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Autoayuda
miércoles 10 de marzo, 2004

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miércoles 10 de marzo, 2004

Técnicas literarias

       

Esta noche, viajando en el N-6, pensaba en la siguiente metáfora: "Fulano caminaba por la calle con la seguridad y el alivio de aquellos a quienes se les ha destapado la nariz después de cuatro meses". Me pareció gracioso el recurso, más que nada porque en la metáfora misma había una pequeña historia escondida: la de un grupo de gente que anda toda una época con la nariz tapada y de un día para el otro, ¡zas!, otra vez el aire a los pulmones y a caminar por la vereda sacando pecho.

Y me dije que lo que esa metáfora tenía de bueno era una generalización poco corriente. Enseguida pensé en Felisberto Hernández, que tenía mucha personalidad en sus comparaciones, porque iba de lo ilógico a lo lógico. Esto no es lo mismo, pero lleva su rumbo de eficacia. Lo llevé paroxismo:

«Mengano se asustó tanto que puso ese gesto que usan las personas cuando se zambullen en una piscina con los ojos abiertos y descubren en el fondo, atadas con correas, a sus madres ahogadas desde hace días».

Estaba muy bien, me dije, y sonreí taciturno en la butaca del colectivo, convencido de que había llegado a alguna parte. En seguida me dije que haría un cuento absurdo en el que insertaría uno de estos recursos cada dos o tres renglones. Una voz a mi lado, sin embargo, me aconsejó:

—No, Gordito... Las buenas ideas se agotan en un párrafo si no guardan una mínima sutileza.

La voz interna que me interrumpía me pareció sabia, y quise seguir oyéndola. Continuó:

—Es muy difícil que el estilo pueda surgir de una idea formal, pero más que nada es estúpido intentar que ocurra de ese modo.

Me quedé pensativo y confuso, igual que esas mujeres que son violadas por un grupo numeroso de turistas europeos borrachos y a los nueve meses no saben la nacionalidad del padre de sus hijos. Le pregunté a esa voz interna:

—¿Y entonces el estilo no tiene nada que ver con las metáforas que uno utiliza para contar historias?

La voz encendió un cigarrillo y miró por la ventanilla. Dijo:

—Ni con las metáforas ni con ningún recurso teórico, m'hijo. El estilo nace de una espontaneidad que surge en el momento que uno menos se lo espera, y debe recibirse con la misma naturalidad que se reciben las noticias postales de esas venezolanas que, después de muchos años, nos mandan una carta diciéndonos que no han podido olvidar el verano en el que les hicimos el amor en Isla Margarita.

Miré a mi voz interna con bastante bronca, puesto que ella ya estaba plagiando mi recurso metafórico antes aún de que yo mismo lo plasmara en uno de mis cuentos.

—La puta que te parió, voz interna —le dije—, estás usando el recurso que vos misma me recomendás no usar.

La voz sonrió y meneó la cabeza.

—¿No te das cuenta, salamín? —me dijo, fraternalmente— Si tu voz interna, que vendría ser yo, está usando tu recurso, es porque lo has internalizado y ya no forma parte de tu costado conceptual: ha encarnado en vos y es algo inherente a tu subconciencia. Usálo, ahora sí sentate y escribí como se te cante el orto.

Dicho lo cual, la voz interna se bajó en la parada de Rosselló y Diagonal, igual que esos pasajeros que perciben que la gorda de la punta se ha tirado el pedo más espantoso de la década y deciden salir del radio que emana el olor, o directamente apearse del convoy en movimiento y seguir su recorrido a pie.

Hernán Casciari
miércoles 10 de marzo, 2004


Técnicas literarias

por Hernán Casciari

Esta noche, viajando en el N-6, pensaba en la siguiente metáfora: "Fulano caminaba por la calle con la seguridad y el alivio de aquellos a quienes se les ha destapado la nariz después de cuatro meses". Me pareció gracioso el recurso, más que nada porque en la metáfora misma había una pequeña historia escondida: la de un grupo de gente que anda toda una época con la nariz tapada y de un día para el otro, ¡zas!, otra vez el aire a los pulmones y a caminar por la vereda sacando pecho.

Y me dije que lo que esa metáfora tenía de bueno era una generalización poco corriente. Enseguida pensé en Felisberto Hernández, que tenía mucha personalidad en sus comparaciones, porque iba de lo ilógico a lo lógico. Esto no es lo mismo, pero lleva su rumbo de eficacia. Lo llevé paroxismo:

«Mengano se asustó tanto que puso ese gesto que usan las personas cuando se zambullen en una piscina con los ojos abiertos y descubren en el fondo, atadas con correas, a sus madres ahogadas desde hace días».

Estaba muy bien, me dije, y sonreí taciturno en la butaca del colectivo, convencido de que había llegado a alguna parte. En seguida me dije que haría un cuento absurdo en el que insertaría uno de estos recursos cada dos o tres renglones. Una voz a mi lado, sin embargo, me aconsejó:

—No, Gordito... Las buenas ideas se agotan en un párrafo si no guardan una mínima sutileza.

