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Vida privada
miércoles 17 de agosto, 2005

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Vida privada
miércoles 17 de agosto, 2005

La leyenda del Negro Sánchez

       

Esta historia me encanta: el Chiri y yo estábamos en mi pieza de arriba escuchando Pescado Rabioso o algo de eso, mientras promediaba el año 88. Nos habíamos escapado de la clase de gimnasia, y era una tardecita intrascendente de junio. Entonces, a la mitad de A Starosta el Idiota, suena el teléfono. Atiendo y del otro lado alguien dice un color y un apellido. Me pongo pálido. Tapo el auricular y le digo al Chiri, asustadísimo: ¿Sabés quién llama? El Negro Sánchez.

El Chiri se ríe, incrédulo, porque es imposible. Al Negro Sánchez lo conocía todo el mundo en Mercedes, pero más que nada de mentas. No era famoso: era trístemente célebre. Nosotros, por supuesto, habíamos oído también sobre su leyenda, aunque jamás le habíamos visto la cara.

La leyenda decía que el Negro Sánchez, a los nueve años, había sido campeón provincial de tiro con pistola, y que desde entonces se había convertido en un chico fibroso, oscuro y demencial. A los quince, ya tenía mala fama en todo el Oeste. A los dieciocho, se había trenzado en peleas sanguinarias con tipos más grandes que él, y los había mandado, uno por uno, a la clínica Cruz Azul. Se decía que el Negro Sánchez no dejaba moretones: dejaba politraumatismo encefálico.

La tarde que llamó a casa por sorpresa, La Leyenda ya tenía casi venticuatro años, y las cosas que se comentaban sobre él traspasaban todas las fronteras. Se decía que había matado a un señor a patadas en la cabeza, que había huído clandestino a Chile, y que había vuelto años después, y de noche.

Ahora vivíamos en la misma ciudad, pero en dimensiones diferentes de la ciudad: el Chiri y yo éramos dos loquitos sociables que andábamos siempre escribiendo guiones y tirándonos piedras en la plaza; y él, en cambio, ya se había convertido en un personaje marginal frente al que las viejas se persignaban mientras cambiaban de vereda.

El Chiri, por supuesto, pensó que el llamado intempestivo era una joda. Así que se fue al otro teléfono a escuchar la conversación, que fue corta.

—¿Sos el Gordo Casciari? —me dice la voz del Negro Sánchez, cavernosa. Yo trago saliva y digo que sí.

—Me estuve enterando que vos y el Chiri Basilis están haciendo un documental sobre Mercedes, para Telecable... —Digo que sí.

—Entonces los quiero ver en media hora en La Recoba. Busquenmé en la mesa de los espejos. —Digo que bueno, y me corta.

Nos quedamos quietos, el Chiri y yo, cada cual con su teléfono en la mano, y con los ojos como el dos de oro. (Años después, recordando esto, confesamos habernos sentido como si a Borges lo hubiera telefoneado don Nicanor Paredes.)

Salimos de casa sin hablar. Nueve cuadras en silencio, cosa rara. Llegamos a La Recoba y cogoteamos para el lado de las mesas. Una sombra nos levantó la mano. Ahí estaba: Pablo Alberto Sánchez en persona; La Leyenda. Él iba por el segundo wisky; el Chiri y yo pedimos dos cervezas y nos sentamos sin decir una palabra. Éramos conscientes de que nuestra adolescencia, en ese momento de la tarde, estaba torciendo el rumbo para siempre.

A las dos horas de charla descubrimos que no. No nos habíamos encontrado con un mito viviente, sino con un tipo cansado de su fama pendenciera. O capaz que el hombre estaba en un día bajo, pero lo cierto es que no parecía la clase de criminal salvaje del que hablaba todo el pueblo.

Se le había ocurrido una idea, nos contó. Quería escribirle cien cartas, a máquina, a las cien personas más importantes de su vida. Nos pedía ayuda gramatical. Nos dijo que una vez escritas las cartas, iba a comprar cien sobres con cien estampillas, y se las iba a mandar por correo a los elegidos.

—Obviamente todas las cartas, si las pongo juntas una arriba de la otra —nos dijo— van a ser también mi autobiografía.

Un malevo de suburbio no habla así, pensamos con el Chiri. Un asesino que mata gente a patadas no tiene esas ideas buenísimas.

