Orsai blog post

Vida privada
martes 2 de febrero, 2016

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martes 2 de febrero, 2016

Vas a matar un mundo

   

Cuando Cristina y yo nos separamos, después de quince años de convivencia, nos pusimos orgullosos por haber tomado una decisión tan importante sin gritos, como gente educada. Pero enseguida nos topamos con un problema: no sabíamos cómo darle la noticia a nuestra hija de once años. El gran problema de separarse sin platos rotos es que ni los hijos ni los vecinos ni los parientes se enteran de nada antes de tiempo. Al amor se lo come una abertura en el suelo, pero nadie percibe el terremoto.

Además, los chicos odian las novedades y los cambios en las tramas. O por lo menos eso es lo que más detesta Nina, que es nuestra hija única y parece siempre encantada con la rutina de las tardes.

En casa, toda la construcción familiar siempre dependió un poco de ella y, en los últimos meses, se había convertido en el único vértice equilátero de un triángulo cada vez más escaleno. ¿Cómo contarle lo que estaba pasando, entonces, sin romperle el corazón?

Una noche, mientras ella dormía, le propuse a Cristina ir hasta el comedor y romper unos jarrones y decirnos insultos graves en voz alta, para que la criatura se despertara con sobresalto y empezara, de a poco, a sospechar que la cosa andaba mal. Cristina me miró muy seria y me dijo:

—Hernán, no puedes ser tan gilipollas.

Yo le respondí pelotuda y arrastrada, creyendo que ya habíamos empezado el juego, pero lo que ella me quería decir era otra cosa.

Al no encontrar cómo decírselo, empezamos a evaluar el cuándo. Yo quería que fuera rápido, no por ansiedad sino por miedo. Hay escenas de la vida que me dan pánico, y entonces tengo la necesidad de que ocurran pronto, de que no se eternicen.

Cuando un desconocido camina a mis espaldas por la noche, por ejemplo, yo pienso que es un delincuente peligroso, siempre; entonces me doy vuelta y ofrezco mi billetera antes de mediar palabra. En general es un turista que me mira con sorpresa, pero por lo menos se me pasa el susto.

Decirle a tu hija que ya no vivirás con ella tiene la misma tensión que un robo callejero, pero en este caso uno se siente mucho más el ladrón que la víctima.

Nos habíamos separado en octubre y pasamos noviembre buscando el momento en vano. Yo quería darle a mi hija la noticia a mediados de diciembre, porque con nieve las escenas dramáticas son mejores.

—No, esperemos un poco, el quince de diciembre es su santo —me decía la madre.

Entonces negocié decírselo una semana más tarde.

—¿En Nochebuena, te parece? —me decía Cristina— Va a relacionar siempre la Navidad con algo triste.

—¿Y una semana después?

—¡Eso sería Año Nuevo, no puede empezar 2016 con semejante noticia!

—¿Y después de eso, Cris?

—¡Después llegan los Reyes Magos!

—Entonces aprovechemos —le decía yo— y digámosle que los Reyes son los padres y que los padres están separados. Así matamos dos pájaros de un tiro.

Cristina me miraba otra vez muy seria.

Me acuerdo de todas las noches en que hablamos del asunto. Esperábamos a que Nina se durmiera y conversábamos en voz baja sobre cómo darle la noticia. La veíamos dormir, respirar fuerte, y era lo que más pena nos daba de la ruptura. Posiblemente fue lo único que hicimos bien del todo: una hija sana y feliz. Todo lo demás lo habíamos empezado tarde o lo habíamos dejado por la mitad.

Yo tenía programado un viaje a Sudamérica para dar unos recitales de cuentos. Decidimos con Cristina que después de mi viaje hablaríamos los tres del asunto, nos dimos ánimos y nos prometimos que las palabras aparecerían solas, que encontraríamos la tranquilidad y el momento. Nos pareció una decisión correcta y las dos me acompañaron al aeropuerto.

Pero entonces pasó que, en medio de mi viaje, me dio un infarto agudo de miocardio y los doctores no me dejaron volver a Barcelona. Fueron unas semanas muy extrañas porque, de repente, mis amigos y mi familia supieron de nuestra separación. La única que no lo sabía era Nina.

Entonces empecé a fantasear con contarle todo a Nina por skype, o por wasap, porque no soportaba que ella fuera la última en enterarse, o que pudiera saberlo por internet. Pero Cristina me dijo que hay cosas a la que es mejor ponerles el cuerpo, que no se pueden dar ciertas noticias por webcam. Y fue así que las dos volaron para Buenos Aires.

Dejamos pasar los Reyes Magos y todas las fiestas importantes. Un día cualquiera de enero, hace un par de semanas, estábamos cenando con un montón de amigos en la casa de Chiri. En un momento nos llevamos a Nina aparte. Nos pareció que la noche era perfecta: afuera había un cielo con estrellas y era el verano cálido del hemisferio sur.

Cristina y yo estábamos nerviosos, sin saber cómo empezar. Yo fui a buscar un jugo y me senté en el sofá. Nina en el medio, Cristina del otro lado. Nos hacíamos los boludos, como si quisiéramos confiar en una espontaneidad que no aparecía.

—Nina, queríamos decirte que mamá y yo estamos separados —le dije.

La frase retumbó en la habitación y me dio una tristeza enorme decirla en voz alta. Nunca la había practicado en el espejo, y me di cuenta de que tendría que haberla ensayado un poco, porque a la mitad se me llenaron los ojos de lágrimas. Me acordé de una frase que me gustaba mucho: «Cuidado cuando pasas cerca de un niño que imagina, puedes estar matando un mundo».

¿Quién era yo para decir esas palabras, para dar esa clase de noticia? Sin embargo Nina no tardó ni dos segundos en hablar. Lo hizo automáticamente, casi pisando mi última sílaba.

—Sí, ya lo sabía —dijo.

Cristina y yo nos quedamos inmóviles. Cuando pudimos reaccionar le preguntamos si estaba triste y nos dijo que sí, pero que prefería que fuéramos amigos. A mí me dio un poco de bronca que una chica de once años no hiciera escándalos ni pataleara; me había preparado durante dos meses para enfrentarme a sus lágrimas.

—¿No querés llorar un ratito? —le propuse—. Es un momento importante de nuestras vidas, Nina, alguien tendría que llorar.

Me miró, primero seria y después suspicaz. Le dio risa el pedido. Entonces nos reímos los tres un poco.

Después Nina tomó un poco de jugo y Cristina le preguntó desde cuándo sabía que estábamos separados.

—Desde mayo —nos dijo—. Ya se notaba mucho.

Nosotros habíamos empezado a hablar de la separación a principios de octubre. Casi cinco meses después.

Hernán Casciari
martes 2 de febrero, 2016


Vas a matar un mundo

por Hernán Casciari

Cuando Cristina y yo nos separamos, después de quince años de convivencia, nos pusimos orgullosos por haber tomado una decisión tan importante sin gritos, como gente educada. Pero enseguida nos topamos con un problema: no sabíamos cómo darle la noticia a nuestra hija de once años. El gran problema de separarse sin platos rotos es que ni los hijos ni los vecinos ni los parientes se enteran de nada antes de tiempo. Al amor se lo come una abertura en el suelo, pero nadie percibe el terremoto.

Además, los chicos odian las novedades y los cambios en las tramas. O por lo menos eso es lo que más detesta Nina, que es nuestra hija única y parece siempre encantada con la rutina de las tardes.

En casa, toda la construcción familiar siempre dependió un poco de ella y, en los últimos meses, se había convertido en el único vértice equilátero de un triángulo cada vez más escaleno. ¿Cómo contarle lo que estaba pasando, entonces, sin romperle el corazón?

Una noche, mientras ella dormía, le propuse a Cristina ir hasta el comedor y romper unos jarrones y decirnos insultos graves en voz alta, para que la criatura se despertara con sobresalto y empezara, de a poco, a sospechar que la cosa andaba mal. Cristina me miró muy seria y me dijo:

—Hernán, no puedes ser tan gilipollas.

Yo le respondí pelotuda y arrastrada, creyendo que ya habíamos empezado el juego, pero lo que ella me quería decir era otra cosa.

