Orsai blog post

Vida privada
martes 21 de junio, 2005

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Vida privada
martes 21 de junio, 2005

Una carta para Hugo Laurencena

   

Vamos a ver. Dejame que haga memoria. Esto que te voy a contar pasó hace casi quince años, en Buenos Aires. El kiosco estaba en Santa Fé casi esquina Cerrito. Un drugstore, toda la noche abierto. Vos venías de Alexis, haciendo zigzag y hablando solo. Un borracho más a las dos de la mañana, pensamos nosotros. Los ojos colorados, media sonrisa. No me acuerdo qué nos pediste: cigarrillos, lo más probable.

A esa hora no es difícil que se te pongan a hablar los borrachos. Estábamos acostumbrados. Chiri hacía los viernes horario nocturno en el drugstore, y yo le hacía al aguante. No tenía por qué, pero somos amigos desde la comunión, y ése no era un trabajo interesante; yo le daba charla, por lo menos. Vos apareciste borracho, pero con clase. Atrás tuyo entraron tres turistas ingleses (las dos minas estaban buenas). Nos dimos cuenta que tenías clase porque a las minas les decías chanchadas llenas de altura. No sé cómo vino la mano, pero al rato estábamos tomándonos con vos unas Coronitas en el mostrador.

No te creímos una sola palabra. Nada de nada. Nosotros, antes de que llegaras, estábamos escuchando a Piazzolla en un grabador. Todavía no se había muerto Piazzolla, estábamos en 1992, pero no era invierno. Cuando, en medio de tu borrachera, entendiste que aquello era La Muerte del Ángel, nos empezaste a hablar de Piazzolla, pero de un modo extraño. Como si lo conocieras. Chiri y yo nos mirábamos de reojo. Vos le decías «el Gato», y decías que habías comido con él en no sé dónde. Un borracho con imaginación.

Al rato nos empezamos a caer bien.

O nos caía bien la noche. Una de dos.

Dijiste:

—Tengo que volver a Alexis, pero en media hora vuelvo y nos vamos a mi casa a tomarnos la última — y te fuiste al cabaret, otra vez haciendo zigzag y hablando solo.

Chiri y yo teníamos poco más de veinte años. Ni vos tenías porte de puto viejo, ni nosotros de pendejos tiernos. Sin decirnos nada (nos conocemos desde la comunión) supimos que no nos querías coger. Que no iba por ahí. Que posiblemente todo era tan simple como que te querías tomar la penúltima en tu casa, y no estar solo. Si hubieras sido un borracho denso, si no hubieras dicho treinta cosas inteligentes en media hora, habríamos cerrado el kiosco sin esperarte.

Pero habías hablado, arrastrando todas las erres del mundo, de cosas importantes. Nos habías confesado que no entendías dos frases. Una: «Hace calor o soy yo». La otra: «Cualquier cosita llamáme». A nosotros nos pasaba lo mismo: no entendíamos cómo la gente era capaz de hablar sin entender, automáticamente, diciendo cosas que no tenían gollete. Pero solamente podíamos hablar entre nosotros sobre esas barbaridades. Por eso fue que cerramos el kiosco y te esperamos. Porque aunque estuvieras borracho y aunque nos mintieras una amistad con Piazzola, podías ver el mundo, el pequeño mundo, el más imbécil, tomándote unas Coronitas.

Volviste tarde de Alexis, haciendo zigzag. Metimos otras cervezas frescas en un bolso y te seguimos. Encaramos Cerrito. No me acuerdo por dónde fuimos, pero era cerca. Si tuviera un mapa (ahora vivo en Barcelona) o si estuviera Chiri, que se acuerda de todo, te decía por dónde fuimos, pero es una parte que se me escapa de la memoria.

Era cerca de una embajada, eso sí. ¿La de Israel? Antes de llegar, quisiste cruzar por otra parte, había una barranca importante y a la tarde había garuado. El tema es que resbalamos, los tres. En realidad resbalaste vos, te agarraste de mí, yo de Chiri, y nos fuimos todos en picada. Nos pusimos de barro hasta el culo, pero la risa que nos dio valió la pena.

La cara del portero de tu edificio fue para hacerle una foto. Cuando te vio llegar con nosotros, tu cara llena de barro, nuestros ojos llenos de risa, hizo un gesto de «otra vez, don Hugo, ya está usted grande». Tu portero te dio una botella de wisky casero, sin etiquetas. Dijo que alguien te lo había traido de regalo y lo había dejado en recepción. Nosotros mirábamos el edificio, demasiado imponente para que viviera ahí un borracho que no tenía dónde caerse muerto.

Yo te creí lo de Piazzolla cuando entré al atelier y vi, pegada en la pared con una chinche, una foto tuya sentado a la mesa con Fellini. La puta madre. Después vimos los cuadros. Estabas terminando la serie de los zapatos. No me acuerdo si el Autorretrato estaba allí, o si lo vi más tarde, otro año, en otra parte.

