Orsai blog post

Vejez
martes 26 de enero, 2016

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Vejez
martes 26 de enero, 2016

Mientras todos dicen uh

   

Hace un mes, en diciembre, eran casi las ocho de la mañana de un miércoles y yo estaba viendo fútbol por televisión. Era demasiado temprano para ver fútbol, pero el partido ocurría en el lejano Oriente. De golpe, un japonés pateó con fuerza y el arquero de River la sacó al corner con dos dedos. Unos segundos después me puse a llorar, sentado en la cama, como un estúpido. Y me acordé de algo que pasó hace diez años, cuando llevé a mi papá por primera vez a ver un partido del Barça.

Era el año 2005. Cuando entré con Roberto al Camp Nou me sentí, por única vez en la vida, llevándolo a él a alguna parte. Hasta entonces él siempre me había llevado a mí. A la cancha de Racing, en Avellaneda. O a la de Flandria. O a cualquier cancha. Cuando vas con tu papá a ver fútbol siempre te lleva él, no importa la edad de tu documento, ni quién sea más alto, ni cuántos pelos tengas en las patas. El padre siempre lleva al hijo.

Pero esta vez estábamos en otro país y yo lo había invitado no solamente al Camp Nou, sino también a Europa; entonces me sentí responsable de su comodidad. Y descubrí que Roberto no estaba cómodo. En absoluto. Estaba inquieto.

Mi padre miraba las bocas de ingreso del estadio y no podía entender la parsimonia de la gente que hacía fila para entrar. «¿Por qué nadie le pega a nadie?», me preguntaba con estupor. «¿Por qué no nos empujan, Hernán?», me decía. «¿Por qué ninguno me está robando la billetera, Hernán?».

Roberto no me preguntaba esto con admiración primermundista, sino con disgusto, con extrañeza y con bronca. «¿Por qué nadie trae del brazo a una novia con el culo desproporcionado, Hernán?».

Mi padre estaba descubriendo, de repente, que a su porción de chocotorta le faltaba todo el colesterol.

Me acordé enseguida de los esfuerzos tremendos que él había hecho, cuando yo era chico, para llevarme a las canchas de fútbol argentinas. Cómo debió resguardarme de las avalanchas, cómo me aisló de las puteadas más groseras. Recordé los viajes en el 93 hasta la avenida Pavón, el silencio que se hacía cuando pasábamos por La Boca y temíamos que los bosteros (que son nativos porteños en estado salvaje) entraran por la ventanilla para acribillarnos en una emboscada.

Recordé las lágrimas de Chichita cuando nos íbamos a ver un Racing - Independiente: eran lágrimas parecidas a las de las madres cuando sus hombres parten a la guerra.

Por eso mi padre buscaba, en vano, la adrenalina en las tribunas del Camp Nou. Miraba el civismo reinante con sospecha, como si el deporte que estaba a punto de ver no fuera fútbol, sino otro más patético: natación sincronizada o danza rítmica.

«¿Y los papelitos, Hernán?», preguntó cuando salieron los equipos a la cancha. Yo le dije que no había papelitos en los estadios españoles, porque estaba prohibido hacer basura. Y él miraba el cielo. «¿Y los cantitos chanchos, Hernán?». Le dije que tampoco había rimas ni palabrotas. Y él volvía a mirar el cielo.

A la mitad del primer tiempo le pregunté por qué miraba tanto el cielo, y me dijo:

«Es todo muy aburrido, Hernán: los de la platea alta ni siquiera te mean».

En ese momento yo era bastante nuevo en España, y todavía no entendía la incomodidad de lo perfecto. Me dio la impresión de que mi padre exageraba su fastidio, pero con el tiempo me empezó a pasar algo parecido por la calle.

Durante los siguientes diez años, al caminar por las ramblas, o por el paseo Sant Joan, no pude sentirme cómodo. En Barcelona no hay baches que saltar, ni bocinazos en las esquinas, ni manifestaciones espontáneas, ni colectiveros que te mandan a la recalcada concha de tu madre.

Es un mundo paralelo bastante mejor que mi mundo de origen, pero muy poco mío. Y para peor tengo una corazonada narcisista cuando voy por la calle: creo que mi sola presencia de gordo zaparrastroso afea un poco esa perfección.

Cuando vuelvo de visita a Buenos Aires me encuentro con todos los baches del mundo, y me topo con los piquetes y recibo con alivio los bocinazos y las recalcadas conchas, pero tampoco logro sentirme en casa. Son mis calles, están mis amigos y mi familia, mis insultos más queridos, pero en el bolsillo siempre tengo un pasaje de avión que me dice:

«Volverás en unos días a España; soy yo, tu billete de regreso, te estoy hablando a ti, gordo sudaca».

Sin embargo, esta vez pasó algo con mi pasaje de Iberia. La fecha de regreso era para mediados de diciembre y un poco antes tuve un infarto; entonces el médico no me dejó viajar. Tuve que quedarme en Buenos Aires y perdí el vuelo. Todavía sigo acá, en mi ciudad de origen.

Y ahora, que no tengo el contrarreloj de Iberia, los baches y los bocinazos y las puteadas me envuelven como si otra vez fueran míos.

El día siguiente que perdí mi billete de regreso a Barcelona era un miércoles. Me desperté a las siete y media de la mañana. Era un día laborable como cualquier otro en Buenos Aires. En la tele había un partido entre un equipo argentino y otro japonés, en directo desde Oriente.

A los diez minutos del inicio un japonesito pateó muy fuerte, esquinado, y la pelota casi se mete en el ángulo, pero el arquero de River la sacó al córner. Yo dije ¡uh! y me agarré la cabeza. Al mismo tiempo, por la ventana abierta, muchas otras voces en otras casas gritaron uuuuhhh. Al mismo tiempo que yo. Fue un murmullo de vecinos invisibles, como un coro de palomas mensajeras, que se agarraron las cabezas. Yo no los vi, pero intuí sus presencias.

Entonces descubrí que había llegado a mi país, por primera vez en quince años. Supe que ya no estaba en un lugar donde la gente duerme o hace otra cosa cuando yo miro lo que me importa por la tele. Supe que ya no tenía que pensar qué hora será en el sitio del mundo que me importa, ni qué temperatura hará, porque lo podía ver por la ventana. Descubrí que estaba, otra vez, en el lugar donde todos decimos ¡uh! al unísono, a las ocho de la mañana, por las razones más ridículas. Y me puse a llorar; como un chico, mientras todo el mundo decía uuuuhhh.

Hernán Casciari
martes 26 de enero, 2016


Mientras todos dicen uh

por Hernán Casciari

Hace un mes, en diciembre, eran casi las ocho de la mañana de un miércoles y yo estaba viendo fútbol por televisión. Era demasiado temprano para ver fútbol, pero el partido ocurría en el lejano Oriente. De golpe, un japonés pateó con fuerza y el arquero de River la sacó al corner con dos dedos. Unos segundos después me puse a llorar, sentado en la cama, como un estúpido. Y me acordé de algo que pasó hace diez años, cuando llevé a mi papá por primera vez a ver un partido del Barça.

Era el año 2005. Cuando entré con Roberto al Camp Nou me sentí, por única vez en la vida, llevándolo a él a alguna parte. Hasta entonces él siempre me había llevado a mí. A la cancha de Racing, en Avellaneda. O a la de Flandria. O a cualquier cancha. Cuando vas con tu papá a ver fútbol siempre te lleva él, no importa la edad de tu documento, ni quién sea más alto, ni cuántos pelos tengas en las patas. El padre siempre lleva al hijo.

