Orsai blog post

Vida privada
jueves 2 de octubre, 2014

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Vida privada
jueves 2 de octubre, 2014

Una alarma inesperada

       

Durante media vida lo más trágico que puede pasar es tu propia muerte egoísta, pero entonces llega algo y ¡zas!, te cambia para siempre el epicentro del miedo. Yo descubrí esto arriba de un taxi. Un rato antes me habían pagado un dinero que no esperaba por algo que ni siquiera era un trabajo. Entonces decidí no viajar desde la Capital a La Plata en un micro mugriento, porque lo mínimo que podés comprar con plata inesperada es comodidad. El problema es que elegí a un taxista que estaba a punto de cruzar un límite.

Me acuerdo muy bien la fecha: era el invierno de 2008. Yo había ido a Buenos Aires a presentar «España decí alpiste» a un teatro, pero en medio del viaje había muerto mi padre y yo estaba un poco como bola sin manija. Hice mi presentación de todos modos y todo salió más o menos decente.

Una semana después mi amiga Carolina presentaba su primer libro en la librería El Ateneo, y me invitó a la presentación como moderador. Ella trabajaba con la Editorial Aguilar. Yo estaba muy decepcionado con Sudamericana, porque después de la presentación de mi libro, «España decí alpiste» no estaba en ninguna librería.

Cuando llegué a El Ateneo, la gente de Aguilar había puesto cientos de libros de Carolina, y todo el mundo que entraba compraba alguno. ¡Ah, cómo odié a los de Sudamericana! Pero todavía faltaba el broche de oro. Cuando terminó la presentación de Carolina vino alguien de Editorial Aguilar y me dio un sobre con plata.

—¿Y esto qué es? —quise saber.

—Nuestra editorial acostumbra pagarle a los que vienen a acompañar a los autores —me dijo la chica de Aguilar.

Yo pensé en el pobre Chiri, que había ido a ayudarme en mi presentación una semana antes. Y en Laura Canoura, que viajó a cantar desde Montevideo con su pianista... Los de Sudamericana no le habían dado ni la hora, ni un café con leche, ni un gracias. Qué emperrado estaba yo con mi editorial aquella noche.

Salí del Ateneo chinchudo, con el sobre de plata en la mochila. Ya era de noche. Tenía que cenar en casa de mi hermana, así que pregunté dónde podía tomar un ómnibus a La Plata. Me dieron una explicación tan llena de vericuetos que se me llenó el cerebro de pereza; entonces paré un taxi. Que pagara Aguilar.

Como sería un viaje largo, le pedí al taxista un precio fijo. El taxista era un muchacho de mediana edad, morochito, de ojos cansados, y no tenía la menor idea de precios fijos. Me explicó que manejaba el taxi desde hacía una semana, que el coche era de un primo, y que si era un viaje largo mejor, porque necesitaba el dinero.

Llamó por teléfono al primo y le pidió instrucciones y tarifas. El primo, por el manos libres, dijo un precio en voz alta.

El taxista me miró. Yo acepté y nos pusimos en marcha.

Salimos por Santa Fe y promediando la Nueve de Julio me di cuenta de que el chico manejaba nervioso. Primero pensé en cocaína. Después supuse que podía estar tenso por su inexperiencia al volante, pero no era nada de eso. La respuesta llegaría por teléfono.

El recorrido que estábamos a punto de hacer es de unos sesenta kilómetros. El teléfono del coche sonaría varias veces, pero la primera llamada ocurrió a la entrada de la Autopista, a la altura de la avenida Brasil. El taxista puso el manos libres y retumbó la voz de una mujer en el auto:

—¡Está cada vez peor, no sé qué hacer! —dijo la mujer.

—Te dije que la lleves a un privado y después vemos —gritó el taxista, y se saltó un semáforo en rojo.

—¿Con qué plata, Alberto, me querés volver loca?

—¡Sacála de casa, abrigada, y llévala al Durán, llevála a cualquier lado!

—¡Con qué auto!

—¡Decile a la conchuda de tu vieja que le pida el auto al marido! ¿Qué querés que haga yo? ¡Estoy en la Autopista La Plata!

La mujer empezó a insultar al taxista entre sollozos, pero se notaba que al mismo tiempo le hacía caso: se la oía caminar, resoplar y después un sonido de aire libre y bocinazos. En mi cabeza eso quería decir: alzó en brazos a la nena, bajó unas escaleras, la sacó a la calle.

El taxista también adivinó estos sonidos y dio indicaciones imprecisas. En un momento se oyeron sollozos en el teléfono; yo creí que eran de la mujer. Pero era el llanto de la nena. Lo supe porque el taxista, al escucharlos, crispó los puños sobre el volante y le dijo a la mujer que estaba en medio de un viaje, que no podía seguir hablando. Y cortó.

Durante un rato no nos dijimos nada. Pero al minuto, como si el taxista hubiera evaluado entre contarme o no contarme, me pidió disculpas y me explicó su drama entero.

Me lo soltó sin pausas, o por lo menos yo tengo el recuerdo de una parrafada que no tenía espacios, ni comas, ni matices. Me dijo que su hija desde hacía seis noches volaba de fiebre y que él se estaba separando de su mujer desde mucho antes pero que ahora la familia de su mujer decía que él se separaba para no hacerse cargo de la enfermedad de la nena y que él ya casi no dormía porque trabajaba de día en un corralón y de noche con el taxi del primo porque quería llevar a su hija a un hospital privado porque en los hospitales públicos la mandaban de vuelta a la casa con aspirinetas y que su mujer lo estaba volviendo loco.

Dijo algo así, o incluso fue más largo. Cuando empezó a hablar, el velocímetro estaba en ciento diez, pero cuando terminó ya íbamos a ciento sesenta. Me dio miedo, pero no dije nada porque el taxista hablaba sin grietas, como si estuviera ensayando frente al espejo un borrador que tendría que decir después.

La tensión estaba en sus manos, no en sus palabras. Yo le miraba los nudillos y buscaba a contrarreloj alguna palabra de ánimo, o de consuelo, porque iba a una velocidad tremenda por la autopista. Cuando encontré una frase para decirle, algo me lo impidió.

Empezó a sonar una alarma insoportable adentro del auto, una alarma potente y desesperada, como las chicharras contra robos de los coches estacionados.

Ni él ni yo entendimos qué pasaba, hasta que del manos libres apareció una voz metálica, grabada:

«Usted está saliendo del perímetro de la Ciudad de Buenos Aires», decía la voz, «necesita ingresar el código de seguridad».

La frase se repitió tres veces más, por encima de la alarma. El taxista no tenía la menor idea de lo que quería decir el mensaje y llamó a su primo con dedos torpes. El primo le dijo que era un sistema de seguridad del taxi. Nos costó entender la explicación, porque la alarma tapaba todo:

—¡Alberto! –gritó el primo—, seguramente pasaste el límite de Capital y el radar lo captó. Debés estar en Provincia. Hay que avisar que el pasajero no te estaba encañonando o no te robó el taxi. Anotá este número...

El primo le dio un número de seis cifras. El taxista lo tecleó en el teléfono y la alarma dejó de sonar. Se sintió en el taxi una paz vacía, irreal, parecida a cuando deja de sonar un lavarropas. Durante diez minutos viajamos en silencio. Yo miraba a cada rato el velocímetro, y de reojo vigilaba el gesto del taxista por el espejo.

Cuando sonó por última vez el teléfono faltaban diez o quince kilómetros para llegar a La Plata. Esta vez la mujer lloraba a los gritos y no se entendía muy bien lo que decía. Solamente escuchamos con nitidez la frase «está muerta». Lo dijo tres o cuatro veces, en medio de otras palabras cortadas, y después la consumió un llanto que me puso la piel como un rallador.

El taxista repetía a los gritos «Vanina, qué pasa» y la mujer respondía siempre las mismas dos palabras, pero él parecía no entender la respuesta y volvía a preguntar: «Vanina, qué pasa», y ella otra vez lo mismo. Fue un bucle de treinta segundos que se cortó en seco, como si el teléfono de la mujer se hubiera caído en un pozo.

No dijimos nada.

Hicimos de cuenta, el taxista y yo, que esa comunicación no había ocurrido. Ni el ‘Vanina qué pasa’ ni la respuesta de ella, monocorde y sin ritmo. Fue extraño ese silencio, porque estaba lleno de sordera.

En un momento empezó a cambiar el paisaje: se empezaron a estirar los árboles y las fábricas en la ventanilla. Tardé un poco en darme cuenta que la velocidad del auto se había disparado.

Me agarré con los dedos al asiento de adelante. El velocímetro estaba en ciento noventa y cerré los ojos. Los abrí y había pasado los doscientos. Cerré de nuevo los ojos y pensé dos cosas: o el taxista se quiere matar conmigo adentro, o quiere dejarme lo antes posible en La Plata para volver a Buenos Aires.

Le toqué el hombro, sin abrir los ojos:

—Dejame acá y volvé —le dije.

—¿Cómo acá? ¿Acá en la ruta?

—Acá mismo. ¡Pará acá!

Frenó sobre la banquina con una maniobra zigzagueante. Se dio vuelta y me miró a los ojos por primera vez.

Al verlo de frente, supe que era más joven de lo que pensaba: no tendría más de veinticinco años y estaba llorando desde hacía rato. Yo no me había dado cuenta de eso. Seguramente había hecho esfuerzos para evitarme el ruido de sus mocos.

—¿En serio? —me dijo—. ¿No te jode si te dejo acá?