Nos sentamos en unos sillones. Pusiste de fondo la MTV. Ni siquiera me acordaba al día siguiente de qué hablamos todo ese tiempo. Así que es imposible que me acuerde ahora. Desde que llegamos, borrachos paulatinos también nosotros, todo se me desdibuja. Solamente me queda una sensación de pequeño viaje al fondo de Buenos Aires, de conversación fluida, hiperactiva y absurda.

Creo que nunca supiste nuestros nombres. Nosotros te los dijimos un par de veces, porque vos lo preguntabas bastante, como cualquier borracho. Pero también como cualquier borracho nos bautizaste. Toda esa noche fuimos Tito y Cepillo. A mí me pusiste Cepillo porque tenía el pelo gracioso. Al Chiri no sé por qué lo bautizaste Tito.

El milagro de entrecasa ocurrió ya entrada la madrugada. Hablábamos de algo y dijiste que habías nacido el 16 de marzo. Obviamente, dije "yo también" con la sorpresa que te da descubrir esas idioteces en medio de la borrachera, en medio de las grandes ocasiones. Hiciste un escándalo. Me pediste los documentos, te cercioraste, después nos abrazamos y dijimos que éramos hermanos. Para festejar nos llevaste a la azotea. Vos corregime si me equivoco, pero creo que estábamos en un piso 25. Por lo menos eso parecía. Ya en la terraza, incluso nos subimos al techito del ascensor. Más arriba no podíamos estar.

Yo jamás había visto Buenos Aires de ese modo. Chiri tampoco. Había un viento que acá en Barcelona no hay. Tampoco hay noches así, en el primer mundo. Además teníamos veinte años, y teníamos la cabeza llena de cosas. Proyectos, guiones, novelas. No éramos porteños, para que se entienda. Estábamos convencidos que íbamos a vivir de escribir, tarde o temprano. Y vos nos subiste a la parte más alta de una ciudad hermosa, y abriste ese wisky de regalo.

Me acuerdo unas pocas cosas más. Me acuerdo que cada vez estabas más borracho, pero que nunca perdías la clase. Me acuerdo de haber pensado: «Qué lástima, Hugo mañana no se va a acordar de todo esto». (Uno de los motivos por el que te escribo es solamente para que te acuerdes.)

Había una bombita de veinte, encendida, colgando en la terraza. Detrás, todas las luces de la ciudad. Te la quedaste mirando un segundo, nos la señalaste, nos advertiste de su presencia invisible. Dijiste:

—¡Miren la impertinencia de ese foquito!

Esa boludez nos quedó grabada, a Chiri y a mí, durante todos estos años. Me parece que descubrimos que la gente que pinta ve otra cosa, ve distinto de lo que ve la gente que escribe. Descubrimos, en ese segundo, que no había otra palabra posible para ese foco: era impertinente, y era maravilloso que un pintor, incluso borracho, lo supiera tan fácil.

Nos despediste en el ascensor de la terraza. Ni siquera volvimos al atelier. Vos querías seguir, pero Chiri tenía que volver al kiosco temprano. Antes de irnos, nos pusiste de espaldas, mirando Buenos Aires y dijiste textualmente:

—Todo esto es de ustedes, Tito y Cepillo. Dios no tiene nada malo para ustedes dos.

Bajamos. Nos fuimos a casa, llenos de barro y con la cabeza como dos tambores. Durante algunos días nos llamábamos a nosotros mismos Tito y Cepillo. Durante algunos días le contamos a nuestros amigos esa noche, que parecía un cuento. Y estábamos contentos de haber sido tus amigos esas cuatro o cinco horas.

Durante mucho tiempo quise escribir algo con esto que rememoro hoy. Nunca lo hice, porque no creo que pueda explicar qué tuvo de raro, o qué tiene ahora de milagro. Las palabras no sirven para todo. Contártelo esta noche (que he encontrado tu web con un formulario de contacto) es una manera de no quedarme con las ganas de haberlo escrito. Además sigo pensando que vos no te acordás —que no te acordaste nunca—, y no está mal que casi quince años después te lleguen estas incoherencias a la memoria como si fueran un déjà vu.

Para mí Buenos Aires se puede resumir en esa noche. Todo lo bueno que te puede pasar con un desconocido, pasó ahí. Para nosotros siempre fue un acontecimiento onírico, un hecho inicial. Algo ya nos decía, por esas épocas, que el mundo era maravilloso. Y vos viniste a decirnos que además era nuestro.

Un gran abrazo, Hugo.

Hernán Casciari
martes 21 de junio, 2005


Una carta para Hugo Laurencena

por Hernán Casciari

Vamos a ver. Dejame que haga memoria. Esto que te voy a contar pasó hace casi quince años, en Buenos Aires. El kiosco estaba en Santa Fé casi esquina Cerrito. Un drugstore, toda la noche abierto. Vos venías de Alexis, haciendo zigzag y hablando solo. Un borracho más a las dos de la mañana, pensamos nosotros. Los ojos colorados, media sonrisa. No me acuerdo qué nos pediste: cigarrillos, lo más probable.

