Orsai blog post

Historias
miércoles 10 de noviembre, 2004

Orsai post

Historias
miércoles 10 de noviembre, 2004

El hombre que sueña con todo lo malo

   

En un comentario reciente, una lectora me recordó las épocas en que escribía, en un periódico de Mercedes, entrevistas a personajes inexistentes (por supuesto sin decir que eran cuentos camuflados). Siempre pensé que los habitantes de las ciudades pequeñas, tan poco lectores pero a la vez tan amigos de propagar historias, pueden engancharse con gusto a la ficción literaria de una sola manera: creyendo que el cuento que se les cuenta es real como la vida misma.

Hace una década los mercedinos leían con agrado historias como la que rescato hoy. Y luego hablaban de ello sin saber que estaban haciendo crítica literaria.

Entrevista a Jesús Machado, vidente
Semanario Protagonistas, lunes 1º de abril de 1996

Desde Nostradamus hasta la fecha, son conocidas las historias de personas que se jactan de ver el futuro. En los sueños, en las cartas, en los astros o en la borra del café, siempre ha habido y habrá gente que cuelga en algún lado el cartelito de vidente. Lo que no hay mucho son personas que traten de ocultarlo, o que no lucren con ese don.

En Tomás Jofré, un pueblo rural del Partido de Mercedes que no ha de tener más de doscientos habitantes, hay un hombre que carga con la cruz de ver hacia adelante. Y todos le creen, más que nada porque no mueve un dedo por hacer alarde de su oficio.

Carlos de Jesús Machado tiene 65 años, la primaria por la mitad y un sobrenombre, el Chacho, por el que lo conoce todo el mundo en Jofré. Vive en una casita humilde, junto a un hijo ya grande y un perro negro: el Abrám. La que fue su mujer lo abandonó hace unos años, un poco porque ya no lo quería, y otro porque el Chacho le daba miedo.

Y es que este hombre —con cara de bueno y un sombrero negro que pocas veces se quita— ve, a través de sus sueños, todo lo malo que ocurre a su alrededor. Supo que su propia madre iba a morir, supo que su mujer se iría para siempre y que a una hijita de meses se la llevaría la fiebre, siempre con dos o tres días de anticipación.

—Lo que más admiro de mí mismo es que nunca se me haya dado por la bebida —dice—. Hay tanto borracho sin una excusa decente, y yo, que tengo el mejor motivo para andar noche y día en curda, no va que he salido abstemio.

En su casa hay un televisor blanco y negro, muchas fotos de amigos muertos, y un cuaderno donde anota, desde hace años, cada uno de sus sueños. (Va tachando los que se cumplen con un marcador rojo.) Cuando se le hace una pregunta te mira a los ojos, como si quisiera ver más adentro, y si por fin se decide a responder, después de pensar mucho, y en silencio, lo hace con la voz desganada de los que ya no tienen mucho más para contar.

—¿Qué se siente saber cosas de antemano, Chacho?

—Bronca, primero que todo. Porque hasta el día de hoy no he podido ver nada bueno. O sea que cuando abro el diario, o cuando me vienen con una noticia que ya soñé, siempre lo que pasa es que se confirma una desgracia. Y no es bueno certificar esas cosas, como quien dice. Hasta no hace muchos años, me daba un poco de miedo meterme en la cama, a la noche. De chico estaba creído de que si no soñaba, no iba a pasar nada malo. Me costó mucho entender que las desgracias del mundo no son culpa mía.

—¿Alguna vez lo vio un psicólogo?

—Les descreo a los psicólogos. Son gente muy simple. Ellos creen que la culpa de todo la tiene la madre de uno, y mi madre era una santa. Yo no voy a ir a pagarle a un tipo, por más instruido que sea, para que me hable pestes de Luisa Machado, que en paz descanse. Mire: le cuento un sueño que tuve hace diez años, y solito se va a dar cuenta usted qué se siente saber cosas de antemano. Soñé que mi madre estaba haciendo un pozo en la tierra, abajo de la lluvia, en el fondo de la casa. Salí afuera y le dije que yo la ayudaba, que me dejara a mí. Y ella me dijo "pero si no es para vos, Chacho, ya harás tu pozo". Cuando me desperté, lloré también antes de tiempo, pero no le dije nada. A los dos días se murió nomás. Cuando la enterramos, pregúntele a cualquiera, llovió como nunca en años.

—¿Se acuerda de la primera premonición?