Después quiso que le contáramos el proyecto de documental que estábamos filmando, y se interesó mucho en los detalles. Se notaba, con claridad, que tenía deseos intelectuales que no podía satisfacer en su ambiente marginal. Y que nos había elegido a nosotros para involucrarse con otra clase de gente, a ser posible desde el territorio de las ideas.

A nosotros lo que nos asombraba era su lucidez, pero sobre todo la oscuridad de donde provenía. Su inteligencia, mezclada con su epopeya, nos provocó fascinación durante años. Por eso, porque nos necesitábamos en ese momento de la vida, nos hicimos grandes amigos a una velocidad inusual, y hasta el día de hoy.

A la tarde siguiente volvimos a encontrarnos, pero esta vez nos fuimos directo para mi casa. Los tres. Eran las cuatro de la tarde de un día laborable (no hubiera llevado jamás al Negro Sánchez a casa con mis padres adentro). La que sí estaba era mi hermana, que tenía catorce años y estudiaba solfeo en el comedor, justo a esa hora.

Mi hermana me odiaba; a mí, y a todos mis amigos.

Entramos sigilosamente, y cuando íbamos a encarar derecho para mi pieza, el Negro Sánchez se quedó embobado con la música del piano y se metió al comedor sin pedir permiso. Yo temblé, porque mi hermana era muy inestable en aquella época, y era capaz de mandarlo a la mierda sin saber que era el Negro Sánchez, un tipo que había matado gente por menos que un insulto. El Chiri directamente cerró los ojos.

Mi hermana, al sentir presencias, dejó de tocar el piano y se dio la vuelta. Nos vio a los tres ahí parados, y dijo lo de siempre:

—¡Rajen de acá que estoy estudiando, estúpidos!

El Negro Sánchez la miró fijo a los ojos, y se acercó dos pasos. El Chiri y yo supimos entonces que había sido una mala idea traer a casa a un criminal para hablar de literatura. Lo supimos, como casi todo en la vida, demasiado tarde. El Negro Sánchez seguía mirando a mi hermanita de catorce años a los ojos, y ella a él. Durante un siglo el silencio de todo Mercedes hizo equilibrio en la línea recta de esas dos miradas. Entonces habló La Leyenda:

—¿Cómo te llamás?

—Florencia —dijo mi hermana.

—Con tu hermano vamos a quedarnos acá en el comedor, Florencia —dijo el Negro Sánchez—. Así que mejor que toques el piano otro día. Ahora quiero que vayas a la cocina y me prepares un té.

Al revés de lo que esperábamos, mi hermana se levantó del taburete, hipnotizada, y salió en silencio para la cocina. La Leyenda se acomodó en el sillón, como si no hubiera ocurrido ningún milagro. Ni el Chiri ni yo podíamos creer de qué modo aquel hombre oscuro había amansado a la fiera.

Cinco minutos más tarde, mi hermana volvió con una taza de té, y se la dejó en la mesita sin decir ni pío. Tres años más tarde se casaron y se fueron de Mercedes.

Ahora mi hermana está esperando el cuarto hijo del Negro Sánchez, que llegará en septiembre de este año. Yo soy el padrino de Rebeca, la primera, que ahora tiene la misma edad que tenía mi hermana cuando se fue a prepararle un té a La Leyenda.

Hernán Casciari
miércoles 17 de agosto, 2005


La leyenda del Negro Sánchez

por Hernán Casciari

Esta historia me encanta: el Chiri y yo estábamos en mi pieza de arriba escuchando Pescado Rabioso o algo de eso, mientras promediaba el año 88. Nos habíamos escapado de la clase de gimnasia, y era una tardecita intrascendente de junio. Entonces, a la mitad de A Starosta el Idiota, suena el teléfono. Atiendo y del otro lado alguien dice un color y un apellido. Me pongo pálido. Tapo el auricular y le digo al Chiri, asustadísimo: ¿Sabés quién llama? El Negro Sánchez.

El Chiri se ríe, incrédulo, porque es imposible. Al Negro Sánchez lo conocía todo el mundo en Mercedes, pero más que nada de mentas. No era famoso: era trístemente célebre. Nosotros, por supuesto, habíamos oído también sobre su leyenda, aunque jamás le habíamos visto la cara.