A esa hora no es difícil que se te pongan a hablar los borrachos. Estábamos acostumbrados. Chiri hacía los viernes horario nocturno en el drugstore, y yo le hacía al aguante. No tenía por qué, pero somos amigos desde la comunión, y ése no era un trabajo interesante; yo le daba charla, por lo menos. Vos apareciste borracho, pero con clase. Atrás tuyo entraron tres turistas ingleses (las dos minas estaban buenas). Nos dimos cuenta que tenías clase porque a las minas les decías chanchadas llenas de altura. No sé cómo vino la mano, pero al rato estábamos tomándonos con vos unas Coronitas en el mostrador.

No te creímos una sola palabra. Nada de nada. Nosotros, antes de que llegaras, estábamos escuchando a Piazzolla en un grabador. Todavía no se había muerto Piazzolla, estábamos en 1992, pero no era invierno. Cuando, en medio de tu borrachera, entendiste que aquello era La Muerte del Ángel, nos empezaste a hablar de Piazzolla, pero de un modo extraño. Como si lo conocieras. Chiri y yo nos mirábamos de reojo. Vos le decías «el Gato», y decías que habías comido con él en no sé dónde. Un borracho con imaginación.

Al rato nos empezamos a caer bien.

O nos caía bien la noche. Una de dos.

Dijiste:

—Tengo que volver a Alexis, pero en media hora vuelvo y nos vamos a mi casa a tomarnos la última — y te fuiste al cabaret, otra vez haciendo zigzag y hablando solo.

Chiri y yo teníamos poco más de veinte años. Ni vos tenías porte de puto viejo, ni nosotros de pendejos tiernos. Sin decirnos nada (nos conocemos desde la comunión) supimos que no nos querías coger. Que no iba por ahí. Que posiblemente todo era tan simple como que te querías tomar la penúltima en tu casa, y no estar solo. Si hubieras sido un borracho denso, si no hubieras dicho treinta cosas inteligentes en media hora, habríamos cerrado el kiosco sin esperarte.

Pero habías hablado, arrastrando todas las erres del mundo, de cosas importantes. Nos habías confesado que no entendías dos frases. Una: «Hace calor o soy yo». La otra: «Cualquier cosita llamáme». A nosotros nos pasaba lo mismo: no entendíamos cómo la gente era capaz de hablar sin entender, automáticamente, diciendo cosas que no tenían gollete. Pero solamente podíamos hablar entre nosotros sobre esas barbaridades. Por eso fue que cerramos el kiosco y te esperamos. Porque aunque estuvieras borracho y aunque nos mintieras una amistad con Piazzola, podías ver el mundo, el pequeño mundo, el más imbécil, tomándote unas Coronitas.

Volviste tarde de Alexis, haciendo zigzag. Metimos otras cervezas frescas en un bolso y te seguimos. Encaramos Cerrito. No me acuerdo por dónde fuimos, pero era cerca. Si tuviera un mapa (ahora vivo en Barcelona) o si estuviera Chiri, que se acuerda de todo, te decía por dónde fuimos, pero es una parte que se me escapa de la memoria.

Era cerca de una embajada, eso sí. ¿La de Israel? Antes de llegar, quisiste cruzar por otra parte, había una barranca importante y a la tarde había garuado. El tema es que resbalamos, los tres. En realidad resbalaste vos, te agarraste de mí, yo de Chiri, y nos fuimos todos en picada. Nos pusimos de barro hasta el culo, pero la risa que nos dio valió la pena.

La cara del portero de tu edificio fue para hacerle una foto. Cuando te vio llegar con nosotros, tu cara llena de barro, nuestros ojos llenos de risa, hizo un gesto de «otra vez, don Hugo, ya está usted grande». Tu portero te dio una botella de wisky casero, sin etiquetas. Dijo que alguien te lo había traido de regalo y lo había dejado en recepción. Nosotros mirábamos el edificio, demasiado imponente para que viviera ahí un borracho que no tenía dónde caerse muerto.

Yo te creí lo de Piazzolla cuando entré al atelier y vi, pegada en la pared con una chinche, una foto tuya sentado a la mesa con Fellini. La puta madre. Después vimos los cuadros. Estabas terminando la serie de los zapatos. No me acuerdo si el Autorretrato estaba allí, o si lo vi más tarde, otro año, en otra parte.

Nos sentamos en unos sillones. Pusiste de fondo la MTV. Ni siquiera me acordaba al día siguiente de qué hablamos todo ese tiempo. Así que es imposible que me acuerde ahora. Desde que llegamos, borrachos paulatinos también nosotros, todo se me desdibuja. Solamente me queda una sensación de pequeño viaje al fondo de Buenos Aires, de conversación fluida, hiperactiva y absurda.

Creo que nunca supiste nuestros nombres. Nosotros te los dijimos un par de veces, porque vos lo preguntabas bastante, como cualquier borracho. Pero también como cualquier borracho nos bautizaste. Toda esa noche fuimos Tito y Cepillo. A mí me pusiste Cepillo porque tenía el pelo gracioso. Al Chiri no sé por qué lo bautizaste Tito.

