Me no comprendo soccer

Me fascinan bastante los norteamericanos que no entienden ni quieren entender el fútbol. Para ellos es un juego menor que se llama soccer y que juegan sus hijas en la escuela. Para ellos el fútbol es como la milanesa de soja: la miran, la huelen, pero no la pueden masticar porque les parece un aburrimiento. Ellos adoran cuando, en sus deportes espectaculares, el tanteador llega a cien, o cuando en los entretiempos aparecen chicas universitarias con pompones de lana, o cuando los relatores salen por los altoparlantes del propio estadio. En cambio al fútbol nuestro lo ven triste, les parece un juego lánguido propio de latinos con espaldas mojadas y de europeos con complejo de inferioridad.

No entienden por qué nuestros mediocampistas no llevan hombreras; no les gusta que los córners no valgan tres puntos; no pueden entender la gracia de un deporte que, después de ciento veinte minutos, puede acabar cero a cero.

Hace un par de semanas, en la chacra patagónica donde pasábamos las vacaciones, tuvimos de vecinos a una pareja de Texas. Él se llamaba Mike y ella Honey, que quiere decir cariño o miel, una de las dos. (En realidad nunca supimos el verdadero el nombre de la chica.) Una noche Mike y Honey miraban un partido de la NBA desde el palier, disfrutando del cielo austral. Julieta y yo los espiábamos un poco desde nuestra cabaña, a pocos metros, mientras hacíamos un asado de tira.

Mike había armado (sin querer) la imagen habitual que los norteamericanos tienen de sí mismos: se mostraba como un hombrón extrovertido, de cogote colorado, que bebía cervezas en packs de a seis, con el televisor cerca de la cara a un volumen altísimo. Su mujer había prendido una barbacoa pequeña, circular, que parecía un ovni. Los dos miraban básquet. Cuando el partido terminó, el equipo del Oeste le había ganado 196 a 173 al equipo del Este. Los jugadores, en su mayoría negros, habían hecho piruetas increíbles para alcanzar ese score. Nuestro vecino Mike había saltado veinte veces de la silla, casi en éxtasis, y nuestra vecina Honey había pegado unos cuantos respingos. Entre el inicio y el final del partido, Mike y Honey habían calibrado el fuego de la barbacoa, habían echado al grill unas hamburguesas, habían cenado con mucho picante y habían bebido dos tazas de café negro.

Cuando terminó el partido de básquet los dos se acercaron a nuestra cabaña, y nos encontraron asando tres kilos de vaca muerta en la parrilla. Hacía dos horas que habíamos puesto la carne sobre unas brasas mínimas, y todavía faltaba una hora más para que estuviera crocante. Mientras tanto, mirábamos en Youtube las mejores jugadas del Barça contra el Celta. Julieta y yo estábamos maravillados por el cuarto gol, en donde Messi malogra un penal a propósito para cederle el gol a Luis Suárez.
Yo miraba la secuencia una y otra vez, desde los distintos ángulos de las seis cámaras, y no podía creer el virtuosismo de la idea. «Qué genio es el hijo de puta», decía yo, balanceando la cabeza desde Chile a Puerto Madryn. «Iba a ser su gol número trescientos en liga, y mirá lo que hace el hijo de puta».

Entonces enfoqué el gesto de Mike a mis espaldas, para comprobar su asombro, o quizás para decirle con los ojos que en nuestro deporte también ocurren ciertas maravillas, y él sin embargo veía la escena del penal con desconcierto. En realidad no entendía lo que había pasado entre Messi y Suárez. Sus ojos norteamericanos solo veían a un jugador patear despacio hacia adelante, y a otro llegar sin marcas, sin impedimentos, y pegarle fuerte sin oposición de nadie. No había grandes acrobacias en la jugada, ni riesgos comprobables para el físico de los delanteros, ni malabarismo alguno en aquella acción. Mike contemplaba mi asombro como los yanquis suelen mirar El Chavo del Ocho: con un poco de lástima y otro poco de vergüenza ajena.
«My no comprendo soccer», me dijo después, poniendo los labios en posición de banana invertida. «¿Por qué genio el gol del hijo de puta?» Y yo no supe con qué palabras contestar esa pregunta.

Porque si lo miramos con ojos de yanqui (o de extraterrestre, o de ameba) el gol de Luis Suárez después del penal de Messi no tiene mucha gracia. No es un gol estético ni resulta espectacular. Esa jugada solo maravilla al que ha visto miles de partidos de fútbol y conoce la extravagancia de la sutileza. Ese gol asombra al que ya sabe ciertas cosas: ese gol es una lección para el pedante Cristiano, que no festeja los goles de sus compañeros; ese gol es un guiño entre dos personas que toman mate. Hay que tener cierta información genética para disfrutar esa jugada. En cambio hay ciertas acciones del básquet, o del tenis, o incluso del béisbol, que sorprenden a cualquier idiota, incluso al que no está habituado a las reglas de esos deportes.

