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Historias
martes 26 de julio, 2005

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Historias
martes 26 de julio, 2005

Los ríos son caminos que andan y se cruzan

   

Sobre las calles de tierra de la Pampa Chica los veranos son más calurosos que en cualquier otra parte de Mercedes. El polvo entra a las casas por las puertas de chapa, y los dos hijos mayores de la familia Galíndez salen con baldes, después del mediodía, y echan agua para que el viento no levante mugre. Se llaman Marcos y el Negro; en el barrio les dicen los de Galíndez.

Tienen las caras aindiadas, el pelo enmarañado y sucio, y no son de hablar mucho con nadie. Los viernes se emborrachan en el club Apolo y después van al Freddy Fiesta Bailable. Los de Galíndez todavía son menores, pero no les queda mucho. Tienen solamente un año más para seguir levantando zanelitas. Se las venden a un tipo que viene dos veces por mes, en un Peugeot 504 celeste. No saben el apellido del tipo: le dicen El Rengo. El Rengo se lleva los motores y a veces, si la moto es nueva, también algunos repuestos. Nunca paga arriba de doscientos pesos la pieza.

Marcos, el más grande, es muy difícil que lo veas reírse. Desde hace un tiempo anda más callado que de costumbre: tiene una novia, una chica de catorce, que necesita plata para sacarse un chico. Ya vieron a la enfermera: les pide quinientos pesos; Marcos le reza a la Virgen para que venga pronto el rengo del Peugeot a llevarse algunos motores.

El otro, el Negrito, le tomó la mano a la merca y le perdió el respeto a una sevillana que era de su padre. Ya le sacó la cartera a un par de viejas el domingo, bien temprano. Descubrió que no era difícil. De noche fantasea: sueña con comprarse una 38. Se duerme con la sensación segura y fría de la culata en el cinturón. Mientras tanto sabe que mañana será domingo, y que otras carteras y otras viejas vendrían bien para comprarse el caño, o hasta incluso para prestarle algo al hermano, si no llega para el aborto.

Fabi López tiene, en el cuarto que comparte con otras tres hermanas, dos posters de Bisbal y un rosario colgado sobre la pared de la cama. No le ha dicho a nadie, absolutamente a nadie exceptuando a su novio, que está embarazada. Fabi es casi una nena; su cuerpo todavía se está formando y anda muy nerviosa porque acaba de llegar a la casa de la enfermera.

Están cerca de la Liga de Padres; la casa tiene un jardincito en el frente. Atrás hay perros, muchos perros, y un gallinero. Se ve la trompa de una Studebaker destrozada. Fabi entra temblando a una habitación empapelada de blanco y muy húmeda. Marcos Galíndez, el novio, le suelta por fin la mano y la espera en la cocina. La enfermera les quiso cobrar por adelantado y Marcos le dio trescientos pesos. La mujer no quiso saber nada pero el llanto de Fabi la ablandó. Los dos chicos juraron que en la semana pasaban con el resto. Ella los amenazó con contarle todo a los padres de Fabiana si no cumplían el plazo. Después de eso, palmeó a la chica y le dijo "es una cosita de nada, poco tiempo y después sí, bastante reposo".

La enfermera es gorda y tiene cara de madre antigua; sus manos son rechonchas, con dedos cortos que se mueven mucho cuando habla. En la cocina, donde Marcos se ha quedado solo, hay una foto de Eva Duarte con los brazos alzados al cielo. Se entiende que abajo, más allá del marco, está el pueblo que grita.

El marido de la enfermera ha entrado a la casa y saluda a Marcos Galíndez sin preguntarle ni quién es ni qué hace allí. Pone el agua para unos mates y se va al baño. Es un hombre petiso, moreno, que parece buena persona. Antes era ferroviario, pero en noviembre del año pasado le llegó el telegrama. Ahora es casero en una casaquinta del barrio del Parque. Después de los mates irá a su trabajo en bicicleta: le pagan poco, pero al menos hace algo y nadie puede decir que su mujer lo mantiene. La pava está casi a punto cuando del otro lado de la pared se escucha el grito de la chica. Es un grito como el de un chancho, un grito desgarrado. El marido de la enfermera no se inmuta. Apaga el fuego y ve crecer la espuma del mate en silencio.

La casaquinta es preciosa, no queda lejos del Río Lujan. El casero tarda bastante en llegar: vive en la otra punta de la ciudad. Los dueños de la casaquinta son un matrimonio con tres hijos adolescentes. El casero tiene una cabaña al fondo, luego del parque, con un catre y los elementos de jardinería.

Llega en la bicicleta, dispuesto a cortar un poco el pasto. Ve, cerca de la casa, el Fiat de los chicos. Le resulta extraño que haya gente a esa hora, pero no le da importancia. Piensa que los hijos del matrimonio están con amigos. El casero va tranquilamente hasta su cabaña a buscar la máquina de cortar césped y presiente que adentro hay alguien. Entra de golpe, sin llamar.

La hija de los patrones, una chica muy rubia, jovencita, está en el catre con un muchacho encima: ambos se sobresaltan cuando ven al casero y se cubren con una manta. La cama está desordenada; hay ropa en el piso.

La chica le pide al hombre que no le cuente nada a sus padres; está pálida y a punto de llorar. Tiene vergüenza en los ojos. El casero no habla. El muchacho, un completo desconocido para el hombre, antes de irse deja un billete de cincuenta pesos sobre la mesa. Le dice al hombre: "No le diga nada a los padres de Mariana, no hace falta". Cuando se van, el casero se mete la plata en el bolsillo.

El muchacho sale de la cabaña con la chica y se visten dentro del auto. Después se van al centro y toman una cerveza en La Recoba. A la media hora ella se va en el auto y le deja un beso en la boca.

El muchacho se llama Sebastián, tiene veinte años y estudia abogacía en El Salvador. No le interesa demasiado la política, lo que le gustan son los autos. Los sábados corre algunas picadas. Sus padres están separados y él vive con su madre. Es el único protagonista de esta historia al que conozco personalmente.

Sebastián llega a su casa a la hora de cenar. Hoy está contento porque ha logrado, por fin, acostarse con Mariana. Ya ha olvidado el incidente con el casero. Su madre lo nota diferente y le pregunta qué le pasa. Él no responde nada en particular: sabe que su madre está viendo una película en el cable y que la pregunta es un puro compromiso.