El milagro de entrecasa ocurrió ya entrada la madrugada. Hablábamos de algo y dijiste que habías nacido el 16 de marzo. Obviamente, dije "yo también" con la sorpresa que te da descubrir esas idioteces en medio de la borrachera, en medio de las grandes ocasiones. Hiciste un escándalo. Me pediste los documentos, te cercioraste, después nos abrazamos y dijimos que éramos hermanos. Para festejar nos llevaste a la azotea. Vos corregime si me equivoco, pero creo que estábamos en un piso 25. Por lo menos eso parecía. Ya en la terraza, incluso nos subimos al techito del ascensor. Más arriba no podíamos estar.

Yo jamás había visto Buenos Aires de ese modo. Chiri tampoco. Había un viento que acá en Barcelona no hay. Tampoco hay noches así, en el primer mundo. Además teníamos veinte años, y teníamos la cabeza llena de cosas. Proyectos, guiones, novelas. No éramos porteños, para que se entienda. Estábamos convencidos que íbamos a vivir de escribir, tarde o temprano. Y vos nos subiste a la parte más alta de una ciudad hermosa, y abriste ese wisky de regalo.

Me acuerdo unas pocas cosas más. Me acuerdo que cada vez estabas más borracho, pero que nunca perdías la clase. Me acuerdo de haber pensado: «Qué lástima, Hugo mañana no se va a acordar de todo esto». (Uno de los motivos por el que te escribo es solamente para que te acuerdes.)

Había una bombita de veinte, encendida, colgando en la terraza. Detrás, todas las luces de la ciudad. Te la quedaste mirando un segundo, nos la señalaste, nos advertiste de su presencia invisible. Dijiste:

—¡Miren la impertinencia de ese foquito!

Esa boludez nos quedó grabada, a Chiri y a mí, durante todos estos años. Me parece que descubrimos que la gente que pinta ve otra cosa, ve distinto de lo que ve la gente que escribe. Descubrimos, en ese segundo, que no había otra palabra posible para ese foco: era impertinente, y era maravilloso que un pintor, incluso borracho, lo supiera tan fácil.

Nos despediste en el ascensor de la terraza. Ni siquera volvimos al atelier. Vos querías seguir, pero Chiri tenía que volver al kiosco temprano. Antes de irnos, nos pusiste de espaldas, mirando Buenos Aires y dijiste textualmente:

—Todo esto es de ustedes, Tito y Cepillo. Dios no tiene nada malo para ustedes dos.

Bajamos. Nos fuimos a casa, llenos de barro y con la cabeza como dos tambores. Durante algunos días nos llamábamos a nosotros mismos Tito y Cepillo. Durante algunos días le contamos a nuestros amigos esa noche, que parecía un cuento. Y estábamos contentos de haber sido tus amigos esas cuatro o cinco horas.

Durante mucho tiempo quise escribir algo con esto que rememoro hoy. Nunca lo hice, porque no creo que pueda explicar qué tuvo de raro, o qué tiene ahora de milagro. Las palabras no sirven para todo. Contártelo esta noche (que he encontrado tu web con un formulario de contacto) es una manera de no quedarme con las ganas de haberlo escrito. Además sigo pensando que vos no te acordás —que no te acordaste nunca—, y no está mal que casi quince años después te lleguen estas incoherencias a la memoria como si fueran un déjà vu.

Para mí Buenos Aires se puede resumir en esa noche. Todo lo bueno que te puede pasar con un desconocido, pasó ahí. Para nosotros siempre fue un acontecimiento onírico, un hecho inicial. Algo ya nos decía, por esas épocas, que el mundo era maravilloso. Y vos viniste a decirnos que además era nuestro.

Un gran abrazo, Hugo.

Hernán Casciari
martes 21 de junio, 2005


¿Te gustó esta historia?

Pertenece al libro El pibe que arruinaba las fotos, de Hernán Casciari. Está a la venta en la Tienda Orsai y te lo mandamos a tu casa sin gastos de envío.


 el cebador
27/04/2016 a las 20:16
en este post
1) apareció la gorda subrepticia
2) chichita la sentó de un chancletaso
3) por leerlo hace un tiempo, y buscar una foto de la pintura "autorretrato", terminé teniéndola de avatar de Whatsapp
4) NACIÓ EL PRI!

es un post mágico (además de genial)
 GoodKikin
29/09/2014 a las 16:55
:)
Haffner
27/01/2006 a las 05:42
Comentario Nº 66
Dice mirian:
Hola soy fanatica de tito el bambino y quiero que me envien las fotos que mas puedan x favor
=================
Fana del bambino vieira????cuidate m'ijta y tene siempre la birome preparada por si te propone ir al vestuario a firmarte un autografo -cuidado en la calle,c.en la acera,c.camarada,q el no corre vuela,copirait R.Blades-
mirian
26/01/2006 a las 13:52
Hola soy fanatica de tito el bambino y quiero que me envien las fotos que mas puedan x favor
Gayabuc
23/07/2005 a las 07:19
La puta que escribís bien !
Descubri tu blog / biblioteca hace unos días y todo lo que he leido me gustó (mucho).
Me dieron ganas de estar ahi, y a la vez lo describis de tal manera que es como si hubiera estado.

