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Teorías
martes 20 de octubre, 2015

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martes 20 de octubre, 2015

Petit Alzheimer

   

Esto empieza con unos versos. No hablo de este relato en particular, sino de la vida entera. «Entre el vivir y el soñar», decía Machado, «hay una tercera cosa: ¡adivínala!». Todos hemos rozado esta «tercera cosa» alguna vez: hay un momento al despertar, justo antes de abrir los ojos, que se parece a la demencia senil: sabemos que estamos vivos, que algo nos palpita adentro, pero no sabemos nada más. No hay una palabra en español para nombrar a este desconcierto, por eso lo bauticé con dos, una en francés y la otra en alemán: petit Alzheimer.

Me pasó por primera vez a los nueve años: me quedé a dormir en la casa de un amigo y cuando me desperté no reconocí la puerta, ni el olor de la cobija, ni el mes ni el año en el que estaba. La luz de la ventana me llegaba desde un ángulo infrecuente, los sonidos de la casa no eran familiares y no pude encontrar el ancla. Me gustó tanto ese rato de angustia que, en la adolescencia, empecé a buscarlo como se busca no a la novia sino a la sensación del primer beso. Quise provocar que me pasara más seguido esa tercera cosa entre el vivir y el soñar. Adivínala, me decía Machado al oído: ¡Adivínala!

En general todo el mundo prefiere las respuestas a las preguntas, por eso se venden mejor los libros de autoayuda que las novelas de misterio. A las personas les da tanto miedo el petit Alzheimer que necesitan salir enseguida de la duda: abren los ojos, enfocan, se incorporan... Yo debo tener algún trauma no resuelto, porque —al revés de lo esperable— disfruto la sensación de no saber. O mejor dicho: de no querer saber. Con los años aprendí a estirar la duda, a permanecer quieto en las sábanas con los ojos dóciles, a no moverme ni tragar saliva, a no indagar el contexto, a no enfocar el techo para que la incertidumbre no se escape.

Descubrí que solamente puedo engañar al cerebro cuando me despierto en un lugar imprevisto. A veces me pasa en vacaciones, otras veces cuando me acuesto en la cama ajena de un hotel, e incluso en mi propia cama cuando abro los ojos en una posición extraña. Pero sobre todo me pasa cuando vuelvo de una siesta esponjosa.

Hay mecanismos simples para convocar a esta perplejidad. Por ejemplo, hacer la siesta en un lugar poco frecuente de la casa: el sofá de los invitados, un rincón con sombra del patio... Mi mujer a veces se inquieta cuando va a buscar su cartera y me encuentra durmiendo en el armario, acuclillado junto a los abrigos. «¿Qué haces ahí?», me dice, «¡Me vas a matar de un susto! ¿Por qué coño no duermes por la noche y en la cama, como todo cristo?».

Yo le explico que estoy buscando la tercera cosa de Machado y que no es lo mismo dormir de noche que hacer la siesta, porque al sueño nocturno lo tenemos domesticado. Sabemos para qué sirve, a dónde está; nosotros lo buscamos y él aparece, leal y pesado como un san bernardo. En cambio la siesta es una gata de angora: llega lánguida cuando se le antoja, prefiere los sofás más que las camas y actúa como si nos hiciera un favor. La siesta, sigilosa, es una gran compañera para alcanzar el petit Alzheimer.

A mi hija también la incomodo a veces; sobre todo cuando vuelve de la escuela con amigas, para merendar, y me encuentra durmiendo la siesta en una colchoneta, abajo de la mesa de la cocina. Una tarde la escuché disculparse con sus compañeras de una manera que me tranquilizó: «No os preocupéis», les dijo, «mi padre es un poco latinoamericano».

Más allá de eso, mi petit Alzheimer no le hace mal a nadie. En la infancia, cuando este ruido blanco alcanzaba cinco segundos de duración, mis padres no se enteraban de nada. Después perfeccioné la técnica: en la adolescencia llegué a los quince segundos. Una mañana de la juventud estuve medio minuto -¡medio minuto!- sin saber quién era. Y a los treinta años, con mucha práctica, pude traspasar la frontera del minuto.

Ahora tengo más de cuarenta y puedo conseguir el petit Alzheimer cuando quiero y a la hora que se me antoja. Como en el resto de las actividades del ser humano (la guitarra, el sexo, hacer dinero o pilotar aviones) después de mucha práctica se consigue alguna pericia, o por lo menos un estilo propio. Suele decirse, con razón, que tras 10.000 horas de hacer algo -lo que sea- nos convertimos en expertos. Y yo lo que más hice en la vida fueron dos cosas: dormir y darle vergüenza a mis seres queridos.

Ahora, en mis largos momentos de petit Alzheimer me despierto de la siesta y consigo una especie de perfección. No recuerdo nada, no tengo pasado ni futuro. Nunca sé exactamente en qué año estoy, ni si acabo de despertar en mi casa de Buenos Aires o en la de Barcelona, ni si estoy en la época en que era flaco o en la época en que era gordo, ni si tengo dinero en el pantalón que hay a los pies de la cama, ni si ya nació mi hija o ya empecé a enojarme con sus novios, ni si conseguí publicar mi primer libro o me dedico a otra cosa.

Ni si la mujer que amo ya apareció en mi vida, ni si hay examen de historia y anoche no estudié, ni si tengo deudas peligrosas o si estoy llegando tarde a un viaje, ni si me queda la última raya en el papel o si eso ya no me importa, ni si hay una excursión escolar y debo saltar de la cama feliz, ni si mi padre ya se murió o sigue jugando al tenis, ni si me acordé de ponerle pasto y agua a los camellos, ni si el doctor ya me avisó que tengo cáncer o todavía puedo fumarme el último cigarro tranquilo.

