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Vida privada
domingo 27 de febrero, 2005

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Vida privada
domingo 27 de febrero, 2005

Pequeño homenaje a mis cuadernos

       

No sé si hay un nombre para los que tenemos este vicio, pero por las dudas lo invento: yo soy cuaternófilo (si a don Víctor de la Concha le parece bien, aquí le dejo la ficha para que la incorpore). Los cuaternófilos somos tipos que entramos a una librería comercial —o papelería— a comprar sobres, por ejemplo, o a hacer dos fotocopias, y en lugar de eso nos quedamos una hora y media mirando cuadernos mientras se nos cae la baba en el mostrador.

Los abrimos, los olemos, tocamos las hojas con la yema de los dedos, preguntamos "¿no tendrá este mismo pero en tapa dura?", hacemos ir al señor papelero tres o cuatro veces al depósito, sopesamos si nos conviene más comprar uno rayado y encuadernado en espiral, o uno liso con costuras, caminamos, decimos "atienda, atienda" si entra alguien, fantaseamos sobre lo que habremos de escribir en él y salimos un rato a fumar y a decidir.

Al rato entramos de nuevo, elegimos (para no fallar) uno de cada, nos hacemos envolver también un bolígrafo caro, de tinta negra chorreante, pagamos tratando de contener la alegría y nos metemos enseguida en un bar, pedimos algo fuerte, y decidimos cuál de todos los cuadernos que hemos comprado será el cuaderno definitivo, el que usaremos este año, el que llenaremos hasta el final con idioteces, con dibujitos, con principios de cuentos, con sonetos, con palabras raras y con caras de señores narigones en los márgenes. Ésto, y no otra cosa, es ser un cuaternófilo.

En la casa de un cuaternófilo hay, pongamos, unos veinte cajones (contando los de la cocina, el estudio y la mesa de luz de la habitación). En cada cajón hay tres o cuatro cuadernos empezados, todos muy bellos, algunos hasta muy caros. Ninguno está impoluto, siempre tenemos cuadernos escritos hasta la mitad, otros casi nuevos con cinco garabatos graciosos, unos pocos llenitos hasta el borde y dos o tres que han fallado, que parecían maravillosos pero resultaron ser de taiwán. Esto es lo que menos le importa a un cuaternófilo. No hay frustración ni culpa si no se puede acabar un cuaderno. Lo bueno es regresar, cada dos o tres meses, a por más. Lo bueno es escribir en ellos en los bares, mientras se espera a la gente, o mientras no se espera a nadie.

La suma de todas las páginas escritas en estos cuadernos, si los pobrecitos sobreviviesen (cosa que nunca ocurre), conformarían la verdadera autobiografía de un escritor. Pero hay dos catástrofes naturales que provocan la pérdida irremediable de casi toda esta información: las mudanzas y los momentos de rebelión existencial.

Cuando los cuaternófilos nos mudamos, no sé por qué, no lo hacemos de un modo organizado. Y siempre, además, escapamos debiéndole mucha plata al señor del alquiler. Solemos salir de noche, metiendo cosas en cajas y decidiendo al tuntún qué será más importante conservar en el futuro inmediato y desolador. En esos momentos bisagra de la vida, a los cuaternófilos suele parecernos más importante una batidora eléctrica que un cuaderno, una tele chiquita nos parece más útil que otro cuaderno, una manta gruesa para la intemperie nos resulta mejor que otro cuaderno, y así vamos perdiendo la mitad de los cuadernos en los traslados nocturnos.

Los que se salvan de esta primera catástrofe siempre son los últimos que hemos escrito, así que una vez instalados en nueva casa y sin apuros económicos, descubrimos enseguida que hemos hecho una elección estúpida: hubiera sido mejor conservar los antiguos, los que decían más sobre nosotros, los que guardaban información que ya no está en nuestras cabezas. Y retomamos así, con culpa y compulsión, la compra de nuevos cuadernos, para que los que ahora son los últimos se conviertan pronto en los antiguos.

Cuando hemos hecho otra vez acopio, llega la segunda depredadora natural: las rebeliones existenciales. Estas calamidades ocurren en la bonanza económica del cuaternófilo, y cuando llegan, ay mi madre, lo arrasan todo.

Cuando un cuaternófilo tiene la panza llena, un trabajo estable y coge periódicamente, le importa mayormente un carajo la conservación de elementos que reconstruyan su anterior vida de mierda. Entonces un día se va al Ikea, se compra un montón de artilugios para redecorar el estudio y descubre, así de golpe, que se ha convertido en un ser minimalista y que a la habitación de trabajo le sobran muchas cosas que, asegura el cuaternófilo con blasfemia, "estoy guardando al pedo".

Y entonces tira a la mierda fotos que alguna vez le habían dicho algo, billetes de 100 australes que guardaba para mostrarle a sus hijos, diarios de su pueblo donde aparecían recortes de la época en que era campeón de tenis, colillas de porro que ya no necesita porque tiene una bolsa, billeteras viejas y emails impresos de los tiempos en que los emails se imprimían porque eran una novedad.

La pareja del cuaternófilo salta de alegría cuando al cuaternófilo le dan estos ataques de rebeldía, y es la primera vez que lo ayuda a limpiar. Es ella, generalmente, la que lo alienta a dar el paso en falso:

—A todos estos cuadernos me imagino que también los vas a tirar...