La madre de Sebastián, Beba, es psicóloga y todavía no ha superado su fracaso matrimonial. De noche tiene insomnio; ahora está saboreando un té de tilo Cachamay pero, antes de acostarse, se tomará un par de lexotaniles.

La mujer tiene una nueva pareja, pero su hijo todavía no lo sabe. El hombre es dentista y está casado. Se ven esporádicamente. Eligen para encontrarse el hotel que pusieron en la ruta. El dentista ahora ha tocado el timbre intempestivamente. Es casi la una de la madrugada y Sebastián ha vuelto a salir. La mujer baja y atiende. El dentista le pregunta si puede pasar. Le dice que no soporta verla así, a escondidas, como si fueran delincuentes, y que ha decidido divorciarse. La madre de Sebastián, Beba, sonríe desde la puerta.

La esposa del dentista se llama Ana y supone que su marido está en una reunión del centro médico. Sabe que ya son demasiadas reuniones nocturnas, pero prefiere hacerse la idiota. En realidad vive bien, no le falta nada. Todos los amigos suponen que forman una pareja perfecta.

Llega un momento en el que no importa la realidad: sólo la apariencia tiene algún sentido. La mujer del dentista, Ana, ha comprendido con los años que la hipocresía es casi un arte. El ser humano es lo que quisiera ser, no lo que acaba siendo. Ahí está la verdad de la milanesa. Además no han tenido hijos, y eso, bien mirado, siempre es una suerte.

Pero Ana no cree demasiado en esa tranquilidad fabricada. No en noches como esa. Por eso ahora, que está en su casa dentro de un silencio demoledor, marca un número en el teléfono y escucha, del otro lado de la línea, con cierto alivio, la voz de su madre.

Hablan de nada, de cosas intrascendentes, pero la madre de Ana entiende —porque es madre— que su hija está al borde de una crisis. Le dice que debería tener un hijo. Ana dice que su marido no quiere. La madre, vieja zorra, le asegura: "Con que lo quieras vos basta y sobra; no siempre hay que hacerle caso a los hombres". Ana sonríe.

Los padres de Ana hace treinta años que están casados y todavía se respetan. Él le ceba mates por las mañanas; ella comenta en voz alta las noticias del Nuevo Cronista. Claro que han pasado por crisis, por supuesto que han tenido discusiones y problemas, pero jamás han dejado de respetarse.

La mujer ahora es una vieja sagaz que todavía lee novelas de Eduardo Mallea por las noches. Él juega a las bochas en el Porvenir y luego, de noche, ven juntos algún programa en la tele. Les hubiera encantado tener nietos: todavía sueñan con esa yapa tierna de la vejez.

Los domingos salen. Siempre. A donde sea. A veces van al Puente Cañón a mirar el río. O al arroyito Frías. Él no puede dejar de recordar unas palabras de Pascal: "Los ríos son caminos que andan y se cruzan". Ella se entretiene cortando violetas. Saben que están viejos y que, un día, a uno de los dos le faltará el otro.

Esta noche de sábado no hay ningún programa interesante en la televisión. La pareja de ancianos ya se ha metido en la cama. Ella le dice que Ana ha llamado y que está triste. "Pobre hija mía", dice él. Ninguno de los dos comprende cómo una pareja puede dejar de respetarse.

No hace mucho, una noche, los padres de Ana subieron a la terraza del edificio en que viven. Una vez arriba, a diez pisos de la ciudad, se quedaron mirando el paisaje. El clima era hermoso y había luna. Él dijo: "¿Te das cuenta? Este pueblo está en un pozo". Ella lo miró porque sabía que el hombre estaba haciendo un juego de palabras. Se abrazaron y ella señaló las luces de las casas del centro, algunos autos, otras luces en ventanas encendidas. Dijo: " La cantidad de historias que ha de haber en cada ventana. Incluso en este pueblo, que parece muerto". Él no dijo nada.

Ahora es domingo por la mañana y ella ha bajado a comprar el pan. Él todavía duerme. La madre de Ana camina muy despacio: va pensando que por la tarde visitará a su hija. Sabe que podrá aconsejarla bien.

Cruza una calle. No ve, detrás suyo, al menor de los Galíndez, al Negrito, que corre con sigilo. Es un chico de quince, diesciséis años. Hay un movimiento brusco. Ella, la mujer, se aferra a su cartera. En la calle todavía no hay nadie. El chico se asusta, no está en sus cabales. En la mano derecha tiene una sevillana que fue de su padre. Solamente quiere cortar la cuerda de la cartera para salir corriendo. Equivoca el tajo y del pecho de la mujer sale un borbotón caliente. Hay otro forcejeo, la cartera por fin cede y el chico corre con el botín. La mujer no sabe por qué se tambalea y, cuando descubre sus manos llenas sangre cae a la vereda con un ruido seco. Tiene los ojos abiertos, en cualquier momento dejará de moverse.

El domingo avanza en Mercedes y ya muchos se están levantando para ir a misa. Alguien la encontrará pronto.

Hernán Casciari
martes 26 de julio, 2005


Los ríos son caminos que andan y se cruzan

por Hernán Casciari

Sobre las calles de tierra de la Pampa Chica los veranos son más calurosos que en cualquier otra parte de Mercedes. El polvo entra a las casas por las puertas de chapa, y los dos hijos mayores de la familia Galíndez salen con baldes, después del mediodía, y echan agua para que el viento no levante mugre. Se llaman Marcos y el Negro; en el barrio les dicen los de Galíndez.

Tienen las caras aindiadas, el pelo enmarañado y sucio, y no son de hablar mucho con nadie. Los viernes se emborrachan en el club Apolo y después van al Freddy Fiesta Bailable. Los de Galíndez todavía son menores, pero no les queda mucho. Tienen solamente un año más para seguir levantando zanelitas. Se las venden a un tipo que viene dos veces por mes, en un Peugeot 504 celeste. No saben el apellido del tipo: le dicen El Rengo. El Rengo se lleva los motores y a veces, si la moto es nueva, también algunos repuestos. Nunca paga arriba de doscientos pesos la pieza.

Marcos, el más grande, es muy difícil que lo veas reírse. Desde hace un tiempo anda más callado que de costumbre: tiene una novia, una chica de catorce, que necesita plata para sacarse un chico. Ya vieron a la enfermera: les pide quinientos pesos; Marcos le reza a la Virgen para que venga pronto el rengo del Peugeot a llevarse algunos motores.

