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Teorías
martes 23 de febrero, 2016

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Teorías
martes 23 de febrero, 2016

De noche coleccionamos cosas

   

Todos nosotros, los ricos y los pobres, los infelices y los distraídos, los occidentales e incluso los que tienen la suerte de usar túnica en verano, todos, sin que importe la raza o la elección sexual o el modelo del iPhone o el corte de pelo, ¡todos!, coleccionamos por la noche algunas cosas en la oscuridad de nuestra habitación.

—¿Sellos postales?

No… Estoy iniciando una metáfora: no se trata de cosas verdaderas como etiquetas de cerveza, ni sellos postales, ni púas de guitarristas famosos; son otras cosas.

—Ah, vale. Perdón.

Se trata de cosas pequeñitas, que a veces se pueden tocar y otras veces solamente se pueden evocar. Podría llamarles partes, ejemplares, muestras, porciones, fragmentos. O pitutos. O pequeños objetos. Pero prefiero decirles ‘cosas’, aunque a los profesores de literatura les parezca un sustantivo pobre. Son cosas propias, muy íntimas, que solamente nosotros sabemos cuánto esfuerzo nos cuesta traer a la oscuridad de la almohada, y con cuánto vicio buscamos durante el día.

Antes de ir a dormir sacamos de los bolsillos estas piezas (estas ‘cosas’) y las acomodamos en unas estanterías que están al costado de la cama.

—Al costado de la cama no tengo estanterías, tengo un póster del Real Madrid.

Esas estanterías también son metafóricas. Es necesario que el lector deje de pensar ahora mismo de forma lineal. De lo contrario va a ser muy complicado avanzar con esta idea.

—Ah, vale, vale. Perdón.

Las ponemos (a estas ‘cosas’) en nuestras estanterías metafóricas y las miramos: las equiparamos con otras muy parecidas que trajimos la noche anterior. Las sopesamos. A veces les comparamos el peso y la estatura. Y después suspiramos con alivio, porque nos encanta sacar de los bolsillos una o dos más cada noche.

—¿Son algo así como pelusa, o arena, que traemos de la calle?

No. No son pelusa ni arena, ni nada que haya realmente en los bolsillos. El hecho de sacar estas cosas de los bolsillos también es una idea simbólica.

—Pues entonces, tío, ponme un ejemplo porque no estoy entendiendo nada.

No importa qué son, pero daré una pista. Intente recordar el lector en qué piensa por la noche, qué lo desvela antes de dormir, y entonces tendrá una respuesta personal e intransferible a esa pregunta.

—Ajá… Otra pista. Esa no ha funcionado.

Nos gusta tener muchas de estas cosas, y que cada noche sean más, y que al final del mes, o del año, compongan una serie. El acopio de estas cosas es nuestro combustible para poder dormir en paz; y, sobre todo, para levantarnos con alguna razón al día siguiente. Porque en realidad somos coleccionistas. Es lo único que somos, además de mamíferos y mezquinos.

—Si no pones un ejemplo esto se vuelve poético.

Algunos coleccionamos billetes, por ejemplo. No somos la mayoría, pero los que elegimos esta variante lo hacemos con gran dedicación. Quienes coleccionamos billetes somos un poco obsesivos: ya desde muy jóvenes queríamos ser ricos y, como bien dice el ciudadano Kane, no es difícil acabar millonarios si lo único que nos importa en la vida es acumular monedas, una atrás de la otra.

—Ahora nos vamos entendiendo. ¡Otro ejemplo!

Otros coleccionamos fobias: todas las noches traemos a la cama un miedo nuevo, un sobresalto flamante, que nos llega desde el borde de la infancia o desde el fondo de un romance que no funcionó. Pero no es una colección triste, porque el acopio nos hace más previsores. Los que coleccionamos miedos en general nos vamos a dormir un poco más temprano y nunca dejamos la habitación en la completa penumbra.

—Pues yo no colecciono nada de esto.

Y la mayoría de nosotros (la clase media del coleccionismo) acopiamos pedacitos diurnos de nuestro ego: si somos superficiales o frívolos, recopilamos los piropos que nos dijeron por la calle, o las miradas furtivas que nos hicieron con envidia o con deseo; si somos alumnos vanidosos, coleccionamos los ‘sigue así’ de las maestras más exigentes; si somos buenos amantes, evocamos nuestras acrobacias de cama, o hacemos crecer el número de nuestras parejas hasta traspasar la centena; si estamos viejos o nos hemos quedado solos, coleccionamos el nombre de todos nuestros nietos y sus gestos, o de todos nuestros gatos y sus ronroneos, o de todos los arrepentimientos de nuestra vida; si somos santos o estamos en una granja de rehabilitación, le enumeramos en voz baja a Dios las buenas acciones que hicimos durante el día y esperamos la tristísima recompensa; si somos asesinos le hacemos nuevas muescas a la culata de la sociopatía; si somos gerentes de banco, apilamos los rostros de los ancianos a los que engañamos congelándoles la pensión para ganar comisiones; si somos futbolistas acopiamos el rugido de la tribuna después de nuestros goles; y si estamos a punto de morir, coleccionamos incluso los parpadeos que indican que todavía estamos vivos.

—¡Joder, tío! Todo eso haréis vosotros los argentinos. Aquí nos quedamos dormidos sin tanto jaleo.

No. La colección nocturna es nuestra única gran coincidencia, sin que importe el tiempo ni la geografía. Somos diferentes en todo menos en eso. Por ejemplo, no se parecen en casi nada un musulmán y un boliviano. Ni tampoco un herrero medieval se parece en nada a un hipster holandés. Ni el propietario del último piso del edificio más alto de Dubai se parece en nada al adolescente que agoniza en un hospital público de Managua, por culpa de una enfermedad que tiene cura. Nos parecemos únicamente en algo.

—Según mi abuela, en que los mismos gusanos nos comerán a todos.

Es verdad. Y en algo más. En que cada noche, antes de quedarnos dormidos, coleccionamos nuestras minucias con ambición y ansiedad (billetes, miedos, vanidades; es lo mismo). Y creemos que todavía no pudimos completar la colección. Y confiamos en que al otro día, con suerte, quizá podamos conseguir un poco más, y después otro poco, para estar más cerca de la felicidad ilusoria que supone coleccionar ridiculeces que no valen nada, pero que sin embargo deseamos tanto conseguir.

—Y tú, argentino, ¿qué coleccionas por la noche?

Antes de irme a acostar, y a veces incluso ya dormido, colecciono diálogos: conversaciones falsas con un lector que casi nunca me entiende.

—¿Y te alcanza con eso para ser feliz?

A veces sí; a veces no.

Hernán Casciari
martes 23 de febrero, 2016


De noche coleccionamos cosas

por Hernán Casciari

Todos nosotros, los ricos y los pobres, los infelices y los distraídos, los occidentales e incluso los que tienen la suerte de usar túnica en verano, todos, sin que importe la raza o la elección sexual o el modelo del iPhone o el corte de pelo, ¡todos!, coleccionamos por la noche algunas cosas en la oscuridad de nuestra habitación.