—Se conoce que la cabeza me ha mandado mensajes siempre. Incluso desde mucho antes que yo mismo lo supiera. Le puedo contar la primera visión que relacioné con algo que luego ocurrió. Yo ya era mozo; estaba haciendo la conscripción aquí, en el Regimiento Seis. Soñé que mis superiores me obligaban a ponerme un traje de fajina negro, porque había que ir a una fiesta elegante. Me llevaban a la fiesta, y en medio de una habitación muy grande, hasta la manija de gente, había dos soldaditos muertos. Uno con un balazo en la cabeza, el otro no. A la semana a un compañero se le escapó un tiro mientras limpiaba el arma. Y esa noche, después del revuelo que nos causó esa muerte, otro conscripto —este sí muy amigo mío— falleció por una hepatitis... Esa fue la primera visión que relacioné con la realidad, y le juro que no me gustó nada.

—¿Pudo evitar alguna desgracia, gracias a estos poderes?

—Primero, no son poderes. Poder tiene Supermán y Menem, y yo ni vuelo ni hambreo al pueblo, que quede claro. Para mí esto es una cruz. Le llamaría poder si en vez de soñar con muertes y con desgracias, soñara las tres cifras de la lotería, pero ya ve que no. Y yendo a su pregunta, nunca pude deshacer el destino. Una vez sola lo intenté, y me dieron una lección que no me olvido más. ¿Le cuento o ya tiene bastante?

—Por favor.

—Yo era joven. Recién casado. El hombre que había elegido para padrino de mi primer hijo, Ramón Ludueña, era mi compadre y mi amigo. Durante una siesta, en esta misma cama que usted ve acá, soñé que se mataba en un auto. Al otro día vino y me dijo que lo habían invitado a correr regularidad en Mar del Plata, el domingo siguiente, y yo supe que ese iba a ser el día. No le dije nada sobre la visión, pero decidí bautizar a mi hijo una semana antes, para que no pudiera correr esa carrera. Ramón, como cualquier amigo haría en su lugar, pospuso el viaje y se quedó para el bautismo. Después de la fiesta, volviendo a su casa, patinó en la ruta 41 y se desnucó. Más tarde me enteré que la carrera de Mar del Plata se había suspendido por niebla. Luego de eso aprendí a aceptar las cosas como son.

—Hace un momento dijo "me dieron una lección". ¿Quiénes?

—Los que manejan la historia, los que deciden estas cosas. Las personas que se meten en mi cabeza cuando duermo y discuten en voz alta lo que van a hacer con nosotros.

—¿Dios?

—Dios debe ser uno de esos, pero hay más gente. Me parece incluso que Dios no corta ni pincha, en esas conversaciones. A Dios solamente le queda el cargo.

—¿Y qué cargo tiene?

—Cargo de conciencia, tendría que tener.

—¿Alguna vez se puso a pensar por qué justo le tocó a usted, esto de soñar lo malo?

—Antes era muy de preguntarme esas cosas. Ahora no, ahora trato de no pensar más en nada. Pero cuando pensaba, había llegado a una conclusión que no sé si es buena, pero que me sirvió para dejarme tranquilo. Yo decía que todos los seres humanos, cuando se van a dormir, sueñan con lo que va a pasar. Pero que la relación con la realidad se les desvanece con el día. Yo pensaba que no era extraño lo que me pasaba, que solamente era muy memorioso. He tenido sueños tan agarrado de los pelos, que me costó mucho descubrirles el sentido.

—Mucha gente dice que cuando soñó el presagio de lo que ocurriría en la AMIA, pensó que se le iba a morir el perro. ¿Por qué?

—Porque cuando sueño masacres las imágenes no son nítidas, son cosas que hay que interpretar. Dos días antes del atentado, soñé que un hombre de barba, acá en Jofré, andaba en una camioneta blanca levantando todos los perros del pueblo, porque estaban rabiosos. No sé si él decía, o alguien me contaba en el sueño, que tenía que encontrar seiscientos. En un momento le faltaba nomás que uno, y yo sabía que era el cuzquito mío, y lo quería esconder. Pero se me escapó y el hombre de barba lo metió en su camioneta. Y después se fue a la plaza y los prendió fuego, a todos los perros del pueblo. Me despertaron los aullidos de los perros quemados. Cuando me levanté, le dije a mi hijo: "Preparate, porque se nos muere el Abrám". Le decimos Abrám por Abrám Lincoln, ¿ve que es todo negrito? Bueno. Y el perro acá está, más vivo que nosotros. Pero a los dos días voló la AMIA.

—Camioneta blanca, Abraham... ¿Esas fueron las alegorías?

