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Vejez
martes 13 de octubre, 2015

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martes 13 de octubre, 2015

La rana hervida en la olla

   

Estoy en un Simposio de gente muy culta, en México. Me invitaron a disertar sobre el futuro del libro. En la sala hay personas muy destacadas y me sientan en segunda fila. Como mi conferencia es mañana me dispongo a escuchar al señor que habla, pero enseguida me distraigo. En el siglo veinte yo podía concentrarme sin problemas. Podía leer o escribir durante horas, y también podía ir a conferencias largas y prestar atención; pero ya no.

Me pasó algo paulatino, en principio sin importancia, de lo que no me di cuenta; como cuando ponemos una rana en una olla con agua tibia y encendemos la hornalla. La rana no se da cuenta de que empieza a calentarse el agua, no se escapa de la olla, y cuando por fin entiende el peligro del hervor ya es demasiado tarde: los nervios no le responden y no consigue saltar. Me pasó algo así. Ya no puedo concentrarme media hora sin mirar las noticias urgentes, sin ver la repetición de un gol, sin pasar un rato por Twitter. Mi cabeza empieza a divagar y me evaporo.

Ahora van quince minutos de conferencia. Miro los papeles que le quedan por leer al señor y trato de sacar la cuenta de cuántos son, respecto a los que ya leyó. «¿Serán doce, serán quince? Parecen veinte. ¿Lo habrá impreso por lo menos en Helvética 16? Dios quiera que haya usado interlineado doble». A los veinte minutos pasa algo singular: todos los oyentes sacamos el teléfono del bolsillo y lo activamos con cualquier excusa. En general fingimos que vamos a tuitear algo que está diciendo el conferencista, pero lo que queremos en realidad es tener la pantalla prendida. Nos relaja saber que estamos conectados a otra cosa: a mirar el mail de reojo, a saber qué hora es en nuestro país de origen, a ver qué están diciendo en las redes los que tienen la suerte de no estar en un simposio en México.

Mientras tanto la conferencia sigue su curso y, para mayor desgracia, es bastante inteligente lo que dice el señor. Estoy a punto de reincorporarme a la trama pero me palpita el teléfono en la mano con nuevos datos vacíos (la formación del Barça contra el Rayo Vallecano, datos urgentes), y entonces entiendo que la charla completa va a estar colgada en Internet dentro de unos días, que la podré disfrutar mejor la semana que viene, y me pongo a pensar en otra cosa, sin culpa. 

Me pongo a pensar que al día siguiente yo voy a tener que estar sentado en la misma silla que el pobre conferencista, y que tendré que dar mis impresiones sobre el futuro del libro durante una hora, y escuchar las toses y los carraspeos de los oyentes durante el minuto quince, y la aparición de los teléfonos desde el minuto veinte.

O tal vez (pienso) mañana pueda dejar de hacerme el distraído y confesar por fin, frente a la audiencia, que no me importa en absoluto el futuro del libro. Ni el de papel, ni el electrónico, ni la convivencia entre ambos, ni la muerte de uno de los dos, ni si la gente lee más o lee menos que hace treinta años, ni cómo harán los autores y los periodistas y los editores para mantener su nivel de vida, su casa y su coche, cuando todo el mundo consiga sus contenidos gratis en internet y la industria se vaya a la mierda. No me importa.

En este momento lo que me preocupa, terriblemente, es que no nos podemos concentrar. Me preocupa lo que nos cuesta leer. Lo que nos cuesta escribir. Lo que nos cuesta escuchar al otro. 

En esta sala, en este Simposio, somos todos muy inteligentes y muy despiertos. No somos gente que no lee. Somos una elite de señores y de señoras preocupadísimos por el futuro de la letra impresa. En la sala hay editores, bibliotecarios, escritores, humanistas, libreros, periodistas, es decir: estamos los que vinimos al mundo para reflexionar sobre qué tenemos que hacer para que «los otros» lean. Los otros. Nosotros supuestamente estamos muy bien. Los que participamos de seminarios y de simposios no tenemos problemas con ese asunto… ¿O sí? ¿Leemos igual que antes, con la misma concentración?

Y ahí está el tema: yo creo que no.

Cuando nos quedamos solos en los hoteles, en este simposio o en cualquier otro, la mayoría de nosotros, los ilustrados, no nos podemos concentrar en nada que no nos estimule con velocidad. Y no son libros, ni de papel ni digitales. ¿Qué hacemos entonces en los ratos libres? No sé ellos, pero a mí me daría vergüenza si se hiciera público mi historial de navegación de ayer por la noche en el hotel.

El señor sigue leyendo. Le faltan casi diez páginas y estamos todos aburridos y tristes en nuestras butacas de pana. Entonces, de repente, pienso algo horrible. Pienso en un mundo paralelo en donde todos nos fuimos convirtiendo en bulímicos y en anoréxicos, pero no somos capaces de confesarlo. Para disimular, nos reunimos en simposios a debatir sobre si es mejor cocinar en horno tradicional o en modernísimos microondas. Y estamos todos piel y huesos, ojerosos, con trastornos alimentarios, pero decimos en voz alta que «si bien el microondas es el futuro, el horno a leña nunca va a morir del todo».

Y nadie en ese mundo paralelo, nadie, se pregunta nunca cómo hacer para volver a disfrutar un bocado por placer, cómo hacer para que nuestros hijos no vomiten a escondidas en los baños, cómo hacer para que otra vez nos guste masticar con la boca abierta sin que nos importe dónde se cocina ese manjar.

