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Autoayuda
lunes 29 de marzo, 2004

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lunes 29 de marzo, 2004

No soy yo cuando me disgusto

       

Yo también después de reventar costuras y volverme loco tras una crisis marca cañón, agarro mi bolsito Dunlop y me pongo a hacer dedo en la ruta para llegar a una ciudad nueva, en la que nadie sepa quién soy. Como mi amigo Bill Bixby, experto en crisis y gran comprador de camisas leñadoras.

El hombre entra en crisis por una mujer, por desgaste profesional, por falta de vocación o porque lo aplasta la intrascendencia del universo. Particularmente sólo probé las dos primeras. (La vocación me acompaña a donde voy, como el perro al sulky; mientras que el universo y sus disparates se controlan con medio porro y escribiendo cuentos.)

El problema es que cuando estás en crisis no podés hablar de ella. Cuando llega la calma, en cambio, la crisis se convierte en esos insectos disecados después de muertos, y con tus uñas diminutas podés levantar el cuerpo invertebrado, llevarlo al microscopio para ver qué era eso que te había picado tan fuerte, que te había dejado al borde de la baba, con la muñeca doblada a un costado de la cama, medio muerto y pidiendo la hora al juez.

Ahora que estoy en calma puedo diseccionar el insecto. Es así de simple: no somos una leyenda. A mí lo que más me inquieta es la tranquilidad pegajosa que sobreviene después de la tormenta. ¿Qué la trae, por qué olvidamos, por qué sanamos? En medio de la crisis nadie apuesta una moneda por la paz: la crisis parece interminable, sí, porque el dolor está más vivo que uno. Pero después ocurre algo, un ruido interno como el interruptor del motor del agua, ¡trac!, y llega un silencio reparador.

Algunas otras cosas vuelven a tener sentido entonces. Son las mismas idioteces de siempre, las habituales, pero algo las hace resplandecer otra vez después de una crisis: las ganas de escribir, ir a la cancha, dormir con una mujer, jugar al póker. Todo eso ha estado siempre, agazapado a los costados de la crisis. Nunca había desaparecido, es cierto, pero era invisible; o mejor: era poco.

Lo peor que te puede pasar en la vida es querer demasiado una sola cosa. (En lunfardo se llama berretín.) Cuando lo tenés, la felicidad es artificio; pero si no llega, el desgarro es verdadero y duele. Mal negocio querer demasiado únicamente algo, no tener la variante de la suplencia, de lo que los estafadores menores llamamos el plan b.

Saltando de crisis en crisis, supe que lo mejor era estar preparado. Entre los sanguchitos y la fanta naranja, en la canasta del picnic deberíamos llevar el paraguas y las galochas. Y alguna vez sería bueno no ir a la cita; pero ojo, no estoy hablando de dejar plantada a la chica fea: hablo de fallarle a la más linda y tetona del pueblo, para quedarse en casa a mirar Trasnoche Aurora Grundig. ¿Por qué? Pues porque sí, para que por una vez la crisis quede despistada por falta de pruebas, a contrapierna, enceguecida como un cuis.

Saltando de crisis en crisis, aprendí a tener siempre a mano una segunda opción, algo en la despensa por si finalmente es cierto lo del segundo diluvio. Igual eso no es preventivo de nada: igual lo peor te está esperando del otro lado de la puerta, pero por lo menos uno se cree más vivo, más viejo y más zorro.

Como dije, yo recibí la calma hace ya mucho. No toda la calma (para qué exagerar entre amigos), pero sí un buen pedazo de la torta. Y eso me bastó para seguir camino, con la camisa rota, el bolso Dunlop y la musiquita triste del piano... Igual que el sufrido Bill Bixby —ese amigo eterno— tampoco yo soy yo cuando me disgusto.

Hernán Casciari
lunes 29 de marzo, 2004


No soy yo cuando me disgusto

por Hernán Casciari

Yo también después de reventar costuras y volverme loco tras una crisis marca cañón, agarro mi bolsito Dunlop y me pongo a hacer dedo en la ruta para llegar a una ciudad nueva, en la que nadie sepa quién soy. Como mi amigo Bill Bixby, experto en crisis y gran comprador de camisas leñadoras.

El hombre entra en crisis por una mujer, por desgaste profesional, por falta de vocación o porque lo aplasta la intrascendencia del universo. Particularmente sólo probé las dos primeras. (La vocación me acompaña a donde voy, como el perro al sulky; mientras que el universo y sus disparates se controlan con medio porro y escribiendo cuentos.)

El problema es que cuando estás en crisis no podés hablar de ella. Cuando llega la calma, en cambio, la crisis se convierte en esos insectos disecados después de muertos, y con tus uñas diminutas podés levantar el cuerpo invertebrado, llevarlo al microscopio para ver qué era eso que te había picado tan fuerte, que te había dejado al borde de la baba, con la muñeca doblada a un costado de la cama, medio muerto y pidiendo la hora al juez.