—Esas son algunas. Pero hay dos que me dejaron helado: yo soñé con seiscientos perros rabiosos, señor. Y el atentado ocurrió en la calle Pasteur al 600... Yo siempre digo que al que voló la AMIA le conozco la cara: es un tipo gordo, con barba, de más de cuarenta años, y algo más: es argentino, no de ningún país de Asia, como dicen por ahí.

—¿Alguna vez soñó algo bueno, Machado?

—Una vez, casi. Soñé que sobrevolaba un cementerio y que quería leer los nombres en las tumbas. En una de esas leo "Carlos Menem". Cuando me desperté, estaba tan contento de que se muriera el hijo de puta que no podía ni tomar el mate.

—Sin embargo sigue vivo.

—Fue el hijo, Carlitos, el que se mató al otro día. Una pena que no fuera el padre.

—¿Supone que va a soñar su propia muerte, cuando le toque?

—Ya le he dicho que sueño únicamente desgracias. Y yo creo que morirme será lo mejor que me va a pasar en la vida. Le regalo, yo a usted, una vida como la que tengo, en donde ni en sueño puedo descansar de tanta porquería. La mayoría de los cristianos tienen una vida de perros, pero cuantimás pueden darse el lujo, una vez por día, de cerrar los ojos y pegarse una cabezadita. ¿Se imagina todo esta miseria humana, pero sin descanso? La muerte mía va a ser una siesta santiagueña; voy a disfrutar del sueño por todo lo que no pude en vida. Y eso es todo lo contrario a una mala noticia. Cuando yo me muera, ya le he dicho a mi hijo, quiero que en el epitafio pongan "acá está el Chacho Machado, el que recién ahora puede pegar un ojo. Que nadie haga ruido".

Hernán Casciari
miércoles 10 de noviembre, 2004


El hombre que sueña con todo lo malo

por Hernán Casciari

En un comentario reciente, una lectora me recordó las épocas en que escribía, en un periódico de Mercedes, entrevistas a personajes inexistentes (por supuesto sin decir que eran cuentos camuflados). Siempre pensé que los habitantes de las ciudades pequeñas, tan poco lectores pero a la vez tan amigos de propagar historias, pueden engancharse con gusto a la ficción literaria de una sola manera: creyendo que el cuento que se les cuenta es real como la vida misma.

Hace una década los mercedinos leían con agrado historias como la que rescato hoy. Y luego hablaban de ello sin saber que estaban haciendo crítica literaria.

Entrevista a Jesús Machado, vidente
Semanario Protagonistas, lunes 1º de abril de 1996

Desde Nostradamus hasta la fecha, son conocidas las historias de personas que se jactan de ver el futuro. En los sueños, en las cartas, en los astros o en la borra del café, siempre ha habido y habrá gente que cuelga en algún lado el cartelito de vidente. Lo que no hay mucho son personas que traten de ocultarlo, o que no lucren con ese don.

En Tomás Jofré, un pueblo rural del Partido de Mercedes que no ha de tener más de doscientos habitantes, hay un hombre que carga con la cruz de ver hacia adelante. Y todos le creen, más que nada porque no mueve un dedo por hacer alarde de su oficio.

Carlos de Jesús Machado tiene 65 años, la primaria por la mitad y un sobrenombre, el Chacho, por el que lo conoce todo el mundo en Jofré. Vive en una casita humilde, junto a un hijo ya grande y un perro negro: el Abrám. La que fue su mujer lo abandonó hace unos años, un poco porque ya no lo quería, y otro porque el Chacho le daba miedo.

Y es que este hombre —con cara de bueno y un sombrero negro que pocas veces se quita— ve, a través de sus sueños, todo lo malo que ocurre a su alrededor. Supo que su propia madre iba a morir, supo que su mujer se iría para siempre y que a una hijita de meses se la llevaría la fiebre, siempre con dos o tres días de anticipación.

—Lo que más admiro de mí mismo es que nunca se me haya dado por la bebida —dice—. Hay tanto borracho sin una excusa decente, y yo, que tengo el mejor motivo para andar noche y día en curda, no va que he salido abstemio.

En su casa hay un televisor blanco y negro, muchas fotos de amigos muertos, y un cuaderno donde anota, desde hace años, cada uno de sus sueños. (Va tachando los que se cumplen con un marcador rojo.) Cuando se le hace una pregunta te mira a los ojos, como si quisiera ver más adentro, y si por fin se decide a responder, después de pensar mucho, y en silencio, lo hace con la voz desganada de los que ya no tienen mucho más para contar.

—¿Qué se siente saber cosas de antemano, Chacho?

