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Vida privada
sábado 30 de abril, 2005

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sábado 30 de abril, 2005

Los problemas de mezclar ganado

   

Soy de la idea de que no hay que mezclar ganado. En las fiestas, por ejemplo, no es bueno fusionar a tus amigos del trabajo con tus amigos de la infancia. Tampoco hay que dejar que tus exnovias se conozcan. Hay que impedir que tu mujer y tu amante traben amistad. Tu sicólogo no debe conocer a tu dentista. Pero sobre todo, no hay que mezclar a tu mujer con tu madre. ¿Por qué? Porque se juntan, hablan mal de vos, intercambian argumentos y descubren que sos un mentiroso.

Hasta hace veinte días, por circunstancias que tenían que ver con el precio de los pasajes intercontinentales, mis padres no conocían ni a mi mujer ni a mi hija. Esto, que para muchos es una desventaja, a mí me parecía lo más bien. Pero alguna vez las cosas buenas se acaban, y es cuando uno pasa tres semanas con el culo a cuatro manos.

Ayer por la mañana mis padres abandonaron Barcelona. ¡Qué alivio más grande, por el amor de dios! Fueron veinte días de tensa calma, de caminar tanteando trampas y minas personales, tres semanas larguísimas en las que intenté impedir que mi mujer y mi madre se encerraran a conversar entre ellas cosas de mujeres.

Para explicar el por qué de mi espanto, debo hacer antes dos confesiones al lector.

Yo soy, como ustedes ya saben o imaginan, un vago de mierda. Una de esas personas que pueden caerte más o menos bien durante un rato, pero que con el roce y la cotidianeidad se convierten en miserables. Todo lo pintoresco o extravagante que puedo ser durante una cena, se transforma en monstruoso más o menos promediando los postres. Lo que sí tengo a favor es la labia, que me permite echarle la culpa de mis defectos a los demás. Y de eso vivo.

A Cristina, cuando descubrió mi faceta macabra, le dije —como corresponde— que la culpa de que yo fuese así era de mi mamá. Tener a tu madre a doce mil kilómetros sirve para muchas cosas, pero lo más importante es poder echarle la culpa de tus miserias.

—¿Por qué coño no ayudas en casa? —preguntaba Cristina.

—No tengo costumbre —aducía yo—, cuando era chico mi mamá hacía todo. Yo le decía que quería ayudar con las tareas hogareñas, pero ella siempre retrucaba que la casa no es cosa de hombres.

—¡Qué espanto de mujer, mira en lo que te ha convertido! —decía Cristina.

—Ojito —me enojaba yo—, con mi vieja no te metas.

Cada vez que yo volvía a la Argentina y mis padres me veían cada vez más gordo y más inútil, le echaba la culpa de todo a Cristina (lo mejor de tener a tu mujer a doce mil kilómetros es que podés usarla de excusa).

—Estás hecho un chancho —me decía mi madre al verme en el aeropuerto.

—Es que Cristina me mal acostumbra —argumentaba yo—. Le suplico que no compre tanto embutido, que quiero comer sano, pero ella siempre me dice que no hay nada mejor que la dieta mediterránea. Me obliga a comer.

—¡Qué espanto de mujer, mirá en lo que te convirtió! —decía mi madre.

—Epa epa —defendía yo a mi esposa—, que también tiene su lado bueno la gallega.

A sí pasaron cinco años en los que todo el mundo decía, al ver cómo mi vida se iba a la mierda:

—Pobre muchacho, si no fuera por su madre y por su mujer sería un hombre flaco y de provecho.

Todo podía haber seguido así de por vida, todas mis mezquindades podrían haberse mantenido haciendo malabares en el fino equilibrio de la distancia, pero entonces ocurrió una tragedia que no estaba en mis planes: la compañía Air Europa sacó una oferta Buenos Aires - Barcelona a 350 dólares, y el mundo se me vino abajo.

Durante veinte días (desde el 10 de abril y hasta ayer) el destino quiso que se mezclara el ganado de mis dos familias. La excusa fue el primer cumpleaños de mi hija, pero en realidad vinieron para desenmascararme. Esta vez el motivo de que no haya escrito nada en Orsai fue ése: si me sentaba a escribir existía la posibilidad de dejar a mi mujer y a mi madre a solas. Y hubiera sido fatal.

