Orsai blog post

Vida privada
martes 19 de febrero, 2008

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Vida privada
martes 19 de febrero, 2008

Don Marcos

   

Dos veces, y no una, mi abuelo materno me ayudó a ser un escritor. Y las dos veces su intención fue convertirme en su títere. Ahora que el hombre ha muerto soy capaz de escribir sobre el asunto con menos tacto, y puedo recordar —creo que sin rencor— el año surrealista que viví en su casa de San Isidro, esas noches en las que él me encerraba en la cocina con candado para que no saliera al patio a fumar; o las otras noches, todavía peores, en que revisaba mis cuentos y me tachaba con lápiz rojo las ideas inmorales.

Pero antes debo saltar en el tiempo a 1982, porque entonces ocurrió algo importante. Yo estaba a punto de cumplir doce años y mi tía Ingrid me regaló dos canastos llenos de libros de su adolescencia; más de cincuenta libros. Mi abuelo Marcos, sin que se lo pidiese nadie, desparramó los libros y empezó a hacer dos montones. En uno puso los que yo podía leer, y en el otro los que no.

En el montón de los permitidos estaban esos libros seriales que se publicaban en los años sesenta, del tipo Jules y Gilles en busca del diamante, o Jules y Gilles y el piano de cola, etcétera. Volúmenes que sólo eran malas lecturas iniciales. Mientras que en la pila de los prohibidos había buena literatura, novelas que el hombre suponía demasiado complejas para mi edad, o que sospechaba, por la intuición del título, que podían contener tetas, y culos, y fornicación.

Cuando volví a Mercedes con los dos canastos de libros, naturalmente empecé a leer los prohibidos: eran novelas de Conan Doyle, de Oscar Wilde, de Mark Twain, de Chesterton. Libros impresos en hoja de biblia, obras completas. Claro que él no me había prohibido Wilde por El Príncipe Feliz, sino por Dorian Gray, que estaba en el mismo tomo. No me negaba Huck Finn, quiero decir, sino El diario de Adán y Eva.

Tuve un abuelo que me prohibió —justo en el inicio de mi rebeldía— la buena literatura. No la tele, o las drogas, o el alcohol. Tuve esa enorme suerte. No lo entendía entonces, claro, pero ahora sé que en la infancia la pasión desbordada solamente cabe por las puertas del NO.

Esa fue la primera vez que mi abuelo Marcos me ayudó, por contraposición y sin él quererlo, a ser un escritor. La segunda iba a ocurrir quince años más tarde y sería bastante más dolorosa.

Ahora deberíamos ubicarnos en 1997. Yo tengo veintiséis años, soy un ex cocainómano flamante y tengo acidez de estómago. Mucha acidez, es espantoso. Ya me gasté los últimos dólares de un premio literario y no tengo dónde caerme muerto. No puedo vivir en Mercedes ni un minuto más, porque en cada esquina hay una cara conocida que me quiere convidar de su bolsa.

Chichita, que está al tanto de todo, quiere ayudar a que vuelva a la Capital, un sitio neutro en el que puedo conseguir trabajo y rehacer mi vida. Como no hay plata para alquilar departamentos, se juega una carta imposible: le pide a su padre, a don Marcos, que me acepte como huésped temporal en su casa de San Isidro.

La primera respuesta del viejo es veloz y tiene lógica: el abuelo dice que no, que la idea es una locura insensata, que sólo verme de cerca, ver en qué me he convertido, podría matarlo de tristeza. Don Marcos no quiere saber nada de mí.

Antes de que alguien intente juzgar esta negativa, debo decir que mi abuelo materno tenía entonces quince nietos y que yo era el mayor. Es decir que fui el primero, el de las mil fotos, el de los grandes regalos, y el hombre había puesto en mí todas sus esperanzas. También debo decir —para completar el cuadro— que hacía más de diez años que yo no lo visitaba, ni lo llamaba por teléfono para preguntarle si estaba vivo o si estaba muerto.

Don Marcos sabía de mi existencia de oídas y por rumores, que es la peor manera de saber sobre la vida de nadie. Conocía la síntesis de mi juventud, pero no su lento y agotador desarrollo. En esa síntesis biográfica campeaban a sus anchas cinco frases recurrentes: ahora está gordo, ahora escribe, ahora se droga, ahora está flaco, ahora no sabemos dónde está.

Sólo me había visto con sus ojos una vez, en toda una larga década, y no había sido un paisaje alentador. Se casaba mi hermana y él había ido a la ceremonia a regañadientes. Yo estaba en una mesa alejada del salón de fiestas. Cuando mi abuelo miró para mi sector, el Chiri me estaba tirando aceitunas desde lejos y yo las cazaba al vuelo con la boca. No. Ése no era el futuro que don Marcos había soñado para mí.

Por suerte mi madre insistió en el pedido urgente de asilo (insistió varias veces, creo que hasta lloró y suplicó) y una tarde él llamó por teléfono y pidió hablar conmigo.

—Hernán —dijo—, vas a venir a esta casa, pero bajo mi responsabilidad y acatando cada una de mis reglas. No quiero enfermarme, por tu culpa, ya más de lo que estoy.

A la tarde siguiente metí en un bolso dos mudas de ropa, un paquete con cincuenta sobres de Uvasal y la carpeta con todos mis cuentos viejos. Con aquello bártulos y la cabeza astillada, me fui en un tren a San Isidro. Para mí comenzaban doce meses alucinantes tras los que acabaría convertido —ya sin retorno— en un escritor. Para don Marcos empezaba el último año de su vida.

Al llegar, me puso unas reglas muy crueles. Debía escribir seis horas al día, debía fumar sólo en el patio y debía darle dos vueltas al perímetro del Hipódromo todas las mañanas, aunque el sol partiese la tierra o cayera el diluvio universal.

—Pero yo vine a la Capital a buscar algún trabajo, de lo que sea —le decía espantado.

—Tu trabajo es escribir, adelgazar y dejar el vicio —respondía él—. Pero sobre todo escribir. Si hacés las cosas bien, plata no te va a faltar. Yo me encargo de eso.

Don Marcos tuvo siempre un sistema de pensamiento devastador y caprichoso contra el que era imposible debatir. Los demás siempre estaban equivocados y él había llegado al mundo para encontrar los errores. Desde el día en que viví con él hubo mil discusiones absurdas en las que yo acababa agotado y me retiraba con dolor de cabeza. Pero también me olvidaba de él muy pronto.

En cambio cuando el adversario era alguno de sus hijos, o su esposa, o alguien que compartía con él lazos inseparables, cada palabra de don Marcos provocaba una herida que no sanaba más. El dolor nacía y quedaba en el cuerpo toda la vida. Lo sabía por mi madre.

En aquel tiempo escribir era para mí una fiesta a la que podía entrar cuando se me daba la gana, y salir si la cosa se ponía muy densa. Escribir no era un trabajo, sino la mejor excusa para ser un vago. Me sospechaba con algún talento natural, y entonces me aprovechaba de la suerte. Nunca nadie, ni en mi familia ni entre mis amigos, me había enfrentado a la raíz de mi vocación.

Don Marcos fue el primero. Me puso una máquina de escribir en el galpón de las herramientas y me dejó dormir en la cocina de su casa. Durante el día él contaba cuántas veces dejaba de escribir para fumar. Por la noche, cerraba con candado la cocina para que no pudiera salir al patio ni escapar de la casa. Mi humillación era absoluta, gigantesca y mortal, pero no podía rebelarme porque más allá de ese techo y de esas reglas no tenía nada.

Para peor, él siempre estaba en casa. Desde muy joven había cortado la relación con sus hermanos. Su esposa le temía. Algunos de sus hijos le habían entregado la vida a cambio de nada. Los otros se alejaban o deseaban olvidarlo. No tenía amigos reales. Él veía que a su alrededor las personas tenían una vida y a veces eran felices al equivocarse y empezar de nuevo, pero pensaba que en todas partes, menos en sus zapatos, había un fallo monumental.

Mi primera defensa al encierro fue la de siempre: me sentaba en un sillón enorme a ver pasar las horas, con la hoja intacta en la máquina de escribir. No me salía una sola idea, pero me daba lo mismo. A las seis horas bajaba a tomar mate con gesto de escritor preocupado y con una enorme carpeta llena de cuentos viejos abajo del sobaco.

Esto había funcionado siempre, al principio con mis padres, y después con mis amigos. Silencio, que el Gordo está escribiendo. La excusa de la literatura, de su enorme sacrificio, me había salvado del esfuerzo real cientos de veces. Pero el mundo de don Marcos era otro mundo.

Nunca descubrió que yo no escribía, pero descubrió algo peor: supo que yo era un escritor pésimo. Cada noche, mientras yo dormía, revisaba la carpeta negra de los cuentos viejos y me los destrozaba. Usaba un lápiz rojo, grueso, de carpintero, y además de tachar párrafos completos hacía anotaciones en los márgenes. No eran críticas constructivas sino palabras sueltas en letra imprenta: INNECESARIO. INMORAL. ASQUEROSO. Algunas veces, muy pocas, una palabra de aliento: BIEN, o ESTA FRASE NO ESTÁ MAL. Una palmada cada quinientos coscorrones.

No eran épocas informáticas, se entiende, y por tanto cada original borroneado con saña era un cuento perdido que había que redactar otra vez desde cero. Y eso cuando solamente se le ocurría tachar, porque a veces era peor. Una vez leyó El Futuro del Chape, un cuento corto en el que un violador cuenta, en primera persona, los detalles más morbosos de su oficio, y me rompió las dos páginas en mil pedazos. Al día siguiente tuve que reescribirlo entero, de memoria, hundido en una impotencia que ya me resultaba insoportable.

Pero no era eso lo que más me molestaba, sino que por primera vez alguien discutía mi oficio con ferocidad. Y lo más alucinante es que, en lugar de rebelarme, yo empezaba a despertar de mi dejadez, a escribir de nuevo con fuerza, pero ya no para alardear sino para defenderme.

Don Marcos era fanático de la familia occidental y cristiana, aunque no había hecho otra cosa en la vida más que desunir a la suya y olvidarse de Dios. Pero lo más peligroso era que lo había hecho sin mala intención, es decir: convencido de practicar el bien. Lo mismo hacía con mis cuentos.

—La literatura tiene que ser moral —me decía después de leer algún otro cuento mío lleno de groserías o imágenes chanchas—, tiene que reflejar lo bueno que hay en los hombres, y lo que vos hacés es una mierda.

Seis meses después, yo escribía desde que salía el sol y solamente dejaba mi habitación de las herramientas para bajar y discutir con él a los gritos. A veces las charlas duraban hasta muy entrada la noche. El hombre era cerrado como un laberinto y, supe entonces, compartía la teoría de la perfección de la raza. Odiaba a los judíos con ganas, casi tanto como a la mujer independiente. Las democracias le resultaban incómodas, pero tampoco suscribía a los regímenes fascistas de su tiempo.

Los militares argentinos le resultaban tan ridículos como los dirigentes demócratas, y él parecía no estar parado en ninguna vereda. En todo ese año nunca pude entender con qué sistema de gobierno se hubiera sentido a gusto. Al final entendí que su mecanismo era llevar la contra siempre y postular que en todas las ideas posibles había una grieta, menos en la propia.

Don Marcos jamás veía árboles, sino madera. Él podría haber sido carpintero, pero nunca guardabosques. No habría soportado ver crecer un tronco, ni observar la composición arbitraria de sus ramas, ni dejar brotar las hojas, ni más tarde verlas caer. Mi abuelo habría podado el tronco antes de tiempo, habría tallado su imagen con un cincel desesperado y le habría puesto su nombre a la obra. Don Marcos Carabajal. Eso intentaba hacer también conmigo, ahora que yo dependía de su comida y de su techo protector.

Fue un año larguísimo y pesado, del que seguramente todavía me quedan traumas. (Escribir esto es dejar atrás alguno.) Pero sólo entonces, sólo en ese territorio caótico aprendí a escribir con sacrificio y sin inspiración, y aprendí también que el ESTA FRASE NO ESTÁ MAL de un lector enemigo es mil veces mejor crítica que el GENIAL COMO SIEMPRE de un lector camarada.

Al final de ese año fui a comprar cigarros y, al volver a la casa de San Isidro, mi abuelo me esperaba en el patio. Estaba muy preocupado de que no se lo notara ansioso.

—¿Vos mandaste un cuento a Francia? —me preguntó, con el teléfono inalámbrico todavía en la mano.

Dije que sí con el corazón en la boca, porque sabía muy bien lo que estaba pasando.

—Cuál cuento —quiso saber, con la cara de culo más grande del mundo.

Ropa sucia —dije—, el de la hermana que le hace la paja al hermano. El que rompiste la semana pasada.

—Llamaron —dijo, señalando el teléfono—. Que ganaste no sé qué, no se entendía bien. Ahí te dejé el número arriba del aparador, capaz es un chiste de algún amigo tuyo...

Y se fue a dormir la siesta, enojadísimo.

Dos meses después, con la plata del premio en Francia me pagué el depósito para mi casita de Belgrano y me fui a vivir solo. Me compré una mesa y un colchón. Y un teléfono móvil de dos kilos. A ese móvil llamó Chichita para avisarme que mi abuelo se había muerto.