—Bronca, primero que todo. Porque hasta el día de hoy no he podido ver nada bueno. O sea que cuando abro el diario, o cuando me vienen con una noticia que ya soñé, siempre lo que pasa es que se confirma una desgracia. Y no es bueno certificar esas cosas, como quien dice. Hasta no hace muchos años, me daba un poco de miedo meterme en la cama, a la noche. De chico estaba creído de que si no soñaba, no iba a pasar nada malo. Me costó mucho entender que las desgracias del mundo no son culpa mía.

—¿Alguna vez lo vio un psicólogo?

—Les descreo a los psicólogos. Son gente muy simple. Ellos creen que la culpa de todo la tiene la madre de uno, y mi madre era una santa. Yo no voy a ir a pagarle a un tipo, por más instruido que sea, para que me hable pestes de Luisa Machado, que en paz descanse. Mire: le cuento un sueño que tuve hace diez años, y solito se va a dar cuenta usted qué se siente saber cosas de antemano. Soñé que mi madre estaba haciendo un pozo en la tierra, abajo de la lluvia, en el fondo de la casa. Salí afuera y le dije que yo la ayudaba, que me dejara a mí. Y ella me dijo "pero si no es para vos, Chacho, ya harás tu pozo". Cuando me desperté, lloré también antes de tiempo, pero no le dije nada. A los dos días se murió nomás. Cuando la enterramos, pregúntele a cualquiera, llovió como nunca en años.

—¿Se acuerda de la primera premonición?

—Se conoce que la cabeza me ha mandado mensajes siempre. Incluso desde mucho antes que yo mismo lo supiera. Le puedo contar la primera visión que relacioné con algo que luego ocurrió. Yo ya era mozo; estaba haciendo la conscripción aquí, en el Regimiento Seis. Soñé que mis superiores me obligaban a ponerme un traje de fajina negro, porque había que ir a una fiesta elegante. Me llevaban a la fiesta, y en medio de una habitación muy grande, hasta la manija de gente, había dos soldaditos muertos. Uno con un balazo en la cabeza, el otro no. A la semana a un compañero se le escapó un tiro mientras limpiaba el arma. Y esa noche, después del revuelo que nos causó esa muerte, otro conscripto —este sí muy amigo mío— falleció por una hepatitis... Esa fue la primera visión que relacioné con la realidad, y le juro que no me gustó nada.

—¿Pudo evitar alguna desgracia, gracias a estos poderes?

—Primero, no son poderes. Poder tiene Supermán y Menem, y yo ni vuelo ni hambreo al pueblo, que quede claro. Para mí esto es una cruz. Le llamaría poder si en vez de soñar con muertes y con desgracias, soñara las tres cifras de la lotería, pero ya ve que no. Y yendo a su pregunta, nunca pude deshacer el destino. Una vez sola lo intenté, y me dieron una lección que no me olvido más. ¿Le cuento o ya tiene bastante?

—Por favor.

—Yo era joven. Recién casado. El hombre que había elegido para padrino de mi primer hijo, Ramón Ludueña, era mi compadre y mi amigo. Durante una siesta, en esta misma cama que usted ve acá, soñé que se mataba en un auto. Al otro día vino y me dijo que lo habían invitado a correr regularidad en Mar del Plata, el domingo siguiente, y yo supe que ese iba a ser el día. No le dije nada sobre la visión, pero decidí bautizar a mi hijo una semana antes, para que no pudiera correr esa carrera. Ramón, como cualquier amigo haría en su lugar, pospuso el viaje y se quedó para el bautismo. Después de la fiesta, volviendo a su casa, patinó en la ruta 41 y se desnucó. Más tarde me enteré que la carrera de Mar del Plata se había suspendido por niebla. Luego de eso aprendí a aceptar las cosas como son.

—Hace un momento dijo "me dieron una lección". ¿Quiénes?

—Los que manejan la historia, los que deciden estas cosas. Las personas que se meten en mi cabeza cuando duermo y discuten en voz alta lo que van a hacer con nosotros.

—¿Dios?

—Dios debe ser uno de esos, pero hay más gente. Me parece incluso que Dios no corta ni pincha, en esas conversaciones. A Dios solamente le queda el cargo.

—¿Y qué cargo tiene?

—Cargo de conciencia, tendría que tener.

—¿Alguna vez se puso a pensar por qué justo le tocó a usted, esto de soñar lo malo?

—Antes era muy de preguntarme esas cosas. Ahora no, ahora trato de no pensar más en nada. Pero cuando pensaba, había llegado a una conclusión que no sé si es buena, pero que me sirvió para dejarme tranquilo. Yo decía que todos los seres humanos, cuando se van a dormir, sueñan con lo que va a pasar. Pero que la relación con la realidad se les desvanece con el día. Yo pensaba que no era extraño lo que me pasaba, que solamente era muy memorioso. He tenido sueños tan agarrado de los pelos, que me costó mucho descubrirles el sentido.