El otro, el Negrito, le tomó la mano a la merca y le perdió el respeto a una sevillana que era de su padre. Ya le sacó la cartera a un par de viejas el domingo, bien temprano. Descubrió que no era difícil. De noche fantasea: sueña con comprarse una 38. Se duerme con la sensación segura y fría de la culata en el cinturón. Mientras tanto sabe que mañana será domingo, y que otras carteras y otras viejas vendrían bien para comprarse el caño, o hasta incluso para prestarle algo al hermano, si no llega para el aborto.

Fabi López tiene, en el cuarto que comparte con otras tres hermanas, dos posters de Bisbal y un rosario colgado sobre la pared de la cama. No le ha dicho a nadie, absolutamente a nadie exceptuando a su novio, que está embarazada. Fabi es casi una nena; su cuerpo todavía se está formando y anda muy nerviosa porque acaba de llegar a la casa de la enfermera.

Están cerca de la Liga de Padres; la casa tiene un jardincito en el frente. Atrás hay perros, muchos perros, y un gallinero. Se ve la trompa de una Studebaker destrozada. Fabi entra temblando a una habitación empapelada de blanco y muy húmeda. Marcos Galíndez, el novio, le suelta por fin la mano y la espera en la cocina. La enfermera les quiso cobrar por adelantado y Marcos le dio trescientos pesos. La mujer no quiso saber nada pero el llanto de Fabi la ablandó. Los dos chicos juraron que en la semana pasaban con el resto. Ella los amenazó con contarle todo a los padres de Fabiana si no cumplían el plazo. Después de eso, palmeó a la chica y le dijo "es una cosita de nada, poco tiempo y después sí, bastante reposo".

La enfermera es gorda y tiene cara de madre antigua; sus manos son rechonchas, con dedos cortos que se mueven mucho cuando habla. En la cocina, donde Marcos se ha quedado solo, hay una foto de Eva Duarte con los brazos alzados al cielo. Se entiende que abajo, más allá del marco, está el pueblo que grita.

El marido de la enfermera ha entrado a la casa y saluda a Marcos Galíndez sin preguntarle ni quién es ni qué hace allí. Pone el agua para unos mates y se va al baño. Es un hombre petiso, moreno, que parece buena persona. Antes era ferroviario, pero en noviembre del año pasado le llegó el telegrama. Ahora es casero en una casaquinta del barrio del Parque. Después de los mates irá a su trabajo en bicicleta: le pagan poco, pero al menos hace algo y nadie puede decir que su mujer lo mantiene. La pava está casi a punto cuando del otro lado de la pared se escucha el grito de la chica. Es un grito como el de un chancho, un grito desgarrado. El marido de la enfermera no se inmuta. Apaga el fuego y ve crecer la espuma del mate en silencio.

La casaquinta es preciosa, no queda lejos del Río Lujan. El casero tarda bastante en llegar: vive en la otra punta de la ciudad. Los dueños de la casaquinta son un matrimonio con tres hijos adolescentes. El casero tiene una cabaña al fondo, luego del parque, con un catre y los elementos de jardinería.

Llega en la bicicleta, dispuesto a cortar un poco el pasto. Ve, cerca de la casa, el Fiat de los chicos. Le resulta extraño que haya gente a esa hora, pero no le da importancia. Piensa que los hijos del matrimonio están con amigos. El casero va tranquilamente hasta su cabaña a buscar la máquina de cortar césped y presiente que adentro hay alguien. Entra de golpe, sin llamar.

La hija de los patrones, una chica muy rubia, jovencita, está en el catre con un muchacho encima: ambos se sobresaltan cuando ven al casero y se cubren con una manta. La cama está desordenada; hay ropa en el piso.

La chica le pide al hombre que no le cuente nada a sus padres; está pálida y a punto de llorar. Tiene vergüenza en los ojos. El casero no habla. El muchacho, un completo desconocido para el hombre, antes de irse deja un billete de cincuenta pesos sobre la mesa. Le dice al hombre: "No le diga nada a los padres de Mariana, no hace falta". Cuando se van, el casero se mete la plata en el bolsillo.

El muchacho sale de la cabaña con la chica y se visten dentro del auto. Después se van al centro y toman una cerveza en La Recoba. A la media hora ella se va en el auto y le deja un beso en la boca.

El muchacho se llama Sebastián, tiene veinte años y estudia abogacía en El Salvador. No le interesa demasiado la política, lo que le gustan son los autos. Los sábados corre algunas picadas. Sus padres están separados y él vive con su madre. Es el único protagonista de esta historia al que conozco personalmente.

Sebastián llega a su casa a la hora de cenar. Hoy está contento porque ha logrado, por fin, acostarse con Mariana. Ya ha olvidado el incidente con el casero. Su madre lo nota diferente y le pregunta qué le pasa. Él no responde nada en particular: sabe que su madre está viendo una película en el cable y que la pregunta es un puro compromiso.

La madre de Sebastián, Beba, es psicóloga y todavía no ha superado su fracaso matrimonial. De noche tiene insomnio; ahora está saboreando un té de tilo Cachamay pero, antes de acostarse, se tomará un par de lexotaniles.

La mujer tiene una nueva pareja, pero su hijo todavía no lo sabe. El hombre es dentista y está casado. Se ven esporádicamente. Eligen para encontrarse el hotel que pusieron en la ruta. El dentista ahora ha tocado el timbre intempestivamente. Es casi la una de la madrugada y Sebastián ha vuelto a salir. La mujer baja y atiende. El dentista le pregunta si puede pasar. Le dice que no soporta verla así, a escondidas, como si fueran delincuentes, y que ha decidido divorciarse. La madre de Sebastián, Beba, sonríe desde la puerta.

La esposa del dentista se llama Ana y supone que su marido está en una reunión del centro médico. Sabe que ya son demasiadas reuniones nocturnas, pero prefiere hacerse la idiota. En realidad vive bien, no le falta nada. Todos los amigos suponen que forman una pareja perfecta.

Llega un momento en el que no importa la realidad: sólo la apariencia tiene algún sentido. La mujer del dentista, Ana, ha comprendido con los años que la hipocresía es casi un arte. El ser humano es lo que quisiera ser, no lo que acaba siendo. Ahí está la verdad de la milanesa. Además no han tenido hijos, y eso, bien mirado, siempre es una suerte.