Cuando me despierto de la siesta no sé si ya estoy muerto y puedo seguir durmiendo, o si acabo de nacer y debo recitar sin culpa los versos de Pessoa (porque esto empieza y termina con unos versos; no hablo de este relato en particular, sino de la vida entera). Siempre que salgo victorioso del petit Alzheimer murmuro un mantra portugués para despedir la siesta: No soy nada —me repito cada vez que abro los ojos—. Nunca seré nada. No puedo querer ser nada. Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo.

Hernán Casciari
martes 20 de octubre, 2015


Petit Alzheimer

por Hernán Casciari

Esto empieza con unos versos. No hablo de este relato en particular, sino de la vida entera. «Entre el vivir y el soñar», decía Machado, «hay una tercera cosa: ¡adivínala!». Todos hemos rozado esta «tercera cosa» alguna vez: hay un momento al despertar, justo antes de abrir los ojos, que se parece a la demencia senil: sabemos que estamos vivos, que algo nos palpita adentro, pero no sabemos nada más. No hay una palabra en español para nombrar a este desconcierto, por eso lo bauticé con dos, una en francés y la otra en alemán: petit Alzheimer.

Me pasó por primera vez a los nueve años: me quedé a dormir en la casa de un amigo y cuando me desperté no reconocí la puerta, ni el olor de la cobija, ni el mes ni el año en el que estaba. La luz de la ventana me llegaba desde un ángulo infrecuente, los sonidos de la casa no eran familiares y no pude encontrar el ancla. Me gustó tanto ese rato de angustia que, en la adolescencia, empecé a buscarlo como se busca no a la novia sino a la sensación del primer beso. Quise provocar que me pasara más seguido esa tercera cosa entre el vivir y el soñar. Adivínala, me decía Machado al oído: ¡Adivínala!

En general todo el mundo prefiere las respuestas a las preguntas, por eso se venden mejor los libros de autoayuda que las novelas de misterio. A las personas les da tanto miedo el petit Alzheimer que necesitan salir enseguida de la duda: abren los ojos, enfocan, se incorporan... Yo debo tener algún trauma no resuelto, porque —al revés de lo esperable— disfruto la sensación de no saber. O mejor dicho: de no querer saber. Con los años aprendí a estirar la duda, a permanecer quieto en las sábanas con los ojos dóciles, a no moverme ni tragar saliva, a no indagar el contexto, a no enfocar el techo para que la incertidumbre no se escape.

Descubrí que solamente puedo engañar al cerebro cuando me despierto en un lugar imprevisto. A veces me pasa en vacaciones, otras veces cuando me acuesto en la cama ajena de un hotel, e incluso en mi propia cama cuando abro los ojos en una posición extraña. Pero sobre todo me pasa cuando vuelvo de una siesta esponjosa.

Hay mecanismos simples para convocar a esta perplejidad. Por ejemplo, hacer la siesta en un lugar poco frecuente de la casa: el sofá de los invitados, un rincón con sombra del patio... Mi mujer a veces se inquieta cuando va a buscar su cartera y me encuentra durmiendo en el armario, acuclillado junto a los abrigos. «¿Qué haces ahí?», me dice, «¡Me vas a matar de un susto! ¿Por qué coño no duermes por la noche y en la cama, como todo cristo?».

Yo le explico que estoy buscando la tercera cosa de Machado y que no es lo mismo dormir de noche que hacer la siesta, porque al sueño nocturno lo tenemos domesticado. Sabemos para qué sirve, a dónde está; nosotros lo buscamos y él aparece, leal y pesado como un san bernardo. En cambio la siesta es una gata de angora: llega lánguida cuando se le antoja, prefiere los sofás más que las camas y actúa como si nos hiciera un favor. La siesta, sigilosa, es una gran compañera para alcanzar el petit Alzheimer.

A mi hija también la incomodo a veces; sobre todo cuando vuelve de la escuela con amigas, para merendar, y me encuentra durmiendo la siesta en una colchoneta, abajo de la mesa de la cocina. Una tarde la escuché disculparse con sus compañeras de una manera que me tranquilizó: «No os preocupéis», les dijo, «mi padre es un poco latinoamericano».

Más allá de eso, mi petit Alzheimer no le hace mal a nadie. En la infancia, cuando este ruido blanco alcanzaba cinco segundos de duración, mis padres no se enteraban de nada. Después perfeccioné la técnica: en la adolescencia llegué a los quince segundos. Una mañana de la juventud estuve medio minuto -¡medio minuto!- sin saber quién era. Y a los treinta años, con mucha práctica, pude traspasar la frontera del minuto.

Ahora tengo más de cuarenta y puedo conseguir el petit Alzheimer cuando quiero y a la hora que se me antoja. Como en el resto de las actividades del ser humano (la guitarra, el sexo, hacer dinero o pilotar aviones) después de mucha práctica se consigue alguna pericia, o por lo menos un estilo propio. Suele decirse, con razón, que tras 10.000 horas de hacer algo -lo que sea- nos convertimos en expertos. Y yo lo que más hice en la vida fueron dos cosas: dormir y darle vergüenza a mis seres queridos.