—Mucha gente dice que cuando soñó el presagio de lo que ocurriría en la AMIA, pensó que se le iba a morir el perro. ¿Por qué?

—Porque cuando sueño masacres las imágenes no son nítidas, son cosas que hay que interpretar. Dos días antes del atentado, soñé que un hombre de barba, acá en Jofré, andaba en una camioneta blanca levantando todos los perros del pueblo, porque estaban rabiosos. No sé si él decía, o alguien me contaba en el sueño, que tenía que encontrar seiscientos. En un momento le faltaba nomás que uno, y yo sabía que era el cuzquito mío, y lo quería esconder. Pero se me escapó y el hombre de barba lo metió en su camioneta. Y después se fue a la plaza y los prendió fuego, a todos los perros del pueblo. Me despertaron los aullidos de los perros quemados. Cuando me levanté, le dije a mi hijo: "Preparate, porque se nos muere el Abrám". Le decimos Abrám por Abrám Lincoln, ¿ve que es todo negrito? Bueno. Y el perro acá está, más vivo que nosotros. Pero a los dos días voló la AMIA.

—Camioneta blanca, Abraham... ¿Esas fueron las alegorías?

—Esas son algunas. Pero hay dos que me dejaron helado: yo soñé con seiscientos perros rabiosos, señor. Y el atentado ocurrió en la calle Pasteur al 600... Yo siempre digo que al que voló la AMIA le conozco la cara: es un tipo gordo, con barba, de más de cuarenta años, y algo más: es argentino, no de ningún país de Asia, como dicen por ahí.

—¿Alguna vez soñó algo bueno, Machado?

—Una vez, casi. Soñé que sobrevolaba un cementerio y que quería leer los nombres en las tumbas. En una de esas leo "Carlos Menem". Cuando me desperté, estaba tan contento de que se muriera el hijo de puta que no podía ni tomar el mate.

—Sin embargo sigue vivo.

—Fue el hijo, Carlitos, el que se mató al otro día. Una pena que no fuera el padre.

—¿Supone que va a soñar su propia muerte, cuando le toque?

—Ya le he dicho que sueño únicamente desgracias. Y yo creo que morirme será lo mejor que me va a pasar en la vida. Le regalo, yo a usted, una vida como la que tengo, en donde ni en sueño puedo descansar de tanta porquería. La mayoría de los cristianos tienen una vida de perros, pero cuantimás pueden darse el lujo, una vez por día, de cerrar los ojos y pegarse una cabezadita. ¿Se imagina todo esta miseria humana, pero sin descanso? La muerte mía va a ser una siesta santiagueña; voy a disfrutar del sueño por todo lo que no pude en vida. Y eso es todo lo contrario a una mala noticia. Cuando yo me muera, ya le he dicho a mi hijo, quiero que en el epitafio pongan "acá está el Chacho Machado, el que recién ahora puede pegar un ojo. Que nadie haga ruido".

Hernán Casciari
miércoles 10 de noviembre, 2004


¿Te gustó esta historia?

Pertenece al libro Charlas con mi hemisferio derecho, de Hernán Casciari. Está a la venta en la Tienda Orsai y te lo mandamos a tu casa sin gastos de envío.


 fer
27/03/2006 a las 06:15
Proto Chilango me dió escalofríos leer tu comentario.
Bentaly
22/11/2004 a las 06:49
Por otra parte he tenido el placer de ser un compositor de curriculums y solo disciento con vos en que a los amigos se les cobra, en mi caso, si conseguían el laburo, siempre tenían que comprometer un porcentaje importante del primer sueldo al agradecimiento, que casi siempre tomaba forma de asado con vino caro.
Pedro
13/11/2004 a las 20:13
Por dios Hernan, escucha el clamor de quienes te leemos: queremos más cuentos y entrevistas como ésta. Muy bueno el post. Uno le toma cariño al personaje
Vernieri
12/11/2004 a las 07:11
Amigos de Hernán:

Yo también soy vidente como el de la entrevista: me parezco un poco al profeta Juan Evangelista. Lo soy por tradición, como mi tío Vicente ??que del Muro vio la caída??, mi abuelita Julia (de la que soy descendiente) y mi mamá Aída, que también es pitonisa tal cual la madre de otro poeta interviniente en esta tertulia.