Mi último acto de rebeldía fue no ir al entierro de ese hombre que, en la infancia, me enseñó a tener curiosidad por lo prohibido, y cuando dejé la adolescencia, me mostró que la vocación no es una fiesta nocturna sino un esfuerzo complicado de asimilar.

Ahora, que me levanto a las ocho de la mañana para escribir mis cuentos, y que no siempre hay inspiración, ahora que me acuesto temprano y que mis historias nomás buscan entretener, suelo pensar en él.

Pero lo tengo más presente, a don Marcos, cuando descubro que el tiempo viaja en remolinos, y que Nina un buen día crecerá y me dará un nieto. Un nieto que —porqué no, si llevará mis genes— puede convertirse en el adolescente ausente que fui yo. Qué espanto más grande.

Es posible que para ser un escritor no me baste con andar los caminos prohibidos y asumir el esfuerzo y la responsabilidad. Quizás escribir me funcione, únicamente, si levanto la vista una vez en la vida y le pido perdón a mis muertos, sin literatura.

Hernán Casciari
martes 19 de febrero, 2008


Don Marcos

por Hernán Casciari

Dos veces, y no una, mi abuelo materno me ayudó a ser un escritor. Y las dos veces su intención fue convertirme en su títere. Ahora que el hombre ha muerto soy capaz de escribir sobre el asunto con menos tacto, y puedo recordar —creo que sin rencor— el año surrealista que viví en su casa de San Isidro, esas noches en las que él me encerraba en la cocina con candado para que no saliera al patio a fumar; o las otras noches, todavía peores, en que revisaba mis cuentos y me tachaba con lápiz rojo las ideas inmorales.

Pero antes debo saltar en el tiempo a 1982, porque entonces ocurrió algo importante. Yo estaba a punto de cumplir doce años y mi tía Ingrid me regaló dos canastos llenos de libros de su adolescencia; más de cincuenta libros. Mi abuelo Marcos, sin que se lo pidiese nadie, desparramó los libros y empezó a hacer dos montones. En uno puso los que yo podía leer, y en el otro los que no.

En el montón de los permitidos estaban esos libros seriales que se publicaban en los años sesenta, del tipo Jules y Gilles en busca del diamante, o Jules y Gilles y el piano de cola, etcétera. Volúmenes que sólo eran malas lecturas iniciales. Mientras que en la pila de los prohibidos había buena literatura, novelas que el hombre suponía demasiado complejas para mi edad, o que sospechaba, por la intuición del título, que podían contener tetas, y culos, y fornicación.

Cuando volví a Mercedes con los dos canastos de libros, naturalmente empecé a leer los prohibidos: eran novelas de Conan Doyle, de Oscar Wilde, de Mark Twain, de Chesterton. Libros impresos en hoja de biblia, obras completas. Claro que él no me había prohibido Wilde por El Príncipe Feliz, sino por Dorian Gray, que estaba en el mismo tomo. No me negaba Huck Finn, quiero decir, sino El diario de Adán y Eva.

Tuve un abuelo que me prohibió —justo en el inicio de mi rebeldía— la buena literatura. No la tele, o las drogas, o el alcohol. Tuve esa enorme suerte. No lo entendía entonces, claro, pero ahora sé que en la infancia la pasión desbordada solamente cabe por las puertas del NO.

Esa fue la primera vez que mi abuelo Marcos me ayudó, por contraposición y sin él quererlo, a ser un escritor. La segunda iba a ocurrir quince años más tarde y sería bastante más dolorosa.

Ahora deberíamos ubicarnos en 1997. Yo tengo veintiséis años, soy un ex cocainómano flamante y tengo acidez de estómago. Mucha acidez, es espantoso. Ya me gasté los últimos dólares de un premio literario y no tengo dónde caerme muerto. No puedo vivir en Mercedes ni un minuto más, porque en cada esquina hay una cara conocida que me quiere convidar de su bolsa.

Chichita, que está al tanto de todo, quiere ayudar a que vuelva a la Capital, un sitio neutro en el que puedo conseguir trabajo y rehacer mi vida. Como no hay plata para alquilar departamentos, se juega una carta imposible: le pide a su padre, a don Marcos, que me acepte como huésped temporal en su casa de San Isidro.

La primera respuesta del viejo es veloz y tiene lógica: el abuelo dice que no, que la idea es una locura insensata, que sólo verme de cerca, ver en qué me he convertido, podría matarlo de tristeza. Don Marcos no quiere saber nada de mí.

Antes de que alguien intente juzgar esta negativa, debo decir que mi abuelo materno tenía entonces quince nietos y que yo era el mayor. Es decir que fui el primero, el de las mil fotos, el de los grandes regalos, y el hombre había puesto en mí todas sus esperanzas. También debo decir —para completar el cuadro— que hacía más de diez años que yo no lo visitaba, ni lo llamaba por teléfono para preguntarle si estaba vivo o si estaba muerto.

Don Marcos sabía de mi existencia de oídas y por rumores, que es la peor manera de saber sobre la vida de nadie. Conocía la síntesis de mi juventud, pero no su lento y agotador desarrollo. En esa síntesis biográfica campeaban a sus anchas cinco frases recurrentes: ahora está gordo, ahora escribe, ahora se droga, ahora está flaco, ahora no sabemos dónde está.

Sólo me había visto con sus ojos una vez, en toda una larga década, y no había sido un paisaje alentador. Se casaba mi hermana y él había ido a la ceremonia a regañadientes. Yo estaba en una mesa alejada del salón de fiestas. Cuando mi abuelo miró para mi sector, el Chiri me estaba tirando aceitunas desde lejos y yo las cazaba al vuelo con la boca. No. Ése no era el futuro que don Marcos había soñado para mí.

Por suerte mi madre insistió en el pedido urgente de asilo (insistió varias veces, creo que hasta lloró y suplicó) y una tarde él llamó por teléfono y pidió hablar conmigo.

—Hernán —dijo—, vas a venir a esta casa, pero bajo mi responsabilidad y acatando cada una de mis reglas. No quiero enfermarme, por tu culpa, ya más de lo que estoy.

A la tarde siguiente metí en un bolso dos mudas de ropa, un paquete con cincuenta sobres de Uvasal y la carpeta con todos mis cuentos viejos. Con aquello bártulos y la cabeza astillada, me fui en un tren a San Isidro. Para mí comenzaban doce meses alucinantes tras los que acabaría convertido —ya sin retorno— en un escritor. Para don Marcos empezaba el último año de su vida.

Al llegar, me puso unas reglas muy crueles. Debía escribir seis horas al día, debía fumar sólo en el patio y debía darle dos vueltas al perímetro del Hipódromo todas las mañanas, aunque el sol partiese la tierra o cayera el diluvio universal.

—Pero yo vine a la Capital a buscar algún trabajo, de lo que sea —le decía espantado.

—Tu trabajo es escribir, adelgazar y dejar el vicio —respondía él—. Pero sobre todo escribir. Si hacés las cosas bien, plata no te va a faltar. Yo me encargo de eso.

Don Marcos tuvo siempre un sistema de pensamiento devastador y caprichoso contra el que era imposible debatir. Los demás siempre estaban equivocados y él había llegado al mundo para encontrar los errores. Desde el día en que viví con él hubo mil discusiones absurdas en las que yo acababa agotado y me retiraba con dolor de cabeza. Pero también me olvidaba de él muy pronto.

En cambio cuando el adversario era alguno de sus hijos, o su esposa, o alguien que compartía con él lazos inseparables, cada palabra de don Marcos provocaba una herida que no sanaba más. El dolor nacía y quedaba en el cuerpo toda la vida. Lo sabía por mi madre.

En aquel tiempo escribir era para mí una fiesta a la que podía entrar cuando se me daba la gana, y salir si la cosa se ponía muy densa. Escribir no era un trabajo, sino la mejor excusa para ser un vago. Me sospechaba con algún talento natural, y entonces me aprovechaba de la suerte. Nunca nadie, ni en mi familia ni entre mis amigos, me había enfrentado a la raíz de mi vocación.

Don Marcos fue el primero. Me puso una máquina de escribir en el galpón de las herramientas y me dejó dormir en la cocina de su casa. Durante el día él contaba cuántas veces dejaba de escribir para fumar. Por la noche, cerraba con candado la cocina para que no pudiera salir al patio ni escapar de la casa. Mi humillación era absoluta, gigantesca y mortal, pero no podía rebelarme porque más allá de ese techo y de esas reglas no tenía nada.

Para peor, él siempre estaba en casa. Desde muy joven había cortado la relación con sus hermanos. Su esposa le temía. Algunos de sus hijos le habían entregado la vida a cambio de nada. Los otros se alejaban o deseaban olvidarlo. No tenía amigos reales. Él veía que a su alrededor las personas tenían una vida y a veces eran felices al equivocarse y empezar de nuevo, pero pensaba que en todas partes, menos en sus zapatos, había un fallo monumental.

Mi primera defensa al encierro fue la de siempre: me sentaba en un sillón enorme a ver pasar las horas, con la hoja intacta en la máquina de escribir. No me salía una sola idea, pero me daba lo mismo. A las seis horas bajaba a tomar mate con gesto de escritor preocupado y con una enorme carpeta llena de cuentos viejos abajo del sobaco.

Esto había funcionado siempre, al principio con mis padres, y después con mis amigos. Silencio, que el Gordo está escribiendo. La excusa de la literatura, de su enorme sacrificio, me había salvado del esfuerzo real cientos de veces. Pero el mundo de don Marcos era otro mundo.

Nunca descubrió que yo no escribía, pero descubrió algo peor: supo que yo era un escritor pésimo. Cada noche, mientras yo dormía, revisaba la carpeta negra de los cuentos viejos y me los destrozaba. Usaba un lápiz rojo, grueso, de carpintero, y además de tachar párrafos completos hacía anotaciones en los márgenes. No eran críticas constructivas sino palabras sueltas en letra imprenta: INNECESARIO. INMORAL. ASQUEROSO. Algunas veces, muy pocas, una palabra de aliento: BIEN, o ESTA FRASE NO ESTÁ MAL. Una palmada cada quinientos coscorrones.

No eran épocas informáticas, se entiende, y por tanto cada original borroneado con saña era un cuento perdido que había que redactar otra vez desde cero. Y eso cuando solamente se le ocurría tachar, porque a veces era peor. Una vez leyó El Futuro del Chape, un cuento corto en el que un violador cuenta, en primera persona, los detalles más morbosos de su oficio, y me rompió las dos páginas en mil pedazos. Al día siguiente tuve que reescribirlo entero, de memoria, hundido en una impotencia que ya me resultaba insoportable.

Pero no era eso lo que más me molestaba, sino que por primera vez alguien discutía mi oficio con ferocidad. Y lo más alucinante es que, en lugar de rebelarme, yo empezaba a despertar de mi dejadez, a escribir de nuevo con fuerza, pero ya no para alardear sino para defenderme.

Don Marcos era fanático de la familia occidental y cristiana, aunque no había hecho otra cosa en la vida más que desunir a la suya y olvidarse de Dios. Pero lo más peligroso era que lo había hecho sin mala intención, es decir: convencido de practicar el bien. Lo mismo hacía con mis cuentos.

—La literatura tiene que ser moral —me decía después de leer algún otro cuento mío lleno de groserías o imágenes chanchas—, tiene que reflejar lo bueno que hay en los hombres, y lo que vos hacés es una mierda.

Seis meses después, yo escribía desde que salía el sol y solamente dejaba mi habitación de las herramientas para bajar y discutir con él a los gritos. A veces las charlas duraban hasta muy entrada la noche. El hombre era cerrado como un laberinto y, supe entonces, compartía la teoría de la perfección de la raza. Odiaba a los judíos con ganas, casi tanto como a la mujer independiente. Las democracias le resultaban incómodas, pero tampoco suscribía a los regímenes fascistas de su tiempo.

Los militares argentinos le resultaban tan ridículos como los dirigentes demócratas, y él parecía no estar parado en ninguna vereda. En todo ese año nunca pude entender con qué sistema de gobierno se hubiera sentido a gusto. Al final entendí que su mecanismo era llevar la contra siempre y postular que en todas las ideas posibles había una grieta, menos en la propia.

Don Marcos jamás veía árboles, sino madera. Él podría haber sido carpintero, pero nunca guardabosques. No habría soportado ver crecer un tronco, ni observar la composición arbitraria de sus ramas, ni dejar brotar las hojas, ni más tarde verlas caer. Mi abuelo habría podado el tronco antes de tiempo, habría tallado su imagen con un cincel desesperado y le habría puesto su nombre a la obra. Don Marcos Carabajal. Eso intentaba hacer también conmigo, ahora que yo dependía de su comida y de su techo protector.

Fue un año larguísimo y pesado, del que seguramente todavía me quedan traumas. (Escribir esto es dejar atrás alguno.) Pero sólo entonces, sólo en ese territorio caótico aprendí a escribir con sacrificio y sin inspiración, y aprendí también que el ESTA FRASE NO ESTÁ MAL de un lector enemigo es mil veces mejor crítica que el GENIAL COMO SIEMPRE de un lector camarada.

Al final de ese año fui a comprar cigarros y, al volver a la casa de San Isidro, mi abuelo me esperaba en el patio. Estaba muy preocupado de que no se lo notara ansioso.

—¿Vos mandaste un cuento a Francia? —me preguntó, con el teléfono inalámbrico todavía en la mano.

Dije que sí con el corazón en la boca, porque sabía muy bien lo que estaba pasando.