Le dije que estaba todo bien, que podía llamar con mi teléfono a otro taxi. En realidad mi teléfono español no podía hacer llamadas locales, pero lo mío no era generosidad: era un miedo espantoso a que nos hiciéramos mierda contra un poste. Lo cierto es que yo quería salir inmediatamente de su drama.

Si el taxista tenía que matarse con el auto, que fuera de regreso a la capital y solo, no conmigo en el asiento de atrás. Sentí culpa por pensar de esa manera, pero fue lo que pensé. Entonces hice lo que solemos hacer los cobardes cuando sentimos culpa: saqué de mi mochila el sobre que me habían pagado los de Aguilar y me quedé con cien pesos. Cerré el sobre y se lo di entero, con todos los billetes adentro.

—El viaje y la propina —le dije.

El taxista miró la plata y ni siquiera hizo la actuación habitual de ‘no, hermano, no te puedo aceptar esto’. Pasó por encima de cualquier tradición pelotuda porque sabía que ese tire y afloje sería una pérdida de tiempo.

Me bajé del auto. Lo imaginé llegando al peaje y cambiando de carril como un rayo. Me quedé parado, con las brazos cruzados de frío.

Estaba oscuro y no había estaciones de servicio por ninguna parte. Tenía que empezar a caminar para algún lado, pero no pude: había una angustia horrible en las luces de los autos que iban y que venían. Y yo no me quería mover de mis dos baldosas de paz.

Entonces me senté en el suelo, con las piernas cruzadas, y pensé en lo que no había querido pensar. Pensé en Nina y sus cuatro años. Pensé con terror en mi hija, que seguramente estaba en casa, durmiendo; y pensé en mi padre, que había muerto diez noches antes.

Sentí, de repente, que estaba cruzando un límite. Allí mismo, en ese momento. No un límite que separa la capital de la provincia. Era una frontera más intensa: había pasado de ser un hijo a ser un padre. Había pasado de no tener miedo nunca a vivir con pánico para siempre.

Aquella noche, en una zona imprecisa entre Quilmes y Berazategui, me empezó a sonar una alarma horrible en la cabeza. Y yo no tenía —nunca voy a tener— el código de seguridad para apagarla.

Hernán Casciari
jueves 2 de octubre, 2014


Una alarma inesperada

por Hernán Casciari

Durante media vida lo más trágico que puede pasar es tu propia muerte egoísta, pero entonces llega algo y ¡zas!, te cambia para siempre el epicentro del miedo. Yo descubrí esto arriba de un taxi. Un rato antes me habían pagado un dinero que no esperaba por algo que ni siquiera era un trabajo. Entonces decidí no viajar desde la Capital a La Plata en un micro mugriento, porque lo mínimo que podés comprar con plata inesperada es comodidad. El problema es que elegí a un taxista que estaba a punto de cruzar un límite.

Me acuerdo muy bien la fecha: era el invierno de 2008. Yo había ido a Buenos Aires a presentar «España decí alpiste» a un teatro, pero en medio del viaje había muerto mi padre y yo estaba un poco como bola sin manija. Hice mi presentación de todos modos y todo salió más o menos decente.

Una semana después mi amiga Carolina presentaba su primer libro en la librería El Ateneo, y me invitó a la presentación como moderador. Ella trabajaba con la Editorial Aguilar. Yo estaba muy decepcionado con Sudamericana, porque después de la presentación de mi libro, «España decí alpiste» no estaba en ninguna librería.

Cuando llegué a El Ateneo, la gente de Aguilar había puesto cientos de libros de Carolina, y todo el mundo que entraba compraba alguno. ¡Ah, cómo odié a los de Sudamericana! Pero todavía faltaba el broche de oro. Cuando terminó la presentación de Carolina vino alguien de Editorial Aguilar y me dio un sobre con plata.

—¿Y esto qué es? —quise saber.

—Nuestra editorial acostumbra pagarle a los que vienen a acompañar a los autores —me dijo la chica de Aguilar.

Yo pensé en el pobre Chiri, que había ido a ayudarme en mi presentación una semana antes. Y en Laura Canoura, que viajó a cantar desde Montevideo con su pianista... Los de Sudamericana no le habían dado ni la hora, ni un café con leche, ni un gracias. Qué emperrado estaba yo con mi editorial aquella noche.

Salí del Ateneo chinchudo, con el sobre de plata en la mochila. Ya era de noche. Tenía que cenar en casa de mi hermana, así que pregunté dónde podía tomar un ómnibus a La Plata. Me dieron una explicación tan llena de vericuetos que se me llenó el cerebro de pereza; entonces paré un taxi. Que pagara Aguilar.

Como sería un viaje largo, le pedí al taxista un precio fijo. El taxista era un muchacho de mediana edad, morochito, de ojos cansados, y no tenía la menor idea de precios fijos. Me explicó que manejaba el taxi desde hacía una semana, que el coche era de un primo, y que si era un viaje largo mejor, porque necesitaba el dinero.

Llamó por teléfono al primo y le pidió instrucciones y tarifas. El primo, por el manos libres, dijo un precio en voz alta.

El taxista me miró. Yo acepté y nos pusimos en marcha.

Salimos por Santa Fe y promediando la Nueve de Julio me di cuenta de que el chico manejaba nervioso. Primero pensé en cocaína. Después supuse que podía estar tenso por su inexperiencia al volante, pero no era nada de eso. La respuesta llegaría por teléfono.

El recorrido que estábamos a punto de hacer es de unos sesenta kilómetros. El teléfono del coche sonaría varias veces, pero la primera llamada ocurrió a la entrada de la Autopista, a la altura de la avenida Brasil. El taxista puso el manos libres y retumbó la voz de una mujer en el auto:

—¡Está cada vez peor, no sé qué hacer! —dijo la mujer.

—Te dije que la lleves a un privado y después vemos —gritó el taxista, y se saltó un semáforo en rojo.

—¿Con qué plata, Alberto, me querés volver loca?

—¡Sacála de casa, abrigada, y llévala al Durán, llevála a cualquier lado!

—¡Con qué auto!

—¡Decile a la conchuda de tu vieja que le pida el auto al marido! ¿Qué querés que haga yo? ¡Estoy en la Autopista La Plata!

La mujer empezó a insultar al taxista entre sollozos, pero se notaba que al mismo tiempo le hacía caso: se la oía caminar, resoplar y después un sonido de aire libre y bocinazos. En mi cabeza eso quería decir: alzó en brazos a la nena, bajó unas escaleras, la sacó a la calle.

El taxista también adivinó estos sonidos y dio indicaciones imprecisas. En un momento se oyeron sollozos en el teléfono; yo creí que eran de la mujer. Pero era el llanto de la nena. Lo supe porque el taxista, al escucharlos, crispó los puños sobre el volante y le dijo a la mujer que estaba en medio de un viaje, que no podía seguir hablando. Y cortó.

Durante un rato no nos dijimos nada. Pero al minuto, como si el taxista hubiera evaluado entre contarme o no contarme, me pidió disculpas y me explicó su drama entero.

Me lo soltó sin pausas, o por lo menos yo tengo el recuerdo de una parrafada que no tenía espacios, ni comas, ni matices. Me dijo que su hija desde hacía seis noches volaba de fiebre y que él se estaba separando de su mujer desde mucho antes pero que ahora la familia de su mujer decía que él se separaba para no hacerse cargo de la enfermedad de la nena y que él ya casi no dormía porque trabajaba de día en un corralón y de noche con el taxi del primo porque quería llevar a su hija a un hospital privado porque en los hospitales públicos la mandaban de vuelta a la casa con aspirinetas y que su mujer lo estaba volviendo loco.

Dijo algo así, o incluso fue más largo. Cuando empezó a hablar, el velocímetro estaba en ciento diez, pero cuando terminó ya íbamos a ciento sesenta. Me dio miedo, pero no dije nada porque el taxista hablaba sin grietas, como si estuviera ensayando frente al espejo un borrador que tendría que decir después.

La tensión estaba en sus manos, no en sus palabras. Yo le miraba los nudillos y buscaba a contrarreloj alguna palabra de ánimo, o de consuelo, porque iba a una velocidad tremenda por la autopista. Cuando encontré una frase para decirle, algo me lo impidió.

Empezó a sonar una alarma insoportable adentro del auto, una alarma potente y desesperada, como las chicharras contra robos de los coches estacionados.

Ni él ni yo entendimos qué pasaba, hasta que del manos libres apareció una voz metálica, grabada:

«Usted está saliendo del perímetro de la Ciudad de Buenos Aires», decía la voz, «necesita ingresar el código de seguridad».

La frase se repitió tres veces más, por encima de la alarma. El taxista no tenía la menor idea de lo que quería decir el mensaje y llamó a su primo con dedos torpes. El primo le dijo que era un sistema de seguridad del taxi. Nos costó entender la explicación, porque la alarma tapaba todo:

—¡Alberto! –gritó el primo—, seguramente pasaste el límite de Capital y el radar lo captó. Debés estar en Provincia. Hay que avisar que el pasajero no te estaba encañonando o no te robó el taxi. Anotá este número...

El primo le dio un número de seis cifras. El taxista lo tecleó en el teléfono y la alarma dejó de sonar. Se sintió en el taxi una paz vacía, irreal, parecida a cuando deja de sonar un lavarropas. Durante diez minutos viajamos en silencio. Yo miraba a cada rato el velocímetro, y de reojo vigilaba el gesto del taxista por el espejo.

Cuando sonó por última vez el teléfono faltaban diez o quince kilómetros para llegar a La Plata. Esta vez la mujer lloraba a los gritos y no se entendía muy bien lo que decía. Solamente escuchamos con nitidez la frase «está muerta». Lo dijo tres o cuatro veces, en medio de otras palabras cortadas, y después la consumió un llanto que me puso la piel como un rallador.