Pero Ana no cree demasiado en esa tranquilidad fabricada. No en noches como esa. Por eso ahora, que está en su casa dentro de un silencio demoledor, marca un número en el teléfono y escucha, del otro lado de la línea, con cierto alivio, la voz de su madre.

Hablan de nada, de cosas intrascendentes, pero la madre de Ana entiende —porque es madre— que su hija está al borde de una crisis. Le dice que debería tener un hijo. Ana dice que su marido no quiere. La madre, vieja zorra, le asegura: "Con que lo quieras vos basta y sobra; no siempre hay que hacerle caso a los hombres". Ana sonríe.

Los padres de Ana hace treinta años que están casados y todavía se respetan. Él le ceba mates por las mañanas; ella comenta en voz alta las noticias del Nuevo Cronista. Claro que han pasado por crisis, por supuesto que han tenido discusiones y problemas, pero jamás han dejado de respetarse.

La mujer ahora es una vieja sagaz que todavía lee novelas de Eduardo Mallea por las noches. Él juega a las bochas en el Porvenir y luego, de noche, ven juntos algún programa en la tele. Les hubiera encantado tener nietos: todavía sueñan con esa yapa tierna de la vejez.

Los domingos salen. Siempre. A donde sea. A veces van al Puente Cañón a mirar el río. O al arroyito Frías. Él no puede dejar de recordar unas palabras de Pascal: "Los ríos son caminos que andan y se cruzan". Ella se entretiene cortando violetas. Saben que están viejos y que, un día, a uno de los dos le faltará el otro.

Esta noche de sábado no hay ningún programa interesante en la televisión. La pareja de ancianos ya se ha metido en la cama. Ella le dice que Ana ha llamado y que está triste. "Pobre hija mía", dice él. Ninguno de los dos comprende cómo una pareja puede dejar de respetarse.

No hace mucho, una noche, los padres de Ana subieron a la terraza del edificio en que viven. Una vez arriba, a diez pisos de la ciudad, se quedaron mirando el paisaje. El clima era hermoso y había luna. Él dijo: "¿Te das cuenta? Este pueblo está en un pozo". Ella lo miró porque sabía que el hombre estaba haciendo un juego de palabras. Se abrazaron y ella señaló las luces de las casas del centro, algunos autos, otras luces en ventanas encendidas. Dijo: " La cantidad de historias que ha de haber en cada ventana. Incluso en este pueblo, que parece muerto". Él no dijo nada.

Ahora es domingo por la mañana y ella ha bajado a comprar el pan. Él todavía duerme. La madre de Ana camina muy despacio: va pensando que por la tarde visitará a su hija. Sabe que podrá aconsejarla bien.

Cruza una calle. No ve, detrás suyo, al menor de los Galíndez, al Negrito, que corre con sigilo. Es un chico de quince, diesciséis años. Hay un movimiento brusco. Ella, la mujer, se aferra a su cartera. En la calle todavía no hay nadie. El chico se asusta, no está en sus cabales. En la mano derecha tiene una sevillana que fue de su padre. Solamente quiere cortar la cuerda de la cartera para salir corriendo. Equivoca el tajo y del pecho de la mujer sale un borbotón caliente. Hay otro forcejeo, la cartera por fin cede y el chico corre con el botín. La mujer no sabe por qué se tambalea y, cuando descubre sus manos llenas sangre cae a la vereda con un ruido seco. Tiene los ojos abiertos, en cualquier momento dejará de moverse.

El domingo avanza en Mercedes y ya muchos se están levantando para ir a misa. Alguien la encontrará pronto.

Hernán Casciari
martes 26 de julio, 2005


¿Te gustó esta historia?

Pertenece al libro Charlas con mi hemisferio derecho, de Hernán Casciari. Está a la venta en la Tienda Orsai y te lo mandamos a tu casa sin gastos de envío.


07/04/2016 a las 22:24
La injusticia no se construye individualmente, sino en sociedad. Si los de Galíndez son inocentes, el resto también. Y si los de Galíndez son culpables, el resto también.

Dos correcciones en el anteúltimo párrafo: "diesciséis" y "llenas sangre".
 Enrique Martí
04/07/2014 a las 04:25
nueve años después, me encuentro con este post y me caigo de culo. Impecable, Casciari!
12/06/2013 a las 19:51
La historia del aborto me recordó por qué el 23 de junio NO hay que ir a votar. En Uruguay se aprobó una ley de aborto seguro, gratuito y garantizado por el estado, en el que la sola voluntad de la mujer bastará para hacérselo, y luego la informarán sobre todos los métodos anticponceptivos que existen. La iglesia y varias agrupaciones "de derecha" juntaron firmas para que se derogue esa ley. El domingo, si estás en contra, tenés que ir a votar (a pesar de que hay diputados como Pablo Abdala que te dicen que tenés que ir igual). Este cuento, que disruté muchísimo, me remarcó por qué no hay que ir. Hay muchas Fabi entre nosotros.
 Martin Calvo
19/03/2013 a las 16:53
Con este te luciste!
Frank
05/04/2006 a las 13:14
Sasha
05/04/2006 a las 11:08
bauy buy hydrocodone here.
Adrian Ramiro
19/08/2005 a las 03:21
Creo que la necesidad del menor de ayudar a su hermano a costear el aborto es lo que cierra el circulo, sino, por mas hermanos que sean y compartan "profesion" eran historias separadas que solo tenian personajes en comun.

Hernan, hace muy poco que te leo y la verdad que gracias a tus cuentos cortos, anecdotas contadas de esta manera y demas me estoy haciendo aficionado a la literatura, ligera por ahora al menos.

Saludos desde la cordial.
RaW
08/08/2005 a las 04:39
hernan solo te he leido 2 veces y una de ellas me hicieste reir a carcajadas y en esta ultima me dejataste pensado...

Realmente estubo muy bueno tu cuento... Felicidades

"Los ríos son caminos que andan y se cruzan" cuanto me falta para desenvocar en la mar y cuantas nuevas aguas se cruzaran en este camino...
RaW
08/08/2005 a las 04:39
hernan solo te he leido 2 veces y una de ellas me hicieste reir a carcajadas y en esta ultima me dejataste pensado...

