Orsai blog post

Vida privada
viernes 29 de agosto, 2008

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Vida privada
viernes 29 de agosto, 2008

Cuento con bruja y tramontina

       

Íbamos en un taxi por la avenida Álvarez Thomas. Al llegar a la esquina de la calle Lugones el semáforo nos detuvo y entonces pude mostrarle a mi hija la fachada de la casa: «Mirá, Nina, fue ahí; en ese balconcito el Chiri me acuchilló». Mi hija alzó la cabeza y vio la ventana triste que todavía, veinte años después, estaba sin pintar. Se emocionó al reconocer el escenario: fue como si hubiera llegado al bosque original de Caperucita y el lobo. Después me pidió que le mostrara la cicatriz y que le contara otra vez el cuento.

Abrí los dedos de la mano derecha y le dejé ver la herida. «Todavía se ven los puntitos donde te cosió el doctor».

A Nina, antes de dormir, le cuento historias reales que me ocurrieron en mil novecientos ochenta y nueve. No sé por qué resultan ser las más adecuadas, supongo que se trata de un tiempo sencillo, intenso, donde ocurrieron cosas que un chico de cuatro años puede entender con facilidad: una temporada llena de sorpresas. Fue la época en que acabamos el colegio y con el Chiri nos fuimos a vivir a Buenos Aires.

A mi hija le gustan las tramas en donde hay chicos que se van de casa a vivir aventuras nocturnas, sin adultos, con brujas y con cuchillos. Y más aún si uno de los chicos, generalmente el más gordito, es también su papá.

—Contame desde el principio.

Como el semáforo seguía en rojo, hice memoria y me recosté en el asiento.

Fue la noche en que Dustin Hoffman ganó un Oscar por la película Rain Man, le dije a Nina. Una madrugada de abril. (El taxista, creo, puso atención.) Estábamos en la plaza San Luis, aguantando despiertos la última noche mercedina antes del gran viaje hacia la edad adulta. Durante toda la secundaria habíamos querido que llegara el día de irnos a la Capital, y ahora solamente faltaba que saliera el sol. Con el Chiri hicimos planes. Conversamos sobre el futuro.

—¿Qué es el futuro?

Para nosotros, el futuro era esa casa, la que está justo ahí en la esquina. No era una casa para nosotros solos, sino un cuarto chiquito adentro de una casa: una habitación en alquiler. Íbamos a compartir la cocina y el baño con una señora, con una viuda desconocida que, para peor, era directora de una escuela.

—Una bruja.

Exacto, nos íbamos con una bruja. Aquello no estaba en nuestros planes cuando fantaseábamos con vivir lejos y solos, pero tampoco estaba en nuestros planes la hiperinflación. Ni mis padres ni los de Chiri tuvieron resto, en aquel tiempo de australes devaluados, para alquilarnos un departamento. La opción era vivir en la casa de una bruja o quedarnos en Mercedes. Ni siquiera lo dudamos.

La señora se llamaba Tita y tenía una amiga en común con mi madre; por ese camino había aparecido la opción del hospedaje. Ella tampoco tenía planeada la hiperinflación, y tuvo que alquilar la pieza a dos jóvenes desconocidos. Caímos a su casa con algunas referencias falsas que daban a entender que nosotros, el Chiri y yo, éramos chicos saludables y normales, hijos de dos familias decentes de pueblo. La segunda parte de la frase era verdad.

Chichita, como es lógico, se sentía responsable por nuestro comportamiento en casa de Tita. La mañana del viaje nos recomendó cien veces que no hiciéramos nada fuera de lugar, que no pusiéramos la música alta, que no metiéramos melenudos adentro de la pieza, que no fumáramos porquerías. Es decir, nos enumeró sus propios padecimientos desde el año ochenta y seis.

Con el Chiri tuvimos la intención, profunda y sincera, de ser personas excelentes durante el tiempo que viviéramos en la casa de Tita. Siempre nos costó una barbaridad esquivar la tentación de enloquecer a una vieja, de asustarla, de volverla loca, pero nos prometimos hacer un esfuerzo con ésta en particular. Si entrábamos a aquella habitación con el pie izquierdo, una enorme patada en el culo nos devolvería a Mercedes. Y no queríamos eso.

Con dos bolsos llenos de tupperwares con milanesas, algo de ropa y unos cuantos libros, tocamos el timbre un 30 de abril de 1989, pasado el mediodía. Tita nos abrió la puerta y nos recibió como a dos alumnos que se han portado mal y deben hablar con la directora. En su gesto se mezclaba el compromiso asumido y el hastío por venir.

Nos mostró la habitación —un entrepiso, con ventana a la calle, un escritorio y dos camas—, nos enseñó el baño y la cocina comunes, nos cobró por adelantado la primera mensualidad, nos dio un solo juego de llaves y después, sin ganas, como si leyera un texto ajeno, nos dijo que allí estaba ella, para lo que necesitáramos.

Dejamos nuestros bártulos sobre la cama y nos fuimos a pasear, con la excusa de hacer trámites universitarios. Buenos Aires era, por fin, nuestra ciudad. Las llaves que teníamos en los bolsillos no eran las mismas de ayer, ni tampoco eran copias de las que tenían nuestros padres. Compramos libros viejos en los puestos de Plaza Italia, comimos pizza, visitamos gente.

Por la noche hicimos algo que todavía hoy nos avergüenza: desde un teléfono público llamamos a Tita (a nuestra casa, a nuestra casera) para avisarle a la mujer que estábamos bien, que no iríamos a cenar, que no se preocupara. Ella nos interrumpió:

—No hace falta que me llamen para avisar esas cosas —dijo.

Entendimos, ruborizados, que nos estábamos pasando de decentes.

A las dos de la mañana volvimos a nuestro nuevo hogar para pasar allí la primera noche. Estábamos exultantes. Por no hacer ruido, ni siquiera tocamos la guitarra. Nos acostamos cada uno en nuestra cama e intentamos dormir. Chiri lo consiguió enseguida, pero a mí me molestaba un hilo de aire que entraba por la ventana, y permanecí insomne.

Me levanté y fumé un cigarro mirando la calle; me sentí mayor de edad, invencible. Vi los coches y los colectivos que pasaban por la avenida Álvarez Thomas. Veinte años más tarde yo pasaría en taxi por allí, me detendría un semáforo, y le contaría a mi hija los detalles de esa noche.

Tiré la colilla a la vereda y quise cerrar la ventana para dormir. Pero la ventana no cerraba: por eso entraba el frío. Una de las hojas de madera estaba hinchada y no calzaba bien en el marco. Hice fuerza, pero no logré encajarla. Tendría que haber desistido, tendría que haberme ido a dormir. Pero yo esa noche era invencible.

Saqué de mi bolso un cuchillo de cortar carne (de la marca brasileña Tramontina) y, usándolo como destornillador, quité el marco de la ventana. Me senté en la cama y, con el mango del cuchillo como maza, empecé a martillar el desnivel de madera para aplanarlo. Chiri se despertó a medias:

—Gordo —dijo—, la concha de tu madre —y se tapó las orejas con la almohada.

Traté de hacer menos ruido. Martillé con suavidad uno o dos minutos, pero la suavidad no es amiga del martillazo. Fumé otra vez en silencio; dejé pasar los minutos. Cuando sospeché que Chiri ya estaría en una fase profunda del sueño, volví a darle golpes masculinos a la ventana. Pum, pam, pim. Imagino que me colgué, que me excedí, o que me concentré demasiado.

Lo que sigue pasó en tres segundos: Chiri se despertó enloquecido, me dedicó otro insulto y, con un ademán sonámbulo, me arrancó el cuchillo de la mano. Tiró el cuchillo por la ventana abierta y se volvió a dormir. Tres segundos, y otra vez silencio.

Me bajó la presión, pero no supe porqué. Cuando ocurre en las películas parece un efecto dramático, pero a mí también me pasó: no me di cuenta de nada.

No sentí que los dedos —el índice y el mayor— me colgaban de la mano. No hubo un dolor instantáneo. Fue como en las tormentas: ahora el rayo mudo, después el trueno ciego.

El rayo de mi dolor fue una humedad en la pierna. Noté, antes que nada, el borbotón de sangre tibia cayéndome por la rodilla, después por la sábana. La hoja del tramontina, que yo usaba como mango de martillo, me había rajado los tendones hasta el hueso. Mi amigo y verdugo dormía otra vez; lo tuve que despertar.

—Chiri —susurré, pálido—, tengo sangre en la mano.

No quise alarmarlo, pero también había salpicaduras gruesas en las paredes, en el suelo, en su frazada. Llamé de nuevo:

—Chiri, ayudáme, me cortaste en serio.

Chiri dormía, o se hacía el enojado. O quizás estaba enojado y se hacía el dormido. Me anudé los dedos con la sábana para dejar de chorrear, y entonces sentí el dolor, un dolor bestial que me llegó al cerebro con el espesor de un relámpago. Grité. Grité mucho. Grité como una cantante de ópera que ha visto a su perrito muerto.

Chiri por fin se despertó. Saltó de la cama, se puso de pie y empezó a enfocar la escena. Cuando dejé de gritar mi amigo vio a un gordito de color amarillo, desinflado, sentado en la cama y bañado en sudor. Vio los latigazos de la sangre en el empapelado de la habitación, los vio en el mosaico y en su propio piyama. Pero aun así no entendió lo que estaba pasando.

Yo no podía explicarle la situación con palabras, no tenía palabras. Se me ocurrió la idea (desatinada) de quitarme el revoltijo de sábanas pegajosas y mostrarle los dedos que colgaban de mi mano derecha. Al ver el estropicio, Chiri hizo tres cosas.

Puso los ojos en blanco.

Vomitó.

Se desmayó.

Fue la única vez en la vida que vi a un ser humano hacer aquellas tres cosas, tan divertidas, al mismo tiempo. De no ser por el problemón en la mano, lo hubiera aplaudido hasta reventar. En cambio, me senté otra vez en la cama y, como pude, me hice un torniquete y me empecé a reír. Me reí como un loco, traspasado por el dolor. Era un tiempo de grandes, de maravillosas aventuras, y yo sabía lo que estaba a punto de pasar de un momento a otro. Tenía que pasar. Por eso miré la puerta de la habitación con una sonrisa, por eso hice un silencio teatral y me quedé congelado de alegría, esperando que se moviera el picaporte.

Era el momento en que Tita debía aparecer por la puerta. En aquella época las cosas siempre salían bien. Había un hombre semidesnudo en el suelo, inconsciente, sobre un charco amarillo. Había un gordo deshidratado, con una sábana envolviéndole los dedos. Había enormes surcos de sangre, mares de sangre, y una ventana rota en tres pedazos. ¿Cómo no iba a entrar entonces la mujer?

En el año mil novecientos ochenta y nueve todo ocurría como si un guionista borracho dictara las entradas y calculara los mutis con precisión de relojero. Las desgracias causaban risa y las caseras, las brujas de los cuentos, entraban sin golpear y veían una puesta en escena maravillosa.

El semáforo se pone verde, la vida sigue. Ahora otra vez volamos por la noche de Buenos Aires. A Nina le gustan los cuentos sobre chicos que se van de casa y viven aventuras donde hay brujas y cuchillos. Por eso se da la vuelta, se pone de rodillas en el taxi, y se gira hacia atrás, para ver por última vez la ventana donde ocurrió aquello, en la esquina de Lugones y Álvarez Thomas.

Le doy la mano, contento. Ella me acaricia las cicatrices.