—Cuál cuento —quiso saber, con la cara de culo más grande del mundo.

Ropa sucia —dije—, el de la hermana que le hace la paja al hermano. El que rompiste la semana pasada.

—Llamaron —dijo, señalando el teléfono—. Que ganaste no sé qué, no se entendía bien. Ahí te dejé el número arriba del aparador, capaz es un chiste de algún amigo tuyo...

Y se fue a dormir la siesta, enojadísimo.

Dos meses después, con la plata del premio en Francia me pagué el depósito para mi casita de Belgrano y me fui a vivir solo. Me compré una mesa y un colchón. Y un teléfono móvil de dos kilos. A ese móvil llamó Chichita para avisarme que mi abuelo se había muerto.

Mi último acto de rebeldía fue no ir al entierro de ese hombre que, en la infancia, me enseñó a tener curiosidad por lo prohibido, y cuando dejé la adolescencia, me mostró que la vocación no es una fiesta nocturna sino un esfuerzo complicado de asimilar.

Ahora, que me levanto a las ocho de la mañana para escribir mis cuentos, y que no siempre hay inspiración, ahora que me acuesto temprano y que mis historias nomás buscan entretener, suelo pensar en él.

Pero lo tengo más presente, a don Marcos, cuando descubro que el tiempo viaja en remolinos, y que Nina un buen día crecerá y me dará un nieto. Un nieto que —porqué no, si llevará mis genes— puede convertirse en el adolescente ausente que fui yo. Qué espanto más grande.

Es posible que para ser un escritor no me baste con andar los caminos prohibidos y asumir el esfuerzo y la responsabilidad. Quizás escribir me funcione, únicamente, si levanto la vista una vez en la vida y le pido perdón a mis muertos, sin literatura.

Hernán Casciari
martes 19 de febrero, 2008


¿Te gustó esta historia?

Pertenece al libro El pibe que arruinaba las fotos, de Hernán Casciari. Está a la venta en la Tienda Orsai y te lo mandamos a tu casa sin gastos de envío.


 Jose Luna
15/11/2015 a las 07:04
Me gratifica mucho que la gente hable de sus propias miserias, sólo de esa manera se logra empatia con el otro.
Felicitaciones! Me encanta leerte!
02/01/2013 a las 21:38
Excelente
yessi!!...
26/03/2008 a las 00:44
hola!!...
hace un tiempo(muchooo tiempo) entre a este blog,chusmiando y me encontre con un articulo genial,``el arg y la gita`` creo q asi se llamaba,la cuestion es q ese articulo me mato,es decir,por ese articulo lei todos los otros,(por cierto,sos un gran escritor)....
pero...esta pregunta va a los q ya conocen mas el blog....¿siempre es de tardar tanto para volver a escribir?....
bue....sea como sea,espero leer algo tuyo pronto!!!
suerte!!!.....
=D
Fer.. de Tandil
25/03/2008 a las 22:56
VAMOS CHE!!!! mientras esperamos a Hernan, los invito a leer el mio... ni a los talones le llega, pero... aburramosnos juntos no???

www.metelemerengue.blogspot.com
el diego bueno
25/03/2008 a las 18:57
¡Dale, pelotudo! Ponete a escribir, ¿querés?
Misterioso Perdedor
25/03/2008 a las 11:30
Ahhh ¡El Arte del Mentiroso Nato!
Una buena dosis de recuerdos, sumada a una ligera cuota de irrealidad con una pizca de nostalgia, todo eso mesclada con mucha verdad, para pegarnos el zarpazo del mentiron!
En fin, tus cuentos son interesantes.
Me gustan.
Un saludo.
Viole
25/03/2008 a las 07:37
Siempre entro a tu blog, creo que debe ser uno de los mas visitados.
Mi abuela se fue hace poco tiempo y ojalá le hubiese hecho caso en muchas cosas. Desde aca, toda la fuerza. Besos y que andes bien!
Ernesto Schutz Ramirez
24/03/2008 a las 03:06
Al parecer tu abuelo, queria lo mejor para ti, solo que nunca supo llegar a ti. Me fascina como escribes, eso hay que agradecer al señor Marcos.
Vittorio
24/03/2008 a las 01:57
Un minuto de silencio por nuestro amigo Hernán.
Jimena
23/03/2008 a las 21:23
hernan... por favor... para cuando un nuevo escrito.. se que no soy quien para presionarte, pero me hice bastante adicta a tu blog y hace semanas que entro y no encuentro nada, me emocionó hasta las lagrimas (y en serio) la carta de chichita, creo que pocas veces en la vida llore por algo que lei y jamas exceptuando esta con un blog, asiq te felicito y agradezco a vos y a tu madre. Pero ya, me pongo mas brava y te exijo! si, ya me enoje, te exijo un nuevo escrito, te lo pido te lo exijo, como quieras, pero lo necesitooooooo.... ya lei todo tu blog entero.. ahora que hago?? jajaja.. un beso enormeeeeeeee y gracias por las horas de entretenimiento...
jacobo
23/03/2008 a las 18:37
buena prosa
nicolas
20/03/2008 a las 02:51
cada tanto entro a leer los comentarios, a falta de escritos nuevos, y me encuentro con un monton de gente que te trata por tu nombre. me parece raro, aunque "somos todos argentinos" y nos podemos tratar de como se nos cante, que nunca nos va a caer mal.
tambien entro a leer algunas cosas viejas, que me llamaron la atencion, o que recuerdo por algun motivo en especial. creo que la finalidad que tienen tus cuentos, experiencias y relatos, llegaron a mi de la forma esperada. asi que esto vendria a ser una especie de agradecimiento.
gracias

un abrazo
Johanna
20/03/2008 a las 02:35
Me encantó esta columna, aunque no sé si mejor sea criticarte y decir sólo "estuvo como bien" para que te sientas más halagado.

Especialmente me tocó aquello de que la vocación es un tema complicado, si lo sabré yo que estudié algo muy romántico, poco práctico pero que aún no hallo la disciplina suficiente para escribir como la literatura se lo merece.

Muy buena catársis Hernán.
Gravity
18/03/2008 a las 23:53
Yo ni conocí a mis abuelos, quizá sea por eso que escritor no voy a ser nunca.
  mafaldita
18/03/2008 a las 00:24
siiii, ayer t queria mandar un feliz cumple.... sera q tuito le monde te esta felicitando en otro lado...? no me estare perdiendo de algo???
Fer.. de Tandil
18/03/2008 a las 00:03
Mi abuelo no me obligo a nada, mi hermana "dice" que se rie con mis mails, y me pidio que escriba algo... hoy dia me la paso encerrado delante de la compu escribiendo pelotudeses... (historias similares??).. asi que en busca del exito de hernan (el sueño del pibe) invito a todos Y EN ESPECIAL A VOS HERNAN A visitar mi blog... www.metelemerengue.blogspot.com chas gracias

PD: mi hermana me sigue presionando para que escriba.
Morgana
17/03/2008 a las 16:21
Si, es interesante la historia.
Me sigue pareciendo melancólicamente apegado al pasado y ligeramente soberbio.
Lo siento.
Plath
17/03/2008 a las 00:40
Por favor, escriba algo rápido, lo necesito.
Suena estúpido pero sus relatos le dan algo a mi depresión para que se apacigue un rato, y me deje en paz, al menos por lo que dura la lectura de uno de sus escritos.
Gracias.
Lichi
16/03/2008 a las 20:43
muy muy bueno. Digamos que me siento un poco identificado. Sólo un poco...
walquiria
16/03/2008 a las 20:27
HERNAN:
FELIZ CUMPLEAÑOS!!!!!!!!
Te mando un beso enorme y espero que lo este pasando barbaro con Nina, Cristina y familia
Walqui
persona
16/03/2008 a las 17:12
es critura a buelo lento
 Leonardo Oyola
16/03/2008 a las 00:54
No tuve un abuelo que hicera tantas cosas tan estigmaticas por mí y por esto me resulta increíble que también se me haya dado por escribir.
Quizás con un abuelo como el tuyo, lograría hacerlo mejor. Casi cómo vos!.
Abrazo y los invito a un paseíto por "necesaria punto blogspot punto com".
Javier Tooshort
15/03/2008 a las 07:09
Genial, un poco duro, pero creo que eso es lo que lo hace atractivo de leer...

Si yo hubiese tenido un Don Marcos en mi vida, ¿escribiría mejor?
Quién sabe...

Saludos Hernán, Felices Pascuas y a ver si actualizamos que se extraña ;)

Aioz.-
Walquiria
15/03/2008 a las 02:44
Querido Hernan:
Hubo mucho rumm rumm por la familia por estos últimos cuentos que publicaste (rincon blanco y Don Marcos) y confieso que hacia un tiempito que no pasaba por aca, pero no podìa dejar de leer estos cuentos para saber que era lo que pasaba.- En fin, creo que hay muchos que todavia no te entienden... No saben leer mas alla de las palabras, se quedan sólo con "la primera impresión", o como por ejemplo no leen que "rincón Blanco" està dentro de "teorias" y no dentro de "vida privada".- No podemos pedirle peras al olmo.- Gracias por tu recuerdo, siempre me emociona ver mi nombre en un cuento tuyo!
Un beso grande
Walquiria
p/d: capicua!!
Diego
13/03/2008 a las 19:52
El tema de ropa sucia (la paja al hermano ajeno) me hizo acordar a un cuento de fogwill que creo que levanté aquí. Como era?
María Luz
12/03/2008 a las 17:04
Me encantó. Hace rato que vengo leyendo tu blog. Prometo postear de vez en cuando.
Saludos!
Aldana
11/03/2008 a las 00:02
#197: me gustó eso!. También me imagino a ese que dice llamarse Hernán (y hasta parece que se llama así!) revisando los comentarios, comiéndose las uñas, extrañamente malhumorado (si hasta ni pedos se tira, el pibe, últimamente), esperando la aprobación materna (o de quien sea). O se habrá acostumbrado?, o estará más allá de todo?. Yo, por las dudas, voy haciendo mi propia experiencia. Y si de imaginar se trata, me imagino que vos (#197) también.
regaladaescara
10/03/2008 a las 22:11
Recordé tanto a mi tía María al leer ésto...
Todos los domingos por la mañana llegaba a mi casa "de visita". En realidad, era el control semanal sobre mi habitación.
No sé qué concepto de relación tía-sobrina tendría ésta mujer, pero revisar mis cosas, criticar si había suciedad, si mi ropa no estaba colgada, o mi cama destendida, obligarme a dejarla impecable bajo su mirada atenta y sus directivas, era lo más parecido a una tortura en mi adolescencia.
Pero me fue bien.
Sigo desordenada como siempre y ella se hizo profesora de reiki, por lo que dejó de molestarme.
De todas maneras, cuando cruza el umbral de mi casa, un escalofrío me corre por la espalda inevitablemente.
Die
10/03/2008 a las 21:24
no me consideres enemigo, pero esta historia no está mal. Lo dice alguien que vive con y de su abuela, saliendo de la adolescencia, y encontrándose con la frustración misma del no ser amigo full time de su vocación
FER
10/03/2008 a las 16:54
Geniallll!

la verdad q me encanta!

mil pulgares arriba...., no se xq sera pero siento q cada vez pasa mas timepo entre texto y texto!...

Gracias por la magia!
none
10/03/2008 a las 06:48
q lindo blog!!!..y arranco conociéndolo buscando sobre la receta casera del dulce de leche...
Clavé el freno, quiero más..
pd: la receta casera q anunció San Google nunca apareció...jajaja
ale
07/03/2008 a las 23:15
Hernán, el otro día me encontraba haciendo zapping, iba por esos canales del cable que estan demás, y me encuentro con tu persona en un programa de Antena 3.
Pensé que el acento argentino todavia lo tenias, o sea, todavia queda algo, pero el vos sabés. ahora lo dices como tu sabez. No se, impresiones mías. Pillé el programa cuando estaban comiendo empanadas con la presentadora, no empanadillas.

saludos desde Chile un fan teenager.
aguirrebello
07/03/2008 a las 23:00
Formidable evocación de un abuelo como el de muchos.

Sin duda un buen tipo, desde el prisma de la hija y, también, entre líneas, desde el del nieto.

Ahora, los que creen que porque una historia es cierta (ésta) todas lo son (el blanco rincón cocainómano que fue tu dormitorio), no sé, a revisarse.

Salud.

Andrés



dinexiliada
07/03/2008 a las 17:34
Hernán, ya sé que los artículos no salen como churros...ya....lo entiendo...pero un inciso: cada cuanto publicas? siempre estoy pendiente que me avisen....esto no es vida! un saludo
Maravilloso Desgarro
07/03/2008 a las 17:13
Al principio iban a ser sólo dos lágrimas y nada más? una por don Marcos y otra por ti. Par de gotas y no más. Líquidas concentraciones de sentimientos complejos y profundos: recuerdos, encuentros, anhelos...

Al principio no iba a escribir nada? hasta que leí a Chichita (la escuché y la vi jugar con el Wii) y la verdad no sé cómo se puede escribir y llorar al mismo tiempo, pero sentí unas tremendas ganas de estar aquí, al calor de ciertas velas, sin tener yo una que aportar.

Yo hubiese preferido ser una compañía silenciosa, una sombra desde una esquina. Pero cuando éste es el medio, está un poco difícil hacer silencios de luto, de respeto, de compañía y de admiración y ser parte al mismo tiempo.