Al no encontrar cómo decírselo, empezamos a evaluar el cuándo. Yo quería que fuera rápido, no por ansiedad sino por miedo. Hay escenas de la vida que me dan pánico, y entonces tengo la necesidad de que ocurran pronto, de que no se eternicen.

Cuando un desconocido camina a mis espaldas por la noche, por ejemplo, yo pienso que es un delincuente peligroso, siempre; entonces me doy vuelta y ofrezco mi billetera antes de mediar palabra. En general es un turista que me mira con sorpresa, pero por lo menos se me pasa el susto.

Decirle a tu hija que ya no vivirás con ella tiene la misma tensión que un robo callejero, pero en este caso uno se siente mucho más el ladrón que la víctima.

Nos habíamos separado en octubre y pasamos noviembre buscando el momento en vano. Yo quería darle a mi hija la noticia a mediados de diciembre, porque con nieve las escenas dramáticas son mejores.

—No, esperemos un poco, el quince de diciembre es su santo —me decía la madre.

Entonces negocié decírselo una semana más tarde.

—¿En Nochebuena, te parece? —me decía Cristina— Va a relacionar siempre la Navidad con algo triste.

—¿Y una semana después?

—¡Eso sería Año Nuevo, no puede empezar 2016 con semejante noticia!

—¿Y después de eso, Cris?

—¡Después llegan los Reyes Magos!

—Entonces aprovechemos —le decía yo— y digámosle que los Reyes son los padres y que los padres están separados. Así matamos dos pájaros de un tiro.

Cristina me miraba otra vez muy seria.

Me acuerdo de todas las noches en que hablamos del asunto. Esperábamos a que Nina se durmiera y conversábamos en voz baja sobre cómo darle la noticia. La veíamos dormir, respirar fuerte, y era lo que más pena nos daba de la ruptura. Posiblemente fue lo único que hicimos bien del todo: una hija sana y feliz. Todo lo demás lo habíamos empezado tarde o lo habíamos dejado por la mitad.

Yo tenía programado un viaje a Sudamérica para dar unos recitales de cuentos. Decidimos con Cristina que después de mi viaje hablaríamos los tres del asunto, nos dimos ánimos y nos prometimos que las palabras aparecerían solas, que encontraríamos la tranquilidad y el momento. Nos pareció una decisión correcta y las dos me acompañaron al aeropuerto.

Pero entonces pasó que, en medio de mi viaje, me dio un infarto agudo de miocardio y los doctores no me dejaron volver a Barcelona. Fueron unas semanas muy extrañas porque, de repente, mis amigos y mi familia supieron de nuestra separación. La única que no lo sabía era Nina.

Entonces empecé a fantasear con contarle todo a Nina por skype, o por wasap, porque no soportaba que ella fuera la última en enterarse, o que pudiera saberlo por internet. Pero Cristina me dijo que hay cosas a la que es mejor ponerles el cuerpo, que no se pueden dar ciertas noticias por webcam. Y fue así que las dos volaron para Buenos Aires.

Dejamos pasar los Reyes Magos y todas las fiestas importantes. Un día cualquiera de enero, hace un par de semanas, estábamos cenando con un montón de amigos en la casa de Chiri. En un momento nos llevamos a Nina aparte. Nos pareció que la noche era perfecta: afuera había un cielo con estrellas y era el verano cálido del hemisferio sur.

Cristina y yo estábamos nerviosos, sin saber cómo empezar. Yo fui a buscar un jugo y me senté en el sofá. Nina en el medio, Cristina del otro lado. Nos hacíamos los boludos, como si quisiéramos confiar en una espontaneidad que no aparecía.

—Nina, queríamos decirte que mamá y yo estamos separados —le dije.

La frase retumbó en la habitación y me dio una tristeza enorme decirla en voz alta. Nunca la había practicado en el espejo, y me di cuenta de que tendría que haberla ensayado un poco, porque a la mitad se me llenaron los ojos de lágrimas. Me acordé de una frase que me gustaba mucho: «Cuidado cuando pasas cerca de un niño que imagina, puedes estar matando un mundo».

¿Quién era yo para decir esas palabras, para dar esa clase de noticia? Sin embargo Nina no tardó ni dos segundos en hablar. Lo hizo automáticamente, casi pisando mi última sílaba.

—Sí, ya lo sabía —dijo.

Cristina y yo nos quedamos inmóviles. Cuando pudimos reaccionar le preguntamos si estaba triste y nos dijo que sí, pero que prefería que fuéramos amigos. A mí me dio un poco de bronca que una chica de once años no hiciera escándalos ni pataleara; me había preparado durante dos meses para enfrentarme a sus lágrimas.

—¿No querés llorar un ratito? —le propuse—. Es un momento importante de nuestras vidas, Nina, alguien tendría que llorar.

Me miró, primero seria y después suspicaz. Le dio risa el pedido. Entonces nos reímos los tres un poco.

Después Nina tomó un poco de jugo y Cristina le preguntó desde cuándo sabía que estábamos separados.

—Desde mayo —nos dijo—. Ya se notaba mucho.

Nosotros habíamos empezado a hablar de la separación a principios de octubre. Casi cinco meses después.

Hernán Casciari
martes 2 de febrero, 2016


Podés ver a Hernán Casciari en el teatro


 Kafka
09/07/2016 a las 18:33
“Aléjame de la sabiduría que no llora, la filosofía que no ríe y la grandeza que no se inclina ante los niños”. Khalil Gibran.

Genio Casciari,,,
 MinnieMouse
19/04/2016 a las 12:06
Me sacaste una moqueada, gil. Que genia Nina; uno a esta edad tiende ya a ponerse en el papel del adulto, y se olvida de lo perspicaces que son los chicos. Abrazo de yapa.
(¿Escribí bien la conjugación de perspicaz? Ahora quedé en duda.)
 Miguel Utreras
28/03/2016 a las 11:38
Algo similar me sucedió hace dos años, pero con tres hijos que llevaban bitácoras diversas de nuestra historia común. La reacción fue más dramática , pero el intento de hacerlo todo en forma amistosa y las largas conversaciones previas fueron similares. El carácter noruego de mi ex compañera hacía esto todavía más consensuado. Lo que sí es cierto, es que ya estaban enterados porque en las historias comunes hay constelaciones de signos que nos dan la clave para saber en qué rumbo nos movemos, incluyendo si es hacia el naufragio. Buen relato.
 Gabriela Velasquez
26/03/2016 a las 03:31
Me emocioné y mucho!! gracias por compartir tus cuentos. Empeze a escucharte solo por radio y hoy entre a tu blog a leer! te felicito!
 El Gusta
07/03/2016 a las 02:08
"—Entonces aprovechemos —le decía yo— y digámosle que los Reyes son los padres y que los padres están separados. Así matamos dos pájaros de un tiro. "
Según el negro Dolina, partiendo de "los reyes son los padres" y haciendo una muy prolija elaboración del asunto se llega a que "los padres son los hijos..."

Aparte de eso, tu Nina, mis "Ninos" y unos cuántos mocosos más me han hecho sentir un reverendo pelotudo cada vez que traté de ponerme en su lugar a la hora de interpretar las cosas.

Y por último. ¡Gordo drogón (o ex drogón y ex gordo), otra vez me hiciste gaussian blur, chatumadre!
22/02/2016 a las 13:31
Los niños aceptan mejor la realidad que nosotros, los mayores
 jacke
22/02/2016 a las 03:07
Hernán, a vos no te gusta que te digan gordo...pero con todo cariño y respeto:" Gordo, que bien que escribís y cómo me emocionas!!!!"
 Demianchu
19/02/2016 a las 18:11
Los niños vuelan y los grandes nos comemos los mocos
 Gerardo Perez
16/02/2016 a las 15:33
Hola,

Yo no creía lo de la separación,
Eppur si muove ....