Ahora, en mis largos momentos de petit Alzheimer me despierto de la siesta y consigo una especie de perfección. No recuerdo nada, no tengo pasado ni futuro. Nunca sé exactamente en qué año estoy, ni si acabo de despertar en mi casa de Buenos Aires o en la de Barcelona, ni si estoy en la época en que era flaco o en la época en que era gordo, ni si tengo dinero en el pantalón que hay a los pies de la cama, ni si ya nació mi hija o ya empecé a enojarme con sus novios, ni si conseguí publicar mi primer libro o me dedico a otra cosa.

Ni si la mujer que amo ya apareció en mi vida, ni si hay examen de historia y anoche no estudié, ni si tengo deudas peligrosas o si estoy llegando tarde a un viaje, ni si me queda la última raya en el papel o si eso ya no me importa, ni si hay una excursión escolar y debo saltar de la cama feliz, ni si mi padre ya se murió o sigue jugando al tenis, ni si me acordé de ponerle pasto y agua a los camellos, ni si el doctor ya me avisó que tengo cáncer o todavía puedo fumarme el último cigarro tranquilo.

Cuando me despierto de la siesta no sé si ya estoy muerto y puedo seguir durmiendo, o si acabo de nacer y debo recitar sin culpa los versos de Pessoa (porque esto empieza y termina con unos versos; no hablo de este relato en particular, sino de la vida entera). Siempre que salgo victorioso del petit Alzheimer murmuro un mantra portugués para despedir la siesta: No soy nada —me repito cada vez que abro los ojos—. Nunca seré nada. No puedo querer ser nada. Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo.

Hernán Casciari
martes 20 de octubre, 2015


Podés ver a Hernán Casciari en el teatro


 Alejandro Arroyo
17/12/2016 a las 04:55
Hernán: Escribis tantas cosas buenas,tantas cuestiones diarias que ya no se,si este petit Alzheimer es una fábula o una historia más! Lo que yo siento cuando lo leo es una autobiografía con final fabulezco... porque mi vida es asi. Con la diferencia q mis episodios no duran minutos. Yo hago todo lo posible para que sean perpetuos. Y cuando despierto,tengo la necesidad de decirme algo así,como ese mantra portugués.... Abrazo enorme! Sos para mi de mucha ayuda
 Natalia
29/03/2016 a las 20:45
Creo que cada vez que leo un relato suyo algo cambia en mí.
15/12/2015 a las 12:44
que pena... :(
 Lara
31/10/2015 a las 03:21
Me paso como cuatro veces hoy a la siesta (si, dormí desde las 16 hasta las 20) y me levante tan agotada porque en todas esas veces hice un esfuerzo enorme por no terminar de despertar y seguir durmiendo. Era como luchar contra un imán que me llevaba a la vigilia. Estamos locos. Y vagos.
 Luis Cesar Gomez
29/10/2015 a las 22:11
Soso genial loco, gracias por ponerle nombre a ese momento tan magico del despertar sin tener que salir corriendo de la cama. Particularmente me gusta abrir los ojos muy despacio y sentir el resto de mi cuerpo ausente, como si solo fuera una cabeza apoyada sobre una almohada en una triste habitacion.
28/10/2015 a las 18:10
bufff :-(
 ROSARINA-66
27/10/2015 a las 16:57
me ha pasado, no logro pasar del par de segundos, lo que destaco es que no tengo miedo, si bien es una sensacion rara, no hay miedo. Lo que mas me pasa es buscar donde esta mi mama, o la mujer de la casa, cuando en mi casa la mama o mujer mayor soy yo.
 Elo
27/10/2015 a las 01:45
Buenísimo Gordo. Te mencionó Il Corvino en su blog: http://ilcorvino.blogspot.com/2015/10/breve-y-arbitraria-antologia-de-textos.html. Gracias a ello pude leer "Los sordos se burlan del ruido", escrito sobre Charly que hiciste en el 2004 y que no había leído como tantos otros. La razón, es que apenas tendré un par de años de estar leyéndote. Un abrazo
24/10/2015 a las 15:26
Recibi el mail avisando de la nueva entrada en Orsai Blog hace unos dias... luego mis conocidos empezaron a postear comentarios y "me gusta" por todos lados... hasta que logre encontrar un ratito esta mañana, mientras mis hijos todavia duermen, para leer tranquilo... lindo, muy lindo... de esos que te dejan navegando entre imagenes / recuerdos difusos
 santiago arraya
23/10/2015 a las 05:43
Me conmueve lo mucho que me identifico con varios de tus relatos. Este es uno de ellos, Disfruto el petit Alzheimer, pero me faltan horas de ejercicio para llegar a ese manejo.

Desde cordoba argentina un abrazo!

Gracias por firmar el libro dedicado a mi hija Alfonsina, va a ser una motivación a la lectura para cuando tenga edad, ahora tiene 1 año.
 Manyatxa
23/10/2015 a las 04:24
Muy bueno!! Me encanta cómo escribís!! :)
22/10/2015 a las 18:45
Muy bien descrito. Enhorabuena
KurtPérez
22/10/2015 a las 16:09
Como otras muchas veces, describes con acertadas palabras una sensación muchas veces percibida y nunca tan bien expresada (qué petardada x Dosss)

Pues te escribo en primer lugar para felicitarte por el texto, realmente estupendo y literariamente real.

También para describirte un fenómeno similar que me ha ocurrido varias veces. Ocurre espontáneamente, aunque se puede forzar.