Estas tres semanas mi vida se pareció a esos bodeviles de enredos en donde alguien está siempre a punto de ser descubierto. Tuve que estar atento a todas las conversaciones, cambiar de tema en medio de las sobremesas, no ponerle peros a las ideas católicas de mi madre, y toser cuando alguna frase encaraba para el lado de los tomates.

Se dice pronto, pero veinte días enteros con los radares prendidos, veinte días de vigilancia y sigilo, de escuchar detrás de las puertas, de no bañarse por miedo a que alguien diga cosas inconvenientes mientras estás bajo la ducha, de dormir con un ojo abierto, pueden volverte loco. Y casi lo consiguen. Gracias a dios soy un muchacho robusto y tengo reservas de energía; pero yo creo que un tipo normal no superaba semejante presión.

Ayer, por primera vez en tres semanas salí a la calle en piyama a despedir a mis padres. Se fueron en taxi al aeropuerto. Los saludé con la manito. Mientras veía cómo se alejaba el coche, yo pensaba que por fin podría dormir toda la tarde, mirar la tele sin preocuparme de nada, meterme horas en el baño a leer, navegar por internet, comprar seis kilos de jamón crudo y comérmelo yo solo.

Ahora que hay Papa nuevo, la iglesia debería replantearse el asunto de la gula y la pereza. Cuestan demasiado esfuerzo para que sigan siendo pecado.

Hernán Casciari
sábado 30 de abril, 2005


Los problemas de mezclar ganado

por Hernán Casciari

Soy de la idea de que no hay que mezclar ganado. En las fiestas, por ejemplo, no es bueno fusionar a tus amigos del trabajo con tus amigos de la infancia. Tampoco hay que dejar que tus exnovias se conozcan. Hay que impedir que tu mujer y tu amante traben amistad. Tu sicólogo no debe conocer a tu dentista. Pero sobre todo, no hay que mezclar a tu mujer con tu madre. ¿Por qué? Porque se juntan, hablan mal de vos, intercambian argumentos y descubren que sos un mentiroso.

Hasta hace veinte días, por circunstancias que tenían que ver con el precio de los pasajes intercontinentales, mis padres no conocían ni a mi mujer ni a mi hija. Esto, que para muchos es una desventaja, a mí me parecía lo más bien. Pero alguna vez las cosas buenas se acaban, y es cuando uno pasa tres semanas con el culo a cuatro manos.

Ayer por la mañana mis padres abandonaron Barcelona. ¡Qué alivio más grande, por el amor de dios! Fueron veinte días de tensa calma, de caminar tanteando trampas y minas personales, tres semanas larguísimas en las que intenté impedir que mi mujer y mi madre se encerraran a conversar entre ellas cosas de mujeres.

Para explicar el por qué de mi espanto, debo hacer antes dos confesiones al lector.

Yo soy, como ustedes ya saben o imaginan, un vago de mierda. Una de esas personas que pueden caerte más o menos bien durante un rato, pero que con el roce y la cotidianeidad se convierten en miserables. Todo lo pintoresco o extravagante que puedo ser durante una cena, se transforma en monstruoso más o menos promediando los postres. Lo que sí tengo a favor es la labia, que me permite echarle la culpa de mis defectos a los demás. Y de eso vivo.

A Cristina, cuando descubrió mi faceta macabra, le dije —como corresponde— que la culpa de que yo fuese así era de mi mamá. Tener a tu madre a doce mil kilómetros sirve para muchas cosas, pero lo más importante es poder echarle la culpa de tus miserias.

—¿Por qué coño no ayudas en casa? —preguntaba Cristina.

—No tengo costumbre —aducía yo—, cuando era chico mi mamá hacía todo. Yo le decía que quería ayudar con las tareas hogareñas, pero ella siempre retrucaba que la casa no es cosa de hombres.

—¡Qué espanto de mujer, mira en lo que te ha convertido! —decía Cristina.

—Ojito —me enojaba yo—, con mi vieja no te metas.

Cada vez que yo volvía a la Argentina y mis padres me veían cada vez más gordo y más inútil, le echaba la culpa de todo a Cristina (lo mejor de tener a tu mujer a doce mil kilómetros es que podés usarla de excusa).

