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martes 9 de marzo, 2004

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martes 9 de marzo, 2004

El hombre solo

Lo mínimo que quisiéramos diez minutos antes de morir es que alguien nos esté abrazando. La muerte es de por sí fastidiosa, inoportuna y grave, como para que además le pase desapercibida a los que están alrededor. Por eso esta mañana perdí dos subtes, hipnotizado por la crudeza de una fotografía en la portada de un periódico español.

Hay cuatro cabezas visibles en la instantánea de Associated Press. De tres de ellas no sabemos el nombre. El de camiseta oscura, robusto, con el cuello y la barbilla ensangrentada, bien pudiera ser británico o norteamericano. Mira hacia su izquierda, con la boca torcida, posiblemente esperando que el coche (la ambulancia improvisada) arranque por fin.

De los dos hombres de color, el más cercano al lente parece que ya no cuenta la historia. Es difícil saber si está muerto o resignado. En las guerras civiles los dos estados pueden ser el mismo, y a nadie le importa. Ni la manga de su camisa a cuadros, ensangrentada, ni la toalla en torniquete, ni los ojos perdidos en el vacío nos indican si estaba en contra o a favor de Aristide, pero sí hablan de que ahora está en el bando de los que perdieron.

Detrás, el segundo haitiano sí está vivo y sufre. Es imposible saber si su gesto es de impotencia ideológica o de dolor físico, o ambos. Su mano izquierda, la del reloj, se aferra a los barrotes de la ambulancia. No mira a nadie. Nadie tampoco lo mira a él.

La fotografía, muda en esencia, despide sin embargo toda la fuerza del ruido y de la temperatura del mundo. Es fácil imaginar que en ese momento congelado hay gritos, hay sirenas, hay tiros todavía cercanos, hay blasfemias en francés o en inglés, y sobre todo hay, en esa cabina inmóvil, un calor insoportable que surge del centro de América.

Los dos hombres de raza negra están muriendo o sangrando allí donde nacieron. Sus padres y sus abuelos no conocen otra forma de hacer política ni de pedir justicia ni de resisitir más que ésa. Pero los otros dos, los blancos, están en otra parte. Sobre todo el último, el de la camisa desabotonada, el que reposa su cabeza contra la ventanilla. El hombre blanco del centro de la foto es el único de los cuatro que se está muriendo. Todavía consciente, sabe que está en el barrio más pobre del país más pobre de América, y que no hay vuelta atrás ni más memoria para él. Lo sabe.

Lo que más me espanta de esta foto, en la que el periodista de Antena 3 Ricardo Ortega se muere en Puerto Príncipe, no es su muerte. Es su soledad. Nadie lo está mirando. Ni siquiera el fotógrafo, que ha improvisado una foto de montón. Nadie le está diciendo, ni en su idioma ni en ninguno, "dale cabezón aguantá", ni "venga tío, que de peores has salido", ni nada. Como él mismo horas antes grababa a los muertos, se sabe grabado y muerto. De golpe, sus colegas son los otros.

Aquí, en la foto, aún estaba vivo y sabía todo. Era consciente de su bala en el abdómen y de su otra bala en el tórax; era consciente de la pésima sanidad pública que lo esperaba impotente para verlo morir.

Lo menos que esperamos todos, cuando nos llegue la hora, es que alguien nos esté abrazando, o tomando de la mano, o mirando. Por eso esta foto es más terrible que la foto de un cadáver, y por eso, aunque imaginemos gritos y ráfagas y sirenas, sabemos que en realidad, cuando el fotógrafo disparó esta foto ayer, había en ese coche un silencio ensordecedor y un hombre solo. Sin nadie al lado.

Hernán Casciari
martes 9 de marzo, 2004


El hombre solo

por Hernán Casciari

Lo mínimo que quisiéramos diez minutos antes de morir es que alguien nos esté abrazando. La muerte es de por sí fastidiosa, inoportuna y grave, como para que además le pase desapercibida a los que están alrededor. Por eso esta mañana perdí dos subtes, hipnotizado por la crudeza de una fotografía en la portada de un periódico español.

