Orsai blog post

Historias
domingo 2 de mayo, 2004

Orsai post

Historias
domingo 2 de mayo, 2004

El viudo equitativo

   

En una enorme mansión vivía un viudo rico con tres hijos: Federico, el primogénito; Alejandro, el segundo; y Bernardo, el benjamín. Cuando éstos eran aún pequeños, el oráculo le presagió al viudo que solamente uno sería astuto y triunfaría, mientras que los otros se dejarían engañar fácilmente. Pero no le dio nombres.

El viudo había logrado atesorar, en una larga vida de trabajo, 54 monedas de oro que guardaba celosamente. Su ilusión era que sus hijos heredaran aquella fortuna en partes iguales, pero temía que los más débiles no tuvieran la picardía necesaria para hacer valer el dinero antes de perderlo.

Una tarde el viudo sintió un leve dolor en el pecho y supo que no le quedaba mucho. Como era un hombre práctico, se sentó en su mesa de trabajo y urdió un plan para que sus tres hijos tuvieran el mismo capital y las mismas oportunidades en la vida.

A la mañana siguiente, mientras Federico, Alejandro y Bernardo se encontraban fuera, enterró 36 monedas de oro bajo un naranjo, y colocó las 18 restantes a la vista. Por la tarde sentó a sus hijos a la mesa y les dijo que les daría a cada uno 3 monedas de oro y un caballo para que pasaran tres días con sus noches fuera del hogar. Lo hizo, y guardó a la vista de todos las otras nueve.

—Al cabo de ese tiempo deberán volver —les ordenó—, narrarme qué han hecho durante el viaje, y mostrarme cuánto dinero poseen.

Ya solos, los hermanos ensillaron sus caballos y razonaron del siguiente modo:

—La idea de nuestro padre —dijo Federico— es conocer cómo nos manejamos con el dinero. Quien lo duplique tendrá, como premio, mayor parte de la herencia; quien conserve las tres monedas tendrá una parte menor; y quien las pierda, en castigo, no tendrá nada. Propongo que regresemos al cabo de los tres días con la misma cantidad cada uno.

Luego habló Alejandro:

—Yo en cambio creo que nuestro padre quiere saber cómo nos desenvolvemos para solventar al más débil. El que regrese con más dinero tendrá menos participación en la herencia; el que regrese con la misma cantidad tendrá un poco más; y el que vuelva sin nada, para equilibrar sus limitaciones, tendrá la mayor parte de la fortuna. Propongo que enterremos las nueve monedas y regresemos al cabo de los tres días sin nada en los bolsillos.

—No sé ustedes —dijo finalmente Bernardo—, pero yo quiero conocer otros pueblos. No me interesa lo que piense papá. Es la primera vez que tengo algo de dinero y un caballo, y no pienso desperdiciarlos. Ustedes quédense aquí si lo desean; yo iré a conocer otras ciudades y trataré de hacer fortuna. Una hora antes del plazo estipulado volveré a buscarlos e iremos los tres casa. Si logro multiplicar el dinero, lo compartiré con ustedes en partes iguales. Pero si lo perdiera todo... ¿ustedes repartirán conmigo lo que tengan para que regresemos los tres con la misma cantidad?

Federico y Alejandro se miraron, y luego de sopesar la propuesta estuvieron de acuerdo. Estamparon el trato dándose las manos como caballeros y el más pequeño partió.

Los hermanos mayores, sin embargo, avanzada la noche, temieron por la suerte que pudiera correr el benjamín y decidieron seguirlo desde lejos para que no le ocurriese algo malo. Y entonces vieron con sorpresa que Bernardo, en lugar de alejarse, daba un rodeo y regresaba a la casa paterna. Federico y Alejandro no entendieron qué tramaba el menor pero lo dejaron hacer.

Bernardo se escondió en la caballeriza cada uno de los tres días que duró el viaje, y sólo salió de allí por la noche para entrar a hurtadillas a la casa de su padre y robar cada madrugada una moneda de oro de la herencia, hasta llegar a tres monedas.

Sus hermanos, aunque se sentían defraudados, no hicieron nada por impedirlo. A la hora estipulada los mayores regresaron al sitio acordado y esperaron a Bernardo, para ver con qué cuento se aparecía éste. Bernardo llegó con el mismo caballo y les dijo:

—Hola hermanos, ¿todavía aquí?