Gerardo
14/02/2016 a las 22:20
Qué historia tan agridulce y qué manera de narrarla Hernán, quedé conmovido. Sos un genio pero vuestra pequeña aún más... Saludos
 JULIAN ABRAHAM
13/02/2016 a las 20:57
Admiración pura con vos Hernán, un dotado narrador de historias que hacen feliz al lector... Por miles más!
 PERLA
09/02/2016 a las 15:57
Buen dia, Sr. Casciari. Como estoy peleada con usted, ya no lo leo. Leerlo era una de mis adicciones favoritas y un ritual. Si no habia post nuevo, regresaba en el tiempo .. al Pibe, a Mas respeto, a mis 4 Orsai en papel... Pero ahora que estoy en pleito... Oigo los audios.. Cuando plancho mi uniforme, cuando me pinto las uñas, cuando escribo la lista del super... para quitarle importancia... En fin, toda esta introducción solo para pedirle que ordene a quien corresponda que arregle los audios desde "Prohibido... messi.. Subnormal" ya que no aparecen disponibles.. Gracias por su atención... Que siga mejor de salud.
 Seastian Culp
07/02/2016 a las 02:28
Y sí, los pibes la tienen más clara que nosotros.

Comparto un cuento, a razón de un dibujo que hice a los 6 años, cuando mis viejos se habían separado.

Análisis de un dibujo de la infancia:
https://www.facebook.com/BigoteFalso/posts/932128276853114

Gracias y espero no molestar con esto de poner un link.
 antonella bottaro
05/02/2016 a las 15:44
Me parecio haber leido esa frase en algun otro momento.. Los chicos siempre sienten cosas mucho antes que los adultos, la inocencia y lo puro les deja ver cosas que eventualmente se va perdiendo en algun rincon.
Encargue un libro cuando andabas infartado, llego perfecto y ahora aguarda a llegar a las manos de su destinatario final.
Saludos desde mardel
 Joaquin Torres
05/02/2016 a las 15:23
Hará dos semanas anduve paseando por Bs As (soy de Córdoba) y aproveché para ir a ver una obra de la calle Corrientes (soy actor). Coincidimos sin saberlo en el Multiteatro para ver "El Padre", la obra de Daniel Veronese y protagonizada por Pepe Soriano. Por timidez no me acerqué a saludarte después de la función. Además, parecías muy movilizado y no daba para ir a cortar eso.
Después de ver ese espectáculo, y de leerte hoy, sigo pensando.... qué lugar oscuro y luminoso que ocupamos los padres; el lugar aprender todo sobre la marcha pero al mismo tiempo tratar de mostrarse seguro, para el confort y tranquilidad de nuestros hijos. Como escribiste una vez, ser padre es abandonar la sensación de inmortalidad y comenzar a vivir aterrorizado, cuidando siempre de no matar ese mundo que un día nosotros también habitamos antes del exilio de la adultez... Sin embargo, los pibes crecen cada vez más rápido; nos dan y nos seguirán dando lecciones todo el tiempo. Como buenos zagueros, nos dejan en offside todo el tiempo. Nosotros cuidando de que el mundo no los tumbe cuando aprendieron a domarlo hace rato… un abrazo y feliz estadía en esta tierra hermosa. Hay que seguir yendo al teatro.
Saludos desde Córdoba!
 Ta bien
04/02/2016 a las 23:42
Nos resulta difícil entender que el ser humano no es monógamo y que lo que se termina no es el "amor", es la calentura. Igual podes amar a una ex si no hubo puñaladas de por medio. Lo que no podés, aunque la ames, es tener sexo con la otra persona. Se convierte en amig@ y eso es todo. Bah, no se, me parece.... queda abierto el hueco para seguirle dando.
(a la conversación, digo...)
 Nombrador
04/02/2016 a las 18:29
Genial! Cuidado cuando pasas cerca de Casciari, podés estar matando mil mundos
 Pau
04/02/2016 a las 16:26
Hola, Hernan. Soy de esas lectoras anónimas que te siguen siempre. Me separe hace un mes. Al placer de leerte hoy le sumo el coraje que necesitaba. ¡Gracias!
 Elisa
04/02/2016 a las 15:17
El último párrafo es tan duro y triste que te cierra la garganta.
04/02/2016 a las 13:33
Para mi todas las historias de Hermana son verdad. Yo me creo todas las mentiras. Buena Hernan!
04/02/2016 a las 13:31
No puede uno planificarse para dar una noticia tan trascendental. Pero al final cuando termina saliendo Todos somos mas felices ya que tampoco se puede vivir así. Suerte para los tres ahora les toca ser feliz un poca mas distante que también es posible.
 Tomas Daels
04/02/2016 a las 12:12
Una de las cosas que mas me gustan de tus cuentos es nunca saber cuanta realidad hay metida en ellos, esa es tu magia, engatuzarnos con mentiras verdaderas y verdades mentirosas, pero lo mas lindo es que ya nos avisaste que esas son las reglas del juego. Empece a leer este relato con la guardia bien alta y me fui vapuleado. Gracias.
04/02/2016 a las 03:07
Me lleva derecho al cuento del taxista a 200km/ hr, y cómo después de ser padre uno vive con miedo de hacer mierda o que otros hagan mierda a sus hijos. Qué brete.
Me puso contenta saber que te viniste para quedarte. Ojalá te pueda escuchar seguido en la radio.
Mucha suerte!!
 Agustin Lapietra
03/02/2016 a las 19:11
Me gustó mucho la frase “Cuidado cuando pasas cerca de un niño que imagina, puedes estar matando un mundo”, ¿es de tu autoría Hernán?
04/02/2016 a las 12:00
No quise poner la autoría porque la frase no es textual. La leí en un libro de Néstor Sánchez a los 17 años, y no hubo manera de encontrar el libro ni una cita fiel en internet. Chiri me ayudó, pero no pudimos.

Néstor Sánchez es un escritor casi desconocido por el gran público. La Wikipedia dice esto: "Néstor Sánchez fue un escritor y traductor argentino nacido en 1935 en la ciudad de Buenos Aires (en el barrio de Villa Pueyrredón) y fallecido en esa misma ciudad, el 15 de abril de 2003. Se lo conoce como unos de los autores menos expuestos y más extraños de su país, y por la especial manera de componer sus obras, que no solo fueron experimentales sino también extravagantes y ricas, de temática casi siempre centrada en la ciudad que lo vio nacer".

Lo conocí personalmente en 1990.
03/02/2016 a las 18:59
Los botijas siempre saben todo antes. Antes que uno, incluso. Yo no me separé pero siempre estoy atenta a las señales de mis hijas, porque son ellas las que vienen y te piden a gritos, sin decir nada, que no les rompas su mundo, que aguantes un poco más si la cosa viene complicada, que lo arregles todo con un buen abrazo. No sé en qué punto perdimos esa capacidad de perdonarnos y seguir jugando.

Que nada perturbe el mundo mágico de ellas... misión imposible, supongo.

http://piresmios.blogspot.com.uy/2012/11/princesas-y-gigantes.html
04/02/2016 a las 16:52
lindo cuentito ;)
 Dieter Mueller
05/02/2016 a las 06:16
Gracias Macarena por poner las cosas en su sitio.

A saber en las Provincias Unidas:

Botija es del sur uruguayo.
Pibe es del centro sur argentino.
Chico es del centro-oeste argentino.
Gurí comprende desde el río Paraná al O. Atlántico y del Río Negro al norte hasta llegar al estado de Paraná en Brasil.

En Mercedes les dicen "Gorditos"
05/02/2016 a las 14:20
en casa nos llamaban chinitos, mocosos o cursientos. Los vecinos eran los guachos de al lado, las clases altas eran los nenes y las clases bajas eran los pendejos.
amplio el barrio vea....
17/02/2016 a las 18:53
¡Impecable glosario!

Me encantó la georreferenciación de los modismos, sobre todo ahora que está tan de moda ponerlo todo sobre un mapa y hacer click!

Gracias de verdad :)
03/02/2016 a las 16:01
Una parte favorita " Hay escenas de la vida que me dan pánico, y entonces tengo la necesidad de que ocurran pronto, de que no se eternicen".

Por otro lado, Nina es una genia!!!

Abrazote gordo!
 Melain
03/02/2016 a las 15:24
Sos increible Hernán. No me canso de leerte. Hace poco te "descrubrí" gracias a mi novio que te admira un montón.
 yesica gonzalez
03/02/2016 a las 15:23
me encanto! como siempre emoción y risa en un mismo párrafo...único! espero que sea verdad todo, porque si me haces angustiar al pedo te mato!
 Carlos Mariano
03/02/2016 a las 15:17
Vuelvo a comentar.