Bueno bueno.

Gracias, Juan
paquirro
28/06/2005 a las 19:59
si te contesta postealo
MeliSer
28/06/2005 a las 18:43
Impresionante. Me emocionan las historias de Bs As pero mas me emocionan las palabras que usas para contarlas.
M
nahuel
24/06/2005 a las 16:58
¿se acuerdan que en una de las marcha de blumberg alguien se robo una billetera arriba del escenario?
ana laura
24/06/2005 a las 02:38
Señorita Elisabet con "S": ya que usted es amiga de uno de los posibles amores de mi vida, hágame el bien de decirle que en uruguay tiene más que una admiradora, alguien que sueña con el trazo de su pincel y con el de su pluma en bellas cartas de amor.
No creo que su amigo se niegue... cualquier cosa a las ordenes :)
Cosa
24/06/2005 a las 01:20
Yo una vez vi un famoso por la television.

Eso me hace ser una persona muy interesante.
Anika
23/06/2005 a las 23:52
Alicant4ever: Yo un día me comí una bolsa de osos de goma a medias con Antonio Vega. Y ese sí que es una celebridad en España, no "El Arrebato".

"El Arrebato. Nuevo disco. Anunciado en TV. Cómpralo ya.". Por favoooor.
elisabet
23/06/2005 a las 23:26
Laurencena ya sabe del post... (se lo envié) y me contó que se acuerda perfectamente (bueh, reconoció su estado de borrachez) de esa noche y de Tito y Cepillo. Se emocionó al leerlo. Vive actualmente en México, y le dejé la página de Hernán y su mail por si quería contactarlo.
carlos
23/06/2005 a las 23:06
que preciosidad de post.

espero impaciente el comentario de hugo.

tiene que extrañarle el ascenso inusitado, quizá impertinente; de SUS ESTADISTICAS WEB.

*
deapoco
23/06/2005 a las 22:27
alicant4ever: tenes autografos de arquitectas ancianas?
alicant4ever
23/06/2005 a las 22:20
No sé si les será de utilidad pero yo conocí en el puerto de Alicante a "El arrebato" un cantante de flamenco pop muy conocido aquí en España , también Coty me autografió un abanico de plástico.

Fin
BenedictoXVI
23/06/2005 a las 20:44
Ovejas descarriadas de habla hispana vengan a leer la palabra de sus santo padre o sometedse y morid.
shered
23/06/2005 a las 15:22
¡Qué lo parió! Cuanta sana envidia me ha brotado de golpe...

Yo lo más cerca que estuve de un famoso fue cenando con Baglietto y su banda... bueh... cenando es un decir. El estado era también lamentable y como estaba sentada al lado suyo me la pasé hablando con el tipo como si fuera mi hermano... Pero no, no cuenta...

Grande, Hernán, un post genial.
Fede
23/06/2005 a las 13:22
El único autógrafo que tuve en la niñez era uno que el Chino Benítez me firmó en Ezeiza.

Lo convirtió en mi ídolo durante mucho tiempo, aunque yo era bien hincha del Bicho.

Tras mi venida a España, tuve varios laburos. Repartiendo cosas en Euskadi terminé un día tomando cañas con Jon Idígoras, antiguo dirigente de HB recientemente fallecido (mi viejo dice que debería haber muerto el día que nació). Hablamos de fútbol.

Hace pocos años, laburando en la puerta de un club medio careta de Mallorca, no reconocí a Claudia Schiffer (sin maquillar) y quise cobrarle la entrada. Menos mal que apareció Copperfield y al preguntarme quien era la yegua que lo acompañaba caí en la identidad de tamaña teutona.

Una curiosidad, al que laburaba conmigo en la puerta le había tocado 2 veces el Gordo de Navidad, pero seguía laburando ahí "porque era un trabajo fácil".
Leandro de B.
23/06/2005 a las 09:17
La verdad es que nunca me han interesado las historias de borrachos. Los vapores etílicos las confunden y distorsionan fusionando el recuerdo con la imaginación. La misma anécdota en boca de tres borrachos son tres anécdotas. Siempre he pensado que el alcohol y las drogas no son buenos compañeros de la inteligencia, del arte ni de la creación. ¿Soy un aburrido...? Seguramente.
También odio ese fenómeno celebridad-fan tan en voga en nuestros tiempos. Y debo confesar que no tengo ni la más puñetera idea de quien son ni a que se dedican las celebridades que nombrais (a excepción de algún futbolista del que sólo me suena el nombre). Me temo que serán celebridades de corralito.
Hasta otro post.
Bob Row
23/06/2005 a las 04:05
Hernán: Ya sé que no viene a cuento pero es que me acabo de enterar que vos sos el mismo que firma las comunicaciones de Humoralia Virtual (ya me sonaba de algún lado ese nombre).
Hace mucho que no posteo allí por dos razones: el accidente que los sacó del aire me hizo perder el ritmo y el nuevo diseño me obliga a pasar por páginas y páginas antes de encontrar un caricaturista interesante. Pero la verdad es que soy tan vago que se me pasó de mandar el dibujo para Serrat (con el Polaco iba a ser).