Tengo una hija que es nativa digital absoluta. Ella no tiene la menor nostalgia por los libros de papel. A veces le digo: «Mirá, hija, olfateá este libro de mi infancia, sentí la mezcla de tinta, de papel y de tiempo». Y ella huele el libro y me dice: «¡Qué asco!». Y tiene razón. Yo le envidio a mi hija esa ausencia de melancolía por el papel. Ella pasa muchas más horas mirando videos de Youtube o aplicaciones del Ipad que leyendo libros o revistas. Hasta hace un tiempo esto me preocupaba, pero ahora descubro el error y ya no me importa. No creo que el mundo, dentro de treinta años, mantenga como virtud la concentración.

Ya somos la rana hervida. Ya se nos pasó el tiempo de saltar de la olla y de salvarnos.

Cuando ella tenga mi edad, en el año 2040, quizás concurra como invitada al 3º Simposio del Pendrive Telepático. En esa época los contenidos culturales se van a traspasar al cerebro por una ranura, mediante un dispositivo, en menos de medio minuto: bzzzzzk. La experiencia de leer el Quijote durará lo mismo que una descarga de archivos actual. En veinte segundos el usuario tendrá las peripecias de Alonso Quijano en su cerebro, sin transitar el esfuerzo de haberlas leído. Entonces mi hija irá a ese Simposio y tendrá melancolía del Ipad, tendrá nostalgia de las épocas en que todavía los humanos lográbamos mirar videos de Youtube durante nueve minutos sin pestañear.

Hernán Casciari
martes 13 de octubre, 2015


La rana hervida en la olla

por Hernán Casciari

Estoy en un Simposio de gente muy culta, en México. Me invitaron a disertar sobre el futuro del libro. En la sala hay personas muy destacadas y me sientan en segunda fila. Como mi conferencia es mañana me dispongo a escuchar al señor que habla, pero enseguida me distraigo. En el siglo veinte yo podía concentrarme sin problemas. Podía leer o escribir durante horas, y también podía ir a conferencias largas y prestar atención; pero ya no.

Me pasó algo paulatino, en principio sin importancia, de lo que no me di cuenta; como cuando ponemos una rana en una olla con agua tibia y encendemos la hornalla. La rana no se da cuenta de que empieza a calentarse el agua, no se escapa de la olla, y cuando por fin entiende el peligro del hervor ya es demasiado tarde: los nervios no le responden y no consigue saltar. Me pasó algo así. Ya no puedo concentrarme media hora sin mirar las noticias urgentes, sin ver la repetición de un gol, sin pasar un rato por Twitter. Mi cabeza empieza a divagar y me evaporo.

Ahora van quince minutos de conferencia. Miro los papeles que le quedan por leer al señor y trato de sacar la cuenta de cuántos son, respecto a los que ya leyó. «¿Serán doce, serán quince? Parecen veinte. ¿Lo habrá impreso por lo menos en Helvética 16? Dios quiera que haya usado interlineado doble». A los veinte minutos pasa algo singular: todos los oyentes sacamos el teléfono del bolsillo y lo activamos con cualquier excusa. En general fingimos que vamos a tuitear algo que está diciendo el conferencista, pero lo que queremos en realidad es tener la pantalla prendida. Nos relaja saber que estamos conectados a otra cosa: a mirar el mail de reojo, a saber qué hora es en nuestro país de origen, a ver qué están diciendo en las redes los que tienen la suerte de no estar en un simposio en México.

Mientras tanto la conferencia sigue su curso y, para mayor desgracia, es bastante inteligente lo que dice el señor. Estoy a punto de reincorporarme a la trama pero me palpita el teléfono en la mano con nuevos datos vacíos (la formación del Barça contra el Rayo Vallecano, datos urgentes), y entonces entiendo que la charla completa va a estar colgada en Internet dentro de unos días, que la podré disfrutar mejor la semana que viene, y me pongo a pensar en otra cosa, sin culpa. 

Me pongo a pensar que al día siguiente yo voy a tener que estar sentado en la misma silla que el pobre conferencista, y que tendré que dar mis impresiones sobre el futuro del libro durante una hora, y escuchar las toses y los carraspeos de los oyentes durante el minuto quince, y la aparición de los teléfonos desde el minuto veinte.

O tal vez (pienso) mañana pueda dejar de hacerme el distraído y confesar por fin, frente a la audiencia, que no me importa en absoluto el futuro del libro. Ni el de papel, ni el electrónico, ni la convivencia entre ambos, ni la muerte de uno de los dos, ni si la gente lee más o lee menos que hace treinta años, ni cómo harán los autores y los periodistas y los editores para mantener su nivel de vida, su casa y su coche, cuando todo el mundo consiga sus contenidos gratis en internet y la industria se vaya a la mierda. No me importa.

En este momento lo que me preocupa, terriblemente, es que no nos podemos concentrar. Me preocupa lo que nos cuesta leer. Lo que nos cuesta escribir. Lo que nos cuesta escuchar al otro. 

En esta sala, en este Simposio, somos todos muy inteligentes y muy despiertos. No somos gente que no lee. Somos una elite de señores y de señoras preocupadísimos por el futuro de la letra impresa. En la sala hay editores, bibliotecarios, escritores, humanistas, libreros, periodistas, es decir: estamos los que vinimos al mundo para reflexionar sobre qué tenemos que hacer para que «los otros» lean. Los otros. Nosotros supuestamente estamos muy bien. Los que participamos de seminarios y de simposios no tenemos problemas con ese asunto… ¿O sí? ¿Leemos igual que antes, con la misma concentración?

Y ahí está el tema: yo creo que no.