Ya mencioné en un post de otro cuento, que me parece que las historias deben tomarse como tales, que no son una biografía. En definitiva es un cuento y de ahí la vieja expresión; "no me vengas con cuentos"

Sin embargo veo en los comentarios que el tema motiva a contar historias que imagino sí son partes reales de las historias personales y encuentro muy interesante que algo que uno no sabe si es real, nos impulse a contar nuestras propias historias. Supongo que eso se llama identificación o empatía. También veo que algunos llegan a la transferencia con verdaderas muestras de amor. Supongo que las habrá también de odio, aunque no las encontré escritas.

Muy interesante
 Abel Garriga
03/02/2016 a las 12:44
La verdad Hernan, se veía venir desde hacía mucho tiempo con solo leerte: toda esta historia que contabas en detalle en tus posts de que estabas en España sólo por tu hija, leído al revés no significaba otra otra cosa.
 Hernan
03/02/2016 a las 08:04
Tremendo el título. Tremendo
 Franco Barbaran
03/02/2016 a las 05:39
Como muchos me imagino a Nina, pero es lindo que tenga toda esa madurez tan poco común para alguien de su edad, lo mejor para los 3 abrazo.!
 Jhordan PLG
03/02/2016 a las 04:48
Lo mejor para los tres!

Me hiciste recordar a mis papás, tuvieron la peor de las separaciones posibles, depresiones, peleas, llamadas anónimas, etc, etc. Claro, en medio yo con 8 años si no.Mr equivoco.

Ahora son grandes amigos. Digo, nos pudimos ahorrar esos momentos no?
 Irene ARG
03/02/2016 a las 04:46
Parece que a quienes más nos duele es a los lectores...
Todavía no me repongo de la separación de José Playo
Conste que digo "parece".
 Jhordan PLG
03/02/2016 a las 04:49
Eso!, también Playo.
 Mony
03/02/2016 a las 04:36
Me pareció muy tierno el relato y me da pena que se hayan separado,pero cada pareja sabe sus razones.Les deseo lo mejor a los tres.
  El Khuleaw
03/02/2016 a las 04:18
آیا کسی به یاد داشته باشید ژاوی، شخصیت اصلی که در وبلاگ قدیمی؟ ژاوی همیشه فیلم ها اثبات وجود خود را نشان داد. درست مثل نینا ...
03/02/2016 a las 20:29
¿Alguien recuerda Xavi , el personaje principal en el antiguo blog ? Xavi siempre mostró vídeos para demostrar su existencia . Al igual que Nina ...

( te lo traduzco por bobo)
 PPLANDA
03/02/2016 a las 03:43
sieempre tocando la fibra gordo..
te amo te odio una vez más!
 Oz
03/02/2016 a las 02:34
Sabés que, Hernán? Por lo que nos has contado sobre Nina, me imaginé el final desde casi empezar a leer el relato. Cristina y vos pueden sentirse orgullosos (que, orgullosísimos) de haber traído al mundo a semejante belleza de ser humano, y poseedora de una madurez tan evolucionada. Se pasan tragos amargos en la vida, pero estoy seguro que vendrán cosas mejores para los tres. Un abrazo.
 Old Diablita
03/02/2016 a las 02:11
Ese infarto te quiere decir algo, gordo.
03/02/2016 a las 02:09
Gordo, cuando terminé de leer este texto me puse melanco, y te encontré con el groso de Zambayonny en una especie de recital.
Zamba, antes de empezar con "Las Horas Perdidas" aclara que no entiende la razón atrás del orden de los cuentos y canciones, que elegiste vos.
Vos, al final de ese tema, le aclaras que es un camino de sentimientos, que el camino es emocional, no argumental, con un dejo de pena en la voz. Y le decis, claramente, que esa canción te emociona muchísimo. Claro, que timing...
Con ese momento cerré el circulo…
Acá esta el recital https://www.youtube.com/watch?v=jK2KiPlCBUU y el momento es en el minuto 40:25
No recuerdo cuando fue la ultima vez que comente dos veces un mismo post…
Abrazo grande
 Fernando Conde López
03/02/2016 a las 02:00
Me mataste ya al principio, cuando propones romper jarrones en el comedor. Porque eso fue lo que me reprochó mi hijo cuando le dimos la noticia. "Pero cómo os vais a separar, si nunca discutís?" Fue peor luego, ya a solas... Cuando me dijo "Me has engañado. creía que éramos felices."
  OlvideElDocumento
03/02/2016 a las 01:47
Una locura de emociones.
03/02/2016 a las 01:27
Gordo, por qué puede ser que no me haya llegado la notificación de la entrada?
 SATO
05/02/2016 a las 13:45
A mi tampoco me llegó...
03/02/2016 a las 00:48
Gordo, como jugás con las emociones de quienes te leemos. Me copó el relato, ...me entristeció el tema, me encantó el final.
 Laurafarosi
03/02/2016 a las 00:47
Hermoso relato Hernán. Cuando fuimos a decirle con mi ex a mi hijo de siete que nos separábamos, luego de casi tantas vueltas como relatás, él nos miró cuando nos sentamos en su cama y nos dijo: -yo no quiero escuchar lo que me vienen a decir.
Nos mató.
03/02/2016 a las 00:33
Me imaginaba el final.
Muy linda la imagen que no hay que pasar cerca de un niño imaginando. Dolina siempre decía que los niños detestan que los adultos le pregunten si una lata es un tren, el niño quiere jugar solo.

Gordo que alegría que haber dejado el faso y la comida rica en grasa no te haya hecho perder la mano ni la voz propia. Nos seguís haciendo felices con uno por semana.... no es poco.
Abrazo
 Gabriel Amigo
03/02/2016 a las 00:21
Me hizo reir un monton. Muy bueno!
02/02/2016 a las 23:33
Che, genial el gordo en Perros de la calle!!

Pueden oírlo acá:
http://radiocut.fm/audiocut/casciari-en-perros/#f=radio&l=related
 Veruquita
03/02/2016 a las 00:57
Gracias!
03/02/2016 a las 14:42
Gracias, muy bueno. ¡Cuántas verdades!
02/02/2016 a las 23:00
Es el primer comentario que hago, y con miedo (la verdad poco) de caer mal, te pido que escribas sobre Julieta y de sus filias con escritores gordos y carismáticos.

Un abrazo, grande!
 Marina Sá
02/02/2016 a las 23:00
Sabes que yo, desde que tengo idea de mi existencia, siempre imaginé que mis papas no iban a envejecer estando casados. Dicho eso, cuando yo tenía 14 se separaron y no fue una gran sorpresa. Bah, sorpresa fue cuando explotó todo. Pero esa sensación de "un día van a separarse" estuvo siempre muy presente.
  ElTeta
02/02/2016 a las 22:44
Ya habíamos hablado de esto, no?
02/02/2016 a las 21:03
¡Aguante, Nina! Lástima que estos dos países estén tan lejos...habría que arrimarlos o inventar la teletransportación. Pero, Gordo, si no te dejan viajar en avión, en el teletransportador seguro que no. Además, andá a saber si no quedaba el corazón en Uruguay, la cabeza en Sant Celoni y el cuerpo en Buenos Aires.
 Sol
02/02/2016 a las 20:45
Que fuerte. Y que bien contado, con ese sabor agridulce y alguna sonrisa por ahí. Que vuelteros somos los padres y que clara la tienen los niñ... bueno, ya no es tan niña. Me alegro muchísimo que mantengan el cariño entre uds. dos. Que de cosas te pasaron en este último tiempo. Abrazo grande.
 Nicolás Bruno
02/02/2016 a las 20:38
Nada más sano.