Y el cuaternófilo, envalentonado por el eficaz formateo que está realizando con su disco duro sin que de momento se le mueva un pelo, dice:

—Tirálos, tirálos, que están ahí para juntar mugre —y se siente machito y se siente indoloro y se siente inmortal.

Esto ocurre siempre a las siete de la tarde de un sábado. Y alrededor de las doce de la noche del domingo el cuaternófilo, puteando al cielo, está siempre en una esquina, en piyama, a veces borracho, revisando la basura de todo el barrio y echando de menos ya no sabe qué, porque no se acuerda el qué, pero echando de menos cosas. Está enojado y triste, el cuaternófilo, se siente de repente huérfano de sí mismo, hastiado de sus decisiones equivocadas, y sobre todo solo, solo y sin cuadernos.

Más tarde la cuaternofilia resurge y volvemos a las papelerías, como si esa autobiografía fantástica que tejemos a lo largo de toda la vida tenga siempre que empezar de cero, por culpa de las mudanzas y las rebeliones del alma y las esposas desalmadas que alientan los errores de la limpieza. Como si nunca fuera posible que una serie de textos privados y estúpidos puedan permanecer cerca de su autor, solamente porque su autor es estúpido.

A mí me ha pasado todo esto desde que tengo 17 años. He escrito cientos de cuadernos, todos con alegría momentánea, todos con momentáneas pasión y paciencia. Y después los he extraviado o los he dejado deshacerse de mí. Mis cuadernos perdidos tenían algo mío que hoy quisiera redescubrir.

Yo sé que, como cantaban los hermanos Expósito, "es mejor el verso aquel que no podemos recordar", sé que en la ausencia de las cosas se exagera mucho su intensidad y su valor. Pero me gustaría tenerlos a todos, ahí en fila india, de una punta a la otra de esta habitación, para leerlos y revolcarme de la risa, o recordar qué imbéciles eran mis amores adolescentes, y los sonetos y los dibujos, o para confirmar que el que los escribía sigue siendo el mismo que esta noche cuenta esto.

Ninguno de esos cuadernos privados me duró vivo un año entero. En ninguno escribí sin interrupción durante un año entero. Eran todos breves y sumaban en conjunto, pero no a solas con sus tapas. En ninguno de todos mis cuadernos desterrados, por ejemplo, he escrito tanto como en Orsai, que también es un cuaderno privado, aunque sin olores ni texturas, pero sí lleno de mis pequeñas estupideces mentales. Y hoy Orsai cumple un año. Y aquí está. Ni las mudanzas ni las rebeliones lo han volteado. Cada vez que me aburro, le cambio el diseño y ¡zácate!, ya es un cuaderno nuevo. Los lectores se cansan y se van, y vienen otros que se cansan y se van, y a mí todos esos vaivenes me importan un carajo mientras éste sea mi cuaderno.

Es la primera vez que conservo un cuaderno íntegro. Para mí Orsai es una especie de triunfo secreto, si lo miro desde mis fracasos cuaternófilos. Y no sé por qué —será porque ya estoy grande— pero creo que de todas las cosas que he hecho y que haga en internet en el futuro, Orsai será lo único que quedará con vida, el único crochet que seguiré tejiendo cada tanto, como una forma invisible de homenajear a todos mis viejos cuadernos, a mis queridos cuadernos con garabatos y palabras, a esos que deben estar en el fondo de una caja de cartón, pobres santos, poniéndose amarillos, ajándose de tiempo, y esperando a que yo vuelva y les dibuje una cara en el margen; una cara con una nariz enorme.

Hernán Casciari
domingo 27 de febrero, 2005


Pequeño homenaje a mis cuadernos

por Hernán Casciari

No sé si hay un nombre para los que tenemos este vicio, pero por las dudas lo invento: yo soy cuaternófilo (si a don Víctor de la Concha le parece bien, aquí le dejo la ficha para que la incorpore). Los cuaternófilos somos tipos que entramos a una librería comercial —o papelería— a comprar sobres, por ejemplo, o a hacer dos fotocopias, y en lugar de eso nos quedamos una hora y media mirando cuadernos mientras se nos cae la baba en el mostrador.

Los abrimos, los olemos, tocamos las hojas con la yema de los dedos, preguntamos "¿no tendrá este mismo pero en tapa dura?", hacemos ir al señor papelero tres o cuatro veces al depósito, sopesamos si nos conviene más comprar uno rayado y encuadernado en espiral, o uno liso con costuras, caminamos, decimos "atienda, atienda" si entra alguien, fantaseamos sobre lo que habremos de escribir en él y salimos un rato a fumar y a decidir.

Al rato entramos de nuevo, elegimos (para no fallar) uno de cada, nos hacemos envolver también un bolígrafo caro, de tinta negra chorreante, pagamos tratando de contener la alegría y nos metemos enseguida en un bar, pedimos algo fuerte, y decidimos cuál de todos los cuadernos que hemos comprado será el cuaderno definitivo, el que usaremos este año, el que llenaremos hasta el final con idioteces, con dibujitos, con principios de cuentos, con sonetos, con palabras raras y con caras de señores narigones en los márgenes. Ésto, y no otra cosa, es ser un cuaternófilo.