Hernán Casciari
viernes 29 de agosto, 2008


Cuento con bruja y tramontina

por Hernán Casciari

Íbamos en un taxi por la avenida Álvarez Thomas. Al llegar a la esquina de la calle Lugones el semáforo nos detuvo y entonces pude mostrarle a mi hija la fachada de la casa: «Mirá, Nina, fue ahí; en ese balconcito el Chiri me acuchilló». Mi hija alzó la cabeza y vio la ventana triste que todavía, veinte años después, estaba sin pintar. Se emocionó al reconocer el escenario: fue como si hubiera llegado al bosque original de Caperucita y el lobo. Después me pidió que le mostrara la cicatriz y que le contara otra vez el cuento.

Abrí los dedos de la mano derecha y le dejé ver la herida. «Todavía se ven los puntitos donde te cosió el doctor».

A Nina, antes de dormir, le cuento historias reales que me ocurrieron en mil novecientos ochenta y nueve. No sé por qué resultan ser las más adecuadas, supongo que se trata de un tiempo sencillo, intenso, donde ocurrieron cosas que un chico de cuatro años puede entender con facilidad: una temporada llena de sorpresas. Fue la época en que acabamos el colegio y con el Chiri nos fuimos a vivir a Buenos Aires.

A mi hija le gustan las tramas en donde hay chicos que se van de casa a vivir aventuras nocturnas, sin adultos, con brujas y con cuchillos. Y más aún si uno de los chicos, generalmente el más gordito, es también su papá.

—Contame desde el principio.

Como el semáforo seguía en rojo, hice memoria y me recosté en el asiento.

Fue la noche en que Dustin Hoffman ganó un Oscar por la película Rain Man, le dije a Nina. Una madrugada de abril. (El taxista, creo, puso atención.) Estábamos en la plaza San Luis, aguantando despiertos la última noche mercedina antes del gran viaje hacia la edad adulta. Durante toda la secundaria habíamos querido que llegara el día de irnos a la Capital, y ahora solamente faltaba que saliera el sol. Con el Chiri hicimos planes. Conversamos sobre el futuro.

—¿Qué es el futuro?

Para nosotros, el futuro era esa casa, la que está justo ahí en la esquina. No era una casa para nosotros solos, sino un cuarto chiquito adentro de una casa: una habitación en alquiler. Íbamos a compartir la cocina y el baño con una señora, con una viuda desconocida que, para peor, era directora de una escuela.

—Una bruja.

Exacto, nos íbamos con una bruja. Aquello no estaba en nuestros planes cuando fantaseábamos con vivir lejos y solos, pero tampoco estaba en nuestros planes la hiperinflación. Ni mis padres ni los de Chiri tuvieron resto, en aquel tiempo de australes devaluados, para alquilarnos un departamento. La opción era vivir en la casa de una bruja o quedarnos en Mercedes. Ni siquiera lo dudamos.

La señora se llamaba Tita y tenía una amiga en común con mi madre; por ese camino había aparecido la opción del hospedaje. Ella tampoco tenía planeada la hiperinflación, y tuvo que alquilar la pieza a dos jóvenes desconocidos. Caímos a su casa con algunas referencias falsas que daban a entender que nosotros, el Chiri y yo, éramos chicos saludables y normales, hijos de dos familias decentes de pueblo. La segunda parte de la frase era verdad.

Chichita, como es lógico, se sentía responsable por nuestro comportamiento en casa de Tita. La mañana del viaje nos recomendó cien veces que no hiciéramos nada fuera de lugar, que no pusiéramos la música alta, que no metiéramos melenudos adentro de la pieza, que no fumáramos porquerías. Es decir, nos enumeró sus propios padecimientos desde el año ochenta y seis.

Con el Chiri tuvimos la intención, profunda y sincera, de ser personas excelentes durante el tiempo que viviéramos en la casa de Tita. Siempre nos costó una barbaridad esquivar la tentación de enloquecer a una vieja, de asustarla, de volverla loca, pero nos prometimos hacer un esfuerzo con ésta en particular. Si entrábamos a aquella habitación con el pie izquierdo, una enorme patada en el culo nos devolvería a Mercedes. Y no queríamos eso.

Con dos bolsos llenos de tupperwares con milanesas, algo de ropa y unos cuantos libros, tocamos el timbre un 30 de abril de 1989, pasado el mediodía. Tita nos abrió la puerta y nos recibió como a dos alumnos que se han portado mal y deben hablar con la directora. En su gesto se mezclaba el compromiso asumido y el hastío por venir.

Nos mostró la habitación —un entrepiso, con ventana a la calle, un escritorio y dos camas—, nos enseñó el baño y la cocina comunes, nos cobró por adelantado la primera mensualidad, nos dio un solo juego de llaves y después, sin ganas, como si leyera un texto ajeno, nos dijo que allí estaba ella, para lo que necesitáramos.

Dejamos nuestros bártulos sobre la cama y nos fuimos a pasear, con la excusa de hacer trámites universitarios. Buenos Aires era, por fin, nuestra ciudad. Las llaves que teníamos en los bolsillos no eran las mismas de ayer, ni tampoco eran copias de las que tenían nuestros padres. Compramos libros viejos en los puestos de Plaza Italia, comimos pizza, visitamos gente.

Por la noche hicimos algo que todavía hoy nos avergüenza: desde un teléfono público llamamos a Tita (a nuestra casa, a nuestra casera) para avisarle a la mujer que estábamos bien, que no iríamos a cenar, que no se preocupara. Ella nos interrumpió:

—No hace falta que me llamen para avisar esas cosas —dijo.

Entendimos, ruborizados, que nos estábamos pasando de decentes.

A las dos de la mañana volvimos a nuestro nuevo hogar para pasar allí la primera noche. Estábamos exultantes. Por no hacer ruido, ni siquiera tocamos la guitarra. Nos acostamos cada uno en nuestra cama e intentamos dormir. Chiri lo consiguió enseguida, pero a mí me molestaba un hilo de aire que entraba por la ventana, y permanecí insomne.

Me levanté y fumé un cigarro mirando la calle; me sentí mayor de edad, invencible. Vi los coches y los colectivos que pasaban por la avenida Álvarez Thomas. Veinte años más tarde yo pasaría en taxi por allí, me detendría un semáforo, y le contaría a mi hija los detalles de esa noche.

Tiré la colilla a la vereda y quise cerrar la ventana para dormir. Pero la ventana no cerraba: por eso entraba el frío. Una de las hojas de madera estaba hinchada y no calzaba bien en el marco. Hice fuerza, pero no logré encajarla. Tendría que haber desistido, tendría que haberme ido a dormir. Pero yo esa noche era invencible.

Saqué de mi bolso un cuchillo de cortar carne (de la marca brasileña Tramontina) y, usándolo como destornillador, quité el marco de la ventana. Me senté en la cama y, con el mango del cuchillo como maza, empecé a martillar el desnivel de madera para aplanarlo. Chiri se despertó a medias:

—Gordo —dijo—, la concha de tu madre —y se tapó las orejas con la almohada.

Traté de hacer menos ruido. Martillé con suavidad uno o dos minutos, pero la suavidad no es amiga del martillazo. Fumé otra vez en silencio; dejé pasar los minutos. Cuando sospeché que Chiri ya estaría en una fase profunda del sueño, volví a darle golpes masculinos a la ventana. Pum, pam, pim. Imagino que me colgué, que me excedí, o que me concentré demasiado.

Lo que sigue pasó en tres segundos: Chiri se despertó enloquecido, me dedicó otro insulto y, con un ademán sonámbulo, me arrancó el cuchillo de la mano. Tiró el cuchillo por la ventana abierta y se volvió a dormir. Tres segundos, y otra vez silencio.

Me bajó la presión, pero no supe porqué. Cuando ocurre en las películas parece un efecto dramático, pero a mí también me pasó: no me di cuenta de nada.

No sentí que los dedos —el índice y el mayor— me colgaban de la mano. No hubo un dolor instantáneo. Fue como en las tormentas: ahora el rayo mudo, después el trueno ciego.

El rayo de mi dolor fue una humedad en la pierna. Noté, antes que nada, el borbotón de sangre tibia cayéndome por la rodilla, después por la sábana. La hoja del tramontina, que yo usaba como mango de martillo, me había rajado los tendones hasta el hueso. Mi amigo y verdugo dormía otra vez; lo tuve que despertar.

—Chiri —susurré, pálido—, tengo sangre en la mano.

No quise alarmarlo, pero también había salpicaduras gruesas en las paredes, en el suelo, en su frazada. Llamé de nuevo:

—Chiri, ayudáme, me cortaste en serio.

Chiri dormía, o se hacía el enojado. O quizás estaba enojado y se hacía el dormido. Me anudé los dedos con la sábana para dejar de chorrear, y entonces sentí el dolor, un dolor bestial que me llegó al cerebro con el espesor de un relámpago. Grité. Grité mucho. Grité como una cantante de ópera que ha visto a su perrito muerto.

Chiri por fin se despertó. Saltó de la cama, se puso de pie y empezó a enfocar la escena. Cuando dejé de gritar mi amigo vio a un gordito de color amarillo, desinflado, sentado en la cama y bañado en sudor. Vio los latigazos de la sangre en el empapelado de la habitación, los vio en el mosaico y en su propio piyama. Pero aun así no entendió lo que estaba pasando.

Yo no podía explicarle la situación con palabras, no tenía palabras. Se me ocurrió la idea (desatinada) de quitarme el revoltijo de sábanas pegajosas y mostrarle los dedos que colgaban de mi mano derecha. Al ver el estropicio, Chiri hizo tres cosas.

Puso los ojos en blanco.

Vomitó.

Se desmayó.

Fue la única vez en la vida que vi a un ser humano hacer aquellas tres cosas, tan divertidas, al mismo tiempo. De no ser por el problemón en la mano, lo hubiera aplaudido hasta reventar. En cambio, me senté otra vez en la cama y, como pude, me hice un torniquete y me empecé a reír. Me reí como un loco, traspasado por el dolor. Era un tiempo de grandes, de maravillosas aventuras, y yo sabía lo que estaba a punto de pasar de un momento a otro. Tenía que pasar. Por eso miré la puerta de la habitación con una sonrisa, por eso hice un silencio teatral y me quedé congelado de alegría, esperando que se moviera el picaporte.

Era el momento en que Tita debía aparecer por la puerta. En aquella época las cosas siempre salían bien. Había un hombre semidesnudo en el suelo, inconsciente, sobre un charco amarillo. Había un gordo deshidratado, con una sábana envolviéndole los dedos. Había enormes surcos de sangre, mares de sangre, y una ventana rota en tres pedazos. ¿Cómo no iba a entrar entonces la mujer?

En el año mil novecientos ochenta y nueve todo ocurría como si un guionista borracho dictara las entradas y calculara los mutis con precisión de relojero. Las desgracias causaban risa y las caseras, las brujas de los cuentos, entraban sin golpear y veían una puesta en escena maravillosa.

El semáforo se pone verde, la vida sigue. Ahora otra vez volamos por la noche de Buenos Aires. A Nina le gustan los cuentos sobre chicos que se van de casa y viven aventuras donde hay brujas y cuchillos. Por eso se da la vuelta, se pone de rodillas en el taxi, y se gira hacia atrás, para ver por última vez la ventana donde ocurrió aquello, en la esquina de Lugones y Álvarez Thomas.

Le doy la mano, contento. Ella me acaricia las cicatrices.

Hernán Casciari
viernes 29 de agosto, 2008


¿Te gustó esta historia?

Pertenece al libro El pibe que arruinaba las fotos, de Hernán Casciari. Está a la venta en la Tienda Orsai y te lo mandamos a tu casa sin gastos de envío.