Mis padres llevan separados veinte años y todavía no se quieren enterar.
 Huenú
02/02/2016 a las 20:36
emoción, alegría, liberación, tristeza, todas la emociones , q don tenes!
 Matias Fernandez
02/02/2016 a las 20:36
Como hijo de padres separados puedo decir que es lo mejor que pudieron hacer, no me sorprende que Nina supiera las cosas mucho antes que ustedes. Los grandes estamos tan ocupados en cosas sin importancia que se nos escapa lo esencial. A los chicos en cambio no, porque ellos ven con el corazon, no con los ojos como los grandes. Y ya saben lo que se dice de los ojos y las cosas esenciales.
  Colo
03/02/2016 a las 09:36
¿Te referís a que lo esencial es invisible a los ojos?
 Matias Fernandez
03/02/2016 a las 17:01
Exacto mi estimado.
 Tati Beer
02/02/2016 a las 20:24
Me enteré que se iban a separar una tarde de domingo en el Parque Japonés de Buenos Aires. Yo estaba con mi tía y mis primos intentando que los peces nos saludaran, pero ni bola. En una de esas aparece mi papá y así, seco y sin agacharse me dijo que mamá y él se habían separado. Yo, tan madura con mis 6 años reaccioné como si nada, como si ya lo supiera, como si fuese lógico que me notificaran en el parque japonés.
No estoy segura de como salimos de esa conversación o si después me compraron un algodón de azúcar, no me acuerdo. Tampoco me acuerdo de la llegada de mi papá al parque japonés, se ve que de tan madura que era a los 6 años bloqueé el recuerdo y solo me queda el relato de mi tía, que es más o menos lo que les conté.
02/02/2016 a las 21:00
Esos peces del Parque japonés que parecen una mutación genética, son tan grandes que dan un miedo. Te quisieron anticipar el momento.
 Marcelo Guillermo Kleiniving
02/02/2016 a las 20:16
Estás en un buen momento Gordo... por lo menos en lo literario
 Patofan
02/02/2016 a las 20:15
Me pregunto porque dejamos de ser cómo eramos de niños.....
 Nico Z
02/02/2016 a las 20:15
Gordo, un tema menos para aliviar ese maltrecho corazón.
Deseo que tu familia (porque lo sigue siendo) pueda ser aún más feliz con esta decisión.
Abrazo grande y ojalá podamos verte en Mar del Plata alguna vez.
02/02/2016 a las 20:14
Me mató. Nina siempre me pudo, desde sus videos de chiquita, las anécdotas y frases. Hoy brilló más que nunca con este cierre de su historia (de uds. como familia). Gracias por contar hasta acá, porque hay mil detalles que son de ustedes.
Abrazos gigantes a los tres, y que tenga un buen inicio la etapa que les espera.
02/02/2016 a las 20:13
Bueno, Hernán.
Has ganado un trío de amigos (aparte de una hija hace once años). Eso no lo tiene cualquiera en la vida.
Un abrazo.
 Sol
02/02/2016 a las 20:05
Pocas personas tiene la capacidad de generar empatía con cada palabra escrita... ¡Puta madre, cómo escribís Casciari!
 Patofan
02/02/2016 a las 19:53
Lo que me acuerdo de la separación de mis padres es que estábamos los 4 (mis padres, mi hno mayor y yo). Mi padre apoyado en el marco de la puerta de la cocina, yo casi al frente parada... mi madre y mi hno estaban ahí pero tengo la imagen borrosa de ellos.
Nos lo contaron tranquilos, sin quilombo. Que mi madre se iba a ir y nos íbamos a quedar con mi padre hasta que ella consiguiera dónde vivir.... Me da melancolia acordarme de ése momento. No entendía mucho, tenía 4 años,,
  Menduko en Barcelona
02/02/2016 a las 19:51
Al menos la Nina es consciente. Yo recuerdo no haber sido consciente de cómo la situación de mis viejos me afectó. Sin embargo, a la distancia, está claro que algo (como comenta Gabylink) cambió: en primero, segundo y tercer año me llevé materias, materias que me encantan además, matemática, inglés... Se separaron mis viejos y nunca más me llevé nada.
 Cachorro
02/02/2016 a las 19:44
No hay duda que ellos (los chicos) son mucho más adultos que nosotros (los mayores) y toman las cosas con la naturalidad que a nosotros suele faltarnos.
Un beso gran de Nina. Ya casi siento que la quiero.
02/02/2016 a las 18:49
Recuedo como si fuera hoy cuando mi mamá me sentó y me habló muy seria "Voy a decirte algo que no te va a gustar". Y yo le retruqué "Qué? Que se van a separar?". Recuerdo la cara de asombro de mi mamá, yo los veía mal y prefería que se separen, porque sabía que eso les iba a hacer bien a los dos.
Cuando mis padres se separaron yo subí todas mis notas en el colegio.
02/02/2016 a las 18:42
(Por qué, desde que avisaste, te leo pensando que todo lo que escribis es una bella mentira bien contada?)
02/02/2016 a las 21:00
“Narrar es como jugar al póker. Todo el secreto consiste en parecer mentiroso cuando se está diciendo la verdad.”

― Ricardo Piglia.
02/02/2016 a las 21:38
Es muy buena esta.
 María Eugenia Rodríguez
03/02/2016 a las 00:11
Yo te banco un montón, Hernán, y no sé quién me creo para hacerte una crítica, pero este cuento me da inverosímil, demasiado redondo. Se me hace que esta historia es más real que otras (de ahí lo inverosímil?); así que me alegro por Nina.
 Carolina María Naranjo Uribe
03/02/2016 a las 01:35
De acuerdo con vos, Che Nico. Es que el Gordo es un farsante que da miedo leer. Y a veces es preferible lo inverosímil a la certeza.
 Carlos Mariano
02/02/2016 a las 18:09
Será por tener experiencia en el tema que imaginé el final. En la práctica los chicos son muy perceptivos y lo que creemos secretos son cosas que desearíamos que no supieran o, más profundo, que queremos convencernos para nuestra tranquilidad que evitamos que sufran. La vida, lógicamente, es más compleja que esas simplezas nuestras.

En esta época tan comunicacional y de lucha por las primicias, también una alternativa del cuento podría ser una sorda disputa en la pareja por quién de los dos le daría la primicia a su hija, por supuesto y como hacen los canales de noticias, enarbolando que su único objetivo es el cuidado de quien recibirá esa descarga de realidad.

Como siempre interesante el cuento y motivador. Gracias
 Cris
02/02/2016 a las 18:05
Oh, lo siento Hernan. Respecto a Nina creo que los críos sobreviven a todo siempre que reciban el cariño y la atención suficiente, el formato no les importa tanto.
 Chiky Sosa
02/02/2016 a las 18:04
Hace dias que pienso mucho en la frase "que pena haber fallado estando tan seguros" . Nada que agregar. Silencio y ruido de una ciudad a la que no le importamos.
02/02/2016 a las 20:57
"Qué pena los dias gastados a cuenta del futuro,
tomándonos puro el vino rebajado,
qué pena haber fallado estando tan seguros.
Pero qué pena las azucenas en la ventana,
qué pena todo, qué pena nada,
qué pena el oro que no brillaba,
lo que queríamos ser de grandes,
lo que volvimos, enloquecidos,
tan negociable."

Eso es de Zambayonny.
 Chiky Sosa
02/02/2016 a las 23:38
Claro! Otro hijo de puta ese. En mi asado ideal (que es como el once ideal de los diarios deportivos pero con vino) estan ustedes dos y dolina...y un par mas
 Matias Fernandez
03/02/2016 a las 06:51
En el mio estan los mismos pero se suman Sabina y unos resucitados Fontanarrosa y Jorge Gonsburg. Si algun dia lo organizo estaras invitado.
 Chiky Sosa
03/02/2016 a las 15:17
Claro esos estaban en mi "un par mas" . Invitemos al menos una chica, como para no andar tirandonos pedos ni sacandonos los mocos desde tan temprano
   edu
02/02/2016 a las 17:53
los enanos son la hostia. pero te recuerdo que por acá algunos también lo sabían antes
02/02/2016 a las 17:48
Esa nena es una genia!!!!!!
02/02/2016 a las 16:53
"el único vértice equilátero de un triángulo cada vez más escaleno". Un matemático te escupe.
 clauariel
02/02/2016 a las 17:35
adhiero. dolió.
02/02/2016 a las 17:49
No hace falta ser matemático para que te chirríe el tímpano al leer esa frase. Una frase muy efectiva.
 Roberto Guty
02/02/2016 a las 17:52
escupanlo por cagon
02/02/2016 a las 20:54
Todavía debo matemática de cuarto y de quinto. Márquenme la corrección y la hago gustoso.
02/02/2016 a las 21:49
La cuestión es que un vértice no puede ser equilátero (es decir, tener todos los lados iguales, porque no tiene lados).