—¿Sellos postales?

No… Estoy iniciando una metáfora: no se trata de cosas verdaderas como etiquetas de cerveza, ni sellos postales, ni púas de guitarristas famosos; son otras cosas.

—Ah, vale. Perdón.

Se trata de cosas pequeñitas, que a veces se pueden tocar y otras veces solamente se pueden evocar. Podría llamarles partes, ejemplares, muestras, porciones, fragmentos. O pitutos. O pequeños objetos. Pero prefiero decirles ‘cosas’, aunque a los profesores de literatura les parezca un sustantivo pobre. Son cosas propias, muy íntimas, que solamente nosotros sabemos cuánto esfuerzo nos cuesta traer a la oscuridad de la almohada, y con cuánto vicio buscamos durante el día.

Antes de ir a dormir sacamos de los bolsillos estas piezas (estas ‘cosas’) y las acomodamos en unas estanterías que están al costado de la cama.

—Al costado de la cama no tengo estanterías, tengo un póster del Real Madrid.

Esas estanterías también son metafóricas. Es necesario que el lector deje de pensar ahora mismo de forma lineal. De lo contrario va a ser muy complicado avanzar con esta idea.

—Ah, vale, vale. Perdón.

Las ponemos (a estas ‘cosas’) en nuestras estanterías metafóricas y las miramos: las equiparamos con otras muy parecidas que trajimos la noche anterior. Las sopesamos. A veces les comparamos el peso y la estatura. Y después suspiramos con alivio, porque nos encanta sacar de los bolsillos una o dos más cada noche.

—¿Son algo así como pelusa, o arena, que traemos de la calle?

No. No son pelusa ni arena, ni nada que haya realmente en los bolsillos. El hecho de sacar estas cosas de los bolsillos también es una idea simbólica.

—Pues entonces, tío, ponme un ejemplo porque no estoy entendiendo nada.

No importa qué son, pero daré una pista. Intente recordar el lector en qué piensa por la noche, qué lo desvela antes de dormir, y entonces tendrá una respuesta personal e intransferible a esa pregunta.

—Ajá… Otra pista. Esa no ha funcionado.

Nos gusta tener muchas de estas cosas, y que cada noche sean más, y que al final del mes, o del año, compongan una serie. El acopio de estas cosas es nuestro combustible para poder dormir en paz; y, sobre todo, para levantarnos con alguna razón al día siguiente. Porque en realidad somos coleccionistas. Es lo único que somos, además de mamíferos y mezquinos.

—Si no pones un ejemplo esto se vuelve poético.

Algunos coleccionamos billetes, por ejemplo. No somos la mayoría, pero los que elegimos esta variante lo hacemos con gran dedicación. Quienes coleccionamos billetes somos un poco obsesivos: ya desde muy jóvenes queríamos ser ricos y, como bien dice el ciudadano Kane, no es difícil acabar millonarios si lo único que nos importa en la vida es acumular monedas, una atrás de la otra.

—Ahora nos vamos entendiendo. ¡Otro ejemplo!

Otros coleccionamos fobias: todas las noches traemos a la cama un miedo nuevo, un sobresalto flamante, que nos llega desde el borde de la infancia o desde el fondo de un romance que no funcionó. Pero no es una colección triste, porque el acopio nos hace más previsores. Los que coleccionamos miedos en general nos vamos a dormir un poco más temprano y nunca dejamos la habitación en la completa penumbra.

—Pues yo no colecciono nada de esto.

Y la mayoría de nosotros (la clase media del coleccionismo) acopiamos pedacitos diurnos de nuestro ego: si somos superficiales o frívolos, recopilamos los piropos que nos dijeron por la calle, o las miradas furtivas que nos hicieron con envidia o con deseo; si somos alumnos vanidosos, coleccionamos los ‘sigue así’ de las maestras más exigentes; si somos buenos amantes, evocamos nuestras acrobacias de cama, o hacemos crecer el número de nuestras parejas hasta traspasar la centena; si estamos viejos o nos hemos quedado solos, coleccionamos el nombre de todos nuestros nietos y sus gestos, o de todos nuestros gatos y sus ronroneos, o de todos los arrepentimientos de nuestra vida; si somos santos o estamos en una granja de rehabilitación, le enumeramos en voz baja a Dios las buenas acciones que hicimos durante el día y esperamos la tristísima recompensa; si somos asesinos le hacemos nuevas muescas a la culata de la sociopatía; si somos gerentes de banco, apilamos los rostros de los ancianos a los que engañamos congelándoles la pensión para ganar comisiones; si somos futbolistas acopiamos el rugido de la tribuna después de nuestros goles; y si estamos a punto de morir, coleccionamos incluso los parpadeos que indican que todavía estamos vivos.

—¡Joder, tío! Todo eso haréis vosotros los argentinos. Aquí nos quedamos dormidos sin tanto jaleo.

No. La colección nocturna es nuestra única gran coincidencia, sin que importe el tiempo ni la geografía. Somos diferentes en todo menos en eso. Por ejemplo, no se parecen en casi nada un musulmán y un boliviano. Ni tampoco un herrero medieval se parece en nada a un hipster holandés. Ni el propietario del último piso del edificio más alto de Dubai se parece en nada al adolescente que agoniza en un hospital público de Managua, por culpa de una enfermedad que tiene cura. Nos parecemos únicamente en algo.

—Según mi abuela, en que los mismos gusanos nos comerán a todos.

Es verdad. Y en algo más. En que cada noche, antes de quedarnos dormidos, coleccionamos nuestras minucias con ambición y ansiedad (billetes, miedos, vanidades; es lo mismo). Y creemos que todavía no pudimos completar la colección. Y confiamos en que al otro día, con suerte, quizá podamos conseguir un poco más, y después otro poco, para estar más cerca de la felicidad ilusoria que supone coleccionar ridiculeces que no valen nada, pero que sin embargo deseamos tanto conseguir.

—Y tú, argentino, ¿qué coleccionas por la noche?

Antes de irme a acostar, y a veces incluso ya dormido, colecciono diálogos: conversaciones falsas con un lector que casi nunca me entiende.

—¿Y te alcanza con eso para ser feliz?

A veces sí; a veces no.