—Estás hecho un chancho —me decía mi madre al verme en el aeropuerto.

—Es que Cristina me mal acostumbra —argumentaba yo—. Le suplico que no compre tanto embutido, que quiero comer sano, pero ella siempre me dice que no hay nada mejor que la dieta mediterránea. Me obliga a comer.

—¡Qué espanto de mujer, mirá en lo que te convirtió! —decía mi madre.

—Epa epa —defendía yo a mi esposa—, que también tiene su lado bueno la gallega.

A sí pasaron cinco años en los que todo el mundo decía, al ver cómo mi vida se iba a la mierda:

—Pobre muchacho, si no fuera por su madre y por su mujer sería un hombre flaco y de provecho.

Todo podía haber seguido así de por vida, todas mis mezquindades podrían haberse mantenido haciendo malabares en el fino equilibrio de la distancia, pero entonces ocurrió una tragedia que no estaba en mis planes: la compañía Air Europa sacó una oferta Buenos Aires - Barcelona a 350 dólares, y el mundo se me vino abajo.

Durante veinte días (desde el 10 de abril y hasta ayer) el destino quiso que se mezclara el ganado de mis dos familias. La excusa fue el primer cumpleaños de mi hija, pero en realidad vinieron para desenmascararme. Esta vez el motivo de que no haya escrito nada en Orsai fue ése: si me sentaba a escribir existía la posibilidad de dejar a mi mujer y a mi madre a solas. Y hubiera sido fatal.

Estas tres semanas mi vida se pareció a esos bodeviles de enredos en donde alguien está siempre a punto de ser descubierto. Tuve que estar atento a todas las conversaciones, cambiar de tema en medio de las sobremesas, no ponerle peros a las ideas católicas de mi madre, y toser cuando alguna frase encaraba para el lado de los tomates.

Se dice pronto, pero veinte días enteros con los radares prendidos, veinte días de vigilancia y sigilo, de escuchar detrás de las puertas, de no bañarse por miedo a que alguien diga cosas inconvenientes mientras estás bajo la ducha, de dormir con un ojo abierto, pueden volverte loco. Y casi lo consiguen. Gracias a dios soy un muchacho robusto y tengo reservas de energía; pero yo creo que un tipo normal no superaba semejante presión.

Ayer, por primera vez en tres semanas salí a la calle en piyama a despedir a mis padres. Se fueron en taxi al aeropuerto. Los saludé con la manito. Mientras veía cómo se alejaba el coche, yo pensaba que por fin podría dormir toda la tarde, mirar la tele sin preocuparme de nada, meterme horas en el baño a leer, navegar por internet, comprar seis kilos de jamón crudo y comérmelo yo solo.

Ahora que hay Papa nuevo, la iglesia debería replantearse el asunto de la gula y la pereza. Cuestan demasiado esfuerzo para que sigan siendo pecado.

Hernán Casciari
sábado 30 de abril, 2005


Podés ver a Hernán Casciari en el teatro


JUANRO
03/04/2006 a las 06:54
NUNCA, PERO NUNCA HAY QUE MEZCLAR EL GANADO...POR NINGÚN MOTIVO...ESO ESTÁ EN LA TAPA DEL LIBRO....
http://bufonazo.blogspot.com/
Maribel
07/08/2005 a las 02:59
La gula y la pereza no son pecados..., son
enfermedades Maribel
Maribel
07/08/2005 a las 02:58
La gula y la pereza no son pecados..., son
enfermedades Maribel
Maribel
07/08/2005 a las 02:57
La gula y la pereza no son pecados..., son
enfermedades Maribel
rebecca milans
12/05/2005 a las 21:54
yo tengo la misma aversion por los encuentros entre mis familiares y mis parejas. ni se me cruza que mis padres conozcan a mi novio, aunque viva con el hace dos o tres años conmigo. ahora pienso un poco el tema de las mentiras, pero no es mi motivacion principal, sino el sentirme espiada por duplicado y en stereo
Silvana
09/05/2005 a las 16:10
Ja,ja,ja, cómo me hicistes reír por Dios. Bendice tu casa, que todo vuelve a la normalidad. Ja,ja,ja
inocuo
08/05/2005 a las 18:10
no se si lo sabras, pero tu blog salio en las noticas de la 2. Saludos!
07/05/2005 a las 17:08
Doy fe. Y se deja el messenger prendido.
Anika
07/05/2005 a las 17:00
¿Qué intimidad, Clari, si Hernán es de los que sale a comprar cualquier cosa en pijama las 3 de la mañana?
Toro
07/05/2005 a las 16:04
Copiado.
clari
07/05/2005 a las 13:56
pijama descosido, eso sonó a ultraje a la intimidad
 olo mosquera
07/05/2005 a las 10:09
Llamáme al móvil.
Anika
07/05/2005 a las 09:44
Mejor le avisas primero, Toro. Al menos que se ponga el pijama sin descosidos para recibirte.
Toro
07/05/2005 a las 00:48
Cuando estè por allà, te toco timbre o primero te aviso via mail?