 Jhordan PLG
23/05/2014 a las 15:22
Como ya sabes leo el blog en mis viajes al trabajo, o de regreso, y ya me habias sacado varias sonrisas cómplice pero q eran para adentro y bueno, me generaban alguna mueca reprimida, pero lo de hace un momento fue la ca-ga-da. Me mande con una carcajada en medio de un bus repleto (hora punta), todos l@s de mi alrededor me lanzaron una mirada de reprobación como diciendo q carajos tiene de graciosa esta situación de asinamiento. Los 3 actos del Chiri, de sólo imaginarlo...
Gracias por hacer que estos viajes se hagan tan digeribles!!!
Gimena
07/09/2008 a las 06:05
me hizo reir mucho todo el tiempo, a carcajadas; recordar x momentos tiempos fugaces de 1989, o sea a los 15 años, y los viajes a la vida adulta. con mi hermana, q este año se fue a vivir a españa. y esas cosas que al pasar, te hacen ver la misma realidad desde otro lado. es un cuento impresionante, me encantó.
Prohibidofijarcarteles
07/09/2008 a las 02:01
Escuche la nota con Andi.
Es la primera vez que entro.
Ya me enganchaste.
Alex
06/09/2008 a las 21:35
Muy buen relato. Me gustó cuando el dormilón siguió durmiendo como si no pasara nada.

Saludos.
  mafaldita
06/09/2008 a las 10:14
Hey #209...pildorita...me encantó lo q escribió en su blog tu amiga... y ahora q lo pienso mejor le comento en su blog, no?
hernán, no debés pasar por la puerta de ancho q te habrás puesto..... (figuradamente, pa'los q no entiendan el comentario)...
ya me dejo de delirar... son la 4 de la matina...
Natalia Alabel
06/09/2008 a las 03:29
Yo tuve la suerte de contar con padres y abuelos que me contaban y leían muchos cuentos y poesías. La verdad, creo que no hay estímulo mejor para un chico. A vos te contaban cuentos, Hernán?
FUERA PUSH UP
05/09/2008 a las 23:27
No se porque este cuento fué a parar solito a la bandeja de correo no deseado! ufa. Recien lo leo.
Estuviste pisando las callecitas de Buenos Aires, Hernan? Taxi", devuelvame un rato tambien a mi, a mi viejo cuento...

Saludos, gabriela, desde las palmas. G.C
hablemos mal de los hombres
05/09/2008 a las 22:51
ni gustavo ni fugaestanoche me terminaron la historia

i hate you
05/09/2008 a las 21:50
Maldito Hernán, te odio, qué buena historia.
Tan buena historia como los lectores que tienes, en especial una chica mexicana exiliada en Argentina.
Se que es de pésimo gusto dejar links y ese tipo de cosas porque debes estar hasta el culo de cosas que hacer, pero te dejo un bonito escrito que te dedicó en su blog una de tus más ferviente lectoras.
Como te dará pereza leerlo te resumo que gracias a ti ella volvió a creer en la decencia de los artistas (sospecho que argentinos) a la hora de firmar un autógrafo.

P.D. Me alegra que no le hayas hecho la misma cara de culo que te puso un día Verónica Castro, aunque si lo piensas un segundo, tal vez debiste hacérsela, hubiera sido una bonita forma de vengarte de todos los mexicanos.

http://atpersonal.blogspot.com/2008/09/nunca-pidas-autgrafos-la-gente-fea.html
Juan Diego Soto Suárez
05/09/2008 a las 02:11
Hacía tiempo no me reía así. Tanto, que me tuve que ver la panza, para comprobar que no se me abrían los puntos de la reciente apendicectomía. Y no, no se abrieron.
Saludos desde San José, Costa Rica.-
La Mona
05/09/2008 a las 01:18
¡¡Fabuloso!! No se cómo (sin conocerlo), pude ver al Chiri poner los ojos blancos, vomitar y ¡caer al suelo!
¡Un abrazo! desde Córdoba (Arg).
 Gavilandia
04/09/2008 a las 22:01
De esas anecdotas con sangre tengo varias para contar. A veces hay brujas y dragones pero a veces hay plantas vivientes, dinosaurios y hasta politicos en calzoncillos con algunos Poketers.

Algun dia les voy a contar...
04/09/2008 a las 17:35
Envidio a la Nina... me hubiese gustado tanto tener un padre que me contara historias... aunque sea que leyera las historias escritas por otros...
Por lo pronto, algunas veces he hecho el ejercicio con mi Génesis de inventar cuentos juntos, y resulta que es mucho más imaginativa que yo.
Creo que la magia de este texto es imaginar a la Nina atenta a todo lo que decías...
Odaly
04/09/2008 a las 10:38
Lo primero que pensé fue: "Ay!! Qué suerte que no estuve aquel día y en esa hora debajo de ese balcón!
Si es cierto que el Chiri tiró el cuchillo a la calle, pues qué inconsciente, eh?
Por otro lado, gracias por compartir la historia, me fascinó como la mayoría y me hizo reír mucho.
pal
04/09/2008 a las 10:18
y espérate cuando conozca la historia real,esa que alguien más arriba contaba como: te cortaste con la cuchara viendo la teleserie de la tarde y comiendo... quién sabe cual le va a gustar más a la Nina. yo tampoco sabría.
un beso
walquiria
04/09/2008 a las 06:23
Perdon... pero GRACIAS GUSTAVO CAMACHO... me moria de curiosidad por saber el contenido de la encomienda... aunque me contuve y no volví a preguntar.... pero leia los comentarios todos los días para saber si contabas algo... Suerte con Adriana!!
Walquiria
gimena
04/09/2008 a las 03:54
hernan: te escuche en la radio una de estas mañanas, decidi conocerte por aca, y la verdad es que ha sido un placer recorrer tu blog, te felicito!!!
mil besos!!!!
hablemosmaldeloshombres.blogspot.com
04/09/2008 a las 01:13
che, genial la historia del correo, Gustavo

contanos como sigue
hablemos mal de los hombres
03/09/2008 a las 20:59
fugaestanochepasalavoz, terminá de contarlo, plis
Martín
03/09/2008 a las 20:42
¿Tramontina sponsorea (¿suena feo el anglicismo, no?) orsai.es? Porque cuando hablás de matar a alguien también te inclinás por ese tipo de cuchillos.

Está bien, también consideré que podía ser un recurso semiótico, pero después me acordé de que también sos argentino.

Un abrazo, compatriota.
Andrés Meza
03/09/2008 a las 18:55
Me encantó la historia. Qué buena forma de sacarle jugo a esas cosas que nos pasan. Felicitaciones :)
oyana
03/09/2008 a las 14:17
Entro en tu blog de la mano de Nata, mi hermana, que te admira profundamente. Me ha dicho: disfrutarás con todas las entradas, pero, primero, lee: "backstage de un milagro menor". Y eso he hecho. Y he quedado maravillada.
Si no te importa te añado a mi blog, que al lado del tuyo no es nada.
Un abrazo y mi admiración
jorge
03/09/2008 a las 08:04
hola,que anecdota tan llena de vivencias que nos hace sentir reflejados en ese punto en que nos queremos sentir mayores y ante una adversidad nos pasan cosas tan graciosas y reales a la vez ,felicitaciones por todo lo que nos haces compartir con tus historias y que sigan los exitos suerte!!!!
Rayuela
03/09/2008 a las 07:57
Muy buena historia... muy divertida... yo también recuerdo mi primer día viviendo en Buenos Aires... obviamente, sin cuchillos ni cigarros ni viejas brujas... pero que emocionante, no?

Un beso, Flor
Hormiguita
03/09/2008 a las 06:45
Wow, lo de Gustavo Camacho (#190) parece toda una historia de telenovela.
Lau
03/09/2008 a las 01:45
Hernán:

una pequeña corrección: lo que se saca es la hoja de la ventana, no el marco, ya que este se encuentra amurado.

saludos!
URUGUAYA
03/09/2008 a las 00:34
Realmente me divierte mucho leer casi todos tus articulos y digo "casi" porque el que titulaste "gente ecológica" me pareció patético. Vi la exposición de lo monstruoso como algo que busca impactar al lector, lo cual me parece un recurso barato y al pedo. En cuanto a lo de los "negritos" la asociación es descolgada, parece que el hecho de que te importen los animales no es compatible con que te importen "los negritos" para la mayoría de las personas..muy errado mi estimado hermano argentino.
Espero que ni humilde crítica no sea mal interpretada, seguiré leyendo lo que tan bien hacés. Un saludo desde este lado del Rio de la PLata
 Leonardo Oyola
02/09/2008 a las 21:36
Hernán, ayer fuí al correo con el aviso de encomienda. En principio me hicieron perder media hora porque no encontraban el número de ruta. La empleada era una chica muy fina y muy linda, por lo que amablemente le propuse pasar en otro momento. Se disculpó y me pidió que le de unos minutos más. Caminó por detrás del mostrador y se metió por una puerta lateral. Vuelve a los dos o tres minutos y me pregunta si se de dónde es el envío. Le contesté que no estaba seguro, pero que probablemente fuera remitido por Hernán Casciari. Dándose corte de persona especial, haciéndose la simpática y presumiendo mi ignorancia me dice:

- ¡Qué casualidad, hay un blogger con ese nombre! Ahora publicó y tengo su libro.

No se porqué no le contesté y la miré como increpándola. Estaba molesto pero no tanto como para hacerla sentir incómoda. Creo que esa es mi primer reacción frente a una chica que me gusta.

La otra empleada se acercó y me comunica que cerraban en veinte minutos. Si volvía un minuto antes de las 18h, ya sin gente la buscaban con más tiempo y más tranquilas. Le dije que se tomen ese tiempo pero que me la encuentren, sino montaría un quilombo importante. Aprovecho a ir a comprarme una "polera negra".

Vuelvo a las 18.07h, pensando que no me dejarían entrar. La chica linda estaba en la puerta, detrás del vidrio y aventando un paquete verde de "Correos". ¡Había encontrado el paquete! El de seguridad se acercó y me abrió la puerta. La linda entusiasmada me grita:

- Es un envío de Hernán Casciari de orsai, ¿lo conocés? ¡Qué malo sos! Te hiciste el tonto cuando te dije que tenía su libro.

En resumen, es evidente que sos popular. Con la chica linda que se llama Adriana, fuimos a tomar un café y mañana vamos a comer comida peruana. Hay buen rollito... :)

Tu dedicatoria instándome a que me de corte, no te imaginas lo bien que funcionó. Lo tuyo fue premonitorio. Además, ahora tengo ambos libros la version argentina que me compré y la española que mandaste. ¡Sos un grande!

Hernán "amigo mío", ¡te debo una bien gorda!. Si con Adriana, la empleada del correo, llegó a tener un hijito -en algún tiempo- te prometo que le pongo Hernán Camacho.

Sólo me queda mandarte un fuerte abrazo.




MaggieMae
02/09/2008 a las 21:14
Qué bueno!!! me morí de la risa. Gracias por alegrarme la tarde, mi jefe muerdeeeeeeee hoy
FugaEstaNochePasaLaVoz
02/09/2008 a las 18:01
Me hizo acordar a esos ejercicios de "pensamiento lateral", sería algo asi como:

un hombre yace sobre una cama, riendose a carcajadas, con 2 de sus dedos colgando. un segundo hombre yace a su derecha, en otra cama, rodeado por un charco de vómito. la habitación esta manchada de sangre, pero en la habitación no hay elemento cortante alguno, como ocurrió?

Tito
02/09/2008 a las 17:06
Me gustó mucho el relato estilo Sábato, con los detalles de las calles y referencias a edificios.

Espero que los relatos del ya famoso '89 sean así.
¿quien sería Martín y quien Alejandra?
hablemosmaldeloshombres.blogspot.com
02/09/2008 a las 15:01
Bueno, es hora de pedir un post nuevo.

