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Fútbol
viernes 26 de marzo, 2004

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viernes 26 de marzo, 2004

Tan lejos del dolor y de la fiesta

       

La noche del 27 de diciembre de 2001, una semana después del caos, ya habíamos tenido cuatro nuevos ex-presidentes, y yo buscaba con desesperación, en Barcelona, un bar con TV satelital para ver a Racing salir campeón en un país que se estaba cayendo a pedazos.

Recuerdo el bar, casi vacío. Dos españoles mirando esa final como quien ve llover, un camarero aburrido y con sueño, y un chico argentino, desgarbado, envuelto en una bandera celeste y blanca, sentado solo en una mesa, agarradito a una botella de Damm. Cristina y yo nos acodamos en la barra. Afuera un invierno cerrado, que no hacía juego con las tribunas que mostraba la tele, con la hinchada enloquecida y en cuero, revoleando las camisetas.

Había sido una semana muy rara. El día veinte me desayuné con esta portada en La Vanguardia, el 21 con esta otra, y desde entonces en los noticieros españoles no se habló de otra cosa más que de la debacle de un pueblo.

Los catalanes me preguntaban por mi familia, si estaban bien, si les había ocurrido algo. Los taxistas —al escuchar mi acento— querían saber cómo era posible, un país tan rico, gente tan culta. Argentina se estaba yendo a la mierda como siempre: es decir, más que nunca. Pero esta vez yo no estaba.

Nunca pensé que sería tan triste el fútbol. Desde que tengo uso de razón, una de los milagros que más deseé en la vida es que Racing saliera campeón mientras viviera mi padre (confié siempre en su longevidad mucho más que en el equipo), que pudiéramos verlo juntos como lo vimos descender en el '83, como lo vimos resurgir un año después, contra Lanús en cancha de River. Ver juntos a Racing campeón, en el sillón de casa o en la cancha, y después ir a una plaza a gritar, o a tocar bocina por la calle venticinco; eso quería yo.

A diez mil kilómetros, tan lejos y tan cerca del milagro, mis ojos miraban el monitor —aburridísimo partido— pero estaban en otra parte: mi vieja trayendo el mate, yendo y viniendo de la cocina al comedor, preguntando "cómo van"; mi papá en su sillón de siempre, mirando la hora, puteando al idiota que llamaba por teléfono (mi papá piensa que si alguien llama por teléfono en medio de un partido trascendente, es mujer o es puto). Y después mi sillón vacío. No podía dejar de pensar en mi hueco sin nadie, y me molestaba en el hígado saber que mi viejo tampoco estaba disfrutando porque le faltaba algo. No podía dejar de pensar que todo el mundo estaba en su sitio menos él y yo.

Cuando el juez señaló el centro del campo y pitó el final, Racing había salido campeón después de 34 años. Yo tenía treinta, y un nudo en la garganta del tamaño de un pomelo. Automáticamente agucé el oído para empezar a oír los bocinazos de los coches por Passeig Sant Joan. El silencio fue como un cachetazo. El chico argentino, desgarbado, que había moqueado en silencio durante todo el partido, ahora había metido la cabeza entre los brazos y se había hundido en el llanto. Pensé que seguramente también pensaba en su padre, en esas ironías.

Entonces miré al camarero y al dueño del bar, a ver si me hacían un guiño, pero lavaban las copas y miraban la hora esperando cerrar, como si en ese pitido arbitral no hubiese cambiado el mundo para siempre. Me acuerdo como si fuera ahora: mientras Macaya Márquez hacía el resúmen del partido, me puse de espaldas a Cristina para que no me pensara un maricón, para que no me viera llorar ni creyera que el fútbol, esa tontería, podía hacerme sufrir.

Lloré de cara a la pared, en un lugar del planeta donde Racing no era nada. Nunca —ni antes ni después— me había sentido tan lejos de todo lo mío, tan a destiempo del mundo, tan del revés de mi vida, tan en orsai, desesperadamente solo. Lejos como nunca del dolor y de la fiesta.

Hernán Casciari
viernes 26 de marzo, 2004


Tan lejos del dolor y de la fiesta

por Hernán Casciari

La noche del 27 de diciembre de 2001, una semana después del caos, ya habíamos tenido cuatro nuevos ex-presidentes, y yo buscaba con desesperación, en Barcelona, un bar con TV satelital para ver a Racing salir campeón en un país que se estaba cayendo a pedazos.