El taxista repetía a los gritos «Vanina, qué pasa» y la mujer respondía siempre las mismas dos palabras, pero él parecía no entender la respuesta y volvía a preguntar: «Vanina, qué pasa», y ella otra vez lo mismo. Fue un bucle de treinta segundos que se cortó en seco, como si el teléfono de la mujer se hubiera caído en un pozo.

No dijimos nada.

Hicimos de cuenta, el taxista y yo, que esa comunicación no había ocurrido. Ni el ‘Vanina qué pasa’ ni la respuesta de ella, monocorde y sin ritmo. Fue extraño ese silencio, porque estaba lleno de sordera.

En un momento empezó a cambiar el paisaje: se empezaron a estirar los árboles y las fábricas en la ventanilla. Tardé un poco en darme cuenta que la velocidad del auto se había disparado.

Me agarré con los dedos al asiento de adelante. El velocímetro estaba en ciento noventa y cerré los ojos. Los abrí y había pasado los doscientos. Cerré de nuevo los ojos y pensé dos cosas: o el taxista se quiere matar conmigo adentro, o quiere dejarme lo antes posible en La Plata para volver a Buenos Aires.

Le toqué el hombro, sin abrir los ojos:

—Dejame acá y volvé —le dije.

—¿Cómo acá? ¿Acá en la ruta?

—Acá mismo. ¡Pará acá!

Frenó sobre la banquina con una maniobra zigzagueante. Se dio vuelta y me miró a los ojos por primera vez.

Al verlo de frente, supe que era más joven de lo que pensaba: no tendría más de veinticinco años y estaba llorando desde hacía rato. Yo no me había dado cuenta de eso. Seguramente había hecho esfuerzos para evitarme el ruido de sus mocos.

—¿En serio? —me dijo—. ¿No te jode si te dejo acá?

Le dije que estaba todo bien, que podía llamar con mi teléfono a otro taxi. En realidad mi teléfono español no podía hacer llamadas locales, pero lo mío no era generosidad: era un miedo espantoso a que nos hiciéramos mierda contra un poste. Lo cierto es que yo quería salir inmediatamente de su drama.

Si el taxista tenía que matarse con el auto, que fuera de regreso a la capital y solo, no conmigo en el asiento de atrás. Sentí culpa por pensar de esa manera, pero fue lo que pensé. Entonces hice lo que solemos hacer los cobardes cuando sentimos culpa: saqué de mi mochila el sobre que me habían pagado los de Aguilar y me quedé con cien pesos. Cerré el sobre y se lo di entero, con todos los billetes adentro.

—El viaje y la propina —le dije.

El taxista miró la plata y ni siquiera hizo la actuación habitual de ‘no, hermano, no te puedo aceptar esto’. Pasó por encima de cualquier tradición pelotuda porque sabía que ese tire y afloje sería una pérdida de tiempo.

Me bajé del auto. Lo imaginé llegando al peaje y cambiando de carril como un rayo. Me quedé parado, con las brazos cruzados de frío.

Estaba oscuro y no había estaciones de servicio por ninguna parte. Tenía que empezar a caminar para algún lado, pero no pude: había una angustia horrible en las luces de los autos que iban y que venían. Y yo no me quería mover de mis dos baldosas de paz.

Entonces me senté en el suelo, con las piernas cruzadas, y pensé en lo que no había querido pensar. Pensé en Nina y sus cuatro años. Pensé con terror en mi hija, que seguramente estaba en casa, durmiendo; y pensé en mi padre, que había muerto diez noches antes.

Sentí, de repente, que estaba cruzando un límite. Allí mismo, en ese momento. No un límite que separa la capital de la provincia. Era una frontera más intensa: había pasado de ser un hijo a ser un padre. Había pasado de no tener miedo nunca a vivir con pánico para siempre.

Aquella noche, en una zona imprecisa entre Quilmes y Berazategui, me empezó a sonar una alarma horrible en la cabeza. Y yo no tenía —nunca voy a tener— el código de seguridad para apagarla.

Hernán Casciari
jueves 2 de octubre, 2014


¿Te gustó esta historia?

Pertenece al libro Messi es un perro y otros cuentos, de Hernán Casciari. Está a la venta en la Tienda Orsai y te lo mandamos a tu casa sin gastos de envío.


 Choborra
07/12/2016 a las 18:04
No apto para leer en el trabajo, procastinando cerca de tu jefe, por el riesgo altísimo de arrugar la jeta. Durísimo!!!
26/10/2015 a las 14:45
Excelente! Tu blog me tiene enganchada.
 Agustín Sequeira
16/08/2015 a las 13:16
Excelente Hernán, como siempre... Una sola corrección, porque ya lo vi igual en la estrategia del banderín... Es hospital Durand. Abrazo!
 Juan Romero
20/06/2015 a las 16:30
Hola Hernán, como estás? descubrí el blog hace muy poco y ahora no puedo dejar de leer. Veníamos más que bien hasta llegar a esto. Mañana en Argentina es el día del padre, tengo un hijo de dos años y gracias a vos estoy llorando hace media hora mientras él corre y juega cerca. Gracias por todo lo que escribís y dejarme pensando, sonriendo y lagrimeando.
 Mauro
29/03/2015 a las 23:20
Hola Hernán. Soy estudiante de segundo año de Audiovisuales, y me gustaría hacer un cortometraje para una de las materias con esta historia. Quiero saber si no habría problema con que lo haga. Te dejo mi mail mauro.lopez.schell@gmail.com así me respondes por ahí. Gracias y saludos.
 Elisa
16/03/2015 a las 13:56
Lo pienso todo el tiempo. Cuando uno se convierte en padre entiende que es posible un amor enorme, puro. Al mismo tiempo te convertís en una persona vulnerable, completamente.
 jaume muñoz
12/03/2015 a las 13:05
hola, me llamo jaume y me a gustado mucho este articulo y tu historia
 daniel rodriguez
09/03/2015 a las 21:54
Gracias gordo,hermosa historia...Después de estos veinte años en España,muchas cosas que vuelven a mi cabeza...Y esa sensación cuando uno es padre que no se va nunca,a pesar de que tus hijos ya sean grandes
22/02/2015 a las 18:11
La concha de tu hermana. Gracias
28/11/2014 a las 20:39
Hace unos años atrás un gerente de RRHH me definió esto que acabas de contar de la siguiente forma: Cuando no tenes hijos, te sentís inmortal, invencible.Una vez que nace tu primer hijo te das cuenta de lo frágil que sos y de lo corta que es la vida.Es lo mas parecido a la alarma del cuento.Abrazo y gracias!
 GISELLE BOUSO
08/11/2014 a las 20:33
gracias hernan.
 viviana campeni
30/10/2014 a las 14:19
Que historia tremenda!!!!! yo también pensé en mis hijos, en mi madre que murio hace poco mas de tres meses, en las tantas veces que suena esa alarma en mi cabeza y en lo bueno que seria tener el código de seguridad para apagarla.
Muy buen relato, muy buena historia, gracias por compartirla.
 Manuel Arce
21/10/2014 a las 20:03
Hernan!! ya van 2 jueves sin historias. Que estas queriendo experimentar la abstinencia literaria de tus lectores? Imposible poder planificar una estrategia para el Torneo Permanente de Primeros Comentarios!!
23/10/2014 a las 11:54
Ya volví de viaje; en cualquier momento.
 Agostina Giavazzi
21/10/2014 a las 01:39
Cual es el mail de casciari?
21/10/2014 a las 21:54
Uno cuadradito rojo y blanco.
22/10/2014 a las 02:21
elgorditoburguesquenoposteaporqueestadejodaconsuamigoelchiri@tutopía.com.uy
 kec
17/10/2014 a las 22:06
tremendo relato! d pelicula..escuchaba la alarma
y co regresó a capital o la plata??
 Julie Nieves
17/10/2014 a las 05:00
AY Hernán, todavia escucho la voz de Vanina, y ese frio al escuchar las palabras.

Me atravesó.
 Arturo Greimann
15/10/2014 a las 22:47
Pensar que esa noche... despues de la presentacion de Bestiaria... te salude justo antes de que te subieras al taxi de la muerte...
 Pau Zapata
14/10/2014 a las 23:49
El sábado pasado fue que te conocí, y ya me has hecho llorar 2 veces, la primera con "Messi es un perro", y ahora con esta que me toco de manera muy especial.
 Dani
13/10/2014 a las 21:52
Soy nueva por acá. De momento, lo que hay para leer me va gustando.
 PabloH
13/10/2014 a las 15:55
Excelente! Imposible no sentir lo mismo siendo Padre. GRACIAS!
 PabloH
13/10/2014 a las 15:55
Excelente! Imposible no sentir lo mismo siendo Padre. GRACIAS!
10/10/2014 a las 21:47
Gracias!
  Ane
09/10/2014 a las 19:27
Impactante Hernán, simplemente lágrimas en los ojos y un nudo en la garganta. Super fuerte lo que escribiste acá. Gracias por seguir escribiendo!
 Jorge Aguirre
09/10/2014 a las 04:30
Tener miedo es estar vivo. Es el mas racional de los sentimientos irracionales
 Marnic
08/10/2014 a las 22:51
Fabuloso relato, el ritmo trepidante no deja respiro, la velocidad del auto va a la par que la del relato!!! No pude parar de leerlo. Pregunta: ¿alguna vez supiste algo más del taxista?
 Nombrador
08/10/2014 a las 21:57
Tenía que armar un presupuesto cuando comencé a leer esto, con ánimo de reirme un rato... así fue entrando, por falanges, este tremendo dedo en la llaga y luego una mano helada me sujeto el corazón... pasaron diez minutos y aún no me larga y no puedo trabajar. No la sentía desde la última bronquiolitis...¡Hijo de mil putas! Trataré de abrirla con humor...
No puedo aceptar que la nena murió; no tan a la ligera. Yo tampoco escuché bien lo que dijo la madre, ni ese grito desgranador. Una mujer desesperada, abandonada y furiosa es indescifrable. Tal vez no llamó para informar sino sólo para dañar. Tal vez fue una terrible venganza y un brutal desahogo desde otro auto que iba al Durán con la nena dormida... lo único seguro es que comencé a leer esto con ánimo de reirme un rato...
 BarbiC
08/10/2014 a las 18:56
Se me puso la piel de gallina, y no me pasa leyendo a tantos... Por algo habrá sido que dejé este texto para leer hoy. Cuando llegó, en un mail, estaba de viaje con mi hijo: él con su equipo de voley en micro y yo en un auto con otras madres. El instinto habrá hecho que lo lea recién hoy, en un breack del trabajo, los dos ya fuera de las rutas. Gracias!
 Naranja Lima
08/10/2014 a las 18:11
Qué lindo que es leerte, Casciari.
Gracias.
 alvaroma
08/10/2014 a las 15:55
¡Animal! (es un elogio yorugua).