Aunque este siempre va a ser uno de los mejores.
Clémentine Dómine
02/09/2008 a las 14:53
wow... quien dijo que internet nos volvia mas tontos? la verdad que es un placer haber encontrado este blog. muchos saludos, hernan.
jimenabelen
02/09/2008 a las 13:39
debo confesar que los blog
ajenos me aburren.
debo confesar que esta noche
no pude dormir, y a eso de las
6 de la mañana papa aparecio
y me dijo...
BUSCA ORSAI. Es un señor
que escribe en un blog!
Y saco libros!
(busque orsay con Y y nada)
papa aparecio de nuevo y me lo deletreo.
y hace como 3 horas que no paro
de leerte.
la verdad es que suelo ser
demasiado hincha con las cosas que
leo, y no es por desmerecer a otros,
pero me gusta mucho la dinamica que tienen
tus relatos. un CLAP CLAP CLAP gigante
y muchos exitos...
María Inés
02/09/2008 a las 06:48
Caramba, Hernán, excelente cuento ¿Cómo te las ingenias?

Bueno, muy bueno, donde sale Nina son los mejores.
Cecilia
02/09/2008 a las 04:19
Te escuche en perros! y me encanto lo que dijiste.
voy a recorrer tu blog.
un abrazo grande desde bs as
Fer.. de Tandil..
01/09/2008 a las 22:45
Algún día, jugará en la seleccion... (TOPPER fuerza que crece)..

Sos un grande!!!

http://metelemerengue.blogspot.com
Xuls
01/09/2008 a las 22:19
A. Thomas y Lugones... Te debe haber inspirado la parrilla de Charly que es mas una carniceria con sucursal enfrente, del lado de la demolicion por la autopista.
hablemos mal de los hombres
01/09/2008 a las 22:07
Pienso lo mismo que Francisco
seburu
01/09/2008 a las 19:29
mencantó
Mariana la de los libros
01/09/2008 a las 19:18
Creo que para cualquier chico, especialmente para las nenas, los papás son los verdaderos ídolos y los héroes de cada uno de sus cuentos...
Botijabobo
01/09/2008 a las 19:10
Muy bueno, la semana pasada también anduve buceando por el 89, me dio gracia coincidir en el año.

Abrazo desde la querida Montevideo.
Alberto José
01/09/2008 a las 17:43
Excelente, don Casciari...
El bobero
01/09/2008 a las 16:04
Respecto a la adiccion por volver locas a las viejas, debo decirte que sufo de lo mismo.
Cronopio Antiheroe
01/09/2008 a las 16:02
Hola, buen relato. Buenos relatos en general.

Lo que no comprendo es por qué los comentarios, por lo general, no son acerca del texto.



saludos...
San!
01/09/2008 a las 16:00
Te escuche en Perros de la calle.
Voy a leer tu blog desde el principio.
Felicidades por esa buena vida :D
Saludos desde Buenos Aires!
Pablo
01/09/2008 a las 16:00
Que capo Hernán!

Te acabo de escuchar en la metro con Andy, muy bueno.

Un saludo y nos vemos.
Fernando
01/09/2008 a las 11:42
Que lindas historias le contas a tu hija !!!
Rescato la idea, para mi hijo, pero no el contenido.
Francisco
01/09/2008 a las 05:59
Hernan, que bueno es ver objetos y recordar tu vida y tu relación con ese simple objeto . A veces, así como son...simples y otras: casi toda una aventura!! Como lograste una historia de una casa y una ventana que no cerraba. Muy bien escrito, te admiro!!.
luis padilla
01/09/2008 a las 03:23
eres lo maximo, genial estilo narrativo... me reí con este relato, y el suspenso se mantiene hasta el final...
f
31/08/2008 a las 23:31
Hernán: entre historia e historia se te extraña un poco.
Roberto(Gloria Mundi)
31/08/2008 a las 23:24
Te estás superando, nene. Un escritor de verdad es el que sabe lo que NO tiene que contar. Mi pasaje favorito: "Me bajó la presión, pero no supe porqué."
Flaubert contaba un día de fiesta pueblerina diciendo "las orejas de los jóvenes parecían más separadas de sus cabezas que de costumbre" (claro, porque se habían cortado el pelo).
Lástima que el talento literario no sea proporcional al tamaño del miembro casi amputado: a mí me quedó colgando así el brazo izquierdo a la misma estúpida edad; y de lo único que me dí cuenta fue de que me había bajado la presión. Un abrazo.
.com/gabbo_hey
31/08/2008 a las 22:25
feliz dia internacional del blog :)
 Juje
31/08/2008 a las 17:56
hernan, vivo en plaza y pampa, no se si ubicas. Por si no lo haces es muy cerca de ahi, paso siempre por ahi. Me gustaria si podrias dar alguna otra referencia asi cuando pase otra vez por ahi me fijo en que casa viviste y mejoro mi lectura y conocimiento sobre vos
desde ya
muchas gracias
juje (19)
Roberto Gatto
31/08/2008 a las 00:59
A mi, la frase que me mató fue: "sin ganas, como si leyera un texto ajeno"

Increíble, sólo un escritor como vos puede decir eso.


Gracias por este martes.
tapioca boy
31/08/2008 a las 00:51
crá. gracias
Karolina
30/08/2008 a las 21:54
Flor de cagón resulto el Chiri
hablemos mal de los hombres
30/08/2008 a las 18:36
Hernán, tiene razón fabiana, esa imagen es genial!!!!!
el otro cholo
30/08/2008 a las 18:14
Hay frases chotas y después está "tengo que confesar que...".

Primero me quedé con mucha intriga por la reacción de la vieja. ¡Gordo culeado, no contaste el desenlace! Pero tanto fuere historia real o interpretación libre de la represalia de un pote de dulce de leche muy celoso, la cuestión es que la vieja era directora de escuela. Lo interesante es que seguramente nunca había presenciado semejante escena en su propia casa; pero naturalmente, estaba habituada a todo tipo de absurdos inverosímiles. (¿alguna vez se preguntaron por qué las directoras son tan raras? es que les extraña no verte disfrazado de avestruz o algo así)

Hay dos posibilidades básicas y una extra:

* La obvia
* La interesante
* La más interesante

La obvia es una primera exaltación (¿qué hicieron! -- no qué pasó porque es directora, recuerden; también puede ser qué hiciste, porque el gordo se está riendo con el otro en el piso... pero le duele, así que no se puede reir muy fuerte); ésta seguida de una buena cagada a pedos que puede o no ir acompañada de pérdida de control (porque es en su casa y no en la escuela, pero depende del temple de la vieja) y luego una rápida solución al problema práctico, como una cachetada pero que también puede incluir un teléfono o el nombre de una institución de atención al boludo que se corta.

La interesante no sé, contame vos.

La más interesante sería algo así.

Puso los ojos en blanco.

Vomitó.

Se desmayó.

... Pero esa no es porque la única vez que viste a alguien hacer eso fue cuando lo hizo el Chiri.

Saludos,
Cholo.
Germán S.
30/08/2008 a las 17:38
Impecable. Magnífico relato, Hernán. Gracias por compartirlo, como siempre.
Pablo
30/08/2008 a las 16:58
155 desde corodba !!

Pregunta: algun premio por ser primero?

Hernan: lindo cuento, me encanta el realismo de tus cuentos, a esta altura no te creo nada. creo que yo soy un poco como vos, cada vez que me pasa algo fuera de lo comun (de la vida normal, de lo cotidiano) adorno las frases y lo doy toques de extra realismo a la historia, yo la cuento a mi mujer y chicos, y todos felices y contentos

saludos y gracias
spiritu13
30/08/2008 a las 16:41
subi una foto de tu mano, saludos desde primero de mayo, Entre Rios.
Romina
30/08/2008 a las 16:10
E S P E C T A C U L A R!!!!

Lo del Chiri me encanto... ademas me morí de la risa cuando leí lo que hizo... me seguí riendo cuando leí que vos lo hubieras aplaudido si hubieses podido... por Dios!

Me quedé con ganas de mas... que hizo Tita cuando los encontró asi...? no quiero imaginarlo... quiero leerlo!!! jaja

Bye bye



Ginger
30/08/2008 a las 14:30
¿Así que el Chiri te quiso acuchillar? Yo ya le veía cara de asesino en serie a ese chico....
Brioche
30/08/2008 a las 12:35
Yo quiero tener cicatrices con historia!!! la más profunda mía es en el dedo mide 2 mm y es xq me corté dándole un puñetazo a la puerta del cuarto de baño, q desastre!!!!
Pablo74
30/08/2008 a las 06:50
Buenísima la historia y mejor aún el hecho de saber que transcurre a un par de cuadras de la casa en la que vivía con mis viejos allá por el 89.


30/08/2008 a las 05:09
20 años dps...

un parpadeo
Laura
30/08/2008 a las 03:53
Tengo una hora y media metida en tu blog. Empece "de atras para adelante": me fui a tus primeros posts y cuando me dije "ya, suficiente" caigo en cuenta que al mas nuevito de tus textos no podia dejarlo hasta ma#ana... y me enganchaste con el primer parrafo y la frase "en esa ventana me acuchillo el Chiri"

"me acuchillo"... de paso que es un verbo muy grafico!

Soy muchas cosas, pero 2 de las que mas me gustan es contar cuentos y escribir... me gusta tu estilo y me recuerda, en las vueltas geniales que tienes a veces, al estilo de un amigo m'io de Bs As. A ratos, a los giros que a veces les doy a los sitios comunes de la literatura y la gramatica (hiperboles, exageraciones, prefijos y aliteraciones) para hacer de las mias en lo que escribo (algun dia te paso el dato para que leas lo que he escrito en mis blogs...).

Fresco, muy fresco. Los ni#os son asi de sadicos, sabes? nada que nos parezca inapropiado, si esta contado con sinceridad y ternura, puede dejar secuelas "Dexterianas" en sus vidas, me parece. Los lobos, brujas, fantasmas, muertos, vampiros y reyes crueles han existido desde siempre en la literatura infantil. Parece que siempre les gustan esas historias porque, aunque se mueren de miedo con los "horrores" del cuento, siempre van a encontrar que su papa o su mama estan alli para calmarlos o confortarlos...

...asi como uno se siente menos torpe por esa peque#a cicatriz entre los dedos cuando se la acaricia con admiracion el chiquito al que le contaste uno de los momentos menos adultos, menos serios, menos grandes y mas honestos de tu vida de adolescente.

Lindo lindo... Gracias por "echarnos el cuento" como se lo contaste a Nina... Tambien algun dia te contare de la sutil diferencia de "echar" y "contar" un cuento que tenemos en Venezuela...

Un abrazote gigante!! Saludos a esa gorda bella y a su mami paciente, porque con ustedes dos no debe de haber paz en casa! jajajaja...

PD: me encanto el blog de 2x4 de la Nina, por que no lo hiciste mas? Te dedicaste al otro, no?