Pero esta vez estábamos en otro país y yo lo había invitado no solamente al Camp Nou, sino también a Europa; entonces me sentí responsable de su comodidad. Y descubrí que Roberto no estaba cómodo. En absoluto. Estaba inquieto.

Mi padre miraba las bocas de ingreso del estadio y no podía entender la parsimonia de la gente que hacía fila para entrar. «¿Por qué nadie le pega a nadie?», me preguntaba con estupor. «¿Por qué no nos empujan, Hernán?», me decía. «¿Por qué ninguno me está robando la billetera, Hernán?».

Roberto no me preguntaba esto con admiración primermundista, sino con disgusto, con extrañeza y con bronca. «¿Por qué nadie trae del brazo a una novia con el culo desproporcionado, Hernán?».

Mi padre estaba descubriendo, de repente, que a su porción de chocotorta le faltaba todo el colesterol.

Me acordé enseguida de los esfuerzos tremendos que él había hecho, cuando yo era chico, para llevarme a las canchas de fútbol argentinas. Cómo debió resguardarme de las avalanchas, cómo me aisló de las puteadas más groseras. Recordé los viajes en el 93 hasta la avenida Pavón, el silencio que se hacía cuando pasábamos por La Boca y temíamos que los bosteros (que son nativos porteños en estado salvaje) entraran por la ventanilla para acribillarnos en una emboscada.

Recordé las lágrimas de Chichita cuando nos íbamos a ver un Racing - Independiente: eran lágrimas parecidas a las de las madres cuando sus hombres parten a la guerra.

Por eso mi padre buscaba, en vano, la adrenalina en las tribunas del Camp Nou. Miraba el civismo reinante con sospecha, como si el deporte que estaba a punto de ver no fuera fútbol, sino otro más patético: natación sincronizada o danza rítmica.

«¿Y los papelitos, Hernán?», preguntó cuando salieron los equipos a la cancha. Yo le dije que no había papelitos en los estadios españoles, porque estaba prohibido hacer basura. Y él miraba el cielo. «¿Y los cantitos chanchos, Hernán?». Le dije que tampoco había rimas ni palabrotas. Y él volvía a mirar el cielo.

A la mitad del primer tiempo le pregunté por qué miraba tanto el cielo, y me dijo:

«Es todo muy aburrido, Hernán: los de la platea alta ni siquiera te mean».

En ese momento yo era bastante nuevo en España, y todavía no entendía la incomodidad de lo perfecto. Me dio la impresión de que mi padre exageraba su fastidio, pero con el tiempo me empezó a pasar algo parecido por la calle.

Durante los siguientes diez años, al caminar por las ramblas, o por el paseo Sant Joan, no pude sentirme cómodo. En Barcelona no hay baches que saltar, ni bocinazos en las esquinas, ni manifestaciones espontáneas, ni colectiveros que te mandan a la recalcada concha de tu madre.

Es un mundo paralelo bastante mejor que mi mundo de origen, pero muy poco mío. Y para peor tengo una corazonada narcisista cuando voy por la calle: creo que mi sola presencia de gordo zaparrastroso afea un poco esa perfección.

Cuando vuelvo de visita a Buenos Aires me encuentro con todos los baches del mundo, y me topo con los piquetes y recibo con alivio los bocinazos y las recalcadas conchas, pero tampoco logro sentirme en casa. Son mis calles, están mis amigos y mi familia, mis insultos más queridos, pero en el bolsillo siempre tengo un pasaje de avión que me dice:

«Volverás en unos días a España; soy yo, tu billete de regreso, te estoy hablando a ti, gordo sudaca».

Sin embargo, esta vez pasó algo con mi pasaje de Iberia. La fecha de regreso era para mediados de diciembre y un poco antes tuve un infarto; entonces el médico no me dejó viajar. Tuve que quedarme en Buenos Aires y perdí el vuelo. Todavía sigo acá, en mi ciudad de origen.

Y ahora, que no tengo el contrarreloj de Iberia, los baches y los bocinazos y las puteadas me envuelven como si otra vez fueran míos.

El día siguiente que perdí mi billete de regreso a Barcelona era un miércoles. Me desperté a las siete y media de la mañana. Era un día laborable como cualquier otro en Buenos Aires. En la tele había un partido entre un equipo argentino y otro japonés, en directo desde Oriente.

A los diez minutos del inicio un japonesito pateó muy fuerte, esquinado, y la pelota casi se mete en el ángulo, pero el arquero de River la sacó al córner. Yo dije ¡uh! y me agarré la cabeza. Al mismo tiempo, por la ventana abierta, muchas otras voces en otras casas gritaron uuuuhhh. Al mismo tiempo que yo. Fue un murmullo de vecinos invisibles, como un coro de palomas mensajeras, que se agarraron las cabezas. Yo no los vi, pero intuí sus presencias.

Entonces descubrí que había llegado a mi país, por primera vez en quince años. Supe que ya no estaba en un lugar donde la gente duerme o hace otra cosa cuando yo miro lo que me importa por la tele. Supe que ya no tenía que pensar qué hora será en el sitio del mundo que me importa, ni qué temperatura hará, porque lo podía ver por la ventana. Descubrí que estaba, otra vez, en el lugar donde todos decimos ¡uh! al unísono, a las ocho de la mañana, por las razones más ridículas. Y me puse a llorar; como un chico, mientras todo el mundo decía uuuuhhh.

Hernán Casciari
martes 26 de enero, 2016


Podés ver a Hernán Casciari en el teatro


 Andres que importa
15/03/2016 a las 15:40
No he sido nunca un pibe futbolero, y si ahondamos un poco mas tampoco soy un pibe, cumpli en Febrero cincuenta y dos y tampoco soy argentino, pero hay gestos como un uhhhh, que me relacionan con la Argentina, lleve a mis chicos en un viaje de vacaciones deportivas a esa linda tierra, hace mas de diez anios, y por pura casualidad era temporada de futbol, sin tickets en las manos nos embarcamos mi esposa y los chicos a la bombonera a ver que deparaba la suerte o mi imprudencia, las entradas agotadas el ruido ensordecedor del estadio aumentaba nuestros deseos de entrar, un revendedor y mi mirada se cruzaron tire la moneda imaginaria de la suerte y le compre cuatro ,caminando como ovejas al matadero nos disponiamos a entrar con el miedo de que fueran truchas y como el pueblo de Moises al cruzar el mar nos dejaron pasar y les adverti a los chicos que no veniamos a ver la lucha de los combinados Boca-Independiente sino al circo de la plebe a oir los gritos, las puteadas y la bronca del hincha mas divertido del planeta.
14/03/2016 a las 13:56
UN artículos muy emotivo, el fútbol te lleva a vivir momentos únicos.
  Ani
26/02/2016 a las 17:24
Gracias Hernan, te descubrí este año cuando me fui de vacaciones a nuestro lugar de origen (vivo en Lima desde hace 13 años) y como me pasa con las cosas que me gustan me volví tu adicta. mi hermano me hizo escucharte en tus cuentos de la radio y automáticamente me hiciste llorar y reír en los mismo 3 minutos.
Me siento tan cerca de tus vivencias, yo Nací en La Plata, pero viví hasta los 13 años en un pueblo que se llama Ascencion al norte de la provincia de BsAs y de los 13 a los 20 en Magdalena, cuando vos te fuiste de Argentina a España yo me vine a Perú, pero con esto quiero decir que cuando te leo me siento tan identificada con tus sentir, ademas tenemos casi la misma edad jajajajajaja!!! estamos re pendejos Hernan, cuídate, no fumes tanto tabaco, que no pega y te hace mal.
Y el gracias es por tu arte, ojala vengas otra vez a Perú, te pueda ver y darte un abrazo de eso que acá nos se dan.
Ani
 Lucas Picasso
24/02/2016 a las 21:24
Hernan, recien veo este post, me acorde de cuando mi viejo ( ya en mejor vida) me llevo a ver a su Velez querido de la mano de Bianchi contra Huracan en el Tomas A. Ducco. me acuerdo que antes de que comience el partido y despues de que Velez termino ganando el partido la hinchada de Huracan nos tiraban piedrazos !!! uffff que momento, primera situacion limite de la mano de mi viejo ! Hoy lo recuerdo con la nostalgia de los años y sera una de tantas historias para contarle a mis futuros hijos de como era su abuelo ! .