Recuerdo el bar, casi vacío. Dos españoles mirando esa final como quien ve llover, un camarero aburrido y con sueño, y un chico argentino, desgarbado, envuelto en una bandera celeste y blanca, sentado solo en una mesa, agarradito a una botella de Damm. Cristina y yo nos acodamos en la barra. Afuera un invierno cerrado, que no hacía juego con las tribunas que mostraba la tele, con la hinchada enloquecida y en cuero, revoleando las camisetas.

Había sido una semana muy rara. El día veinte me desayuné con esta portada en La Vanguardia, el 21 con esta otra, y desde entonces en los noticieros españoles no se habló de otra cosa más que de la debacle de un pueblo.

Los catalanes me preguntaban por mi familia, si estaban bien, si les había ocurrido algo. Los taxistas —al escuchar mi acento— querían saber cómo era posible, un país tan rico, gente tan culta. Argentina se estaba yendo a la mierda como siempre: es decir, más que nunca. Pero esta vez yo no estaba.

Nunca pensé que sería tan triste el fútbol. Desde que tengo uso de razón, una de los milagros que más deseé en la vida es que Racing saliera campeón mientras viviera mi padre (confié siempre en su longevidad mucho más que en el equipo), que pudiéramos verlo juntos como lo vimos descender en el '83, como lo vimos resurgir un año después, contra Lanús en cancha de River. Ver juntos a Racing campeón, en el sillón de casa o en la cancha, y después ir a una plaza a gritar, o a tocar bocina por la calle venticinco; eso quería yo.

A diez mil kilómetros, tan lejos y tan cerca del milagro, mis ojos miraban el monitor —aburridísimo partido— pero estaban en otra parte: mi vieja trayendo el mate, yendo y viniendo de la cocina al comedor, preguntando "cómo van"; mi papá en su sillón de siempre, mirando la hora, puteando al idiota que llamaba por teléfono (mi papá piensa que si alguien llama por teléfono en medio de un partido trascendente, es mujer o es puto). Y después mi sillón vacío. No podía dejar de pensar en mi hueco sin nadie, y me molestaba en el hígado saber que mi viejo tampoco estaba disfrutando porque le faltaba algo. No podía dejar de pensar que todo el mundo estaba en su sitio menos él y yo.

Cuando el juez señaló el centro del campo y pitó el final, Racing había salido campeón después de 34 años. Yo tenía treinta, y un nudo en la garganta del tamaño de un pomelo. Automáticamente agucé el oído para empezar a oír los bocinazos de los coches por Passeig Sant Joan. El silencio fue como un cachetazo. El chico argentino, desgarbado, que había moqueado en silencio durante todo el partido, ahora había metido la cabeza entre los brazos y se había hundido en el llanto. Pensé que seguramente también pensaba en su padre, en esas ironías.

Entonces miré al camarero y al dueño del bar, a ver si me hacían un guiño, pero lavaban las copas y miraban la hora esperando cerrar, como si en ese pitido arbitral no hubiese cambiado el mundo para siempre. Me acuerdo como si fuera ahora: mientras Macaya Márquez hacía el resúmen del partido, me puse de espaldas a Cristina para que no me pensara un maricón, para que no me viera llorar ni creyera que el fútbol, esa tontería, podía hacerme sufrir.

Lloré de cara a la pared, en un lugar del planeta donde Racing no era nada. Nunca —ni antes ni después— me había sentido tan lejos de todo lo mío, tan a destiempo del mundo, tan del revés de mi vida, tan en orsai, desesperadamente solo. Lejos como nunca del dolor y de la fiesta.

Hernán Casciari
viernes 26 de marzo, 2004


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Pertenece al libro España decí alpiste, de Hernán Casciari. Está a la venta en la Tienda Orsai y te lo mandamos a tu casa sin gastos de envío.