En la casa de un cuaternófilo hay, pongamos, unos veinte cajones (contando los de la cocina, el estudio y la mesa de luz de la habitación). En cada cajón hay tres o cuatro cuadernos empezados, todos muy bellos, algunos hasta muy caros. Ninguno está impoluto, siempre tenemos cuadernos escritos hasta la mitad, otros casi nuevos con cinco garabatos graciosos, unos pocos llenitos hasta el borde y dos o tres que han fallado, que parecían maravillosos pero resultaron ser de taiwán. Esto es lo que menos le importa a un cuaternófilo. No hay frustración ni culpa si no se puede acabar un cuaderno. Lo bueno es regresar, cada dos o tres meses, a por más. Lo bueno es escribir en ellos en los bares, mientras se espera a la gente, o mientras no se espera a nadie.

La suma de todas las páginas escritas en estos cuadernos, si los pobrecitos sobreviviesen (cosa que nunca ocurre), conformarían la verdadera autobiografía de un escritor. Pero hay dos catástrofes naturales que provocan la pérdida irremediable de casi toda esta información: las mudanzas y los momentos de rebelión existencial.

Cuando los cuaternófilos nos mudamos, no sé por qué, no lo hacemos de un modo organizado. Y siempre, además, escapamos debiéndole mucha plata al señor del alquiler. Solemos salir de noche, metiendo cosas en cajas y decidiendo al tuntún qué será más importante conservar en el futuro inmediato y desolador. En esos momentos bisagra de la vida, a los cuaternófilos suele parecernos más importante una batidora eléctrica que un cuaderno, una tele chiquita nos parece más útil que otro cuaderno, una manta gruesa para la intemperie nos resulta mejor que otro cuaderno, y así vamos perdiendo la mitad de los cuadernos en los traslados nocturnos.

Los que se salvan de esta primera catástrofe siempre son los últimos que hemos escrito, así que una vez instalados en nueva casa y sin apuros económicos, descubrimos enseguida que hemos hecho una elección estúpida: hubiera sido mejor conservar los antiguos, los que decían más sobre nosotros, los que guardaban información que ya no está en nuestras cabezas. Y retomamos así, con culpa y compulsión, la compra de nuevos cuadernos, para que los que ahora son los últimos se conviertan pronto en los antiguos.

Cuando hemos hecho otra vez acopio, llega la segunda depredadora natural: las rebeliones existenciales. Estas calamidades ocurren en la bonanza económica del cuaternófilo, y cuando llegan, ay mi madre, lo arrasan todo.

Cuando un cuaternófilo tiene la panza llena, un trabajo estable y coge periódicamente, le importa mayormente un carajo la conservación de elementos que reconstruyan su anterior vida de mierda. Entonces un día se va al Ikea, se compra un montón de artilugios para redecorar el estudio y descubre, así de golpe, que se ha convertido en un ser minimalista y que a la habitación de trabajo le sobran muchas cosas que, asegura el cuaternófilo con blasfemia, "estoy guardando al pedo".

Y entonces tira a la mierda fotos que alguna vez le habían dicho algo, billetes de 100 australes que guardaba para mostrarle a sus hijos, diarios de su pueblo donde aparecían recortes de la época en que era campeón de tenis, colillas de porro que ya no necesita porque tiene una bolsa, billeteras viejas y emails impresos de los tiempos en que los emails se imprimían porque eran una novedad.

La pareja del cuaternófilo salta de alegría cuando al cuaternófilo le dan estos ataques de rebeldía, y es la primera vez que lo ayuda a limpiar. Es ella, generalmente, la que lo alienta a dar el paso en falso:

—A todos estos cuadernos me imagino que también los vas a tirar...

Y el cuaternófilo, envalentonado por el eficaz formateo que está realizando con su disco duro sin que de momento se le mueva un pelo, dice:

—Tirálos, tirálos, que están ahí para juntar mugre —y se siente machito y se siente indoloro y se siente inmortal.

Esto ocurre siempre a las siete de la tarde de un sábado. Y alrededor de las doce de la noche del domingo el cuaternófilo, puteando al cielo, está siempre en una esquina, en piyama, a veces borracho, revisando la basura de todo el barrio y echando de menos ya no sabe qué, porque no se acuerda el qué, pero echando de menos cosas. Está enojado y triste, el cuaternófilo, se siente de repente huérfano de sí mismo, hastiado de sus decisiones equivocadas, y sobre todo solo, solo y sin cuadernos.

Más tarde la cuaternofilia resurge y volvemos a las papelerías, como si esa autobiografía fantástica que tejemos a lo largo de toda la vida tenga siempre que empezar de cero, por culpa de las mudanzas y las rebeliones del alma y las esposas desalmadas que alientan los errores de la limpieza. Como si nunca fuera posible que una serie de textos privados y estúpidos puedan permanecer cerca de su autor, solamente porque su autor es estúpido.

A mí me ha pasado todo esto desde que tengo 17 años. He escrito cientos de cuadernos, todos con alegría momentánea, todos con momentáneas pasión y paciencia. Y después los he extraviado o los he dejado deshacerse de mí. Mis cuadernos perdidos tenían algo mío que hoy quisiera redescubrir.