Hay cuatro cabezas visibles en la instantánea de Associated Press. De tres de ellas no sabemos el nombre. El de camiseta oscura, robusto, con el cuello y la barbilla ensangrentada, bien pudiera ser británico o norteamericano. Mira hacia su izquierda, con la boca torcida, posiblemente esperando que el coche (la ambulancia improvisada) arranque por fin.

De los dos hombres de color, el más cercano al lente parece que ya no cuenta la historia. Es difícil saber si está muerto o resignado. En las guerras civiles los dos estados pueden ser el mismo, y a nadie le importa. Ni la manga de su camisa a cuadros, ensangrentada, ni la toalla en torniquete, ni los ojos perdidos en el vacío nos indican si estaba en contra o a favor de Aristide, pero sí hablan de que ahora está en el bando de los que perdieron.

Detrás, el segundo haitiano sí está vivo y sufre. Es imposible saber si su gesto es de impotencia ideológica o de dolor físico, o ambos. Su mano izquierda, la del reloj, se aferra a los barrotes de la ambulancia. No mira a nadie. Nadie tampoco lo mira a él.

La fotografía, muda en esencia, despide sin embargo toda la fuerza del ruido y de la temperatura del mundo. Es fácil imaginar que en ese momento congelado hay gritos, hay sirenas, hay tiros todavía cercanos, hay blasfemias en francés o en inglés, y sobre todo hay, en esa cabina inmóvil, un calor insoportable que surge del centro de América.

Los dos hombres de raza negra están muriendo o sangrando allí donde nacieron. Sus padres y sus abuelos no conocen otra forma de hacer política ni de pedir justicia ni de resisitir más que ésa. Pero los otros dos, los blancos, están en otra parte. Sobre todo el último, el de la camisa desabotonada, el que reposa su cabeza contra la ventanilla. El hombre blanco del centro de la foto es el único de los cuatro que se está muriendo. Todavía consciente, sabe que está en el barrio más pobre del país más pobre de América, y que no hay vuelta atrás ni más memoria para él. Lo sabe.

Lo que más me espanta de esta foto, en la que el periodista de Antena 3 Ricardo Ortega se muere en Puerto Príncipe, no es su muerte. Es su soledad. Nadie lo está mirando. Ni siquiera el fotógrafo, que ha improvisado una foto de montón. Nadie le está diciendo, ni en su idioma ni en ninguno, "dale cabezón aguantá", ni "venga tío, que de peores has salido", ni nada. Como él mismo horas antes grababa a los muertos, se sabe grabado y muerto. De golpe, sus colegas son los otros.

Aquí, en la foto, aún estaba vivo y sabía todo. Era consciente de su bala en el abdómen y de su otra bala en el tórax; era consciente de la pésima sanidad pública que lo esperaba impotente para verlo morir.

Lo menos que esperamos todos, cuando nos llegue la hora, es que alguien nos esté abrazando, o tomando de la mano, o mirando. Por eso esta foto es más terrible que la foto de un cadáver, y por eso, aunque imaginemos gritos y ráfagas y sirenas, sabemos que en realidad, cuando el fotógrafo disparó esta foto ayer, había en ese coche un silencio ensordecedor y un hombre solo. Sin nadie al lado.