Le mando un afectuoso abrazo de desagravio a Chichita.
07/10/2014 a las 17:19
Off topic:
En esta foto de la pelicula Pichuco:
http://espacios.incaa.gov.ar/uploads/peliculasfoto/foto000773PICHUCO.Afiche.jpg

Pense que estaba viendo la tapa de la Orsai 6 :)
 Barzi
07/10/2014 a las 14:30
Hernan, me gustaría mostrarte algo que que he escrito, donde puedo enviartelo. Te mando un abrazo y gracias!
  andres cagliero
07/10/2014 a las 05:44
Excelente hernan, lleno de emoción y angustia el relato
07/10/2014 a las 03:14
tengo los hombros arriba de la cabeza de la tensión. que manera de escribir chabón!
 Lauraschus
07/10/2014 a las 00:36
larecalcadaconchadelalora !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
a esta altura reconocerás que decir esto es un elogio no??????
 Lucas Tegui
06/10/2014 a las 19:40
Qué bueno Hernán! Nos llevaste a todos en ese taxi. Se sintió la velocidad y la angustia, la tuya y la del pobre Alberto.
No sé si seré un inconsciente, pero seguro sí un privilegiado, porque a pesar de tener dos hijos, nunca me ha sonado esa alarma irreversible del pánico. He sentido miedo meditando sobre la posibilidad de que algo malo pudiera pasarles, pero quedó ahí, en el pensamiento. Nunca se me hizo carne ese temor.
Un abrazo.
 Belu S.
06/10/2014 a las 18:21
Gracias por esta y tantas historias más. Vale la pena cada oración. Qué lindo es leerte!
06/10/2014 a las 17:24
Hernán, volviendo a desempolvar aquella sobremesa de la Orsai 1, en donde contabas la introducción a esta (genial y estremecedora) historia, leo que el dinero del famoso sobre lo usaste para pagarle a una pianista. Es decir, ¿estamos ante una ficción al cien por ciento?
06/10/2014 a las 22:39
Vos elegí cuál de las dos es ficción.
 Federico Marucco
06/10/2014 a las 14:45
Uh como quedé...
 Lucas
06/10/2014 a las 08:07
Gracias por desempolvar mis engranajes tanto en la cabeza como emocionales. Solo un lector silencioso,saludos cordiales a Chiriquí.
 Lucas
06/10/2014 a las 08:09
A Chiri, perdón.
 Mariale
06/10/2014 a las 00:58
Hola! Descubrí todo este planeta hace poco. Me llegaron un par de revistas (dos) ayer, una Orsai y una bonsai para mi hija. Estoy devorando ambas a un ritmo de lectura que pensé que había perdido. Gracias!!! Cada relato es un placer. Además, en este en especial casi que me subí al taxi con vos, porque suelo transitar por la autopista bs.as - y tenía toda la escenografía en mi mente. Acá estoy...una más esperando palabras. No puedo parar de ponerme al día. Abrazo, respetos, y saludos!
 Lau
06/10/2014 a las 14:21
Bienvenida Mariale, espero verte pronto en la isla !!!
 ortellado missceles
06/10/2014 a las 00:27
Lo empecé a leer en el 2do tiempo del River- Boca, mientras mi hijo de 8 años disfrutaba del partido. Sin más leía hasta que casi al final corre una lágrima y mi atento hijo me intenta consolar no entendiendo el motivo. Sigue lloviendo en Buenos Aires y sobrevuela en casa, en mi mente, mi papá.
Gracias.
 Luis Francisco Mammi
05/10/2014 a las 21:05
Empecé a leerte de casualidad (no me acuerdo bien como) y ahora prácticamente me dedico a hacer que todas personas que conozco lean algo tuyo. La verdad muy buena esta historia!!!!! pero, puede ser que al taxista primero la mujer lo llama Miguel y después el primo lo llama Alberto??..
05/10/2014 a las 22:53
¡Qué buena corrección! Nadie se dio cuenta en ciento y pico de comentarios. Agradecimiento doble.
 Ángel Raúl Dipierro
05/10/2014 a las 18:35
Acabo de enterarme de la feliz existencia de Orsai. : )
"...faltaban diez o quince kilómetros para llegar ¿a? La Plata."
(no sabía como informar de la "a" sin ser publicado así que les agradecería mucho que borren este comentario una vez leído)
Saludos de nuevo.
Y felicitaciones.
05/10/2014 a las 22:52
Gracias, corregido!
 Martín Fernández
05/10/2014 a las 18:34
Conmovedor.

Mientras me refriego el puño por la cara para secarme las lágrimas, tengo que decir que hay que invertir el orden de los dos últimos párrafos. El ante último párrafo tiene que ser el último.

(Me tomo la libertad de hacer este comentario por cierta impunidad que siento al leer el blog desde el primer post hasta hoy, haber comprado Orsai en su lanzamiento, haber ido al teatro solo "porque la escribió Casciari" y haber regalado "España,..."; a ver si quedo como soberbio solamente. Soberbio, sí, pero con mérito).
05/10/2014 a las 18:20
Respuesta conjunta para los siguientes comentarios:

#20, GABRIEL BUDIÑO
#33, IGNACIO PEGUE
#41, ALEJANDRO RAMPAZZI
#42, PPLANDA
#47, YOSOLA
#75, COCÓ
#128, DIEGO

Gracias!

Este año me intento poner las pilas para generar más contenidos literarios en el blog, así que agradezco los piropos del tipo «volviste, gordo», o «esto parece el viejo orsai», o «este parece un texto de 2007, cuando escribías mucho».

Pero como soy obsesivo de las estadísticas, debo decir que:

*** 2007, blog Orsai, textos literarios (21) ***

Problemas en la relación padre-hija, 2 de enero 2007
Las paranoias del nuevo rico, 16 de enero 2007
El amor de los metalampos, 25 de enero 2007
¿Me dice dónde hay un quiosco? 5 de febrero 2007
Prelactancia, divino tesoro, 7 de febrero 2007
Encuentro con un caradeforme, 20 de febrero 2007
Los quiénes y los porqué, 8 de marzo 2007
El tajo del cuchillo en el abdomen, 15 de marzo 2007
Primer asalto, 27 de marzo 2007
De mogólicos, gallegos y gentilicios, 10 de abril 2007
Canelones, 19 de abril 2007
La persecución de las viejas etc, 17 de mayo 2007
El último hombre bueno de la lista, 6 de agosto 2007
Los cuatro albañiles, 9 de agosto 2007
La masturbación del hijo, 18 de agosto 2007
El colmo de un campesino, 24 de septiembre 2007
La decadencia del Hombre Corbata, 16 de octubre
El sentido del olfato en los trenes, 26 de octubre
De mujeres y de fobias, 30 de noviembre
La madre de todas las desgracias, 13 de diciembre
El argentino y la guita, 18 de diciembre

*** 2014, blog Orsai, textos literarios (23) ***

La falsa biografía, 6 de marzo 2014
Protocolo en el subsuelo, 13 de marzo 2014
La trampa de McCracken, 20 de marzo 2014
Son tristes las penas de amor, 27 de marzo 2014
Plastilina celeste, 3 de abril 2014
Toda la vida, 8 de mayo 2014
Olores de la infancia, 17 de mayo 2014
Temor a lo que se desea, 11 de junio 2014
El tercero de nuestros dioses, 16 de junio 2014
Factoría de recuerdos imborrables, 21 de junio 2014
El horrible día dieciséis, 25 de junio 2014
No es Mundial para gordos sedentarios, 1 de julio 2014
Selecciones pintorescas, 5 de julio 2014
Ser inmortal es vivir siete partidos, 6 de julio 2014
El fútbol ha dejado de existir, 9 de julio 2014
¿El domingo en casa? 10 de julio 2014
Lo siento mucho, no siento nada, 12 de julio 2014
Un mensaje desde el pasado, 13 de julio 2014
Nueve libros para olvidar el Mundial, 16 de julio 2014
Un belga en casa, 6 de agosto 2014
La estrategia del banderín, 14 de agosto 2014
Salva a tu madre y salvarás el mundo, 18 de agosto 2014
Una alarma inesperada, 2 de octubre 2014

Y todavía faltan dos meses para terminar el año.