Realmente estubo muy bueno tu cuento... Felicidades

"Los ríos son caminos que andan y se cruzan" cuanto me falta para desenvocar en la mar y cuantas nuevas aguas se cruzaran en este camino...
Aboreh
02/08/2005 a las 14:54
Grande, Hernan.

El circulo tenia que cerrarse, y por el tono parecia que se iba a cerrar mal, como asi ha sido.

Un saludo

Aboreh
Julieta
30/07/2005 a las 06:27
Casciari, puta q escribe bien!!!!!!!!
DudaDesnuda
29/07/2005 a las 19:06
Compren un container de Carilinas que Hernán está por inundar el escritorio.

Besos y lágrimas.
Juan Ferrandis
29/07/2005 a las 18:46
Hace algún tiempo, alguien diría que en Mercedes esto jamás podría pasar. Patrañas.
Impactante Hernán... y dos muertes.
El Angel Gris
29/07/2005 a las 14:12
Anotándome desde la ignorancia en esta última parte de la charla digo, no es casual la frase "es al único que conozco personalmente", ni tampoco es casual que el relato comience y termine con los Galindez.

Parciera que todos los otros son en realidad parte del círculo, actores de reparto, que empieza y termina en los Galindez o por lo menos en el menor.

A mi humilde criterio, la intención de centralizar la atención del lector en un personaje luego de paserarlo por varios, se logra en el momento en que es al único que se lo vuelve a mentar. Todos aparecen y se van del texto menos el menor, quizá por eso se centralizó el debate en ese personaje.
KiLLBiLL
29/07/2005 a las 05:59
"Pienso que es bueno que en un relato haya un leve aire de amenaza...Debe haber tensión, una sensación de que algo es inminente." Dijo R. Carver y tiene razón.
Perdonene que insista pero es que ceo que estan "missing the point". Podemos hablar horas sobre si te gusta o no te gusta como un escritor resuelve una historia para un lado o para el otro, personalmente no creo relevante la aclaración de que a "Es el único protagonista de esta historia al que conozco personalmente." pero es cosa de quien escribe querer compartir ese dato, lo puedo interpretar como que por ahí viene toda la información, ya que se traza una pequeña radiografía sobre las características personales de cada uno, ó como que con esto me dice "esto pasó de verdad loco" lo cual no resta ni suma nada porque si esto habitara la cabeza de Hernán, su imaginario, no deja de ser bello. Contar una historia sobre vidas aisladas que magicamente quedan unidas en un segundo haciendo que el tiempo se detenga es un ejercicio hermoso, la idea nunca es bajr linea solo ser testigos y estar ahí.
Salute Hernán
Matu
28/07/2005 a las 20:26
Brillante el relato, Hernán. Vas llevándo al lector a un clima de tensión, hasta que el final se precipita. La única duda que me queda es por qué nos abandonaste. ¡Dos meses de vacaciones en la ciénaga!.
 olo mosquera
28/07/2005 a las 20:12
Estoy de acuerdo con ElTeta. El sentido fue exactamente ése y quiere dar un quiebre voluntario al texto.

Pero sigo conmocionado: ¡estamos hablando de técnicas literarias! Voy a llorar...
Laura
28/07/2005 a las 20:05
Bien ElTeta!!!Que sabio lo que acbás de decir!
ElTeta
28/07/2005 a las 19:42
Yo creo que lo de que "Es el único protagonista de esta historia al que conozco personalmente". es lo que convierte al cuento en una historia contada en primera persona.
Hace que uno se comprometa más con el relato y termine opinando sobre la vida de los Galíndez y no sobre técnica literaria.
DudaDesnuda
28/07/2005 a las 18:53
Te parió... cuando sea grande quiero escribir como vos. Hay otras vidas, ¿qué me miran?

Yo estoy de acuerdo con Ada en varias cosas pero lo de las sentencias es algo que no me molestan, pero ya sé que los que saben siempre corrigen eso.. En realidad tal vez tus sentencias no me molesten, yo si algo no soy es objetiva. No hace falta que lo aclare.
La sentencia de hoy: "Llega un momento en el que no importa la realidad: sólo la apariencia tiene algún sentido."
Juro que la imprimo y se la regalo a mi cuñada.

Besos fanáticos.
KiLLBiLL
28/07/2005 a las 16:25
Lean a Raymond Carver y dejense de hablar pelotudeces, ya me hicieron calentar. (jeje)
Bart
28/07/2005 a las 09:20
¿Seguro que tu casa está en la 35 y la 32? (56). Mira que tú dando direcciones eres muy malo. ¡Que el Barbarela no está en Travesera esquina Trujillo! Que ese es otro que ni se llama Barbarela ni tiene bidé ni nada. Que me tuve que volver para casa con la obras completas de José Maria Pemán sin estrenar.
Carlos
28/07/2005 a las 05:03
Che Angelito...

El pelotudómetro esta al mango con tus comentarios.

Un aplauso para el #69 de mi parte...

Carlos
 olo mosquera
27/07/2005 a las 21:35
Gracias, Ada (#68): cuando hay cuentos, ésos son los comentarios que más me gustan.
Ginger
27/07/2005 a las 21:13
¿Vieron? ¿vieron que yo no soy la única?. Muy bien Laura por la teoría de la síntesis.
Laura
27/07/2005 a las 20:14
Chichita me sacó el pensamiento y lo puso en un comment. También pienso, y no sé si a usted no le parece, que algunos comentarios se exceden en largura y eso los convierte casi en un post. Síntesis, amigos, síntesis.
Chichita
27/07/2005 a las 19:00
Hernan: el post de hoy me gusto mucho. Una joyita.
Pero hay algo que me gusto mucho mas y yo le pondria de titulo :" los comentaristas son caminos que andan y se cruzan" Que bueno esta leerlos y ver como algunos se van para el lado de los tomates.Jajaja.
Sigo pensando que lo9s comentarios son muy divertidos y son a veces la frutilla del postre.
Neoliberal
27/07/2005 a las 18:39
Un porcentaje ínfimo de personas tiene valores los suficientemente sólidos que le impidan dejarse arrastrar por las circunstancias.

La mayoría de nosotros simplemente pensamos que nuestras acciones podrían ser castigadas y evitamos actuar visceralmente, pero en un ambiente de plena impunidad muchos actuaríamos como nos diera la gana, ya sea robando o asesinando.