Bien por ti, bien por la familia, por la reconciliación, por la reflexión, por los exorcismos y por los que, aunque no ya están, prevalecen en la memoria de los suyos ??es esa y no otra, la verdadera inmortalidad??. Bien por la inmortalidad de don Marcos.
mentilicio
07/03/2008 a las 14:57
Hermoso! Pero ya lo voy leyendo como cinco veces :) No será ya horita de publicar otro? Es que tus lectores estamos a pan y agua...
El Ratoncito Pérez
07/03/2008 a las 13:19
Lo tachaba en rojo!!!
Inmoral para él... debería haberlo tachado en negro, el rojo pasión es demasiado erótico.
miguel angel
06/03/2008 a las 18:20
gracias al abuelo terminaste asi?

bueno es algo interesante rescatar eso de tu pasado

y que te lleva a tu futuro!

Saludos a todos

musika, videos, juegos online
http://musikatotal.blogspot.com
Javi
06/03/2008 a las 17:12
A mi no me hace falta saber si Chichita es Chichita de verdad y no quiero saber si el texto es cuento o realidad. Me da igual. Te leo por que me gusta lo que cuentas y como lo cuentas. Y me gusta lo que cuentas por que en el fondo no se si lo que escribes es cuento o realidad.

Prefiero permanecer en la más absoluta ignorancia e imaginar.

Y como me gusta imaginar, imagino a una persona delante de un teclado y una pantalla. Releyendo, corrigiendo, añadiendo y quitando. Preguntandose al final si es buena idea, si debe darle al intro y lo debe publicar. Preguntandose que pensará Mama cuando lo lea. Poniendose nervioso. Sintiendo el miedo que da el que no te perdonen.

Y luego imagino a esa persona leyendo los comentarios. Uno por uno. Esperando. Más nervioso. Con más miedo. Hasta que llega. Lo lee. Se emociona. Y se dice a si mismo. Te lo debia Mama.

Gracias. Seas quien seas. Existas o no.
Celebes
06/03/2008 a las 16:27
No está mal. Voy a seguir leyendo ....
Alicia
06/03/2008 a las 11:31
Es la primera vez que dejo un mensaje, pero desde luego no es la primera vez que te leo. Esta mañana, tras leer de un tirón tu historia aquí en la oficina, apartando las llamadas y los encargos como si fueran muebles que estorban, acabo de cambiar. En serio. Me has hecho pensar. Se me ha metido esta historia hasta el fondo. No más "fiestas nocturnas" para mí. Muchas gracias, Hernán.
Gilda
05/03/2008 a las 17:22
Ayer leí tu nota sobre Lost en la Cinemanía de Marzo. Aparte de asentir ante cada frase, me reí a carcajadas.

Un abrazo.
chori
05/03/2008 a las 12:58
Leí el relato y a tu abuelo lo imaginé con la cara de la gorda de Misery, -sobretodo poniéndole candado a la cocina-, después leo el comentario 113 y a partir de allí te imagino a vos con la cara de la gorda quebrándole los tobillos a tu abuelo.
La vi a Cichita (irreconocible che, una especie de Susana Gimenez) boxeando. Ni en pedo vuelvas a estos pagos, yo todavía estoy tratrando de pasar pantalla en el
Sarforce.
Abrazo.
Mardam
05/03/2008 a las 03:34
Muy buen relato, tu abuelo a su manera dictatorial, te queria, y tu no serias quizas tan buen escritor de no haber tenido la experiencia de vivir con el.
Bebe
04/03/2008 a las 20:45
Hernan, este texto denota que te estas poniendo viejo, porque son las típicas reflexiones que uno hace cuando esta pegando la curva....
Me entretuvo, y como diría Don Marcos "no esta mal"
Carlitos-no-Saúl
03/03/2008 a las 00:18
Un grande, te conocí gracias a Antonio Gasalla... Pensar que llevaba trigo al Molino de Mercedes....el que está al lado de la vía... jajajaja
Maria
02/03/2008 a las 16:44
Yo no entiendo mas nada...en la puta vida pude leer un libro completo, me aburren, salteo paginas, son predecibles, los ojeo de atras para adelante.. esperando sentirme inmersa en algun momento en una historia, leo primero los finales a ver si asi me atrapan ... Pero entro aca y puedo !!!! No puedo creer que puedo !!! me siento normal... puedo! Gracias !!!
Alex01
01/03/2008 a las 16:57
Es increible la forma en la que puedes expresar un recuerdo y proyectarlo con tanta sinceridad y sentimiento... No sé si en algún momento leas esto, pero no sé si alguna vez pienses en cuánta es la gente que te leemos y que nos mantienes en tensión por leer tu siguiente texto... Nos tienes como clientes cautivos... Gracias por estar ahí!
Camila
01/03/2008 a las 06:18
este cuento tiene un mensaje vocacional muy curioso que se lo voy a mostrar a mi mama, que es orientadora vocacional, ja.

Yo no tuve ningún Don Marcos (mas allá de que no conocí a mis abuelos), pero debe ser por que nunca fui ningún Hernan Casciari ni por lejos (mas alla de que no soy HC obviamente), una lástima?

saludos!
Marcio
01/03/2008 a las 04:40
Sos un culiado, me hiciste lagrimear.
Salva
29/02/2008 a las 18:07
En este momento, en AmericaTV, Gasalla, Darín y la Legrand están hablando de vos. Avisado.
Agustin
29/02/2008 a las 07:49
Tu Abuelo era un tipo loco y obsesivo por demas. Vos, un pendejo que se escondia detras de la ignorancia de tus pares en el campo de la literatura, el distinto.

A veces, los locos -y lo digo por vos- tienen ese sistema de bungee jumping, en el cual necesitan sentir a ultimo momento que hay una soga que no los va a dejar caer. Generalmente el tipo que sostiene la soga es un necio que se la sostendria a charly garcia de ser necesario, pero solo con el afan de mostrar que él lo puede cambiar.

En mi caso, en aquellos momentos adonde estoy para ir al pirandero, tengo un familiar loco que me despierta para trabajar como un esclavo, y al rato nomas, se me pasa todo.

No recuerdo bien la frase del capitulo final de Seinfeld, pero creo que decia "Vaya a saber uno, con qué propósito y en qué momento, la vida decidió juntar a personas como ustedes".

Saludos!
Mistik
28/02/2008 a las 21:01
Tuviste una vida complicada, eh?

Me quedé con ganas de leer el cuento ganador del premio.

Bueno, quería decirte que sos un genio del relato, con la dosis exacta de seriedad, realismo, humor y humanidad.

Tengo guardada por ahí presente una frase tuya (que no es de este texto), que reza: "Y ya se sabe que un argentino que no se queja, es un uruguayo"... notable.

Bueno te dejo un beso y siga así.
 olo mosquera
28/02/2008 a las 14:04
#180: Sí, el mismo.
ika
28/02/2008 a las 13:23
sin nùmero., ni ganas.
Encantada de haberte escuchado.
Mi abuela querida utilizó la intriga para despertarme en todo lo que quiso.
marcela
28/02/2008 a las 12:46
¿Este es el mismo viejo que decia que eras un pelotudo porque hacias caras en las fotos familiares no?
Marcela
28/02/2008 a las 12:37
Buenisimo y no es complaciente. Si esto es verdad, es la genesis de tu conducta para escribir. No tenias nada. Las mejores creaciones son para mi las que parten de la nada. Soberbio.
Ciudad Susceptible
28/02/2008 a las 04:16
Rescato esto: "[...] Mi humillación era absoluta, gigantesca y mortal, pero no podía rebelarme porque más allá de ese techo y de esas reglas no tenía nada.[...]"
Michel
28/02/2008 a las 03:33
Gracias Hernán.

Aquello que nos dejan los antiguos es el resultado de una vida que por lo menos, nos cuadriplica no sólo la edad, sino el conocimiento, la experiencia, y ergo, la sabiduría.

Soy un convencido de que así como hizo Don Marcos con vos, las personas podemos "programar" a los chicos negándoles cosas, y motivando algunas otras.

Mira, como muestra de ello, está este cuento, y la tremenda ola de relatos sorprendentes que con tantas ansias esperamos tus lectores del mundo.

Como dirían tus compatriotas: sos grande, ché!

Un abrazo desde Lima.
Julieta
28/02/2008 a las 00:38
Creo fervientemente que las cosas pasan por alguna causa y no son resultado de la casualidad. Don Marcos tenía un don especial para reconocer las cosas buenas (de otra manera no hubiera insistido en que escribieras), tal vez las técnicas no fueron las adecuadas, pero el resultado ahi está... tan palpable como que acabo de leer tu blog.
Todos tenemos historias, no todos podemos redactarlas de esta manera... ahora depende de nosotros si le sacamos lo bueno a esto o no...
Gracias por compartir...
J...
Paco Achaval
27/02/2008 a las 22:27
Si de algo te sirve, Don Marcos no era un caso raro y menos aun se lo consideraría "anormal"; tampoco podría decirse que fue una generación pasada. Sigue siendo el común de la gente, tengo varios en mi familia.
Sería importante cortes la secuencia y no hagas lo mismo con tus nietos.
Leí El Futuro del Chape; no justifico a tu abuelo, pero lo entiendo!; sin conocerlo me imagino su rostro desfigurándose, mordiendo con rabia el lápiz rojo, golpeando la mesa a cada párrafo leído y preguntándose: porque?, le tocaste como nieto, je je.
Aunque digas que no te gusta:
GENIAL COMO SIEMPRE
 diegokbzon
27/02/2008 a las 20:24
Es dificil no quedar como chupamedia, pero que le vamos a hacer, muchas gracias por compartir tus ideas con nosotros y sin cobrarnos por ello. Felices 4.
Alejandro
27/02/2008 a las 19:28
Feliz Cumpleaños
Hormiga
27/02/2008 a las 18:02
Feliz 4 años, Orsai.


Por cierto, Hernán, los conejos agradecen tu solidaridad.
eugenia
27/02/2008 a las 04:20
Gracias por volver.
No conocí a ninguno de mis abuelos....pero para eso están los ajenos.
yaqui
27/02/2008 a las 03:47
Hernan: Que afortunada soy de disfrutar de tu talento.- Gracias 1971- ....mira lo que nos regalaste!!...
Rulo
26/02/2008 a las 22:42
Mi abuelo no me olbigaba a nada, solamente me daba un austral por cada gol que hacia... de grande, y tal cual describis en "españa perdiste", vine a probar suerte como futbolista creyendo que era asi de facil, y termine jugando al basket, y ahora de botones en un hotel...
Como era eso del esfuerzo y sacrificio???? no se si no lo hice, o no me sirvio.... algun dia me sacare la duda...
 Usuario Anónimo
26/02/2008 a las 20:35
Como catarsis familiar, buenísimo!
Como cuento...paso.
Demasiado melodrama.
moT
26/02/2008 a las 20:33
Qué es eso de "pri!!" "segundo/a!!" ???, somos gente grande. Por favor.
david
26/02/2008 a las 20:23
A veces me aburres, Hernán, pero hoy no. Bravo por Don Marcos.
ana
26/02/2008 a las 20:04
Ni genial ni ¨no está tan mal¨, sólo: volveré y no sé por qué carajo no te leí antes
Kira
26/02/2008 a las 13:42
"Quizás escribir me funcione, únicamente, si levanto la vista una vez en la vida y le pido perdón a mis muertos, sin literatura."

Anotada la frase. A los muertos es más fácil, quizás, pedirles perdón porque uno puede imaginárselos en la benévola nube de la paz después de la muerte donde, para entonces ya todo en la vida que se dejó ha sido sopesado, calibrado, evaluado y venido a términos ... o eso quiere creer uno. Lo doloroso queda con los vivos, porque cada quien tiene su versión y visión de la historia mutua. En todo caso me redobló este texto por dentro y me trajo ecos de algunos fantasmas de la memoria que me visitan también día a día. Saludos.
Mario
25/02/2008 a las 19:49
Si. Me rindo ante la evidencia. Fundamentalmente por el video. Si tuviera que ponerle un rostro al texto de chichita era ese. Mujer argentina, veterana con calle. Divertida. Pasota. Con filosofía de vivir y dejar vivir. La vi muchas veces en Bs.As. O en Montevideo donde nací. En Madrid donde vivo, no hay mujeres así.
Vane
25/02/2008 a las 19:32
Hernán... ojalá en algún momento de mi vida pueda dejar salir las cosas de la manera que lo hacés vos.

Chichita...ojalá que el día en que esa catarsis llegue tenga a mi lado a una mamá con la claridad mental y el corazón caliente que tenés vos.

Después de mucho navegar empiezo a disfrutar de esta mini familia depurada...ya llegarán los tiempos de entender y querer a mis "Don Marcos".

besos a ambos, y mil gracias, desde Montevideo.

Ah! diganle a Nina que tiene mucha suerte!!
MadMorris
25/02/2008 a las 18:57
Primera vez que me animo a dejar un comentario, aunque hace rato que paso a leer de vez en cuando, sinceramente no queria dejar comentarios porque se me hace como escribirle a alguno de mis libros preferidos en la contratapa.

Leyendo esto me acorde mucho de mi abuelo paterno "Don Eusebio" y me hace pensar que solamente el tiempo nos hace entender lo que el tiempo da.