Ahora que estoy en calma puedo diseccionar el insecto. Es así de simple: no somos una leyenda. A mí lo que más me inquieta es la tranquilidad pegajosa que sobreviene después de la tormenta. ¿Qué la trae, por qué olvidamos, por qué sanamos? En medio de la crisis nadie apuesta una moneda por la paz: la crisis parece interminable, sí, porque el dolor está más vivo que uno. Pero después ocurre algo, un ruido interno como el interruptor del motor del agua, ¡trac!, y llega un silencio reparador.

Algunas otras cosas vuelven a tener sentido entonces. Son las mismas idioteces de siempre, las habituales, pero algo las hace resplandecer otra vez después de una crisis: las ganas de escribir, ir a la cancha, dormir con una mujer, jugar al póker. Todo eso ha estado siempre, agazapado a los costados de la crisis. Nunca había desaparecido, es cierto, pero era invisible; o mejor: era poco.

Lo peor que te puede pasar en la vida es querer demasiado una sola cosa. (En lunfardo se llama berretín.) Cuando lo tenés, la felicidad es artificio; pero si no llega, el desgarro es verdadero y duele. Mal negocio querer demasiado únicamente algo, no tener la variante de la suplencia, de lo que los estafadores menores llamamos el plan b.

Saltando de crisis en crisis, supe que lo mejor era estar preparado. Entre los sanguchitos y la fanta naranja, en la canasta del picnic deberíamos llevar el paraguas y las galochas. Y alguna vez sería bueno no ir a la cita; pero ojo, no estoy hablando de dejar plantada a la chica fea: hablo de fallarle a la más linda y tetona del pueblo, para quedarse en casa a mirar Trasnoche Aurora Grundig. ¿Por qué? Pues porque sí, para que por una vez la crisis quede despistada por falta de pruebas, a contrapierna, enceguecida como un cuis.

Saltando de crisis en crisis, aprendí a tener siempre a mano una segunda opción, algo en la despensa por si finalmente es cierto lo del segundo diluvio. Igual eso no es preventivo de nada: igual lo peor te está esperando del otro lado de la puerta, pero por lo menos uno se cree más vivo, más viejo y más zorro.

Como dije, yo recibí la calma hace ya mucho. No toda la calma (para qué exagerar entre amigos), pero sí un buen pedazo de la torta. Y eso me bastó para seguir camino, con la camisa rota, el bolso Dunlop y la musiquita triste del piano... Igual que el sufrido Bill Bixby —ese amigo eterno— tampoco yo soy yo cuando me disgusto.

Hernán Casciari
lunes 29 de marzo, 2004


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Pertenece al libro Charlas con mi hemisferio derecho, de Hernán Casciari. Está a la venta en la Tienda Orsai y te lo mandamos a tu casa sin gastos de envío.


09/11/2015 a las 10:24
Buscando, buscando, encontre el desencuentro.
Deje de ser buscador y te mi al olvido.
Me deje mecer por el tiempo y fui el bebé al que desnudan para su baño.
Solo encontré mi lugar, cual perdida pieza de puzle, en el aquí y el ahora; lugar estrecho y sin asideros, vagón de parada corta con un solo destino: El mio.


Un saludo!
 Yanito
01/07/2015 a las 05:54
Siempre senti esa gran conección. Tarde y a destiempo la descubro: auroa grande, aurora grundig... Gracias
Anaik Frita
21/01/2006 a las 14:21
Ufff, este es definitivamente el MEJOR POST. Y tiene solo 17 comentarios. (bueno, lloré como loca con "Tan lejos de...", pero este me pegó como flechazo en el medio). Y es que los piscis vivimos en un universo paralelo, nuestra percepcion del mundo es diferente...
A mí también lo que más me inquieta es la tranquilidad pegajosa que sobreviene después de la tormenta. ¿Qué la trae, por qué olvidamos, por qué sanamos? me deja mas perpleja salir de la crisis y recuperar la cordura, que haber estado en el centro de la tormenta, sin ningun plan B...
Matu
04/10/2005 a las 20:38
Tlan tlán tlan tlán (dlun)
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Tlan tlán tlan tlán.

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Hemaka
01/06/2004 a las 11:21
Voy a agregar este sitio a mis Favoritos.
Está mejor que tener Sexo tántrico con Britney Spears.