Yo sé que, como cantaban los hermanos Expósito, "es mejor el verso aquel que no podemos recordar", sé que en la ausencia de las cosas se exagera mucho su intensidad y su valor. Pero me gustaría tenerlos a todos, ahí en fila india, de una punta a la otra de esta habitación, para leerlos y revolcarme de la risa, o recordar qué imbéciles eran mis amores adolescentes, y los sonetos y los dibujos, o para confirmar que el que los escribía sigue siendo el mismo que esta noche cuenta esto.

Ninguno de esos cuadernos privados me duró vivo un año entero. En ninguno escribí sin interrupción durante un año entero. Eran todos breves y sumaban en conjunto, pero no a solas con sus tapas. En ninguno de todos mis cuadernos desterrados, por ejemplo, he escrito tanto como en Orsai, que también es un cuaderno privado, aunque sin olores ni texturas, pero sí lleno de mis pequeñas estupideces mentales. Y hoy Orsai cumple un año. Y aquí está. Ni las mudanzas ni las rebeliones lo han volteado. Cada vez que me aburro, le cambio el diseño y ¡zácate!, ya es un cuaderno nuevo. Los lectores se cansan y se van, y vienen otros que se cansan y se van, y a mí todos esos vaivenes me importan un carajo mientras éste sea mi cuaderno.

Es la primera vez que conservo un cuaderno íntegro. Para mí Orsai es una especie de triunfo secreto, si lo miro desde mis fracasos cuaternófilos. Y no sé por qué —será porque ya estoy grande— pero creo que de todas las cosas que he hecho y que haga en internet en el futuro, Orsai será lo único que quedará con vida, el único crochet que seguiré tejiendo cada tanto, como una forma invisible de homenajear a todos mis viejos cuadernos, a mis queridos cuadernos con garabatos y palabras, a esos que deben estar en el fondo de una caja de cartón, pobres santos, poniéndose amarillos, ajándose de tiempo, y esperando a que yo vuelva y les dibuje una cara en el margen; una cara con una nariz enorme.

Hernán Casciari
domingo 27 de febrero, 2005


¿Te gustó esta historia?

Pertenece al libro Charlas con mi hemisferio derecho, de Hernán Casciari. Está a la venta en la Tienda Orsai y te lo mandamos a tu casa sin gastos de envío.


 Camilett
21/02/2017 a las 16:57
Si a mi me estremece lo que estoy leyendo doce años después, qué te pasará a vos.
Soy de las que quiere conservar todo, no me importa que me digan que es muy pesada mi mochila. Yo soy mi presente pero mierda que soy mi pasado también. Seguí asi! Como dijo no se quien (?) "Tenemos que ser conscientes que hoy, que ahora, estamos construyendo las nostalgias que descongelaran algún futuro"
 Yani
12/05/2016 a las 04:59
Será que soy la única que ve entre líneas algunos mensajes...."me importa un carajo"...ja contate otro Casciari, es lo que más te importa, ningún escritor lo va a reconocer, aunque, luego de leer gran parte de tu blog me permito opinar algo, sin ánimo de ofender, de la manera mas objetiva, creo que ESCRITOR es demasiado decir...si, contás cosas muy lindas y todo eso, las anécdotas están buenas (algunas mas que otras), pero de ahí a ESCRITOR....mmm me pa' que es demasiado, seguiré leyendo a ver si es que cambio de opinión...
rino23
03/06/2005 a las 21:02
Un año de Orsai!!!!

Felicidades a todos y cada uno de los que tenemos la alegría de compartir el tiempo, la lectura y en muchos casos los conceptos de quien nos reune desde éste nuestro blog.

Al Sr. Casciari, y por su persona a los demás integrantes que comparten la lectura (Toro, ElAngel Gris, Anika, Ginger, PatoMusa, Rabino, Lali, Walquiria, elteta, interior, etc., etc., etc.), nuevos o viejos integrantes de la platea de lectura, un abrazo sincero y afectuoso, rogando que podamos -sí, todos o entre todos-, mantener firme la "cuaternofilia" por mucho más tiempo.

Gracias Hernán, feliz cumple y que siga por muchos, muchos más

PD.: Gente, elevo mi copa de cerveza a la salud general.
Rino23
Laura
25/04/2005 a las 23:16
Porqué cuaternofilia y no cuadernofilia?
Bueno, yo me compro el primero a fin de año..Tengo la desgracia de tener ahora una hija adolescente, que se resiste a que yo le compre sus cuadernos, entonces, tengo mermados mis privilegios en la papelería...Pero siempre, a fin de año, con el pretexto de enfrentarme a una semana o dos de vacaciones, entro a mi papelería preferida y busco, miro, huelo, elijo el cuaderno que va a guardar todos los proyectos, las rayas, las frases de canciones que nunca termino en el cuaderno...Esto de "la interné" me ha venido a complicar mi vicio...Qué dicen tus cuadernos de Orsai?
tom
15/04/2005 a las 15:46
Acá, perdido en un pequeño pueblo de Francia, mirando la llovizna mojar en todas direcciones, reavivo la sensación de falta de cuaderno que me persigue desde hace días. Excuso el hecho (inverosímil) de que en los comercios de mi barrio se niegan a venderlos, eso y que mi francés...