Cuando nos quedamos solos en los hoteles, en este simposio o en cualquier otro, la mayoría de nosotros, los ilustrados, no nos podemos concentrar en nada que no nos estimule con velocidad. Y no son libros, ni de papel ni digitales. ¿Qué hacemos entonces en los ratos libres? No sé ellos, pero a mí me daría vergüenza si se hiciera público mi historial de navegación de ayer por la noche en el hotel.

El señor sigue leyendo. Le faltan casi diez páginas y estamos todos aburridos y tristes en nuestras butacas de pana. Entonces, de repente, pienso algo horrible. Pienso en un mundo paralelo en donde todos nos fuimos convirtiendo en bulímicos y en anoréxicos, pero no somos capaces de confesarlo. Para disimular, nos reunimos en simposios a debatir sobre si es mejor cocinar en horno tradicional o en modernísimos microondas. Y estamos todos piel y huesos, ojerosos, con trastornos alimentarios, pero decimos en voz alta que «si bien el microondas es el futuro, el horno a leña nunca va a morir del todo».

Y nadie en ese mundo paralelo, nadie, se pregunta nunca cómo hacer para volver a disfrutar un bocado por placer, cómo hacer para que nuestros hijos no vomiten a escondidas en los baños, cómo hacer para que otra vez nos guste masticar con la boca abierta sin que nos importe dónde se cocina ese manjar.

Tengo una hija que es nativa digital absoluta. Ella no tiene la menor nostalgia por los libros de papel. A veces le digo: «Mirá, hija, olfateá este libro de mi infancia, sentí la mezcla de tinta, de papel y de tiempo». Y ella huele el libro y me dice: «¡Qué asco!». Y tiene razón. Yo le envidio a mi hija esa ausencia de melancolía por el papel. Ella pasa muchas más horas mirando videos de Youtube o aplicaciones del Ipad que leyendo libros o revistas. Hasta hace un tiempo esto me preocupaba, pero ahora descubro el error y ya no me importa. No creo que el mundo, dentro de treinta años, mantenga como virtud la concentración.

Ya somos la rana hervida. Ya se nos pasó el tiempo de saltar de la olla y de salvarnos.

Cuando ella tenga mi edad, en el año 2040, quizás concurra como invitada al 3º Simposio del Pendrive Telepático. En esa época los contenidos culturales se van a traspasar al cerebro por una ranura, mediante un dispositivo, en menos de medio minuto: bzzzzzk. La experiencia de leer el Quijote durará lo mismo que una descarga de archivos actual. En veinte segundos el usuario tendrá las peripecias de Alonso Quijano en su cerebro, sin transitar el esfuerzo de haberlas leído. Entonces mi hija irá a ese Simposio y tendrá melancolía del Ipad, tendrá nostalgia de las épocas en que todavía los humanos lográbamos mirar videos de Youtube durante nueve minutos sin pestañear.

Hernán Casciari
martes 13 de octubre, 2015


Podés ver a Hernán Casciari en el teatro


 daniel cabreton
29/12/2015 a las 15:27
Un cuentazo. Me encantó. Te felicito por la creatividad
15/12/2015 a las 12:36
No entiendo nada...
20/10/2015 a las 14:11
Muy bueno el comienzo... todavía no lo terminé de leer, porque justo me entró un WhatsApp con un link de un vídeo de un gato que lo querían bañar y el tipo maullaba como loco «Raúl, Raúl», buenísimo... Qué risa!... En qué estaba?, me distraje!
 PPLANDA
18/10/2015 a las 18:23
Hestimado Ernán..
como hago pa traerte a rosario?...tenes un hueco en tu agenda?. avisame y encuentro lugar. Abrazo y como siempre, GRACIAS POR LA MAGIA..(acabo de leer y ecuchar como 4 veces "Petit Alzheimer")
21/10/2015 a las 14:21
"no fue magia"...

che PP, estamos evaluando un secuestro con otros montos de la road movie de rosario...si te prendés tenemos un grupo en el ICQ
 Adrian Oviedo
17/10/2015 a las 22:32
La mosca esta en la sopa; estamos jodidos!
17/10/2015 a las 21:15
Juraría haber leído esta entrada hace tiempo.
20/10/2015 a las 20:44
trata sobre un tema similar en 'Diez razones para hacer silencio' cuando dice que se fragmenta cuando lee. Por lo menos yo me acorde de eso.
 Tito
16/10/2015 a las 22:54
Te considero el único caso de escritor que hace stand up a través de las letras. No narras una historia, nada más. Lo haces de una manera que parece que estas exponiendo una idea frente a una audiencia. Te vi el otro día en el foro de cultura digital, la verdad, no note ninguna diferencia entre el Hernan Casciari escritor, y la persona real detrás del escritor. Para mi son exactamente lo mismo. Contaste una historia, de la misma manera que hoy leo esta. No veo ninguna diferencia. Nunca me paso algo así. Mientras leía, te veía hablando en el auditorio del Centro Cultural Nestor Kirchner. Un saludo grande!!!
16/10/2015 a las 13:55
Después de darle vueltas al asunto, estimado caballero Hernán, creo que la concentración se volvió momentánea. Existe, es profunda pero dura menos que antes. Tenemos la cultura videoclip, asimilar fragmentos de un todo por un ratito. La rana hervida es un ejemplo concreto de esto, nos acostumbramos a los males paulatinos y digerimos de a cachos lo bueno y placentero. Fijesé estimado caballero como la vorágine de comentarios a cada entrada merma en forma exponencial conforme pasan los días. Todos se pelean por el PRI, luego de una hora todo es halago y correciones, 6 horas después es reflexión y comentarios largos, 8 horas más tarde son refutaciones a las reflexiones y mojadas de oreja, dos días despues ya piden por el próximo texto. Una profesora mía de metodología del discurso verbal, nos resumió este fenómeno a la tan nombrada frase "Ya fue" que señala lo efímero del presente.
En cuanto al taller de anecdotas mejoradas, estimado caballero Pocholo degreit, paciencia...mucha paciencia....
16/10/2015 a las 16:08
queremos sangre!!!!
16/10/2015 a las 13:35
che, alguien sabe en que quedó el compilado de "anecdotas mejoradas" que se iba a armar con los talleres que hubo por argentina?? hace rato que me intriga ver que salió de ahí....
17/10/2015 a las 21:14
Yo como autor sigo a la espera de un correo de Hernán para hablar de mi anécdota.
19/10/2015 a las 16:58
entonces se ve que hay para raaaaaaato....
 Diego Contreras
16/10/2015 a las 08:29
Hernan, nunca te he comentado, empece a leerte por mi esposa, y de verdad que como dicen mis amigos argentinos SOS UN GROSO! que espectaculo, como le haces para que uno se conecte con tus relatos men?