 Maria Eugenia Bardi
13/10/2016 a las 20:16
Todos tus textos tienen ese no se qué, que me encanta. Este es uno de mis favoritos. Me emociona y al mencionar a Racing me sensibiliza mas.. mas alla del fútbol, por el contexto de ese año. Aunque convengamos que fue el año de Racing. Una fiesta dentro de la tristeza del país.
 ramiro gomez
06/10/2016 a las 15:12
Muy buen texto y emotivo, solo un racinguista lo siente asi
 Carlitos
28/06/2016 a las 04:21
Desde nuestra excepcional condición, hasta podemos mirar con cierta lástima a los hinchas de otros equipos groseramente exitosos. Ser hincha de Racing es una magia y una suerte de gloria que los adictos a otros cuadros no pueden ni siquiera presentir...
03/06/2016 a las 16:56
Me ecanta este cuento, solo voy a hacer una corrección que supongo ya te la habrán hecho, volvimos a primera en dos años, no al siguiente, fue contra Atlanta y como bien decís en la cancha de River. Un abrazo grande
16/02/2016 a las 17:32
Uno de los más sinceros textos de tu vida, gordito hermoso.
09/11/2015 a las 10:40
Lastima que la vida obligue a ser pasajero con poco equipaje. En su transitar epileptico agita las maletas, que poco o a poco, como mal cerradas, van perdiendo su contenido.
De forma entonces un reguero de cosas pérdidas, de asideros difuminados en el tiempo, que trazan una línea, un camino que es el tuyo, viajero del olvido.
01/09/2014 a las 17:39
Casciari el tiempo que ha pasado de publicado este post me hace dudar, pero en el quinto párrafo no es "Desde que tengo uso de razón, UNO de los milagros que más deseé..."
Abrazo
15/08/2014 a las 17:30
jajaj yo soy de River y siempre, desde chico conté los puntos contra Racing e independiente como ganados, pero después de leer un sufrimiento racinguista genuino prometo respetarlos mas.Ahora comenzaron el campeonato con muchas infulas.......
 Rafa B
07/03/2014 a las 17:33
Debe ser la cuarta vez que leo este post, pero siempre me deja húmedos los ojos.
 Jhordan PLG
15/01/2014 a las 14:13
Soy de Boca pero a la Academia le tengo un respeto enorme, "muchhaaaaaachos traigan vino juega lacade!!!"
21/06/2012 a las 00:00
A mi me pasó algo similar. Ese día estaba volviendo de mi viaje de egresados desde Brasil.
Los cambios de presidente nos enterabamos por los titulares de los diarios.
Teniamos como 24hs de viaje. Me enteré del resultado a mitad de camino, en la aduana. Enterarte en diferido que sos el nuevo campeón, hace que se pierda la emoción. Solo un hincha más de Racing había en ese colectivo, nos dimos un abrazo triste y después como si nada. HAsta que llegué a Saenz Peña (Chaco), ahi nos dimos un abrazo con mi viejo y mi hermano.
15/08/2012 a las 22:47
En ese momento no lloré, pero cada vez que leo esto... casi.
Mi viejo piensa que el que llama en esos minutos, es pelotudo o extraterrestre.
 Nahuel Delfino
09/05/2012 a las 06:11
Buenisima la nota Hernan, soy del rojo, pero entiendo perfectamente el sentimiento. Igualmente rasin nunca fue nada en el viejo continente ni en Argentina. ajaj saludos.
pablitorojo
05/04/2006 a las 09:01
penoso lo tuyo racing club,de todos modos barbara la vuelta eh, cuanto duro?...es todo lo que se puede hacer.
aguero
14/12/2005 a las 19:08
como no vas a llorar si sos de racing
LuisCarlos
17/09/2005 a las 08:54
Pues sí... con esas líneas el dolor es presente. Pero también pasado. El país se iba a la mierda hacía tiempo, se desconchaba. Pero allí había un pueblo que siempre levantaba el alma y la pena y seguí adelante.
Se les quiere mucho...
desde venezuela
LaPau
16/09/2005 a las 05:12
Ay, que penita. Pero eso fue hace harto tiempo. La mala costumbre de acostumbrarse ¿o no?
Osa
16/09/2005 a las 01:24
Esta casciarización resultó muy emotiva, Hernán.
Matu
14/09/2005 a las 19:53
Fue así, Hernán. Lo que tardó tanto en llegar, llegó en un momento de mierda, y nos agarró en cualquier lado, menos donde soñábamos estar.
A mi me agarró en un bar de Río Ceballos (Córdoba). Yo de Independiente y mi hermano bostero, y los dos llorando de emoción, porque por sobre todas las cosas, somos del Sur.
Para tu tranquilidad, y según me cuentan, el silencio post partido fue igual (o casi igual) en Avellaneda. Después tuvieron que cortar Mitre, pero nadie sabía si era un festejo o un acto del M.I.D.
Futuro exiliado
02/08/2005 a las 03:23
Me imagino que debe ser complicado para alguien que esta lejos de su patria tanto tiempo y ademas hincha de racing haber vivido dias tan significativos con un entorno tan indiferente a situaciones de tal magnitud. Pero leyendo la reseña en el articulo de la tapa de clarin de racing campeon, esta misimisimamente el contrapeso de la balanza que mide los hibridos animos de aquel que emigro. Abajo del albiceleste titular racing campeon se lee en times new roman bien grande "Autorizan a pagar en pesos 1 a 1 las deudas en dolares". Hoy 2 de agosto del 2005 resulta comiquisimo dicho titular, mas proveniendo de una corporacion multimedial que abogo por la pesificacion de los depositos ya que era lo que le convenia corporativamente. Entiendo la nostalgia que pudo haberte significado estar lejos de tan significativo dia, pero mismisimamente en la tapa del diaro que documenta el motivo de tu nostalgia, inmediatamente debajo aparece el porque las vibraciones del pueblo argentino cada dia mas se viven via satelite.
tortu
11/07/2005 a las 19:09
mi vista no es la de antes...despues de terminar de leer, miro el titulo en el encabezado del explorer y leo " I AM lejos...en vez de TAN lejos.." y digo " q buen titulo puso el guacho!!"
le erre como un boludo...
aguante racing
31/01/2005 a las 02:03
aguante racing , los del rojo son amargos, resentidos y mufas.. son un asco resentidos..