Consiste en quedarse dormido escuchando una música cañera: guitarras distorsionadas tipo Nirvana.
Justo en el momento en que te estás durmiendo, ese que dura un instante, empiezas a percibir la música con una textura diferente. No es solo algo que se escucha, se perciben visualmente figuras deformadas. Aunque la sensación es más que visual o sonora.

Aunque claro, para poder experimentarlo tienes que ser capaz de quedarte dormido escuchando heavy o punk.

Ahí te lo dejo, por si se te ocurre algo
 Santiago Blandón
22/10/2015 a las 00:00
Hola, Casciari, te encantará leer este cuento de Allan Poe. Se llama Entierro prematuro y gira en torno a un síndrome muy parecido, pero sobre todo te sorprenderá que Poe, en esa época, describiera el asunto con la misma sobriedad anecdótica que vos lo hacés. Mejor dicho, cuando lo leas vas a caer en cuenta.

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/poe/entierro.htm
 Laura Jolivet
21/10/2015 a las 22:47
Yo también....tengo en mi todos los sueños del mundo...
21/10/2015 a las 21:12
muy bueno, que ocurrente. a veces pienso en otra cosa bien opuesta, la de acordarse de todo. saber de memoria las fechas, los teléfonos, todo y que no te sirva para nada
 Santiago Blandón
21/10/2015 a las 23:56
Ya existe un cuento con ese argumento, Funés el memorioso, de Borges.
 KEKO
21/10/2015 a las 18:29
Afilado Gordo!!
abrazo.
21/10/2015 a las 14:44
Este es un texto de relleno.
Lo que jamás podría dejar de rescatar, sin embargo, es esta frase: "Y yo lo que más hice en la vida fueron dos cosas: dormir y darle vergüenza a mis seres queridos".
Me encanta cuando se hace mierda.
Ha de ser porque a mí también me gusta mucho hacerme mierda, yo qué sé.
 UNA MÁS
21/10/2015 a las 14:32
¡Siento como vos todas esas sensaciones de ese momento "entre el sueño y el despertar"

Gracias por los consejos para prolongarlo, los voy a poner en práctica.

Y gracias por Machado y por Pessoa. Me dieron ganas de reecontrarme con ellos.

El último fin de semana en el Cerro Colorado, en El Silencio, leyendo poemas de Atahualpa, una amiga me decía, justamente,: Yupanqui tiene la misma filosofía que Pessoa, formamos parte de un todo, cada uno de nosotros es el principio y el fin...

Y ese momento inefable del petit A. esa nada que lo es todo, lo demuestra.
 Ale Alvarez
21/10/2015 a las 13:37
Me gustó mucho este texto, Hernán.
Vaya un abrazo desde la orilla occidental del Paraná.
 Fede Nouet
21/10/2015 a las 06:29
"mientras unos intentan olvidar otros luchan por recordar" frase acerca del alzheimer verdadero...
 Polaco
21/10/2015 a las 06:08
En el sexto párrafo hay un “a dónde” que creo que debería ser “adónde”, y algunos guiones cortos que deberían ser rayas (—¡medio minuto!—; —lo que sea—). Buen texto.
 patanpatan
21/10/2015 a las 02:48
Solía disfrutar de esos momentos en antiguas épocas de levante, como buen estudiante de Nueva Córdoba no frecuentaba telos sino departamentos de minas propensas a las malas decisiones. Un bonus de diversión era, una vez que entendías que habías dormido en algún lugar extraño, preguntarte: con quién?, como llegué aquí?, da para quedarse un rato? al terminar de despertar intentaré huir? O, la más frecuente de todas, me echarán inmediatamente sin explicarme donde estamos, quiénes somos, ni cómo volver al mundo?
 gabriel espisua
21/10/2015 a las 02:26
Dormí.
Debería haber premio también para el último.
 PPLANDA
21/10/2015 a las 01:53
Cursos de : " El Arte del Petit Alzheimer", ya!.........pensalo.
 HanMuertoLobos
21/10/2015 a las 01:14
Puta madre, Casiari!
Me acabas de volar la cabeza a Plutón y de regreso con el final de este hermoso texto.

Hoy te amo más que ayer.
20/10/2015 a las 23:27
Si nos ponemos quisquillosos, figurados y bastante ricoteros, podemos entender al texto desde otra óptica: está hablando de la droga.

O tal vez yo esté bajo las influencias de alguna macoña...veremos mañana.
  Vero Del Pomar
20/10/2015 a las 23:18
A mi me gusta el petit alzheimer porque justo cuando no sabes no quien eres, es cuando eres más auténtico, porque sólo eres y ya.
Pero bueeeeno, aquí andamos en este teatro la mayor parte del tiempo, metidos en nuestros pequeños y serios "papeles".
20/10/2015 a las 22:53
Bueno, yo me apunto con el clásico:
Si no tenés nada bueno que decir, mejor no digas nada.
Pues eso.
  Carolina Builes
20/10/2015 a las 22:39
Esa forma de despertar es la mejor parte de la siesta. Siesta a la que me estoy mal acostumbrando desde que llegué a Buenos Aires.
Hernán, creo que ninguno pasó por alto la referencia del cáncer, más ahora que estás más esbelto. Con tus textos nunca se sabe, pero ya ves qué tanto te queremos.
 iribam
20/10/2015 a las 21:41
Excelente relato Hernán. Toda la vida he tenido esos pequeños momentos alemanes y los he disfrutado de manera inconsciente. Ahora por culpa de tu texto creo que ya nunca serán lo mismo. Por alguna razón lo del petit alzheimers me hizo acordar a algunos juegos mentales que hacía de chica, y a los que vuelvo sin darme cuenta cuando estoy distraida y sin hacer nada (es decir casi nunca). Me refiero a caminar sin pisar las rayas de las baldosas, a mirar el techo e imaginar que es el piso y ver el mundo al revés, a imaginar monstruos en el ropero o a jugar juegos en el auto, como encontrar carteles para nunca dejar de leer. Lamentablemente el mundo hiperconectado hace que esos momentos sean cada vez mas infrecuentes. Gracias por recordarnos a todos la frescura de la infancia.
 Cocó
20/10/2015 a las 21:21
Extrañaba estos textos en el blog…los de futbol no me enganchan tanto, como siempre muy bueno!!!…si bien me encanta estar en ese momento que no sabes ni quién, ni dónde, ni cuándo …prefiero el San Bernardo y no la gata de angora, jajaja las gatas son muy traicioneras!! La última vez que me pasó fue antes de dormirme …no después…me había fumado un porro jajaja ….me encanta como escribis Hernán!!
 francisco javie montiel maldonado
20/10/2015 a las 21:14
«No os preocupéis», les dijo, «mi padre es un poco latinoamericano»....Y yo lo que más hice en la vida fueron dos cosas: dormir y darle vergüenza a mis seres queridos.......No soy nada —me repito cada vez que abro los ojos—. Nunca seré nada. No puedo querer ser nada. Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo.........