Gracias segui asi ! un abrazo !
 Andrés
24/02/2016 a las 01:46
El fútbol en este país es una pasión tan inexplicable como hermosa. Un poco lo explicás vos acá. Soy cuervo hasta la médula de la médula. Lloré 3 veces en mi vida viendo fútbol. A saber, cronológicamente:

1- Cuando el Gallego González hizo un gol el mismo día que enterró a su papá.
2- Cuando se retiró el Beto Acosta.
3- Cuando Palermo hizo el agónico gol en aquel acuático partido clasificatorio.
21/02/2016 a las 03:45
Volvi a leer este texto despues de casi un mes y se me volvieron a piantar dos lagrimones...
 Demianchu
19/02/2016 a las 17:49
Te está haciendo bien escribir sin cigarros,,,impecable historia gordo!!
19/02/2016 a las 13:11
¿Y qué pasó con ese asunto de que ya no ibas a poder escribir bien sin un pucho? Patrañas.

Jorge, la cabeza de alguien que escribe así nunca está intacta (por suerte).
Lancha
10/02/2016 a las 15:57
Excelente, pense que era inexplicable ese sentimiento, pero lo supiste explicar.
 jorge alberto anus
07/02/2016 a las 13:53
 jorge alberto anus
07/02/2016 a las 13:34
 jorge alberto anus
07/02/2016 a las 13:46
Hernan brillante !!!! como siempre , cuídate loco que la cabeza esta intacta . Quienes conocimos a tus viejos sabemos que es asi , Roberto un ser humano sensacional lo estoy viendo patear las calles de Mercedes con las carpetas abajo del brazo , Chichita una madraza ( para aguantarte a vos ) .
Solo agradecerte cuando me nombran en la obra (el turco Anus ) y se lo agradeci personalmente a Antonio Gasalla .
Muchos recuerdos de nuestra mercedes y te acordas de la fiestas de 15 en La Camara Economica y Circolo Italiano , que te querias colar cuando no te invitaban , Ja JA

fuerte abrazo a la distancia !!
 Criptonita
05/02/2016 a las 18:19
Totalmente identificada. Volví hace 4 años y me quedé en este país hermosamente imperfecto.
 SATO
05/02/2016 a las 13:54
Hermoso texto, muy emotivo.
04/02/2016 a las 20:43
Leí primero el siguiente...y queda resignificado éste.
Suerte Hernán, no elegiste el mejor momento para volver, pero...parece ser el tuyo!
 MaxiQAC
03/02/2016 a las 21:26
Me emocioné. Gracias Hernán!
 Fernando Navarro
03/02/2016 a las 19:52
Me hiciste emocionar mientras recordaba todos loes eventos deportivos que me ha llevado mi papá. Como las carreras de Turismo carretera, los partidos de fútbol. Estoy contento de que vuelvas a Argentina, y más contento aún que formes parte de Perros de la Calle.
  FedE
03/02/2016 a las 08:04
Dejaste de usar la doble banderita en tu perfil, eso quiere decir que va en serio la cosa!
01/02/2016 a las 20:10
Creo que el texto está muy bien. Pega fuente al nivel sentimental y es divertido por momentos.

Felicitaciones.
 ViejoRobotFilipinoExplotadoEnMéxico
30/01/2016 a las 17:23
Contradiciéndote: uno no deja de ser un chico ni cuando se muere el padre.