Hernán Casciari
martes 23 de febrero, 2016


Podés ver a Hernán Casciari en el teatro


 lua
06/09/2016 a las 21:02
Me emociona encontrar este tipo de coleccionistas, como vos.
En mi caso, antes de dormir invento una nueva historia o tengo una conversación que nunca existió. Me imagino con mis amigas, diciendoles cosas que nunca dije pero me gustaría decir. Expreso mis teorías, lo que opino del mundo, lo que escribí mentalmente mientras viajaba en colectivo. Escribo lo que no tuve tiempo de escribir en papel.
Por eso me gusta leerte, no voy a decir que te entiendo, porque la verdad es que vos sos el que entedes y yo la entendida.
Y te agradezco.
09/04/2016 a las 16:29
Hola! soy nueva con el blog y con leerte Hernán. En realidad te escuché varias veces, no en la radio, sino en algún viaje largo en auto, de esos que requieren bastante preparación, como por ejemplo bajarte un par de cuentos y relatos leídos por su propio escritor o por algún otro que lo hace mejor. Así que desde ahí estaba pendiente esto de leerte. Me encantó haber empezado con este texto, sobre todo hoy que es sábado, recién me levanto y todavía recuerdo alguna cosa de la colección nocturna del viernes en la cama. Saludos!!!
 El Gusta
07/03/2016 a las 02:46
Un interlocutor gaita, es tan molesto en un escrito tuyo como en un doblaje de una serie yanki.
Si no me creés, tratá de fumarte un capítulo de Mad Men con Don Draper diciendo -¡Tío, coño, qué jaleo!
 Pili
03/03/2016 a las 17:31
Gracias.
 Samuel Acosta
02/03/2016 a las 18:27
Yo creo que Hernan pasó de la etapa de rememorar su infarto y divorcio, a la de comenzar a filosofar el verdadero sentido de la vida. No obstante, si logró que termine de leer su ensayo, es porque de alguna manera lo hizo bien. Fuerza Hernan, al fin estas superando el peldaño !
 Hugo Videla
01/03/2016 a las 16:49
Excelente Hernán, cada día me sorprenden más tus textos. Ojalá algún día vengas a Mendoza, Argentina.
01/03/2016 a las 06:58
Lamento mi comentario absurdo a uno de los mejores textos de los últimos tiempos. El mejor desde la resurrección de Hernan.

Merece una explicación. Estoy fuera de mi país y quería ver si la banderita cambiaba sola por esos milagros de la internet. No, no cambia...
01/03/2016 a las 12:15
Jeroglifico.
no estás bien....
01/03/2016 a las 06:50
Quiero hacer un experimento con lo de las banderitas.
29/02/2016 a las 23:49
Decime cómo es esto de que me tengo que enterar que vas a volver a editar Orsai por revistas ajenas! Horrible, Casciari, horrible.
 Veronica Moreira
29/02/2016 a las 22:13
Hernan, te invitamos a casa a tomar mate y a tener una charla real con dos lectores q si no te entendemos, prometemos al menos intentarlo. Venite cuando quieras.
 Ivo Torres
29/02/2016 a las 17:49
Read this: Proletari-ano - http://hysteria.mx/proletari-ano/
 Nombrador
29/02/2016 a las 16:55
Al costado de la cama yo no tengo estanterías. Pero tengo un smartphone sobre la mesa de luz. Allí guardo videos, fotos y archivos de texto. Hace poco descubrí que no puedo reproducirlos bien, que las cosas aparecen con pequeñas distorsiones. Primero pensé que era culpa de un virus. Después sospeché de los desalmados y ambiciosos proveedores del servicio que siempre se las ingenian para cobrar más a cambio de menos. Pero luego descubrí que la trampa estaba en la letra chica del mundo desde hace dos mil años. "No podemos bañarnos dos veces en el mismo rio, porque las aguas son distintas y los hombres somos distintos". Lo dijo un ciego también, "la cambiante forma de la memoria está hecha de olvido”, tal vez acariciando el mismo gato negro que acariciaba Heráclito (¿o era otro?). Coleccionar es un intento inútil de amojonar y encauzar el turbulento rio que se llevará este comentario hacia destinos inciertos. Y , lamentablemente, Messi no verá un segundo antes de morir todos sus goles desde todos los ángulos de la tribuna.
 Matias Fernandez
29/02/2016 a las 19:12
Buena reflexión. Me gustó la frase: La trampa esta en la letra chica del mundo. Dolina dijo una vez "vino alguien de la fiscalia del universo y dijo: en el centro mismo de la creaccion esta escrito...". Tu frase esta a la altura de Dolina, no es poca cosa.
 Vincenzo Delre
28/02/2016 a las 20:45
Gracias por compartir, todos coleccionamos cosas y cosos. He visto una serie para niños en Pakapaka donde Santi, un nene de 4 años con un amigo invisible parecido a un oso-truño peloso muy dulce, colecciona cosos. Es muy lindo, colecciona cosos como boletos del bondi o broches. Y quiere sus cosos. Mi hija que tiene poco más de un año también tiene cosos, su preferido es una foto de Totó, su perro hermano. Como ellos, también el viejo Hiroshi Tanaka, que hoy se volvía a Japón con sus 98 años, colecciona cosos... Solo que el viejo Hiroshi tiene una colección de cosos que pesa más.
 Tino Mendieyta
27/02/2016 a las 05:02
Envidio el sueño fácil de los niños, de los simplones..Porque por más partido de cansancio que ocupe mi sitio en la cama, mis piezas del museo interior cobran vida..(buena idea para una película, tal vez me desvele pensando en algunos gags al respecto)
 Demianchu
26/02/2016 a las 16:28
Diferente pero me gusta! ...
"¡Joder, tío! Todo eso haréis vosotros los argentinos. Aquí nos quedamos dormidos sin tanto jaleo.." me dio risa, es tal cual jejejejjee
26/02/2016 a las 02:17
Tengo un amigo que coleccionaba "unos contra uno" y triangulaciones, soñando en llegar 15 años después a hacerlo para la tele, dirigiendo un equipo de fobal de primera en el país del fobal... siendo DT de hockey. En honor a que 15 años más tarde ahí lo tienen (en Defensa y Justicia) escribí esto como homenaje en www.holandia.futbol (un blog cuya única finalidad es que yo publicase UN post sobre mi amigo).

Debía correr el año 1998. Por casualidades de la vida, mi jefe de aquel entonces me mandó a la casa de Adrián Paenza a “conectarlo a Internet”. En esos tiempos, una cosa tan trivial podía considerarse un proyecto de ingeniería doméstica. El famoso periodista se me reveló como alguien metódico y amable, confirmando la impresión que daba por la tele.

Había en la casa de Paenza algo que llamó mucho mi atención: en la pared más larga de su estudio, que para mi memoria tendría unos 5 metros, varias bibliotecas móviles se desplazaban silenciosas. En cada una de ellas, apretujados, había una procesión (serían centenares) de casetes VHS de fútbol y de la NBA numerados y etiquetados. En su Macintosh, Paenza tenía listados en documentos Excel, donde indexaba los momentos importantes para saber qué tape revisar y en qué tiempo, para encontrar las jugadas relevantes. En esa época, yo ya sabía (gracias a mi trabajo diario) que Apple iba en un par de años a revolucionar el mundo del vídeo incorporando a todos sus equipos puertos digitales (FireWire), que a la vez serían adoptados por la mayoría de los fabricantes de filmadoras del mundo. Eso dispararía infinidad de nuevos usos en ámbitos muy diversos y, cómo no, en el deporte. Me fui de la casa de Paenza obsesionado con crear un “anotador digital” para vincular ideas con momentos de vídeos de fútbol sin tener que poblar estantes de casetes.