¡Si vieran!, lo pasamos fulero los que vemos el futuro de frente, pero es por el bien de la gente que, inconsciente (por abulia) de todo el lío que las cuartetas profetizan ??la destrucción inminente de este mundo pendenciero que, irremediablemente, caerá en un agujero oscuro?? no tiene otra cosa in mente que ir de marcha, fumar puros y caminar por la cornisa. Podría decir más pero los noto inmaduros.

Reciban un saludo.
ProtoOrosimboChillán
12/11/2004 a las 04:16
La verdad es no le he sacado la fórmula, pero ella fuma una mezcla de tabaco Samson's, le pone flores secas de unas orquídeas pulpito que dan casi todo el año, le agrega unos capullos reventones y bien despalillados de unas plantas que le trajo Pedro Juan, un caballero que la embrujaba antes de casarse, ella hizo prender unos gajos que le dejó y de ahí saca sus capullitos. Como medio se le encañaban, se trajo un ingeniero del INTA para que le cruce las cepas con hiedra, ahora ya saca la mano por la ventana y corta unos puñaditos; yo creo que es nada más para darle celos a mi viejo, porque el ingeniero este también se le hacía el galán. Ya con todo eso hace como unas tortitas y las rocía con un aceite que le trae mi tía de la capilla de Villa Dalcar. Las deja curar al fresco y le va rascando cada vez que se le antoja. Huele rico, mi buen Raúl, pero no se engañe que no es eso lo que le hace ver.
RaulM
11/11/2004 a las 23:50
Che, Proto, que fuma tu vieja? No se lo que es, pero me gustaria probarlo.

No tendra por casualidad los numeros de la loteria de la semana que viene?

El 11 de Septiembre murieron un par de miles de personas, la proxima vez decile que avise con tiempo.
ProtoChilango
11/11/2004 a las 09:57
Siempre es un gusto leerte, Casciari. Te agradezco la respuesta veloz y espontánea, pero más que hayas sido mi lector.
 olo mosquera
11/11/2004 a las 09:41
Impresionante testimonio, Proto.
ProtoChilango
11/11/2004 a las 09:26
He disfrutado tanto de este cuento, Hernán. Muchas gracias.

Tengo que contarte lo mejor que pueda mi propia experiencia vidente.

Mi vieja es vidente, yo heredé el don pero poquito. A veces veo sombras en lugares donde va a ocurrir algo trágico. A la gente que se esta por enfermar o se va a morir le veo sobrevolar como una capa, un lienzo negro, a veces es más grande o más visible, a veces son movedizas otras son oscuras y pesadas. Siempre que lo he visto sobre alguien al poco tiempo tuvo alguna desgracia. La más intensa fue con un vecino que lo vi pasar a la siesta y le veo la sombra bien crecida sobre la cabeza, le cubría la espalda y le bajaba por las verijas. Entró a su casa y al rato aparece una ambulancia, a los santos pedos se para en lo del Cacho y sale la vieja gritando que le había dado un infarto. Lo sacaron ya en las últimas, y desde ahí no se recuperó, se murío antes del año.

Mi vieja ve cosas más grossas, cuando un tren atropelló al Colectivo de la Universidad y lo partió al medio, que se mataron como 15, esa mañana ella salió a los gritos de mi casa y le quitó las llaves del auto a mi hermana que estaba por irse a la Facu. La dejó ahí parada en la vereda. Le decía que iba a haber un incendio y muchos muertos en la ruta de la UNRC. Se metió adentro y después de comer empezamos a escuchar sirenas y más sirenas para el lado del Tropezón, de Banda Norte.

Lo de las torres está muy trillado, pero te juro que mi vieja contó su sueño antes de que le pegaran el avionazo del 11-S. Esa mañana ni bien se despertó empezó a contar que vio como un Fiat 600 se estrellaba contra un rascacielosmuy alto, que no era de acá, ni de la capital, venía el fito volando y se estampaba contra el edificio y el mundo se partía en dos, chorreando sangre. Lo contó varias veces bastante alterada y en lo que medio se estaba calmando, llega mi hermana que prendamos la tele, que atentaron contra Estados Unidos, que chocaron unos aviones. Nos quedamos todos medio como idos, yo no sabía que era más raro, si tenerla a mi vieja ahí tomando mate y comiendo su manzanita en gajos, con la mirada perdida, ya más tranquila de saber que era lo que había soñado o ver en la tele el avionazo, el incendio, el derrumbe,el 'America Under Attack', el Bush estupefacto, la catastrofe televisada y enterarnos que durante 35 minutos existió la alerta roja en la base de la Fuerza Área del Mojón y se mandó a custodiar la torre de Casa Opera. Al ratito de ver los milicos cerrando la cuadra y trepandose a los techos, unos negros que estaban descargando una chata los empezaron a curtir, que al avionazo lo iba a cabecear, o si iban a correr el edificio, ya se prendieron los remiseros, unos tipos del kisko, hasta unas chicas de la peluquería salieron a reirse un ratos de los milicos en el camión de vuelta para el cuartel.