Me gustarìa sorprenderte enseñandole algùn berrinche a la Nina...
En fin, nos veremos...o al menos tirame un morlaco que me sale cara la jodita del tour uropeo!
BenedictoXVI
06/05/2005 a las 23:53
Io dejo un saludo, cuesto Hernán e un hincha pelotas, pero me cae simpático, io te bendigo cabezóne!!.
Ritorno a la mia Gueb.
Ciao
Isa
05/05/2005 a las 21:11
¿Y no te da vergüenza hacerlo público?
Ginger
05/05/2005 a las 20:51
Muchas gracias Ani. Escribir en El Lomo es una generosidad de parte de Hernán para todos los que quieran hacerlo.
Igual sigue siendo un gran mentiroso.
Anika
05/05/2005 a las 20:19
Sí Ginger, a partir de aquél día ya no le creo nada a Hernán. O casi nada. Si me gusta mucho lo que cuenta, entonces le creo un poquito, pero por conveniencia propia nada más.

Y ahora que lo pienso, tú no tienes blog, pero tienes muchas entradas en el lomo, que además de ser las más comentadas son las más mundialmente célebres (o por lo menos una ;-) )
Ginger
04/05/2005 a las 20:51
Anika, después de esa vez que te quiso hacer creer que los argentinos descendíamos de los chinos, le tengo un especial cuidado a las cosas que dice el compatriota. Vos tranquila, que Romu y yo estamos atentas.
Konectada
04/05/2005 a las 20:14
Acusa a la madre de la vagancia,
A la esposa de su gordura
Y a ambas de la ausencia de nuevas entradas en el blog.
Yo ya no creo nada,
Que será lo proximo, acusar a la nina?
Anika
04/05/2005 a las 20:03
¿Ven lo que digo?

Gracias Romu, te hago caso.
La Romu
04/05/2005 a las 19:49
¡No le creas nada!
Anika
04/05/2005 a las 19:26
Ginger, lo peor es que yo sí le creo (bueno, de un tiempo a esta parte ya no tanto). ¡Menos mal que estás tú y la Romu para advertirme!
silvio
04/05/2005 a las 19:18
che lei que podes ver los partidos por internet. Podrias decirme como lo haces?
saludos.
LLegue aca por el diario clarin.
Ginger
04/05/2005 a las 14:08
Laura, yo no tengo blog. Solamente molesto en los blog de amigos, per jodere, viste?.
Gracias igual por preguntar.
Laura
04/05/2005 a las 13:47
Ginger, cómo es que no descubro una bitácora tuya? ...mitómano...je...defecto de los dioses...
Ginger
04/05/2005 a las 13:12
¿Misógino Hernán?, Naaa, que va a ser misógino si le encantan las alemanas de tetas grandes.
Este chico es un gran mitómano, pero misógino no.
Igual nosotras nos hacemos las tontas y le decimos que le creemos todo lo que dice, y ahí anda él, feliz por la vida.
La Romu
04/05/2005 a las 02:12
El problema de los hijos varones es que piensan que una se cree cualquier cosa.

Y después crecen y pontifican.