Hernán Casciari
martes 9 de marzo, 2004


Podés ver a Hernán Casciari en el teatro


 Maju Ver
27/09/2016 a las 15:41
Muy fuerte, realmente... vaya a él y todos esos hombres que sueñan por un mundo mejor mis más sentido respetos! ...
08/02/2016 a las 00:22
Difícil no repasar con la mente el instante previo a la muerte más significativa que sufrimos. Y preguntarnos si esa persona, al morir, se sintió acompañada.
fonzie
24/11/2005 a las 18:35
que lo pario. lei el post y no me abria la foto.
y me agarro como una angustia de no poder verlo a él.
senti que viendolo lo estaría acompañando en tu relato. que estaría menos solo.
pero no me abria la foto.
salud, ricardo.
 fer
05/06/2004 a las 15:34
El hombre blanco de la foto era fisico nuclear y sabia ruso.
La gente buena siempre es la que paga.
Ricardo daba muy bien las noticias y cada vez que lo escuchaba sentia una paz interior que me hacia mejor persona.
 fer
05/06/2004 a las 15:24
Ricardo no murio solo.Toda la gente de bien estaba con él.Ricardo llevaba mas de 10 años como periodista; siempre estaba cerca de los mas debiles.A el no le gustaba cumplir un horario en una oficina porque veia a los inocentes sufrir.
A él no le abandonaron nunca las guerras.
Frente a los gobiernos su apoyo siempre a la población,a aquellos civiles inocentes que mueren en cada combate.
MOSCU, AFGANISTAN, NUEVA YORK, HAITI...un sinfin de destinos, de conflictos; queriendo que no se volvieran a repetir.
Gracias a Ricardo conocimos un nuevo termino:chimeres.Ellos lo han obligado a escribir su ultima cronica.
Fle
10/03/2004 a las 12:50
Un apunte sutil.
Quizá ( y solo quizá, aunque es más bien un "espero"...) el fotógrafo que capturó el momento, una vez echo el trabajo acompañó al periodista hasta el hospital y estuvo con él, cerca.... porque no murió en esa furgoneta que sí en el hospital (si a eso se le podía llamar así) una hora más tarde.

Por lo menos (y no justifico nada con esto) él tenía una familia, una profesión y un puñado de colegas que lo recordarán. Hay gente que cuando muere, se esfuma por siempre y es como si nunca hubiera estado.

Aún así, tal y como lo narras y siendo el tema que es, me sigue pareciendo de una ternura indescriptible.

Gracias (?) por acercarnos tanto a la realidad del mundo.

Besos.
Zutique
10/03/2004 a las 03:49
Muy bueno y que terrible.
Diablita -Piikachu
10/03/2004 a las 03:07
Cuánta gente muere sola, minuto a minuto en otras partes del mundo anónimamente, no?
Cuántos viejitos, por ejemplo, en la soledad del depósito de ancianos (geriátrico) esperando inutilmente tantas veces la visita alguno de sus hijos o nietos que le devuelva tantos cuentos contados antes por él.
lununa
10/03/2004 a las 01:46
A mi lo que me jode de este tipo de fotografías de guerra o de catástrofes, es justamente eso: que el de la foto se haya ocupado de hacer su trabajo, de tener la exclusiva, en vez de ponerse al lado del moribundo.
Nicole
10/03/2004 a las 01:32
Los hombres nacen para morir. No importa lo que hagan entre su nacimiento y su muerte, esto nunca cambiará y aún así, lo que hagan puede influir tanto en la forma que mueren...
flo
10/03/2004 a las 00:25
sin palabras...
Patri
09/03/2004 a las 23:14
AUTHOR: Patri
EMAIL: patpite@terra.es
IP: 80.58.9.45
URL:
DATE: 03/09/2004 11:14:22 PM
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DATE: 03/09/2004 11:14:22 PM
walquiria
09/03/2004 a las 23:01
Hernán:
Es muy duro... la muerte es dura
Walquiria
Bea
09/03/2004 a las 22:38
Gracias por tu sensibilidad, Hernán.
Anika
09/03/2004 a las 20:04
La diferencia más significativa que yo veo entre la niñez y el estado en que se encuentra uno al crecer es que de niño parece como si los muertos siempre estuvieran lejos. Sin embargo, de mayor te encuentras a varios de ellos cada dia y da igual que estén a miles de kilómetros, porque algo te hace ponerte en el lugar del que muere y darte cuenta de que la vida es apenas un puñado de arena entre los dedos y que cualquier circunstancia puede hacer que las manos se abran de golpe. Cuando te haces mayor, te da por pararte a pensar cómo muere la gente y te duele, sobre todo porque cada uno de nosotros sabemos que hemos de morir un dia y que poco o nada se puede hacer por procurarse un momento de muerte sin miedo. Estamos vendidos al puro azar o al destino (según la creencia de cada persona) y sólo nos queda esperar a que lo nuestro no sea demasiado espantoso, ni para nosotros mismos ni para los que nos quieren.