www.elforo.de/racingclub
La_oruga_Gritona
28/03/2004 a las 07:35
Qué bonito, qué triste...
Más o menos lo que le pasó a Mafalda esperando que la Academia le entregase el Oscar al Pájaro Loco...
(Y, sim embargo, nosotros sabemos que ese día llegará.)
chori
27/03/2004 a las 05:33
ROBERTO Y HERNAN:
Ojalá esta Argentina no siga provocando estas distancias entre seres queridos que tanto daño hace (no sé si etimológicamente tendrá algo que ver pero la palabra desarraigo suena a desgarro), por suerte no me ha tocado de cerca pero muchas familias amigas sufren estos desgarros del alma que invitan a recordar eso que dijo Castillo "La vida es una herida absurda"
Pero les aclaro algo a los dos: Racing es yetatore, si hubiese salido campeón Boca teníamos de La Rua para rato ¡qué lástima!
lununa
27/03/2004 a las 03:18
¿Que decí, Roberto?
Roberto
27/03/2004 a las 02:50
MUY LINDA TU NOTA Y POR REAL LO QUE CONTAS QUE ME PASO.- pERO FUE MUY FUERTE PARA MI.-
UN BESO Y GRACIAS
ROBERTO
lununa
26/03/2004 a las 18:56
Y, fue un año de milagros: la clase media salió a la calle, racing campeón...
Igual, no te sientas solo, yo vivo en Avellaneda y acá (por lo menos en esta casa), racing tampoco significa nada. ;)
Guty
26/03/2004 a las 18:32
Vamos, que esa vez nos afanaron el campeonato a nosotros :)
De todos modos me imagino como te habrás sentido. Es como estar lejos el día del cumple de un ser querido e imaginarte el festejo, en fin, que acá la Guardia Imperial seguro te reserva un lugar.
Hinchada admirable la de Racing.
Anika
26/03/2004 a las 15:51
Hernán, no creo que tu mujer si te hubiera visto las lágrimas en aquél momento hubiera pensado que eran por el fútbol. Esas cosas así, con cierta simpleza, sólo las piensan algunos y algunas que no son capaces de ponerse en el lugar de los otros. Cristina seguro que no es así. A veces uno no quiere hacer sufrir a los que ama e intenta mostrarse fuerte, pero en la mayor parte de las ocasiones los otros ya saben cuanto estamos sufriendo aunque nos escondamos.