Hoy, muchos cafés y muchas charlas entre amigos despues de que fallecio el viejo, donde nunca hubo un comentario asociado al tema, por fin entiendo mucho de la vida de mi abuelo, un tipo al que casi no conocí, mas que por las historias y comentarios.
 olo mosquera
25/02/2008 a las 14:31
Mario (#159): Yo también dudo, a veces, de que Chichita no sea un personaje. Pero te dejo dos archivos para ayudarte a creer en su existencia. Uno en audio y otro en video.
mario
25/02/2008 a las 13:35
El relato es entretenido. Mucho mejor que el del colchón (inoportuno y carente de interés).
Toca fibras íntimas. Conmueve. Entretiene. Emociona.
Tienes una forma de redactar que lleva marca registrada.
Pero no es ser mal pensado. Pero me parece que Chichita no existe. Si sigues tu marca registrada. No existe.
Muchas veces nos has hecho "entrar" a tus lectores.
Además... tú madre es hija de su época. El episodio de adherencia a la cocaína, crees....que lo iba a dejar pasar sin más?. Ni de broma.
Es de educados decir: Gracia por este grato momento.
Gabriel
25/02/2008 a las 12:57
Muy bueno! Me quedo una duda, si tu abuelo era de apellido Carabajal...no sos pariente de Peteco? Saludos desde Córdoba, Argentina.
Natalia
25/02/2008 a las 05:55
Al fin termine de leerte Orsai!
Voy a ser repetitiva, y decir lo que muchos antes que yo dijeron infinidad de veces: Hernan, sos un genio!!
Saludos desde Junín.

Naty [+]
Nico
25/02/2008 a las 05:46
Me quedé pensando...no tienes por ahí el cuento de la Ropa sucia??
Nico
25/02/2008 a las 05:42
Qué maneras.

Mi abuelo me enseñó la literatura, echándome de su taller cuando yo entraba a interrumpirlo en algún trabajo. Allí escondía una pequeña biblioteca, que de tanto en tanto, yo acostumbra a a ojear como si se tratara de joyas. Por cierto, eran objetos prohibidos... Ya de grande, me ha ido pasando de a poco esos libros, despojándose del lastre de mantenerlos escondidos.
La última vez que discutimos fue a propósito de "Los mitos de Cthulhu", un discurso de Roberto Bolaño donde desprecia a varios escritores latinoamericanos...él considero que esa denuncia era como si Maradona se burlase de los futbolistas de tercera división...

Un abrazo Hernán...
VeRa
25/02/2008 a las 00:31
Hola Hernán
creo que hay que tener coraje para describir al abuelo propio con sus zonas oscuras. Te exponías a la condenacion, y lo hiciste. Admirable.

Hola Chichita
Que maravilloso que una mamá entre al blog de su hijo, escriba cosas sentidas y clave una elemental, contundente y espléndida firma que sólo (y nada menos) reza "Mamá"
Una masa Chichita.
Ojalé mi vieja te imitase, aunque sea una vez.

Salutes a los dos
VeRa

María
24/02/2008 a las 23:59
Muchas gracias por todo lo que escribís... No me suelo meter en los comentarios, y hoy no sé por qué lo hice.
Tenés ese don de hacerme reír o llorar mucho.
Pero hoy la que me emocionó fue tu mamá :)

María

(Una lujanera en Madrid)

kirk534
24/02/2008 a las 22:30
No sé no sé. Demasiado melodramático y culpógeno, escrito con "oficio", eso sí.
lili
24/02/2008 a las 21:27
Buenisimo,como siempre.
Hernan,quiero manifestarte mi solidaridad y admiracion ,algo lei en un blog anti HC.
Flor de Hs de Ps
Sol
24/02/2008 a las 19:42
Haciendo abstracción de unos pocos rasgos de ese abuelo...conmovedor. Como tu relato. Parece que han hecho y siguen haciendo una buena dupla.

Ali
24/02/2008 a las 15:24
Me has hecho llorar...¡¡Cómo escribís, nene!!
Pedro Carbajal
24/02/2008 a las 06:45
Me gustó mucho tu cuento. Me resulta grata la coincidencia de tener casi el mismo apellido que tu abuelo.

Me gustó mucho sobretodo, porque me toca de cerca. Mi abuela también es una hija de puta. Por otros motivos, pero también es religiosa, y como decía Borges, "las palabras masón, judío, ateo eran malas palabras y no querían decir nada.

Te mando un abrazo, de emigrado a emigrado.

Pedro Carbajal
Elena
24/02/2008 a las 03:45
...conmovedor; Mercedes también significa un aporte sustancial a la escritura, supongo...
Felicitaciones
Ivana
24/02/2008 a las 01:08
me mató la intervención de tu vieja!

viene bien emocionarse siempre!

respecto al viejo! enhorabuena por la conciliación!

estoy segura que el sonrie desde donde esté

porq su primer nieto no le falló ! porque ambos han marcado y compartido cosas, buenas, malas, lecciones..

a pesar de tanta ausencia estuviste presente en su vida y aunque haya sido a punta de gritos y discusiones, lo respetaste a tu manera!

el cariño se lo demostraron de una forma agresiva, pero se lo demostraron

eso percibí en lo que contabas.

Que bonita es la paz Hernán, debe dar paz plasmar tanto de tanto sentimiento genuino en lo que escribís.

abrazo para chichita
elserruchot
23/02/2008 a las 19:38
No está mal el cuentito.
Abrazo.
EL ENEMIGO.

 paula
23/02/2008 a las 16:01
Felicitaciones Hernan¡¡¡ Es la primera vez que te escribo un mensaje, lo de Chichita me conmovió¡¡ que fuerte¡¡
Gracias por escribir estas cosas que cada dia me sorprenden mas
Que orgullo que seas argentino¡¡
Saludos
Paula
Abusus
23/02/2008 a las 15:51
Aunque suene cruel, no hay nada mejor para mejorar una tarea, que la crítica destructiva de una persona capaz pero infeliz...
Saludos
El indiferente
23/02/2008 a las 15:38
Mi abuelo me sentaba a recitar los países de Europa y sus capitales. Se murió porque le dio gana, dejó de comer. En su funeral hubieron fuertes discusiones sobre si era bueno o malo.


Saludos.
becube
23/02/2008 a las 04:52
Me venia haciendo el macho, hasta que apareció la mami.
MartonaBCN
23/02/2008 a las 04:50
mmmh... Algo asi como Descubriendo a Forrester??...con Sean Connery como Don Marcos ;)
 olo mosquera
22/02/2008 a las 23:50
#138: ¿Y quién iba a ser? Si la del mensaje 113 no fuera mi madre, el mensaje no estaría ahí.
Karina
22/02/2008 a las 22:00
Coño... Coño... Coño...

Hernán, si Chichita no es Chichita de verdad...

Complace a mi corazón y aclara que #113 es de verdad tu mamá. Si es así, aquí estoy conmovida hasta el tuétano.



alberto
22/02/2008 a las 21:48
Considerando la segunda definición como la única posible entre las tres que aparecen en el diccionario www.mundo.es ya que el de la Real Academia Española no registra esta palabra, parece contradictoria la utilización del término surrealista al inicio de la narración.

adj. Del surrealismo o relativo a este movimiento artístico: manifiesto surrealista.


col. Absurdo, sin sentido: esta crisis de gobierno es completamente surrealista.


adj. y com. Partidario o seguidor del surrealismo: Breton fue el ideólogo de los surrealistas.
pirata cordobes
22/02/2008 a las 21:37
muy bueno tu cuento y emocionante lo de chichita. yo no tuve abuelos porque murieron antes que yo naciera pero me hubiera gustado tenerlos. ya sean como Marcos o sean un poco mas buenos. Saludos
DudaDesnuda
22/02/2008 a las 18:28
Sacale el acento al "llevará" del anteúltimo párrafo, donde hablás de los genes futuros de tu nieto.

Besos y tildes.
Cautivador
22/02/2008 a las 16:24
Pedir perdón es perder el tiempo, sobre todo si se hace sin literatura.
Pablo
22/02/2008 a las 14:51
Muy bueno Hernán. Es la primera vez que comento. Me gustá que tus relatos pasen del humor a la emotividad con tanta facilidad (una "montaña rusa de emociones" diría un redactor publicitario mediocre). Otro que me gustó mucho fue el de los "canelones".
Te mando un abrazo.
PD: Che, no sabía que había un tren de Mercedes a San Isidro
luhram
22/02/2008 a las 12:26
Siempre que aparece en mi gmail la actualización de Orsai la dejo ahi esperando hasta encontrar el momento adecuado para disfrutarla. Es dificil adentrarse en las historias de Hernán si no existe un clima adecuado, minimamente adecuado. Ahora mismo en la madrugada de Lima, escuchando la banda sonora de Twin Peaks, encuentro el momento ideal para hacer click y dejarme invadir por una historia más del genial gordo.

¿Y que pasa? Pasa que además de ver que Hernán una vez más la hizo linda me entran ganas de contar algunos recuerdos de mi propia vida, recuerdos borrosos de hace 30 años, de la relación con mi abuelo, a quien a diferencia de lo que cuenta Hernán, si adoré y quise mucho.

Tal vez será mejor que vuelque esas memorias en un word, y luego las pase a mi blog, es decir inicie mi blog. Veremos que pasa.

Saludos a todos.
cristian
22/02/2008 a las 06:00
no te imagino leyendo esto, tampoco podria decir por que no lo harias, tampoco se por que estoy explicando esto, y tampoco se si te importa lo que voy a decir, aunque de ultima pasaria al olvido entre los comentarios, supongo que todos los que firman no se someten a tantas preguntas a uno mismo antes de firmar, y si, son muchas de las que escribo, y me imagino que alguno como yo no se atreve a firmar por la mismas razones que hasta hace cinco minutos me impedian hacerlo, que a esta altura no se cuales eran, creo que todo empezo porque desde hace un tiempo pensaba que tenia que escribir ya cualquier historia, cuento, poema, lo que sea, porque con los años iba a perder toda creatividad y me iba a terminar arrepintiendo, pero despues de leer este y otros, tengo la sensacion de que siempre vale la pena y no importa cuando, no se si alguna vez intentaste transmitir algo asi, no se si te va a importar y no se si a mi me importa que te importe, pero por alguna razon esta vez me sale hacer lo que normalmente no hago, una es firmar y sinceramente me daria mucha verguenza que justamente vos leas algo que escribo, incluso algo tan boludo como esto y la otra es decir gracias, y no voy a explicar el por que de lo agradecido para no ponerme mas meloso o boludo
Flopis
22/02/2008 a las 01:40
Qué grande Chichita!!!!
Mafalda
21/02/2008 a las 20:53
Llamado a la solidaridad:

Si alguien sabe de un "Don Marcos" dispuesto a lidiar con un nieto postizo... que avise.
Lo necesito para mi hijo adolescente.
De veras, lo necesito.
sebas
21/02/2008 a las 19:37
Me gustó la narración, y me imagino que todo lo que decís de tu abuelo es netamente ficción... (la del escritor). Un saludo, siempre te leo aunque no comente.
Eternauta
21/02/2008 a las 19:03
Chitchita: reclamale al gordo que te mandó al frente con todos nosotros con tu historia de la cocaína, eso no lo tenía que contar
Ramón Aparicio José
21/02/2008 a las 18:38
A la pelota... a la pelotita.
Qué barbaridad, la de los barbarismos. Porque, en definitiva, se me escaparon, sí, es difícil reconocerlo -provenientes "desde" y fluyendo "a través" de este medio-, unos lagrimones y se me agitaron tantos fantasmas que me dieron ganas envalentonarme y de invitar a todos mis vecinos, conocidos, y amigos -pocos- para agradecerles por eso que hacen, que para ellos no es, pero que, claro, cómo explicarles.
Hay que ser guapo para animarse. Para salir al ruedo sin literatura, sin escudo, sin escuadra y sin estratagemas que valgan.
Grata sorpresa, poder leer y leer-se.
Cosas que no se aparecen de golpe al otro lado de la esquina.
Salud.
Lucas, desde Dublin
21/02/2008 a las 17:55
Es la primera vez que comento, descubri la pagina cuando la soledad de mi cuarto en Budapest se convertia en un perro intratable garroneandome los tobillos. En poco tiempo lei todo, quedo solo la tentacion de contarte que en Siberia si hay dulce de leche (gracias a una mujer llamada Natasha) y acaso un poco de nieve aun.
No tuve tu suerte, mis vocaciones disimiles solo encontraron debiles resistencias: cuando compre mi primera bateria mi viejo me arrebato las baquetas y se puso a tocar el redoblante, cuando me acerque a la politica y los miedos de mis viejos comenzaban a hostigarme recibi el aliento inesperado de mi abuelo Alfredo, miembro de ese gremio medio anarca de los ferroviarios, La Fraternidad.
Nunca les mostre lo que escribia, solo a mis amigos que notaban mi impostado existencialismo adolescente y marcaban mis metaforas gastadas.
Recibi otras trompadas, y en cada una aprendi algo demasiado tarde. Talvez las mias fueron solamente mas sutiles y recien ahora me estoy dando cuenta.
Valio la pena la espera, abrazos.

L
Guille T
21/02/2008 a las 17:52
Grande Chichita!! Para cuando tu blog? Emocionás mas que Hernán !