En los campos de concentración Nazi se pudo ver lo mejor y lo peor que habitaba en las almas de los propios prisioneros. Hubo miles de historias de robos, traición y cobardía y hubo unas pocas historias de valentía y honor. Todos fueron víctimas pero aquellos que se mantuvieron aferrados a sus valores fueron los héroes.

También hay héroes que lavan coches en invierno y esos también son la excepción. No podemos justificar la existencia de campos de concentración y esperar que de ellos aflore lo mejor de los seres humanos. Tampoco podemos tolerar la existencia de la miseria y el hambre y esperar que todos ellos se comporten como héroes.
don Setor Candope
27/07/2005 a las 17:39
¿Por qué tanto análisis?.
Es una historia, nomás: cosas que pasan.
Desde el principio mismo de la humanidad.
Si Galíndez tuviera guita estaría robándole mas guita a los jubilados, si Cabayo fuera pobre estaría robándole la cartera a dóña Ana...
Hay buenos y malos tipos, basta de ideologizarlo todo... váyansen a cagar!
Ada
27/07/2005 a las 16:34
Porque me encantó el texto y suele gustarme cómo escribís voy a correr el riesgo de que me digas que qué corno me meto.

Me parece que te quedaste a mitad de camino con el narrador. Hace ruido una historia circular con uno que, por un lado, es omnisciente y, por otro lado, aclara: "Es el único protagonista de esta historia al que conozco personalmente".

También me hacen ruido sentencias del tipo: "Llega un momento en el que no importa la realidad: sólo la apariencia tiene algún sentido."

"Ella lo miró porque sabía que el hombre estaba haciendo un juego de palabras", parece más que nada una coordenada para el lector. Queda feo subestimarlo.

Sin embargo, siempre hay una joyita: "... una foto de Eva Duarte con los brazos alzados al cielo. Se entiende que abajo, más allá del marco, está el pueblo que grita".

Me encantan este tipo de historias, a mí me hizo acordar a la peli Amores perros.

Con la mejor.
Rafael
27/07/2005 a las 16:14
Muy buenas las historias cruzadas, en la misma línea de Amores Perros y 21 Gramos. Saludos.
ElTeta
27/07/2005 a las 16:00
y lo que me pareció medio forzado, es como está incluído el título dentro del texto. No hacía falta.
El Angel Gris
27/07/2005 a las 15:49
Las dos cosas El Teta. Cambiemos la "o" por la "y".
ElTeta
27/07/2005 a las 15:43
Uno de los grandes problemas es la soberbia.
Al sentirnos progres, sin decirlo nos creemos superiores.
¿Eso no es medio nazi, sentir que un ser humano es superior a otro, en este caso, por una condición socioeconómica?

Una de las frases finales de Dogville, lo que hace que uno no se arrepienta de haberse embolado durante dos horas, dice quwe la arrogancia es soportar en los demás actitudes que no se perdonarían en uno mismo.
Estoy 100% de acuerdo en que una sociedad injusta genera violencia, pero o cambiamos la sociedad o metemos presos a los violentos.

Lo segundo es mas fácil.
 Interior
27/07/2005 a las 15:20
Lo que yo me doy cuenta que son 2 los Galíndez, que posiblemente uno puede ser ayudado y rescatado.
Es muy fácil, hay Galíndez que no tienen ni para elegir drogarse o no drogarse, no tienen ni siquiera la oportunidad de elegir ser malos o no, lamentablemente cuando les llega la posibilidad de elección, las probabilidades que elijan salir a matar abuelas es mucho mayor, a esos Galíndez yo los quiero ayudar, y la culpa de que estén tan en la mishiadura si la tienen todos y cada uno de los que tuvieron, tienen y trataron de tener el poder en este bendito país.
El Angel Gris
27/07/2005 a las 15:04
Bernardo: Quise decir que hasta en la situación mas espantosa de exclusión, hambre, desesperación, injusticia, etc etc. Hubo quienes mantuvieron sus valores. ¿O acaso todos los prisioneros de los campos de concentración, se transformaron en Galidez?.

La prisioneros de Auschwitz, tuvieron una vida bastante peor que la de los Galindez y no por eso se transformaron en delincuentes.

No vea fantasmas. Ni en joda, y hablo en serio, jamás me tomé a la ligera estos temas. Puede ser que escriba como el toor, Ok. Todos y cada uno de los que estuvieron en los campos eran inocentes, pensé que no hacía falta aclararlo y que se sobreentendía que no me refería a su culpabilidad sino a su padecer cuando menté Auschwitz.

Con el argumento de echarle la culpa a algún ismo, resulta que pareciera, que uno tiene que apiadarse de un hijo de puta que mata a una abuela.

No va a faltar el boludo que justifique a un genocida porque tuvo una infancia jodida. ¿Cual es la diferencia?

Torombolo: Juan Carlos, el cuidacoches de la calle de mi oficina, es un Galindez, no?. Y lejos de robar carteras lava autos con temperaturas bajo cero y manda a sus siete hijos a la escuela. Vos lo conocés.

Los que te cagaron a palos a la vuelta de tu casa y te dejaron inconciente en la vereda para robarte, son los Galindez del post.

Mierda, carajo, tan dificil es darse cuenta que clavarle un chuchillo a una abuela está como el orto????
Torombolo
27/07/2005 a las 14:46
Angelito estoy de acuerdo con Bernardo 48 "Sres. la exclusión ayuda, pero hasta en Auschwitz hubo gente que no delinquió" sonò muy nazi. Agradecè que te conocemos.
Laura
27/07/2005 a las 14:45
Y digo yo, antes de Casciari, en Mercedes no tenían gente ilustre para ponerle nombres a las calles?
Ginger
27/07/2005 a las 13:20
Cuando leí el cuento tuve la misma impresión que Angel Gris (45) sobre el final.
Bob Row
27/07/2005 a las 05:07
Angel: Si mal no recuerdo en "La vida es bella" hay un personaje en cuya amistad previa pone el protagonista su esperanza y es decepcionado por su concentración en su problema trivial (una adivinanza) sin poder ver la desesperación del otro.

Y eso que la película es una fantasía sobre lo que un padre "hubiera querido hacer" por su hijo. No sobre lo que nunca ocurrió en la realidad; porque en un sistema organizado para el crimen no es posible participar inocentemente.