un abrazo desde santa marta - colombia!
 Diego Contreras
16/10/2015 a las 08:29
Hernan, nunca te he comentado, empece a leerte por mi esposa, y de verdad que como dicen mis amigos argentinos SOS UN GROSO! que espectaculo, como le haces para que uno se conecte con tus relatos men?

un abrazo desde santa marta - colombia!
 pablo garcia
16/10/2015 a las 05:44
Desilusión. Ya lo había leído o escuchado...
 Nazar Eno
15/10/2015 a las 20:11
Estuve leyendo el relato y no pude evitar relacionarlo con la charla que justamente diste el martes en la Univ. de La Matanza. Yo soy el que te pidió que firmáras para mi hno, "Lautaro, EL QUE TE CONOCE". Y si bien yo te había leído alguna vez, la charla me fascinó y gracias a tu talento no perdí la atención sobre lo que sucedía en el escenario.. ahí te conocí nuevamente, con tu voz evitando la monotonía del texto limpio que muchas veces ataca en la red. Lo que trato de decir es que, quizá estamos sobre-estimulados con cosas que a su vez, no nos estimulan realmente sino que solo nos entretienen unos instantes. Tal vez se trate de revisar nuestra relación con el mundo, como lo hacés vos con varios de tus textos, y así poder volver a sorprendernos y engancharnos conUy! Mirá! Un pajarito rosa! Vení pajarito, veniiiiii...

PD: Un verdadero placer haber presenciado el duelo Zamba-Casciari, encantado de reconocerte.
 Rous
15/10/2015 a las 15:02
Lo pude leer todo y me encantó!
 UNA MÁS
15/10/2015 a las 06:05
Me concentré y lo releí atentamente.

¿Y si en lugar de hacerle oler a Nina tus libros de la infancia le regalás algunos más actuales para que los lea? O que los lean juntos, al regresar a casa de esos simposios. Así se prepara para tener qué olfatear dentro de 40 años además de los Ipads y los pendrives obsoletos y ponerse nostálgica recordando sus propias lecturas.

Y además no te creo en absoluto que Nina no lea. Te aburrías en el simposio y maquinaste todo esto para hacernos pisar el palito.
 Jhordan PLG
15/10/2015 a las 01:51
Quise comentar algo que aporte al post, pero la verdad, aún no me recupero de la fecha doble de las eliminatorias.
 WILMER QUIROS JIMENEZ
15/10/2015 a las 01:46
Esta vez me han gustado mas los comentarios que el texto en si.
 moka moss
14/10/2015 a las 23:02
o sea...lograste (creo) tu estado perfecto. En orsai total.
Una pregunta, para estar en orsai real, hay que ser consciente de que estás en esa situación? O se está mas en orsai cuando ni siquiera sabés que lo estás?
me encanta leerte! saludos, moka
14/10/2015 a las 17:46
Es tan verdad que no pude terminar de leerla!
 clauariel
14/10/2015 a las 17:38
Disiento con el diagnóstico, Dr. Veterinario de ranas Casciari. La rana atravesó hace unos pocos años (30 como mucho) un portal entre dos dimensiones comunicacionales y estalló en una multitud de patrones electromagnéticos. En palabras más postmo: se volvió energía.

Me encantó el texto, obviamente. Especialmente el tono que tiene: establece una relación sincera con la nostalgia, de quién la degusta pero la sabe tonta, casi tan tonta como aquellos que creen en una cultura estática en donde la imprenta no se puso de moda hace (sólo!) 600 años.

A ellos les digo: esto es solo el principio.
14/10/2015 a las 17:10
Para los que quieran ver el recital con Zambayonny:
https://www.youtube.com/watch?v=BhJ0-u3nx_s

Adelantenló porque hay más de una hora de previa.
14/10/2015 a las 15:23
La verdad es que no pude terminar de leerlo... pero me imagino que debe haber estado buenísimo... como antes!
14/10/2015 a las 09:26
Esto sería cómo la versión extendida de las razones #6 y #7 del texto inaugural de la vejez. Por eso es que a algunos nos sonaba a deja vu...

Me parece que lo más terrible de esta situación es pensar que 'así nomás es la cosa'... como si fuera un designio supremo y superior irremediable/irrefutable/irrebatible/inevitable. Como si nuestros destinos, en este mundano aspecto, no fueran responsabilidad nuestra.

¡Salite del twitter, brother!, ¡desinstalá el fuckin' whatsapp!, ¡desconectá el puto wifi!... ¡ya ni te digo dónde podés meterte el facebook!