Algunas otras expresiones que sin decir lo mismo, creo son correctas:

* el único lado constante de un triángulo cada vez más escaleno.

* el único vértice fijo de un triángulo cada vez más escaleno.
02/02/2016 a las 22:03
Venga ya!, la expresión es brillante y no hay más que decir.
Para mi de lo mejor del escrito. Si ahora no se pueden saltar reglas de otras disciplinas, apaga y vamonos.
 Matias Fernandez
03/02/2016 a las 07:21
Concuerdo, la genialidad de esa frase consiste precisamente en que es inadecuada.

Nuestro miedo más profundo no es ser inadecuados.
Nuestro miedo más profundo es que somos poderosos sin límite.
Es nuestra luz, no la oscuridad lo que más nos asusta.
Nos preguntamos: ¿quién soy yo para ser brillante, precioso, talentoso y fabuloso?
En realidad, ¿quién eres tú para no serlo?
Eres hijo del universo.
El hecho de jugar a ser pequeño no sirve al mundo.
No hay nada iluminador en encogerte para que otras personas cerca de ti no se sientan inseguras.
Nacemos para hacer manifiesto la gloria del universo que está dentro de nosotros.
No solamente algunos de nosotros: Está dentro de todos y cada uno.
Y mientras dejamos lucir nuestra propia luz, inconscientemente damos permiso a otras personas para hacer lo mismo.
Y al liberarnos de nuestro miedo, nuestra presencia automáticamente liberará a otros.
De Marianne Williamson
02/02/2016 a las 23:32
EL unico vertice invariable de un triangulo
03/02/2016 a las 00:32
Está bien, se entiende a que te referís.
¡sailor moon!
 fede o
03/02/2016 a las 04:10
el poeta siempre tiene razón. no corrijas nada, el que está mal es pitágoras
05/02/2016 a las 15:40
Yo no cambiaría la frase, Hernán. El ruido que genera es maravilloso.
 Carolina María Naranjo Uribe
03/02/2016 a las 01:38
Cierto... hasta con geometría básica se sabe que el Gordo es efectista... pero qué bonito que sale.
 Fabiana Ahumada
02/02/2016 a las 16:53
Muy bueno.
Para guardarlo y hacérselo leer a quién no sabe cómo manejar el tema.
Es así, los chicos si fueron educados felices entienden las cosas sin tantas vueltas. Un placer leerte.
02/02/2016 a las 16:52
HISTORIA DE UN AMOR INAUGURAL