La casa de Paenza iba a caber en un portátil. Un entrenador podría buscar “Batistuta” y encontrar centenares de jugadas del artillero para verlas al instante. La idea era buena, pero yo tenía un problema: no soy programador. Lo resolví apelando a otro defecto: soy muy testarudo. Así que compré un libro que enseñaba a programar desde cero y empecé en la hoja 1. Mi proyecto de prácticas para aprender a programar era esa herramienta deportiva con la que soñaba. Le robé tiempo durante años a mis horas de sueño y desafié la paciencia de mi esposa hasta que tuve algo más o menos decente, que funcionaba y podía serle útil a entrenadores de verdad.

Una de las cosas raras que me encontré por el camino, enseñando esa herramienta antaño novedosa, fue a Ariel Holan.

Yo estaba en mi ciclo interminable de añadir funciones que hicieran más potente mi invento (a la vez que me garantizaban que jamás lo acabaría) cuando coincidí con él. Era evidente que nunca había visto nada igual y que le gustaba mi programa. Hicimos un acuerdo de palabra: él aportaría su visión de entrenador y yo la incorporaría al software para mejorarlo. Holan tenía un problema en aquellos tiempos pre-iPhone: no tenía una Macintosh, necesaria para usar mi software que no funcionaba en otro tipo de computadora. Lo resolvió apelando a su atributo diferencial, la pasión: vendió su auto para comprarse la computadora que iba a destinar solamente a mi software. Se quedó a pie para ayudar a un no programador desconocido a tratar de terminar una herramienta de pronóstico incierto porque había visto algo que le permitiría mejorar su entrenamiento en un deporte amateur.

El cerebro de Holan no está dividido en dos hemisferios al uso: una parte se dedica a mejorar a sus dirigidos y otra, a perfeccionar su propio proceso de entrenamiento en un bucle obsesivo. A partir de ahí comenzamos una relación de trabajo interesante para los dos: él tenía un software inacabado (e inacabable) pero que al menos le daba las herramientas necesarias para mejorar su disciplina, y yo, un curioso incurable, me adentré en las rutinas de un científico del deporte.

Holan es una máquina de trabajar. La época que mejor recuerdo es la de la selección uruguaya de hockey. Nos íbamos conduciendo desde Buenos Aires a Montevideo para pasar una semana entrenando en la única cancha sintética de todo Uruguay. Era compartida por varios equipos del campeonato local, que tenía una dimensión comparada con el argentino (en el cual Holan había dirigido a los mejores equipos) como la de una pulga a un perro. El hockey de Uruguay era una pulga y el de Argentina un Gran Danés. A pesar de esto, en 2 años Uruguay ganó una medalla de bronce en los Juegos Panamericanos de la mano de Holan.

El día comenzaba a las 5 AM. Las jugadoras, amateurs, trabajaban o estudiaban y tenían que entrenar en horarios increíbles y en doble turno: cuando Montevideo aún dormía ya estaban entrenando, y cuando todo Uruguay estaba preparando la cena estaban de vuelta corriendo bajo el frío. Y ahí estaba primero Holan, a los gritos. Creyendo que, además de llegar a entrenar a las 6, éstas debían llegar despiertas y alertas.

Yo me dedicaba a filmar los entrenamientos, y cuando acababan, los cargaba en la computadora donde él analizaba el trabajo. Discutíamos sobre la mejor forma de avanzar mi software y el rendimiento de su equipo: una de las máximas de Holan es que, sobre todo en un país futbolero como Argentina, cualquiera puede explicar qué se ha hecho mal en un partido, pero que lo difícil es tener métodos para enseñar a corregir los errores y automatizar los movimientos correctos. Esto se aprende con el trabajo como entrenador, cosa que él hacía desde los 16 años, y siempre usaba la tecnología para apoyar sus “driles”, nunca para enseñar lo evidente o sermonear deportistas. “La número 4 ya sabe que perdió la bocha 5 veces, yo uso el vídeo para incorporarle herramientas nuevas que la alejen de ese error”. Las jugadoras se iban a la universidad o al trabajo y se olvidaban del deporte hasta el otro día, mientras Holan seguía analizando y revisando material filmado y sus anotaciones, en jornadas interminables. No recuerdo ningún día de trabajo que no haya acabado simplemente cuando se le caían los ojos a pedazos, y tengo la imagen borrosa de verlo dormirse sentado en la mesa en medio de balbuceos relacionados con “unos contra unos” y la superioridad numérica.

Armado con su portátil de plástico blanco, improvisaba charlas técnicas hasta dentro de un desvencijado bus “1114” en movimiento, minutos antes de un partido. Llamaba primero a las defensoras y les enseñaba jugadas, cuando veía que se quedaban casi dormidas convocaba a las delanteras y luego se metía en su mundo interior, ahí donde piensa cómo mejorar aún más su “proceso”. Si no hablaba de hockey, terciaba con el fútbol, su gran pasión.

Ya en aquella época tenía decidido abandonar el deporte que había dominado 20 años, para intentar hacerse un lugar en el hermético mundo del fútbol. En el país de Las Leonas, él, que siempre estaba entre los candidatos para conducirlas, se empecinaba en dejar el palo y la bocha de lado para meterse en un universo cerrado donde nadie lo conocía. Sabía que haciendo el mismo trabajo de siempre podía ganarse la vida mucho mejor, por las cifras que maneja el fútbol profesional, y encima cumplir su sueño. Más allá del dinero, creo que soñaba con contar con más recursos para poder alimentar su sistema, deseoso de tener un equipo imbatible respaldado por una legión de colaboradores sincronizados a la germana. Sabía también que no había ningún entrenador profesional de fútbol en el país que no haya sido antes futbolista, y que demostrar su valía le iba a costar muchísimo. El destino me llevó a vivir en Barcelona desde 2003. Holan seguía trabajando con el software que yo jamás acabaría y como ahora es sabido, empezó a colaborar con técnicos de fútbol como Burruchaga y Almeyda, en proyectos importantes y algunos épicos como devolver a River Plate a la “A”.

Por causas naturales empecé a ver partidos del Barcelona en mi nueva ciudad, donde debutaba Messi, el sobrenatural. A pesar de mi ignorancia, cuando veía jugar al Barça me acordaba de Holan y las interminables horas de entrenamiento filmadas, donde intentaba que sus equipos de hockey amateur hicieran lo que yo veía en los dirigidos por Rikjard: el arquero se la pasaba, con el pie! a un defensa, que trataba de salir jugando. Cuando se cerraba el camino, vuelta al arquero y empezaban de nuevo. Nadie tiraba un pelotazo de 50 metros. La pelota iba rápida, como una bocha de hockey. La cancha tenía el césped cortísimo y regado, parecía una de hockey sintético. Atacaban todos en bloque y si perdían el balón se mataban por recuperarlo, con Messi como defensor más adelantado. Los árbitros no toleraban más de una o dos faltas violentas antes de mandar a un jugador al vestuario. Era otro deporte, no parecía el fútbol que yo conocía. Rikjard es holandés, cultor de la escuela futbolística admirada por Holan (y de gran influencia en el hockey de todo el mundo).

Entonces todo encajaba: no era que el Barça se había inspirado en un entrenador gritón de Lomas de Zamora, sino que la estética holandesa había penetrado el hockey del mundo antes de ocupar el escaparate global del fútbol con los éxitos del Barcelona de Guardiola inspirados en Cruyff.

