en el plato de canelones esperando al hijo ausente...
Saludos y reverencias
Carla
19/04/2007 a las 15:31
Muy tarde...
samael
19/04/2007 a las 15:31
Recuerdo mis bromas a la familia "Seis Dedos"... al menos existian dos en Cordoba... genial el texto!
Como siempre, exelente.. hace un par de meses que estoy en Barcelona y tu blog ha sido la mejor guia "lonley planet" que he conseguido...
Una duda Hernan, es "corvatura"?
Maestruli
19/04/2007 a las 15:28
Quinto!!!
Sara
19/04/2007 a las 15:26
cuarta???
 diegokbzon
19/04/2007 a las 15:25
pucha! me ganaron de mano
fonzie
19/04/2007 a las 15:24
que lo pario, meti el uno dos
fonzie
19/04/2007 a las 15:23
pri?