Excelente Hernán todo tu trabajo, no te pongas celoso, sos un grande.
Luz
21/02/2008 a las 17:34


Esta historia tiene un antes y un después con el comentario de tu vieja.

Un saludo para vos y chichita.
Leo
21/02/2008 a las 16:24
¡ Gracias viejo!!!

P.D. Andate a la puta que te pario!

Te extraño mucho.

Tu nieto.
Oyomepongoloco
21/02/2008 a las 14:33
Qué buenas reflexiones che. Me sentí muy indentificado con el joven que en la literatura busca una excusa para su dejadez. En fin... me diste ganas de sentarme a escribir.
Saludos
Oyom

Pablo Giordano
21/02/2008 a las 13:14
Cuando chico yo tenía todos los miedos. Me desmayaba frecuentemente y cada día que pasaba se instalaba con mayor fuerza en mí la idea de que no iba a poder afrontar el futuro. La idea del trabajo como sobrevivencia me parecía uno de los errores más estúpidos de la humanidad. Pero un día llegó de visita a mi colegio Gustavo Roldán. El tipo se sentó en una silla, prendió un pucho y contestó las preguntas forzadas, dictadas o delirantes de los alumnos. ¡Al tipo le pagaban por eso! ¿Y qué había hecho para llegar ahí? Había inventado historias, cuentos, mentiras adornadas que a veces leíamos. Era genial, y desde ese día quise ser escritor. Tarde varios años en darme cuenta de que lo que realmente quería era vivir sin trabajar.
JVO
21/02/2008 a las 13:13
Con todo respeto, don Marcos era cuadrado hasta en el nombre... Aunque a veces hace falta algo de disciplina, no se puede negar.
Un saludo.
Giorgio Ponti
21/02/2008 a las 12:40
Muy bueno: Me siento un voyeur viendo y escuchando una catarsis familiar. Estamos dentro del cuento Señores!!!

Dolores
21/02/2008 a las 12:01
Chichita, madre generosa, hija generosa y seguro que esposa generosa. Gracias por tus palabras. Don Marcos nació, creció y se formó en un mundo en el que las pautas eran distintas, pero el amor de abuelo era el mismo que tendremos nosotros, solo que estaremos capacitados, ESPERO!!, para gestionarlo de otra manera.
Me recuerda mucho a mi abuelo. Era duro, no se le escapaba ni un error pero sí todas las cosas buenas. Era incapaz de halagar, a nadie. Eso era muy de la época, creían que el halago bajaba las defensas y convertían al que lo recibía en un creido. Pero se rompió por todos, en la manera en que él creía que tenía que hacerlo. Sólo me acuerdo de los momentos en que se aflojaba porque lo asaltabas y le pegabas un abrazo apretón, y se le escapaba una sonrisa de felicidad. Con eso me quedo.
Tenemos que saber ver lo que había en el corazón de ellos, y aprenderlo, pero poniendo nuestras formas. Besos a Chichita, me conmovió de verdad.
roberpf
21/02/2008 a las 10:38
#60, #76, #79, #80, #83, #84, #115
La mejor manera de "vender" algo a alguien es convencerle de que lo necesita.
Creo que con "Nosotros lavamos nuestra ropa sucia" nos estás haciendo "publicidad viral" jejejeje
roberpf
21/02/2008 a las 10:15
Me gustó la historia Hernán pero, cuando leí el comentario #113 de Chichita, se me puso un nudo en la garganta porque coincidía con lo que entresacaba yo de la lectura. Por eso estoy mas de acuerdo con #110 y su teoría del "enemigo bueno" que con #111 y su "pinche tirano".
PD.- Me hubiera gustado también un link a "Ropa sucia" ya que lo había a "El futuro del Chape"
J.P.
21/02/2008 a las 06:51
Entre vos y tu vieja me van a volver maricón. Se me vienen lágrimas como a una muchachita.

Gracias.
chichita
21/02/2008 a las 04:49
Lo leí. Y llore, llore y llore?

Y en mi llanto se arremolinaron tantos recuerdos tantos sentimientos encontrados. Al fin hiciste las paces con tu abuelo Mi papa y mi hijo juntos aunque sea a la distancia. Si a vos te sirvió esta revelación, a mí también. A pesar de cómo describís al abuelo, (tal cual) yo lo amaba.

Y a pesar del dolor que en su momento me provocaron los dos(porque he luchado con dos generaciones distintas a la mía)los amo con todo mi corazón y perdono todas las faltas de el y las tuyas. Y me alegra enormemente que reconozcas tu parte de error Porque lo importante es eso: darse cuenta y pedir perdón.

Se que el abuelo te esta viendo y esta muy orgulloso de su primer nieto, aquel que visitaba todos los fines de semana cuando eras chico y te regalaba los juguetes mas lindos y la ropa mas linda también. Recuerdo el primer magiclik. Me lo regalo diciendo: para que nunca te falte fuego para la mamadera del gordo.

Cuándo un día vino a visitarnos y vio como yo secaba tus pañales en el horno de la cocina, a la semana siguiente me regalo un secarropas Surrey? Y cuando me regalo la valija, que ahora tenes vos, fue para que cuando viajara a La Plata no tuviera que andar con bolsos al traer a Rebequita de paseo a Mercedes.

Podría contarte muchas cosas mas? Ese famoso rincón blanco de tu cuento fue tu primer dormitorio y también te lo regalo él.

Vos viviste 1 año con él?, yo 21. Y sé muy bien de las injusticias, pero prefiero recordar las cosas buenas que hizo (que fueron muchas) y entenderlo.

Porque los padres educamos a nuestros hijos como podemos mas de cómo queremos.Los vamos formando con todos los defectos que traemos de nuestra infancia y solo con un poco de inteligencia emocional podemos cambiar algo , solo algo de lo vivido para no repetirlo. Florencia y vos lo están haciendo y a mi me gusta como están educando a sus hijos.

El abuelo hizo lo que pudo?el también tuvo padres muy severos y sin educación.Pero estoy segura que nos amaba a todos mucho. Y lucho para que no nos faltara nada (esa era su manera de demostrar su amor).

Lo recuerdo trabajando de noche, con contabilidades que traía a casa, hasta las 5 de la mañana, lavarse la cara, desayunar con nosotros que íbamos al colegio e irse a trabajar.

Cuando nacemos todos venimos con un don. El mió estoy segura es el de no tener rencor. Por eso lo recuerdo así. "Te dije que te amo hija?..." Eso siento cada vez que me acuerdo de el.

Te dije que te amo Hernán?

Mama.
 Usuario Anónimo
21/02/2008 a las 03:03
Coincido con Sol...que viejo de mierda!
En fin, yo no creo que le debas nada.
Y no entiendo porqué se emociona la gente con este relato.
A mí me dá ganas de putear al viejo, que querés que te diga.
Besos
  mafaldita
21/02/2008 a las 02:14
Don Marcos fue unos de tus "pinches tiranos".
Corto y pego:
Los Pinches Tiranos son citados por Carlos Castaneda en su libro llamado "El fuego Interno"; son aquellas personas que se encuentran en una situación de poder hacia un guerrero, en los tiempos antiguos incluso llegaban a tener poder de vida o muerte.

Castaneda habla de que hay otras personas llamadas "pinches tiranitos" que aunque no tienen situación de poder respecto al guerrero, son capaces de hacerle la vida imposible.
Los mas fuertes sobreviven. Si no hubieran batallas constantes en la vida de los guerreros, literalmente no habría desarrollo.

Ser un guerrero perfecto en situaciones perfectas es ser un guerrero de papel: En otras palabras, si no hay reto o peligro, no hay nada que hacer.


Ricardo
21/02/2008 a las 00:11
A veces es mejor un enemigo que un mejor amigo, pues el primero te exige, te obliga y te invita a que te superés permanentemente.

Abrazos a don Marcos, que el te sacó la boludencia de encima.

Ricardo
tefi
20/02/2008 a las 23:40
Hoy entre por primera vez a este blog. Estoy realizando una tesis sobre la escritura y los espacios en Internet. Me ayuda mucho leer éste para ver de qué están hablando algunos que escriben "teoría" sobre el tema.
Me gustó mucho tu forma de escribir.
andaya
20/02/2008 a las 20:56
Quizás escribir me funcione, únicamente, si levanto la vista una vez en la vida y le pido perdón a mis muertos, sin literatura.

¿Que coño quieres decir exactamente con esa retorica que medio suena bien?
...¿asumir la responsabilidad? ¿qué responsabilidad asumes tu salvo la de provocar gratuitamente con tu supuesto humor?
Hernán P. Nadal
20/02/2008 a las 20:00
Extraña forma de recordar a tu abuelo.
Sin embargo, esa mezcla de bronca y admiración, generan un cariño muy especial para ese tosco y cascarrabias Don Marcos.

Este cuento "No está tan mal".

;)

Te dejo también, a modo de encuentro cómplice, mi despedida a mi abuelo Don Pepe:

http://listao.blogspot.com/2005/09/adios-pepe.html

Saludos.

Hernán (Otro que vive en Buenos AIres a la sombra de un blog)
Hector
20/02/2008 a las 18:00
Gracias, Don Marcos, por darnos a Hernán.
chichita
20/02/2008 a las 17:54
lo lei y mande comentario pero no entra me lo rechaza mama como hago?
la filistea
20/02/2008 a las 17:36
No, pero es que desde ahora ya amo a tu abuelito, y que su vara de correción te haya dejado marcado para que nos regales tan buenas cosas.!

Así que yo (por ahora) te echaré muchas flores, Mirta, -i mean- Hernán, ahora que me doy cuenta tu abuelo murió tranquilo.

Abrazos.
Luisa
20/02/2008 a las 17:14
Que felicidad... cuando vi que habias actualizado... desde hace aproxidamente un mes descubri este blog por casualidad y desde entonces me he dedicado a leerlo absoluamente todo, incluyendo el libro.

Gracias por amenizar las tardes en la oficina...

Estupendo... me encanta como escribes...
 Interior
20/02/2008 a las 16:06
Che Gordo , a los 26 ya estabas tan hecho mierda??? sos muy optimista para pensar que conocerás a tus nietos...

El texto muy bueno, y muy buena disculpa. Pobre Don Marcos, la de desilusiones que le hiciste vivir, a los viejos nunca se les discute, se lo deja hablar, se los asiente con la cabeza y listo, salvo que sean viejos que se den cuenta y nos caguen a patadas.
Dolores
20/02/2008 a las 16:01
Los golpes de la adversidad son amargos pero nunca estériles. (Renan). Pobre vos y pobre tu abuelo.
Gus
20/02/2008 a las 15:14
Podría decirte excelente, pero me parece que te gustará leer que hay un par de líneas que no están nada mal
GABRIELA
20/02/2008 a las 15:04
Me gustó Hernan...

Hasta para ser un LAPIZ ROJO,
QUE ANTES DE SER MADERA,
TAMBIEN FUÉ ARBOL EN LOS BOSQUES DE PALERMO,
Y SUBIRME AL AVION,
Y VOLVERME,
Y DECIRLE AL DON MARCOS DE MI VIDA;
que ya se que no soy perfecta, pero que él tampoco lo es".
De gritarle GRACIAS, y luego, tener que retrucar "DE NADA"...
Que fué mutuo,
Sencillamente, porque valió la pena.


Giorgio Ponti
20/02/2008 a las 13:58
Querido Hernan:

A mi me esta pasando una cosa. La mayoria de las veces se que tus relatos son genialidades mezcla de realidades que viviste y cosas que se te ocurren con esa cabeza de ex drogadicto. No se si quedo como un boludo, pero me gustaria saber si este relato es de la vida real o si es otro gran invento tuyo.

Otra cosa.... van dos relatos de corrido que pones algo sobre la cocaina.

Igualmente muy bueno el relato, porque me gusta cuando mostras tu lado humano totalmente desnudo.

Estoy leyendo "Mi Garrote y Yo" y la verdad que tus relatos son toda una leccion de como escribir.

Ta... no te lo queria decir, pero sos mi idolo (pero no te la creas).

Chau.

Cris
20/02/2008 a las 13:18
Llevo tiempo enganchadisima a tu blog, pero nunca había dejado un comentario. He entrado varios días y POR FIN un post nuevo, y además, SÚPER-BUENO. Genial. En mitad de una mañana horrible, un poco de buena letra.
Armando
20/02/2008 a las 13:01
Es muy complicado leerte ahora.

Yo me enganché con leerte no por tu talento escritural sino por orgullo generacional. Y ese orgullo generacional devino en sentimientos cada vez más dañinos: admiración, identificación, posesividad. Hubo una época en la que leer los comentarios me sacaba bilis por la boca. Me parecían despreciables los que te adulaban a lo pendejo y patéticos los que, a mi entender, no te entendían.

Superados los traumas psicológicos, desapegando, vino la fase de indiferente distancia: "Es bueno, pero demasiado Gen X". Hace un poco menos de dos años logré enfrentar la verdad desnuda: Yo quiero a Casciari.

Y el cariño es una relación enferma por su naturaleza (basada en las letras) pero sobre todo por las expectativas. "Quiero creerte" es un poco mi mantra, "porque creerte me hace ser mejor". Ojo, no leerte, sino creerte.

Creer en este cuento y principalmente en la última línea me haría ser mejor.