En la vida de un hombre hay pocas cosas más serias que su amor inaugural. Para Juan Andrés, ese primer amor tenía nombre y rostro. Se llamaba Soledad y había visto cómo su cara de niña gordita y con pocos amigos se transformaba en la de una mujer adolescente, fruta fresca codiciada por todos los alumnos del curso superior del bachillerato. En su primer recuerdo, el de la infancia, ella lucía una enorme trenza y, bajo un vestido almidonado, bailaba una jota cordobesa con uno de sus compañeros de tercer grado. Solo las mejores seis parejas bailaron en el acto del 25 de mayo de ese año y Juan Andrés, desde la primera fila, miraba a Soledad sin entender del todo porqué sonreía hipnotizado. Se prometió mejorar como bailarín y así fue que para la fiesta del 9 de julio había desplazado a la histórica pareja de la niña para convertirse en su nuevo gaucho, su zapateador de malambos, con lazos, bombachas y boleadoras incluidas. Ese 9 de julio, para Juan Andrés, la felicidad adquirió un nuevo significado.
A esos años de primaria los siguió el primer año de secundaria. Al regreso de ese verano, Soledad era otra: había adelgazado y medía treinta centímetros más. Había superado por poco, pero superado al final, la altura de Juan Andrés que todavía no había pegado el estirón. La reciente belleza de la joven fue descubierta por uno de los alumnos del último año y pronto se convirtió en la perla deseada, el diamante en bruto que todos querían pulir. Ella, que no le decía ni que sí ni que no a ninguno de los pretendientes, se ganó rápidamente la fama de “estrecha”. Esto no le importaba a Juan Andrés, que ansiaba terminar de crecer, ni a Soledad, que se entretenía con amores secretos que en ocasiones se solapaban.
Los años de la secundaria transcurrieron en una relación filial. Ambos alumnos se destacaban y en ocasiones competían por la gracia de los profesores. Mientras Juan Andrés tenía la chispa y la perspicacia, la velocidad de razonamiento y la capacidad de pensar fuera de los moldes, su compañera tenía constancia en el estudio y memoria para retener cuanto texto le dieran para estudiar, simpatía para expresarse y la capacidad de tomar como propias las ideas de los más diversos pensadores, sin importar siquiera si estas se contradecían entre sí.
Soledad nunca salía al recreo. Durante los cinco años de secundaria, nadie la había visto abandonar el salón de clases, excepto, claro, a la hora de retirarse. Se quedaba sentada preparándose para la siguiente clase. Se quedaba ahí, con los pies cruzados bajo su silla, las medias blancas y largas, de algodón, marcándole el comienzo de las rodillas. Luego de esos centímetros de piel, que Juan Andrés estudiaba a hurtadillas, venía la pollera gris del uniforme, siempre perfectamente planchada. La camisa blanca, con el escudo del colegio bordado. Su cuello perfecto de cisne, el rostro siempre lavado (Soledad no se permitía cubrir su belleza con maquillaje; lo único que utilizaba como accesorio eran un par de perlas diminutas, una en cada lóbulo). Bajo la camisa, si uno se detenía a observarlos (y Juan Andrés lo hacía), dos pechos que habían ido creciendo hasta lograr el tamaño y (se imaginaba) la consistencia de un par de naranjas grandes y jugosas. Un par de naranjas maduras, a punto, colgando aún del árbol, pendiendo de una pequeña ramita que las sostenía con fuerza, esperando que de una vez por todas, venga alguien y las tome, apriete con dos manos firmes, las retuerza para cortar el palito y se las lleve a la boca. Juan Andrés las imaginaba blancas, impolutas, con un delicado cambio de coloración virando a rosado en la zona de los pezones. Una disrupción apenas perceptible a la vista. O al tacto.
Su teoría se desvaneció una tarde en la clase de gimnasia. Soledad vestía el uniforme para actividades físicas: un pantalón de jogging gris y una remera de algodón con el escudo del colegio. Estaba parada a su lado y él descansaba sentado en el borde de un banco de cemento, con una pierna de cada lado. Estaban hablando cuando Juan Andrés notó que su amiga (sí, podemos decir que para ese entonces ya eran amigos) tenía los cordones de la zapatilla derecha desatados.
“Tenés los cordones desatados”.
Ella le sonrió. “Gracias, me salvaste de que me caiga”. Y, sin más, puso su pie sobre el banco entre las piernas de Juan Andrés e inclinó su torso para poder llegar hasta los cordones. El joven se quedó congelado. La situación lo tomó por sorpresa y no pudo reaccionar. El cuello de la remera del colegio se abrió ante sus ojos, dejándole ver el cuerpo que tantas veces había imaginado. El corpiño que Soledad usaba para hacer deportes estaba bastante estirado, por lo que, desde su posición privilegiada, pudo ver, realzados por los rayos de sol de aquella tarde, los pechos de su compañera. No eran como en sus fantasías. No eran blancos impolutos; eran de un marrón claro. Y los pezones, más bien color bordó y de un tamaño y rugosidad que lo sorprendieron; un último detalle: estaban rodeados por una pequeña aureola de bellos. Rubios, finísimos, pero imposibles de no advertir al ser bañados por la luz.
Le encantaron. Esa tarde, Juan Andrés se enamoró de los pechos de Soledad y se prometió que no sería la última vez que los vería.
Durante esos años, el muchacho ocultó bajo un velo de pudor los sentimientos viscerales que tenía hacía esa adolescente ya convertida en mujer, que se sentaba tan solo a cuatro bancos de distancia. En el último año, cuando ya no había más alumnos carroñeros de años superiores que la revoloteaban, y luego de haberle dedicado más de veinte cuadernos de poemas, letras desgarradas, arañadas con esfuerzo sobre el papel, el último año, decidió subir a su boca esos versos que le había estado rezando en silencio.
Un día cualquiera, cuando todos salieron al recreo, a comer, a leer, a fumar a escondidas, Juan Andrés demoró su salida fingiendo dificultad al guardar un libro en su mochila. Soledad, redunda decirlo, estaba leyendo el capítulo del libro de Historia que la profesora desarrollaría ese día. Lo observó de soslayo; el salón de clases vacío en el horario del recreo era su dominio y no le hacía gracia que hubiera un intruso.
“¿Ya te anotaste para la universidad?”, Juan Andrés sacó el único tema de conversación con el que sabía que más o menos se podía defender.
“Sí, sí, hace varios meses ya. ¿Vos no?”.
“Eh… sí, sí, yo también”, mintió. “¿Vas a estudiar abogacía, no?”.
“Mmm”, asintió poco convencida. “Voy a ser escribana. Para ser escribana, primero tenés que ser abogada. Me anoté en la universidad de...” y mencionó una ciudad bastante alejada de la ciudad a donde él iba a estudiar.
“¡Yo también!”, se escuchó gritar.
“¿De verdad?”, le contestó ella entusiasmada. “Pensé que ninguno del curso iba ahí, como es un poco lejos… ¿Sabés qué podemos hacer? Se me acaba de ocurrir algo divertido”.
“¿Algo divertido?”, pensó. Esto era nuevo. Soledad estaba planeando algo divertido y lo involucraba a él. No daba crédito. Soledad nunca contaba chistes y nunca se ría cuando otro los contaba. No aceptaba bromas, chascarrillos o tretas. Según ella, lo suyo era el estudio (y los amoríos no comprobados, podría discutir alguien). No salía a bailar con las demás chicas del curso y hacía años que ni siquiera la invitaban a los cumpleaños.
“¿Qué te parece?”. Soledad había explicado su idea y Juan Andrés no la había escuchado. Desde su banco, lo miraba divertida.
“¿Segura?”.
“¡Sí! Va a ser muy divertido. Vamos a decirle a todos que el año que viene, cuando vayamos a estudiar, nos vamos a mudar juntos”.
Ahora era Juan Andrés el que tenía la sonrisa estampada.
No había logrado el objetivo de declarar su amor, pero probablemente habría sido rechazado. Ahora sus probabilidades podrían mejorar.
Sonó el timbre de ingreso y sus compañeros empezaron a llegar al salón.
“¿Qué hacen ustedes dos acá?”, preguntó una de las compañeras, la que siempre era la primera en regresar al aula.
“Estábamos charlando”, se apuró a contestar Soledad, “porque el año que viene nos vamos a vivir juntos cuando vayamos a estudiar”.
Una veintena de miradas se clavó en Juan Andrés y él sintió como una gota de transpiración le resbalaba por la cara. Había pasado de nerd marginal a semental de la clase en pocos segundos y sin escala. Los deportistas del curso lo miraron con aprobación y el grupo de las chicas populares con repentino interés.
La mentira no duró mucho, a lo sumo un par de semanas, pero lo suficiente para que los compañeros ahondaran en su relación. Lamentablemente, esta nunca aumentó bastante su temperatura como para llegar al punto de ignición y, como un cohete fallido que no alcanza a escaparse de la atmósfera, ese amor que no fue cayó por su propio peso.
Juan Andrés, que todavía conservaba esperanzas, vio en su viaje de egresados la última posibilidad de confesarle a Soledad lo que sentía. El colectivo con unos cincuenta adolescentes partió, como era lo típico por aquel entonces en la mayoría de los pueblos de la zona, rumbo a la ciudad de San Carlos de Bariloche. Si bien el resto de los varones del curso ya habían desistido años atrás de enredarse con Soledad, el contingente se completaba con una decena de varones de otra escuela de una pequeña localidad vecina que no habían podido contratar un colectivo para ellos solos. Estos no tardaron en notar que Soledad era la más linda de todas y hacia ella apuntaron sus misiles de seducción. Así fue como, antes de empezar el viaje, Juan Andrés vio arruinada su última oportunidad. Soledad se pasó la semana que duró el viaje con su nuevo grupo de amigos. A excepción de una ocasión: Juan Andrés había bajado de su habitación para ir hasta el centro de información turística y regresar cargado de varios folletos. Soledad lo vio entrar a su habitación y unos segundos después, le golpeó la puerta.
“Permiso… Juan, ¿me prestás alguno de los folletos para leer? Estoy un poco aburrida”.
Él le ofreció que elija cualquiera. Ella tomó uno y, sin más, se fue. Al otro día, se lo devolvió doblado en tres partes. Juan Andrés, sin siquiera mirarlo, lo tiró dentro de su bolso. A la vuelta del viaje, metió todos los papeles en una carpeta y no fue hasta dos años después, cuando ya estaba en la universidad y llevado por la curiosidad o la nostalgia, que se puso a revisar sus viejos papeles de la secundaria. Leyó carpetas, boletines de calificaciones, viejas revistas y, finalmente, entre un montón de recortes de diarios, encontró los folletos de Bariloche. Estaba a punto de tirarlos sin revisar cuando recordó el momento en que Soledad le devolvió, doblado en tres, el folleto que le había prestado. Sentado en el suelo de su antigua habitación, lo abrió. En el interior del folleto, era difícil leer el texto original. Todos los espacios en blanco estaban llenos de dibujos y palabras hechos en lapicera: flores, corazones, arcoiris, caritas sonriendo y un texto. Un texto. Un mensaje. Un mensaje que Soledad le había escrito hacía dos años, pero no para que lea ahora; se suponía que lo leyera mucho antes. “¿Por qué no nos juntamos a tomar algo en mi pieza esta noche? Las chicas van a ir al boliche, pero yo no tengo ganas”.
Juan Andrés sintió el incontenible deseo de llamarla por teléfono o visitarla. Ya hacía rato que había dejado de pensar en ella, pero de repente, toda esa catarata de deseos que había estado sosteniendo durante los cinco años de secundaria venció la pequeña represa de sus pensamientos y se le vino encima sin tregua. Era sábado; tal vez Soledad estuviera en el pueblo. Caminó hasta su casa y tocó timbre. La madre abrió la puerta: “No, este fin de semana no vino, se quedó allá con el novio”.
No vino.
Allá.
Novio.
No vino.
Se quedó allá con su novio.
Lo invadió la tristeza. Esa noche no durmió. Se quedó hasta el amanecer con una pregunta en los labios: ¿qué hubiese pasado si…?
En los sucesivos años se vieron algunas veces. Fines de semana en los que coincidían, la fiesta del pueblo, Navidad o Año Nuevo. Se paraban en la calle, hablaban un rato, recordaban anécdotas de la escuela secundaria y luego, siempre con la sensación de que faltaba decir algo y con esa sed de las palabras no dichas, cada uno seguía su camino. Una noche de 23 de diciembre, gracias a la intervención de amigos en común, terminaron en un patio tomando algo juntos. Ni siquiera ese día, después de haberse pasado más de cuatro horas charlando y poniéndose al día, Juan Andrés se atrevió a traer del recuerdo aquel folleto intervenido, esa invitación a lo que podría haber sido. Y ella tampoco.
02/02/2016 a las 16:55
Viejo, te das cuenta que lo que haces cae muy mal, no?
02/02/2016 a las 17:14
No, pensé que divertía.
 Roberto Guty
02/02/2016 a las 17:54
dale esto es libre y el único que tiene voz y voto es el gordo. Así que mientras el no haga chilla normal, ademas cuando uno empieza a desvariar con sus cosas e historias es imposible salirse del tema
02/02/2016 a las 19:11
Uf. En la época de la revista había varios de este estilo.
Ponete tu propio blog, pibe, aburrís.
 Dexter Morgan
02/02/2016 a las 20:30
Coincido.
Con Roberto en que si a Hernán (no sé qué antigüedad en el blog se requiere para pasar a llamarlo Gordo) no se queja, los demás no somos quienes para censurarte.
Con Gordaconbigote, en que quizás deberías tener tu propio blog.
  Colo
03/02/2016 a las 09:50
Si es cierto. Un poco. Se soluciona no leyendolo.
02/02/2016 a las 19:51
La rémora del tiburón...
02/02/2016 a las 20:52
Juanjo: el martes pasado publicaste un cuento de 1.200 palabras en el espacio de los comentarios. Algunos lectores lo disfrutaron a pesar de la extensión. Debiste haberles agradecido e invitado a tu blog.