En fin, disculpá la disgresión, pero desde que me enteré que eras el autor de Mirta no dejás de sorprenderme.
Un abrazo.
Laura
23/06/2005 a las 01:08
y bueh...yo tengo un casetito grabado con la voz de Chico Buarque hablándole a mi contestador...y otra vez, me empujaron adentro de un camarín donde estaba Caetano Veloso, y mientras yo me moría de la timidez, despues del abrazo más increíble que recibí en mi vida, él me hablaba del show y de si había salido flojo, o que los músicos eran buenos y habían tocado de maravilla...Eso fue en Uruguay... a la vuelta de la esquina del mundo.
Ana Cecilia
23/06/2005 a las 00:58
Otra cosita...

Era de esperar que la subrepcticia apareciera, están en todas partes, y tené por seguro que de ahora en más va a entrar todos los días buscando alguna nueva referencia, o la ocasión justa para emitir alguna de esas "gordas" opiniones que solo ellas tienen.

Una preguntita que me quedó dando vueltas...
No solo firma en defensa tuya, sino que también tu vieja conoce a los de la E.T.A.???

Con vos definitivamente no me meto, menos que menos con tu vieja.
Ana Cecilia
23/06/2005 a las 00:51
A cuántos la madre los defiende en el blog?

No a cualquiera...
Rabino
22/06/2005 a las 23:44
¡Beraja vale menos que el Banco Mayo!
alicant4ever
22/06/2005 a las 23:16
Hernán ¿ Tú antes de escribir un post piensas en los comentarios que te van a hacer ?
Espero que mi pregunta no quede como retórica y sea contestada por el Mercedino catalán.
Vero
22/06/2005 a las 23:05
Bellísima historia Hernán.Aunque sería aún mejor si Laurencena apareciera para contar su versión (si se la acuerda..)
alicant4ever
22/06/2005 a las 22:53
Un dia el Enzo me dijo que River iba a jugar las semifinales de la libertadores con el Sao Paulo precisamente en estas fechas ,hoy me acordé lo quise comparar con un vidente y me acordé de Juan Dámaso Miranda.
Hoy en día le preguntaria al Enzo si River gana la libertadores pero seguro que no se acuerda de mi y ni siquiera se acuerda de lo que predijo porque estaba re borracho igual que Alex y yo.
Mejor me quedo hasta las 4 de la mañana escuchando a River por la radio ; River Plate es casi como la academia Hernán.
DudaDesnuda
22/06/2005 a las 22:06
Una tarde me llamó Guinzburg para felicitarme por algo mío que había leído. Tengo una foto autografiada por Castelo diciendo que me ama ahora y que todo es maravilloso. También tengo dos libros que me autografió Ulanovsky.
En un homenaje a Girondo recité junto Andrea Politis. Una tarde de invierno, iba a los pedos por Avenida Corrientes, y choco contra Federico Lupi que salia de un teatro. Como soy una estúpida en lugar de quedarme y comenzar una conversación porque el tipo se reía yo rajé como si hubiera chocado con Mauro Viale.
Me parece que no tengo más historias con famosos... a síiiii, Enrique Pinti me autografió un cuaderno y ahora salimos de gira con Santa Canoura por los barrios.

Besos y cinco minutos de gloria.
elBruche
22/06/2005 a las 21:28
El gordo Casero vivía cerca de casa antes de decidir escapar de Madryn, y es un gordo antipático.
Alguna vez sufrí una tarde con Batistuta, otra alargué un cafe con Lalo Mir, una cena inolvidable con Silvio Rodriguez en Tomo I (todavía tengo ese libro que me recomendó), una mañana de mis 15 años llamó Victor Heredia para reclamar no sé qué de cierta intimidad perdida en manos de un perejil periodista de revista de centro de estudiantes.
Hojitas que uno va dejando que se junten en la puerta sin ganas de echar mano de una buena escoba.