Con estas pequeñas medidas, tal vez, los 'nativos digitales' (y los digito-obsesivos) podrán ver que hay vida más allá de la red. En serio, me parece que es super tóxico el mambo redes-sociales-siglo-xxi-internet-de-las-cosas. Deberíamos intentar usar la tecnología y no ser su objeto.

Digo. Capaz nada que ver, y todo lo contrario.
14/10/2015 a las 05:28
Qué podemos hacer con esto que han hecho de nosotros?
 Adri
14/10/2015 a las 04:32
Hermano, descargar un archivo en mi Buenos Aires querida, puede llevar tanto como leer el Quijote.
Alguna ventaja del subdesarrollo....
14/10/2015 a las 02:59
Creo que el asunto es que ya no estamos acostumbrados a esperar sino a actuar, aunque sea virtualmente. Una lectura a la que no le hago nada o un audio que solo tengo que oír, sin posibilidad de actuar al respecto, me conduce a la impaciencia. Porque no tendría por qué estar pasivo. Las TIC nos acostumbran a que toda percepción implica la posibilidad de una actuación.
https://www.facebook.com/juanlapeyre/posts/1006937399327606
14/10/2015 a las 01:35
Leí con mucha concentración...y logro, no me detuve a ver las redes sociales. Es porque me me enganchaste.

Pero...pero, es así como fuerte lo que dices. Con 34 años estoy en el medio, en la frontera, de una niña que se alfabetizó con libros y aun los compra, y la joven que abrió su primera cuenta de correo electrónico con 20 años y que también está leyendo ahora todo un dossier de una escritora en archivos PDF en mi móvil...

Entonces, veo a mi hijo de tres años que cuando toma los libros para su edad lo que hace, además de pasar páginas como verificando cómo funciona o si hay alguna sorpresa, termina arrancando las páginas para ponerlas en fila, o hacer pisos de papel...pero toma por un momento mi móvil y pasa de video en video de Pepa Pig y de un canal de una española que habla de juguetes y colores...o a vídeos en inglés que hablan de juguetes y colores. Peor es verlo jugando Candy Crush...

Creo que el sapo ya se sancochó en la olla...
 H. H
14/10/2015 a las 00:44
Hasta me costó concentrarme para leerlo. Y menos mal que no es en papel.
 UNA MÁS
13/10/2015 a las 23:28
Así de una, no tengo nada que objetar. Está claro como el agua clara. Destapás la olla y todos estamos hervidos. O algunos, como en 1984 seguirán poseídos por la palabra, crudos, vivitos y coleando. Pero dejame masticar la rana cocida un rato más. A lo mejor la digiero y después me tomo el tiempo de volver a leerte atentamente.
13/10/2015 a las 22:40
Me gusta el Casciari reflexivo. Es un tema delicado el del "progreso" y la "evolución", ¡cuantas cosas se han sacrificado en pos de ellos! ¿Siempre el cambio evolutivo se da por algo mejor?
Por lo pronto, me limito a sentir un poco de pena por aquellos que no sienten ni sentirán nostalgia del olor a libro nuevo, de conseguir en algún puesto de una escondida plaza una edición "inconseguible", de quienes no saben donde guardar tantos libros...
 Marcelo Andreacchio
13/10/2015 a las 22:39
Estimado: leerte es como si nos echaras un vasito de agua fría a la olla cuando está por hervir. Esta rana casi que vuelve a sentir los músculos por un rato.
Pero terminé y ya se pasa. Vuelvo a Twitter. Un abrazo.
13/10/2015 a las 22:06
Todo tiempo pasado fue... anterior. A mí me parece fantástico vivir en esta época de transformaciones, y que cada uno disfrute de historias e ideas en el formato y con la atención/concentración que quiera (o pueda).
13/10/2015 a las 22:22
Y siguiendo con estos temas, acabo de ver esto: se puede encargar nuestro historial de navegación por internet... impreso como un periódico: http://www.psfk.com/2015/10/print-out-internet-history-newspaper-httprint.html?utm_content=bufferc872d&utm_medium=social&utm_source=twitter.com&utm_campaign=buffer
 Sole
13/10/2015 a las 21:46
No quiero la realidad futura!!!!!!!!
Me gustó pero me entristeció un poco...
La otra vez pensaba... si yo me subo a un colectivo y de las 20 personas hay por lo menos 8 mirando a su celular... En 30 años seremos todos.
Triste
 Nacho Lopez
13/10/2015 a las 21:33
Es tanta la distracción del mundo que el porro lo único que hace es concentrarme para poder leer a Casciari.
13/10/2015 a las 21:03
No pienso dejar de leer en papel nunca, me la fuman...
 NENE
13/10/2015 a las 20:50
Espectacular , y eso que me desconcentré un poco .
abrazo enorme.
13/10/2015 a las 20:40
Buenísimo... hasta donde llegué. No lo pude terminar. Cómo termina? (Terminar? qué quería decir eso...?)
 Lamba
13/10/2015 a las 20:37
Me estaría recordando a alguna de las cosas que dice este señor...

https://www.youtube.com/watch?v=5Tat-y3hPfw
 romidalzotto
13/10/2015 a las 20:14
no me distraje ni un segundo... los años me delatan...siento nostalgia por que la gente se mire a los ojos, por recibir respuesta a lo que envió...por los olores y los sabres irrepetibles... pero es cierto..."Ya somos la rana hervida. Ya se nos pasó el tiempo de saltar de la olla y de salvarnos."

salu hernán... brindo por leerte y disfrutarte siempre
13/10/2015 a las 19:31
Lloré...me emocioné....
Me transportó....
Hasta mi alma estremeció....
me distraje bastante porque estaba siguiendo el tema de Avril Lavigne y su supuesta muerte...pero hasta donde lo leí me gustó mucho...
¿que le pasó al final a la rana?
 Santiago López Quesada
13/10/2015 a las 18:28
Muy bueno Hernán, pero me desconcentré en la mitad...
 ORM MAG
13/10/2015 a las 18:15
Pucha, me siento una alegre reliquia.