PD2: mi laptop no tiene el teclado programado en espa#ol, por eso la falta de tildes y acentos en el texto. Si alguien quiere ayudarme al respecto, GRACIAS TOTALES! :D
jose ricardo
30/08/2008 a las 03:07
Algo me hace pensar que elpost #148 es de Hernán y no de Chichita.... aúnque creo que una madre quiere igual a un hijo con dos dedos menos pero no le perdona la vergüenza ajena con una amiga... cientocuarentaynuevecimo desde Medellín...
María Teresa (otra Chichita)
30/08/2008 a las 02:40
Hernán
Ahora entiendo, las canas del Chiri no son de origen genético.
Yo te hubiese tirado por la ventana. El Chiri es un santo. ¡La primera noche...!!! Justo cuando tenían que demostrar a todos que podían ser adultos.
Le explicaste a Nina que Tita no era una bruja, las brujas no te dan una mano en medio de una madrugada sangrienta.
¡Que rompe bolas...! No lo dejaste dormir. Lo de los dos dedos es lo de menos, de todas maneras te quedaban tres en la mano derecha.
PAULA DE C?RDOBA
30/08/2008 a las 02:22
COMO NINA NO VA A PARTIR A LOS CUATRO AÑOS A HACERSE UN "SANGUCHITO DE LIBERTAD"

HERMOSO EL RELATO, E INCREIBLE LA RELACIÓN QUE TENÉS CON TU HIJA.
jorja
30/08/2008 a las 01:45
genial!!! una joven d 1989
fabiana
30/08/2008 a las 01:35
Me hacés emocionar y reir, justo lo que busco en un escritor. Esta vez me reí mucho, la frase "Grité como una cantante de ópera que ha visto a su perrito muerto." fue tan figurativa, que sentí la vibración de tu voz....
arboltsef
30/08/2008 a las 00:51
Cuentos como ese terminaré por contarle a mis hijos.
Patricia
30/08/2008 a las 00:27
No te creo un soto la historia, pero me encantó como la contaste, he oído a mi marido inventarle cada anécdotas de infancia a nuestros hijos, y variar o sobre todo aumentar los detalles que estoy segura que fue para entretener a la Nina, pero igual está muy bueno....
Besos desde Tenerife
Javier Tooshort
30/08/2008 a las 00:21
Hacía tiempo que no te leía con las ganas que hoy lo hice. Que groso el relato, Hernán, es majestuoso lo tuyo.
El final es lo mejor que se puede haber escrito, vos riéndote y él desmayado, no puedo dejar de imaginarlo y reírlo.
Amo.

Aioz.-
pehuencura
30/08/2008 a las 00:12
Me trajo gratos recuerdos la narración. 1989 fue un año de grandes cambios para mí también.
¿Qué pasó al final? La Bruja Tita ¿cómo reaccionó al final viendo esa escena entre dantesca y cuasicómica?
Pancho
29/08/2008 a las 23:49
Qué grande!
Aunque no contaste cómo terminó la historia!
Fui testigo de algo similar, sólo que mi tía no llegó a vomitar. Poner los ojos en blanco y desplomarse fue un solo movimiento, cuando mi abuelo le mostró cómo se había degollado el dedo medio de la zurda al degollar un cordero.
Gracias por el recuerdo.
Zebas
29/08/2008 a las 23:19
Aprovecha de contar a Nina todas tus aventuras juveniles, aun tiene esa curiosidad mezclada con admiración por los sucesos donde los protagonistas son sus héroes...sus padres. Después de unos años lamentablemente te blanqueara los ojos como el Chiri, tendrá ganas de vomitar y estará a punto de desmayarse, pero en vez de caer como saco de papas saldrá corriendo tapándose las orejas.
Alzo mi copa y brindo (obviamente copiado) por tus relatos llenos de pasión y que saben a gloria.
madre histérica
29/08/2008 a las 23:10
#137 amén!
Animal
29/08/2008 a las 22:45
La madre que te parió, Hernán.
Pini
29/08/2008 a las 22:20
Hay Hernán, comparto con varios. Vos sabes contar historias sin hacerlo. Vale más lo que librás a la imaginación del lector que lo que decís.
Me encanta leerte, porque transmitís un "algo" que no lo encuentro en otros escritores.
Espero que dejes este final abierto, que es lo bueno que vos tenés, y no hagas una parte II, donde se nos corta la imaginación y se descubre un final completamente diferente al imaginado. Y sino hace la gran Hernández y saca "la vuelta" en 7 añitos.

Pobre el Chiri, te juro que lo imagino y me da una mezcla de risa y lastima!...

Un abrazo grande, Pini.-
El Gemelo Malvado
29/08/2008 a las 21:26
Lo primero: desapareció el texto anterior. Bien.
Lo segundo: éste tiene cierta ternura necesaria. Nina sacándote de las babas del diablo, digamos.
Yo me reconcilio, no sé vos, porque ni junás al susodicho. (A mí me importaba este paso.)
manreisa
29/08/2008 a las 21:07
Te imaginás cuando Nina suba a un avión y surque el Atlántico para venir a estudiar a Buenos Aires? porque eso va a pasar... irremediablemente, con alguna amiga catalana, a compartir un depto., a estudiar en la UBA... a vivir su vida de grande. Porque no creo que pueda resistirse a todos los cuentos que su padre le relata, a lo maravilloso de las brujas los cuchillos y la ausencia de mayores, y seguramente pensará que eso solo pasa en BA, que en Barcelona no se consigue.... Excelente Hernán, tierno y además digno de vos y el Chiri!!!!!
Besos
luis gafe
29/08/2008 a las 20:52
Estoy con Lola del #97. Cuentero, seguro que fue el dulce de leche.
Jajajajaa
graciela malagrida
29/08/2008 a las 20:48
jajajjajaja! Gordo! lloré de la risa! sos 1 genio
tincho
29/08/2008 a las 20:47
Como joven mercedino que actualmente vive en bs.as no pude dejar de identificarme con la historia. Pero gracias al cielo no me pasó hasta ahora una suceso tan tormentoso como el tuyo.
Típicas cosas del "1er año en la gran ciudad". Una pinturita.
Saludos
Neuquina
29/08/2008 a las 20:07
130?
mentecato
29/08/2008 a las 20:06
Muy bueno... es cierto, el semáforo de esa esquina anda para el culo, siempre da como para contar largas historias. Un fuerte apretón de manos!
Ari
29/08/2008 a las 19:58
Bellísimo. Gracias!

Ar
Neuquina
29/08/2008 a las 19:56
Que linda historia!
Me encanto el Chiri (bombonazo si los hay) sufriendo un "ataque surtido" (asi llamabamos con mi amiga de la adolecencia a este tipo de episodios corporales).
Besos
Mariluz
29/08/2008 a las 19:44
¡Gracias por ponerle voz a su cicatriz... si todas las cicatrices hablaran!
erick
29/08/2008 a las 19:41
125 desde los angeles o es 126?. no se, ya me bajo la presion.
Johan Bush Walls
29/08/2008 a las 19:32
Me alegro que el texto anterior solo haya sido un desliz, por cierto no corregiste la errata.

Este, de nuevo, está entretenido y muy bien escrito, valga decirlo.

Salú pue.
LolA
29/08/2008 a las 19:16
Me hiciste acordar: el primer viaje con mi mejor amiga. Salimos de "expedición". También éramos invencibles.
Su cara de espanto, vista desde el piso.
"Estás bien eh. No te pasó nada. Vos quedate tranquila", mientras se ponía blanca como una hoja?
En mi cabeza había sangre, y mi pierna izquierda estaba en una posición que todavía hoy no terminamos de entender.
Y yo, que sentía un dolor catastrófico, me reía.
No se desmayó, pero tampoco se movía. Me miraba, repitiendo esa gansada, como si en el chichón de mi frente se escondieran todas las respuestas del universo.

La cicatriz de mi rodilla y yo nos estamos riendo hace un buen rato.
Gracias!

Pd: "En aquella época las cosas siempre salían bien." Por más empeño que uno le pusiera (y le poníamos bastante) siempre había una Tita que aparecía a tiempo a salvarnos.
29/08/2008 a las 19:12
Me parecio muy bueno el relato, y me imagino la cara del taxista cuando escuchaba la historia, ese buen hombre nunca va a saber que ese padre que le contaba a su hija ese relato escabroso en el asiento trasero de su taxi, es uno de los mejores escritores argentinos cotemporaneos.
un abrazo
javier
29/08/2008 a las 18:58
hernan, es la primera vez que escribo, solo para decirte que tengo tu libro, te sigo hace rato, quizas un poco porque tambien tengo una hija nacida aqui en Barcelona, y porque tengo ideas parecidas en cuanto a lo que contas de aqui.
En cuanto a tu relato de hoy, creo que todos los emigrados siempre tenemos la fantasía de poder contarle nuestra vida pasada a los hijos, de un país que duele por lejos y por duro, pero que tira tanto, al punto de creernos que es el mejor lugar del mundo para vivir.
Y tambien quiero dejar un mensaje a los pelotudos que ponen 1º, 2º o 3º. Si que son forros eh!!! me parecen una manga de infradotados!! Bueno, lo dije, ya esta, y me chupa un huevo que numero tengo en el ranking de comentarios.
Un abrazo Hernan, espero cruzarte alguna vez por Barça
Eloy
29/08/2008 a las 18:43
Tierno y viscoso a la vez. Gran mezcla.

Como siempre la grandeza del momento cotidiano vivido y bien contado. Sigues con la carne y la sangre; estás visceral ultimamente, pienso que de modo premeditado, claro.

¿Entró la Tita?, no es uno de tus finales clásicos.

Saludos
FedericoLaPlata
29/08/2008 a las 18:37
N° 119 desde La Plata

No me canso de decirlo

Sos el mejor escritor vivo que he leido!!!
Matías
29/08/2008 a las 18:22
Excelente.
Me tenté de risa imaginando a tu amigo poniendo los ojos en blanco, vomitando y desmayándose y a vos riéndote a carcajadas con los dedos colgando.

Un abrazo.

http://cuacuamen.blogspot.com/
Gol de Media Cancha
29/08/2008 a las 18:16
Casciari,
Sublime como siempre!!!

Me gustan mucho los cuentos de Adolescencia (sobre todo re-Darkies como éste) y mas si tienen sangre de por medio, ajaja!

Igual espero otro cuento como el de las comadrejas....para que mas de 1 se horrorice y empiece a decir huevadas y se vaya la gilada que sobra en el blog...jaja

He dicho!

Salute!
RosaEmilia
29/08/2008 a las 18:05
Hermoso!
P.D.: Qué cagón es el Chiri.
SopperoAmip
29/08/2008 a las 17:57
hello kittyugrreddy performance how to cite workfreelance star
Manolo
29/08/2008 a las 17:51
Qué hizo la Tita?, la bruja?, vió tu herida?, que dijo?, cómo fue su cara?. Vamos hombre, no dejes la historia a medias. Por último invéntamente un final, que me ha gustado la historia y me a quedado un gusto a chocolate de coco (gusto a poco). Un abrazo.
pit
29/08/2008 a las 17:50
Genial como siempre, Hernan!

Pd: se pude mandar molotov por encomienda?
El chari
29/08/2008 a las 17:39
No sabía que Christian era tan cagón. Cuando me junte a tomar unas birras, me voy a cortar la mano con la botella. A lo mejor tengo la suerte de presenciar el tres por uno de esa noche de 1989 en aquel departamento de la avenida Alvarez Thomas.
DudaDesnuda
29/08/2008 a las 17:20
Hay muchas cosas buenas en la vida pero que tu hija acaricie tus cicatrices, debe ser una de las mejores.

Besos y mimos
olga rey
29/08/2008 a las 17:17
¿ Qué dijo la casera ? ... primera vez que dejo un comentario en algún relato Hernán...