Uy, me reenganché. Mejor me voy a dormir.
 Christian Libonatti
11/11/2004 a las 05:39
Cada vez que te leo me siento un poco mejor...
Me encanta con que facilidad escribis y ¡que bien te sale!.
Ojalá algún día llegue a escribir como vos, pero creo que no...

Suerte
Gabriel
11/11/2004 a las 00:26
Hernán: escribir es lo tuyo, es decir, yo soy uno de los que creí que la gorda existía.
Y le mandé el texto del mate a muchíiiiiiiisima gente. Bueno, no a tantos.
el edu
10/11/2004 a las 21:35
#32 Hernán
Eso se llama angustia, según Sigmund F.
Humberto
10/11/2004 a las 20:11
Bellísimo tu relato, Hernán. Concuerdo con que deberías colocar más de tus cuentos en el blog.

Al menos, más de esas entrevistas ficticias, en caso de que producir nuevas te de fiaca.
Bea
10/11/2004 a las 20:10
¡Has logrado atraparme con tu manera de generar ficción y realidad y ficción!.
Muchos besos. Siempre genial, Hernán.
 olo mosquera
10/11/2004 a las 19:16
El otro día leí en alguna parte que también existe un estado de la conciencia al que llaman jamais vu y que, al contrario del déjà, es la impresión de no haber visto nunca algo que en realidad conocemos muy bien.
10/11/2004 a las 19:09
Ginger (#22), en realidad muchos cuentos de García Márquez se basan en hechos reales. Ese es justamente el realismo mágico: narrar sucesos reales que son tan inverosímiles que parecen irreales.

Por otro lado, Patri (#25), lo que te sucede no es un déjà vu sino algo que le ocurre a todo el mundo: captas un estímulo un instante antes de que tu conciencia lo registre y luego tu conciencia cree recordar algo que en realidad está viendo por primera vez.
Elteta
10/11/2004 a las 19:00
Yo tambien me entrevisté a mi mismo, y descubrí que era el personaje imaginario de otra persona
el edu
10/11/2004 a las 18:49
Yo, una vez, me entrevisté a mi mismo, y cuando lo leí descubrí que no sólo me había sacado de contexto, sino que me había censurado.
Neurosis, que le dicen...
 olo mosquera
10/11/2004 a las 18:32
No te creas, Teta: yo he entrevistado a algunos personajes ficticios que no querían soltar prenda. Les preguntaba cosas, y ellos nada, como si pasara un carro. Algunos hasta me decían que no era culpa de ellos, sino de mi falta de inspiración. ¡Además de ficticios, metepúas!
Elteta
10/11/2004 a las 18:25
Lo mejor que tienen los personajes imaginarios es que no se ponen parcos en sus respuestas, no contestan con monosílabos y nunca, pero nunca, van a dejar mal parado a su interlocutor. Todavía no entiendo como algunos medios prefieren entrevistados de carne y hueso.
Tata
10/11/2004 a las 18:22
Hernan:
Muuuuuy bueno.. coincido con los que pidieron mas cuentos y entrevistas como éstas.
Y gracias, porque no sabés cómo busqué "El hombre que sueña todo lo malo" para tenerlo.. (me faltó un contacto con alguien del Protagonistas!!!!)pero ya está.
Besos.
Patri
10/11/2004 a las 18:15
Oye, que yo de vez en cuando sí tengo sueños premonitorios... Más bien son sueños que, al cabo del tiempo, cuando vivo la situación en la vida real, recuerdo que lo había soñado antes. Y no, no es un deja-vù de esos.

¿Alguien sabe qué carajo me pasa en la azotea?

Besos!
La Vero
10/11/2004 a las 16:52
Quiero leer mas entrevistas como estas!!
 olo mosquera
10/11/2004 a las 16:32
Me quedo mucho más tranquilo, Ginger.
Ginger
10/11/2004 a las 16:23
La magia no está en la historia en sí, sino en la manera de contarla. Me pasa lo mismo con algunos cuentos de García Marquez, después de leerlos termino deseando que sean ciertos.