En cualquier caso, tengo la sensación de que cuando a uno le quedan pocos minutos de vida se vuelve menos exigente con las circunstancias y adquiere la facultad de sobreponerse a su propio final, aunque se encuentre solo. Quiero pensar que así es siempre. Y que así ha sido para el periodista de Antena3 y para todos y cada uno de los muertos que se suceden a diario.

Un abrazo.
La Romu
09/03/2004 a las 18:21
Si hay una certeza es que nos vamos a morir solos. Todos. Y si este hombre hubiera sido uno de los tantos cuerpos anónimos que se encuentran a paladas en las zanjas de este tipo de guerras, ni el fugaz testimonio de la foto tendría, No sé si es el mejor ejemplo, Hernán.
Flor
09/03/2004 a las 16:47
Termine de leerte, termine de leer los comentarios y solo pude respirar hondo y pensar en su soledad.
Que fria resulta a veces la profesion de reportero.
Fotografiar la muerte que se esta apoderando de un hombre...
Y morir solo, sin que nadie te abrace.
Saludos,
Flor
shered
09/03/2004 a las 16:41
say no more...
Io
09/03/2004 a las 16:40
A mi, la verdad, la foto no me decía nada, pero después de leer su explicación sentí en verdad el dolor y la soledad y el silencio ensordecedor de esa brutal violencia. Tal vez el hombre murió sólo sí, pero tiene esta ofrenda convocada por usted, Hernán, y post-mortem le enviamos un abrazo y un "hasta luego" donde quiera que esté. Y una oración por él y por todos aquellos que estan muriendo sin siquiera un abrazo, absolutamente solos.
Diablita
09/03/2004 a las 16:36
Quedé muda y creo que pensando o algo así...
Jose Luis
09/03/2004 a las 16:15
Es un silencio tan atronador que no deja escuchar los latidos del propio corazón.
Hernán
09/03/2004 a las 16:10
Sí, Vitalio. Era el corresponsal del noticiero de Antena3 (algo así como Telefé en Argentina) en Haití.
Vitalio
09/03/2004 a las 16:06
Hernan: Tu nota no necesita agregados. Solo adhesiones. Va la mía. Solo pregunto: El reportero Ortega, de Antena 3 es español? Igual da que fuera marciano, pero ten en cuenta que te leemos desde muchos lados. VITALIO.
sulaco
09/03/2004 a las 16:01
Me he quedado con un nudo en el estomago.
Saludos
Carola
09/03/2004 a las 15:50
Como lo dijo Borges..."Estoy solo y no hay nadie en el espejo".
Me dejó pasmada tu post...
Saludos...
cristian
09/03/2004 a las 14:47
Qué mundo, qué destino
Rax
09/03/2004 a las 13:57
...
veita
09/03/2004 a las 13:46
Qué frialdad a veces la de los reporteros... Esta foto desarmará de dolor a la familia del fotógrafo y sin embargo nadie dijo "no la publiquen". Comparto el derecho a la información, pero con límites. Tal vez en lugar de sacarle una foto, debió darle una mano a su colega. Algún día (ojalá que no)puede estar en su lugar.
Saludos. Veita.
 Interior
09/03/2004 a las 13:44
Dios Mio....
raYu3la
09/03/2004 a las 12:25
Glups...
fle
09/03/2004 a las 10:44
Uf.
Susy
09/03/2004 a las 10:24
la angustia no me permite siquiera llorar. Cariños
Félix
09/03/2004 a las 09:59
Comparto con dolor cada letra e idea de este texto. Un abrazo, Félix
ada
09/03/2004 a las 09:37
Sí. Un abrazo sería lo mínimo.