Fuente: http://editorialorsai.com/blog/archivos/
 diego
07/10/2014 a las 20:05
Gordo, las estadísticas están y no se discuten. Permitime la analogía para alcarar mi punto: cuando era chico en la mesa de casa había agua y vino toro (blanco o tinto, nada de varietales acompañado por soda en sifón de vidrio) y sólo en raras ocasiones aparecía una coca de litro en envase de vidro, fresca, rica e inalcanzable. En los tiempos que corren la coca de 3 lts ya es algo común, y la comprás si estas aburrido o te pinta ver un poco de tele. Seguramente los litros de coca por pera se han sextuplicado, pero nada se compara a la sensación de destapar y hacer durar hasta la eternidad el vaso de coca que repartía mi vieja entre nosotros tres. Cuando hablo del viejo Orsai me refiero a eso, a la coca de litro en envase de vidrio. Podés publicar mas, pero esos post se pierden en un mar de otras cosas, ni buenas, ni malas, simplementes distintas. Me leo y parezco un nostálgico de mierda, casi como Don Drapper cuando presenta el comercial del carrusel a los ejecutivos de Kodak pero es esa la "sensación" a la que me refiero. El menú es mas variado, mas rico, y está preparado por mejores chefs, pero sigo prefiriendo las costillas de Freddy en un tugurio poco iluminado. abrazo. diego
09/10/2014 a las 02:18
El mundial ayudó en la estadística del 2014...
 diego
05/10/2014 a las 17:31
Ahhh ... que placer !!! Una bocanada del viejo Orsai entre tantos seminarios, talleres, universidades, hamburguesas gigantes de comequechu !!! No todo está perdido !!!
05/10/2014 a las 05:49
Brillante y crudo Hernán ,lo terminé de leer con un nudo en la garganta ;la vida siempre supera a la ficción pero para demostrarlo con palabras tienes que ser un maestro,un abrazo.
Alberto
 Mariano Cognigni
04/10/2014 a las 23:54
Uf, que texto espectacular, brutal, te agarra del cuello y te mantiene hasta el final. Y cuando por fin te suelta, quedás hecho mierda.
 Jorge Aguirre
04/10/2014 a las 21:13
Tener miedo es estar vivo. Es el mas racional de los sentimientos irracionales
 Pepe Yezza
04/10/2014 a las 17:55
¡Excelente historia, para una gran reflexión!.
Al final tu cerebro se salió con la suya - dijo: "Ah!, ¿a vos te da pereza pensar como hacer para tomar un micro mugriento? Subite a ese taxi que viene ahí y vas a ver como te hago pensar en un rato".
 María Virginia Bachmann
04/10/2014 a las 16:25
Uno se sienta en la compu para reirse un rato con tus relatos, y se encuentra con esto. Nadando en lo profundo de cosas que se sienten y no se saben decir. Menos mal que hay tipos como vos que tienen palabras para, aunque sea pasarle cerca, a los dolores innombrables.
 florsaravi
04/10/2014 a las 12:18
Qué hijo de puta...hechamierrrrrda me quedé.
 Chichita
04/10/2014 a las 18:56
se me esta nombrando mucho en este post....y yo que culpa tengo????
04/10/2014 a las 22:14
perdon doña...mis alusiones son equivalentes a "Que genio! La puta!" que dicho rápidito deriva en que hijo de puta...
sos una capa chichita!
cuando hacés tu blog?
09/10/2014 a las 15:02
es genial como algunos comentarios se condicen con la foto
20/10/2014 a las 03:19
feliz dia chichita!!!
04/10/2014 a las 11:28
Relatos increíbles, cotidianos, a veces muy duros...
Ojalá la vida de mi hijo no dependa de que tenga o no dinero, Equidad.
Sé que el relato va sobre la alarma que se enciende al ser padres pero no puedo pasar por alto, cosas que damos como obvias y no lo son:
"...quería llevar a su hija a un hospital privado porque en los hospitales públicos la mandaban de vuelta a la casa con aspirinetas ..."
 LEOPOLDO MORINI
04/10/2014 a las 05:21
Sos un hijo de puta. Me hiciste darme cuenta de lo que siento hace un tiempo y como un pelotudo no me daba cuenta
04/10/2014 a las 02:10
Gordo HIJODE PUTA COMO NOS VAS A HACER LLORAR ASÏ??!??!
04/10/2014 a las 02:00
A mí tambien me congeló la sangre la frase "está muerta" como dijo #48.
Y se me agigantó la agonía en los dos párrafos siguientes (tres veces, más el bucle de treinta segundos), en que remite a la frase sin decirla.
Se te llena el cerebro de "está muerta" de tanto no leerlo.
Caída libre al desasosiego.
 gabriela elissondo
04/10/2014 a las 00:47
"me puso la piel como un rallador"...
 Duilio Alberto Orazi
03/10/2014 a las 22:05
Hernan, tremenda la historia... Gracias x hacerme dar cuenta de una preocupacion mas que hasta antes de leer esta historia no la habia tenido tan en cuenta como deberia ser!!!

Me gustaba sentirme mas hijo que padre, pero bue, todo acaba, jaja....

Consulta particular y, de acuerdo a las charlas que estuviste dando donde te tildaste de "mentiroso profesional" y que dejabas como recomendacion agrandar la historia y ponerle un poco de mentira para que quede mejor presentada; ¿Cuanto de esta historia es verdad y cuanto mentira?

Si el 100% es verdad, te comento que no me hubiera gustado nada estar en tu lugar (mucho menos en el del taxista, obvio). Que fea situacion para ambos x favor!!!

Abrazo grande....
   edu
04/10/2014 a las 11:35
obvio que no te va a contestar. y, si te contesta, te miente.
 Peyotin
03/10/2014 a las 21:54
Una historia que me pone la piel de gallina, ya que desde que nació mi primer hija me dije que tenia que prepararme mentalmente para poder perderla sin que afectara mi vida (que estupidez), y así me engañe por algún tiempo, hasta que en un sueño la niña murió por un terremoto, y fue la primera vez en mi vida que desperté llorando de una manera inconsolable, al grado que no podía contarle a mi esposa que me pasaba.

Ahí fue cuando conocí el miedo de ser padre.

Saludos.
 Hernán Farías
03/10/2014 a las 21:52
Hermoso Hernán, te felicito de verdad, sos un genio, y me encantó verme viajando en ese taxi con vos, y darme cuenta que yo tambien tengo esa alarma encendida, y no lo sabia hasta ahora. Gordo, sos cada vez mas groso.
03/10/2014 a las 21:15
Hernán, no puedo creer que eso de lo que hablás lo hayas descubierto recién a los 4 años de ser padre. Ese sentimiento de pavor en contraste con la despreocupación anterior es universal,pero aparece instantáneamente con el alumbramiento y el conocimento de que existe algo llamado "muerte súbita del lactante", una cosa tan hija de puta que por sí sola alcanza para explicar la no existencia de TODOS los dioses que se digan buenos
 PaolaNS
03/10/2014 a las 20:23
Hacía mucho que no andaba por acá, cuando deje de llorar, vuelvo.