—Sí Bernardo —respondieron ellos—, no nos movimos un centímetro, y conservamos tres monedas cada uno. ¿Tú qué hiciste?

—Recorrí toda la comarca, gastando cada día una moneda, hasta que las perdí a todas. No tengo nada, sólo el caballo. Y espero que cumplan vuestra promesa y repartan el dinero que llevan conmigo.

Federico y Alejandro, que no tuvieron el valor suficiente para decirle al más joven que lo habían seguido, estuvieron de acuerdo y le entregaron una moneda cada uno a Bernardo, y así los tres hermanos tuvieron, en apariencia, dos monedas en el saco. Tal las cosas, regresaron a la casa paterna en silencio.

El viudo ya agonizaba en su lecho y al verlos les preguntó cómo les había ido en el viaje. Los tres le contaron a su padre una mentira diferente. Cuando éste les preguntó cuánto dinero traían, cada cual vació su saco con dos monedas. El viudo pareció sorprenderse:

—Qué extraño —dijo—. Les di 9 monedas a los tres y ahora regresan con 6. Y yo en casa me quedé con otras 9 monedas, y también ahora tengo 6, pues algún ladrón debió haber entrado por la noche y robó 3.

Los hijos mayores bajaron la cabeza, en silencio. Bernardo, en cambio, no le sacó la vista de encima a su padre.

—Lo que haré —continuó el viudo—, es darles a cada uno una parte proporcional de lo que queda de la herencia, porque yo ya estoy viejo y moriré en cualquier momento.

Y les dio otras dos monedas a cada uno diciendo:

—Ahora soy libre de morir en paz: cada uno de mis hijos tiene 4 monedas de oro, y una larga vida por delante.

Sin embargo, esa misma noche, luego de masticar la injusticia, los hermanos mayores visitaron llorando la habitación de su padre y delataron a Bernardo. El padre los miró y les dijo:

—No me cuentan nada que ya no sepa. Todas las noches vi a Bernardo a través de la ventana dormir en la caballeriza y tomar una moneda cada madrugada, hasta llegar a tres.

—¿Y por qué no lo detuviste, entonces?

—Porque Bernardo no estaba haciendo más que quitarme el dinero que tarde o temprano sería suyo. Si hubiera tomado también las monedas que les correspondían a ustedes, lo habría detenido sin dudar.

—¿Y entonces por qué él ahora tiene 10 monedas y nosotros sólo 4 cada uno?

—Él tiene más porque fue capaz de traicionar a sus hermanos, y porque fue capaz de no cumplir el mandato de su padre. Y ustedes tienen menos porque le entregaron lo que no era suyo a alguien que los estaba engañando, sin intentar siquiera defenderse.

—¡Pero eso no es justo, padre!

—¡El mundo tampoco es justo, hijos míos, pero es aquí donde viven, y no en otro! En este mundo que no es justo tendrán que crecer cuando yo no esté para defenderlos. Esta lección deberán aprenderla más temprano que tarde.

Federico y Alejandro se miraron entre ellos, y luego al viudo.

—Creo que hemos comprendido, padre —dijo el mayor—: trataremos de cuidar mejor lo poco que nos queda.

Afuera se oyó el abrir y el cerrar de una puerta, y luego un raudo galope de caballo. El viudo sonrió.

—Lo poco que les queda es nada, hijos míos —dijo el padre—. Por lo que supongo, Bernardo acaba de tomar vuestras 8 monedas y ha emprendido el viaje más largo de su vida.

Federico y Alejandro corrieron escaleras abajo. Revisaron los sacos que estaban en sus habitaciones y confirmaron el presagio del viudo: estaban vacíos, no había un centavo dentro. Tampoco estaba Bernardo en su lecho, y faltaba uno de los caballos. Desesperados, volvieron a la habitación del viudo, que agonizaba.

—¿Y ahora qué será de nosotros? —dijeron— Ya no tenemos nada.

Y el viudo habló así por última vez:

—Las 18 monedas que se ha llevado Bernardo son falsas —les mintió—. Las verdaderas están enterradas bajo el naranjo del jardín. Son 36.

Desentiérrenlas por la mañana, tomen cada uno 12 y entréguenle las otras 12 a Bernardo. Ahora sí cada uno tendrá lo suyo. Puedo morir en paz.

Tras decir aquello, el viudo expiró.