...cursaba yo el tercer semestre de Diseño Gráfico cuando me encontraba trabajando en una lámina de 60 cm x 60 cm para Visión y Color, materia (asignatura) que daba un profesor muy exigente e hijo de puta (disculpen la expresión)... en fín, eran aproximadamente las 3 de la mañana, ya había destruído 4 láminas pues, poseída por el temperamento artístico propio de los estudiantes de Diseño Gráfico que consumen grandes cantidades de Cafeína y Nicotina para aguantar las largas jornadas, las levantaba en el aire y las rajaba a la mitad de un solo tirón, frustrada por lo mediocre de mi trabajo (eran láminas de "Cartón de Ilustración" algo parecido al cartón piedra pero menos áspero, de superficie lisa y blanca ¿conocen el cartón para hacer maquetas? bueno, parecido a eso)... tomé el pliego completo del cartón de ilustración, lo tiré al piso y me arrodillé sobre él, medí y marqué el cuadrado de 60 x 60, tomé mi regla de metal de metro y medio de largo y la coloqué sobre la línea que marqué con lápiz 2B, en " doggie mode" (posición de perrito) apoyé el peso de mi cuerpo sobre mi mano derecha colocada sobre la regla, con la izquierda tomé la cuchilla (X-acto, Cutter, corta-cartón, grande como una navaja y afilado como escalpelo) la levanté como buscando inspiración divina... el filo en el borde de la regla sobre el cartón... miré fijamente y ... zuuuuuasssssssss!!! lanzé el cuchillazo... y todo se tinó de rojo en menos de 30 segundos... no entendía de donde venía tanta "pintura" pues no recordaba haber estado utilizando ese condenado color para mi trabajo... cuando me fuí a rascar la cabeza me percaté que me había "volado" de forma diagonal, más de la mitad de la punta del dedo índice (con todo y uña) y toda la yema del pulgar, ambos de la mano derecha... la sangre chorreaba en un hilillo espeso y brillante sobre el cartón... no me dolía, solo pensaba que eran ya casi las 4 de la mañana y que la clase empezaba a las 7 y aún no había hecho la lámina... me fabriqué un capuchón de papel higiénico y cinta adhesiva de enmascarar (mask tape, en Venezuela le decimos tirro) en ambos dedos y más torpe que media hora antes, corté otra lámina de cartón y seguí trabajando...

...disculpa, supuestamente era un comentario pero el relato me hizo recordar, en el acto, ese momento... aunque me hubiese gustado reírme como tú, a mí la situación me produjo fué fastidio y rabia (arrechera) pues era perder más tiempo que no tenía... imaginar al Chiri rebobinando que fue él quien te cortó los dedos al arrancarte el cuchillo y que eso le produjo el maremagnum de emociones que terminaron en un charco de reflujo estomacal, pánico e inconciencia me mató de risa... ojo Chiri, no me burlo pero, vamos a estar claros, la imagen da mucha risa...

...es una de las historias que le cuento a mi hijo de seis años, y si vieras la risa que le causa!... se burla de mí!... es un bárbaro...

...coño! me pasé... disculpen de veras por lo largo de esto, no volverá a pasar...

Hernán, se le quiere más que al dinero... cuidese hermano!

desde Barquisimeto, Venezuela, un abrazo.
Diego Balducci
29/08/2008 a las 17:12
Te escribo, pero no se si te va ha llegar esto, soy un adulto mayor (viejo, bah) y nunca escribí en un blog. He leido un reportaje que te ha hecho Caterina Dzulaga en Perfil del 20 de agosto. Allí me sentí cerca tuyo en dos cosas: mi primera novela fue Las aventuras de Tom y la leí y releí durante años. La segunda Las aventuras de Huck, regalo que pedí a mi madre para un cumpleaños. Fueron los únicos libros de mi infancia.
Cuando EUDEBA editó Fervor de Buenos Aires se lo regalé a mi esposa, amaba a Borges desde hacía años pero no podía comprar libros. Tres libros que me enseñaron a amar la literatura.
Abel Reynoso
29/08/2008 a las 17:07
Silivia, en haras de tu ecologismo, inmolate, hacete un enema de dulce de leche y trabaja de cubanito...
Aguilucho
29/08/2008 a las 17:05
ciento sieteabo!!
desde Saavedra.
Vivo a unas cuadras de ahí.
Y también tengo una ventana de madera hinchada que deja pasar en iguales cantidades frío e isomnio.
Ah, cuchillos tramontina tengo un montón, pero creo que los uso distinto.
 Poliato
29/08/2008 a las 17:00
Muy bueno,Hernan.Yo paso todos los dias por esa esquina,ahora voy a estar mirando para arriba para descubrir la ventana.

Silvia,afloja un cacho.Deja de mirarte el ombligo y de juzgar a los demas
Eusebio Malatests
29/08/2008 a las 16:53
ACASO YA NADIE RECUERDA EL SINIESTRO EPISODIO QUE OCURRIO REALMENTE ENTRE EL CHIRI, HERNAN Y VALERIA ARRIAGA!?!?!?!?!?!?!?!?!
Juan
29/08/2008 a las 16:53

Van dos "posts"seguidos con nudo en el estómago...
Gran narrador y gran jodido para lograr eso.

Casualmente muchas veces habré pasado por esa esquina en el 89. Tercer año, el bar de estomba.

Saludos!
Eusebio Malatesta
29/08/2008 a las 16:50
Y VALERIA ARRIAGA!?!?!?!?!??!?!??!?!?!!??!?!
 rulos
29/08/2008 a las 16:39
Hoy salieron el sol maravilloso y Hernán para iluminar mi día!
Un placer leerte, siempre.

Aca una uru en bs as...que por ocupada no pudo ir a la prese del libro (y aún lo lamenta!!!)
silvia
29/08/2008 a las 16:37
Lo he comprobado.
No das bola a los mensajes.
En tu post anterior, inmundo, y ofensivo, te dejé , en los comentarios, el pedido de que no me mandaras más mails de orsai.
Te dije que si los seguía recibiendo sabría que no los leés.
Y que de ahora en adelante serán para mí Correo No Deseado.
No puedo superar el asco, el odio y la furia que me diste la semana pasada.
Vuelvo a lamentarlo por Cristina y por Nina. No sos un ser humano que me gustaría tener en mi familia.
Noelia
29/08/2008 a las 16:22
Me gustó, me dio escalofríos en la nuca y me importa poco si es o no cierto... una cicatriz es una cicatriz y uno cuenta de ella lo que se le cante la gana, y más si es con esta genialidad fascinante.
un abrazo (los cuchillos en casa de mis papas en mexico aun son tramontina, y la calle alvarez thomas me suena de la infancia aunque no recuerdo bien por que).
Jorge Trimboli
29/08/2008 a las 16:13
Esas andanzas de vos y el Chiri me hacen acordar las andanzas con mi amigo Pacho. Juntos fuimos por primera vez en nuestras vidas a una comisaria de la Federal a los 14 años, en 1972.
Pero como lo que me aproxima de tu blog es mi interés por la literatura, me gustaria observar que Juvenilia, de Miguel Cané, encantó generaciones pasadas asi como hoy vos estás encantando con tus história. Tal vez el blog de Miguel Cané seria muy popular también, mas en 1884 no habia Internet.
Gracias por hacerme acordar en "Gente ecológica" de la canción "El corralero" de 1966 de Hernán Figueroa Reyes .
Son los milagros de tu blog, porque me ayuda a recordar mi infancia en Buenos Aires, el español que muy poco practico, nombres que me habia olvidado, y me hacés sentir un pibe porteño despues de haber vivido 24 años en Buenos Aires mas 24 años en San Pablo-Brasil y los ultimos años en IOWA-Estados Unidos.
Todos los cuchillos brasileños Tramontina son especialmente projectados para cortar los dedos de los peladores de naranjas y carpinteros insomnes.
Este boludo ya comió muchas naranjas brasileñas ensangrentadas con sangre Argentina (mi sangre claro)...
Tu blog es un tanque de cerveza helada en medio del desierto de creatividad norteamericano. Salve Hernán!
ElTeta
29/08/2008 a las 16:06
Dice Sara que estás diciendo boludeces.
Lola
29/08/2008 a las 16:06
Casciari, Casciari... es de conocimiento publico que sos un cuentero. Seguro que esas cicatrices te las autoinflingiste mientras intentabas abrir una lata de leche condensada para comerte a cucharadas mientras mirabas la novela de las tres de la tarde.
fede o
29/08/2008 a las 15:59
lo paso en limpio, dios mío:

un texto es bueno gracias a lo que no cuenta más que por lo que sí cuenta.

como en las buenas canciones.

vamos todavía.
Sara
29/08/2008 a las 15:54
Un gran escritor es aquel que consigue hacer de cualquier anécdota insignificante un relato fascinante. Sobra decir que tú lo eres.

Un saludo ;)
mariano de rosario
29/08/2008 a las 15:49
94 desde Rosario ? Hernan, tenes la particularidad que detallas tanto en tus textos, que nos podemos situar en la escena, como mirando la situación desde lejos. No dejas nada librado al azar, tus historias siempre cierran. Estas historias, las verdaderas o las inventadas son las que más disfruto.
fede o
29/08/2008 a las 15:34
un texto es bueno gracias a lo que no narra se cuenta más que por lo que sí se cuenta.

como en las buenas canciones.

vamos todavía.
Descarada
29/08/2008 a las 15:05

Que grande es contar un anécdota... pero mas grande es tener quien despues de ello acaricie tus cicatrices...

Saludos desde bcn
Descarada
29/08/2008 a las 15:04

Que grande es contar un anécdota... pero mas grande es tener quien despues de ello acaricie tus cicatrices...

Saludos desde bcn
 Interior
29/08/2008 a las 14:36
Vos de carpintería .... un cero a la izquierda no?

Ojos en Blanco, vómito, desmayo, ojos en blanco, vómito, desmayo, ojos en blanco, vómito, desmayo, ojos en vómito, blanco , desmayo, ojos en desmayo, blanco , des.... quedé en loop
DIT
29/08/2008 a las 14:01
Tengo una cicatriz que me recorre el dedo más largo de la mano derecha. Una vez, en febrero de 1996, me atacó un perro que casi se lleva mi dedo con él. Fue la primera y única vez que me cosieron la piel.

Pasó un buen tiempo antes de que pudiese sentir algo con la punta del dedo. A veces me lo golpeo contra algo y, por unos minutos, unas horas, me vuelve el cosquilleo mudo.

Este post me devolvió la sensación aquella por unos segundos, sin tener que golpearme nada, sólo con recordar cómo se veía mi dedo una vez que me encerré en el baño y lo puse bajo un chorro de agua fria.

Qué hijo de puta.
Maiky
29/08/2008 a las 13:57
Que bueno! Me encantó! Lástima tus dedos!! A mi me quedó la imagen del momento en que el Chiri te sacó el cuchillo, es mas te veo a vos de espaldas sentado en la cama y al chiri de frente, todo en formato comic en clanco y negro con un toque expresionista... Si! Me gustó! Que genia la Nina!! un beso!
LuzBelito
29/08/2008 a las 13:27
Que impresión leer esta historia! Me pusiste la piel de gallina, pq el desenlace es algo similar a lo q me paso con mi hno (tb con un tramontina). La diferencia fue q él tenia el cuchillo por el mango, yo se lo quise sacar agarrándolo por el filo, tiré y él no lo soltó... Miro con cariño la cicatriz que me quedo en el dedo, pq cada vez q la veo, me acuerdo de él. Lo mismo te pasara con las tuyas.
Un abrazo querido!
LuzBelito
29/08/2008 a las 13:27
Que impresión leer esta historia! Me pusiste la piel de gallina, pq el desenlace es algo similar a lo q me paso con mi hno (tb con un tramontina). La diferencia fue q él tenia el cuchillo por el mango, yo se lo quise sacar agarrándolo por el filo, tiré y él no lo soltó... Miro con cariño la cicatriz que me quedo en el dedo, pq cada vez q la veo, me acuerdo de él. Lo mismo te pasara con las tuyas.
Un abrazo querido!
29/08/2008 a las 12:50
Sin querer ponerme melancólico, pienso que una situación así, ahora mismo, saldría en los periódicos como "Violencia entre amigos" o cosas por el estilo.

Y antes, tan sólo fue un accidente.