La leyenda decía que el Negro Sánchez, a los nueve años, había sido campeón provincial de tiro con pistola, y que desde entonces se había convertido en un chico fibroso, oscuro y demencial. A los quince, ya tenía mala fama en todo el Oeste. A los dieciocho, se había trenzado en peleas sanguinarias con tipos más grandes que él, y los había mandado, uno por uno, a la clínica Cruz Azul. Se decía que el Negro Sánchez no dejaba moretones: dejaba politraumatismo encefálico.

La tarde que llamó a casa por sorpresa, La Leyenda ya tenía casi venticuatro años, y las cosas que se comentaban sobre él traspasaban todas las fronteras. Se decía que había matado a un señor a patadas en la cabeza, que había huído clandestino a Chile, y que había vuelto años después, y de noche.

Ahora vivíamos en la misma ciudad, pero en dimensiones diferentes de la ciudad: el Chiri y yo éramos dos loquitos sociables que andábamos siempre escribiendo guiones y tirándonos piedras en la plaza; y él, en cambio, ya se había convertido en un personaje marginal frente al que las viejas se persignaban mientras cambiaban de vereda.

El Chiri, por supuesto, pensó que el llamado intempestivo era una joda. Así que se fue al otro teléfono a escuchar la conversación, que fue corta.

—¿Sos el Gordo Casciari? —me dice la voz del Negro Sánchez, cavernosa. Yo trago saliva y digo que sí.

—Me estuve enterando que vos y el Chiri Basilis están haciendo un documental sobre Mercedes, para Telecable... —Digo que sí.

—Entonces los quiero ver en media hora en La Recoba. Busquenmé en la mesa de los espejos. —Digo que bueno, y me corta.

Nos quedamos quietos, el Chiri y yo, cada cual con su teléfono en la mano, y con los ojos como el dos de oro. (Años después, recordando esto, confesamos habernos sentido como si a Borges lo hubiera telefoneado don Nicanor Paredes.)

Salimos de casa sin hablar. Nueve cuadras en silencio, cosa rara. Llegamos a La Recoba y cogoteamos para el lado de las mesas. Una sombra nos levantó la mano. Ahí estaba: Pablo Alberto Sánchez en persona; La Leyenda. Él iba por el segundo wisky; el Chiri y yo pedimos dos cervezas y nos sentamos sin decir una palabra. Éramos conscientes de que nuestra adolescencia, en ese momento de la tarde, estaba torciendo el rumbo para siempre.

A las dos horas de charla descubrimos que no. No nos habíamos encontrado con un mito viviente, sino con un tipo cansado de su fama pendenciera. O capaz que el hombre estaba en un día bajo, pero lo cierto es que no parecía la clase de criminal salvaje del que hablaba todo el pueblo.

Se le había ocurrido una idea, nos contó. Quería escribirle cien cartas, a máquina, a las cien personas más importantes de su vida. Nos pedía ayuda gramatical. Nos dijo que una vez escritas las cartas, iba a comprar cien sobres con cien estampillas, y se las iba a mandar por correo a los elegidos.

—Obviamente todas las cartas, si las pongo juntas una arriba de la otra —nos dijo— van a ser también mi autobiografía.

Un malevo de suburbio no habla así, pensamos con el Chiri. Un asesino que mata gente a patadas no tiene esas ideas buenísimas.

Después quiso que le contáramos el proyecto de documental que estábamos filmando, y se interesó mucho en los detalles. Se notaba, con claridad, que tenía deseos intelectuales que no podía satisfacer en su ambiente marginal. Y que nos había elegido a nosotros para involucrarse con otra clase de gente, a ser posible desde el territorio de las ideas.

A nosotros lo que nos asombraba era su lucidez, pero sobre todo la oscuridad de donde provenía. Su inteligencia, mezclada con su epopeya, nos provocó fascinación durante años. Por eso, porque nos necesitábamos en ese momento de la vida, nos hicimos grandes amigos a una velocidad inusual, y hasta el día de hoy.

A la tarde siguiente volvimos a encontrarnos, pero esta vez nos fuimos directo para mi casa. Los tres. Eran las cuatro de la tarde de un día laborable (no hubiera llevado jamás al Negro Sánchez a casa con mis padres adentro). La que sí estaba era mi hermana, que tenía catorce años y estudiaba solfeo en el comedor, justo a esa hora.

Mi hermana me odiaba; a mí, y a todos mis amigos.