¿Podremos armar una secta esos señores y señoras que entramos a las librerías y el tiempo se nos detiene? Cuando miro las fotos de maravillosas bibliotecas gigantes y bellas, se me frunce algo más que el ceño.

Si, acepto que soy una semianalfabeta digital, graciadioh!

Me siento feliz de tener la habilidad de manejar un lápiz y un papel, de saber escribir en cursiva ingles, redonda y gótica, de poder enchastrarme los dedos con tinta cargando los plumines que todavía conservo de mi paso por el secundario.

Igual, me pareció genial la imagen paralela sobre los trastornos alimentarios.
Seguramente, si se posible el futuro que le auguras a tu hija...

O quizás tenga ella otras pesadillas que la inquieten.

Gracias por tus textos.
 ORM MAG
13/10/2015 a las 18:18
perdón, cursiva inglesa.
Me falló el meñique de la izquierda.

Si, también necesito tener un teclado QWERTY real y físico.
Habilidades de las pc de escritorio. Y de las antiguas Olivetti de la Pitman.

(Menores de 50, googlen Academias Pitman) jijijijij!
13/10/2015 a las 19:37
yo era fan del ´Pibe ILVEM
 Santafesino
13/10/2015 a las 18:08
Mi problema entonces es que me atrapaste desde la primera línea y recién ahora me soltás, para que abra otra pestaña.
 ppb
13/10/2015 a las 17:56
top 50!!
13/10/2015 a las 17:41
Para mi hay ciertas cosas que debo alejarme del móvil y del ordenador.

Leer, jugar, ver películas... imprescindible no tener a mano el móvil con sus notificaciones o los avisos de nuevos correos o mensajes.

Para disfrutar plenamente no hay que tener interrupciones. Una de las ventajas de ir al cine es eso mismo, por eso me resulta totalmente incomprensible la gente que habla o usa el móvil cuando va al cine.

Y por eso tengo un Kindle básico, sin mensajería ni nada, sólo sirve para leer.
 ORM MAG
13/10/2015 a las 18:19
Te cuento entre los fieles a la secta.
 nikko
13/10/2015 a las 17:38
Cervera dijo acá mismo que no todo está tan perdido:

http://editorialorsai.com/revista/post/n3_cervera
  Maxi en Bermudas
13/10/2015 a las 17:33
"En este me momento..." te sobra un "me"? Mismo? Muy buena la reflexión Hernán, cómo cuesta concentrarse! Saludos
13/10/2015 a las 18:25
Gracias, corregido!
13/10/2015 a las 16:50
Yo tengo 61 años, toda mi vida fui fanática lectora. Desde hace un tiempo, me descubro con horror leyendo en mi Ipad "en diagonal", o descartando libros en los primeros diez renglones...hay tantos esperando su turno!
Me encanta la posibilidad de elegir una novela y tenerla al toque, conocí en los últimos días autores que no habían llegado a Buenos Aires...sigo siendo una lectora voraz, pero...no sé definir bien qué es lo que perdí...pero en el camino del libro al Ipad, algo se quedó.
 ORM MAG
13/10/2015 a las 18:22
Por favor, "volvé que te perdonamos", vos podrías ser sacerdotisa consagrada! jajaja

(te escribo desde Buenos Aires, en porteño básico.) un beso. Marcela
13/10/2015 a las 18:52
jaja gracias Marcela!
13/10/2015 a las 16:49
39?
Me liaron, jodr...#andapatitoalamalafuti!!!
 Grillo
13/10/2015 a las 16:13
Estaba por registrarme al El Mundo solamente para escribir que cada vez que leo en la parte de abajo "Estare de guardia contestando...." no puedo evitar pensarte en tu pijama, frente a la compu durante muchas horas alternando entre inifinidad de tabs y excusandote con tu hija y mujer de que no podes salir a pasear porque "estas trabajando"! jajaja
 pepehillo
13/10/2015 a las 16:09
Yo aún soy de la vieja escuela. Todavía puedo leerme una novela de muchas páginas sin distraerme. ad Deum gratiam. Lo del calentamiento suave es imprescindible para guisar caracoles. Si los echaras directamente a agua caliente, se refugiarían en su concha (perdón). Hay que comenzar con agua fría. Entonces, como la rana, no se enteran de que van calentando, hasta que mueren fuera del refugio y así te los pueden comer tranquilamente (con su jamoncito, picado, su choricito, su guindillita picante, su tomate...).
  ElTeta
13/10/2015 a las 15:56
Un simposio sobre el futuro del libro donde se presente un libro sobre el futuro de los simposios.
Y así...
 Hugo Laricchia
14/10/2015 a las 01:24
Te sigo amando
 Jacque
13/10/2015 a las 15:50
Cierto, cada vez nos cuesta mas. Yo antes me leía un libro en una noche, ahora me duermo a los 15 minutos de lectura :( Y eso que me crié escuchando los rezongos de mi madre: "vas a quedar loca de tanto leer!!" Frase que yo oía entre brumas cuando la pobre me la largaba luego de mas de una hora de estar hablándome sin conseguir respuesta de mi parte, ya que yo andaba en algún lugar perdida, siendo una heroína de alguna historia en el mundo imaginario que hubiera inventado el autor de turno...
13/10/2015 a las 15:44
Pucha che, con el bajón marca Camión de principio de semana entré a cambiarme el ánimo con un texto tuyo y quedé peor que antes ¿ves porqué no hay que leer? Con lo que me gustan las ranas.
 MariuAppel
13/10/2015 a las 15:40
Será "Y nadie en ese mundo paralelo" en lugar de "Y nadie es ese mundo paralelo"? O sólo a mí me sonó raro?
Muy real el post, aunque yo sigo siendo una nostálgica de los libros en papel y las bibliotecas gigantes.
13/10/2015 a las 15:50
Gracias, corregido!
13/10/2015 a las 15:32
Es una preocupación seria, digo, la del microondas y el horno a la leña, lo demás ya está cantado como dices, a nadie le va a importar cuanda nostalgia te agarre cuando revises esas hojas de papel que inundaste con literatura universitaria, ni cuantas de esas líneas te flagelaron en su momento porque ese sentimiento tuyo no se podrá duplicar más en ninguna generación venidera, ellos tendrán sus propias nostalgias con las noches Dotescas, por las fotos retocadas del Instagram, esos twitter mortales que se mandaban a media noche o los días en que en el trollface significaba un todo para todo, recién allí entenderán el sentimiento de los viejos que refunfuñan que todo se fue al carajo cuando el libro en papel murió. Buenos días que acá recién empezó el largo martes.
 Mawo Chisuk
13/10/2015 a las 15:31
gordo,tal vez los que tengan un deyabu sea porque, o bien leyeron, o bien escucharon esto que constó http://bilinkis.com/2010/07/la-cultura-twitter-y-el-fin-de-la-atencion/ Santiago Bilinkis. No tiene el romanticismo de tu post y es más tecnocrático, pero...en fin va por esa línea.