Doce años después de haberse empecinado en dejar el hockey para meterse en el fútbol, algunos se sorprenden al ver trabajar a Holan en Defensa y Justicia. No deberían.
26/02/2016 a las 00:19
Hernan, este cuento me sorprendio. Fue un cambio de juego de lado a lado de lo que estamos acostumbrados a leer, igual me gusto aunque tuve que ponerme un poco mas serio para entenderlo.
26/02/2016 a las 00:20
En que buena posicion vine a tocar 69
 Diana Hernández
25/02/2016 a las 20:06
Hernán, hiciste de tu blog un reality show literario donde aparentemente una buena parte de tus lectores no les gusta tu nueva vida. Al menos eso entiendo.

¿Por qué no haces dos blogs o novelas paralelas? Una donde vuelves con Cristina y regresas al viejo mundo y otro con tu nueva vida (o de otra cosa), donde quizás hasta puedas obtener lectores nuevos. Ni siquiera necesitas informar cual es la historia verdadera.

Solo una idea.
 Matias Fernandez
25/02/2016 a las 21:18
Hernan jamás nos mentiria de ese modo! Muejeje.
 Chichita
25/02/2016 a las 21:48
Daiana hernandez como se nota que no conoces a Hernan::
25/02/2016 a las 14:00
Quedé más off side que el gallego imaginario.

Para mí que éste fuma más ahora que antes, no sé, se las dejo picando ...
  S0L!
25/02/2016 a las 12:42
Totalmente "preinfártico" y PREFECTO!!
25/02/2016 a las 12:18
Hernán, ayer le hice escuchar a mi vieja tu audio "prohibido decir negro de mierda" y a los dos minutos se llevó, por primera vez, un libro tuyo a la mesita de tomar mate. Volvió y me preguntó cuántos libros tuyos tenía.
"Tenemos que conseguir los que faltan nene"
Que se agarre la tarjeta de crédito viejo
 matias32
25/02/2016 a las 10:18
Hernan...soy un lector tuyo anonimo desde hace mucho. Hoy me registre porque me senti demasiado identificado.
Mi hermoso trabajo es ser arquero de futbol. Y antes de domir saco de mis bolsillos una y otra ves atajadas mias, errores que corregir y si tengo suerte algun sueño me acompaña...y sigo atajando...gracias por este relato. Te admiro mucho.
25/02/2016 a las 02:23
Qué lindo Hernán. Me recuerda a charlas con mi hemisferio derecho. O como se llamase.
  S0L!
25/02/2016 a las 12:42
Mechita sos hermosa!
 matias fuentes
24/02/2016 a las 17:58
Pero que tipos pelotudos, cómo vas a tener que explicarle a lo que te referías jajaja no hablo el del dialogo imaginario , hablo de algunos comentarios que tuvieron qyue leerlo dos veces y otros que directamente no entendieron o no tienen conciencia jaja
Grande Hernan, abrazo
 Matias Fernandez
25/02/2016 a las 01:17
Y viste es asi... Segun mi experiencia en este blog hay de dos clases, los que no entienden a Hernan y los que no entienden los post de otros lectores. Asi como es importante convivir con el idiota que llevamos dentro, hay que saber convivir con ambas clases de pelotudos.
 Sebastián Martinez
24/02/2016 a las 14:25
Venía sin terminar de entender hasta el último párrafo; al final caí, yo también colecciono conversaciones falsas.
24/02/2016 a las 10:50
Parece que llego a la noche demasiado hecho mierda y me estoy perdiendo algo.Probaré acostarme un rato antes.La cuestión es la mañana. Los mismos casilleros libres.
 Nazareno Reschini
24/02/2016 a las 10:12
Los futbolistas que vivimos de otra cosa, coleccionamos aquellos goles o jugadas que hicimos y que casi nadie vio o recuerda.
Nos hace sentir que fuimos algún chico de la película.
 Matias Fernandez
24/02/2016 a las 16:50
A mi me pasaba lo mismo hasta que hice un gol con "caño a Yepes" al arquero incluido, encerrado contra el banderín de corner y jugando de primera apenas la recibí. El arquero me aplaudió y todo, como soy un jugador que podria llamarse y con justicia "un defensor rustico"... rustico rustico, se que ese "ataque de habilidad" como suele llamarse en las canchitas de los barrios del conurbano bonaerense, jamas en mi reputisima vida se va a repetir. De que sirve coleccionar jugadas que casi nadie vió y casi nadie recuerda si ya tenes la mejor de todas? Bienaventurados aquellos a quienes aun no les ha salido la jugada de su vida ya que después de eso, los años transcurren llenos de nada.
24/02/2016 a las 06:00
Como dijiste Hernán, ¡no se de qué estás hablando!

Creo que quien colecciona merece mi respeto, es lo más parecido a ser fan de algo y yo no soy fan de nada. Bueno, de nada que yo sepa.

Por cierto, Chichita comenta casi como tu escribes. Lo sacaste de ella?

Abrazos.
24/02/2016 a las 06:00
Pri Nicaragua
Pri Ecuador

Jeje!
 Matias Fernandez
24/02/2016 a las 06:35
A veces se me ocurre preguntarme a mi mismo si realmente es Chichita o es el gordo haciendose pasar otra vez por un ama de casa cincientona y querible. Me lo pregunto a mi mismo y no a Hernan porque dudaría de la respuesta que me dé, sea cual sea. Prefiero pensar que si, que Chichita nos acompaña y lee nuestros comentarios con ese orgullo que Hernan parece creer que ella no sienten por él.
24/02/2016 a las 14:43
De acuerdo Matías.