Entramos sigilosamente, y cuando íbamos a encarar derecho para mi pieza, el Negro Sánchez se quedó embobado con la música del piano y se metió al comedor sin pedir permiso. Yo temblé, porque mi hermana era muy inestable en aquella época, y era capaz de mandarlo a la mierda sin saber que era el Negro Sánchez, un tipo que había matado gente por menos que un insulto. El Chiri directamente cerró los ojos.

Mi hermana, al sentir presencias, dejó de tocar el piano y se dio la vuelta. Nos vio a los tres ahí parados, y dijo lo de siempre:

—¡Rajen de acá que estoy estudiando, estúpidos!

El Negro Sánchez la miró fijo a los ojos, y se acercó dos pasos. El Chiri y yo supimos entonces que había sido una mala idea traer a casa a un criminal para hablar de literatura. Lo supimos, como casi todo en la vida, demasiado tarde. El Negro Sánchez seguía mirando a mi hermanita de catorce años a los ojos, y ella a él. Durante un siglo el silencio de todo Mercedes hizo equilibrio en la línea recta de esas dos miradas. Entonces habló La Leyenda:

—¿Cómo te llamás?

—Florencia —dijo mi hermana.

—Con tu hermano vamos a quedarnos acá en el comedor, Florencia —dijo el Negro Sánchez—. Así que mejor que toques el piano otro día. Ahora quiero que vayas a la cocina y me prepares un té.

Al revés de lo que esperábamos, mi hermana se levantó del taburete, hipnotizada, y salió en silencio para la cocina. La Leyenda se acomodó en el sillón, como si no hubiera ocurrido ningún milagro. Ni el Chiri ni yo podíamos creer de qué modo aquel hombre oscuro había amansado a la fiera.

Cinco minutos más tarde, mi hermana volvió con una taza de té, y se la dejó en la mesita sin decir ni pío. Tres años más tarde se casaron y se fueron de Mercedes.

Ahora mi hermana está esperando el cuarto hijo del Negro Sánchez, que llegará en septiembre de este año. Yo soy el padrino de Rebeca, la primera, que ahora tiene la misma edad que tenía mi hermana cuando se fue a prepararle un té a La Leyenda.

Hernán Casciari
miércoles 17 de agosto, 2005


¿Te gustó esta historia?

Pertenece al libro El pibe que arruinaba las fotos, de Hernán Casciari. Está a la venta en la Tienda Orsai y te lo mandamos a tu casa sin gastos de envío.


 David Heidel
01/10/2016 a las 01:58
Excelente!
 gustavo sosa
17/11/2014 a las 01:45
 Carla Pereyra
02/05/2013 a las 22:54
"Durante un siglo el silencio de todo Mercedes hizo equilibrio en la línea recta de esas dos miradas." Me saco el sombrero que no tengo, maestro.
walquiria
28/11/2005 a las 14:13
Acotaciones a los últimos comments
1) La tía Ingrid a la que hace referencia Juan, soy yo, Walquiria, tía de Hernán, por lo cual Juan y Hernán son primos.- Y sí, cumplí los 50...
2) No era 15 de septiembre, fue el 15 de octubre
3) Curiosidad: las 88 teclas del piano que tocaba Juan esa noche del 15/10 eran las mismas 88 teclas que tocaba Florencia el supuesto día que conoció al Negro Sanchez.- Ese piano, luego de una extraña permuta por una motito terminó en mi casa.-
4)No importó que los Sanchez llegaran tarde a la fiesta, lo importante es que llegaron a pesar de todos los inconvenientes que tuvieron, y eso se agradece.- Otros se hubieran quedado tomando mate en su casa.-
5) Como dice Chichita los Sanchez son una familia ejemplar.-
Fin
Un beso
Walquiria
Pablo Sánchez
12/11/2005 a las 05:48
A decir verdad, no había llegado tan tarde como se comenta, lo que si es muy cierto es que Juan me llevaba una ventaja notable en la cantidad de copas la cual intenté recuperar sin éxito. De todos modos tuve el honor de presenciar a "Los Carabajal's" en el mejor de los momentos del trío. Una velada Cool y cajetilla 100%.
También tuve la suerte de rescatar al grupo de Jerónimo, "El tiempo corre" al cual pueden conocer en esta pagina: www.eltiempocorre.tk/ y fotolog.terra.com.ar/eltiempocorre los primeros pasos de una banda que va a dar que hablar...
El Angel Gris
18/10/2005 a las 14:18
Que alguien interrumpa Libertango porque llega un hombre, me ´genera un respeto reverencial, casi cagazo por el recién llegado.
juan carabajal
17/10/2005 a las 23:34
ahi va la ultima del negro...15 de septiembre de 2005,mi tia Ingrid festejaba sus 50 en su nueva casa de beccar, el negro y florencia con sus 4 hijos llegaban tarde , se habian perdido en el trayecto la plata -beccar, ya habia tocado una banda , habian pasado los mariachis y con mis dos hermanos (Pedro en Cello y Ana en flauta traversa) estabamos por el tercer tema de astor piazzolla... entre cinco copas de vino yo atinaba lo mejor posible a esas 88 teclas del piano, la gente escuchaba atenta y en medio de "Libertango" escuche...- Juan...¡empiezen de nuevo!Habia llegado el negro sanchez
cesar
28/09/2005 a las 20:31
Entré de casualidad a este blog, y debo decirte que la historia en particular me fascinó, y el blog me parece de lo mejor que he leído. Saludos desde Argentina
Pablo Sanchez
25/09/2005 a las 07:00
Bueno racinguista i, tal vez Ud. quiera saber sobre mi accidente en el acensor del cual salí ileso, o quizá quiera profundizar en el echo y que le cuente con detalles morbosos la forma en la que fueron desapareciendo los testigos del mismo, no sé, su pedido suena capcioso...
racinguista i
14/09/2005 a las 14:49
la historia del *NEGRO en el asensor*
pero en el fondo
Pablo Sanchez
09/09/2005 a las 05:42
A partir de este momento este sector de Orsai es mío.
Cualquier consulta referente a mi pasado o presente la contestaré personalmente.-
Blackant
21/08/2005 a las 16:57
Tuve el mismo sentimiento con esa que Futuro Exiliado arriba.
Gracias también. Serà por eso que los sabios son viejos.
Futuro Exiliado
21/08/2005 a las 12:43
"Lo supimos, como casi todo en la vida, demasiado tarde."