Los hijos desenterraron las monedas pero se repartieron 18 cada uno, robando así la parte de su hermano menor. El viudo, desde el cielo, supo entonces que ahora sí los tres tenían 18 monedas por cabeza y que también los tres habían aprendido a desoír el mandato a su padre y traicionar a un hermano. Ahora sí —pensó el padre— los jóvenes podrían conquistar el mundo.

Hernán Casciari
domingo 2 de mayo, 2004


El viudo equitativo

por Hernán Casciari

En una enorme mansión vivía un viudo rico con tres hijos: Federico, el primogénito; Alejandro, el segundo; y Bernardo, el benjamín. Cuando éstos eran aún pequeños, el oráculo le presagió al viudo que solamente uno sería astuto y triunfaría, mientras que los otros se dejarían engañar fácilmente. Pero no le dio nombres.

El viudo había logrado atesorar, en una larga vida de trabajo, 54 monedas de oro que guardaba celosamente. Su ilusión era que sus hijos heredaran aquella fortuna en partes iguales, pero temía que los más débiles no tuvieran la picardía necesaria para hacer valer el dinero antes de perderlo.

Una tarde el viudo sintió un leve dolor en el pecho y supo que no le quedaba mucho. Como era un hombre práctico, se sentó en su mesa de trabajo y urdió un plan para que sus tres hijos tuvieran el mismo capital y las mismas oportunidades en la vida.

A la mañana siguiente, mientras Federico, Alejandro y Bernardo se encontraban fuera, enterró 36 monedas de oro bajo un naranjo, y colocó las 18 restantes a la vista. Por la tarde sentó a sus hijos a la mesa y les dijo que les daría a cada uno 3 monedas de oro y un caballo para que pasaran tres días con sus noches fuera del hogar. Lo hizo, y guardó a la vista de todos las otras nueve.

—Al cabo de ese tiempo deberán volver —les ordenó—, narrarme qué han hecho durante el viaje, y mostrarme cuánto dinero poseen.

Ya solos, los hermanos ensillaron sus caballos y razonaron del siguiente modo:

—La idea de nuestro padre —dijo Federico— es conocer cómo nos manejamos con el dinero. Quien lo duplique tendrá, como premio, mayor parte de la herencia; quien conserve las tres monedas tendrá una parte menor; y quien las pierda, en castigo, no tendrá nada. Propongo que regresemos al cabo de los tres días con la misma cantidad cada uno.

Luego habló Alejandro:

—Yo en cambio creo que nuestro padre quiere saber cómo nos desenvolvemos para solventar al más débil. El que regrese con más dinero tendrá menos participación en la herencia; el que regrese con la misma cantidad tendrá un poco más; y el que vuelva sin nada, para equilibrar sus limitaciones, tendrá la mayor parte de la fortuna. Propongo que enterremos las nueve monedas y regresemos al cabo de los tres días sin nada en los bolsillos.

—No sé ustedes —dijo finalmente Bernardo—, pero yo quiero conocer otros pueblos. No me interesa lo que piense papá. Es la primera vez que tengo algo de dinero y un caballo, y no pienso desperdiciarlos. Ustedes quédense aquí si lo desean; yo iré a conocer otras ciudades y trataré de hacer fortuna. Una hora antes del plazo estipulado volveré a buscarlos e iremos los tres casa. Si logro multiplicar el dinero, lo compartiré con ustedes en partes iguales. Pero si lo perdiera todo... ¿ustedes repartirán conmigo lo que tengan para que regresemos los tres con la misma cantidad?

Federico y Alejandro se miraron, y luego de sopesar la propuesta estuvieron de acuerdo. Estamparon el trato dándose las manos como caballeros y el más pequeño partió.

Los hermanos mayores, sin embargo, avanzada la noche, temieron por la suerte que pudiera correr el benjamín y decidieron seguirlo desde lejos para que no le ocurriese algo malo. Y entonces vieron con sorpresa que Bernardo, en lugar de alejarse, daba un rodeo y regresaba a la casa paterna. Federico y Alejandro no entendieron qué tramaba el menor pero lo dejaron hacer.

Bernardo se escondió en la caballeriza cada uno de los tres días que duró el viaje, y sólo salió de allí por la noche para entrar a hurtadillas a la casa de su padre y robar cada madrugada una moneda de oro de la herencia, hasta llegar a tres monedas.