Ay.
Paula
29/08/2008 a las 12:20
Este me encantó!!!!!!!! No me extraña que aún estéis avergonzados por avisar a la señora por teléfono de que no ibáis a cenar... Confesión: yo no lo hice una, sino tres veces cuando vivía en Irlanda...
 olo mosquera
29/08/2008 a las 11:50
#25 y #53: ambos errores están corregidos, ¡gracias!
Romina
29/08/2008 a las 11:48
Buenísimo! Muy buena historia. Pero, como dijo alguien antes, me quedé con las ganas de saber si la bruja entró o no entró... Y si Chichita se enteró de esto...
Un saludo.
 Karen_de_Uruguay
29/08/2008 a las 11:38
Me imagino la situacion, que historia! aunque me quede con ganas de leer que paso despues

Saludos Hernan,
Karen
29/08/2008 a las 10:30
Pero la Tita ¿entró o no entró? ¿Cómo terminó todo? No me creo que no le contases a tu hija hasta cuando te cosieron la mano en el hospital. Venga, cuéntanoslo a nosotros tambien, porfa papi.
roberpf
29/08/2008 a las 10:30
¿Y Nina puede dormir después de tus cuentos?
No me imagino yo a mi hijo, de siete años, yéndose a dormir tan tranquilo después de contarle como un amigo mío al que conoce me dejó una noche con los dedos colgando :S
Me pasa lo mismo que a algunos de los comentarios anteriores. Se me queda la historia sin final... ¿Como fuiste a que te cosieran los dedos? ¿Te llevó el Chiri? ¿Te llevó Tita? ¿Cogiste (perdón, soy español) Agarraste un taxí? ¿Te hizo Tita pintar la habitación para quitar la sangre?
Elena
29/08/2008 a las 10:28
pobre chiri, no solo tiene la historia de los canelones sobre sus espaldas sino que ahora también lleva la de la noche que te acuchilló!!!!!!!!!!!

:) m encanta!
 Copi
29/08/2008 a las 10:26
como me cagué de risa...por favor!!!

sos lo máximo hernán!! JAJAJA

ayer me comí un holandés como dirías vos...

saludos
 Felix
29/08/2008 a las 10:25
Me alegra leer cuentos, más cuando en el relato encuentro similitudes con mis viviencias. Soy padre desde hace mucho tiempo y siempre tuve que aprender cuentos para contarle a mis hijas. Con la última, la más pequeña de la casa, tuve que hacer un gran esfuerzo para lograrlo. Es que uno esta tan lleno de boludeces en la cabeza que no logra imaginar con vuelo poético porqué una rosa roja es roja, planteo que mi hija me hizo y que me puso en jaque. Con buen sentido "ingenieril" uno trata de encontrar razones técnicas y fórmulas exactas del porqué de las cosas y pierde la simpleza, la frescura y la imaginación. Podremos ser muy buenos profesionales corriendo el riesgo de ser unos padres aburridísimos para nuestros hijos. Preferí sacarme toda la mugre de encima, de esa que no te deja ser más el idealista de alguna época y comencé a contarle a mi hija TODO sobre mi infancia, mis padres, mis amigos, mis vivencias hasta el día de ayer...claro, ya no me da tanta pelota, porque ya tiene casi 10 años y le vengo rompiendo los oidos con historias mías. Pero se que he cumplido con algo que fue un desafio para mi. Ser creativo, atractivo (en lo mejor de lo que uno puede dar de si) en mis relatos y a la vez, que conociera todas las vivencias de su padre. Me sentí muy identificado con tu intención, la de contarle a tu hija con lujo de detalles, cómo viviste ese momento. No me gustan las brujas, los cuchillos ni la sangre, pero has logrado que tu hija pudiera ver un pequeño cortometraje en lo que dura la luz roja de un semáforo. Eso no lo hace cualquiera. Gracias.
Morena
29/08/2008 a las 10:02
Pero, pibe, cómo se te ocurre joder a las tantas de la madrugada con una ventana?
Si yo fuera el Chiri, te vomito la mano, me desmayo encima tuyo y para rematar te corto los h@@@@s por despertarme xD

Buenísima historia. Lo que me he reído con el Chiri
mariaM
29/08/2008 a las 08:25
Me parece escuchar a la Nina con esa vos de naricita tapada que tiene y que la hace tan graciosa,me gusto el cuento, carinos Hernan. Ahh, que hay en la encomienda????, yo tambien quiero saber
Olga
29/08/2008 a las 08:15
h.
perfecta imagen
"Me levanté y fumé un cigarro mirando la calle; me sentí mayor de edad, invencible."
... pensaste que te convertias en adulto y tomabas el control de tu vida.
PD. aplicaste paños frios ( o bajaste un cambio como dicen los chicos )
Mariano
29/08/2008 a las 08:10
Pri!!!
Shulila desde el Medio Oriente
29/08/2008 a las 07:44
Cómo puede ser que te leo lo primero en mi mañana y ya hay 70 comentarios antes que yo!!?? Me encantas... y de todos modos, yo quisera saber que pasó con la mujer, cómo se solucionó el resto de la historia, se aterró pero te llevó al hospital? los dejó ahi a rascarse con sus propias uñas (colgantes) o qué? cómo solucionaste ese día.... me quedé picada con el cómo del final.
desde Jerusalén
Shu
Rosario Romero
29/08/2008 a las 07:10
Me reí, me río y me seguiré riendo con:

Puso los ojos en blanco.

Vomitó.

Se desmayó.

Genial Hernán, es que siempre las cosas así me producen risa ,es mi primera reacción a las situaciones de este tipo. En los velorios cuanto mas cercano sea el que se fué más tentación me da, es horrible pero es así, en algún momento de seguro me río, al igual que si me caigo o me lastimo.
Por lo tanto al leer compenetrada me fuí haciendo la imágen de todo y cuando me di cuenta me dolía la mandíbula de tanto reir.
Gracias .
Un Beso Ro.

29/08/2008 a las 06:33
Hernán, genial como siempre!!
Me reí, se me revolvió el estómago, me dió dulzura y me hiciste recordar cuando en 1995 mi mejor amigo me clavó por accidente un tramontina en la mano... Qué recuerdos!!

Un beso grande desde Quilmes, Buenos Aires...

No me deja de sorprender tu talento querido!
MurghTandoori
29/08/2008 a las 06:26
Yo tambien soy de Ibiza, no big fuckin' deal, como el pelota # 58, todo un groupie, como diría otra bloggista. Hasta ahí las semejanzas, a mi no me pareció tan bueno, si no más bien flojito. ¿Que mejor para lavar la imagen de las comadrejas a la parrilla que incluir un papá e hijita en el presente relato? Muy astuto, sensiblero y tot això. Además,¿ que clase de nombre es "Muñeca" para una niña catalana?
Ah, y piyama está aceptado por la REA
walquiria
29/08/2008 a las 06:06
Hernán... impecable... me encantó...

Gustavo Camacho #62 POR FAVOR contanos QUE HABIA EN TU ENCOMIENDA!!!!

En cuanto a lo que dice Quiroguita me dio la idea que tu próximo libro bien podría ser una recopilación de tus relatos que se llame "Cuentos para Nina"

Un beso
Walquiria
alu
29/08/2008 a las 05:50
Hace un montón que leo tu blog, pero no comento nunca. Me encanta, por que me divierte, me entretiene y y me invita a un submundo; como toda buena literatura.
Este me gustó en especial por que yo también soy del interior, y también pasé (y estoy pasando) esa cuestión de la adultez recién adquirida en la capital con mis amigas. Qué buenas imagenes que vinieron a mi cabeza.
Un saludo, me encanta tu manera de contar las cosas.
Muzza
29/08/2008 a las 05:49
¿Te soy sincero? No me gustó tanto.

Será que encontrar en el arranque la mención de una esquina tan cercana, esa especie de exclusividad estúpida que le surge a uno en el más vergonzoso cholulaje, hizo que las expectativas con respecto al relato fueran difíciles de cubrir.

Igual, de más está decir que cuando pase con el 93 por ahí, además de buscar la ventana, voy a comentar que en ese balconcito el Chiri acuchilló al gordo Casciari en su primera noche en Buenos Aires.
jota
29/08/2008 a las 05:41
Hola hernán, vi tu libro acá en buenos aires. No lo compré sólo por una cuestión ecológica (no me gustan los libros en formato árbol muerto)

Saludos
 La Negra Quiroga
29/08/2008 a las 05:41
Te quieroooo!!! Seguí así que a Nina no le queda más salida que "decidir" ser argentina.
A partir de esto quiero contarle más de MIS historias a mi hija muero de ganas de que ella me acaricie alguna de mis cicatrices.
 Leonardo Oyola
29/08/2008 a las 05:25
Hernán, este texto es la evidencia de porqué te sucede lo que te sucede. Tenés kilos de más de talento y eso hace la diferencia entre tu literatura y la de otros como yo, que sólo podemos considerar nuestras pretensiones, como tenues intentos.

Hoy decidí ir a comprar el sexto ejemplar de "España, decí alpiste" para ponerlo en mi biblioteca después de engramparle el certificado provisorio de la obra social que me firmaste el día de la presentación en el Xirgu. Debo confesar que sentí cierta desilusión. Esperaba que ese ejemplar fuera el que me entregaras por el canje que te propuse hace un tiempo y que aceptaste.

Lllegué a mi casa sin ganas siquiera de sacar tu libro de la bolsa de Yenny. Mientras abría la puerta, encuentro un aviso del correo en el que me comunican que debo pasar antes de que se cumplan cinco días hábiles, a retirar una encomienda. Es raro, no espero una encomienda de nadie que no sea una tuya. Mañana voy a ir al correo.

Te mando un abrazo. No me importa mucho que no me hayas enviado el libro, no dejaré de leerte por eso, pero no me hace bien de ninguna forma.

Que sigan tus éxitos.



Vachi
29/08/2008 a las 05:16
"La suavidad no es amiga del martillo" juaaaaaaaaaaaa!
Ay Casciari Casciari... ¿Qué decir? No sabés lo bien que me hizo leer tu relato. Hoy en especial. Motivos varios.
Qué afortunada la Nina, tener un papá que le cuente historias así, y encima luego le muestre el lugar de los hechos... No es cosa de todos los días. Hay que saber elegir bien a los papás (por eso nuestras hijas son tan felices!).
Me fascinan las anécdotas sencillas contadas con magia y gracia. (Aunque esta tiene lo suyo por sí sola... yo nunca me corté nada delante de nadie que vomitara o se desmayara ni ví dedos colgando en la vida real, así que tampoco es que le falten ingredientes a la historia por sí misma)
Ojalá siempre conserves esta frescura y sensibilidad. Me encanta cuando involucrás a la Nina.
Muchos besos.

Pd: ¿Por qué "piyama"? Tenés destellos gringos? jiji
 Maruh
29/08/2008 a las 05:15
lo mas fabuloso de ese tipo de historias tragicomicas que en general ni uno sabe bien como llegaron a sucederles, es en el momento en que alguien mas te descubre, lo saca de contexto y no puede enganchar el hilo de COMO fue que llegó a ese final, a esa escena... jaja, buenisimo
Uge
29/08/2008 a las 05:12
si si.. maravilloso..
Aviso que tampoco se tienen que usar los tramontina para separar patys o milanesas de soja... pueden tener los mismos efectos!
:) un placer hernan, como siempre!
EdMcVain
29/08/2008 a las 05:02
Muy bueno, tío.
Ah, y soy el # 56 desde Ibiza. (Ya que no puedo vacilar de de ubicación en la lista, lo hago de procedencia... ja, ja comeros esa mandarina...)
Crysty
29/08/2008 a las 05:00
Hola Hernán...hacía mucho que no me pasaba...
Qué gracioso!!! Me hiciste k_gar de risa!!!
Hoy por hoy me saco el sombrero...(y ya que no tengo los dedos colgantes, te aplaudo!)
Saludos amigo! Desde acá, de Cosquín...
Suerte!
Dami
29/08/2008 a las 04:59
Muy buena historia Hernán. Tenés la simpleza de los grandes para hacer interesante lo que otros considerarían mínimo. Lo mejor de estos relatos es sentir que pudieron haber sido propios, solo que unos pocos elegidos tienen tu talento para traducirlo en palabras.