Gracias, se ve que no soy el unico.
 olo mosquera
21/08/2005 a las 12:41
El mismo. Me conmueven los lectores que utilizan el archivo.
Gabriel
21/08/2005 a las 11:39
Deduciendo responsabilidades, asumo que el famoso Negro Sánchez fue el mismo que echó a la empleada de la casa de los Casciari después de 9 años de servicio. Quisiera que me proporcionaran más información, sólo para sacarme la duda.

"El ruido del garage"
pecadora
20/08/2005 a las 18:22
Che, a ver si se ponen las pilas y opinan sobre la calidad literaria del post, que esto ya parece "orsai,orsai" (como "corazón, corazón" español)
Lukre
20/08/2005 a las 09:02
Después de leer el comentario de Chichita, que debe ser tu madre, veo que lo del negro quedo en su juventud.
Menudo cuñado te echaste Hernán.
Bueno mejor dicho, menudo personaje se caso con tu hermana :)
Gabriel
20/08/2005 a las 06:59
Muy buena sugerencia vos Duda. Desde siempre, los tipos que mi hermana trae a la casa no han sido de mi agrado. Bueno, creo que de nadie jeje.
DudaDesnuda
20/08/2005 a las 06:39
Gabriel: yo que vos comenzaría a investigar.

Besos y lupas.
Gabriel
20/08/2005 a las 02:56
Un cuñado asesino... mis cuñados han sido siempre mocosos sucios, salsas, borrachos y buscapleitos, pero nunca han matado a ningún señor a patadas en la cabeza (al menos que yo sepa jajaja...)
Bob Row
20/08/2005 a las 01:45
¿No era que los tangos iban en el blog de Nina? Yo este lo conozco:
Decí por dios qué me has dao
que estoy tan cambiao
no sé más quién soy
....
Faro justiciero
20/08/2005 a las 00:43
¡Todos somos el Negro Sánchez!
Carolaina
19/08/2005 a las 15:20
El post esta muy bueno, pero algunos comentarios son increibles!
que pedazos de joputas! me encantan
El Angel Gris
19/08/2005 a las 14:24
Me quedé pensando, si ha Chichita le gusta el Negro Sanchez, no quiero imaginarme lo que habrán sido los novios anteriores de Florencia!!!!
19/08/2005 a las 13:35
Sí, Chichita, pero se está olvidando de lo importante:

¿Hernán ya era en ese entonces el gordo Casciari?
DudaDesnuda
19/08/2005 a las 07:01
Ángel, te olvidaste de Raúl Porchetto.