Igual que tu, prefiero leer a Chichita a saber la verdad.
 Chichita
24/02/2016 a las 17:46
hola!...hola!..acá estoy soy yo desde que nací...me llamo chichita y leo todos pero todos los comentarios corazones!
24/02/2016 a las 22:25
¿corazones? ¿dónde fue que escuché antes esta palabra?
 Carlos Mariano
25/02/2016 a las 01:14
Hola Chichita, es agradable leer tus comentarios. Sin mucha creatividad de mi parte podría decir: "de tal palo tal astilla"
Sabiendo que leés con atención todos los comentarios, imagino que intercambiarás opiniones sobre ellos con Hernán, o quizás simplemente aquellas cosas que te llamen la atención se transformen en esas minucias que con ambición y ansiedad Hernán colecciona cada noche antes de quedarse dormido.
 Francisco
01/03/2016 a las 12:44
Yo creo que es Hernan haciendose pasar por Chichita.
 Jhordan PLG
24/02/2016 a las 04:12
Yo coleccionó la incertidumbre de cómo ser un buen padre cuando aún me siento un mal hijo.
 Santi
24/02/2016 a las 03:09
Me encanta como escribís sin manos, seguí así!
24/02/2016 a las 02:23
Me gusta. En el deposito de las cosas que coleccionamos, y el inventario nocturno de esas colecciones ...siempre están llenas de nostalgia.
23/02/2016 a las 23:53
Un lector gallego tiene que ser muy imaginario para decir 'te alcanza'.
Claro, que este tiene un póster del Real Madrid 'al costado' de la cama. (Para decir 'al costado' tienes que estar traduciendo directamente del catalán, entonces sería el equipo de fútbol lo raro aquí...)
Los gallegos han sido inevitablemente colonizados por la argentinidad; no hay más que verlos pasear con el mate y el termo bajo el brazo, en vez del tradicional jamón de bellota que siempre han llevado con orgullo patrio.
 Jacque
23/02/2016 a las 23:52
Al igual que @NICOBONDER, coleccionaba discusiones con mi jefe. Pero acaba de despedirme y no pienso ser empleada de nadie mas, así que ahora tengo que pensar bien qué voy a coleccionar...Mientras no sean cuentas por pagar, cualquier cosa va a ser mejor que las discusiones con ese insoportable.
 Matias Fernandez
24/02/2016 a las 06:58
Hace poco deje de ser empleado y pasé a tener mi propio negocio. "Que bueno ser tu propio jefe, nadie te rompe las pelotas" dice la gente ... Yo tambien lo decía, lo que muy pocos saben es que cuando trabajas por tu cuenta la mayor parte del tiempo no sos tu propio jefe, sos tu propio empleado. A un jefe simplemente jefe le podes tirar la ley laboral o algun convenio colectivo a la primer resaca, un autojefe te hace laburar los feriados y ni juicio le podes hacer. Te aviso esto para prevenirte y evitarte que empieces a coleccionar discusiones con vos mismo.
23/02/2016 a las 23:11
Shh, guarda que en una de esas estamos siendo parte de algún experimento cayotesco. Seamos prudentes.
23/02/2016 a las 23:51
No seas cagón.
01/03/2016 a las 00:45
confiate villa....lo mismo le dijo el bambino a candelmo....
23/02/2016 a las 21:57
Me ha encantado.
 Matias Fernandez
23/02/2016 a las 20:47
Pri.
Tuve que leer 2 veces este post. La primera vez no podía concentrarme por culpa de ese "Ah, vale"... Primero pensé "Que gordo chanta, despues de escribir España decí alpiste...", me sentí generoso y decidí pasarlo por alto hasta que leí la reincidencia "Ah vale, vale." aca debo confesar que perdí las formas.
PERO QUE GORDO HIJO DE PUTA!!! QUE?! AHORA TE SENTIS EXILIADO EN TU PROPIA TIERRA FORRO?!...
Perdón por eso... No todos somos Gandhi. Hasta el momento en que me di cuenta que quien hablaba era un lector imaginario y gallego y entonces me ví obligado a avergonzarme de mi reacción (imaginaria tambien).
Yo tampoco te entendí al menos no a la primera, eso demuestra que no son solo españoles los que a veces no te entienden, como aquella vez de España decí alpiste.
Que te puedo decir Hernan? Vos coleccionas diálogos imaginarios con lectores que casi nunca te entienden. Yo colecciono dialogos imaginarios con escritores que casi siempre me entienden mas denlo que me entiendo yo mismo.
 Dani Garcia
23/02/2016 a las 20:40
Gordo ya han sacado la nueva temporada de Shameless (la versión americana, la buena, jejeje) y está increíble como era de esperar. Ya está todo dicho...
23/02/2016 a las 23:50
La versión buena es la inglesa. Pero lo que tiene la versión yanqui es a Emmy Rossum.
 Burt Munro
23/02/2016 a las 20:36
Pri en Misiones
Sigan participando losers
 Chiky Sosa
23/02/2016 a las 19:39
El tipo aparece los lunes por la noche, te hace un par de chistes y te pide agua, y cuando vas a la heladera chau, te abre el cajon y se lleva todas las palabras que tenés en la mesa de luz, el martes a la mañana ordena el botin de todas sus andanzas y después de almorzar las publica. Las usa a todas él y uno se queda sin palabras. Y el ahí, o acá, disfrutando de nuestra cara de pelotudos enmudecidos ante tanta belleza. Hasta el martes Hernan
 Matias Fernandez
23/02/2016 a las 20:51
Cuidado con eso que dicen que el Pomberito nació de un comentario que hiso un mapuche en un blog rupestre. A ver si esto tambien se transforma en mitologia urbana y de ahi a la realidad hay un solo paso.
23/02/2016 a las 23:49
La boca se te haga a un lado.
 Chiky Sosa
24/02/2016 a las 00:19
Cada vez que aparece un mito urbano me invaden dos temores: que el flamante mostro se coma a la chica de la esquina y que el mito termine en una película horrible con una rubia fuertísima que siempre muere en tetas antes de dejarnos varla fornicada por el muchacho que va a salvar la aldea...no se que es peor
 Matias Fernandez
24/02/2016 a las 06:46
Que probabilidad hay de quenla chica de la esquina haga de rubia fuertisima en la pelicula? Saber eso quiza explique que relacion hay entre ambos temores.
 FerUla
23/02/2016 a las 19:07
Al fin te dejaste de joder con tu infarto. Estabas monotemático. Me registré sólo para decirte eso...
Me gustan mucho tus cuentos. Saludos
 Despeinada
23/02/2016 a las 19:44
Pero es que el tema da para mucho más... es como cuando terminas un maratón, o cuando llegas a ser PRI en éste blog... sobrevivir a un infarto es algo que pocos lo logran. Deja deja... que el sacudidón nos beneficia a todos :)
23/02/2016 a las 23:49
Pienso volver en breve con el tema infarto. Y cundo me agarre hemorroides va a ser peor.
 huguito
24/02/2016 a las 20:24
No tenes?? no lo puedo creer..