Me quedo con esto para reír y reflexionar antes de despertar.......
Gracias....
20/10/2015 a las 20:42
Esta nueva experiencia ademas de conocer al autor de tantos relatos con los que estoy familiarizado, poder leerlo en linea es muy enriquecedor y alentador. Gracias
 Liliana Olveira
20/10/2015 a las 20:39
Casi diferente de todo lo que te leí hasta ahora, pero sí conozco esos momentos y como tengo 63 años, 20 más que vos, suelo vivirlos hasta estando despierta. ¿Despierta del todo? No sé... Por ejemplo en un viaje en auto cuando de pronto reacciono y me doy cuenta de que hasta ese momento estoy convencida de que estoy en Buenos Aires, en mi barrio de Quilmes y no sé si voy al cole o a tomar el tren para ir a la facultad; y la realidad es que estoy en Mar del Plata desde hace 35 años y estoy yendo hacia el centro a comprarme unos zapatos. También lo disfruto, pero con una mezcla de miedo pensando que tal vez tenga un principio de Alzheimer o un tumor en el cerebro. Pero después me acuerdo de que fui así toda mi vida. A veces llegaba al lugar donde iba sin saber cómo había llegado, si había ido por el mismo camino de siempre, si me había cruzado con alguien y no lo había saludado; nada, sencillamente nada. Una vez me encontré frente a la puerta de mi casa en la moto, con la luz del giro encendido porque tenía que doblar en la cuadra anterior y ni siquiera recordaba haberme despedido de mi prima hacía veinte minutos. Otra vez me sacó del ensimismamiento el haber pasado con la moto sobre una enorme pila de hojas de falso plátano porque era otoño y la gente en otoño apila las hojas para que los demás no podamos escuchar ese fantástico ruidito al pisarlas. Sin embargo, de esos momentos en que no recuerdo cómo llegué al destino que tenía fijado, sí recuerdo todo lo que pensé e imaginé en el medio. Todo menos el haber partido de algún lugar y llegado a otro. Pero ya fui al médico y ni tengo Alzheimer, ni un tumor en el cerebro ni estoy loca. Hasta ahora no sabía si ese disfrute era enfermizo o no. Ahora veo que no lo es. Gracias Hernán por este relato.
 Daniel V
20/10/2015 a las 19:31
Me pasó de sentir el momento en que se apaga el oído, luego encenderlo y apagarlo 1 o 2 veces. Te vas durmiendo, te vas durmiendo, hasta que un momento se corta el audio, dejas de escuchar los pequeños ruidos ambientales, luego un poquito de fuerza para despertar y regresa el audio.

No es el caso en que le prestas la oreja a una mujer para que se sienta escuchada, creo que si llegasemos a perfeccionar esta técnica, para utilizarla en ese caso, daríamos un verdadero salto en la evolución del hombre. ¿Quenocierto?