La voz interna que me interrumpía me pareció sabia, y quise seguir oyéndola. Continuó:

—Es muy difícil que el estilo pueda surgir de una idea formal, pero más que nada es estúpido intentar que ocurra de ese modo.

Me quedé pensativo y confuso, igual que esas mujeres que son violadas por un grupo numeroso de turistas europeos borrachos y a los nueve meses no saben la nacionalidad del padre de sus hijos. Le pregunté a esa voz interna:

—¿Y entonces el estilo no tiene nada que ver con las metáforas que uno utiliza para contar historias?

La voz encendió un cigarrillo y miró por la ventanilla. Dijo:

—Ni con las metáforas ni con ningún recurso teórico, m'hijo. El estilo nace de una espontaneidad que surge en el momento que uno menos se lo espera, y debe recibirse con la misma naturalidad que se reciben las noticias postales de esas venezolanas que, después de muchos años, nos mandan una carta diciéndonos que no han podido olvidar el verano en el que les hicimos el amor en Isla Margarita.

Miré a mi voz interna con bastante bronca, puesto que ella ya estaba plagiando mi recurso metafórico antes aún de que yo mismo lo plasmara en uno de mis cuentos.

—La puta que te parió, voz interna —le dije—, estás usando el recurso que vos misma me recomendás no usar.

La voz sonrió y meneó la cabeza.

—¿No te das cuenta, salamín? —me dijo, fraternalmente— Si tu voz interna, que vendría ser yo, está usando tu recurso, es porque lo has internalizado y ya no forma parte de tu costado conceptual: ha encarnado en vos y es algo inherente a tu subconciencia. Usálo, ahora sí sentate y escribí como se te cante el orto.

Dicho lo cual, la voz interna se bajó en la parada de Rosselló y Diagonal, igual que esos pasajeros que perciben que la gorda de la punta se ha tirado el pedo más espantoso de la década y deciden salir del radio que emana el olor, o directamente apearse del convoy en movimiento y seguir su recorrido a pie.

Hernán Casciari
miércoles 10 de marzo, 2004


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Pertenece al libro Charlas con mi hemisferio derecho, de Hernán Casciari. Está a la venta en la Tienda Orsai y te lo mandamos a tu casa sin gastos de envío.


09/11/2015 a las 11:55
Jajaja, buena lección. Me siento como aquel niño cuando descubre que los Reyes magos no tenían gps.


Un saludo!
19/02/2015 a las 03:17
Más preciso imposible...
30/11/2012 a las 23:56
cuantos recuerdos me trae tu relato, lo de la narí lo experimento cada cambio de estación, tengo sinusitis crónica, en mi pueblo los violadores no eran europeos, eran motoqueros del gran buenos aires, lo del colectivo nos pasaba seguido cuando el cabeón cossi nos llevaba a la escuela pero no nos dejaba bajar.
luis ricardo
13/05/2005 a las 00:07
Estoy sorprendido como el gato que entró en la casa de uno de sus amos y en lugar de plato de leche le hubieran puesto un pollo rostizado.
maria
19/11/2004 a las 05:44
Quisiera compartir con todos la sensacion la emocion que produce la aparicion del sentimiento de amistad, por lo que logramos producir en el otro y cuando realmente el corazon se siente feliz, por tener la posibilidad, y el regalo de tener una amiga de verdad, que nos ayude a entender, que nos acompañe en el camino de todos los dias lleno de cosas, esas de la vida cotidiana, alegrias, penas. Hoy estoy conmovida porque ademas de las quejas, que uno escucha, de los lamentos que a veces nosotros mismos emitimos, exclamar esta gracia, es tambien un milagro que la vida hoy me ha regalado.
norma
23/10/2004 a las 20:51
espero que me contesten o me manden algo bueno, la pagina me encantooooooo.
jorge solis
14/09/2004 a las 18:10
Solo deceseo comentar, que si usted puede facilitarme algunas informaciones, datos, documentos y demas; para poder escribir poesia.
De lo referente a las estrofas metricas, o no es necesario escribir en versos, se puede romper ciertas reglas y escribir por escribir sin salirse de lo que uno decea dar a entender.

Espero con gran entusiasmo su contestacion, gracias y exito en todo lo que se propongan a realizar...
féminis
11/03/2004 a las 20:11
Metáforas??, la más linda que he oído en toda mi vida: "feliz, como lombriz". Ninguna otra podrá igualarla. Y puede utilizarse en cualquier contexto. Feliz como lombriz le presto, Mr. Hernán, esta frase para cuando guste escribirla en algún cuento. (Jo!).
Jose Luis
11/03/2004 a las 16:41
Bueno y en contexto parece que lo de -gordito- tambien quedo internalizado, cuidado Hernan, por un lado nos dices no me gusta y por otro lo usas, -al menos tu voz interna-.