Del mismo modo, la ofensiva neoliberal iniciada con el "rodrigazo" del '75 fue una estrategia para resolver la puja distributiva a costa de transferir la valoración del capital industrial al financiero. La precarización del trabajo permite convertir el conflicto clase en uno social (planes limosna) y policial. En algunas regiones alemanas ya hay 20% de desocupados por el traslado de las fábricas al exterior. Vos qué creés ¿habrán aumentado las estadísticas de alcoholismo y criminalidad?
El Ruso del SOLBAID
27/07/2005 a las 05:01
la mia en la 32 y 41.No te podés perder
 olo mosquera
27/07/2005 a las 04:58
Mi casa está en la 35 y 32. No te podés perder.
El Ruso del SOLBAID
27/07/2005 a las 04:46
para ELTETA : Mercedes es la ciudad más ordenada...todas las pares se cruzan con las impares(no te podés perder nunca)
El Ruso del SOLBAID
27/07/2005 a las 04:43
POR CASUALIDAD AL NEGRO NO LE DECÍAN "CHICHO" ????
ElTeta
27/07/2005 a las 04:06
¿Cómo son tan desordenados? ¿Cómo pueden soportar que la 32 y la 37 se crucen?
AC
27/07/2005 a las 04:05
no me cansas Hernan... una vez más me inclino ante tanto talento...
 olo mosquera
27/07/2005 a las 01:29
Licencia poética, Ruso.
El Ruso del SOLBAID
27/07/2005 a las 01:04
ES UNA SIMPLE COINCIDENCIA CON LOS GALINDEZ DE LA 32 Y 37 ??????
El Angel Gris
27/07/2005 a las 00:17
Vos porque no querés ver "La vida es bella"
27/07/2005 a las 00:11
hasta en Auschwitz hubo gente que no delinquió

Decí que te conozco, Angel, y no me lo puedo tomar en serio...
ana laura
26/07/2005 a las 23:25
Ahora trataré de unirme en menos de 6 paso a AngelGris:
Tengo un profesor de Antropología que es de Mendoza, supongo que como Mendoza está pobladísima alguien que conozca a Andrés (el profesor citado anteriormente) debe de conocer a AngelGris y así me he reunido con mi gran amigo en dos paso y medio jejeje. Como siempre, super de acuerdo con esta mente brillante.
Salú Angelito y siga así que vamos bien.
Tengo absolutamente las mismas impresiones sobre el cuento que él.
Hugo
26/07/2005 a las 22:48
Muy bueno el cuento, Hernán.La construcción del mismo es casi idéntica a la de un cuento de Julio Ramón Ribeyro, cuyo nombre no recuerdo pero que está en "La Palabra del Mudo".
El Angel Gris
26/07/2005 a las 22:23
Bob Row, Torombolo, Fede y algún otro: ¿Conocen algún modelo en el cual no haya delincuentes?. Bien, ahora, ¿Conocen algún sistema que no castigue a los delincuentes?.

Sres. la exclusión ayuda, pero hasta en Auschwitz hubo gente que no delinquió. Realmente me tienen podrido los que creen que la culpa de que un Galindez mate a una abuela la tiene el neoliberalismo, el imperialismo o cualquier otro ismo.

En cualquier momento vamos a culpar a Menem de las andanzas del Chape también por Mercedes.

PD: Hernán, el cuento me gustó, no lo dije antes, solo me pareció forzada la muerte de la abuela. Es jodido matar tratando de cortar la cartera, luego, nadie le ayudó?.
Bob Row
26/07/2005 a las 20:51
Una historia dura. Más sabiendo que hay una base verídica (por la referencia a un conocido del autor).
Pero lo más duro es que ante una descripción bastante clara de la circularidad "hipocresía-improductividad-crimen" haya lecturas sesgadas como la del Angel que prefieran cortar por el eslabón más visible y débil. Con algunos no hay escritura cuidadosa que alcance.
Andrómedo
26/07/2005 a las 19:40
Hernán (34): En una página de la universidad de Virginia usan la base de datos de IMDB para enlazar cualquier par de actores/trices, pruébalo: www.cs.virginia.edu/oracle/star_links.html
KiLLBiLL
26/07/2005 a las 19:37
A los que les gustó este estilo, aquí tienen algo más.
www.grippobot.blogspot.com/2005/03/vidas-paralelas.html
Anony mouse
26/07/2005 a las 18:57
Me gustó mucho.
La NiNoNa
26/07/2005 a las 18:08
obviamente la intención era dejar sólo un comentario..
Me hizo recordar otra peli también, "piedras" en la que te cuentan la historia de los zapatos de cada personaje, y están tooodos ligados. La recomiendo!

ptns
gus_
26/07/2005 a las 18:08
Muy Pulp Fiction! está bueno.
La NiNoNa
26/07/2005 a las 17:59

Magistral! y por si acaso me estoy bajando la película también!

ptons
La NiNoNa
26/07/2005 a las 17:57

Magistral! y por si acaso me estoy bajando la película también!

ptons
Fede
26/07/2005 a las 17:40
Quizás nos hemos olvidado que esos Galíndez fueron quienes tras cruzar los Andes junto a San Martín, batallaron y vencieron por la libertad de nuestro país.

El legado unitario ha unificado - vlr- esos términos en "negros cabeza" y hoy en día a muchos les gustaría asistir a una autodestrucción masiva por consumo de Poxirán o por el gatillo fácil de algún cana de similar tonalidad epidérmica.