Creo que esta vez no tuviste la misma aceptación por tres razones: 1) Este cuento tiene 2.300 palabras, que es una pedantería para los tiempos de internet; 2) casi todos pensábamos que lo ibas a hacer una vez sola; y 3) ahora tenemos miedo de que se te haga costumbre.
02/02/2016 a las 21:42
Sí, me cebé...
 HQ063
03/02/2016 a las 00:24
Y tal vez también influya que el del otro día estaba un poco mas relacionado con el post original.
 Arturo Greimann
03/02/2016 a las 19:14
Vos que siempre sos innovador... programate un "me gusta" y un "no me gusta" para los comentarios... especialmente el "no me gusta" que tanto se resiste FB...
02/02/2016 a las 20:57
Creo que es demasiado largo y no suficientemente bueno. Yo no pondria:

Soledad era otra: había adelgazado y medía treinta centímetros más. Había superado por poco, pero superado al final, la altura de Juan Andrés que todavía no había pegado el estirón"

Al lado de las letras de Casciari
 Francisco
02/02/2016 a las 23:24
la pudrís bo. Mal. Te escroleo sin leerte. Menos es más.
 vani santin
02/02/2016 a las 23:37
"Guarden las personas mayores sus sonrisas condescendientes. Porque en la vida de un hombre hay pocas cosas mas serias que su amor inaugural." ALEJANDRO DOLINA - Balada de la primera novia..

nada más q agregar
 Celaverite
02/02/2016 a las 16:48
La increíble capacidad de relatar las cosas importantes de la vida con la dosis justa de amargor y dulzor. Podrías haber sido un buen cocinero. Casi pianto el lagrimón e inmediatamente después comencé a reír. Creo que por eso me encantan tus escritos. Me saco el sombrero ante Nina, tremenda madurez tiene esa niña. un gran abrazo!
 HT
02/02/2016 a las 16:48
¡Vaya! La pera no cae lejos del árbol.
 Romiagu
02/02/2016 a las 16:42
Una genia Nina, los niños son sabios, tenemos mucho q aprender de ellos.
02/02/2016 a las 16:40
Bravo maestro.
No tengo hijos, pero sobrinos de la vida, uno de ellos a los 10 años me hizo caer la ficha 2 años antes de cuando- finalmente- me divorcie. Me dijo: " Tia ya "no me brillas mas" cuando me saludas, que te esta pasando?... Ups...! Excelente momento. Pequeños enormes.
02/02/2016 a las 16:40
Lindo che, aun en su crudeza, momentos de mierda que a veces no se pueden eludir.

Igualmente hoy una separación es más normal de lo que era, los pendejos tienen otra estructura, lo cual, como en este caso, ayuda un poco.

Saludos para todos ...
02/02/2016 a las 16:35
Increíble Hernán. Nunca comenté pero impresionante el relato y la inteligencia de tu hija, el orgullo no te debe entrar en el pecho.

AHora, el gordo relata lo que quizás son los momentos más duros de su vida y lo que se comenta es si un comentario es top no que poronga???
 Roberto Guty
02/02/2016 a las 17:58
pero el mismo Hernan inicio eso... enterate primero
02/02/2016 a las 20:30
Ezequiel tiene cara de mujer.
03/02/2016 a las 15:46
que nombre para una telenovela de la tarde!!!
02/02/2016 a las 16:32
"El gran problema de separarse sin platos rotos es que ni los hijos ni los vecinos ni los parientes se enteran de nada antes de tiempo." ..... no sería "ni los parientes se enterEn de nada antes de tiempo."??
Claramente no sabes actuar gordo, menos mal que no hiciste los recitales en el teatro :P
02/02/2016 a las 18:21
el gordo se perdió la parte más divertida de las separaciones que es como un casamiento griego pero con insultos...
 DjFaramir
02/02/2016 a las 19:25
la oracion no dice que esperan que no se enteren, sino que al ser tan pacifica, nadie se da cuenta de nada... por eso usa "enteran" en vez de "enteren"...
02/02/2016 a las 20:29
Exacto. Es como dice DJFaramir
03/02/2016 a las 11:56
Comprendido!! gracias DJFARAMIR...... todos para uno !!!
 gloriucha en la isla
02/02/2016 a las 16:30
Top #20
 Gaby
02/02/2016 a las 16:28
A la pelotita!!! Las nuevas generaciones nos están pasando el trapo!!!
 Nicolás Améndola
02/02/2016 a las 16:27
No subió el podcast todavía?
02/02/2016 a las 16:29
Mmm, falta linkearlo, pero esta subido: http://editorialorsai.com/audios/matando_un_mundo.mp3
 Nicolás Améndola
02/02/2016 a las 18:54
mira no me había dado cuenta que estaba igual. Gracias
02/02/2016 a las 20:27
Tiene razón Edu Blake, como siempre. Ahora ya está visible.
02/02/2016 a las 16:23
Leer un texto agrio y amargo con una sonrisa de dulzor en la cara y con algo de agua salada en los ojos.
Sos capaz de armar esa mezcla, gordo.
Hacía tiempo no te leía... un fuerte abrazo
 Valentinjrr
02/02/2016 a las 16:38
exactamente esa sensación, angustia, ojos mojados, pecho cerrado y sonrisa que no permite disimular el placer que me genera leerte gordo.

Abrazo y espero verte pronto, todavía tengo mi entrada paga!!!!
02/02/2016 a las 20:23
La reprogramación de los recitales será para principios de marzo, ya mandaré mail conjunto a los asistentes.
 Nico
02/02/2016 a las 16:22
top five!
 Nico
02/02/2016 a las 16:22
Top ten, bueno
 Mariana Parodi
02/02/2016 a las 16:22
Hicé trampa y lo leí en El Mundo pero entré en el Top Ten creo. Muy tierno, Nina es lo más, les pasa el trapo
02/02/2016 a las 20:22
Leerlo en la revista de El Mundo no es trampa, pero es más lindo acá.
02/02/2016 a las 22:08
Y ni hablar de los comentarios, allá son novatos.
03/02/2016 a las 01:20
No, peor. Nadie comenta. Son lectores de la internet 1.0
 edy
02/02/2016 a las 16:22
Top Ten
 Pepe
02/02/2016 a las 16:21
top 10
 Pepe
02/02/2016 a las 16:28
aplausos para Nina, yo no me creo capaz de manejar esa situación, desde ninguno de los vértices
 Dexter Morgan
02/02/2016 a las 16:20
Aplausos para Nina.
Aplausos de pie para los padres.
 Nippur
02/02/2016 a las 16:16
top 5
 Nippur
02/02/2016 a las 16:17
Entré en el cuarto lugar!!
 Augusto Verga
02/02/2016 a las 16:14
top 3
02/02/2016 a las 16:14
Un abrazo muy fuerte a los tres.
02/02/2016 a las 16:14
PNDaPMC
02/02/2016 a las 16:13
Nina es sabia a esta altura de su vida
02/02/2016 a las 20:20
Oh! Un "Pri" con argumento... Eso es alarde.
02/02/2016 a las 22:06
Edu te está adivinando las URLs. No existe otra explicación.
03/02/2016 a las 00:45
no gordo....el pri de Edu no es alarde...habla muy bien acerca de tu situacion con Nina y Cristina, pero sobre todo como nos participas a tus lectores....Hubiera sido un despropósito salir corriendo a gritar pri en este post con semejante contenido. Un pri a secas lo hubiera puesto un lector novato, ni edu, ni thevillacresporquer, ni pablocesar, ni santiago, ni maripaz (tilinga), ni mafaldita.

un abrazo grande
04/02/2016 a las 16:29
Toti, lamento desilusionarte. Si hubiera estado para el pri, ponele la firma que lo ponia tal cual. A mi edad ya no estoy para remilgos ni para desaprovechar un Pri limpio. Ademas, lo hubiera leído despues... Esas sutilezas sólo son para elegidos como Edublake
04/02/2016 a las 17:11
(puse esto porque no llegué a tiempo para el pri.....no le digas a nadie)