Sus hermanos, aunque se sentían defraudados, no hicieron nada por impedirlo. A la hora estipulada los mayores regresaron al sitio acordado y esperaron a Bernardo, para ver con qué cuento se aparecía éste. Bernardo llegó con el mismo caballo y les dijo:

—Hola hermanos, ¿todavía aquí?

—Sí Bernardo —respondieron ellos—, no nos movimos un centímetro, y conservamos tres monedas cada uno. ¿Tú qué hiciste?

—Recorrí toda la comarca, gastando cada día una moneda, hasta que las perdí a todas. No tengo nada, sólo el caballo. Y espero que cumplan vuestra promesa y repartan el dinero que llevan conmigo.

Federico y Alejandro, que no tuvieron el valor suficiente para decirle al más joven que lo habían seguido, estuvieron de acuerdo y le entregaron una moneda cada uno a Bernardo, y así los tres hermanos tuvieron, en apariencia, dos monedas en el saco. Tal las cosas, regresaron a la casa paterna en silencio.

El viudo ya agonizaba en su lecho y al verlos les preguntó cómo les había ido en el viaje. Los tres le contaron a su padre una mentira diferente. Cuando éste les preguntó cuánto dinero traían, cada cual vació su saco con dos monedas. El viudo pareció sorprenderse:

—Qué extraño —dijo—. Les di 9 monedas a los tres y ahora regresan con 6. Y yo en casa me quedé con otras 9 monedas, y también ahora tengo 6, pues algún ladrón debió haber entrado por la noche y robó 3.

Los hijos mayores bajaron la cabeza, en silencio. Bernardo, en cambio, no le sacó la vista de encima a su padre.

—Lo que haré —continuó el viudo—, es darles a cada uno una parte proporcional de lo que queda de la herencia, porque yo ya estoy viejo y moriré en cualquier momento.

Y les dio otras dos monedas a cada uno diciendo:

—Ahora soy libre de morir en paz: cada uno de mis hijos tiene 4 monedas de oro, y una larga vida por delante.

Sin embargo, esa misma noche, luego de masticar la injusticia, los hermanos mayores visitaron llorando la habitación de su padre y delataron a Bernardo. El padre los miró y les dijo:

—No me cuentan nada que ya no sepa. Todas las noches vi a Bernardo a través de la ventana dormir en la caballeriza y tomar una moneda cada madrugada, hasta llegar a tres.

—¿Y por qué no lo detuviste, entonces?

—Porque Bernardo no estaba haciendo más que quitarme el dinero que tarde o temprano sería suyo. Si hubiera tomado también las monedas que les correspondían a ustedes, lo habría detenido sin dudar.

—¿Y entonces por qué él ahora tiene 10 monedas y nosotros sólo 4 cada uno?

—Él tiene más porque fue capaz de traicionar a sus hermanos, y porque fue capaz de no cumplir el mandato de su padre. Y ustedes tienen menos porque le entregaron lo que no era suyo a alguien que los estaba engañando, sin intentar siquiera defenderse.

—¡Pero eso no es justo, padre!

—¡El mundo tampoco es justo, hijos míos, pero es aquí donde viven, y no en otro! En este mundo que no es justo tendrán que crecer cuando yo no esté para defenderlos. Esta lección deberán aprenderla más temprano que tarde.

Federico y Alejandro se miraron entre ellos, y luego al viudo.

—Creo que hemos comprendido, padre —dijo el mayor—: trataremos de cuidar mejor lo poco que nos queda.

Afuera se oyó el abrir y el cerrar de una puerta, y luego un raudo galope de caballo. El viudo sonrió.

—Lo poco que les queda es nada, hijos míos —dijo el padre—. Por lo que supongo, Bernardo acaba de tomar vuestras 8 monedas y ha emprendido el viaje más largo de su vida.

Federico y Alejandro corrieron escaleras abajo. Revisaron los sacos que estaban en sus habitaciones y confirmaron el presagio del viudo: estaban vacíos, no había un centavo dentro. Tampoco estaba Bernardo en su lecho, y faltaba uno de los caballos. Desesperados, volvieron a la habitación del viudo, que agonizaba.

—¿Y ahora qué será de nosotros? —dijeron— Ya no tenemos nada.

Y el viudo habló así por última vez:

—Las 18 monedas que se ha llevado Bernardo son falsas —les mintió—. Las verdaderas están enterradas bajo el naranjo del jardín. Son 36.