A pesar de que detesto escribir a mano, y carezco de tiempo inmaterial para hacerlo a máquina, la falta de garabatos se vuelve insostenible.

Compraré uno mañana en París, a la salud de Orsai y de su año. Que no es tanto y sin embargo.
c
15/04/2005 a las 00:51
Si me permites añadir un ejemplo de un cuaternófilo es un niño al que le gustaba que le castigaran al cuarto obscuro porque olía a papel sin estrenar, porque allí se guardaban los cuadernos, y cuando se aburría en clase se hacía malo adrede.
Jo
01/04/2005 a las 23:13
Gracias por ponerle nombre a eso que soy y que yo no sabía. Cuaternófilo.
La de cuadernos que habré perdido en mudanzas y rebeliones existenciales. Por un lado, un alivio, porque no sé dónde habría puesto tanto cuaderno. Por otro, qué quieres que te diga, una lástima, porque es cierto que releerlos sería increíble.
Fíjate, cuando yo era pequeño (bueno, no sé por qué te voy a contar esto, creo que es porque he terminado de trabajar, he fregado los platos, he tendido la ropa, mis amigos aún no han venido y estoy tela de aburrido, sin ganas de ponerme a hacer lo que realmente debería hacer... De todas formas, estamos en un post antiguo y en un post antiguo uno comenta de otra forma, como con más gusto), pues eso, cuando era pequeño había una pared en mi calle, le llamábamos la pared blanca, aunque de blanca tenía poco porque era el tablón de expresión de todos los niños del barrio. Cada año el dueño de la casa (abandonada, por cierto) blaqueaba la pared y reseteaba su contenido. Enseguida, nosotros comenzábamos de cero la tarea de rellenar de nuevo el muro, con mensajes, pintadas y demás gilipolle... Nunca le dimos mucha bola al tema, nos expresábamos y punto. Cada año, la pared recién blanqueada era un cuaderno nuevo. El primer día la adornábamos (ensuciábamos) casi entera. Luego perdíamos un poco el interés. Pero ahora que esa casa es un superedificio monísimo con fachada impecable donde se prohibe soltar cualquier firmita, por pequeña que sea, ahora, siento la pérdida. Que no es un drama, ni un problema. Es sólo la ilusión frustrada de verla por un momento anunciando todo lo que fui y fuimos durante cinco años de mi vida.
Pero no está, como no están los miles de cuadernos que hemos perdido. Y la gozada de ver lo que un día pudiste ser, pensar o desear, se queda en un cubo de basura, en un piso de alquiler extraviado.
Me alegro de que hayas encontrado un cuaderno definitivo. Orsai quedará eternizada, por lo que dices, en la red. Me alegro. Sobretodo porque se pueden dejar comentarios, y de esta forma, tu cuaderno definitivo es nuestra pared blanca definitiva.
Y si dentro de cinco años vengo y leo este comentario, te juro que me corro del gusto.
Gracias y perdona por el rollo.
Un abrazo.
Y en serio, perdona por el rollo ;P
lili
05/03/2005 a las 00:56
aaaaay... esta vez me llegaste a lo mas hondo. Soy otra cuadernofila consumada!!! Te felicito por haber llegado a tener mas de un año con un cuaderno!! yo nunca he podido... los compro, los empiezo.. no hay nada mas hermoso que agarrar un cuaderno nuevo, abrirlo y poner las primeras letras (o dibujitos), las que se ponen despues por alguna extraña razon nunca saben igual. Tienes toda la razon. Pero tus escritos en Orsai siempre son magnificos :-).
FELIZ CUMPLE (un poco retrasado)
pecadora
03/03/2005 a las 19:41
Feliz cumpleaños, Orsai!!
También soy de las que siempre anda por acá, aunque no deje huellas escritas.
Cariños
La Beba
03/03/2005 a las 12:42
Bueno, FELICITACIONES!!! La verdad que casi lloro con este escrito. Mi novio anoche me comentó sobre él, y puedo decirte que me veo muy reflejada contigo. Porque desde los 5 años -tengo 31-, he coleccionado cuadernos. Desde los más sencillos, hasta los más hermosos que pude comprar en Venecia o París. Hasta los que me han regalado los que conocen mi "pasión" por ellos, hasta los que yo, he comprado como un tesoro. Cada uno huele a algo, contiene algo secreto que aún no está escrito, y aún, cuando quizá y probablemente sus páginas jamás se llenen con nuestras historias, pues simplemente, cada uno de ellos es un protagonista INDISCUTIBLE de las viviencias. Yo los guardo. La verdad que no puedo botarlos. No quiero. Se han puesto amarillos algunos, en otros, sus páginas permanecen blancas y puras como hadas vírgenes de los bosques. Pero son éso, inmaculados en sí mismos... y un cúmulo de una pasión solo entendible por los que comparten el mismo amor por ellos. Saludos!
M
01/03/2005 a las 09:39
Yo soy de esos lectores nuevos que vienen ahora a leerte. Espero que por mucho tiempo!