Ah! vendiste el bar Orsai?
13/10/2015 a las 15:51
No lo vendimos, nos lo tomamos todo.
 Mawo Chisuk
13/10/2015 a las 16:35
se lo tomaron o se lo bebieron?
 Nacho
13/10/2015 a las 15:21
Muy, pero muy bueno.
 ranxerox
13/10/2015 a las 15:18
El primer acto jurídico que ejecuto cuando llego al laburo es leer mi twitter. (aprox. 1.30hs)
Por suerte ese dinero se lo robo a unos señores catalanes.
Luego mi feed de feedly.
Luego me distraigo un poco trabajando pero interrumpo esta interrupción con el facebú (ahí tengo que desarrollar mi habilidad con el alt-tab ni bien oigo pasos de jefe)

Coincido con el Jorge, la falta de concentración es el nuevo flagelo de nuestra era.
13/10/2015 a las 15:51
Gracias por lo de Jorge.
 Diego Spucches
13/10/2015 a las 15:12
Muy bueno! Y confieso algo, vengo de trabajar desde las 6 son las 15 hs en Pamplona, me fui directo al podcast!!! Jajaja vago total
13/10/2015 a las 15:11
Bah! Yo soy de esos muchos "viejos" que aun disfruta del olor a papel, tinta y tiempo, el aparatito ese de la pantalla color mate no me termina de convencer.
Y yo no se cuantos segundos pasen sin que me distraiga del tema pero ahora que quiero comenzar a trabajar me doy cuenta que muchos detalles de la junta de ayer los deje de lado, menos mal que existe el audio, ahora tendre que escucharlo de nuevo. Pero despues de leer esto, dudo que no me vuelva a distraer.
13/10/2015 a las 15:05
Excelente
13/10/2015 a las 15:01
"Mirando videos de Youtube o aplicaciones del Ipad."
"Ya se nos pasó el tiempo de saltar de la olla y de salvarnos."

Son frases que impactan.

La primera nos hace vivir un presente futurista y la seguna nos hace vivir que somos la realidad de un cuento.

Cada día nos satisfacen menos cosas y buscamos mas placer en menos tiempo, cambiamos de gustos tan rápido al no encontrar una satisfacción duradera.

Bonito relato y mas que fue en mi tierra querida, México.
 Bunchi
13/10/2015 a las 15:00
Gracias, ahora me quedo más tranquilo que no es mi ADHD, sino que soy una rana más. Estuviste por córdoba me enteré, mucho ferné? saludos
13/10/2015 a las 15:16
Estuve en Córdoba la semana pasada. DI un recital de cuentos en la Universidad. Todo estuvo precioso! Nada de ferné, solo porro.
 Raquel Gómez
14/10/2015 a las 10:05
Salú HC (muy rico en minerales y aledaños), yo no pude ir porq me queda un poquito a mil setecientos kilómetros de trasmano, pero le pasé el chivo a mi hijo -q vive en B° Alberdi- fue y la pasó bárbaro, le encantó el foro! qué leíste? De este relato croado: capaz q a la rana lo q le pasaba es q era martes trece! Por mi parte lo q encuentro es q el tiempo pasa cada vez más rápido y eso sí q me distrae porq me resulta ... inquietante. A la hora de comer, beber, jugar, leer y escribir me sigue gustando más lo q puedo oler, tocar, degustar, saber, sentir, percibir, trasladar al baño y olhar! AGUANTE EL SOPORTE D PAPEL!
pd: en mex, cuando t tocó dar tu conferencia, ¿la gente estaba en otra?
13/10/2015 a las 14:58
La vida misma, recuerdo a mi abuela que tenia nostalgia del televisor blanco y negro. Decía: "Para ver películas largas es mejor, se cansa menos la vista".
13/10/2015 a las 14:48
Un estudio de Microsoft dice que en el 2000 nuestro tiempo de atención sin distraernos en internet era de 12 segundos. En 2015 es de 8 segundos. Pero el dato más brutal es que un pez naranja de pecera tiene un déficit de atención de 9 segundos.
13/10/2015 a las 14:47
Gordito marketinero: Ya habías publicado algo parecido o tuve un dejabu??
13/10/2015 a las 14:49
No lo había publicado nunca. Es una conferencia que di, justamente, en México.
 Nacho
13/10/2015 a las 15:22
Eso quiere decir que al día siguiente ¿efectivamente no hablaste de la muerte de los soportes papel o digital, sino de la rana y de la falta de concentración?
13/10/2015 a las 18:39
Entonces ya había escuchado la charla. O tuve un dejabu
  Carolina Builes
13/10/2015 a las 20:53
Nico, recién leo el post y me pasó lo mismo. No sólo con la rana y el simposio, sino también con la reacción de Nina al olor del libro: juro que lo leí antes. Errores de la Matrix.
13/10/2015 a las 14:46
A mi tb me preocupa. Me doy cuenta que no aguanto ni siquiera bajar en el ascensor, que dura 30 segundos, sin mirar una pantalla.
Como lector me doy cuenta que cdo tengo que leer algo en la computadora tengo menos paciencia, si veo que es largo rezongo antes de arrancar. Pero con los libros no me pasa lo mismo, me aguanto novelas largas o cuentos largos.
Como escritor me preocupa que últimamente me salen cuentos más largos, lo que va en contra de lo que se consume, por lo que no tengo muchas esperanzas de que se vayan a leer cdo los cuelgo en algún lado.
Uhh, escribí demasiado, no creo que nadie lea este comentario.
 Diego Spucches
13/10/2015 a las 15:08
Te leí entero, pásame un cuento a ver si lo termino o no. Jeje
13/10/2015 a las 18:43
Te paso 2 Diego, por si te distraes con uno y querés leer el otro.