Desentiérrenlas por la mañana, tomen cada uno 12 y entréguenle las otras 12 a Bernardo. Ahora sí cada uno tendrá lo suyo. Puedo morir en paz.

Tras decir aquello, el viudo expiró.

Los hijos desenterraron las monedas pero se repartieron 18 cada uno, robando así la parte de su hermano menor. El viudo, desde el cielo, supo entonces que ahora sí los tres tenían 18 monedas por cabeza y que también los tres habían aprendido a desoír el mandato a su padre y traicionar a un hermano. Ahora sí —pensó el padre— los jóvenes podrían conquistar el mundo.

Hernán Casciari
domingo 2 de mayo, 2004


¿Te gustó esta historia?

Pertenece al libro Charlas con mi hemisferio derecho, de Hernán Casciari. Está a la venta en la Tienda Orsai y te lo mandamos a tu casa sin gastos de envío.


30/11/2015 a las 17:52
GENIO!
21/08/2013 a las 23:03
Muy buen cuento!
Saludos desde Honduras.
Anaik Frita
23/01/2006 a las 18:30
Bernardo es Erlich.
Jony
03/11/2004 a las 20:51
Hi, first time surfing a blog and wanted to say hello
Hugo
14/05/2004 a las 00:30
Interesante cuento, y veo que el 99% de quienes lo comentaron son argentinos... una pregunta al autor, aunque suene a ingenuo... adolezco de una pésima memoria pero podría jurar ya haber leido una historia bastante parecida aunque no exactamente idéntica. ¿me equivoco? ¿es original la historia?. Es sólo curiosidad, pero sea cual fuere la respuesta, empezaré a leer todos tus cuentos.
 fer
12/05/2004 a las 23:55
Que loco no?, así es el mundo, muchos se creen pendejos pero al final resulta cojudos como Bernardo, tanto esfuerzo para nada.
La muerta viva
06/05/2004 a las 18:20
"que también los tres habían aprendido a desoír el mandato a su padre..." Es mejor: "desoir su mandato..." No repetís tanto "padre".
No es de los mejores, ni fú ni fa, y lo sabés.
 fer
04/05/2004 a las 16:54
Ummm...yo no se porque a mi no me gusta mucho esto de la traición..seguro que me quedararé pobre toda la vida...je!
TIMOTEO!!
04/05/2004 a las 12:40
ESOS SOM LOS BUENOS POST QUERIDO!! TE PASATE!!

OJO!! lios otros no se quedan atras... pero este MATÓ!!

CONGRATULACIONES!! sos un Winner...

atte,
hernán
04/05/2004 a las 03:57
comment #34: Te juro que después le pregunto, pero es lo más probable. Si pasó, fue así como lo contás. Te falta decir que después el Nonno le vendió la mitad de los porros al Caio (a precio de hachís).

comment 35#: sí, la condición humana... que también es capitalista. Qué se yo, Chori, para mí que es un cuento que cuenta más o menos cómo somos. Y somos capitalistas, pelotudos y viudos. (No, viudos no. Pero lo demás sí).
chori
04/05/2004 a las 03:55
Una pregunta Cohelo Casciari ¿Qué te hace pensar que es sólo capitalista el cuento? digo, acaso no tiene que ver más con la condición humana natural, pienso que no es cuestión de corrientes económicas y que no es indispensable cagar para salvarse, o mejor dicho defender lo de uno no implica quedarse con lo del otro, talvez el cuento cuadra sí, en nuestro anticristo criollo y sus demonios: Carlitos Mendez y entorno.
chori
04/05/2004 a las 03:49
¿Es verdad que Mirta leyó este cuento y se fue a enterrar 36 pesos para hacer la prueba con el Nacho, el Caio y la Sofi; y que el Nono la vio, los desenterró y se compró unos porritos para mirar las estrellas?
no sé, me dijeron
  Ani
18/03/2016 a las 20:10
esta bieeeeeen!!! dirian en Cha cha cha!!!
Diablita
03/05/2004 a las 23:28
O sea que Nina es una ganadora total!
No solo recaga sinó que vomita al padre!
Graaaande Ninita!
hernan
03/05/2004 a las 23:20
Vitalio: No sé cómo lo explica Max Weber. Yo lo explico así: "El que no caga al del al lado, pierde".