Esa hojita tuya Hernán es de las hojitas que uno tampoco barrería.
Mandark
22/06/2005 a las 20:32
y...y.... mi papa tiene bigotes y el tuyo no!!!!
Matu
22/06/2005 a las 19:34
Y un día el Bambino Veira me invitó a su departamento, pero no quiero hablar de eso.
Matu
22/06/2005 a las 19:33
Y un día canté "Vaticano" con Alfredo Casero.
Matu
22/06/2005 a las 19:31
Una vez me lo crucé a Luca Prodan en Plaza de Mayo.
No le dije nada porque me dio miedo.
ElVitu
22/06/2005 a las 18:34
Sigo con el comentario anterior. Años después yo trabajaba en un Empresa que fabricaba Acrílicos, Oleos y telas para pintores (Emilio Lopez). Uno de los clientes era Regazzoni y un día ( por teléfono)me pidió recortes de tela, accedí a juntarle algunos y cuando vino a buscarlos, me presente y le conte la historia anterior, se rió mucho, sacó carbonilla de un bolsillo y me volvió a hacer un retrato, pero ese hijo de puta, lo hizo en la pared para que no lo tirara otra vez. Al mes,me despidieron y nunca más volví a ver a Regazzoni...
ElVitu
22/06/2005 a las 18:25
che, esto es posta. Hace muchísimos años (muchos más de los que quisiera) estaba en Retiro, sentado cerca del Ital Park agonizando por un desamor, el frío y las ginebras consumidas se balanceaban en mí para estabilizar mi temperatura.Apareció un tipo caminando por ahí y nos pusimos a charlar boludeces, al rato ya hablábamos de amores y mujeres y fatalidades parecidas En un momento, con un lápiz y un papel, hizo un dibujo de mi cara y me lo regaló al irse. Yo lo tiré sin saber hasta ese entonces que era un retrato de Regazzoni (el artista de los talleres de FFCC) -sigue en próximo envio-
Matu
22/06/2005 a las 18:19
¿Te drogas?
Matu
22/06/2005 a las 17:57
Una vez me lo encontré a Cocho López en el Shopping Sur.
Le dije "hola Cocho"
El me contestó "hola"
¡Qué culo tenía la esposa!
C,
22/06/2005 a las 17:14
Anika muchas gracias!
Anika
22/06/2005 a las 15:46
C: Borjamari
deapoco
22/06/2005 a las 15:08
esto va por el nº26: tampoco cuenta...:-)
C,
22/06/2005 a las 15:03
Alguno se acuerda de como era el nick de ese tipo que criticaba las webs, el que cayo en la broma de Mirta (la de de la publicidad del libro).
Me acabo de acordar de él pero no de su nombre.
Ayudaaaaaaaaa! chasgracias
 olo mosquera
22/06/2005 a las 07:47
¡Gracias por la aclaración! No me lo imaginaba al progenitor de este blog evitando una razzia junto a Alfredo Bravo.
Bob Row
22/06/2005 a las 07:31
Aclaración: cambio mi nick para evitar confusiones con el progenitor de este blog.
Roberto
22/06/2005 a las 07:28
En la última etapa de la Dictadura fui habitué de un boliche en Palermo viejo donde tuve ocasión de alternar con varios "borrachos egregios" de entre los próceres de los '60. Poetas de la "cintura cósmica del Sur", sutiles duetos salteños, etc. Sólo puedo decir que cada uno era más resentido y aburridamente autorreferente que el otro.
El único borracho digno fue Alfredo Bravo que ejerció su prestigio de reciente carcelario para impedir que la yuta me llevase en el celular por apagarles las luces cuando intentaban requisar a los circunstantes (fue una confusión, no soy tan heroico).
Elteta
22/06/2005 a las 07:13
Una vez fui a Canal Once a ver Titanes en el Ring y mi hermano me pidió que lo acompañe para conseguir un autógrafo de Karadegián.
El armenio no estaba, pero conseguimos el de Peucelle. ¿Esa vale?
22/06/2005 a las 04:05
Vuelve Mirta y volvió Chichita.

¡Entregate, Hernán! ¡Tenés la manzana rodeada!
Chichita
22/06/2005 a las 03:43
Señora gorda subrepticia (21): Le ecribe la que lo pario.Conmigo no se meta. Porque ud. no sabe quien soy yo. A ver si le mando a los de ETA para que le pongan una bombita en el c....y chau gorda.
ana laura
22/06/2005 a las 02:48
Pero que bueno que está el pintor!!! no querrá hacer una versión de la maja desnuda conmigo? yo no soy tan carnosa como la maja, pero bueno, eso se arregla comiendo un poco más. Che Casciari no dudes un instante en darle mi telefono, mi e-mail y todas mis señas.
QUE LINDO HOMBREEEEEEE, CUANDO ME VA A TOCAR UNO ASI????????
Ay Argentina, país de las oportunidades.
Hoy solo le mando un beso al artista Muaccccc, chuikkkk, chuikkkk, chuikkkk
Cosa
22/06/2005 a las 02:30
El relato se remonta unos 15 años, por aquel entonces los protagonistas tenian unos veinte. Pongamos que ahora tienes unos 35.

¡Y hablas como un viejo!

O estas acabado, o es pretenciosidad.

Lo jodido es como sean las dos cosas...
Pati
22/06/2005 a las 01:47
Y subrepticia la que te ha parío, gil.
22/06/2005 a las 01:41
Hernán, cuántos recuerdos de locos lindos me trajiste! Qué ganas de escribir sobre ellos...

Me pregunto por qué en los últimos años ya no se me aparecen. Tal vez sea que mi Viejo ya no está y era él el que los atraía... o tal vez la razón sea menos romántica y se deba a esa paranoia autojustificada que tenemos los porteños de principios de siglo.

Un abrazo y Gracias!
Nanda
21/06/2005 a las 22:05
Yo aún guardo la esperanza de encontrarme sin darme cuenta con un personaje de estos. Quizás luego se quede en la memoria y como vos pueda escribir un post así de bonito.
Leia desde hace mucho, pero nunca había comentado, hoy me animo por que tambien nací un 16 de marzo y sin estar borracha soy de las aún que se emociona por esos idiotas descubrimientos
Xtian
21/06/2005 a las 20:41
Qué bueno todo eso. Yo sigo fascinado con esos encuentros íntimos con extraños, que me pasan todo el tiempo.