Un beso igual.
Laura
04/05/2005 a las 00:06
Tranquilo Kill... sólo preguntaba.
KiLLBiLL
03/05/2005 a las 23:37
Tampoco la pavada che!
DudaDesnuda
03/05/2005 a las 21:56
No, Laura. Era a la izquierda. Te fuiste a la derecha y pasan esas cosas, confusiones, errores en de conceptos... lo de siempre, bah!
Hernán será lo que será pero misógino no es. Si tengo que firmar en algún lado, firmo y estoy segura que más de uno/a firma también.

De nada, Hernán. A veces sos medio nabo, pero jamás de los jamases misógino.
Hugo
03/05/2005 a las 21:29
obviamente con "ganado" me estoy refiriendo a tus habitúes, a tus lectores y comentaristas habituales.
Hugo
03/05/2005 a las 21:28
No es por nada, Hernán, pero te juro que ni bien leí el título del post, y el primer párrafo del mismo, pensé que ibas a hablar de los problemas de mezclar el ganado lector de Orsai, con el ganado lector del Vidente...
Laura
03/05/2005 a las 20:55
Quise apretar el boton de la izquierda, estimada Duda, y me equivoqué y apreté el de la derecha y mirá lo que salió:
misógino, na.
(Del gr. μισόγυνος).
1. adj. Que odia a las mujeres, manifiesta aversión hacia ellas o rehúye su trato. U. m. c. s. m.



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 olo mosquera
03/05/2005 a las 19:11
gracias, duda.
DudaDesnuda
03/05/2005 a las 19:08
A mi se me hace que Hernán no es inseguro. Es jodido. Pero en el fondo, a la izquierda y apretando el botón (o tirando la cadena), es leal y bueno en el buen sentido de la palabra bueno.
KiLLBiLL
03/05/2005 a las 18:34
Flaco te vamos a tener que empezar a tirar un par de temas para que te explayes, tanto jamón crudo te secó el seso!.
Mary
02/05/2005 a las 20:56
En verdad no entiendo muy bien como funcionan estos mecanismos de la mente masculina (perdón, no quiero generalizar... hay hombres que parecen no estar tan ...afectados? por ciertos fenómenos).
Seguramente los hombres siempre tendrán un costado enigmático para nosotras, lo cual no me parece tan malo, por algo pertenecemos a diferentes géneros y quizás esas diferencias sean en parte la base de nuestros acercamientos.
Lo que es evidente, es que para algunos de ellos ... nosotras... somos una especie de megaenigma ... un terreno desconocido de proporciones inconmensurables adonde el solo atisbo de profundización puede acarrear derivaciones insospechadas y ciertamente peligrosas.
Ante ese desconocimiento, el patrón de conducta de él no puede otra cosa que ser de patético para abajo... como creo le ocurrió a Hernán.
Tanta preocupación por guardar las apariencias en relaciones de afecto básicas como la de pareja o la de madre / hijo?
Lo tuyo parece ser "La inseguridad AL PALO"
Un psicólogo a la derecha por favor!
nariCa
02/05/2005 a las 20:39
Hay por favor Leandro de B #23 me encantaría leer algo mas sobre eso... debe haber sido una fiesta impresionante, fantastica... llena de recuerdo de mier... ja ja que bueno ! Please contala...
nariCa
02/05/2005 a las 20:38
Hay por favor Leandro de B #23me encantaría leer algo mas sobre eso... debe haber sido impresionante, fantastica... llena de recuerdo de mier... ja ja. Please...
Leandro de B.
02/05/2005 a las 17:56
Una de mis peores experiencias te da la razón Hernán. No hay nada peor que mezclar especies. Imagínate una fiesta sorpresa de 40 cumpleaños llena de gente sacadas a traición de viejas agendas olvidadas... puro gore.
Excompañeros de estudios que no se pueden ver entre ellos, excompañeros de antiguos trabajos a los que no querrías volver a ver nunca más y gente a la que no reconoces, un horror.
Pero, eso sí, como todas las mayores putadas en la vida, todo hecho con la mejor intención.
El Angel Gris
02/05/2005 a las 15:04
Es un problema de género,Hernán, a cualesquiera dos mujeres de este planeta, les bastan dos minutos en un baño de un restaurante, para hacerse intimas amigas.