Creía que tenias desde siempre...
 MaxiQAC
23/02/2016 a las 19:05
Que lindo Hernán!!!! Soy un "clase media" del coleccionismo nocturno.
 PPLANDA
23/02/2016 a las 18:10
CHAN!
 Santiago Blandón
23/02/2016 a las 18:06
Mirá este primer párrafo de cuento y decime sino sos un pupilo que lo dejaría orgulloso a Julio Cortázar, que muy pronto será tan genio como él. Te mando un abrazo desde Colombia.
"Me cuento historias cuando duermo solo, cuando la cama parece más grande de lo que es y más fría, pero también me las cuento cuando Niágara está ahí y se duerme entre murmullos complacientes, casi como si también ella se estuviera contando una historia. Más de una vez quisiera despertarla para saber cómo es su historia (solamente murmura ya dormida y eso no es de ninguna manera una historia), pero Niágara vuelve siempre tan cansada del trabajo que no sería justo ni hermoso despertarla cuando acaba de dormirse y parece colmada, perdida en su caracolito perfumado y murmurante, de modo que la dejo dormir y me cuento historias, lo mismo que en los días en que ella tiene horario nocturno y yo duermo solo en esa bruscamente enorme cama".
23/02/2016 a las 23:47
Gracias por ese párrafo!
 Despeinada
23/02/2016 a las 18:06
Siempre tuve mucho lío para entender las cosas. De niña, cuando los domingos íbamos a casa de la abuela, al regresar me emocionaba, porque nos subíamos al coche, y ahí me esperaban "las peliculitas"... Tardé bastante para enterarme que de alguna manera, el sueño que me daba en el coche era tan instantáneo que no me daba cuenta que "las peliculitas" eran sueños.. rápidos, intensos y muy recordables... nada qué ver con el lío de acostarse y esperar a dormir y en la mañana medio recordar un sueño vago. Cuando me enteré me puse triste y desde entonces la meta es intentar dormir sin pensar en nada... que si pienso, me viene la madrugada. Entonces me convierto en coleccionista de sueños :)
 Santiago Torreguitar
23/02/2016 a las 17:36
la felicidad, en palabras, de los martes.
Gracias Flaco (y si...)
 Chichita
23/02/2016 a las 17:35
Yo colecciono conversaciones con Raul..y recuerdo sus gestos hacia mi y demostraciones de cariño. Y Roberto escucha en silencio.Nunca me dice nada.Pero esta ahí....siempre esta ahí...
Y asi con mis dos guardianes me duermo acompañada...y feliz...con mi cabeza puesta en la almohada de Roberto y abrazada a la almohada de Raul.
Y duermo en paz....
 Diego De Paola
23/02/2016 a las 19:00
Genia
23/02/2016 a las 19:55
aplauso de pie!!!!
en serio
 Dexter Morgan
24/02/2016 a las 12:13
Me uno al aplauso.
Hermosísima poesía en forma de prosa.
Hernán, YA inaugurá la carpeta Chichita.
 Dexter Morgan
24/02/2016 a las 13:26
¿O no lo hacés porque tendrías que empezar a pagarle?
 Sebastián Martinez
24/02/2016 a las 14:30
Idola!!!
23/02/2016 a las 17:10
Yo suelo coleccionar cosas del tipo: expresiones. Y me quedo con estas para luego:

"llega desde el borde de la infancia o desde el fondo de un romance que no funcionó.."

Pd: tras leer el post me siento como si un pelotón de hormigas cabreadas me hubiesen echado una bronca con un megáfono, o como si..
 HH
23/02/2016 a las 17:03
Placer leerte che.....
23/02/2016 a las 16:37
Aguante el soliloquio y el "dialogiloquio" o como se llame esta nueva presentación de la misma locura :)
23/02/2016 a las 16:03
Che, solo yo soy el boludo al que no le andan los podcast o están teniendo algún problema?
23/02/2016 a las 16:33
si...
23/02/2016 a las 18:47
qué lo qué?
23/02/2016 a las 23:46
CONSEJO
Botón derecho en la descarga —> abrir en pestaña nueva.
23/02/2016 a las 15:50
Me encanta tu colega español, ahí aferrado a la tierra y a la heladera, como tiene que ser. Que salga más... sobre todo ahora que no estás.
23/02/2016 a las 17:05
Me duele que hables así de los españoles. Hernan ha estado viviendo en Cataluña, una región muy concreta de España, ni siquiera creo que haya podido conocer a todos los catalanes. Estoy seguro que le pueden salir Buenos escritos sin meterse con nosotros especialmente. Un saludo.
23/02/2016 a las 17:21
No se ponga susceptible señor :)
23/02/2016 a las 19:53
Susceptible??, aquí nos cabreamos directamente, sin tanto jaleo ; D
23/02/2016 a las 23:08
https://www.youtube.com/watch?v=0cjRAj1bk3U
24/02/2016 a las 10:07
Eso también es muy español, menos catalán, pero también :) con cariño.
24/02/2016 a las 10:07
Thevillacresporker, no te puedo responder ahí que no me sale el botoncito, pero con lo que yo he bailado a Ricky. Grazie mille!
 may
23/02/2016 a las 15:44
mi abuela decía "a la noche llegan los tigres del día, hay que dormirse antes de que lleguen y no poder dormir". Me hiciste acordar a ella.
23/02/2016 a las 15:40
que mierda escribiste gordo??? volvé a la cazuela de mondongo por favor!!!
 Juan Pedro Monteagudo
23/02/2016 a las 18:19
jajajajja crack!
 Sebastián Martinez
24/02/2016 a las 14:32
jajaja estuviste!!!
 Nicolas Barroso
23/02/2016 a las 15:31
¡La historia de mi vida!
 Carlos Mariano
23/02/2016 a las 15:31
 Carlos Mariano
23/02/2016 a las 15:40
Me gustó. De los últimos creo que es el mejor. Abre una hendija por donde entrar a un mundo lleno de "cosas", y con una amplitud tan grande como nuestra imaginación lo permita. Me gusta esta participación activa que permite el cuento, que le confiere esa profundidad.

Dos observaciones:

- Encuentro que tenés mucha necesidad de reafirmar tu argentinidad, tu ser argentino. Por eso dos veces tu lector imaginario (español) te lo menciona con énfasis.

- Me llama la atención cómo hechos fortuitos dejan su impronta en la cultura. El término pituto, si mal no recuerdo, fui introducido en nuestro léxico por el hermano de la asesinada María Marta Belsunce en el año 2002 para referirse a una munición de plomo. ¿un argentinismo?

Gracias
 Matias Fernandez
23/02/2016 a las 21:09
No mi amigo, el pituto es un pedazo de metal que sostiene estantes en los roperos, que siendo muy pelotudo o fingiendo serlo, puede confundirse con una bala.
 Dieter Mueller
23/02/2016 a las 22:10
En ferretería es pequeño soporte o saliente adosado a muebles o pared con múltiples usos. La vieja y querida "pijita". Pero a nivel RAE creo que solo aparece como un tomacorrientes chileno, de cualquier forma, es un "ismo".
23/02/2016 a las 23:44
Se puede decir pituto o piperno.
 Carlos Mariano
24/02/2016 a las 04:00
Gracias por las aclaraciones. Sabía que tenía esas acepciones pero, y ahí puede estar mi desconocimiento, entre nosotros es una palabra que no se utilizaba y que se hizo conocida con aquel hecho trágico. Hoy uno podría decir que es sinónimo de pendorcho y nos entenderíamos.
 Sebastián Martinez
24/02/2016 a las 14:33
Cosito que va en el coso...
23/02/2016 a las 15:30
A tu lector profano lo creaste aficionado del Real Madrid, ¡que meta mensaje!
 Clara
23/02/2016 a las 15:25
Me encantó, me encantó! Gracias!
23/02/2016 a las 15:17
Colecciono puteadas posibles contra mi jefe.
Colecciono las ganas de viajar que viene con subcolecciones; de Podré o no podré? De qué viviré a la vuelta? Lo disfrutaré o no?
Colecciono recuerdos de amigos que están a la distancia y los colecciono con miedo a haber completado la colección sin haberme dado cuenta.
23/02/2016 a las 14:59
De chico coleccionaba conversaciones con un entrenador de algun equipo de handball de alemania. Se suponía q en el anteúltimo año del secundaria con el colegio viajariamos a ese país, y yo me imaginaba preguntandole si podia participar de un entrenamiento, pero me tocó que caiga en 2001... no se podia organizar ni un viaje al rio de quilmes x entonces. Hace rato que ya no colecciono más esa conversación pero este post me la trajo nuevamente a la cabeza. Gracias!
Primera vez q comento, y no se muy bien xq lo hice.
23/02/2016 a las 23:43
¿Esa cara es tuya?
 Matias Fernandez
24/02/2016 a las 06:14
Y las conversaciones eran en alemán?
 Elisa
23/02/2016 a las 14:53
Sé exactamente de lo que hablás.
23/02/2016 a las 23:42
Qué suerte. Yo no.
24/02/2016 a las 00:08
Jajaja
23/02/2016 a las 14:43
"Antes de irme a acostar, y a veces incluso ya dormido, colecciono diálogos: conversaciones falsas con un lector que casi nunca me entiende."