Enhorabuena por tu triunfo secreto! :)
Marydelva
28/02/2005 a las 21:33
Mi cuaternofilia implicó desear ardientemente que terminaran las clases para escribir en las hojas que quedaban en blanco. Con los años pasé a utilizar las hojas en blanco de los cuadernos de mis hijos. Al fin comprendí que las hojas de carpeta son más prácticas, por más atractivos que resulten los cuadernos. Pero mi hija de 14 años ya es una cuaternófila hecha y derecha; hasta regala cuadernos a sus amigas para los cumpleaños. A propósito, ¡feliz añito!
negro
28/02/2005 a las 20:50
Feliz Cumpleaños Orsai!. Pues si sirve de algo, yo estoy desde el principio. Calladito, pero desde el principio. Que haya Orsai para rato!!!
iris
28/02/2005 a las 17:14
entre cuaternófilos...
Primero que nada felicidades y ojalá pueda ,seguir leyéndote mucho mucho tiempo más, mi estimado cuaternófilo.
Segundo: reconozco tan bien esa costumbre de guardar cuadernos y papeles y artículos y poesías que me hacen guardar momentos, sentimientos y placeres...etcs, y también vivir en un eterno revisar y dizque en ocasiones tirar y deshacerme de aquellos los más viejos que juntan mugre... Algunos terminan en el fuego es cierto... acostumbro a decir que haré una gran fogata con todas esas porquerías y sabés? hice algunas fogatitas en mi vida, pero se me siguen acumulando. Si, se juntan más rápido de los que soy capaz de quemar y revisar...
les doy ese final medio sagrado y luego estreno en "secreto" un cuadernito nuevo, aunque use la compu y el disco duro y la mar en coche -no hay nada mejor que ese cuadernito que siempre me acompaña...
y el olorcito de las papelerías y esos de tapa dura son re lindos.
Un abrazo, desde aquí, una argenmex que te lee y le gusta como escribís.
Julieta
28/02/2005 a las 16:40
feliz 1º año!!
Creo que ésta es la primera vez q dejo un mensaje, pero no es la primera vez q leo (de hecho... leo el Orsai siempre que puedo... me entretiene bastante =P).. y siendo una adolescente más, reconozco que a mi edad, nose xq, se tiene mucho tiempo "al pedo". Cuando en realidad, tendríamos que estar estudiando para alguna materia, haciendo tareas pendientes, u ordenando el cuarto (que la vieja ya nos dijo 80mil veces, que si no lo hacíamos... uh! la q te espera!) jajaja...
Me reconozco apesar de mis escasos 16 años, como una cuaternófila, (en parte, xq nunca busqué mis cuadernos x el barrio, o me fui en una mudanza en medio de la noche, dejando alguno de mis cuadrenos perdidos). Pero sí los perdí en uno de esos sábados a las 7 de la tarde, mientras ordeno el cuarto (acto que resulta en mí toda una seremonia), y tb los perdí, en una de esas enojadas de la sra. madre.... q entra al cuarto cansada de esperar, y limpia ella... y tira todos aquellos cuadernos que "de todas formas.... para qué los quiere"?
Manías nuestras... los cuaternófilos.
highflow
28/02/2005 a las 16:30
Felicidades de nuevo Hernán por el cumple de Orsai (digo "de nuevo" porque siempre que comento en este blog es para felicitarte por algo :)

Y una sugerencia: para los lectores como yo que no cogimos a tiempo el Weblog de una mujer gorda - de echo descubrí primero Orsai- podrías recopilar las entradas en PDF.
Sí, ya se que se pierde la interactividad y los comentarios pero es más cómodo leerte (o releerte) 200 entrys impresos que en la pantalla

Tómalo sólo como una sugerencia , haz lo que creas.

Suerte para la 2da parte de Mirta
edmundo
28/02/2005 a las 16:26
Más historias como las de Caidim, Jorge. No me olvido la de Cachocho Mancusi (¿así se llamaba?), ni la de Esaín en la Municipalidad. Leí la de Caidim y me volví a reír como siempre, como cuando se la escuché a Roberto por primera vez. Por otro lado, doy fé de lo que contás de los cuadernos. A propósito: ¿leíste la última de Auster? Seguí escribiendo B.B. Me parece que es lo tuyo.
Mecha
28/02/2005 a las 16:00
desde Rosario (Argentina) te envío un muy feliz cumple y gracias por tanta palabra linda!!!
Anony mouse
28/02/2005 a las 15:20
Felicidades para vos y para todos los que disfrutamos de este sitio.
El Angel Gris
28/02/2005 a las 14:11
Feliz cumple ORSAI.

PD: No todos nos vamos cuando te pones en decorador de interiores.