Eso sí, que cada tanto salga alguno habilidoso y le dé una alegría a la mitad más uno del país, mientras la otra mata las penas al ritmo de la cumbia villera.
deapoco
26/07/2005 a las 16:35
De nada Hernán...
estoy tratando de hacer lo mismo conmigo pero llegando a Bono :-)
ONe
26/07/2005 a las 16:29
Muy bueno Hernán, como siempre con esos tintes melancólicos que acompañan los textos.
deapoco
26/07/2005 a las 16:21
si tambien trabaja Will Smith pero no te lo dije para que no prejuzgues..:-)
deapoco
26/07/2005 a las 16:20
Hernán la película es Six degrees of separation con Donald Sutherland del año 1993, te la recomiendo ..
 olo mosquera
26/07/2005 a las 16:17
¿Qué película? Me interesa, me interesa...
deapoco
26/07/2005 a las 16:13
Teta:
la teoría dice que nadie esta separado más de 6 grados o 6 personas de otra...te acordás de la película?
Laura
26/07/2005 a las 16:06
Otro que se levantó con tango en la sangre...
KiLLBiLL
26/07/2005 a las 16:03
Siganmé, que no los voy a defraudar!!!!
(los voy a recontra cagar)
Enrique Medina
26/07/2005 a las 15:41
Me hizo acordar a "La historia transversal de Floreal Menéndez, pero escrita por mí.
ElTeta
26/07/2005 a las 15:29
Veo que Mercedes es lo que fue La Plata en algún momento. Cuando querías llegar a una mina, siempre conocías a alguien que conocía a alguien que la conocía. No había más de tres pasos entre dos personas.

¿Cómo se llama esa teoría que dice que que entre dos personas no hay mas de siete?
(Me parece que no se entiende lo que estoy preguntando)

PD: La pendejita no se murió, pero todo el mundo sabe que se hizo un aborto.
Carolaina
26/07/2005 a las 15:11
TERESIÑA(15): La pendejita seguramente murió desangrada por estar desprotegida y no contar con el dinero suficiente para hacerse un aborto en un lugar con todas las condiciones de limpieza y cuidado que se necesitan.
Gerardo
26/07/2005 a las 15:09
Dios !!!, que dolor !!!
Como se sigue despues de leer algo asi ?
Tengo casi cuarenta, soy del GBA y ando bastante, mas de lo quisieran en casa, por zonas como Fiorito, Budge, Soldati, Ciudad Evita, etc.
Y solo se me ocurre pensar " y si me cruzo con un Galindez ?"

Bueno, saludos

Gerardo
deapoco
26/07/2005 a las 15:02
le agregas el de que falta antes de sangre y la n de domingo casi al final? :-)
Carolaina
26/07/2005 a las 15:01
"Llega un momento en el que no importa la realidad: sólo la apariencia tiene algún sentido. La mujer del dentista, Ana, ha comprendido con los años que la hipocresía es casi un arte. El ser humano es lo que quisiera ser, no lo que acaba siendo."

Plas Plas Plas Plas! (Aplausos)
deapoco
26/07/2005 a las 15:00
bien Hernán..un poco denso para empezar la mañana eso si...
Torombolo
26/07/2005 a las 14:56
que increible siniestra significa izquierda en latìn ( mira como te doy argumentos Angelito)
Torombolo
26/07/2005 a las 14:54
Angel Gris sacò a relucir su derecha siniestra.
El Angel Gris
26/07/2005 a las 14:46
bista=vista. b pegadita a v
El Angel Gris
26/07/2005 a las 14:45
A mi me gustaba el Galindez que le ganó a Richie Kates en el 76, puedo tolerar al Galindez de Bilardo haciendo la bista gorda al bidón del 90, los dos comparten creo el origen con estos hermanitos Galindez.

Propongo una tarea tipo secundaria: "Analice el texto y descubra la víctima y el victimario"
(Ayudita, el que mata es malo, la que va a buscar el pan es buena:)(
 Teresiña
26/07/2005 a las 14:44
Yo quiero saber qué pasó con la pendeja noviecita del Galíndez. Exijo saberlo
 Interior
26/07/2005 a las 14:35
Si sr. Gris ayudar a los Galíndez, para que sean Galíndez de bien, meter preso a todos los políticos, militares y terroristas que ayudaron a generar Galíndez, y subir a todos los Galíndez al tren de nuevo, no bajarse a la villa con ellos, subirlos al tren, para viajar juntos: Galíndez, laburantes y abuelitas. Lógico que existen Galíndez que no merecen compasión, pues no me refiero a ellos, me refiero a otros Galíndez con los que suelo conversar para alimentar mi sensación de impotencia.
Torombolo
26/07/2005 a las 14:35
Para laburantes que no son trigo limpio basta poner como ejemplo a los vendedores de seguros
En lo que respecta al post lo sentì como una seguidilla de golpes bajos. Cuando empezaste a describir la relaciòn de los viejitos ya me puse tenso previendo que algo peor venìa.
El Angel Gris
26/07/2005 a las 14:32
Entonces: "Por algo será".
 olo mosquera
26/07/2005 a las 14:03
Ojo que los laburantes y las abuelitas tampoco son trigo limpio.
07/04/2016 a las 22:14
Así se habla.
El Angel Gris
26/07/2005 a las 14:01
Ayudar a los Galindez!!!!!

Te recuerdo que los que chorean motitos a laburantes, o matan a abuelitas son los Galindez.
 Interior
26/07/2005 a las 13:16
Buenísimo, Habría que hacer algo para ayudar a los Galíndez che, cada día hay mas, y mas madres de Ana que quedan en la calle.
MH
26/07/2005 a las 10:55
Te salió un manual de hidrografía humana.
Mis repestos, maestro.
Fabalv
26/07/2005 a las 08:25
Hernán. ¿Qué te puedo decir, que no escriba alguien después de mi? En breve, esta ráfaga en redondo, me dejó cuadrado.
F
26/07/2005 a las 07:25
Magistral. No se puede agregar mucho a un post asi de bueno, felicidades.

Saludos desde otro pozo.
luis ricardo
26/07/2005 a las 07:05
Le duele, le importa su tierra cuando dice que este pueblo está en un pozo.
 Ariel Vargas
26/07/2005 a las 06:20
A ver, Casciari, yo de literatura no entiendo un cuerno. Apenas sé leer y eso de vaina.... pero qué quieres que te diga?... a mi me encantó este post.
 Christian Libonatti
26/07/2005 a las 06:16
Hace bastante que algo de internet no pone mal... será porque acabo de cumplir cinco pequeños meses de noviazgo pero sueño con compartir una vida con ella como la de los papas de Ana.. y el solo pensar que se puede ir así de facil y por una boludez me puso medio sensible....

Son un grande Hernan, cada día me encanta más lo que haces...

Chris
 Ariel Vargas
26/07/2005 a las 06:01
Siiiii!!!!... por finnnn.. llegué primeroooooooooo. No se para que sirve eso, pero llegué primero!!! Ahora voy a leer de que se trata este nuevo post.
 Ariel Vargas
26/07/2005 a las 05:58
Primero?