P.D.: Siempre creí que era inmune a este tipo de sentimientos, hasta que mi hijo más grande no volvió (esa noche) de la fiesta de egresados. A las 10 de la mañana caminaba por las paredes y me debatía entre llamar a los hospitales o a la cana; cuando estaba por agarrar el teléfono, cayó. Con un pedo mortal y el traje hecho mierda, pero en casa :)
 Santiago Urruty
03/10/2014 a las 20:12
Hace un tiempito atras escribiste esto sobre uno de los grandes escritores de cuentos, "Fue maravilloso entender que un cuento (una palabra después de otra, solo tinta sobre papel) podía provocar terror y, a la vez, ganas de seguir sintiéndolo"
Obviamente lo que acabo de leer no me provocó terror pero comparto el asombro de como una sucesión de palabras escritas, ni mas ni menos, puedan transferir las emociones de manera tan fiel.
De lo mejor que te he leido, sin dudas. Muchas Gracias!
 Chuschalo
03/10/2014 a las 20:02
Muy buenos tus relatos Hernán, cuando sea grande quiero ser como vos. Admiración absoluta.
Pequeño aporte:
Pasó por encima de cualquier tradición pelotuda "poque" sabía que ese tire y afloje sería una pérdida de tiempo.
03/10/2014 a las 20:32
Gracias! Agregada la R a "porque".
 Felisa Stangatti
03/10/2014 a las 19:19
La concha de la lora....
03/10/2014 a las 20:32
Sin pecado concebida.
Tini
03/10/2014 a las 18:38
Hernán, maravilla, MARAVILLA! Se me puso la piel de gallina, no podía parar de leer. La redacción, impecable. Sin palabras, sos un genioooooo!!!
03/10/2014 a las 20:33
La redacción tuvo muchos aportes de los comentaristas. El original tenía varios errores y alguna laguna geográfica.
 Diego Spucches
03/10/2014 a las 18:27
Empecé a leer a las 5:30 de la mañana camino al curro y me di cuenta al toque de que iba y sabes que? Lo dejé porque sería imposible atender la cafetería con el nudo que, sabía , se me formaría en la gayola! Menos mal que lo terminé de leer ahora, a las 18:20, con mi hijo merendando al lado mío. Un abrazo padres
 felix iturra
03/10/2014 a las 18:08
La que te pario Hernan, hay denuncias con tu nombre por realizar este tipo de secuestro mental.. nos haces viajar y nos dejas en medio de la nada y pensando..
 Agustín Maurin
03/10/2014 a las 17:53
Notable texto don Casciari. Como ve en mi foto estoy nuevamente en estado de gracia, y como tengo hijos grandes de 27 y 24 ya se que la alarma no se apaga nunca. Y además se, que así como nos angustia que sigan con vida, ellos pueden ser el mejor antídoto contra las aproximaciones de la muerte. Sobre esto escribí este texto en Mundos íntimos de Clarín
http://www.clarin.com/sociedad/abrazos-hacen-bien-corazon_0_1198680260.html
Gracias por todo.
03/10/2014 a las 17:52
¡Muy bueno, Hernán! Me enganché de principio a fin.
03/10/2014 a las 17:49
Gracias Hernán!
03/10/2014 a las 16:26
Pinche sudamericana! me encanta la historia.
03/10/2014 a las 15:58
Genial, che!. Emociona. Muchas gracias!
 Victor Zambenetti
03/10/2014 a las 15:52
Excelente. Me puso la piel de gallina.... Una vez alguien me dijo la siguiente frase: "Cuando sos Padre, ya dejaste de ser Superman"... La entendí el día que nació mi hijo!... Abrazo!
03/10/2014 a las 15:50
Sos un animal. Gran texto!!
 Jose Peiretti
03/10/2014 a las 14:55
Excelente Hernan, como siempre, como todo. Abrazo de alguien que hace dos años tambien cruzo ese limite para siempre
 Santiago Franco
03/10/2014 a las 14:37
Concha de tu hermana, gordo. Me da culpa estar trabajando en vez de ver como están mis dos hijos.
 luis suarez
03/10/2014 a las 14:33
Mil gracias y mas...
03/10/2014 a las 13:43
BSO: Amanece en la ruta - Sueter
03/10/2014 a las 15:20
o fatal destino, Bull Dog
 Juan Armengol
03/10/2014 a las 13:27
Gracias.
03/10/2014 a las 13:10
"porque lo único que podés comprar con plata inesperada es comodidad"
que hijo de puta...que frase.
03/10/2014 a las 20:35
Suena lindo, pero no la entiendo. Creo que sería mejor si en vez de 'único' dijera 'mínimo'. Es más, ahora mismo la corrijo.
04/10/2014 a las 02:15
creo que es al revés...como mucho podés comprar comodidad
aunque uno siempre compra comodidad, con plata propia o de arriba siempre se compra comfort, en forma de libros, de comida o de putas.
es tu frase, pero si me permitís, me suena mejor así como está.
suena a mafia. a unica alternativa. a desesperación. a abstinencia.
04/10/2014 a las 02:25
y la corrigió el guacho nomás...
   edu
03/10/2014 a las 11:04
empecé a leer el relato y paré al toque. ya estaba pensando en escribirte para decirte que en las primeras frases hay algo que no me funciona, que son oscuras. al rato volví desde el principio, pasé de largo esas frases y entré en la lectura desenfrenada. llegado al final, me parece una pelotudez decirte lo de las frases esas. es una paráfrasis de lo que dice el toti en el #72. la madre de un amigo dice que todas las noches se va a dormir pensando si habrán comido bien, si necesitarán algo. mi amigo tiene 50 años y la hermana... no sé... 47, por ahi. la alarma no se apaga
03/10/2014 a las 13:14
viste Edu! Es como el pensamiento con el borrador a la vista.
03/10/2014 a las 20:37
Edu, me interesa mucho saber que es lo que te hace ruido de la primera parte, así lo miro.
 Mr. Bumby
04/10/2014 a las 00:43
Me pasó algo parecido... Algo que me desestabilizó al comienzo del relato.
En base a lo que comenta Edu, volví a leer todo para encontrar que era...
Comienza con "... llega algo y ¡zas!, te cambia para siempre el epicentro del miedo. ... . Un rato antes me habían pagado un dinero ...".
y el párrafo termina con "El problema es que elegí a un taxista que estaba a punto de cruzar un límite".
Esa frase me hizo entrar en pánico. Todo en el mismo párrafo.
Pensé que sería un asalto violento. Algo malo que te pasaría a vos (no al taxista)
Paranoia por los tiempos que corren ?
Leí todo el texto angustiado.
abz
.
   edu
04/10/2014 a las 11:44
no lo sé, hernán. si lo tuviera claro te lo habría dicho al toque. llevo un rato largo releyendo el comienzo del relato, leí también el resto de comentarios por si alguno me iluminaba. y sigo sin tenerlo claro.
mi problema está desde el mismo principio y hasta "el epicentro del miedo." a partir de ahí empieza la espiral de locura que te atrapa.
normalmente en tus cuentos la primera frase es definitiva. por ahí acá también, aunque por ahí es demasiada información vaga. "durante media vida" (la vida se divide en dos mitades), "lo más trágico que te puede pasar" (es probable que pase algo trágico), "egoísta" ("no entiendo", es lo primero que pensé: nunca vi mi muerte como un evento egoísta, te morís, se acabó, el problema siempre fue para los demás). y depués "el epicentro del miedo".
por ahí son muchos palabros (neologismo neo-machista para referirse a palabras importantes): "vida", "trágico", "egoísta", "epicentro".
por ahí era demasiado temprano para empezar a leer, aunque eso nunca fue un problema con tus cuentos (y yo suelo despertarme con todas las antenas enchufadas).
no te ayudé mucho, me temo.
05/10/2014 a las 18:17
Sí, ayudás. Creo que entiendo a lo que te referís. Y lo mismo MR. BUMBY en el mensaje anterior. Gracias por compartirlo!
03/10/2014 a las 06:38
para no hacerse cargo de (la) enfermedad de la nena (?)
inverosímil pero potente, adrenalina penitente
 Cristian Bozzo
03/10/2014 a las 06:12
Me sacaste un poquito de peso.A veces me surgen pensamientos similares con mi hijo de 10 y luego me paranoiqueo.Sos un excelente escritor. Detesto las comparaciones pero recien al terminar tu relato recordé al negro Fontanarrosa cuando escribio su primer libro "Los trenes matan a los autos" . Alli es a mi criterio muy distinto a su obra posterior al relatar cuentos mas oscuros ( por ejemplo"de los suicidios_", relato donde analiza las diferentes formas de suicidio en forma ironica ) .Me paso lo mismo con vos . Esperaba que me hicieras cagar de risa como la mayoria de las veces y me encontre con otra cosa . Pero me encanto igual. Saludos .-
 tachi
03/10/2014 a las 05:40
Hace 23 años que sé de ese pánico para siempre...Creo que mi taxi fue esa vez que el transporte escolar que debía traer a mi hijo de la guardería no llegaba nunca, nunca, pasaban las horas y no había celulares ni nada...Y tenés razón, hasta hoy no encontré el código de seguridad para apagar esa alarma... Entonces, sólo me queda relajarme, agradecer a la vida por tenerlo y recurrir a la magia pura y simple (que es mucho más que pensamiento mágico): "ángel de la guarda, dulce compañía, no lo desampares ni de noche ni de día..."
 Pini
03/10/2014 a las 05:28
Pese a tu tierno intento en Facebook para auyentar a los de ánimo sensible entré igual y terminé descargando la angustia del día mientras te leía.
Gracias, Hernán. Bellísimo como siempre.
03/10/2014 a las 05:26
Gracias. Solo eso tengo para decir. No me saldrían otras palabras, como si el nudo en la garganta me impidiera mover también los dedos. Gracias, de verdad.
 PERLA
03/10/2014 a las 05:11
"Cuando se tiene un hijo,
se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera,
se tiene al que cabalga en el cuadril de la mendiga
y al del coche que empuja la institutriz inglesa
y al niño gringo que carga la criolla
y al niño blanco que carga la negra
y al niño indio que carga la india
y al niño negro que carga la tierra.

Cuando se tiene un hijo, se tienen tantos niños
que la calle se llena
y la plaza y el puente
y el mercado y la iglesia
y es nuestro cualquier niño cuando cruza la calle
y el coche lo atropella
y cuando se asoma al balcón
y cuando se arrima a la alberca;
y cuando un niño grita, no sabemos
si lo nuestro es el grito o es el niño,
y si le sangran y se queja,
por el momento no sabríamos
si el ¡ay! es suyo o si la sangre es nuestra.

Cuando se tiene un hijo, es nuestro el niño
que acompaña a la ciega
y las Meninas y la misma enana
y el Príncipe de Francia y su Princesa
y el que tiene San Antonio en los brazos
y el que tiene la Coromoto en las piernas.
Cuando se tiene un hijo, toda risa nos cala,
todo llanto nos crispa, venga de donde venga.

Cuando se tiene un hijo, se tiene el mundo adentro
y el corazón afuera.

Y cuando se tienen dos hijos
se tienen todos los hijos de la tierra,
los millones de hijos con que las tierras lloran,
con que las madres ríen, con que los mundos sueñan,
los que Paul Fort quería con las manos unidas
para que el mundo fuera la canción de una rueda,
los que el Hombre de Estado, que tiene un lindo niño,
quiere con Dios adentro y las tripas afuera,
los que escaparon de Herodes para caer en Hiroshima
entreabiertos los ojos, como los niños de la guerra,

porque basta para que salga toda la luz de un niño
una rendija china o una mirada japonesa.