¡que loco!...mi tía Teresa armaba diálogos posibles con sus vecinas y ensayaba las posibles respuestas. Coleccionaba estas charlas imaginarias hasta que patinó y empezó a hablar con las cosas....a veces me sorprendo haciendo los mismos diálogos previos y atajandome de antemano para parecer espontáneo...
al horno con papas
 Burt Munro
23/02/2016 a las 20:45
Pirucho Viñales detected!
24/02/2016 a las 04:45
eh! buchon!
 Lara
23/02/2016 a las 14:37
A los que nos encanta la soledad y el silencio, coleccionamos PAZ
 Liz Martínez Vivero
23/02/2016 a las 14:32
Colecciono recuerdos de sucesos por ocurrir, cuando Hernán por fin se decida a responderme todos mis mensajes o por lo menos alguno de ellos.
23/02/2016 a las 23:41
¡Tené paciencia!
 Juan Manuel Paz
23/02/2016 a las 14:31
Buenos días chamigo, quiero que sepas que estoy empezando a leer lo tuyo gracias a Laura, mi compañera de la vida...nos gusta mucho lo que haces y esta no es la excepción, se nota que volviste a nacer. Un abrazo fraternal
 Calabazza
23/02/2016 a las 14:30
Interesante punto de vista, creo que se puede conocer mucho de una persona por las cosas que colecciona por las noches
 Marce
23/02/2016 a las 14:29
Que bueno Hernán. Ponés en palabras tantas cosas que no sabría como explicar.
23/02/2016 a las 14:24
Últimamente colecciono reflectancia de teléfono.
 Juan Romero
23/02/2016 a las 14:18
¡Lean los cuentos antes de anotarse! ¡Malditos! (por poco y entro al top ten jeje). Hernan, creo q la destapada de arterias te vino muy bien
 Fludichis
23/02/2016 a las 14:17
Decir que las estanterías metafísicas son infinitas, aunque algo desordenadas.
 Rushada
23/02/2016 a las 14:16
No sé cómo hacer para des-coleccionar ciertos pensamientos obsesivos/recurrentes que me acompañan cada noche, Hernán. Tenés una receta?
23/02/2016 a las 15:35
Si hay 2*1 me anoto.
23/02/2016 a las 23:41
Para des-coleccionar pensamientos, o quitarse de encima melodías recurrentes, hay que cantar el himno con una sola vocal. (La receta es de Zambayonny, y funciona.)
24/02/2016 a las 00:11
En España lo cantamos con el "la" todo el tiempo y no da sueño para nada.
 Rushada
24/02/2016 a las 12:14
Muchas gracias! esta noche pruebo =)

(Y hablando de himno...ayer me crucé con un flaco que vestía una remera que con grandes letras tenía estampada la frase "OH JUREMOS CON GLORIA MORIR"...así, con H...)
 Oso
23/02/2016 a las 14:16
Sin muzza, sin faina, sin chorizo, sin faso. Igual tu musa nos sigue regalando lindos viajes. Abrazo
23/02/2016 a las 23:40
Fainá sí puedo. Sin sal, pero puedo.
 Matias Fernandez
24/02/2016 a las 06:19
Una faina sin sal es como un feriado que cae domingo. Sin asado ni futbol. Es, como una vez dige del chocoarroz, como querer coger y que te den un abrazo de amigos.
23/02/2016 a las 14:11
Buenísimo, gordo. Ahora, si me preguntas en qué pienso por la noche, qué me desvela antes de dormir te contesto con esto que escribí a las 2:47 de la matina. Ojalá te guste: http://gallardof.com/la-ovejita/
 alberto baru
28/02/2016 a las 07:43
DIOS MIO!!!!
 Gabriel Rotman
23/02/2016 a las 14:05
Hernan, simple y sencillamente BRILLANTE tu mirada . Esta noche colecciono este cuento sin dudas
23/02/2016 a las 13:58
"—¡Joder, tío! Todo eso haréis vosotros los argentinos. Aquí nos quedamos dormidos sin tanto jaleo."

Jajjajajaj :D :D

Estos argentinos filósofos sicólogos... :P
 Preto
23/02/2016 a las 13:54
Ojalá pudiera. Yo no colecciono nada. Solamente me voy a dormir, esperando que todo termine pronto.
 Mark C
23/02/2016 a las 13:48
Top Ten!
 Selva
23/02/2016 a las 13:45
TOP TEN?
 Selva
23/02/2016 a las 13:46
Primera vez en varios años que hago Top Ten!! Voy a coleccionar eso esta noche .
24/02/2016 a las 16:05
felicitaciones Villa Constitucion!!!
 MG
23/02/2016 a las 13:43
Top 6!
 Rape
23/02/2016 a las 13:42
Top 10, todo por olvidarme la contraseña.
 VeroB
23/02/2016 a las 13:42
Top 10?? Que emoción!!
 juanma
23/02/2016 a las 13:41
top ten?
23/02/2016 a las 13:41
Je... segundo honesto! Y soy nuevo comentando...
23/02/2016 a las 13:33
y tres
23/02/2016 a las 14:55
Esto ya no corresponde.
23/02/2016 a las 14:58
tenía más pero se me cayó el sistema....sospecho del primo willy
23/02/2016 a las 15:19
Hay que descalificarlo por actitú monopólica
23/02/2016 a las 15:46
¡Qué bueno! Todo un podio. Ahora voy a soñar con eso. El Toti es coleccionista de P....
24/02/2016 a las 04:50
Doctora G! estuve poniendo coments y nadie aportaba....pensé que todos habían desaparecido y pensé en poner "¡eh! despierten que casciari posteó!" y aparecieron todos
paciencia Genia...ya va a darse
24/02/2016 a las 10:10
Los sueños se cumplen, claro que sí. Arriba El Toti, campeón.
 Burt Munro
23/02/2016 a las 20:46
Hat trick!

El puto amo

El pichichi
23/02/2016 a las 13:33
segundo
23/02/2016 a las 14:55
Abuso!
23/02/2016 a las 23:37
Esos alardes están de más.
23/02/2016 a las 13:32
pri
23/02/2016 a las 14:51
Bien ahí!
23/02/2016 a las 15:45
¡Enhorabuena! Yo a la noche antes de dormir sueño con un P.... (no, no puto, ni puta) pero no lo veo nada claro.
23/02/2016 a las 17:10
Grande Toti!!!
Quedan esperanzas
24/02/2016 a las 04:46
no muchas pero quedan.....van a subir.