Chichita: pero antes de conocer a la nena, era tan jodido como lo cuenta Hernán o éste para darle mas emoción al relato se mando algunas exageraciones dignas de un andaluz???

Besos y salvavidas.
ElTeta
19/08/2005 a las 04:44
¿Perfume de malevo importado?
Nos tapó el agua
El Angel Gris
19/08/2005 a las 02:50
Chichita, yo por las dudas no le daría la espalda.
Ada
19/08/2005 a las 01:38
Ahí tienen: el amor.

Qué lindo todo lo que dice de su yerno. Ojalá él lo lea también.
Laura C.
19/08/2005 a las 00:52
Que te tiró Chichita! Se me pianta el lagrimón! hacía falta este complemento para la historia obviamente!
Chichita (suegra orgullosa)
19/08/2005 a las 00:34
Como cuento me encanto. Pero ni ahi!..de parecido al negrito Sanchez que yo conozco.
Pocas suegras pueden hablar bien de sus yernos como yo. Mas aun, muchas menos quieren a sus yernos como yo quiero al negro. (por algo recorri toda Barcelona para encontrar el perfume que a el le gustaba) Es un exelente esposo,un exelente padre. Si vieran ustedes lo bien educados que son mis tres ñietos. Y lo mas raro aun lo cariñosos que son con todas las personas. Eso indica que Pablo y Florencia han formado una familia como pocas se ven en estos tiempos, tan convulsionados, en donde la familia pareceria algo obsoleta.
Roberto y yo estamos orgullosos del yerno que tenemos. Y esto no es un cuento. y tampoco se si esta bien escrito. Solo se que esta escrito con el corazon .Y es la verdad.
El Angel Gris
19/08/2005 a las 00:06
La miró como miran los "Negros Sanchez", por otra parte como todos sabemos los "Negros Sanchez" nunca gritan.
Laura C.
18/08/2005 a las 23:51
Yo no imagino la situación con el Negro gritándole a tu hermana...Me lo imagino con la mirada de un ofidio(si digo víbora es demasiado fuerte no?)que congela a su víctima antes de devorarla!Pah!Me salió perverso el coment!
no
18/08/2005 a las 23:36
Pero y si lo que pasó fue que empezó una relacion basada en la violencia?

Ya de entrada la chica actua en forma violenta para hechar a los pibes.

Aparece este loco, le pega un par de gritos y la domina. Habla el mismo idioma de la prepotencia. Ahi baja la cabeza y obedece, pero quizas luego contraataque mas tarde, y luego la relacion se eternice en una guerra-pasión continua.
El Angel Gris
18/08/2005 a las 22:34
Videla, Agosti, El negro Sanchez y el Chicho Lagos.

Por Mercedes no paso ni en avión.
El Ruso del SOLBAID
18/08/2005 a las 22:07
Hernan ¿para cuando la leyenda del CHICHO LAGOS???
Fede
18/08/2005 a las 10:22
No te enganches, Sánchez
Kike
18/08/2005 a las 09:34
Tus textos me gustan día más.
Mexicanena
18/08/2005 a las 07:19
Venga!! Hoy me recomendaron el blog.. que buena historia...
Buena hasta para exigentes e incredulas como yo

Lo que me pregunto es que cada cuanto lees los comentarios.. los lees? si los lees para que? para saber si sacó ampula lo que escribiste o solo por curiosidad? o ninguna de esas??

un bezaso Hernan
Pipo, de Ezpeleta
18/08/2005 a las 07:05
Entregar a la hermana de 14 a un asesino de 24? Sí, ya sé, leí la historia, pero en ese momento...
DudaDesnuda
18/08/2005 a las 07:05
¿Además de ser todo lo qué es, es apadrinado por la mafia?????????????

Con razón lo publicó Clarín. Turrooooooooooooooooooooooooo!!!
PatoMusa
18/08/2005 a las 05:17
Disculpen, pero no encuentro la parte del relato donde dice que el Negro se regeneró. Que haya formado una familia no descarta el modelo "Sopranos".