Cuando se tienen dos hijos
se tiene todo el miedo del planeta,
todo el miedo a los hombres luminosos
que quieren asesinar la luz y arriar las velas
y ensangrentar las pelotas de goma
y zambullir en llanto ferrocarriles de cuerda.
Cuando se tienen dos hijos
se tiene la alegría y el ¡ay! del mundo en dos cabezas,
toda la angustia y toda la esperanza,
la luz y el llanto, a ver cuál es el que nos llega,
si el modo de llorar del universo o
el modo de alumbrar de las estrellas"
ANDRES ELOY BLANCO
 tachi
03/10/2014 a las 05:41
qué bello ...y qué cierto... Gracias !
 Martin Kazmierski
03/10/2014 a las 05:01
Genial, pero me cago en la puta madre de haberlo leído antes de irme a dormir con mis dos hijos en la habitación de al lado.gracias, sos un amigazo
 Rodi
03/10/2014 a las 04:56
Magistral, gordo, una vez más. Es un relato redondo, perfecto, me ha conmovido porque me transmitió una verdad, la de la empatía de los sentimientos.
 Johanna Aguirre
03/10/2014 a las 04:50
Me dejas sin palabras una vez más. Logras transportarme a la situación y la angustia se apodera de mi y siento tristeza de lo que le pasó a ese taxista. Gracias por compartir relatos así.
 Vero
03/10/2014 a las 04:09
Me quedo con la piel de gallina.
 Jorge Aguirre
03/10/2014 a las 04:06
Tener miedo es estar vivo. Es el mas racional de los sentimientos irracionales
 Mariano Laboureau
03/10/2014 a las 03:53
Hernán; te he leído mucho, te he escrito poco. Pero no te dás una idea de lo que esta frase me destapó las neuronas:"Era una frontera más intensa: había pasado de ser un hijo a ser un padre. Había pasado de no tener miedo nunca a vivir con pánico para siempre." Es en otro contexto que nada tiene que ver con los hijos, pero me adelantaste varias semanas de analista. Gracias!
03/10/2014 a las 03:52
¡Un relato con mucha fuerza, Hernán! ¡Me uno a las felicitaciones! Abrazo.
 Federico Báncora
03/10/2014 a las 03:24
Impresionante!!!
 Oscar Enrique Sánchez Arroyo
03/10/2014 a las 03:14
hace poco pensaba en lo mismo... en que ya no puedes decirte: "este mes no hay trabajo, me ajusto y el que sigue parcho. ahora hay quien no puede ajustarse"...
 tornikón
03/10/2014 a las 02:27
La pucha, si se entenderá ese miedo!! si antes de terminar de leer ya sentía lo mismo que narrabas al final. Abrazo de gol.
 Cocó
03/10/2014 a las 02:26
Muy bueno!!! Volviste a estremecernos con tus relatos...no nos abandones más por tanto tiempo
03/10/2014 a las 02:21
Solo 2 palabra: Bárbaro!!
03/10/2014 a las 02:06
sumale al bajon de la pausa bonsai y es una semana para la pasta...
03/10/2014 a las 02:04
salvaje y honesto...un viaje por la cabeza que pasa todos los días y que maquillamos con la hipocresía y la correccion.
acá está crudo, como un bife.
 Guso
03/10/2014 a las 01:42
No soy fana de comentar, pero me quede tan angustiado que pintó comentario. El relato es áspero, podría decir que es un golpe bajo, pero son cosas que pasan, no se si te pasó posta, pero pasan, y despues de todo, leemos pelotudeces mucho mas morbosas con reflexiones bastante estupidas, asi que quienes somos para juzgar si el golpe fue bajo o no.
Obviamente me pegó mal, debido a mi condición de padre, al que hace rato le sonó la alarma, y sobre todo por el tristisimo hecho de que los pobres nos morimos mas facil. Por el hecho de que somos esclavos que manejamos un taxi, o atendemos un kiosco, o estamos atrás de una computadora, haciendo nada, nada que no suma para nadie, no suma para la humanidad, y ni siquiera podemos pegar la vuelta en U porque el trabajo es mas importante. Creo que eso fue lo que mas mal me pego. Caer en cuenta de que podemos tener una hija con fiebre y por ahí no la llevamos al medico porque me descuentan el presentismo, así que se tendrá que aguantar la fiebre pobre hija hasta que salga del laburo. Y da gracias que tenes laburo, porque sino, no la podes llevar a un privado, y estas peor, porque en el hospital te mandan de vuelta con aspirinetas. Y claro que no me la agarro con el hospital, ni con el estado ni nada. El hospital por ahi anda mejor, por ahi anda peor, que se yo. Mi viejo se murió en un privado porque tenia buena obra social que le pagaba la internación, si hubiera ido al hospital, capaz que zafaba porque lo sacaban con fritas para poder darle la cama a otro. Asi que ni pelado ni con dos pelucas.
Y tanto sufrimiento al pedo. Tanto sufrimiento evitable.
No fue golpe bajo, fue realismo. Y si pasó o no paso me importa tres carajos. Es muy probable que este pasando en este mismo instante.
 carogoedel
03/10/2014 a las 01:29
Uf!!! me dieron ganas de bajarme del cuento a esa velocidad! pero no pude, hta que dejaste el taxi...
03/10/2014 a las 00:51
Cruel relato, cala demasiado hondo, innecesario lo suyo.
 Mr. Bumby
03/10/2014 a las 00:47
Todo culpa de la editorial Aguilar....
En cambio el Chiri, se tomo el bondi calladito y con los bolsillos vacíos llegó a Luján feliz.
Abzzzzzzzz
 Pedro Mourelle
03/10/2014 a las 00:20
Tremendo.
 Mónica
03/10/2014 a las 00:13
Tengo casi 50 años, mi hijo mayor tiene 25. Mientras estaba embarazada, mi madre me compraba una revista para padres "Ser padres hoy"...
Realmente no recuerdo casi nada de esas lecturas. Solo me quedó una frase grabada: Ser padres significa aceptar que vamos a tener miedo toda la vida.
(hoy mi hija menor esta viajando de Rosario a Buenos Aires en auto por primera vez sola... )

Besos
(obviamente me encantó el relato)
04/10/2014 a las 23:35
Mi santa madre queria tener muchos hijos como buena descendientes de italianos. Tuvo seis, tres vivos y tres no llegaron a nacer.
Ella decía que después del primero, nunca pero nunca más dormís tranquia, asi que... miedo eterno por uno o por seis, siempre da miedo eterno.
Yo no estoy tan segura. Tengo dos hijas y tengo dos manos. Si fueran más, (me hubiera gustado) me daba algo.
03/10/2014 a las 00:13
Acabo de terminar una reunión larguísima. Abro los mails y leo "Hay una nueva entrada en Orsai Blog: 'Una alarma inesperada'" entonces me relajo y me tomo un ratito para leer y sacarme de encima lo pesado del día. Leí. Ahora estoy llamando a mi hija para ver como está. Gracias.

Pero qué lindo es leer cuando te pones en escritor, Casciari.
03/10/2014 a las 00:11
El Gordo Casciari está como Riquelme...últimamente juega poco, pero cuando juega... ¡que jugador!
 petty
03/10/2014 a las 00:08
muy bueno
 Lau
03/10/2014 a las 00:02
Gracias, me gusta leerte.
 Florencia Accqua
02/10/2014 a las 23:50
Cuando algo que leemos nos deja pensando es porque debe ser bueno. ¡Te felicito!
02/10/2014 a las 23:38
No todos tus relatos me gustan. Pero estos sí; estos que me dejan con un nudo en la garganta. Voy a extrañar Bonsai, ojalá vuelva en 2015 con todo el empuje.
02/10/2014 a las 23:38
Genial. Muchas gracias.
 Emi
02/10/2014 a las 23:36
¡Hijo de puta!
 Maxil Almirón
02/10/2014 a las 23:35
Angustia
 MIGUEL FRANCISCO Galván Cabello
02/10/2014 a las 23:29
Tremendo Relato, Hernán muchas felicidades. ¿Cuándo vienes a México?
02/10/2014 a las 23:28
Es excelente.
Y, com podés ver en mi foto, yo también soy padre. Y mientras leía creo haber sentido lo mismo que vos sentías. Me suele pasar. Y eso no se sabe hasta que tenés un hijo.
 Irene ARG
02/10/2014 a las 23:27
Increíble sensación de familiaridad. Hice viajes similares por el mismo lugar, pero con el drama de mi lado. Ahora los evoco sin remedio.
Me voy a dar un baño.
 Chula
02/10/2014 a las 23:12
Saladooo
02/10/2014 a las 23:08
NO hay palabras, supongo que los que somos padres, nunca encontraremos las palabras para describir esta sensación.
 edy
02/10/2014 a las 22:58
Que historia Casciari...te pasaste!
 elpenta
02/10/2014 a las 22:55
Excelente historia Hernan, hacia tiempo que no andaba por orsai...Abz!!
02/10/2014 a las 22:54
Hernán, es de lo mejor que te he leido!!

Este cuento es el que tenés que mostrarle a cualquiera que no entienda el concepto de anécdota mejorada.

Felicitaciones!!!!
02/10/2014 a las 22:44
Qué historia, la puta madre.
Es demasiado terrible como para decir que es lo mejor que leí tuyo, pero sin dudas es lo que más me impresionó.
Me heló la sangre cuando dicen "está muerta". No sé si será real o no, pero la sensación sigue siendo la misma.
 yosola
02/10/2014 a las 22:41
Uffffffffffffffff que maravilla es volver a leer al verdadero Orsai que cuenta cosas asi y no al que pone fotos con links a facebook (también es la envidia hablando)
02/10/2014 a las 22:56
Ambos son verdaderos.

;)

Y también que deja emoticones con guiños de ojo.
 Lizpasco
02/10/2014 a las 22:32
Me dijo que su hija desde hacía seis noche --> noches

¿Cómo hace uno para seguir con su vida luego de esta historia?
02/10/2014 a las 22:53
Gracias Liz, corregido. Nos vemos en el taller de Lima.
 Neuquina
02/10/2014 a las 22:32
Ufff tremendo.
 dani22v
02/10/2014 a las 22:26
Que grande que sos para despertar emociones, sensaciones...a todos...a cualquiera..