Ahora .sé por qué nos sale tan mal ser adultos: siempre es un chico disfrazado, un remedo de algún modelo a nuestro alcance que a fin de cuentas también fue siempre un remedo. Es chico disfrazado, al fin chico, traiciona siempre su disfraz por las razones más ridículas, según los adultos (chicos disfrazados que olvidaron que lo están), pero que son también las razones más genuinas: las que mueven el corazón.
  OlvideElDocumento
30/01/2016 a las 07:10
Nada como decir ese 'uhh' en tu país
 Jhordan PLG
29/01/2016 a las 20:16
A fines del año pasado estaba con mi pata viendo un partido de nuestro Alianza Lima en la popular cuando de repente nos cae agua de la parte de arriba. En medio de los empujones, las puteadas, etc, etc, veo a Mirko persignarse, él se da cuenta que lo vi, mira al cielo, me mira, mira a la cancha, y dice... "roguemos a Dios que sea agua".
01/02/2016 a las 03:10
En Perú, yo también soy de Alianza Lima.
 Roberto Guty
02/02/2016 a las 17:11
ahora si te puedes ir ala concha de tu madre gordo cagon
29/01/2016 a las 12:21
Hernan!!! Ya tenes una parte botija booo!! Aguante el sten uruguayo!!
 Matias Fernandez
29/01/2016 a las 06:55
Lamento ser yo el que te lo diga Gordo, pero malgastaste tus lagrimas, lo que sentiste no fue mas que una ilusión, reflejo de vidas pasadas, perdoname por pincharte el globo pero alguien te tiene que abrir los ojos, no era España ni el desarraigo lo que te pasaba, es que el mundo cambió para todos, ya nadie dice uhh al mismo tiempo, ni acá ni en ningún lado... es que uhhhs eran los de antes, los de radio a transistores, esos si que eran homogéneos, ahora, con la tv digital, el cable coaxil, la television de aire y aire digital, tv satelital y hasta roja directa, y a todo eso hay que sumar que aun quedamos dinosaurios a los que nos gusta el relato radial (tiene infinitas ventajas, entre ellas no escuchar a Niembro). Con tanta mezcla de formatos, hay tanto delay que los uhhhs de ahora salen mas descortinados que los semáforos de Pavón.
Pero bueno, al menos siempre te queda la posibilidad de ir a la cancha a que te empujen, te afanan y te mean como Dios manda y si podes anda con el auto así vivís la experiencia con todos sus condimentos, embotellamientos y trapitos que te cobran 50 mangos incluidos, por suerte no todo esta perdido.
 Andrés Cardiff
29/01/2016 a las 02:22
Volver al pago y sentir las raíces vía intravenosa futbolera...
 H. H
29/01/2016 a las 00:00
Magistral
 Gustavo Sequeir
28/01/2016 a las 20:28
El día de la semifinal con Holanda me reuní, como ya era cábala, con todos mis amigos del pueblo en un departamento de Palermo a ver el partido. Cuando llegó el final del partido, y ya era inevitable ir a penales sentí que no iba a aguantar, que me iba a dar un bobazo ahí mismo, y que prefería no verlo, sino escucharlo. Bajé a la calle mientras Mascherano le decía a Romero que se iba a convertir en héroe y escuché la tanda de penales por medio de los gritos, puteadas y llantos que salían de cada una de las casas mientras yo caminaba como loco por la calle. No recuerdo un momento de mi vida viendo fútbol más lindo que ese que fue, irónicamente, sin verlo.
Un abrazo grande Hernán, gracias por todo
 Choborra
28/01/2016 a las 19:28
La recalcada concha de tu madre gordo, me hiciste llorar hablando de un partido de las gallinas. Cuidá el bobo!
 leo gonzalez
28/01/2016 a las 17:16
felicidades gordo, pues sí uy, cuantos sinsabores vividos en estadios del primer mundo, amargo como el vino del exiliado diria el gran sabina, muchos uys al retornar a nuestra patria, a mi viejo lo llevé ( yo a él ) a un partido de champions en euskadi, dónde la cosa es más descafeinada si cabe, al primer gol de los locales (los nuestros) el viejo se levantó propulsado hacia arriba para abrazarme y al mismo tiempo el estupor se adueñaba de el, pero por qué mierda no se levanta esta gente a celebrarlo, me preguntaba....es así papi, es largo de explicar! gracias hernan
 Eze Franzino
28/01/2016 a las 17:06
Cuando me enteré de tu infarto escribí un texto y te lo mandé por mail. Me gustaría que lo leyeras, el asunto es “Prefiero que muera”. Es un pequeño homenaje.
Gracias por todo, sos un campeón!
01/02/2016 a las 03:16
Gracias, Eze. No lo leí en su momento porque estaba infartado. Pero lo busqué ahora en el Gamil y lo encontré. Me encantó!
28/01/2016 a las 15:04
En ese barrio, o ninguno paga HD o todos lo usan. Acá, en Flores, ya no se escuchan los Uh al mismo tiempo.
 Rene Guzman
27/01/2016 a las 20:26
Hernan te descubrí desde la charla Ted. Trató de seguirte. Con mi mejor amigo Guti. Nos pasamos parte de la noche viendo tu duelo con Zamba. Yo entiendo el desarraigo desde varios flancos. Mis padres vinieron a este País en 1974 desde una Bolivia Militar. Durante varios años escuche. Nos vamos al año que viene. Pero todos seguimos Acá. Será que Argentina es un país tan generoso que mi madre llora al ver la celeste y blanca si pasa más de 15 días de vacaciones en La Paz. Yo con mis 46 Años de profesión Arquitecto y disfrutando mi mejor proyecto. Mi hija Ainara de casi 2 años también veo el desarraigo ahora de otro lado .. Mi EX esposa Boliviana que vino a este país el 2010 cuando nos casamos. Añora todo el tiempo a su país. Hoy vuelve con mi hija de unas vacaciones de 15 en Cochabamba ciudad que la vio nacer y donde yo la conocí en septiembre de 2011. Y se por experiencia de mis padres que sufre el todabia no adaptarse a este país. Yo desde mis 4 años vivo acá. Por mis rasgos sigo siendo diferente. A pesar que pienso como Argentino. . allá soy extraño. Acá diferente. A veces pienso que quede en una especie de limbo .
 Chiky Sosa
27/01/2016 a las 17:58
Genial, el reventon cardíaco pasó por la zona que se encarga de las cosas que no nos importan. El cable que conecta corazón/cabeza/dedos está intacto. Ya con el tiempo te daras cuenta donde está la falla.
Pd. A los cuantos comentarios está uno habilitado a llamarlo "gordo" ?
01/02/2016 a las 03:17
Desde el comentario número 77.
 Romi
27/01/2016 a las 16:32
yo me alegro mucho que estés en buenos aires! y más me alegro porque estés bien de salud! tengo mi entrada para el teatro esperando para poder ir y conocerte por fin! ojalá sea pronto hernán! beso grande.-
 Francisco Caro
27/01/2016 a las 16:29
Si todos los escritos de algo triste van a ser así de buenos y tener una vuelta humorística, espero ansioso el libro de tapa negra en donde hablás de tu infarto, tu divorcio y la etapa nueva y "oscura" que estás atravesando.
Te la dejo picando, Hernan.
 UNA MÁS
27/01/2016 a las 13:39
Tenés razón, Gordo. Hace 5 días, mi hija, su marido mi nieta, de año y medio, regresaron a Barcelona. Estuvieron en nuestro país un mes. En cuanto llegaron a su casa de allá, me enviaron un WS; riendo me comentaban: "Acá todo es limpito, prolijo y ordenado,... casi aburrido. Ya nos habíamos acostumbrado a los baches, las veredas rotas, al tránsito desordenado, a los cortes de luz. A la mitad de los argentinos discutiendo,apasionadamente, con la otra mitad,por cuestiones políticas..."

A esta hora de la mañana y ya estoy moqueando. Somos también cursis los argentinos ¡Y a mucha honra!
 vale valeria
27/01/2016 a las 05:26
me parte el alma que no te guste estar allá. o que te guste tanto estar acá. que vendría a ser lo mismo, no?
 Fernando Vera
27/01/2016 a las 05:16
Soy nuevo, arranque a leerte este verano, a decir verdad estaba muy distanciado de la lectura, un amigo me regalo messi es un perro y senti el Uhhh! del que hablás. Gracias loco.
 Veruquita
27/01/2016 a las 04:22
Leo y leo, y no puedo dejar de pensar.... ¿Y la family? Si vienen con vos, no estarán en un tiempo escribiendo una nota similar a esta?
27/01/2016 a las 03:22
El mundial 78 no fue muy festejado en casa, y el 82 fue totalmente borrable, pero en el 90 yo tenía 20 años y volvía de un final de algebra y geometría analítica por la calle justo cuando Goicoechea le atajaba un penal a un chabón llamado Serena. Iba por la mitad de la cuadra llegando a casa con hambre y un cuatro en la libreta y todas las casas sonaron al unísono. Fue un monosílabo indescriptible seguido de insultos o arengas. Es rara la sintonía colectiva de las casas cerradas. Es una suerte de conciencia colectiva que se enciende muy de a ratos, pero que si la entendés, sabés donde estás.
 Adrian Oviedo
27/01/2016 a las 02:59
Divertido! Un poco contradictorio con "teniamos un juguete" como buen escritor que sos, vale todo. ;)
01/02/2016 a las 03:19
Al que le gustaba el quilombo era a mi viejo.
  Una ET en España
27/01/2016 a las 02:36
¿¿En serio Roberto no vio a ninguna "novia con el culo desproporcionado" en Barcelona y/o aledaños????

Hernan "a la final" una se termina sintiendo de todos lados, Casas más, casas menos...
 Marcelo Acero
27/01/2016 a las 01:19
Muy bueno Hernan!
Me pasó eso de estar viendo un partido importante para uno en otro lugar, y se siente feo de verdad.
Mas allá de la "nota de color", ver un partido de Argentina -como me tocó en el último mundial- en Ascoli, Barcelona, Santorini o Atenas, tiene gusto a poco y nada.
Abrazo!
 Dieter Mueller
27/01/2016 a las 00:44
Para los que los coleccionamos bajale la calidad a 128 que está muy pesado el .mp3, tampoco te vayas al 96 que estabas usando porque se oye fiero.