Me ha gustado el juego de metaforas, es una meta-metafora, a ver un momento metafora ya lleva meta. Mmmm.... interesante de que manera tan natural se habla de ella en el tercer nivel de referentes.
Guty
11/03/2004 a las 12:40
Lununa: esas metáforas de la tradición oral que mencionás, son, además, pequeñas verdades. En especial la de los perros :)
lununa
11/03/2004 a las 02:35
Metáforas éstas que no son mas que los parientes intelectuales de "mas perdido que turco en la neblina" "desubicado como chupete en la oreja" "haciéndose el gil como perro que se lo están c...", y otros etc. de la tradición oral.
Guty
10/03/2004 a las 20:47
Buenisimo!!

Me gusta esta frase:

"—No, Gordito... Las buenas ideas se agotan en un párrafo si no guardan una mínima sutileza."

Y no por lo de "Gordito" :)

Saludos.
José Luis
10/03/2004 a las 18:32
Supongo que estos recursos son como esas monedas que los árbitros lanzan al aire en los partidos de fútbol y después guardan nuevamente con esa escrupulosidad propia de las vírgenes de más de veinte, para usar sólo de domingo en domingo.
Pablo
10/03/2004 a las 17:48
Lo siento, pero el recurso del pedo expiró desde el momento en que el pedo más espantoso de la década me lo tiré yo el 12 de Noviembre de 2003, en medio de gritos, desbandes de personas y 15 hospitalizados en el Fernandez.
Diablita
10/03/2004 a las 14:47
Muy bueno!
Bea
10/03/2004 a las 14:38
Ahhhhhh por fin, por fin... ;-)
Edmundo Marino
10/03/2004 a las 14:29
Antes que las metáforas (sacando las de Felisberto, que son raras) prefiero las historias que tienen, adentro, una gran metáfora, como este diálogo que aparece en la película nueva de Almodóvar.

Enrique: “La ola de frío que azota Castilla-La Mancha se ha cobrado ya su primera víctima. Un motociclista muere congelado, en plena autopista número cuatro, y continúa conduciendo 90 km después de muerto. Una pareja de guardias civiles le echaron el alto y como el motorista no reaccionó le siguieron hasta alcanzarle. Se pusieron a su lado y le increparon para que desistiera de su actitud. Viendo que el motorista no se movía, comprendieron que algo extraño ocurría.”

Martín: Parece increíble...
cristian
10/03/2004 a las 13:56
Conchadelalora que manera de cagarme de risa Hernán, todo un mundo de ventanas...
Aparte con esto del FMI que se vaya todo a la merdadelavirgenmaria...
La Romu
10/03/2004 a las 13:31
El texto de hoy es sorpresivo, fresco y burbujeante, como una botella de Asti que descubrimos al fondo de la heladera de una casa que entramos a robar aprovechando que los dueños están en la ópera. Lo que sí, me pregunto que opinaría Mirta viendo las cantidad de palabrotas que usás sobre el final, corazón. Seguro quedaría anonadada como una señora que se va de luna de miel, y en medio de un rejunte de pelos descubre que en realidad es un personaje.
Fle
10/03/2004 a las 12:58
¿De verdá una mujer que es violada por una cantidad incontable de energúmenos turistas borrachos de diferentes nacionalidades europeas (y no europeas, eh!! Qu'en tos laos cuecen habas...) decide tener los hijos de esos bastardos? ¿De verdá se queda flipada cuando, aún así, los tiene y se da cuenta que una de las criaturas le ha salido clonada a la Shiffer con esos ojitos claros, esa piel pálida y esos pelos rubios y la otra de un moreno despampanante con una cantidá de pelos bárbara y unos ojos grandes y oscuros como las alas teñidas de los cuervos en épocas invernales?

Pos jopé con la metáfora, leñe...

Por lo demás, pues en tu línea, fas.ci.nan.te! :)

Besitos, Hernán!!
Rax
10/03/2004 a las 06:41
...Rax leyó su mensaje anterior y se avergonzó como le pasa a las bibliotecarias cuarentonas cuando las encuentra un cliente leyendo una novela erotico-pornográfica bajo la portada en rústica de 'Ariel', de Rodó.
Por cierto que luego de avergonzarse, Rax rodó, como Ariel el rústico cuando se portó bajo con la pornografía erótica de una novela sobre una ley que prohibe que clientes encontrados pongan en cuarentena a bibliotecarias pasadas...
(Nada, que es tarde y estoy cansada y digo incoherencias... pero me gustó mucho la técnica literaria! -tendré que practicarla más-)
Rax
10/03/2004 a las 06:28
Ah, tu texto me ha dejado tan sorprendida como... como... (entre la urgencia de postear veloz, para ser la primera, y la necesidad de escribir despacio, para encontrar una metáfora a tono, me detengo bruscamente, elijo con torpeza y fines triviales, pensando que luego de darle enviar me puedo tomar unos minutillos para escribir, ahora sí, algo que valga la pena)...