Felicitaciones, Hernán!
luis ricardo
18/08/2005 a las 03:24
Qué seguridad, qué personalidad demoledora!
Y qué bueno que no vio Disparen contra el pianista, de Truffaut.
deapoco
17/08/2005 a las 22:27
vos decis que hay drogas regenerativas o que fue simplemente a chancletazos de Chichita?
Horacio
17/08/2005 a las 21:48
Porque se da por descontado que hubo una cura por amor? Esa es sólo una de las posibilidades.
El Ruso del SOLBAID
17/08/2005 a las 21:44
exactamente
El Angel Gris
17/08/2005 a las 21:36
SOLBAID = DIABLOS ????
El Ruso del SOLBAID
17/08/2005 a las 21:08
Conociendo al Negro Sanchez yo le hubiera entregado también al Chiri y al perro....por las dudas.
Benedicto XVI
17/08/2005 a las 20:56
Y ustedes hijos míos, que hacen que no han salido ya para las jornadas de la juventud en Colonia?
Les dejo mi bendición.
Urbi et Orbi
 danicelma
17/08/2005 a las 20:25
#41 lalodulce, hace el favor y no degeneres un post intelectual con esos comentarios!!! :p
Matu
17/08/2005 a las 20:23
¿Para cuando el relato de cuando conociste a Osvaldo Principi?
Eduardo
17/08/2005 a las 20:16
Genial, Hernán. De lo mejorcito que he leído.
lalodelce
17/08/2005 a las 19:42
A mi lo que me gusta es el 'beso de negro' relleno de crema!
ElTeta
17/08/2005 a las 19:41
Lo de resentido se me escapó
deapoco
17/08/2005 a las 19:39
Cual sería el color de la Cruz para las personas?
elteta - resentido
17/08/2005 a las 19:35
La clínica Cruz Azul tiene nombre de veterinaria.
deapoco
17/08/2005 a las 19:29
si y la anécdota de como fue el momento en que se enteró que la nena estaba de novia con el negro
17/08/2005 a las 19:03
Ah, no sé. Quiero la palabra de Chichita. Acá está en juego una identidad.
pecadora
17/08/2005 a las 18:42
Bernardo: me parece que en realidad era el gordito Casciari, según Chichita. Sucede que las leyendas no hablan con diminutivos.
17/08/2005 a las 18:28
Me impresiona: ¿ya eras el Gordo Casciari?
Mastrocuervo
17/08/2005 a las 18:11
Angel Gris (#20) y XavMP (#21):
De acuerdo, y la frase podría haber tenido el tono de aquel "Cebame un par de mates, Catalina", de Amablemente.
Ana
17/08/2005 a las 18:10
¿Cura por amor o masoquismo femenino? ¡Ay, dio'! es que a veces le damos tanta letra a los machistas, che... ¡me encanto el post! otra vez a esperar...
Laura C.
17/08/2005 a las 17:55
Torómbolo estás empezando a ser uno de mis ídolos!
Armando
17/08/2005 a las 17:45
Sí Hernán, mucho olor al Gabo en este post, y no sé, el café y el mate no me terminan de gustar juntos. Obvio, cada quien sus fobias y manías, nomás apunto la mía (como todos, qué no?).
Torombolo
17/08/2005 a las 17:25
A todo hermano celoso le llega su Negro Sanchez.
IgnacioMarcos
17/08/2005 a las 16:39
bueno... menos mal que se encontró con tu hermanita y tuvo la deferencia de esperar tres añitos.. podría haberse encontrado con tu vieja y no esperar nada :o
Okok
17/08/2005 a las 16:29
Que noooo, que El Negro se estaba refinando ¿recordáis?

El era lo correcto para hablar con intelectuales
DudaDesnuda
17/08/2005 a las 16:27
Cuando me agarra cagazo, tartamudeo. Sepan disculpar.
DudaDesnuda
17/08/2005 a las 16:24
¿Es ficción? Si no es ficción, el Negro Sánchez de verdad mató a alguien???
A mí me da cagazo. Sospecho que el amor todo lo puede, pero, qué sé yo. No. Sí, sé. Gingerrrrrrrrrrrrrrr, pasame la dirección del convento!!!!

Besos sin abrir la puerta.
DudaDesnuda
17/08/2005 a las 16:20
¿Es ficción? Si no es ficción, el Negro Sánchez de verdad mató a alguien???
A mí me da cagazo. Sospecho que el amor todo lo puede, pero, qué sé yo. No. Sí, sé. Gingerrrrrrrrrrrrrrr, pasame la dirección del convento!!!!