Che, Hernán ¿Cuando por Tuculandia? veo que andas juntando la gente, avise si ne'sita algo.
20/10/2015 a las 20:23
Ojalá que pronto! Avisaré cuando sepa más.
 Diego Contreras
20/10/2015 a las 19:29
Muy bueno! de verdad!
 Miguel Navarrete
20/10/2015 a las 19:13
Estoy viviendo un dia gris y nauseabundo, pero este texto de cierta forma me ha tranquilizado.Padezco de la misma mania,me identifico.Gracias.
 Jessy
20/10/2015 a las 18:54
Muy buen texto, me encanta la facilidad que tienes Hernán de escribir acerca de lo cotidiano, pero que pocos nos enteramos que pasa por no poner atención :)
20/10/2015 a las 17:47
Ah, me olvidaba: estupendo texto.
20/10/2015 a las 17:45
Convocar a la capacidad de asombro. Asombroso.
 Oz
20/10/2015 a las 17:40
Envidio, Hernán, como tu sentido del asombro está aun fresco, como solíamos tenerlos la mayoría de nosotros cuando aun eramos niños impolutos por la cotidianeidad. Gracias por este texto.
20/10/2015 a las 20:21
Más impoluto serás vos.
 Liliana Olveira
20/10/2015 a las 21:18
Jajajajajaj Mafalda con la palabra "astuta" jajajaj
 Oz
21/10/2015 a las 18:23
Botellita de jeréz.
 Rafael Chappuis
20/10/2015 a las 17:38
Che! Puedo pegar (citando la fuente, por supuesto) extraído así?: "No es lo mismo dormir de noche que hacer la siesta, porque al sueño nocturno lo tenemos domesticado. Sabemos para qué sirve, a dónde está; nosotros lo buscamos y él aparece, leal y pesado como un san bernardo. En cambio la siesta es una gata de angora: llega lánguida cuando se le antoja, prefiere los sofás más que las camas y actúa como si nos hiciera un favor."
...no dejo de disfrutar cada palabra.
 Rafael Chappuis
20/10/2015 a las 17:39
Cuarentaynuevi!!
El culo te lluevi
 Jota
20/10/2015 a las 17:16
¡Excelente! Gracias por ponerle palabras algo que no sabía cómo nombrarlo.
20/10/2015 a las 17:16
Tus últimos textos me están pareciendo bastante flojos. Antes me emocionabas, o me hacías cagar de risa, o al menos me hacías leer atentamente hasta el final. Ahora no me pasa nada de eso. Quizás sea solo cosa mía porque si juzgo por el resto de los comentarios, estoy equivocado
20/10/2015 a las 20:21
Me estoy haciendo viejo, Juan Pablo.
 Liliana Olveira
20/10/2015 a las 21:22
Creo que estás equivocado. La cotidianeidad de los otros textos son más reconocibles y te causan gracia al reconocerlos. Acá Hernán marcó su veta intelectual en una temática que pocos quieren reconocer o porque no lo experimentaron o porque tal vez le teman. Para mí fue una gratísima sorpresa.
 PPLANDA
21/10/2015 a las 01:55
déja escapar una flatulencia, juan pablo
20/10/2015 a las 16:45
No es lo mismo. Cuando vivía en Buenos Aires, una ciudad plana y extensa, a veces tomaba un colectivo cualquiera y me sentaba en algún asiento a leer un libro. Después de un rato más o menos largo miraba con una mezcla de fascinación y cagazo el paisaje de afuera, y claro, me bajaba. Las reglas eran caminar al menos media hora y no preguntar a nadie donde carajo estaba. Y después tratar de regresar en otro colectivo. Era mi forma de perderme, turismo de aventura sin un mango, y vivir otras vidas que la mía de 48 horas semanales en un trabajo absurdo.
 Sebastián Martinez
20/10/2015 a las 16:17
Estado de duermevela, creo que se llama. Saludos,
 Sebastián Martinez
20/10/2015 a las 16:21
Y a mi me pasa cuando me estoy por dormir, que se me mezclan los pensamientos inconscientes con los conscientes....se me arma un matete tremendo y me doy cuenta que me estoy durmiendo. Les pasa a todos?
20/10/2015 a las 20:17
Shhh. Dormí.
 Liliana Olveira
20/10/2015 a las 21:45
Sí me pasa. También sueño que estoy soñando y me despierto y me levanto y voy al baño y me siento en el inodoro. Y entonces me despierto de verdad y tengo que salir corriendo de la cama porque sino me meo encima. Y cuando era chica soñaba que volaba. Sólo tenía que estirarme y los pies se levantaban del piso y volaba o nadaba en el aire. Una sensación maravillosa. Una vez me levanté, me subí a una silla, me lancé hacia arriba y me rompí el alma contra el piso. El sueño, la vigilia, la duermevela y todos esos estados del cerebro son un enigma. Y está bien que lo sean; de otra forma, conociendo todo, la vida sería muy aburrida.
 Sebastián Martinez
21/10/2015 a las 15:14
Liliana, yo solía darme cuenta que soñaba, por lo irreal de lo que estaba viviendo ( soñando ) y hacía lo que se me antojaba, como vos volar, o como algún degeneradito espiar mujeres :) . Y tenía una técnica para despertarme, que era sacudir muy fuerte la cabeza para ambos lados, y así "resucitaba". Pero con lo años, ( hoy tengo 37 ), me doy cuenta cada vez menos que son sueños, y si cada tanto me avivo que estoy en un ambiente onírico, me apuro a despertarme, sin siquiera probar manejar el sueño a voluntad. Ud qué opina???
 Nacho Lopez
20/10/2015 a las 16:02
Tenia pensada toda una reflexión un tanto poética pero prefiero... "Estas re loco gordo" jajaj Muy bueno texto. Gracias Abrazo
 Silvia Otero
20/10/2015 a las 15:56
Hay que lindo! cómo me identifico con estas cosas!
Pequeña corrección: "sino de la vida entera.)" ponele el punto después del paréntesis
20/10/2015 a las 20:16
Gracias, corregido!
 Ruben Fernández
20/10/2015 a las 15:50
Me ayudarste a comprender algo que me pasa seguido. No sabía que se llamaba así. En mí es distinto, a veces tengo unos segundos de lucidez en los que recuerdo dónde vivo, quien soy y en los que no me asusto de mi propio perro. También ...perdón no sé que estaba diciendo. Parece que se descompuso mi tele, no se mueve la imagen.
20/10/2015 a las 20:14
Pastilla verde.
20/10/2015 a las 15:43
Lindo...un poco dulce, un poco gracioso, algún toque sociopolítico y otro melancólico. Gracias
20/10/2015 a las 20:14
Lo sociopolítico lo debés tener vos en la cabeza, porque yo no hice nada.
20/10/2015 a las 15:42
A mi me pasa cuando me echo la siesta en horas y días inadeacuados o cuando me la echo en casa de mis padres.