PPD: Guardar diskettes de 5 1/4 y trasladar la disketera de pc en pc es parecido a ser cuaternófilo?
Eugenia
28/02/2005 a las 14:10
Feliz cumple ORSAI!!!!
Me encanta leerte
Besos
 Teresiña
28/02/2005 a las 13:20
Te deseo, al menos, cien años más de Orsai. Yo voy a estar ahí. Aunque suene tardíamente adolescente puedo prometer que de mí no vas a decir que me fui y no volví.
Un abrazo, conmovido una vez más.
 Interior
28/02/2005 a las 12:25
Feliz Cumple Orsai...
tenteenelaire
28/02/2005 a las 06:25
Vaya pues que un año, se dice fácil... ¡felicidades, viejo, por el año y por la pluma (o el teclado)!
gabriel
28/02/2005 a las 01:13
felicitaciones...!
Por nos cuantos más, brindamos por eso
saludos desde Montevideo
evita
27/02/2005 a las 23:22
Felicidades de parte de una cuaternófila!
walquiria
27/02/2005 a las 22:50
Querido Hernán:
Ante todo FELIZ CUMPLE ORSAI
(no puedo ser mas original, que se le va a hacer)
Realmente es un placer compartir este cuaderno con vos y espero que te dure por siempre.-
Yo también soy cuaternófila (yo hubiera dicho cuadernófila) y amo las librerías más que a una boutique.-
Recuerdo que la ansiedad de empezar un cuaderno nuevo, inmaculado, perfecto hacía que cuando iba al colegio y estaba llegando al final del cuaderno, arrancaba las últimas hojas para que llegara más pronto el día que podía empezar un cuaderno nuevo.-
Tengo casi 50 años y todavía guardo mis cuadernos del colegio, que mi mamá (presumiblemente otra cuaternófila) me había guardado prolijamente.- Ahora descansan en la bohardilla, pero cuando los tenía más a mano, cada tanto los leía.-
Será por eso que guardé los cuadernos de mis hijos del colegio.- Si los quieren tirar, que los tiren ellos, no yo.-

Besos y cariños a la familia
Walquiria
27/02/2005 a las 21:42
Feliz Cumple!!!!!!!

Te cuento que como yo siempre escribí en la PC, todavía tengo cosas que originalmente estaban en Word para DOS. El WinZip es un gran aliado...
Eduardo
27/02/2005 a las 19:06
Felicidades de parte de otro cuaternófilo que te agradece el enlace (qué honor, dios mío). De todas formas mi cuaternofilia añade otra característica: pueden pasar meses desde que compro un cuaderno hasta que me atrevo a escribir algo en él. Guardo muchos completamente en blanco hasta que me atrevo a mancillarlos. Cosa que no me pasa con el blog. ¿Se puede ser fetichista con un blog como con un bloc?
27/02/2005 a las 18:25
¡Felicitaciones Hernán por el primer cumpleaños de Orsai!

Soy de los que conoce esta página desde el inicio. Llegué justo para conocer a Mirta. Habías colocado una postal que, si mal no recuerdo, era del maravilloso lago Nahuel Huapi, y estaba el enlace hacia Orsai donde dabas a conocer la ficción de Mujer Gorda y te presentabas por primera vez.

Aunque para mí Mirta fue un personaje real durante seguramente una hora (pues llegué el día en el cual se descubrió la ficción), igual estaba molesto con semejante autor que engañaba sin compasión a los lectores. Sin embargo, me quedé porque vi que Orsai era un sitio prometedor, muy bien escrito (aunque varias veces he estado en desacuerdo con tus opiniones) y con una comunidad que no se ha visto en ningún otro lugar de la orbitácora de habla hispana y que ha impulsado el surgimiento de otras iniciativas.

En cuanto al tema de los cuadernos, la mayoría de los que he tenido no significan casi nada para mí, con excepción de aquellos donde mi novia y yo registrábamos los gastos durante nuestros locos viajes a través de 19 países. Prácticamente no tienen más que cuentas, pero son un recuerdo extremadamente significativo.
Ginger
27/02/2005 a las 18:10
Como no podía ser de otra manera, para festejar el cumpleaños escribiste un texto digno para la ocasión. ¡Qué placer ser parte de Orsai!. Al igual que Anika, yo me considero de las que no se cansan nunca y se quedan todo el tiempo.
¡Feliz Cumpleaños!
jesus
27/02/2005 a las 18:10
Yo soy uno de esos tipos, conservo todos mis cuadernos desde el kinder garden.

Saludos
sisterdeath
27/02/2005 a las 16:36
Hola, Hernán, ¡felicidades! Me ha gustado mucho este post, yo padezco de la maldita cuaternofilia, hace cuatro años destrocé, despedacé y quemé en la papelera del baño (error garrafal, pues era de plástico) un cuaderno viejo, todavía me arrepiento, y eso que no recuerdo lo que había escrito ahí. Parece que el arrepentimiento por borrar lo escrito supera siempre al arrepentimiento por haber escrito cualquier pendejada.

Espero que este cuaderno siga, te mando un abrazo grande, ando cerca de tu nueva tierra, en Madrid... Ahora entiendo más algunos chistes tuyos ;)

Un abrazo grande.
PatoMusa
27/02/2005 a las 15:43
Muchas Felicidades, Hernán!

Me encantó este post. En mi caso, tengo debilidad por cuadernos de papel artesanal, hechos a mano, con materiales reciclados, papel de arroz, con fibras naturales y hojas secas intercaladas, todos muy lindos y perfumados.

Como no sé escribir, los uso para hacer listas:
la del supermercado,
la de invitados a la fiesta de cumpleaños de los chicos,
la de comidas que voy a servir,
la lista de ingredientes,
la de pistas que voy a dar en mi próximo concurso, etc, etc, etc

A pesar que debiera, nunca tiro esos cuadernos. Nadie podría armar una biografía con el contenido, pero me recuerdan que en marzo de 1998 hice unas empanadas de remolacha tan asquerosas, que ni uno de los 50 invitados a la fiesta la probó...