A. Teki: Completamente de acuerdo; el cuento, para ser realmente una fábula (en el sentido ético) debería simplificarse.

Gracias por ser lectores tan minuciosos.
Vitalio
03/05/2004 a las 23:03
Hernan: El cuento interesa y gusta. Yo copio algunos de tus posts para enviarlos a amigos/as y generar discusiones interesantes. Pero, lo de "capitalista" no lo veo por ningun lado. Será ... no sé, podría decirse cínico, escéptico, lo que quieras, pero con el capitalismo nada que ver. Al menos como lo caracterizó Max Weber, no sé si queres explicarnos por qué le pones ese calificativo
Diablita
03/05/2004 a las 21:55
Eso! Qué tanto repartir!
A.Teki
03/05/2004 a las 21:53
Hernán, tocas todos los palos y todos suenan bien.
Pero hoy me voy a permitir una crítica: para ser una fábula tiene demasiados movimientos. ¿no crees? Lo mismo puedes llegar al mismo sitio prescindiendo de algunos pasos.
(¿Alguien me mandó meterme a crítica?)
Respetuosa y admirativamente,
A.Teki
Miriam
03/05/2004 a las 21:03
Hernán., Como siempre es un placer leerte, me llamó la atención tu nuevo giro en esta sección.
Coincido con TíaGanga (21).
Qué pasó con Pizzachat ????
Besoossssss
Alejo
03/05/2004 a las 20:45
Hernán,

Mensaje capitalista tenía que ser. "¿Qué pasó con los hermanos sean unidos?".

Acá el comunismo tampoco demostró ser la solución... ¡Aguante la Tercera Posición Peronista, caray!

Volviendo a la historia, la verdad que el peor de todos es el viejo, criar dos hijos mayores tan ingenuos, y un tercero tan canalla... (y no por hincha de central). Suerte que se murió, si no habría que matarlo.

La historia, muy actual, pero no da margen a ninguna esperanza. Me hace acordar a una pieza teatral, "Don Chicho", que es un híbrido entre el sainete y el grotesco, fue escrita hace setenta años pero es un calco de lo más bajo de la sociedad argentina de estos días. El tango Cambalache o Yira Yira son mera coincidencia artística, no?.

Tin_nqn, lindas fotos y hermoso hijo, felicitaciones.

Alejo
Diablita
03/05/2004 a las 19:07
Qué joyita el padre, eh?
A juzgar por la forma de proceder con sus propios hijos, vaya uno a saber cómo hizo para juntar esas 54 monedas de oro el viudo cabrón ese...Quién sabe a cuántos habrá garcado...Mmmmh
voet
03/05/2004 a las 14:00
Joé macho, menudo organigrama te tuviste que montar para escribir este relato...

Yo conocía una libre-versión-reader's-digest (por corto, no porque lo haya leído ahí) de este relato con el que nos has ilustrado.

Un hijo anuncia que se va a marchar de casa. El padre le dice que le quiere enseñar una cosa. Le dice "ponte ahí, al lado de la pared, hijo". El hijo se coloca y en esto el padre, sin avisar, le empuja para que se golpeé la cabeza contra la pared, haciéndole mucho daño.

Mientras el hijo se frota lacrimoso, el padre le amonesta: "no te fíes ni de tu padre".
TíaGanga
03/05/2004 a las 13:50
Tin_nqn, qué lindo bb!!!
lununa
03/05/2004 a las 13:35
Que linda familia, tin!!!
Te felicito!!!
Guty
03/05/2004 a las 13:13
Tin_nqn:

Que lindo esta Joaquincito!!
Pero ojo que a Ezequiel no le gusta nada que digas que es el novio de Nina, aca se va a armar.

Saludos y felicitaciones por el esquenuncito.
TíaGanga
03/05/2004 a las 12:34
"Él tiene más porque fue capaz de traicionar a sus hermanos, y porque fue capaz de no cumplir el mandato de su padre. Y ustedes tienen menos porque le entregaron lo que no era suyo a alguien que los estaba engañando, sin intentar siquiera defenderse."


cualquier parecido con la realidad de américa latina, es pura coincidencia

muy ilustrativo hernán, muy bueno
Isa
03/05/2004 a las 09:37
Yo tampoco puedo entrar en el blog de Mirta. Esperemos que Mirta esté bien y siga regalándonos los oídos con sus historias.
 fer
03/05/2004 a las 09:33
che, yo se que vos no tenés nada que ver con Mirta Berttoti, pero decile a los de bitacoras que no puedo entrar a su blooog!!! soy la única?!
La Romu
03/05/2004 a las 07:32
Qué sabor amargo que deja esta historia. Será porque como contracara de un relato donde haya traición, una espera encontrar una historia de amor que la contraste. Pero no. Este tipo no quería a sus hijos ni a nadie. Es un viejo de mierda, nada más, como buen capitalista militante.