Hay otro Uh, el UUU del desagrado ante error alevoso del juez. Una mezcla de la U con la I y la E, que viene a ser más o menos así: UEI.

A veces parece EEE y cuando el error es casi dolor es III.

Esa mezcla de sílabas que por su longitud sonora se transforma en una consonante apesadumbrada es mi manera mas fácil de explicar: "Viste cuando el juez se equivoca y la gente dice "üüüüü", bueno, así, justito así, es como se pronuncia la U de mi apellido.

Y ando enseñando alemán gratis por las calles de tierra de Caraguatá, Ansina, Zapará y alrededores.
01/02/2016 a las 03:20
Sí, Dieter. Ya lo hice. Gracias por avisar.
 Dieter Mueller
05/02/2016 a las 06:21
Gracias guachito.
 Matias Fernandez
02/02/2016 a las 21:25
A mi cuando el arbitro se equiboca (contra mi equipo) se me escapan los monosílabos y onomatopeyas. No me sale gritar "NOOO!" o "UUIEEE!!!" o cosas parecidas... Por el contrario me sube una verborrea impredecible en la que por momentos escapo de mi cuerpo y me voy a parar al lado de Delfino y se lo grito al oido. Siendo un poco menos borgeano que Cornetita, casi nunca recurro a las conchas renegridas pero si me acuerdo de algunas recalcadas.
27/01/2016 a las 00:04
Te pasaste un par de pueblos con las metáforas de lo descafeinado que es España y lo maravilloso de las meadas de las plateas altas de Argentina.
  Una ET en España
27/01/2016 a las 02:32
Estoy de acuerdo, pero se puede permitir un regodeo narrativo (¿cómo hiciste para que te aparecieran las dos banderas?)
  Una ET en España
27/01/2016 a las 02:37
Aiba! se me aparecieron solas las dos banderitas (cosa e mandinga)
 Leandro Ekman
26/01/2016 a las 23:03
Durante el mundial '86 me acuerdo estar viendo el partido de Argentina - Inglaterra con mi viejo y cuando gritamos el gol de Maradona, escuchábamos el mismo grito entrar por la ventana, este era un grito de gol, no de "uh". Era la misma sensación, la de estar donde perteneces.
Hoy, desde acá, desde una ciudad que no es mia, un tanto lejana aunque con baches y después de haber pasado dos semanas de vacaciones en BA, este relato casi me hace piantar un lagrimón. Gracias Hernan!
26/01/2016 a las 22:49
Tío no nos olvides al los españoles, si te encierras demasiado en ti mismo, nos perdemos la mitad.

El relato me ha gustado, aunque viendo atrás el trabajo tan bestial al tus espaldas (en calidad y cantidad de la misma), por mi como si escribes basura.

(Y esto último lo escribo con el móvil lento, parece que este escribiendo en morse, además de tener el corrector del móvil activado. Escribir así es un acto de fe. Ole mis h......s)
 JUAN MANUEL MAYORGA
26/01/2016 a las 21:40
Hola Hernán soy de Colombia y tuve la fortuna de fortuna de vivir 2 años en Buenos Aires, de la misma manera que tuve la fortuna de encontrar este blog que tantas veces refresca la nostalgia y los recuerdos. Un gusto leerte un abrazo desde Bogotá
26/01/2016 a las 22:52
Con la suerte que tienes fijo que va y te responde y le llega el abrazo :D
01/02/2016 a las 03:22
Gracias Juan, un abrazo!

PD: Todo para molestar a El Gomes.
01/02/2016 a las 08:02
Jajaja que jodio.
 lean9067
26/01/2016 a las 21:13
Me encantó tu texto. Además soy hincha de River y todavía me emociono con los recuerdos del mundial de clubes.
26/01/2016 a las 21:01
Ay, Gordo, qué bajón, me gustaba que estuvieras acá. Nos dejás muy huerfanitos.
A mí lo que me llama mucho la atención del Camp Nou son los sandwiches bien envueltitos que se lleva la abuela, abuelo, hijo, hija y nietos. És més que un club....¿será?
 Tico
26/01/2016 a las 21:37
Yo vi lo mismo en El Liceu...
26/01/2016 a las 20:49
Gordo hermoso, has regresado!!

Qué bueno volver a leerte argentino.