Me quedaron un par de dudas:

- ¿Por qué no subiste la foto de tu nuevo estudio "IKEA", para justificar que valió la pena deshacerte de esos cuadernos?
- ¿Existe algo parecido, en internet, para guardar la ropa vieja del marido, y que el hombre no nos grite (5 años más tarde) cuando se dé cuenta que la hicimos desaparecer?

Gracias!
manuel_mandeb
27/02/2005 a las 15:02
¡Felicitaciones por el año!. Yo llegué tarde y voy leyendo por agosto. Me gusta mucho lo que escribís y como lo hacés.
¡Por muchos años más!
Toro
27/02/2005 a las 14:45
Dos cosas:

Numberou Uan:
Feliz cumple años Orsai. Felicidades a todos los que nos dejamos llevar por el cambio y disfrutamos de tus palabras a lo largo del año o dos que te conocemos.
Gracias por escribir cada día más fino, y cuando digo fino, digo exacto, con la fineza de un jugador de billar. Con precisión y agudeza.

Numberou chu:
Al igual que a la bella Anika, el "atienda, atienda", me resulta familiar. Pero aprovechando mis conocimientos en el rubro librería-papelería, te cuento que en la jerga del rubro tenemos una denominación ya existente para los cuaternófilos: "Hinchapelotas".

Igualmente estás invitado a pisar este recinto en cuanto cumplas con la necesidad de traer a Nina a la Argentina. No hagas como la Shered, a quien ayer tuve el placer de conocer junto con La Oruga Gritona. Esos dos fuera de serie vienen a Baires a comprar útiles y demases y no vienen a verme, sino que pagan más caro a dos cuadras...pst! Tenía que decirlo!

Abrazo
Toro
Anika
27/02/2005 a las 12:35
"Los lectores se cansan y se van, y vienen otros que se cansan y se van"

Y también los hay que no se cansan nunca y se quedan todo el tiempo.

¡Feliz cumple!

(por cierto, me he sentido muy identificada con lo de "atienda, atienda")
Lali
27/02/2005 a las 12:23
Felicidades!
:) :) :)

L
Rabino
27/02/2005 a las 11:58
Feliz cumpleaños! Gracias hernan, por dejarnos meter nuestras narices en tu cuarderno. Es un gran placer.
animal
27/02/2005 a las 10:04
gracias hernán, por tu año, por tus palabras, por los cuadernos que nos dejás...
marcos
27/02/2005 a las 09:38
feliz cumple y que sean muchos. Es lindo poder disfrutar este cuaderno con vos
marcos
limburgo
27/02/2005 a las 08:55
Felicidades y que cumplas muchos más. No te olvides de soplar las velas del pastel y de pedir un deseo.
Sergio Gonzales
27/02/2005 a las 08:43
Feliz Aniversario Sr. Casciari.

Pense que yo era el unico idiota que se sentia mal cuando habia que echar al trasto aquellos cuadernos en donde uno dejaba parte del alma. Recuerdo uno, espiralado, amarillo, en el cual vomite parte de una crisis matrimonial, que fue superada. Hoy ese cuaderno ya debe estar fisicamente desecho, pero el cuaderno mental se mantiene como nuevo, enseñandome a tratar de no volver a cometer errores repetidos, que son los peores.

Un abrazo desde el Peru
27/02/2005 a las 07:58
Feliz cumpleaños Orsai.

Recuerdo que cuando encontré Orsai descubrí que un blog puede ser más que un cuaderno de informáticos tipo geek. "Hay quien escribe cuentos en blog, qué buena idea", me dije. Y me acordé que solía escribir cuentos en mi mente que por pereza no escribía (porque odio escribir a mano o a máquina). Entonces decidí poner mi blog.
marci
27/02/2005 a las 07:27
Felicidades Hernan!!!
Yo tengo un truco para preservar cuadernos y a la vez saciar el instinto femenino de tirar muchas cosas y limpiar la casa: nunca tiro cuadernos enteros, arranco las paginas escritas y las guardo en una carpeta y eso ocupa mucho menos lugar que guardar muchos cuadernos semi escritos.
Lo que tambien hago para preservar pedacitos de la infancia de mis hijos es preparar cada fin de curso una carpeta con cosas del mismo: dibujos, un par de cuadernos, el boletin, etc... y eso no solo que ocupa menos lugar, sino que tambien preserva la historia, ya que si uno guarda todo, despues de un tiempo tambien tira todo.
27/02/2005 a las 07:18
(Vos porque te olvidás del día en que este cuaderno casi desaparece por la mudanza del servidor)

¡Feliz cumple!
Johanne
27/02/2005 a las 07:06
Feliz cumpleaños Orsai.
Felicitaciones Hernan por el triunfo secreto... shhhh no le contamos a nadie. ;)
Bandancha
27/02/2005 a las 06:52
Uno: Los cuaternofilos, cuando niños, esperaban con ansias el comienzo de las clases, con ese olor de utiles nuevos.
Dos: Los Cuaternofilos Ilustres son la delicia de sus herederos. Siempre hay algun atorrante que asegure su futuro revolviendo y publicando los cuadernos de algún famoso antecesor. A esto se le conoce como Cuaternofilía.
Bandancha
27/02/2005 a las 06:48
Brindo por eso!