Pd: me confirman que el Ludueña de mi pueblo no se llamaba Ramón, sino Américo y murió hace muchos años, pero de viejo.
Manuel
10/11/2004 a las 16:16
Me gustó mucho este personaje, Hernán. Sobre todo lo de Menem. Me ha pasado a mi con el Papa, tengo soñándolo muerto varios años, sólo que él no se da por enterado que murió.
10/11/2004 a las 16:14
Excelente cuento Hernán. Estoy de acuerdo con TitoFer (#10) en que deberías poner más cuentos en Orsai. La entrevista es tan buena que la lees y ves con claridad a Carlos de Jesús Machado dando su testimonio.

Por otro lado, creo que es mejor que un periódico publique entrevistas ficticias a personajes inventados que entrevistas verdaderas alteradas. Hace unos pocos años quedé finalista en un concurso y me entrevistaron los de un periódico local, y me quedé sorprendido de que al menos el 25% de lo que decía la entrevista lo habían inventado. Lo peor es que eso parece ocurrir con cierta frecuencia pues me he enterado de que un ex-presidente del Ecuador dicta integramente las respuestas a las entrevistas que le hacen los medios escritos para asegurarse de que no alteren su pensamiento.
Anika
10/11/2004 a las 16:10
Muy bueno el post de hoy, Hernán.

El personaje es entrañable, de esos que te gustaría encontrarte en una estación, mientras no sabes qué hacer con el tiempo.
DudaDesnuda
10/11/2004 a las 15:28
Errores de interpretación, eso tengo en la punta de la lengua. Me suele pasar por atolondrada, me dijo una vidente que ahora es profesora de chino.
Corsicarsa
10/11/2004 a las 14:56
En mi casa la de las premoniciones es mi vieja... tendría que haberle hecho caso cuando me dijo "no te cases con esa chirusa"
pero no... que boludo!!!!!!!!
Teki
10/11/2004 a las 14:51
No tiene mucho que ver, pero no me resisto a copiar el mejor titular de prensa que he visto en mi vida:
Revista Semana, hace la pila de años:

"Rappel no adivinó que iban a robarle"

(Rappel es un vidente famoso por España, y el robo fue muy sonado, pues según parece le sorprendieron en plena juerga con su "mayordomo")
 olo mosquera
10/11/2004 a las 14:48
Leo todos los comentarios, Coru. Gracias por el tuyo.

Che, Duda (#12), no sé lo que tendrás en la punta de la lengua (ni quiero indagar por prudencia), pero el cuentito es de cosecha propia y se llama igual que el artículo de hoy.
CORU
10/11/2004 a las 14:42
Hernán, no se si leerás este comentario, qué se yo. Pero la verdad es que no me quiero quedar con las ganas de decirte que leerte es un placer, che.
Con un amigo mío te leemos siempre y cada vez que nos juntamos a tomar un café, siempre sale a la mesa la pregunta:"¿leíste a Casciari?"
Te mando un abrazo.
AM
10/11/2004 a las 14:40
y hablaba en "literario" el lolito ah... ta bueno el invento, se deja leer con gusto
DudaDesnuda
10/11/2004 a las 14:36
¿Cuál es el nombre del cuento? ¿Quién es el autor?
Dale, que lo tengo en la punta de la lengua. Yo estudié pero no me acuerdo...
Dios
10/11/2004 a las 13:58
Por fin alguien que se acerca un poco a la verdad.
TitoFer
10/11/2004 a las 13:57
Minipunto para el equipo de los chicos!!!
Me gustan los cuentos, ¿por que no nos recitas uno y lo cuelgas? Ya tenemos muchas de tus ideas, muchos de tus problemas y muchas de tus ansiedades, nos falta tu voz...
Un abrazo!
Mentecato
10/11/2004 a las 13:32
Hernan, volve a los reportajes de estas personalidades... son muy buenos!
El Angel Gris
10/11/2004 a las 12:39
Wendy #4 : Le propongo casamiento.
marci
10/11/2004 a las 12:33
Excelente! me encanto!
José Luis
10/11/2004 a las 12:21
¿T se murió ese hombre ya? ;-)
Wendy
10/11/2004 a las 12:17
Por esto es q me decia mi mamá q nunca me tenia q casar con alguien sin haber dormido antes con el?
Ginger
10/11/2004 a las 11:44
En mi pueblo hay un Ramón Ludueña. Voy a llamar a mi vieja por teléfono para preguntarle si está vivo. Por las dudas.
evita
10/11/2004 a las 11:37
Tengo una amiga que todas las mujeres primogénitas de su familia tienen sueños premonitorios. Y no, no lo leí en una novela de Isabel Allende.
evita
10/11/2004 a las 11:32
primeeeeeeeeeeeeeeeeee!