Pero nunca me había puesto a pensar en el "petit Alzheimer", al menos asi, como concepto, lo que si, es que se disfruta ese momento, el saber que no eres nada.

En ese momento no se si soy hermano de mis hijos o hijo de mis hermanos, se pierde la identidad y se despierta uno como un ser humano con páginas en blanco.

Ni siquiera sabes de que estas descansando.
 JAM
20/10/2015 a las 15:28
Tienes cancer?
20/10/2015 a las 20:13
A veces sí.
20/10/2015 a las 15:27
Aplausos Sr. Casciari.
Me gustaría opinar más, pero no me suele pasar eso del petit Alzheimer, supongo que debo tomar alguna siesta de vez en cuando en lugares diferentes para experimentar la sensación. Después le cuento como me fue.
20/10/2015 a las 20:13
No seas careta: petitalzheimizáte.
20/10/2015 a las 14:59
"leal y pesado como un san bernardo" impresionante.
20/10/2015 a las 15:06
La perfección de la técnica llega entonces a los 80, años más años menos, cuando logramos estirar ese petit alzheimer y lo hacemos durar para siempre.
20/10/2015 a las 20:12
¡Exacto! Me encanta cuando escondo la moraleja, llega Pablo César y la descubre.
20/10/2015 a las 14:56
Magnifico texto.
  Maxi en Bermudas
20/10/2015 a las 14:50
Hola Hernán, me quedé colgado de un punto. Lo del cáncer, es sólo una licencia literaria, te lo ves venir o ya te lo detectaron?
 Silvia Otero
20/10/2015 a las 15:57
Acostumbrate, con Casciari nunca se sabe, pero casi siempre es ficción ;)
Uno elige su propia aventura creyéndole o no.
20/10/2015 a las 20:10
El cáncer es una licencia poética de los médicos. Mientras nunca vayas al doctor, estás salvado.
20/10/2015 a las 14:39
Es un texto de lujo que describe una sensación maravillosa. Gracias Hernán!!!
 RAQUEL PEREZ IGLESIAS
20/10/2015 a las 14:37
La palabra que mejor ataparía ese estado límbico es "BARDO": cuando la propia conciencia no está conectada con un cuerpo físico, se experimenta una variedad de fenómenos que es un estado de suspensión, de transición, de pasaje, conocido en la tradición tibetana como BARDO. Pero "bardo" es también, en la antigua cultura europea, el contador de historias... así que te cierra por los dos güínes... Casciari... sos un bardo!
20/10/2015 a las 20:09
"Soy el bardo que ahora ardo, como un leño, como un nardo, en mi clámide estelar".
(Fragmento de un poema de un mercedino ignoto.)
 Nico
20/10/2015 a las 14:35
Solia tener esos momento trabajando de cadete en el Microcentro de Buenos Aires. Como almorzaba cualquier boludez entre banco y banco, me quedaba una hora de almuerzo que me tomaba a las 3 de la tarde. Y la aprovechaba para dormir una siesta en verano, tirado en el pastito de la Plaza de Mayo. Cuando despertaba (siempre magicamente despues de unos 50 minutos) no entendia nada, ni donde trabajaba, ni por que tenia a la Casa Rosada mirandome.
 Nico
20/10/2015 a las 14:36
Que lindo que te digan "es un poco latinoamericano"....
 NENE
20/10/2015 a las 14:32
Que grande HERNAN , siempre con algo distinto , pero tan habitual, sufro esa enfermedad ( si es que se trata de una enfermedad ) , desde pibe. No saber donde me acosté y mucho menos porque desperté en ese lugar . Todavía no logro Tus tiempos , pero espero hacerlo. Existe una satisfacción enorme , al saber que te agarro una modorra padre , en cualquier lugar , siesta hermosa.
20/10/2015 a las 20:06
No es una enfermedad. Es la parte sana, es la transición entre dos enfermedades: dormir y estar despierto.
 Oz
21/10/2015 a las 18:35
Algo así como decir: "Yo no estoy loco, los locos son todos los demas", no?
 Jhordan PLG
20/10/2015 a las 14:15
Me pasó la semana pasada, pedí permiso en el trabajo antes del almuerzo por un tema de salud, llegué a casa y me quedé seco. Desperté a eso de las 18:00 , todo era raro, normalmente nunca estoy en casa a esa hora, así que me quedé "colgado" disfrutando del momento.

Cuando se da en las tardes de los domingos tiene un plus.
 Viejo
20/10/2015 a las 14:13
Top 30.

Gracias Casciari. Este texto tal vez me ayude a reenfocarme.

Me despierto con más frecuencia de la que me gustaría tratando de entender por qué hay un auto estacionado al lado de mi cama, o por qué estoy durmiendo junto a un perro, si nunca tuve perro. Y me desespero hasta que enciendo la luz y después de unos segundos noto, una vez más, que ese bulto oscuro era solo la ropa que había dejado anoche tirada al costado de la cama. O el mueble que siempre estuvo ahí. Y sonrío, una vez más. Siempre disfruto el final de mi petit Alzheimer