Pero soy tan escéptico...
Rafa
20/02/2008 a las 11:55
Tus escritos tienen la capacidad de durar, de permanecer durante un buen rato después de haberlos leído y regresado al alienante trabajo. Felicidades por la vocación descubierta, inevitablemente.
bastiano
20/02/2008 a las 11:20
Hernán, gracias por este artículo. Aunque para muchos sea obvio... para mí es una revelación. Siempre me he negado a dedicarme a mi pasión porque estaba convencido de que no era una máquina de ideas y frases bonitas. Reconfortante saber que la disciplina es aún más importante que la "creatividad"...
el diego bueno
20/02/2008 a las 08:54
Muy bueno y como un espejo colgado.
LucAsh
20/02/2008 a las 08:15
"Don Marcos jamás veía árboles, sino madera." Gran frase.
Hormiga
20/02/2008 a las 04:58
#80

Hernán, entonces si es malísimo ¿Por qué ganaste el premio?
Deberías ponerlo un día en Orsai :)
Chiri
20/02/2008 a las 03:45
El abuelo Marcos era parecido a Sarmiento, o a Enrique Muiño haciendo de Sarmiento. Y Hernán en esa època se parecía mucho a Roberto Antier, pero con los ojos más juntos que el actor, o sea: más cerca un ojo del otro.
Crysty
20/02/2008 a las 03:15
Cuando uno se inicia en algo, así sea a la fuerza o por necesidad, está más que bien recibir tomatazos o margaritas por igual...y es cierto que la crítica, mucha veces destructiva, pesa más...
Raro blog...te descubre mucho...
(Buen cuento también, no se porqué me hizo acordar un poco a Andahazi...)
Hasta el próximo blog...
Suerte!
Ligros
20/02/2008 a las 02:49
Quien le iba a decir a Don Marcos, que el pazguato arriba firmante se acostaria hoy tan tarde por su culpa; no obstante, gracias Don Marcos.
Un relato entretenido, un weblog colosal.
Paula Carri
20/02/2008 a las 02:20
El te habrá ayudado a vos, pero todo me hace creer que vos también lo ayudaste a él...
un saludo desde Argentina
Anita
20/02/2008 a las 01:37
Como decía mi madre: "Sos hijo del rigor vos!!"
Sauceano
20/02/2008 a las 01:11
me ha gustado la verdad. algo identificado me he sentido...desde Neuquén un abrazo. adios
 Psicomollejita
20/02/2008 a las 00:23
Estoy de acuerdo con fasso (#83), sobretodo porque al no poner el link se cumple al pie de la letra la moraleja de este texto: "lo que no me dejan ver es lo que más interés despierta en mí".

Eso se cumplió también en mi vida, mis padres son psicólogos y siempre utilizaron la psicología en las discusiones para tener la razón... hoy en día soy psicólogo, y ahora que lo pienso seguramente existió la motivación inconsciente de tener los argumentos para defenderme en las discusiones. De paso, escondían y ocultaban libros o cualquier fuente que tuviera relación con la sexualidad, gracias a eso mi tesis fue en esa área, así como una de mis pasantías y la mayoría de cursos y libros que tengo en mi haber.

Andáaaa publicá ROPA SUCIA andáaa por favooooor!!!

P.D.: Gracias por componerme el día con esta actualización.
fasso
19/02/2008 a las 23:35
"#80 Hernán:

Sí. Se llama Nosotros lavamos nuestra ropa sucia y todavía no lo incluí en Orsai. Las razones son dos: 1) es tres veces más largo que los textos de este blog, y 2) es malísimo."

1) No creo que sea la primera vez que publiques un cuento largo o en el peor de los casos lo podés poner en capitulos;

2) Y que le tenés miedo a las criticas? ... deja que los demás juzguen si es bueno o malo, o te estas transformando en el abuelo del cuento... no creía que eras tan cagón!









uuuuuuuhhhhh como te moje la oreja!!!!!!!!
Karina
19/02/2008 a las 23:35
Hernán

Estoy en pleno proceso de perdón a mi muerto mayor: mi papá. Un papá escurridizo, que fumaba marihuana y bebía sin control, un satélite de mi vida que me agujereó con su indiferencia, pero que me heredó la más mordaz de mis pasiones: la literatura. Así como el abuelo de este relato, era una isla con leyes propias, experto en desgraciarle la vida a los demás, y al mismo tiempo, me dió las lecciones (a la inversa) más importantes de mi vida y me transmitió sus genes de lector voraz y escritor impenitente.

Leer tu cuento me conmovió mucho... Tal vez uno tenga que aprender a los carajazos algunas de las cosas más valiosas, tal vez, al pisar los treinta, nace en uno una especie de ternura para con las amargura de la adolescencia.

Y me importa un carajo si ésto es útil o no: "Genial como siempre, Casciari"
Lucrecia
19/02/2008 a las 23:07
Excelente Hernán.

Hace poco hablaba con mi hermana de ese temita de la prohibición por parte "de los grandes". Cuando era chica habían libros y pelis prohibidas rondando por casa. "Este libro no es para chicos", "esta película no la podes ver" (entre ellas La naranja mecánica). Llegamos a la conclusión de que no les habríamos dado interés a esas cosas si no se nos hubiesen prohibido (si nos hubiesen dejado ver la peli...)
Gente como Don Marcos es sumamente necesaria al fin y al cabo.
 olo mosquera
19/02/2008 a las 22:57
Sí. Se llama Nosotros lavamos nuestra ropa sucia y todavía no lo incluí en Orsai. Las razones son dos: 1) es tres veces más largo que los textos de este blog, y 2) es malísimo.
Marcello
19/02/2008 a las 22:54
estuve buscando "Ropa Sucia" y veo que es en realidad "Nosotros lavamos nuestra ropa sucia ", pero no pude encontrar de donde bajarlo, solo referencias.
malena
19/02/2008 a las 22:52
Mi abuela era durisima, era terrible( para mi madre , para sus criadas y sobre todo para ella misma), pero ahora cuando me acuerdo de ella no se porque se me viene a la cabeza la nenita que contaba chistes que algunas veces ella también era (cuando se olvidaba de ser la mujer dura que fue su rol principal) cuando se reía y se relajaba. Creo que esa es la que vive todavía, por lo menos en mí.
Sergio Meza C.
19/02/2008 a las 22:42
Caramba. La verdad es que el ritmo de la narración es implacable; tan implacable como el temple de tu abuelo. Acaso en esa suerte de torbellino pertinaz de tu escritura, se fue alojando ese abuelo mitad infierno y mitad purgatorio, que a costa de dolor y contumaz esmero, te enseñó una suerte de cielo empalagoso y dulce, del cual huyes hacia una desaliñada medianía de excelencia.
Me disculpo por no haberte puesto antes en mis visitas periódicas en mi propio Blog, que busca cosas como estas, en otros términos y en otros estilos, pero acaso con similar persistencia.
Pocho de almagro
19/02/2008 a las 22:33
Para cuando "Ropa Sucia" en el blog?
La perfecta
19/02/2008 a las 22:07
Desde que tengo blog, he aprendido que se siente de maravilla cuando un amigo dice "genial lo que escribiste", pero es un derechazo certero a la boca del estómago cuando un amigo dice: "esto es una mierda, perdona que te lo diga"
En fin, espero que soportando a la verdadera crítica sin desistir, algún día me salga un texto de esos que tienen una frase "que no está tan mal"
Cliché, pero igual te lo digo: genial, como siempre
cila
19/02/2008 a las 21:35
ay, que risa! lo de inmoral. asqueroso, no me lo creo! eso escribía el abuelo?! y con un lápiz rojo!
Zebas
19/02/2008 a las 21:34
El abuelo y el nieto son valores contrarios que bajo condiciones de edad, experiencia, deseos de cambio, admisión de errores y otros factores cambiantes se repulsan con consecuencias que en algunos casos hacen caso omiso de la lógica.
Las circunstancias me negaron la experiencia de debatirme con alguno de mis abuelos, tan solo conocí a ese ser con mandil y moño que como Gardel pero en su caso su legado se refina hasta convertirse en leyes absolutas e irrefutables del sentido común, y que en su debido tiempo era cursilería "encabronante".
Palmada en la espalda mi distinguido.
 JikoKanri
19/02/2008 a las 21:26
"doce meses alucinantes en el que"
Diego
19/02/2008 a las 21:20
Inspirador. Toda la razón del mundo; la literatura es un oficio que hay que practicar, y no hay vuelta. Con los traumas no me meto.
Campana
19/02/2008 a las 21:07
Valió la pena esperar 27 dias.

Si no hubiese existido Don Marcos,
yo no estaría escribiendo este
comentario y este blog no existiría.

Cuando empezás a entender a tu
abuelo, se muere. Es fija.

Así de injusta y de romántica es la vida.

Saludos.

Sol
19/02/2008 a las 21:05
Que viejo de mierda. No debes haber sido tan mala entraña si saliste escritor y no asesino serial, que era la otra posibilidad.
clavijo
19/02/2008 a las 20:57
A mi eso de ser escritor siempre me llamo la atenciòn, pero es que para esa cuestion soy un soberano petardo; en el fondo me gustaria tener un Don Marcos que me obligase por que al fin ya la cabo por muy criticon y soberbio que fuese te tuvo que ayudar de mucho Hernan.

Me gustaria decirte que fue un excelente articulo pero mejor te dijo "No estuvo tan mal".
Pau
19/02/2008 a las 20:53
Voy a describir qué me causó tu relato en dosh palabrash:
im- presionante! (con tonada eshpaniolaa)

Si tu abuelo supiera que a través de un relato así has generado mil sentimientos, creo que una noche te hubiera dejado el candado sin llave y te hacías merecedor de un puchito.
German
19/02/2008 a las 20:43
Muy interesante el relato como los comentarios, ahora: es importate saber si existio don marcos o no? si gano el premio o no?....
No comparto nada la idea de algunos de que para "salir bueno" hay que "tener cagando" a alguien, depende de la personalidad.
Y si Hernan..., medio "pinocho" tu abuelo, con todo respeto, jeje
German
 Romi Huaina
19/02/2008 a las 20:40
Supremo Hernán. Gracias!
Un abrazo!
Romi
cristian
19/02/2008 a las 20:32
excelente el relato , te cuento que me hice traer el "españa perdistes" de la madre patria .y es genial...........y despues me entero que te puedo leer sin que me cueste un mango "hernan perdistes" un cliente , pero tenes un admirador mas ....saludos desde tucuman
 patriciokikin
19/02/2008 a las 20:28
Dios mio!! estoy en una oficina hiperenfriada en los días de calor de Bs As, y estoy tratando de controlar las lágrimas por la semejanza existente entre Don Marcos y vos, y mi padre y yo.

Estoy muy movilizado. Gracias Hernán
Alan
19/02/2008 a las 20:14
Ahora que firmo no sé si ser un lector enemigo o lector camarada, de todas maneras voy a quedar mal.
Guillermo
19/02/2008 a las 19:59
Lo bueno es que siempre podemos enmendar y corregir los errores que los mayores han causado con nosotros y de esa forma no cometerlos con nuestros descendientes.
Vamos, a que si te conviertes en un padre presente y en un abuelo querendón, cuando tu nieto escriba de tí lo hará solo para contarles a nuestros nietos lo grande que eras para el.
Maxi
19/02/2008 a las 19:50
Falto el link a "Ropa Sucia" tambien. No pensaba comentar hasta que leyera TODO lo que hay en este blog, pero no se si lo lograré, que decirte Hernan, tus letras son un alimento, abrazo
Nico
19/02/2008 a las 19:26
Son las cosas que cuando sos chico te dicen "Cuando seas grande me lo vas a agradecer" y en el momento lo mandás a cagar, pero ya de grande hay veces que te das cuenta que tenían razón.

Igual, tenía toda la pinta de dictador tu abuelo...

Saludos.
Hitos
19/02/2008 a las 19:04
Ahora te descolgarás con que no tienes ningún abuelo que se llame Marcos (Don Marcos)o que jamas convivistes con uno de tus abuelos.
Es que yo me creí a pies juntillas lo de la muerte de tu padre y aun no me repuse del susto.
Tenía que firmar con "La crédula" en lugar de mi nombre. De todas formas muchas gracias por tus relatos.
Vero
19/02/2008 a las 19:01
Me gustó y me dio pena por el abuelo.
Saludos!
Laura-cr
19/02/2008 a las 19:01
Claro que 1997 ya era un año tecnológico, Hernán. Yo hacía todos mis trabajos de estudio en la compu de mi casa.
 Teresiña
19/02/2008 a las 19:00
Te estás poniendo viejo, corazón? porque el post tiene un montón de acciones colaterales hacia la nostalgia. Hacía rato que no andabas por ahí, o tal vez yo no te veía, ambas cosas pueden ser.
Lo cierto es que se ve esa mirada con la "distancia" de cuando nos sentimos grandes, en posición de evocación

 Teresiña
19/02/2008 a las 18:59

Te estás poniendo viejo, corazón? porque el post tiene un montón de acciones colaterales hacia la nostalgia. Hacía rato que no andabas por ahí, o tal vez yo no te veía, ambas cosas pueden ser.
Lo cierto es que se ve esa mirada con la "distancia" de cuando nos sentimos grandes en posición de evocación

Celeste
19/02/2008 a las 18:46
No esta mal Hernan.
Pense que tanta radio, tanto primer mundo, tanto, tanto ...
Pensé que te habia perdido para siempre.
Rockero Hi Fi
19/02/2008 a las 18:37
Me pareció excelente. Muy conmovedor. Y eso que pocas cosas me conmueven.