Y entiendo perfectamente eso de trepar a las azoteas para mirar todo nuevo. A mí me pasó también (posts: Vidrios rotos y No se puede parar la música).

También lo dijo Spinetta: "Trepen a los techos, ya llega la aurora".
Anika
21/06/2005 a las 16:45
¡De cualquier forma se vería mucho mejor, Inte, porque de eso hace quince años!
 Interior
21/06/2005 a las 16:36
Muy linda la anécdota, pero creo que esconde algo mas oscuro, una duda que te carcome, un miedo que te hizo temblar cuando encontraste la Web de Laurencena, estas averiguando si en el medio de la borrachera no terminaron retratados, vos y el Chiri, entre tules y calas, como Dios los trajo al mundo, con las manos colgadas lánguidamente:"Tito y Cepillo bañándose"
¿Te imaginas?, como te verías desde los ojos del hiperrealismo, ¿seriá mas benévolo que una foto?.
egaku
21/06/2005 a las 16:26
las buenas como las malas noticias corren rápido. No sería nada extraño que el propio pintor llegue a estos predios para completar la historia de esa noche de copas y barro.
nahuel
21/06/2005 a las 15:51
yo lo que no puedo creer es que usted se acuerde de todos los detalles de una borrachera tantos años después.

A mi a veces me cuesta acordarme que tomé anoche y con quién.
C,
21/06/2005 a las 15:48
El post esta muy bueno, pero la aparición de G.S. se lleva los laureles.

Paty dice: "que me hizo pasar aquella mala tarde "
Pobre che..
Ahora bien, eso de "amenazar": "Si te veo otra vez por el Blockbuster te mando un par de ostias que te cagas."

... ANDA HERNAN, ANDA! Y SACA FOTITOS! QUE COMIENCE EL DUELO!
deapoco
21/06/2005 a las 15:00
me parece que no... :-)
Elteta
21/06/2005 a las 14:49
Una vez acompañé a un amigo a pedirle un autógrafo a Nacha Guevara.
¿Vale como anécdota?
21/06/2005 a las 14:04
Apareció la del Blockbuster; quién te dice que no aparezca el Hugo.
Agustin
21/06/2005 a las 14:02
9, el culo te llueve. Buenos Aires es lo más. Que linda historia. ¿X que las borracheras son tan lúcidas a veces?
Ginger
21/06/2005 a las 13:20
¡Pero que maravilla!. Esas anécdotas me encantan. Soy una gran admiradora de Laurencena, gracias por compartir el recuerdo con nosotros.
Flor
21/06/2005 a las 11:37
Qué bien lo contaste. Me gusta mucho. Puedo verlos ahí en la avenida Santa Fe, Chiri con su remerita Pinguin; vos haciendo caras de goma detrás de las viejas. Buenos Aires de noche, vacía, con el ruido del camión ese que limpia las calles con cepillos.
Mandinga
21/06/2005 a las 08:58
¡Seeeeeexto!
Pati
21/06/2005 a las 08:41
Yo recuerdo una vez que estaba de turno en la tienda y entró este gilipollas con aires de sudaca y que comienza a sacarle fotos a las pelis.

Yo que le digo: "¡Ala gil, nada de foticos!" y el tontoalculo comienza a discutirme. En fin, cada cuanto entra algún loco y hay que hacer de tripas corazón.

Muchas lunas después me llega un mensaje recomendándome una página ¿y a qué no adivinais quién es el gilipollas que escribe en ella? Pues sí, el gordito que me hizo pasar aquella mala tarde y que para colmo hizo una campaña de fotos como retaliación.

Pues nada, si teneis suerte podeis tener la dicha de decir: "yo fui quien sacó a ese gandul del local".

PD: Si te veo otra vez por el Blockbuster te mando un par de ostias que te cagas.
marcos
21/06/2005 a las 08:33
hernan:
Hago memoria para ver si conozco alguien de renombre que tenga un aire bohemia para pasasrtelo por la cara y no, no hay caso no me acuerdo de nadie. no es justo. Igual me encanto.
marcos
Rax
21/06/2005 a las 06:17
(tras el shock)
es emocionante conocer a alguien así y luego descubrir que no es simplemente alguien, sino que es Alguien. Alguien que te deja algo cálido, justo cuando no te lo esperabas y no estabas listo para hacerte el interesante.
A mí me pasó una vez algo más o menos por el estilo: el señor mayor, encantador pero impertinente, que sentado junto a mí interrumpía cada que podía la lectura, era Lawrence Ferlinghetti. Se paró cuando fue su turno, fue a la mesa de los importantes, leyó y se regresó a sentar junto a mí, a seguir de impertinente, cuchicheando... qué simpático que fue, me imagino, ver mi cara cuando regresó a sentarse
(ya me dio pena ser primera y balbuceo sin sentido)
Rax
21/06/2005 a las 06:13
Primera, en serio?
Vaya.