Un beso. También a Cristina.
KaLLiSTei
26/03/2004 a las 15:03
Estimado bender,

Aclararte que lo único que salteo, a veces y no sin dificultad, son unos ajillos con gambas. Por lo demás, haya salud.
Diablita
26/03/2004 a las 14:25
Cuando estás lejos, las cosas que te parecían terribles y que, posiblemente fueron las que te motivaron a irte, se minimizan y la sensación corre por otro lado y las cosas a las que acá tomabas como algo cotidiano, se sienten desde el dolor y te invade una penita inmensa por no tenerlas.
Cuando yo estaba lejos extrañaba los pozos de las calles de mi barrio; Crónica tv; los quilombos diarios contados en nuestra lengua y desde nuestra idioscincracia; las chicharras cuando el calor; los bondis con ese olor a bondi argentino... Todo!
Hoy, acá, vuelvo a putear en contra de todo eso, porque sinó, no sería argentina, pero cómo lo disfruto!
shered
26/03/2004 a las 13:57
Hernan:

Esta vez si que me hiciste llorar.

Y es que en esa fecha yo lo que más deseaba en el mundo era irme de la Argentina en crisis. A seis meses de un divorcio y con los enanos por criar solita y sola mi alma. España sonaba prometedora y decía esperarme de brazos abiertos. El caso es que, nunca pude irme; el padre de mis enanos se niega a mantenerlos pero tambien se niega a firmar los papeles de emigración; y las leyes en este pais son rápidas para joderte y lentas para ayudarte, asi que acá estoy.
Mi madre solía decir entonces: "si te vas va a ser mejor para vos y los chicos... pero no estoy segura que lo soportes... todos extrañan mucho" y es que mis primas lloraban por teléfono a moco tendido esos primeros meses de emigradas.

En fin, no se que hubiera sido de mí, pero que hubiera llorado no me cabe la menor duda. Eso sí, nunca por Racing, en todo caso por Boquita.

Besos Hernan,Cristina y Nina. Que estando lejos estan tan cerca.
La Romu
26/03/2004 a las 13:41
Mi papá decía que el día que Racing salga campeón, era porque el mundo se iba a acabar. Y algo de razón tuvo, porque según leo en tu crónica Racing salió campeón (qué querés, salgo poco) y la Argentina casi se acaba en serio; de eso sí me acuerdo.
Por lo otro, uno nunca sabe el verdadero precio de las cosas, hasta que lo empieza a pagar.
Mentecato
26/03/2004 a las 13:04
En verdad me hiciste saltar un lagrimon, que triste es ser de Ra cinclub y alentar en la tribuna a una empresa, que lo pario.
bender
26/03/2004 a las 12:16
Amigo KaLLiSTei,

Suelo sostener la teoría -entre otras muchas quejas que disfrazo de igual manera- que las féminas comienzan a leer salteandose los títulos, copetes, volantas; es decir: todo aquello que está sobre EL texto. Agradezco tu comment pues me permite construir la siguiente teoría: los hombres -¿quizá eres mujer "cabeza abajo"?- no leen aquello que está por dejabo dEL texto.
Cordiales saludos,

bender

P.S.: siempre notable Clarín....
P.S.: tengamos en cuenta que ra-sin-clú sólo podía salir campeón en esas circunstancias...
KaLLiSTei
26/03/2004 a las 11:49
Muy emotivo. No soy argentino, ni emigrado (llevamos dos generaciones con suerte y por ahora no hubo falta) pero me llegó, más de lo que creía que me podía llegar. Siento tu dolor, y más dolor siento al pensar que todos los emigrados puedan sentirlo, y sobre todo ella, que también vino. Si el teclado fuera mío dejaría que se mojase, "mira vos".

Y ahora Hernán, permítime una pregunta, que si quieres nos lo dices, y sino, pues me dices que no sabes/no contestas y no pasa nada: ¿eres tú el autor del "Diario de Letizia Ortiz"? Ya sabes, la futura princesa (no pongo reina, que somos muchos los que no comulgamos, y el tiempo largo). Igual ya se preguntó, igual ya se respondió, pero igual me gustaría saberlo. Es ingeniosa la Letizia del weblog, que ya suponía yo que lo de esquiar se le daba de miedo, que seguramente empezó a practicar mucho antes que el principín, je.

Gracias por la respuesta, y por el drenaje de los ojos.

Espero que la nena Nina venga sin problemas y sana.

¡Salud!