Imaginate teniendo un marido/hijo de por medio, sos boleta.
pablotossi
02/05/2005 a las 14:38
no les pediste un BIDET de regalo???
walquiria
01/05/2005 a las 23:09
Tenía razón... Hernán estaba ocupado con la familia, pero no de anfitrión como yo pensaba...
En fin, estás de vuelta y como siempre.. genial
Cariños
Walquiria
Ciber
01/05/2005 a las 23:01
"Todo lo pintoresco o extravagante que puedo ser durante una cena, se transforma en monstruoso más o menos promediando los postres"

Me definiste sin conocerme!! jajaja!
sos un maestro
Hazel
01/05/2005 a las 20:14
Un poquito desfasado el titulo... pero al final tienes razon (aunque lo podias decir sin menospreciar a las personas). Total que llevas razon.
Lepero
01/05/2005 a las 19:09
El unico borrego aqui eres tu... Comparar la familia y amigos con ganado, es de dementes...
KarinaPaola
01/05/2005 a las 18:40
Gracias Hernan, como todo...excelente!
Ecoloco
01/05/2005 a las 17:13
Que la pereza es un pecado ???
Por más que 'habemus' o no la iglesia con estas ideas se cava la fosa sola...
Y lo de las minas es cierto, intuición y telepatía son condiciones natas de las brujas...

Besos, Abrazos y Apapachos...
Gus
01/05/2005 a las 17:02
Saliste en Clarín !!!!!!!!!
Laura
01/05/2005 a las 16:33
Bienaventuradas las mujeres, porque de ellas será el reino de la verdad!!!!!Hereje!!!
pecadora
01/05/2005 a las 16:14
Fue inútil tu estrategia. Seguramente con miradas nomás se habrán entendido Cristina y tu mamá.

En el pedido al Papa, en el remate, te quedaste corto...decímelo a mí.
Ginger
01/05/2005 a las 15:47
Lo tuyo es poco conocimiento de las mujeres, tanto tu madre como Cristina saben perfectamente que sos un gran mentiroso. El trabajo fue de ellas, tratar de disimular para que no te sientas mal. O sea que sufriste al cuete.
piturda
01/05/2005 a las 13:37
que te voy a decir..... cuando se conocieron la tesitura fue el uxoricidio, que no era mala idea, o el matricidio. opté por la solución intermedia; el divorcio y volví a vivir tranquilo y !!!!SOLO¡¡¡¡
01/05/2005 a las 13:37
A que no te acordaste del micrófono.
Eduardo
01/05/2005 a las 11:20
Pues yo espero que no te hayan descubierto, pero sobre todo espero que por fin te hayas podido duchar, que veinte años no serán nada, pero veinte días sin ducharse son una eternidad.
Mandinga
01/05/2005 a las 08:57
¿Y tú crees que te salvaste? Ni cagando, Hernán.

Las mujeres son chismosas por vocación, incluso más que aguafiestas («es que yo pensé que te parecería una buena idea»; «por el culo no»...), si bien es cierto que una cosa lleva a la otra; así que no te creas que pasaste piola. Si estos últimos veinte días te viste en riesgo de terminar loquete, olvídate: lo que de verdad te va a volver loco ahora es enterarte de golpe, en el momento menos pensado, de que todo el esfuerzo y tiempo sacrificado en impedir tu desprestigio fueron en vano.

Ya verás cómo se han puesto al día de todas tus miserias, incluso de las que no cuentas aquí, en Orsái.
Max
01/05/2005 a las 08:34
"Ahora que hay Papa nuevo, la iglesia debería replantearse el asunto de la gula y la pereza. Cuestan demasiado esfuerzo para que sigan siendo pecado."

¿Un remate? nuuuuuuuuuuuu UN REMATÓN

Se te extrañaba, impecable.
cristian
01/05/2005 a las 07:20
jajaja, "comprar seis kilos de jamón crudo y comérmelo yo solo", eso esta bueno, jajaja.
Che que linda la torta, me encanto el detalle del nombre con frutas, muy bueno
Bandancha
01/05/2005 a las 07:04
Jaaaaa!
 olo mosquera
01/05/2005 a las 07:00
¿Mi suegra? ¡Una santa!
Bandancha
01/05/2005 a las 06:58
Iba a preguntar por tu suegra, pero temo meter la pata.
Mandinga
01/05/2005 a las 06:51
Primeee...