Hemaka
raYu3la
29/03/2004 a las 23:54
Tocada y hundida.
Bea
29/03/2004 a las 20:50
"Como un cuis..." bicho bonaerense si los hay...
Pirula
29/03/2004 a las 19:01
Hernan: Excelente!. Hace mucho que no comento. Pero creo q este post lo vale. Mas aun, cdo. en este preciso momento me debato entre esas mismas cosas.
Es increible como uno puede quedar tan enceguecido en medio de lo que Hernan llama "crisis". Y cdo. puede apartarse un poco y pensar con más claridad, se da cuenta a veces que todo era una gran pelotudez. Lo que pasa que la racionalidad desaparece en medio de esas crisis y quedan cosas mucho mas instintivas.
Seria excelente saber como tener la lucidez necesaria para apartarse por un segundo de la situacion y poder valorar las cosas objetivamente y con racionalidad. Y actuar al respecto. Pero no se si es eso posible. Por eso es una "crisis", sino solo sería un mal momento. Yo creo que la forma de manejar estas situaciones tiene mas que ver con los instintos de cada uno. y yo, al menos no me creo capaz de poder manejarlas racionalmente. Lo que si me parece que esta bueno, es que una vez que pasa, entenderlas, comprender como uno actua frente a esas situaciones, y pensa en como hacer para que no vuelvan a suceder, o, al menos, de la misma manera.
Coincido con Diablita que el Plan B es inviable, al menos para mi, y teniendo en cuenta que las crisis suelen llegar de improviso y repentinamente. No se ven venir, atacan fuerte, uno responde instintivamente y luego se van. Vuelve la calma y se vuelve a pensar.
chori
29/03/2004 a las 17:59
Yo vivo en crisis permanentemente, todo el tiempo, que lo siento un estado normal, el día que tenga una especie de calma o sociego me va a agarrar una crisis de la puta madre pero como siempre estoy en crisis no me voy a dar cuenta....
 Interior
29/03/2004 a las 14:18
....que te había picado tan fuerte, que te había dejado al borde de la baba..... Mi Dios Mio, vivo en crisis y sin planes......
Diablita
29/03/2004 a las 14:00
Pero cómo se puede ser tan frío y combinar el desgaste físico, psíquico y espiritual que implica la ejecución de una Plan A y paralelamente tener la lucidez como para trazar un Plan B, por si acaso? Cómo se hace?
Yo tendría un despelote en el marote tremendo y sería incapaz de resolverlo con éxito.
De hecho, siempre creí que "NO SE PUEDE TENER UN PIÉ EN DOS ZAPATOS".
NA
29/03/2004 a las 10:07
Yo siempre pensé que el plan A era no cabrear a Bixby.
Lo mismo es que soy cobarde.

NA
sulaco
29/03/2004 a las 08:38
A mí de la crisis me intentan sacar los amigos sin darse cuenta que uno sólo puede salir por sí mismo.
José Joaquín López
29/03/2004 a las 06:18
Platicaba con un amigo, que todos tenemos nuestros berrinches infantiles de vez en cuando. Lo que sucede muchas veces, es que sólo miramos los de los demás.

Lo importante es sacar provecho de nuestras crisis para aprender. Tal vez, con el tiempo,lograremos ser buenas personas.
lununa
29/03/2004 a las 05:22
El problema que me puso en crisis es que justamente tengo un plan B tan bueno como el plan A... y no se con cual de los dos quedarme.
Susy
29/03/2004 a las 04:57
Estoy diseccionando mi insecto. Que loco. Me acabo de dar cuenta que ya esta muerto y que es exactamente eso lo que estoy haciendo hoy!
Rayis
29/03/2004 a las 03:22
a veces se me da por buscar un plan b.
pero a veces me doy cuenta que eso sería ser pesimista, o peor aún, realista.
y eso sí que no.
que para algo me inventé mi mundo, che.
Jimena
29/03/2004 a las 03:09
me gustaría tener la certeza que ese insecto no va a resucitar... tal vez lo correcto sea tenerlo lo suficientemente disecado y analizado parte por parte, como para que no se vuelva a unir. Gracias por poner la tristeza de una crisis en metáforas, y ojalá podamos llenarnos siempre los bolsillos de infinitos Plan B
La Romu
29/03/2004 a las 03:08
Así como me ves, yo soy re fana de las pelis de James Bond. Me derrito por los espías en smoking, qué le voy a hacer. Y en la última que participó el viejito Q, me acuerdo que le dice a esa especie de hijo que es el dubl ou seven: "Te enseñé todo lo que sé: Ten siempre un plan de escape, y no dejes que te vean sangrar". Y se hunde despacito en el suelo en una plataforma, para desaparecer del cuadro, y finalmente de la vida.
Es cierto, no hay mucho más para aprender.
Vitalio
29/03/2004 a las 01:34
Hernan, como casualmente soy el primero en comentar, COMENTO que este post sale fuera de lo comun totalmente. Ni son los Verticales, ni los pibes filosofos. etc. Es algo muy personal tuyo, debe haber un elemento que ha causado esta efusion y no lo podemos adivinar. De todos modos, el consejo de tener siempre un PLAN B es muy valido. No siempre nos acordamos de tenerlo.