Gracias por este pasaje de ida y vuelta a la adolescencia, añorada época donde las desgracias y las risas se funden y confunden, y donde un chiflete en una ventana puede volverse epopeya.

Un abrazo...
Anoia
29/08/2008 a las 04:56
Me acordé de mi primera noche acá. Me gustó.

Pobre Chiri! Tampoco lo hizo a propósito...

Besos.
viovio
29/08/2008 a las 04:45
Impresonante Casciari
Da gusto leerte, con ese estilo tan propio, que va siempre de la ternura a la truculencia.

Saludos y gracias por este texto.

Villa Elisa Bs As
Susana Mar Jet Co.
29/08/2008 a las 04:41
¡Las historias de los chicos que recién se van del nido! ¡Las llamadas a las madres para saber si lo que comerán los llevará al hospital! ¡Las vecinas que los cuidan sin que ellos lo noten siquiera! ¡Muy bueno!

Otro tema: usaste el cuchillo como maza, con zeta.
pablo
29/08/2008 a las 04:21
51 desde lanus

me quedo una sensacion fea en la mano
cristian
29/08/2008 a las 04:20
Buenisimo.
Ademas esta vez creo que no ofendes a nadie. Bue, por ahi a alguna viuda o un fabricante de cuchillos.
Saludos desde la felí.
29/08/2008 a las 04:19
¡¡Ahhhh!! ¡Qué épocas aquellas! Tiempos en los que ibas a comprar un sachet de leche con 10 australes, llegabas a la despensa y costaba 100. Volvías a casa a buscar los 90 australes restantes y, apenas llegabas al negocio de la señora de la esquina, ya salía 1.000!!!
Allá por 1988, mi hermano me clavó un tenedor en el cuello. ¡Cuánta nostalgia!
Ga
29/08/2008 a las 04:15
Que linda historia, me imagino la carita de Nina poniendole imagen al cuento que tantas veces escucho!!!

Me encantan tus historias!

Saludos desde Cap. Fed.
Ga
JJ
29/08/2008 a las 04:01
¿Que carajo dijo Tita cuando vio la escena? jaja

Muy bueno como siempre Hernan, saludos desde Ambato, Ecuador.
JJ
29/08/2008 a las 04:01
¿Que carajo dijo Tita?

Muy bueno como siempre Hernan, saludos desde Ambato, Ecuador.
Ceci
29/08/2008 a las 03:58
No y No !!! Hernán a que hora tengo que estar ? mientras lucho con la cena, los pibes.. todo el mundo llega antes que yo ?
Desde un Chivilcoy lindísimo.. sos una máquina,.. un Fórmula 1 !!!
Gracias Gracias
Pd Ya comprè tus libros.. junto a la Biblia y Luisa M Alcott quedan monos
 taximetrista
29/08/2008 a las 03:55
Genial Hernán, como siempre... Tengo malas experiencias con los Tramontina, aunque no tanto... "Mono con tramontina" es peor que "mono con navaja"...

Divina la Nina (también como siempre)... Prestamela una tarde así la llevo al Ital Park...

Saludos desde Córdoba!
Emiliano.
 taximetrista
29/08/2008 a las 03:55
Genial Hernán, como siempre... Tengo malas experiencias con los Tramontina, aunque no tanto... "Mono con tramontina" es peor que "mono con navaja"...

Divina la Nina (también como siempre)... Prestamela una tarde así la llevo al Ital Park...

Saludos desde Córdoba!
Emiliano.
efe
29/08/2008 a las 03:47
muy tierno
me voy a dormir contenta
guillermo fernando
29/08/2008 a las 03:44
Muy lindo relato.
Te saludo desde Pilar- Bs. as.
guillermo fernando
29/08/2008 a las 03:43
Muy lindo relato.
Te saludo desde Pilar- Bs. as.
Alejandro
29/08/2008 a las 03:43
Buenas noches, desde Puerto Esperanza Misiones.
La vieja no les iba a preparar la comida.
Ojos blanco, vomito y desmayo es igual al sentido de culpa que sintió el Chiri. El cerebro en esas ocaciones se apaga.

En una mudanza tiré a mi primo y todos los muebles de la chata. Me pasó lo mismo que al Chiri.

Guillermo
29/08/2008 a las 03:36
VolviO casciari! Welcome back buddy!

Ivan Tchakoff
29/08/2008 a las 03:35
Uno de los mejores cuentos que leí. Me recordó a Raymond Carver. Un abrazo, gordo trolebús.
Fluorescente Involuntario
29/08/2008 a las 03:31
Es genial el cuadro con el que se encuentra la vieja. El arte imita a la naturaleza. Un gordo clavando de noche y un calentón, logran una escena perfecta sin guionista mediante. Pero me quedé colgado en otra cosa. Cuál ha sido el viaje más largo de tu vida, Mercedes-Bs As o Bs As-Barcelona. Estimo que el primero
Enzo Javier
29/08/2008 a las 03:26
Excelente Hernán!
Pasen por mi blog, les va a gustar:
www.noticiasdelamemoria.blogspot.com

Saludos!!
apodo
29/08/2008 a las 03:25
Hernán:
Gracias por la literatura!
¿Cuánto te pagaron los de Terrabusi y los brasileros para que nombres tantas veces "Tita" y "Tramontina"?!!!
Desde Bs As, y con muchos kioskos a mi alcance te mando un abrazo a ti y a los tuyos.






Pabel
29/08/2008 a las 03:23
loco sos un desgraiado! comote vas a reir con los dedos colgando? Tu destino de flaco merquero en los noventa era evidente
Julián
29/08/2008 a las 03:23
Hernán! Si hubiese visto la escena no hubiese hecho otras tres cosas que las del Chiri.

Hay un par de oraciones que me transportaron.... Aplausos

un abrazo

Julián
Pabel
29/08/2008 a las 03:23
loco sos un desgraiado! comote vas a reir con los dedos colgando? Tu destino de flaco merquero en los noventa era evidente
Sara
29/08/2008 a las 03:22
Hola desde Perù. Primera vez que escribo. Muy tierno. Me encantò y me quita el mal sabor que me dejò el anterior con lo de las comadrejas y todo eso.
Noe
29/08/2008 a las 03:16
Boring...
29/08/2008 a las 03:11
Mi papá también tiene cicatrices en tres de sus dedos, por una situación similar cuando era chico: estaba untando manteca en una tostada, su hermana quiso quitarle el cuchillo y se los cortó, con tendones y todo (no puede estirar bien los dedos). La historia contada por mi papá, claro está, era una de mis preferidas cuando era chica. Todavía le acaricio las cicatrices.
hablemosmaldeloshombres.blogspot.com
29/08/2008 a las 03:11
hernán, me reí, a mí también me encantan esa clase de historias!!!!!!!

me imagino la carita de nina

que amor
leonardo
29/08/2008 a las 03:02
que cagueta el chri, que escena ,sublime.
saludos

José Busa
29/08/2008 a las 02:58
Hay top 30?
PAT
29/08/2008 a las 02:53
Muy bueno Casciari!
Me gustó mucho el gordo bañado en sudor que apronta la emergencia para cagarse de risa tranquilo!
Un detalle, fijate acá: "Caímos su casa con algunas referencias falsas"
Le vendría bien un "a su casa" no?
Un abrazo, maestro.
Soneus
29/08/2008 a las 02:48
Se les fue la mano, dijo Tita al entrar.......
Germán M
29/08/2008 a las 02:38
Me dejaste una sensacion muy desagradable en mis manos. Mas bien en mi dedo indice y mayor de mi mano derecha, algo asi como cuando te acerca algo a la frente y te empieza a dar una sensacion de incomodidad en la parte donde estaria el tercer ojo. No seas tan grafico con estas cosas que despues me traumo, ya me dejaste secuelas con la comadreja, ahora con esto. Voy a empezar a comer arroz con palitos, que no se te ocurra escribir nada que tenga que ver con palitos chinos y ojos por favor.
29/08/2008 a las 02:36
Son más lindas estas historias conociendo las caras de los protagonistas.
Natalia Alabel
29/08/2008 a las 02:35
Uh, fui octava desde Buenos Aires! (medio atrasado)
Nora
29/08/2008 a las 02:34
Uno de los mejores cuentos de los últimos tiempos.
Me encantó lo de la llamada para avisar que no iban a cenar, creo que es ahí cuando uno se da cuenta ...cuando cesa la obligación de avisar donde estás y que andás haciendo es cuando finalmente te avivás de que no hay que rendirle cuentas a nadie.
Muy tierno el final.
Un placer leerte...como siempre.
Marianela
29/08/2008 a las 02:34
Buenissssimoooo, gordo sos un genio.

Marianela desde Mercedes
madre histérica
29/08/2008 a las 02:33
che no se vale. cuando abrí esto había sólo 7 comentarios!!!
18? desde el DF mexicano???

buenísimo hernán. pero no me puedo sacar la imagen de los dedos colgandote. Chiri, qué poco aguante macho!
Marco
29/08/2008 a las 02:30
ehhhh, ehhhh, ehhhhh......si supiera que escribir tendria mi propio blog.....Saludos desde Tucumán
Bruno
29/08/2008 a las 02:29
Cómo disfruté al leerlo. Por un momento se me pusieron blancos los ojos, vomité y me desmayé. Todo al mismo tiempo. Menos mal que después leí el final, y se me pasaron los malestares estomacales y existenciales. Aunque no sea papá, siempre hay alguien que acaricia las heridas. Siempre!
El que está en mi podio sos vos, monstruo acuchillado por un tramontina!
Argento perdido
29/08/2008 a las 02:29
Quichicientos desde Guatemala
Guille
29/08/2008 a las 02:29
Jaja, muy bueno.
Me imagino en tu lugar, con los dedos colgando pero riéndote de la triple escena de tu amigo y no puedo evitar imaginarme en esa situación haciendo lo mismo.
Laura
29/08/2008 a las 02:25
Saludos Hernán!!!
 P8
29/08/2008 a las 02:24
Ahhh, me bajo la presión el solo leerlo.
 P8
29/08/2008 a las 02:23
Ahhh, me bajo la presión el solo leerlo.
Desde el Elefante
29/08/2008 a las 02:23
Octavo desde menéame!.. :-P

Mis saludos hernán
Marcela
29/08/2008 a las 02:23
novena desde Concepción del Uruguay, Entre Ríos. Siempre nuestros hijos acarician nuestras cicatrices. Un beso
Natalia Alabel
29/08/2008 a las 02:22
Jejee, has pensado en los y las amigas de Nina cuando crezca? Mirá si la andan acuchillando?!
Besos
 MARIA DEL MAR CORRECHE
29/08/2008 a las 02:18
sexta desde menorca! y primera vez q escribo.
MAR
29/08/2008 a las 02:17
Octava desde Uruguay. yo queria ser recontra PRI
snif snif
juan pablo
29/08/2008 a las 02:15
tercero desde lujan????????????
fede
29/08/2008 a las 02:15
tercero desde rosario!!!
sol
29/08/2008 a las 02:14
¿Segunda desde México? Eres el héroe de mi novio.
Celeste
29/08/2008 a las 02:14
Segunda desde Buenos Aires!
a leer
Samuel
29/08/2008 a las 02:12
¡Primero desde México!