No voy a caer en la estupidez de que no hay mal que por bien no venga; pero quizá si te quedas hasta mitad de año lo ves a Racing campeón de este torneito de morondanga que arranca ahora.
 Dogman
26/01/2016 a las 20:13
Siempre es tan ameno leerte gordo! Cuando vengas a córdoba te sigo debiendo la birra... ahora deberá ser una sin alcohol.
26/01/2016 a las 20:06
Me hiciste llorar mucho con Gaussian Blur y ahora me emocionas con este.
Mi viejo también se llamaba Roberto, también se rajó hace un par de años y también me llevaba a la cancha. Sólo que nosotros íbamos a la de River, con el 107.
Abrazo Hernán, es muy lindo sentirte entre nosotros.
 Santiago Torreguitar
26/01/2016 a las 19:08
Que lindo leerte, Hernan.
 Lucía Pérez
26/01/2016 a las 18:54
Quién ilustra?
26/01/2016 a las 19:10
Sequeiros
26/01/2016 a las 21:02
Buenísimo Sequeiros, lo voy a investigar.
 Lucía Pérez
27/01/2016 a las 02:59
Gracias!
 Artu
26/01/2016 a las 18:07
Muchas veces uno llora por fútbol en este país. Sentir empatia en el deporte mas lindo del mundo es algo mágico de verdad. Gritarle fuerte a la TV. Comentar el tiro que paso rozando el palo, en el hall de un edificio. Que te toquen bocina por llevar la camiseta de tu club desde un camión de carga y que te griten "vamoo todavía". Que se yo, lindo pero tuyo.
 sihagalo
26/01/2016 a las 17:09
Siempre pensé que había una sola ciudad en la que podría vivir que no fuera Buenos Aires: Barcelona. Ojo al piojo nunca me empujaron a quedarme allí más de 20 días casi como una turista, obviamente sudaca.
En noviembre del 2014, juntando ganas de gironear un poco y una oferta de mi linea de bandera AA , nos fuimos con mi hijo un poco más de una semana a Roma. Me afanaron guita de la mochila en el Coliseo ...pateamos a lo loco e incluso nos tomamos un tren ida y vuelta en el día a Florencia, fue duro porque esas caminatas me colgaron casi un esguince de tobillo pero persistí a fuerza clamante y tobillera. Pero la verdad entre Moises, Davises, Fontanas de Trevi destruidas, bruchetas riquisimas y demas yerbas , me sentí casi como en casa. Me faltaba una sola cosa, librerías en castellano. Me gusta fotear, y mejor si son esculturas, me lo chupetee todo al David no si a la escultura o al espíritu de Miguel Angel que trotaba por allí.
Y hoy mientras pienso en Milagro en una celda, con una fotógrafa marroquí asesinada en fuso, que no es el carrousell del furo, por fotografias mujeres trabajando, me digo mierda este mundo choto en el que nos tocó vivir. Y sigo foteando y haciendo malabares con las palabras, en esta amarilla caba que acaba a cada rato con mi paciencia y SUEÑO...
26/01/2016 a las 16:41
lindo y con un uhhh calador de pechos.
 Changuito!
26/01/2016 a las 16:21
Claramente estabas en un barrio bostero no? Los hinchas de river no gritamos uh.
26/01/2016 a las 19:12
Estaba en un barrio más bien de Platense.
26/01/2016 a las 16:17
Nada te llena mas que la sensación de pertenencia. A lo sumo un hamburguesa cuadruple del burguer king..... ¿cual preferis?
  José Rivas
26/01/2016 a las 16:08
Senor Casciari, ¿no extraña algo de Barcelona? ¿algo que lo siga haciendo sentir en off side? Teniendo o no boleto de vuelta, donde nací, donde crecí o donde vivo, desde que viví por un tiempo en otro país, yo todo el tiempo me siento en off side.
26/01/2016 a las 19:14
El Camp Nou a media hora se extraña, claro.
26/01/2016 a las 16:04
Venite a ver a Flandria un sábado!
Pero prometé no infartarte mucho, venimos medio flojos de sistema de salud en Jauregui y en Luján.
26/01/2016 a las 19:15
El Carlos Quinto es mi segunda cancha.
 Juan Carabajal
26/01/2016 a las 16:02
No me lo imaginaba a Roberto quilombero...
26/01/2016 a las 19:16
Era gestor impositivo de dia e inadaptado de niche.
  FedE
03/02/2016 a las 07:57
Día (acento en la i)
Noche (no niche)
26/01/2016 a las 16:02
Uno puede cambiar de barrio, ciudad, país. De nombre, de religión, de raza. Puede mudarse cuantas veces quiera, pueda o necesite. Puede soportar paredes distintas, techos más altos, ventanas más grandes, vecinos extraños. Pero nunca jamás le puede cambiar el código postal a la sensación de volver a casa. Bienvenido.
 Oscar Zarate
26/01/2016 a las 16:02
Quedate, gordo.
Hacés mucha más falta acá que allá.
Aparte van a pelear la Libertadores.
26/01/2016 a las 15:55
Hay una publicidad de cerveza quilmes creo, que se corta la luz en toda la ciudad justo cuando iban a tirar un penal decisivo para argentina. El silencio era absoluto y sonaba tanto como el "uhhhh" hasta que en un rincón oscuro, un croto con una spica en la oreja grita goooooollll y se arma un tsunami de gritos.....me hizo acordar esa sensación que describís del "uhhhh"...ese saber que estamos todos conectados mas allá de los cables, el wi fi y el 4G....
 Calabazza
26/01/2016 a las 17:07
Me acordé de lo mismo!
  Caio
26/01/2016 a las 22:32
Era de VISA, mundial 2002: https://www.youtube.com/watch?v=3Me4swg0CsI
 Sol
27/01/2016 a las 12:52
Los de Visa se quieren matar que a la gente le haya quedado en la memoria que la publicidad era de cerveza... yo hubiera jurado lo mismo!
27/01/2016 a las 20:31
pasa que todo lo bueno, lo asocio a propagandas de cerveza...
 Johanna Aguirre
26/01/2016 a las 15:46
Bienvenido gordo querido! Y que lindo es ese uuhhh en coro con la familia reunida alrededor del televisor, tomando mates, viviendo ese momento único.
26/01/2016 a las 15:41
Igual vivo renegando de algunas cosas de esta ciudad donde vivo, pero en el fondo tambien se, que el día que no las tenga las voy a extrañar. Tambien dije muchas veces uuuhhh! en ese partido.

Excelente cuento Hernan.
 Rodrigo Villar
26/01/2016 a las 15:27
Bienvenido gordo puto y la recalcada concha de tu madre.
Y encima posteas en la categoría vejez?
Estás cada vez mas puto, debe ser el infarto.
Como siempre, un placer leerte.
Si estás cerca (vivo en Devoto) un día me caigo con unas birritas (para mí) y unas bebidas aburridas para vos.
 Calabazza
26/01/2016 a las 15:09
Me hiciste emocionar gordo! Como te quiero a vos y a este pais, la recalcada concha de tu madre....
26/01/2016 a las 14:59
Me encantan estos textos que hablan del desarraigo que sentimos los que, por una razón u otra, vivimos fuera de nuestro país. Son detalles aparentemente insignificantes: un chiste, un gesto, la forma en que saludas a alguien...
Es lo que me enamoró de este blog hace 11 años, lo que me ha hecho seguirte en casi todas tus aventuras, y lo que me hizo escribir (en una época que estuve de vuelta en buenos aires) este pequeño homenaje:http://axelbunge.tumblr.com/post/2843059728/en-orsai

Gracias Gordo por estos textos.

Una cosa: en "Cuando vuelvo de visita a Buenos Aires me encuentro con todo los baches del mundo..." serían "TODOS los baches..."
26/01/2016 a las 19:19
Corregido, gracias!
 Gaby
26/01/2016 a las 14:58
En tu post del infarto te preguntaba si cuando sentías que podías morir, habías lamentado no estar en España o en Argentina. Ya me respondiste. Bienvenido Hernán, para mí que ya comes salame de nuevo.
26/01/2016 a las 19:20
No. Sigo virgen de embutido.
26/01/2016 a las 14:58
"la incomodidad de lo perfecto."
impresionante
 juan manuel mallie
26/01/2016 a las 14:48
Carpeta vejez? Jajaj muy bueno abrazo
 barbireyes
26/01/2016 a las 14:44
Querido Hernan,
Hace rato largo que leo intermitentemente tus historias. Son excelentes y cercanas.
Hoy decidí hacerme un usuario en este portal, sólo para decirte una cosa: BIENVENIDO.
26/01/2016 a las 14:39
¡Muy Bueno, Hernan!