Gracias Casciari, decía. De ahora en más intentaré disfrutar todo el viaje.
 Ale
20/10/2015 a las 14:12
Primera vez en los 30!!! Buenísimo!!
lo de "Es un poco latinoamericano" GENIAL!!
 ale b
20/10/2015 a las 14:10
Bueno!! Es como meditar: no soy nada, no quiero nada. Sólo latir y el aire que entra y sale.
 Nicolás Cattaneo
20/10/2015 a las 14:10
Hey, vale poner "pri" sin haber leído antes el post?
 Jhordan PLG
20/10/2015 a las 14:19
Si lees el texto, luego pones pri, y de yapa eres primero, no eres humano.
20/10/2015 a las 15:48
Si lo logras amigo, eres Edublake.
20/10/2015 a las 20:04
Edublake primer eructa y después toma sidra del pico.
22/10/2015 a las 13:40
Edublake le esquiva los balazos a Luky Luke...
20/10/2015 a las 14:07
En Montevideo está nublado y lluvioso, ideal para dormir la siesta y alargar ese estado de gracia.
20/10/2015 a las 20:04
En Montevideo las siestas valen doble.
20/10/2015 a las 14:07
San Bernardo versus gata de anogora... Excelente!
 Nicolás Cattaneo
20/10/2015 a las 14:05
treinti!
 Cachorro
20/10/2015 a las 14:02
Dicen que una verdadera siesta es cuando uno despierta totalmente inconsciente de una siesta y no sabe en qué mundo vive.
20/10/2015 a las 13:58
Ese momento tiene nombre y lo describís perfecto. Esa sensación, de no saber donde mierdas estas o que mierda estas haciendo en ese lugar, es única. A mi me paso, hace poco, y simplemente había remplazado mi colchón de una plaza por uno de dos plazas. Acostumbrado a dormir y no desparramarme, a levantarme totalmente fuera de posición, me llevo a ese "petit Alzheimer". Gracias por estos relatos!
 dani22v
20/10/2015 a las 13:55
Excelente final!!
es un poco latinoamericano...jajaja
20/10/2015 a las 13:46
Y despertarse de la siesta en un avión es ya la bomba...debe ser como despertarse en el fondo del mar.
 Carlos Alberto Fila
20/10/2015 a las 13:41
Tan bueno como el 3 a 1 a Boquita
20/10/2015 a las 20:03
No. Taaanto no.
 Stella Sappa
20/10/2015 a las 13:39
Guenaaaaa
 Albano Fernandez
20/10/2015 a las 13:34
Muy bueno maestro!
Te pido un cuento sobre el loco que le puso "Lacadé" a su hija.
Abrazo gordo!!
20/10/2015 a las 20:02
¿Loco por qué?
 Albano Fernandez
04/11/2015 a las 20:01
Los de Racing estamos todos Locos, ojo lo dice la Real "Academia" Española.
20/10/2015 a las 13:24
Muy buena esa definición de ese estado de pérdida cuando uno se despierta y no sabe donde está.

Yo tenía una abuela con Alzheimer y a veces por las noches se despertaba y salía de su habitación, yo estaba con el ordenador en el televisor de la sala, ella no me reconocía y se pensaba que yo era un okupa (reminiscencias de las cosas que le pasaron con Perón) y me echaba de la casa.

Cuando me pasan esos episodios de no saber donde estoy ni que hora es ni nada me imagino que así debe haberse sentido mi abuela.
20/10/2015 a las 13:21
Sí. Tal cual. Yo lo descubrí en las siestas obligadas en Pellegrini... Las motas de polvo en la luz de la persiana entreavierta ¡y nada más! La ideal, hoy, es cuando llega esta época y los zorzales cantan al otro lado de la ventana!
20/10/2015 a las 13:13
Linda explicación de los mambos del sueño, hace 2 meses me mude a mi nueva casa y sigo despertandome pensando que estoy en el ropero de mis viejos.
Dos cosas gordo.........
1) existió realmente una época en la que fuiste flaco?? o era parte de sueños nomás??
2) justo hoy leí "El chistoso es una lacra social" y veo que tiene el mismo final que este. Despertate!!!
20/10/2015 a las 13:23
Sí, fui flaco en los noventa.
20/10/2015 a las 13:41
queremos pruebas!!
20/10/2015 a las 20:01
http://editorialorsai.com/blog/post/una_decada_flaca
20/10/2015 a las 22:19
"Mastiqué durante cuarenta segundos con la mirada en los ojos de la mujer" jajaja sos una verga
20/10/2015 a las 13:12
«No os preocupéis», les dijo, «mi padre es un poco latinoamericano».
¡esto es genial!
20/10/2015 a las 13:48
Sí, también lo pensé. ¡Genial!
 Jimena Cestari
20/10/2015 a las 13:11
Top ten
 Jimena Cestari
20/10/2015 a las 13:12
Mentira! Puta mala señal
 Edgardo Regazzoni
20/10/2015 a las 13:08
Me gusta leer el texto escuchando el pod.
 Faustino Valsecchi
20/10/2015 a las 13:06
Top 10
20/10/2015 a las 13:04
top ten!
20/10/2015 a las 13:02
Top ten tiene lo suyo.
20/10/2015 a las 13:00
top 6!!!!
 Alejandro Carabajal
20/10/2015 a las 13:00
El mejor quinto de la historia
20/10/2015 a las 12:58
Four
20/10/2015 a las 12:57
tri
20/10/2015 a las 12:56
Pri
20/10/2015 a las 13:22
Usted no.
20/10/2015 a las 12:56
Pri
20/10/2015 a las 13:22
Adelante, pase!
20/10/2015 a las 13:24
Como premios a haber sido por fin “el Pri”, ¿podrías leer cuando puedas mi cuento http://www.javierdebarnot.com/2015/09/agua-fiesta.html?