Un beso grande,
la Romu.
 fer
03/05/2004 a las 06:10
Te felicito Tin_nqn!!! Tu joaquín es un bombón!!
Charly
03/05/2004 a las 01:36
Me encanta cómo escribís, chabón. Te encontré por casualidad el día que posteaste el texto sobre Maradona en el weblog amigo (no te enojás porque chivee un poco a la Mirtita, ¿no?), incluso antes de su difusión radial, y desde ese día que me doy una vuelta de vez en cuando.
Es un placer encontrar sitios como éste en La Red.
pecadora
03/05/2004 a las 00:55
Muy bueno, Hernan!

Qué astuto el padre, cómo interpretó el mensaje del oráculo....
Digo, los "benjamines" nacen así? son (desde que nacen) o se hacen (durante su vida)???
Y a los bolus de los "fedes y ales", quién los riega????

Ay, ay, ay, gordito, gracias por el puñal.
walquiria
03/05/2004 a las 00:53
que viejo retorcido, le hubiera dado a cada uno su parte y se hubiera dejado de joder.. que va!
lununa
02/05/2004 a las 21:06
Menos mal que mi hermano y yo somos dos solos!!!
Y que no hay herencia, por supuesto :)
Hernán
02/05/2004 a las 21:05
Pues no: éste no es parrillero. Estoy empezando a escribir fábulas para cuando la Nina crezca un poco. Lo de Caperucita y Blancanieves creo que pasó de moda... Cada tanto les iré mostrando alguna que otra.
 fer
02/05/2004 a las 19:55

Por fin un cuento para chicos que dice la verdad sobre el mundo que nos tocó en suerte!!!
Parrillero o no parrillero, simplemente genial!
Siempre es un placer leerte, pero lo de hoy me encantó.
Guty
02/05/2004 a las 19:40
Genial, como siempre, aunque un poco fuera de tu habitual repertorio.
Capo como de costumbre.
Tambien parrillero?
adape
02/05/2004 a las 17:49
Hoy mismo he descubierto esta página. Sencillamente excelente. Gràcies!
Palomita
02/05/2004 a las 17:44
Woaoh!!, estás en línea!! Entonces tengo que aprovechar la oportunidad para decirte que, si cupiera en mi algún tipo de fanatismo, yo sería tu fan num. 1 ... 1 ... 1 ...1 ...
hernan
02/05/2004 a las 17:18
... epleto.... pleto... etooooo...
Palomita
02/05/2004 a las 17:01
Excelente relato, pero no me gusta en absoluto eso de la traición y el engaño, menos si se trata de hermanos. Que raro se siente ver la sección de comments semi-vacía, hasta alcanzo a leer mi propio eco. Pero seguro mañana estará repleto.
José Joaquín López
02/05/2004 a las 04:47
Esa sensación da José Luis, la de un cuento oriental. :)

Así es Hernán, el vos se usa en Guatemala y en Centroamérica en general. Aquí es curioso el uso del vos. Entre personas del mismo sexo siempre se usa vos.

Pero con las personas del sexo opuesto se usa el tú-vos, si no hay suficiente confianza amistosa, es decir, la conjugación del vos pero utilizando tú. "Tú sos" o "Tú querés", por ejemplo.

Esto está cambiando con las nuevas generaciones. Los patojos (pibes) de 15 empiezan a desechar el tú-vos. Es interesante esta evolución.
José Luis
02/05/2004 a las 04:22
Vaya con Kahlil Gibran Casciari, veo que no pierdes la capacidad de dejarnos en 'orsai' ;-)
José Joaquín
02/05/2004 a las 03:51
Así es vos, no siempre hay que seguir las reglas o las costumbres. En la parte "Esta lección deberán aprenderla más tempranoq ue tarde" sólo hay que corregir el espacio. Te lo digo en buena onda, por supuesto.

Un cuento que no está dentro de tu repertorio habitual, eh. Es curioso, pero en estos días, redacté un post con la frase "conquistar al mundo". No sé si lo publicaré.