Me parece que falta algo en esta frase: "El día siguiente que perdí mi billete de regreso a Barcelona era un miércoles."
¿El día siguiente AL que perdí mi billete?
26/01/2016 a las 19:21
Puede ser, pero queda muy formal.
26/01/2016 a las 20:07
Formal es mi segundo nombre (?)
 Juan Pedro Monteagudo
26/01/2016 a las 14:35
"Mi padre estaba descubriendo, de repente, que a su porción de chocotorta le faltaba todo el colesterol". Excelente.
 Valeria
26/01/2016 a las 14:30
Lloré en público por primera vez cuando leíste con un nudo en la garganta "Gaussian blur" en el Dardo Rocha... Fue un "uhhh" distinto, silencioso...
 cristian peralta
26/01/2016 a las 14:27
Teoria de los guiños?? Gordo el bobazo fue la prueba mas grande de que sos de aca...yo tambien estaba con vos dicien uuuuuhhh.....bienvenido!!!!
26/01/2016 a las 14:21
Tremendo gordo, me sentí muy identificado con tu viejo. Fue tal la desesperación que me agarró cuando fui a ver al Barça que me fui corriendo al medio de su "barra brava". Estaba con la remera de Boca y mientras entraba al medio de esa muchedumbre de unos pocos escuchaba que decían: "Uh ese es del Boca, ¡tío eres del Boca!" Y al ser del Boca me dieron el agasajo más grande que le pueden dar a un hincha argentino: el bombo. Terminé el partido en el que Messi (tu hombre perro) se convirtió en el máximo goleador de la liga Española tocando el bombo en el Camp Nou ante 100.000 personas. Inolvidable.
Si quieren leer la nota: http://gallardof.com/he-visto-a-messi/
 Jhordan PLG
29/01/2016 a las 19:55
¡Aguante Boquita!
 patricia camejo
26/01/2016 a las 14:10
cuando volví de nuestra madre patria que estuve diez años..... volví a mi querida re calcada concha de su madre ....... me firmaste tu libro como "Salvada", en el centro de Galicia.
Besos
26/01/2016 a las 19:22
Me acuerdo!
 Oso
26/01/2016 a las 14:05
uuuuuuuuuuhhh. Bienvenido vieja. El corazón sabe, pide, late, siente. Y te puso donde corre sangre en tus venas.
 Teresa Alvarez
26/01/2016 a las 13:59
👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼
 Facundo Lopez
26/01/2016 a las 13:57
Muy bueno Hernan, yo también fui uno de esos que gritó Uhh! a las 8 de la mañana..
 Lara
26/01/2016 a las 13:51
Haciéndome llorar a esta hora? Códigos, loco!!
 Dafne Rosenbaum
26/01/2016 a las 13:45
Hernan, que lindas tus palabras. Como compañera de vivir al extranjero, y ahora retornada a la vida cotidiana en Buenos Aires, debo admitir que compartí esa sensación. Tardé en volver a sentirme como en casa, pero como emociona el futbol
 Analu Rosales
26/01/2016 a las 13:44
Nostalgias si las hay!!! Desde la aburrida y gris Belgica te entiendo. Dentro de dos semanas vuelvo y tendré a mi ticket recordándome que debo volver a este frio y humedo invierno. Gracias gordito!!
 Juan Romero
26/01/2016 a las 13:43
Bienvenido a tu casa! Excelente, como siempre (y eso que es sin sal).
 Cachorro
26/01/2016 a las 13:42
Bienvenido gordo!
26/01/2016 a las 13:41
Extrañar el asado y el dulce de leche fue un invento de los exiliados que no sabían ponerle nombre a su nostalgia. Lo que extrañamos es muy difícil de describir. O resultaría un listado interminable de items, entre los que estaría, sin ninguna duda, el uh.
 Guille.S
26/01/2016 a las 13:40
Segundo parrafo, cuarta linea dice: "Cuando vas a con tu papá".
Gran homenaje al uhhh!!! (y agarrada de cabeza).
Sigue pasando el escalofrío por la espalda cuando termino el cuento. Seguís con la chispa, aunque no puedas comer salame.
26/01/2016 a las 19:23
Corregido, gracias!
26/01/2016 a las 13:39
Hijo de puta! Me haces llorar!
 C F
26/01/2016 a las 13:37
"Cuando vas a con tu papá a ver fútbol..." um "a" a mais, não?

As melhoras deveras
26/01/2016 a las 13:46
Obrigado, já corrigido!
26/01/2016 a las 13:25
Paredón

Durante la escuela primaria, jugaba mucho al fútbol. Jugaba en los recreos de la escuela, en el club y en una canchita cerca de casa. A esa canchita iba en bici, una bici roja con calcomanías plateadas. La dejaba tirada y corría hasta donde el resto estaba pateando. Éramos siempre seis o siete. La mayoría, de la misma escuela; algunos un año más chicos, otros un año más grandes, y, de vez en cuando, algún que otro desconocido. Por lo general, pensábamos que los desconocidos no iban a la escuela, a ninguna, y eso les daba un aura de renegados, un halo de misterio que provocaba admiración y respeto. Si la pateaban lejos, no les hacíamos buscar la pelota.
La canchita quedaba al lado de la casa del Sapo; era de tierra y tenía arcos que su abuelo había hecho con ramas secas atadas con alambre. Nunca conoció la gramilla. Jugábamos tanto que no le dábamos tiempo al pasto a crecer. Era un manto marrón violáceo con textura de talco. Parecía que jugábamos en una cancha de chocolate “El Quilla”.
El Sapo era nuestro mejor delantero. Era zurdo y tenía una pegada que hacía temblar el alambrado que estaba atrás de los arcos. Muchas veces, si pegaba en el palo, hacía que el travesaño se cayera. Teníamos que suspender el partido y arreglar el arco. El resto éramos de regular para abajo. Ninguno iba a llegar a primera nunca. Sin embargo, el Sapo… sí podría haber llegado.
Una característica que tenía nuestro grupo era que carecía de arquero. A nadie le gustaba tener que encargarse de defender el arco. Seguramente por eso, uno de los juegos más comunes entre nosotros era el “veinticinco”. Alguien al azar empezaba en el arco. Cada vez que atajaba un tiro, podía usar la pelota para intentar golpear a uno de los otros jugadores. Si lo conseguía sin que la pelota pique, el jugador golpeado se convertía en el nuevo arquero. La secuencia seguía hasta llegar a los veinticinco puntos en el marcador global, que se acumulaban a través de los goles que íbamos haciendo. Diferentes tipos de goles valían diferente cantidad de puntos. Por ejemplo, un gol normal con el pie valía uno, pero un gol de cabeza, cinco. Cuando se llegaba a los veinticinco puntos, quien estaba en el arco tenía que cumplir una prenda. La clásica era el capotón: la víctima se agachaba, tratando de cubrirse, mientras todos los demás le pegábamos en la espalda.
Una de esas tantas tardes, el Sapo estaba en el arco y el puntaje acumulado era de veinticuatro. En total, éramos seis chicos jugando. Los que no estábamos en el arco, nos acercábamos tocando la pelota y cuando estábamos lo suficientemente cerca, pateábamos con la esperanza de hacer un gol. Inmediatamente después, retrocedíamos a toda velocidad para intentar evitar la embestida del arquero, que nos arrojaba con potencia la pelota.
En un determinado momento, Fitipaldi, uno que era nuevo en la escuela, pasó a tener la pelota. No se animó a patear y me dio un pase muy cerca del área. El Sapo se me vino arriba y pateé como pude. El Sapo atrapó la pelota en el aire y antes de que pudiera reaccionar, me la lanzó con suavidad sobre el cuerpo. Estaba tan cerca que no pude esquivarla y en el intento, me caí. Ante las carcajadas de todos, tomé mi lugar en el arco con la pelota en la mano. La suma seguía en veinticuatro.
Todos estaban a más de quince metros de distancia. Imposible alcanzarlos. De todas formas, lo intenté. Con fuerza, lancé la pelota con la mano derecha, apuntando vagamente al montón. Se abrieron. Algunos para la derecha, otros para la izquierda, y la pelota pasó picando entre ellos.
En menos de un minuto, luego de otro pase de Fitipaldi, el Sapo pateó al arco de media distancia y me hizo el gol que sumó veinticinco.
---¡Veinticinco, capotón! ---gritó uno mientras yo iba tomando la posición adecuada para recibir el castigo.
---No, mejor no. Tengo otra prenda ---dijo el Sapo y a continuación, explicó el “paredón”---. El que tiene que cumplir la prenda se para de espalda a nosotros, mirando la pared. Ponemos la pelota a seis pasos largos y uno patea “a fundir” para pegarle en la espalda.
---¡Sí! ---vitorearon todos con entusiasmo.
Yo no dije nada; estaba pensando en mis posibilidades. A diferencia del capotón en el que tenía la golpiza asegurada, en esta nueva modalidad tenía la posibilidad de salir ileso. Por supuesto, si me embocaban, el golpe sería más duro.
---¿Y quién patea? ---preguntó uno.
---El que metió el último gol ---respondió el Sapo.
Me ubiqué sin chistar y me persigné varias veces repitiendo en silencio una jaculatoria. “Que le erre”, pensaba para mis adentros.
El sonido pareció uno, pero en realidad fue un repique rápido de tambor: el botín del Sapo en contacto con la pelota de cuero y una fracción de segundo después, el cuero de la pelota contra mi espalda.
---¡Uhhhhhhh! --- gritó el coro de espectadores que, en una onomatopeya, expresó lo que yo no pude. Casi tampoco podía respirar. Encorvado y con un brazo levantado pedía clemencia.
Como no quería que me vean llorar, agarré la bicicleta y pedaleando rápido me volví a mi casa. Estaba transpirado y sucio de tierra. Apenas llegué, sin saludar a nadie, me metí en el baño. Me saqué la remera y mirando para atrás, me vi la espalda en el espejo. Tenía un círculo rojo perfectamente delimitado. Mi espalda parecía la bandera de Japón. Ya no me dolía el golpe, pero ahora sentía un ardor en la piel. Me bañé y no hablé con nadie sobre el asunto.
Al otro día, con el dolor y la vergüenza casi olvidados, volví a la canchita. Además de los de siempre, había un chico nuevo.
---El Crema ---me dijeron que se llamaba.
Que hubiera uno nuevo era bueno. Todos nos complotábamos para hacerlo perder. Si no estaba en el arco, hacíamos que se acerque a él mediante falsas promesas de gol y lo traicionábamos a último momento. Cuando ya estaba en el arco, pateábamos de lejos sin importar que tardásemos en sumar. Así pasó esa tarde con el Crema. Cuando entró en el arco, no salió más.
Veintidós.
Veintitrés.
Veinticuatro.
Yo quería hacer el último gol. Y quería que le hagamos “paredón”. Quería vengarme. No me importaba que el Crema no haya estado el día anterior. Solo quería darle un puntinazo con fuerza a la pelota e incrustársela en la espalda.
Veinticinco.
Otra vez el Sapo, desde muy lejos, metió un zapatazo y cerró el juego.
---¿Qué eligen? ---dijo con la pelota bajo el brazo--- ¿capotón o paredón?
---¡Paredón! ---grité solo. Se ve que a los demás les daba lo mismo.
El Crema, que conocía la prenda, se paró resignado mirando la pared.
El Sapo depositó la pelota en el suelo y como si estuviera por ejecutar un penal, se paró dos metros atrás. Miró al Crema, miró la pelota. Volvió a mirar al Crema y luego volvió a mirar la pelota. Tomó carrera y cuando su pie impactó en el esférico, yo tenía una sonrisa endiablada y me felicité por no estar ahí, de espaldas, esperando el impacto.
La pelota no le dio en la espalda. Le pegó en la cabeza. El Crema se quedó tirado en el piso. Quieto.
26/01/2016 a las 14:23
Me hiciste acordar del 25! Gol de taco valía 10 y de rabona 15, de chilena lo que faltaba para los 25. En el club la prenda era hacerlo caminar despacito al que estaba en el arco, de palo a palo, con los brazos a los costados, y una vez cada uno teníamos que patear desde el punto del penal. A veces caía alguno por el golpe en la cabeza y se quedaba un rato quieto. Nos asustábamos un segundo pero lo pateábamos un poco en el piso para que se levante. Qué lindas épocas. Lindo cuento, che.
26/01/2016 a las 14:58
deja vu!!!!!!!!!
26/01/2016 a las 15:56
Lindo cuento. Lindo lindo. :)
 Danilom77
27/01/2016 a las 10:32
Muy bueno...