Besos sin abrir la puerta.
nariCa
17/08/2005 a las 16:18
Pero, resultó o nó un intelectual es Negro???
Laura
17/08/2005 a las 16:17
Pahhhhh!!!Hernan, ya estaba paspada de entrar y ver que seguían en el regodeo nerd de las computadoras(yo que soy semi analfabeta) y me encuentro con esta maravilla de historia! Por favor no me digas que ese día, junto con el te, el Negro le preguntó a tu hermana "Y una de Vox Dei no tocás en el piano?"...
XavMP
17/08/2005 a las 16:11
Bien amargos...
O cebados con Ginebra.

¡Queremos las cartas!
El Angel Gris
17/08/2005 a las 15:44
Es verdad dani celma, yo me lo imagino diciendo, "Anda y traeme unos mates".
 danicelma
17/08/2005 a las 15:35
yo creo que no solo escribió las cien cartas, sino que también siguió escribiendo otras cosas...
ahora, lo de "preparame un té" no parece tan de machos, viste?
Facundo
17/08/2005 a las 15:28
Che, Hernán, al final el Negro escribió las 100 cartas o era un pretexto para engancharse a Florencia?
ElTeta
17/08/2005 a las 15:24
Un domador de fieras, el Negro.
Ada
17/08/2005 a las 15:22
Qué lindo! Cura por amor que le dicen. Me encantó.


¿Se puede enmarcar esta frase: "Durante un siglo el silencio de todo Mercedes hizo equilibrio en la línea recta de esas dos miradas"?
leviatan
17/08/2005 a las 15:07
Para cuándo saldrán las cien historias del negro Sánchez?
El Angel Gris
17/08/2005 a las 14:57
Cuando sale "La leyenda del negro Sanchez 2" ????
KiLLBiLL
17/08/2005 a las 14:50
No me meto más con vos, que sos cuñado del Negro Sánchez.
deapoco
17/08/2005 a las 14:48
Necesito el comentario de Chichita al respecto!
Quiero detalles!
 Interior
17/08/2005 a las 14:31
Mira vos, por lo general los cuñados son siempre unos opas, unos boludones que se engancharon con la neurótica de mi/s hermanas, en cambio vos le tenes respeto, casi que también miedo, que cosa rara che. Estaría lindo saber que es lo que piensan de vos los hermanos de Cristina (si los tiene).
pablotossi
17/08/2005 a las 14:30
... un DULCE el NEGRO .... y a tu hermana le encantó su dulzura? o su negrez? ;)
Gi
17/08/2005 a las 14:30
Hoy llegué temprano!!!!

Genial!!
Andrés
17/08/2005 a las 14:13
Se me resecó la nuez.
Muy buen texto, como casi siempre. Llevo poco por aquí y he leído buena parte de Orsai. He aprendido, me reído y se me ha endurecido la garganta. ¿Qué más se puede pedir? Gracias, hombre.
Teresiña
17/08/2005 a las 14:09

Es muy probable que le pase eso a la hija de Hernán. Con ese padre todo es posible. Suele pasar que las hijas busquemos similitudes en nuestros hombres con nuestros padres. Este muchacho se tendrá que hacer cargo de en qué se parecerá su futuro yerno a él.
Teresiña
17/08/2005 a las 14:09

Es muy probable que le pase eso a la hija de Hernán. Con ese padre todo es posible. Suele pasar que las hijas busquemos similitudes en nuestros hombres con nuestros padres. Este muchacho se tendrá que hacer cargo de en qué se parecerá su futuro yerno a él.
Gerardo
17/08/2005 a las 14:04
Hola,
Voy mejorando, llegue quinto.
Y no te agarra cagazo que Nina a los 17 se case ?
A mi si,


Gerardo
Ginger
17/08/2005 a las 13:53
Me agarró dolor de estómago de sólo pensar que mi hija de 14 años se pueda casar con alguno de los amigos que trae mi hijo de 17. A partir de este momento la encierro en un convento, y a mi hijo lo cago a palos por las dudas.
 olo mosquera
17/08/2005 a las 13:52
Hace un minuto, Ana C.
Ana C.
17/08/2005 a las 13:47
Esta historia es garciamarqueciana!! Qué buena! Y qué pasa que nadie comentó todavía? Acabás de postear?
luciana
17/08/2005 a las 13:47
primera!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!