Saludos
Mr.Ioso
19/02/2008 a las 18:37
No esta nada mal. Podes mejorar con un poco de esfuerzo constante.
Don Marcos
19/02/2008 a las 18:33
Esto no está mal muchacho!
Primet
19/02/2008 a las 18:33
Sevilla tiene un color especial...Para ti Primeta...
Gracias Hernan porque por un momento hiciste recordar a mi abuelos...
may
19/02/2008 a las 18:32
A mi, mi abuelo me hizo desarrollar el gusto por la literatura llevándome de paseo por las librerías de Corrientes y de Av. de Mayo. Casi obligándome a leer a Twain, regalándome para los 12 las obras completas de Poe. Claro que no soy escritora, pero soy ávida lectora gracias a eso!
Gracias por devolverme a lo mejor de mi infancia, Hernán, aunq más no sea por contraste!
Enrique
19/02/2008 a las 18:27
Casi casi lloro, pero me la aguanté.

Me gustó mucho.

Cronopio
19/02/2008 a las 18:27
buenas tardes... duro, efectivo...
porq' sera q' solo ese tipo de cosas nos enseñan el camino ?
la pregunta es... q hubiera sido de vos Hernán si no pasabas por esa experiencia ?
hubieras sido mejor... peor... hubieras sido ?
Yimmi
19/02/2008 a las 18:14
Hay cierta religiosidad que respeto en esto de escribir comentarios en los blogs de otros que me hace lamentar que, cierto tipo de lector, solo comente para dar fe de que fue "primero" o "segundo" y no para dar su opinión sobre el texto o simplemente saludar.
Me parece que son comentarios perdidos que a la postre darán igual si fueron "primero" o "segundo" porque simplemente no dijeron nada.
La primera vez que vi ese fenómeno fue aquí, y en principio lo entendí por el número de comentarios que recibes en cada post. Supongo que es una manera de decir "Vaya! Fuí el primero de 350 y por eso Hernán me va a querer más que a los otros 349".
Luego vi expandirse el fenómeno en otros blogs e incluso en portales de noticias... y sigo pensando que es una pérdida triste de espacio y tiempo, sin mencionar que deja mucho que desear sobre el autoestima de "primero" y "segundo"... en fin.

Tu texto de hoy es de esos que me ponen en entredicho sobre qué tipo de educación debo darle a mi hija, a sus futuros hermanos y a mis futuros nietos... yo tuve también esa ¿dicha? de tener unos parientes que escondían todo lo que era literatura "inmoral" de mis manos... lo que despertó mi curiosidad. He pensado en no hacer lo mismo pero... ¿acaso uno no se interesa más, o al menos, se acerca con más avidez a lo desconocido-prohibido? Y si no se prohibe ¿será lo mismo?
La conclusión a la que llegué es que voy a hacer cómo sí se lo estuviese escondiendo, pero dejándolo lo suficientemente bajo como para que lo alance y lo revise "a escondidas". Eso sí, al menos sus dos primeros libros sí se los voy a dar yo, y esos ya los tengo decididos: Cuando aprenda a leer le regalaré "El Principito" de Saint Exupery, y cuando cumpla los doce años de edad (o los once quizás) le daré "Ética para Amador" de Savater.
Todavía no me decido si a los quince le daré "El mundo de Sofía", lo que me pone en un aprieto ya que a su primer mes de nacida, cosa que coincidió con el final de mi lectura del mentado libro, de manera impulsiva corrí a buscar un bolígrafo para hacerle una dedicatoria futura para cuando tenga esa edad... así que cómo que son tres los libros que le voy a obsequiar.
¿Que opinas de mi selección?

Yimmi

PD: ORSAI es uno de esos que les voy a esconder como quien no quiere la cosa.
Rudalo
19/02/2008 a las 18:11
¡Una reverenda mierda! Hernán...

Pensar que ahora está díficil que Nina rompa todo en mil pedazos (borre todo)...como lo hacía el nono (un capo!).

¿No es un poquito muy aburrida la tecnología?
19/02/2008 a las 18:06
Siempre es interesante leérte. Esta vez, además, me hiciste acordar de mi propio Don Marcos y de lo importante es que cada uno, en algún momento de su vida, se tope con el suyo.

Es un placer leérte, insisto.

Salud a la memoria de tu abuelo, que, de algún modo, me permitió poder leérte.


Un abrazo


Nacho!
Alberto José
19/02/2008 a las 18:04
Gracias por el retorno, Hernán.
El post, muy bueno, como siempre.
(Esta adulación vale porque yo no soy colega tuyo).
Un abrazo.
 olo mosquera
19/02/2008 a las 18:02
Gracias #11, #22, #37... etc., todo está corregido.
(A veces pienso que escribo on-line para que entre todos me encuentren los errores y así no pagarle a un corrector.)
 Gustavo
19/02/2008 a las 17:59
Momento... momento... eran bolsas de arpillera o canastos al final???
19/02/2008 a las 17:58
"La vocación no es una fiesta nocturna sino un esfuerzo complicado de asimilar."

Que bien que me ha caído esta frase. Y que bien que has vuelto a poner algo en Orsai, ya me hacía falta leerte.

Saludos.

Victor
Matu
19/02/2008 a las 17:56
"A veces, hasta las patadas en el culo nos tiran para adelante"
 Gustavo
19/02/2008 a las 17:56
Genial, como casi siempre. :P

Un errorcillo creo... falta un "el", donde dice:
"mi abuelo me esperaba en patio"

Saludos!

Guillermo
19/02/2008 a las 17:51
Nada mal, Casciari... Nada mal.
 olo mosquera
19/02/2008 a las 17:49
Gracias PAT (#32): Eliminado bolsas de arpillera (o como se diga). Ahora son canastos.
19/02/2008 a las 17:48
"El futuro del Chape", de mis favoritos.
19/02/2008 a las 17:45
Muy buen relato Hernán, buen repunte después de el de la cama, que no me había gustado tanto.
Si podés date una vuelta por mi blog, a ver que te parece: DentroDelPerro.com.
Saludos,

Leo
PAT
19/02/2008 a las 17:45
Casciari:
Las bolsas no son arpilleras, son "de arpillera" que es el material.
Sería para nuestra época como poner: Bolsas nylon.
Un saludo
fede o
19/02/2008 a las 17:45
el arte trasciende lo moral, inmoral o amoral.
 olo mosquera
19/02/2008 a las 17:41
Es verdad Angel (#25), faltó el link a El Futuro del Chape, el cuento que don Marcos me rompió en pedazos porque tenía partes chanchas. Acá está.
19/02/2008 a las 17:39
muy bueno, sobre todo el final.

:)
19/02/2008 a las 17:37
Muy bueno.

Hay una línea que me deja dudas: "El hombre era cerrado como un laberinto y, supe entonces, compartía la teoría de la perfección de la raza."

Me suena raro que no diga "que compartía la teoría..."
fede o
19/02/2008 a las 17:36
no estaría orgulloso de vos ni en pedo. te volvería a cagar a puteadas como siempre (aunque tus cuentos estarían protegidos hasta que el aprendiera a prender una mac).

cómo duele que nos escalden el orto a patadas. pero a veces qué bien nos hace, aunque sea por oposición.
Max
19/02/2008 a las 17:33
Hola Hernán, una obra maestra.

Don Marcos era fanático de la familia occidental y cristiana, aunque no había hecho otra cosa en la vida más que desunir a la suya y olvidarse de Dios.

El Angel Gris
19/02/2008 a las 17:33
¿Faltó el link a, "El futuro del Chape"?
Luz
19/02/2008 a las 17:32
La inmoralidad de tu literatura es lo mejor que tenés.

El Angel Gris
19/02/2008 a las 17:26
Ahora entiendo la construcción del Nonno.

El texto es de los que me gustan, finta, punteo, un-dos, un-dos. Upercut a la mandíbula.
PAT
19/02/2008 a las 17:26
Excelente Casciari!
Me encantó!
Hay algunas faltillas, pero no es el momento de decirlas, sé que lo agradecés, pero ahora prefiero felicitarte con admiración y no meter cuchara de maestrito.
Felicitaciones, me gusta entero, me encantó el final. Cuando empezaste a hacer remolinos en torno a tu posición de abuelo lo encontré tan humano! Era explicar lo que hace rato te había venido a la cabeza. No se si es claro, pero es muy lindo.
Gracias
Demian
19/02/2008 a las 17:22
Ahora no se si está bien poner... "No está tan mal".

Retrospectivamente todo se piensa distinto...

Un saludo Hernan
Dany
19/02/2008 a las 17:22
Me gusto, me hizo acordar al gallego bruto y mala gente de mi abuelo con el cual sin embargo pase algunos momentos muy importantes de mi niñez.
19/02/2008 a las 17:21
Ya te estaba echando de menos.

Me ha emocionado tu relato. Por muchas cosas: porque tu abuelo me recuerda a mi padre, porque yo también tuve mi época de escritora hace años, pero sobre todo porque estoy en un paréntesis absurdo del que no sé salir, y me da miedo no ser capaz de salir nunca. Tú al menos tuviste la valentía de enfrentarte a tu abuelo y a la hoja en blanco, y has salido victorioso.

Gracias por estar ahí.
. Mariano
19/02/2008 a las 17:17
Estas mas oscuro que de costumbre o me parece a mi? De los ultimos 5 relatos hay un par q me hacen preguntar: te esta pasando algo?

O sera q todavia sigo viviendo en la casa de Mirta yo...

Aun asi, el relato me encantó. Como de costumbre. No soy un critico despiadado ni un colega lector, simplemente un groupie :P
19/02/2008 a las 17:15
No se si es bueno, o no, o si te premiarian en Francia, pero a mi me gustó mucho.
Y la literatura prohibida fue la preferida de mi infancia y adolescencia, y se que no la disfruté tanto como cuando la volvi a agarrar años despues, pero tambien se que soy lo que soy, gracias a esa libertad que me dieron haciendose los que no se daban cuenta de que yo robaba esos libros de la biblioteca de los grandes.
Besos!
Nat.
Ariel
19/02/2008 a las 17:14
Muy bueno, aunque no creo que, si Don Marcos levantara la cabeza, fuera para halagarte. Pero bueno, la gente es como es. Yo tengo mi Don Marcos particular, que ahora está a 12000 km de distancia, pero como si viviera en la habitación de al lado, tampoco me afecta a esta altura de mi vida. Por lo menos tu abuelo te afecto para bien, hay gente que ni eso...
David
19/02/2008 a las 17:14
Genial como siempre!!!
Javi
19/02/2008 a las 17:13
Grande. Emotivo. Honesto. Humilde. Fuerte.
 egonx
19/02/2008 a las 17:13
No está mal hernán. El orgullo siempre nos traiciona, siempre primerea a la culpa, el orgullo siempre madruga a la trasnochada culpa. Pero está bien redimirte así, escribiendo, inspirado o no, tomando una enseñanza de un viejo cascarrabias.

Ahora entiendo que las malas formas de los viejos al dar consejos se debe a que se saben ya sin chances de deshacer los malos pasos. Ese mal humor no es más que el reconocerse incapaz de pedir perdón sino sólo a través de consejos y advertencias.

Culpa De La Calor
19/02/2008 a las 17:12
Tus historias buscarán solo entretener, pero encuentran mucho más que eso.
Animal
19/02/2008 a las 17:12
Un error tipográfico:
"y que mis historia[s] nomás buscan"

Sin literatura. Me gustó. Sin maricaditas ni arrogancias sutiles.

Un abrazo.
Dr. J
19/02/2008 a las 17:11
Un relato excepcional.

Como todos, de hecho.

Tu abuelo te enseñó bien. Lástima que cuando eres niño el mundo de los abuelos te interese tan poco. Siempre pensé que la mejor edad para conocer al mío hubiese sido a partir de los sesenta.
Juan Vilariño
19/02/2008 a las 17:10
Me alegro un dia de mierda ver que habia actualización.

Primera vez que comento aqui, pero me trague el blog completo en estas ultimas semanas. Hoy me entero que la mujer que me alquila el piso aqui en Barcelona, se paso por Salta, y estuvo de asadito con mi familia y al volver les envio "España, perdiste". Fue raro cuando me enteré.
Gracias por darnos armas para defendernos hernan... es que tengo novia catalana, y mas de una vez la siento frente a Orsai para que lea lo que yo no puedo expresar.
lamaga
19/02/2008 a las 17:07
Qué buena catarsis Hernán. A veces yo también necesitaría que alguien me encerrara y me obligara a escribir, eso de la disciplina es una historia grossa. Un abrazo.
Andres de Rosario
19/02/2008 a las 17:05
'Esto no esta tan mal'
Andres de Rosario
19/02/2008 a las 17:05
'Esto no esta tan mal'
laura
19/02/2008 a las 17:00
Me ha encantado Hernán... Sé que va a sonar a peli americana; pero imagino que si D. Marcos levantase la cabeza estaría orgulloso de tí... Un beso grande
Culpa De La Calor
19/02/2008 a las 16:57
Por fin el trabajo se pone interesante. Dejo esto de seña y después termino el comentario.
laura
19/02/2008 a las 16:53
segunda!!!
Marí
19/02/2008 a las 16:53
Pri??
fonzie
19/02/2008 a las 16:53
pri?