En mi caso, mismo juego, diferente castigo..."puente chino" o "naranjú".
El puente chino consistía en poner manos contra la pared haciendo "puentecito", es decir, corvando la espalda sacando el culo pa´fuera...y así todos los participantes puestos en fila para que el "catigado" pasase lo más rápido que pueda por el "tunel" recibiendo toda clase de patadas y goldes.
El Naranjú, es más fácil de explicar...es el puente chino, pero también vale escupir.
 Marce
26/01/2016 a las 13:21
Uhhh, todavía en Argentina, con ese calor y los cortes de luz! uhhhh
26/01/2016 a las 13:30
Uuuhhhh!! se cortó la luz... sí, es bueno sentirse que compartimos los mismos uhhhss.. :P

Será que yo soy muy mio y me da igual qué hagan los demás, prefiero no tener compañeros de uhhs y vivir en un lugar mejor!
 walter
26/01/2016 a las 13:19
Muy bien por homenajear al uuuh. Él se lo merecía. Uno de los grandes sonidos del fútbol
 Mariana Parodi
26/01/2016 a las 13:19
Uh loco, re tarde se publicó :(
 Mariana Parodi
26/01/2016 a las 13:18
Triiiiiiiii wiiiiiiiii
 Mariana Parodi
26/01/2016 a las 13:28
Qué lindo tenerte de vuelta gordo querido!
 Karo
26/01/2016 a las 13:17
Uuuhhh! Que bajón Hernán! Yo quiero un poco menos de bocinas y recalcada concha de mi madre... Pero bueno, solo fui de vacaciones, no a vivir.
Siempre es bueno leerte, abrazo.
 Mica
26/01/2016 a las 13:17
Pri
 Emi
26/01/2016 a las 13:15
Uhhh, piel de gallina
 tamaraquelarre
26/01/2016 a las 13:15
Top 10 primera vez en la vida!
26/01/2016 a las 13:14
Empiezo a creer que fue verdad lo del corazón.
 Sol
26/01/2016 a las 13:07
Me hiciste llorar, y eso que no me gusta el fútbol.
 Carlos Mariano
26/01/2016 a las 13:07
pri
 Carlos Mariano
26/01/2016 a las 13:07
jaja ilusión de principiante
 Carlos Mariano
26/01/2016 a las 13:43
Ahora que lo leí puedo decir que siempre pensé (sigo pensando) que nunca me iría de mi lugar justamente porque acá puedo compartir con los demás los motivos que nos generan orgullo y también las preocupaciones. Cuando alguien hace algo polémico me puedo sentir involucrado, y eso refuerza mi sentido de pertenencia. Creo que todos necesitamos sentirnos parte. Es una necesidad de salud mental.

Pero tu relato me hace mucho ruido, porque abreva de una manera que creo sesgada en la histórica antinomia de civilización y barbarie. Sin dejar de reconocer (y padecer) muchas conductas sociales nuestras, hoy se hacen muy evidentes en países tan civilizados como España, otras conductas que también conocemos que dejan a mucha gente sin trabajo, sin casa y sumergidos en una incertidumbre que lastima de tan bárbara.

Gracias por el cuento porque me trajo el recuerdo de mi viejo, como cuando alguna vez en la tribuna nos tapó con el cuerpo a mi hermano y a mí, para protegernos de “hinchas” que se estaban peleando armados. Cosas de nuestra realidad.
 Sol
26/01/2016 a las 13:06
Pri dos?
 Marcos Di Nardo
26/01/2016 a las 13:06
TOP5?
26/01/2016 a las 13:02
Se
 Nacho_Arse
26/01/2016 a las 12:59
pri
26/01/2016 a las 15:56
Nadie lo felicita....están todos diciendo "uhhhhh"