https://unacariciadivina.wordpress.com/2015/06/13/de-alegria-2/
https://unacariciadivina.wordpress.com/2015/06/26/anecdotas-infantiles-2/

Saludos.
 Diego Spucches
14/10/2015 a las 15:56
Gracias Nico ya leí dos el de 10a 1 también
14/10/2015 a las 17:11
Buenísimo Diego. Me alegro, sobre todo porque esa es larguísimo. Abrazo
 Lucas Tegui
13/10/2015 a las 14:45
Acá hay olor a leído ¿semana de paja gordo?
13/10/2015 a las 14:48
El texto es nuevo. Pero quizás hayas escuchado la conferencia que di en México sobre el tema. En el comentario #12 está el enlace de Youtube.
13/10/2015 a las 14:42
No entiendo al final..... te quejás, disfrutás, avalás, rechazás, reprimís o gozas???...... de la búsqueda noctura en internet estoy hablando
13/10/2015 a las 15:10
En general hago las cinco cosas, en diferentes pestañas.
13/10/2015 a las 15:18
ojo con el uso de muchas pestañas..... el rimel es inminente
 Clara
13/10/2015 a las 14:41
Yo siempre pensé que leía mucho... mis papás decían que ellos mucho más.
Creo que van cambiando las formas, que todos los viejos se pasaron la vida diciendo que todo se iba al bombo y ahora que nos vamos poniendo viejos nosotros lo decimos de lo que viene detrás.
Somos tan brutos o tan inteligentes como antes! Y un poco más viejos...
13/10/2015 a las 14:40
¡Qué grandes verdades! El libro impreso tiene los días contados, pero me alegro mucho de haberlo conocido.
13/10/2015 a las 14:38
Lo empecé a leer el domingo, en el celular, en la página de El Mundo y lo terminé recien, en la compu del laburo, en Orsai. Tres días para leer 1200 palabras.
13/10/2015 a las 14:34
En este me momento
13/10/2015 a las 18:25
Corregido, gracias!
 dani22v
13/10/2015 a las 14:32
al fin de cuentas siempre supe que me iba a convertir en rana...
 juanma
13/10/2015 a las 14:27
https://www.youtube.com/watch?v=muOeHR6N8Us
13/10/2015 a las 14:32
Bien Juanma: lo encontraste rápido!
 juanma
13/10/2015 a las 14:37
jajaj. lo había visto hace un tiempito cuando andabas de vago
 tornikón
14/10/2015 a las 01:48
la que te tiró, pensé que había tenido un deja vu
13/10/2015 a las 14:23
A veces me conformo pensando que tenemos la suerte de vivir la transición que genera esta vanguardia pero al rato dejo el pensamiento y vuelvo a ver los gifs nuevos de facebook
 Nacho_Arse
13/10/2015 a las 14:19
top ten
13/10/2015 a las 14:19
yo todavía puedo saltar de pantalla a pantalla
 Burt Munro
13/10/2015 a las 14:17
Esperando comentarios: "lloré", "morí", "reventé" en 3, 2, 1...
13/10/2015 a las 14:31
Nah, este es reflexivo.
 Burt Munro
13/10/2015 a las 15:09
Esperá, y acordate que tenés cierto público un toque zarpado de sensible.
 pies de plomo
13/10/2015 a las 14:16
top
 alejo802
13/10/2015 a las 14:14
podio?
 Karen_de_Uruguay
13/10/2015 a las 14:14
top ten
 taximetrista
13/10/2015 a las 14:13
Tricota
 taximetrista
13/10/2015 a las 14:13
La pucha.
 Jole
13/10/2015 a las 14:13
Tri... en serio?
 Lucho
13/10/2015 a las 14:11
Segundo!
  Juan Sebastián Olivieri
13/10/2015 a las 14:11
Pri
13/10/2015 a las 14:31
Qué madrugador!
 Choborra
13/10/2015 a las 23:43
Para hacerle honor a la entrada, ni siquiera leyó