Me encantó
02/10/2014 a las 22:24
Muchas veces creo sos un boludo, pero entonces escribís algo como esto y el contador se pone a cero... MUY BUEN RELATO!!
02/10/2014 a las 22:53
¡Los anti-piropos del Zacarías!
03/10/2014 a las 00:17
:P
 PPLANDA
02/10/2014 a las 22:22
ufff.... hace mucho que no te veia hernán...gracias por la magia
02/10/2014 a las 22:11
Extrañaba textos de este tipo como extraño que Charly García no haga nuevas canciones.
 Jhordan PLG
02/10/2014 a las 22:10
Al segundo día de nacido mi hijo se suponía que nos íbamos a casa, cuando estábamos alistando las cosas para salir del hospital, nos dieron la noticia. Mi esposa, hijo y yo pasamos poco más de una semana en ese lugar, entre exámenes, medicinas, rezos, llamadas de familiares, lloriqueos, desesperación, preocupación y todo lo que se le pueda parecer, ahí conocí ese miedo.
 superpogo
02/10/2014 a las 22:08
Me encantó...

"En un momento empezó a cambiar el paisaje: se empezaron a estirar los árboles y las fábricas en la ventanilla"

Y lo de la baldoza... Ja. Tremendo.

Abrazos desde Córdoba. Arg.
02/10/2014 a las 22:05
Mierda. Qué fuerte. El sacudón necesario que nos llega a la mayoría para hacernos tomar conciencia no sólo del "otro", sino también de la muerte, de nuestra finitud y de la de los que amamos. A veces nos llega a rachas. A vos te llegó todo junto en ese taxi. Impecable relato.

Un par de detalles: "desde hacía seis noche volaba..." (falta la s en "noches)
"Empezó a sonar una alarme" ("alarma")
02/10/2014 a las 22:51
Gracias Patricia, corregidas ambas.
 Oscar Zarate
02/10/2014 a las 22:00
Voy a tener que revisar bastante. Pero así, en caliente, es lo mejor que te he leído. Y esa noche del libro, la Canoura y el Chiri yo estuve en el teatro, compré el libro y me lo firmaste mientras Nina correteaba con algún primo por el foyer...
02/10/2014 a las 22:50
Sí, claro. me acuerdo!
 Pepe
02/10/2014 a las 22:00
La CTM!!
que intenso !!
demasiado fuerte, me sacó la mierda en plena chamba
y me encendiste esa alarma para siempre
 Juan Ignacio Barrera
02/10/2014 a las 22:00
Increíble Hernán el relato, me transportaste a esa noche con tus palabras.
Abrazo!
 Paula Fernandez
02/10/2014 a las 21:59
Hernán siento que somos familia, por qué será?
02/10/2014 a las 22:49
Tu mamá se llama Chichita?
 Ignacio Pegue
02/10/2014 a las 21:58
Qué buen texto! Qué bueno que volviste!
 Nahuel Tori
02/10/2014 a las 21:58
Muy bueno Hernán, me encantó.
02/10/2014 a las 21:57
¡Excelente. Mucho ritmo. Gracias, escritor gordo!
02/10/2014 a las 21:55
Pocas cosas te hacen perder la noción del tiempo/espacio como la imagen de un hijo sufriendo. Cuando al mío le explotó una botella de cerveza en el rostro crucé media ciudad de La Plata en menos de 5 minutos, sin medir consecuencias, pensándolo en frío una inconciencia total.

Excelente historia, hacia rato no leí algo con tantas ganas de llegar al final.

PD: la historia completa de mi hijo en http://loscaminosdeegurondita.blogspot.com.ar/2012/02/el-cambio.html
 Gragold
02/10/2014 a las 21:54
Ponele que todo esto se resolvió en el peaje de Hudson... ahí sí
02/10/2014 a las 22:49
Eso hice.
 taximetrista
02/10/2014 a las 21:52
Tremendo Hernán. Tremendo.

Correcciones:
«...hacerse cargo de enfermedad...»
«...una alarme insoportable...»
02/10/2014 a las 22:49
Gracias, ya están corregidas.
 Gragold
02/10/2014 a las 21:52
Hay un tema... si te dejó ahí no pudo doblar en U porque la autopista es mano única y hasta el peaje no podés girar... contramano no dura ni veinte metros
02/10/2014 a las 22:47
Corregido, gracias!
02/10/2014 a las 21:45
El miedo de todo padre... Genial la historia!!!
02/10/2014 a las 21:44
Qué fuerte.
02/10/2014 a las 21:42
¡Tremendo, Hernan!
02/10/2014 a las 21:42
Menuda historia y al empezar a leerla pensé que era algo ya conocido.
02/10/2014 a las 22:46
Porque la primera parte la había contado, brevemente, en una sobremesa de la Orsai Número 1.
02/10/2014 a las 21:40
Que hijo de puta no podes hacer esto en horario laboral
02/10/2014 a las 22:46
Acá ya es de noche.
 Ger39
02/10/2014 a las 21:39
Mortal
02/10/2014 a las 21:38
pah!

te extrañaba casciari...

gracias!
02/10/2014 a las 21:38
... seis noche ...
Falta la S
02/10/2014 a las 22:45
Gracias, corregido!
 Nico
02/10/2014 a las 21:37
Genial el relato... Me puso la piel de gallina...
 Kat
02/10/2014 a las 21:37
uf, preferiría no haberlo leído.
 Quique
02/10/2014 a las 21:35
Excelente historia. Bien contada y un final impecable.
 Rulo
02/10/2014 a las 21:34
Que hijoeput. que sos gordo, siempre me voy a quedar con las dudas si son cuentos o en realidad te pasan tantas cosas raras
 Pablick
03/10/2014 a las 03:36
Anecdotas mejoradas.
02/10/2014 a las 21:34
La puta madre. ¿Por qué camino a La Plata? Me hiciste llorar con conocimiento de autopista.
 LuzBelito11
02/10/2014 a las 21:34
Un pequeño error tecnico que no sé si vale la pena q corrijas: Es imposible girar en U en la BA-LP, pq tenes el tabique de concreto en el medio... Cada no se cuantos km, hay un alambrado. Podes poner que giro, tiro el alambrado a la mierda y volvio a la capital. Bah, o dejalo asi, q se yo...
02/10/2014 a las 21:35
Pensé lo mismo, pero no importa.
02/10/2014 a las 22:48
Ya cambié el párrafo para que se entienda mejor. Lástima, porque la historia tenía exactamente dos mil palabras, y ahora no.
 sarhugo
02/10/2014 a las 22:51
Deja la vuelta en U, si nos ponemos quisquillosos la corrección tampoco sirve, al faltar entre 10 o 15 km a La Plata ya no hay peajes ;)
 carogoedel
03/10/2014 a las 01:33
Con la locura que vivía seguro erró al cálculo...
 Marcelo Galeano
02/10/2014 a las 21:33
Excelente.....
02/10/2014 a las 21:32
Muy fuerte.

La introducción la conociamos, pero el viaje no.
02/10/2014 a las 21:32
"Empezó a sonar una alarme insoportable" -> alarma
02/10/2014 a las 22:44
Corregido!
02/10/2014 a las 21:29
pri
 ORM MAG
02/10/2014 a las 21:32
Hace un cuarto de hora, que le ganó otro.
Una duda existencial para el tocayo, ¿los que escriben PRI, realmente leen las historias antes del pri?

No sé, hoy tuve la suerte de estar Top ten, pero me dejó tan dada vuelta que ni ganas de festejar me quedó.

Saludos,

MArcela Gaitan.
Almagro.
02/10/2014 a las 21:51
Hola Marcela,
el pri se pone antes de leer.

Saludos
02/10/2014 a las 21:44
-10
 ORM MAG
02/10/2014 a las 21:27
Ah, la puta, que historia!
No apta para las 16 y27 de un día de mucho laburo.
loparió!
 sarhugo
02/10/2014 a las 21:25
Que ganas de ennudarme la garganta a esta hora un jueves gordo!
 ORM MAG
02/10/2014 a las 21:29
Hola, Hugo, vos qué hora tenés, para vos también son las 16 y 30 masomenos?
Por qué dice, 21:25 tu post y el mío 21:27 ¿Hora de España?

Nada, te escribo a vos, porque sos el inmediato anterior, jajajaja! Y te pasó lo mismo, una historia tan de noche, que nos parte al medio en mitad de una tarde.

Salutis.
Marcela.
 sarhugo
02/10/2014 a las 21:36
Si, 16:30. Se ve que tienen configurado el sitio con la zona horaria de españa.

Nota para el dev: mirate http://momentjs.com/ ;)
 GoodKikin
02/10/2014 a las 22:54
Acabo de pensar lo mismo, no apta para un día de chamba!!
 Jose Chavez
04/10/2014 a las 00:42
Tal vez no conozca el juego del PRI implementado por el mismísimo Hernan http://editorialorsai.com/pri/reglas.php
 Chuletapelada
02/10/2014 a las 21:23
Terrible!
 GoodKikin
02/10/2014 a las 21:22
top ten!!
 Nico
02/10/2014 a las 21:21
Ayy, por que poquito no fui pri... Quin?
 Rodrigo Villar
02/10/2014 a las 21:18
Podio
 Carlos Vazquez
02/10/2014 a las 21:18
Podio?
02/10/2014 a las 21:14
Sec!
02/10/2014 a las 22:02
Juanjo, no me digas que vos también ponés PRI o SEC antes de leer la entrada? :(
06/10/2014 a las 05:43
Es un vicio :D
 Juan Ignacio Barrera
02/10/2014 a las 21:13
Pri