¿Pero cómo le podía explicar todo esto a un norteamericano, si ni siquiera hablábamos la misma lengua y mi nivel de inglés es pésimo? Lo que tiene de alucinante el segundo gol de Maradona a los ingleses, lo que lo hace realmente universal, es que hasta un texano puede entender que ahí pasó algo único.

Los invitamos a sentarse a la mesa mientras cortábamos verduras para la ensalada. A ellos les resultó extraño que cenáramos tan tarde, o más bien, que tardásemos tanto en cocinar.

Después de un silencio que no resultó incómodo (porque en la Patagonia los silencios son necesarios) Honey le preguntó a Julieta, en una media lengua graciosa, por qué no cortábamos la carne más fina, como en lonchas, y por qué no la poníamos directamente al fuego en lugar de asarla en las brasas, de tal modo que su cocción tardase diez minutos en lugar de tres horas.
Julieta y yo nos miramos y supimos que la respuesta era idéntica en los casos. La pregunta de Mike («¿Por qué genio el gol del hijo de puta?») y la pregunta de Honey («¿Por qué no cortas pequeño roastbeef y lo pones en fuego?») eran en realidad la misma pregunta.

Casi todas las preguntas del mundo son la misma.

«¿Les decimos por qué?», me preguntó Julieta.

Yo levanté la cabeza para ver las estrellas infinitas del cielo austral y me acordé de un chiste viejo.

«No, dejá», le contesté. «Que se jodan».

Hernán Casciari
Martes 1 de marzo, 2016

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212 comentarios Me no comprendo soccer

  1. Damián Ramos #87    24 marzo, 2016 a las 4:28 am

    Otra vez no puedo decir otra cosa que excelente, siempre en el medio de tus relatos tiras frases que son lecciones o realidad cruda y pura: “como los yanquis suelen mirar El Chavo del Ocho: con un poco de lástima y otro poco de vergüenza ajena.”
    “Hay que tener cierta información genética para disfrutar esa jugada”.
    Muy bueno Hernán………

  2. Joaquin Torres #85    1 respuesta17 marzo, 2016 a las 2:36 pm

    Escuché por ahí que los yanquis necesitan que sí o sí el juego/deporte que miran o practican tenga pausas; que sea cortado, como el beisbol, en donde tal vez pasan tres horas hasta que el tipo le emboca con el bate a la pelotita; el fútbol americano, donde cuando se tacklea se corta el juego y se vuelve a la formación inicial, o el mismo basquet, con los minutos pedidos y tiempos muertos que piden los entrenadores.
    Hay quienes dicen que es para velar por un órden estético, visual y disciplinario. Yo creo que es para que tengan unos minutos para levantarse de las plateas y/o del sillón frente a la T.V y puedan prepararse y/o comprar perros calientes con coca y no perderse nada.
    Imaginate un gringo viendo un partido del Barsa, en donde capaz la pelota se va al lateral tres veces cada 45 minutos, puede hasta morir de hambre y sed.
    Abrazo grande Hernan.

  3. Gerbata #79    1 respuesta5 marzo, 2016 a las 10:07 pm

    Son extrañas las formas de la fascinación.A mi me intriga mucho saber cómo es que cualquier persona que disfruta del fútbol, no puede disfrutar de otros deportes como el fútbol americano o el básquet.

    Pero mucho más me intrigan las razones, por las que alguien que si disfruta del placer de contemplar algo, señala con el dedo y ridiculiza a aquel que no lo hace. Me intriga saber por qué los argentinos somos así de miopes (pero estamos convencidos que los miopes son los otros).

    Con el agravante que, aquellos que señalan, están exactamente en la misma posición del señalado: no entienden el basquet ni el fútbol americano y mucho menos lo pueden disfrutar.

    Basar el disfrute del fútbol, en alguna especie de predisposición latina a la improvisación, es abandonar la posibilidad de encontrar la maravilla en otras formas del deporte.

    El gol de Suárez luego del penal de Leo, me hizo caer lágrimas de los ojos, de la misma manera que lo hace el doble de Jordan a Utah en la final de 1998 cada vez que lo vuelvo a ver.

    Disfruto de leerte, aunque no me guste lo que lea, ahí está la maravilla, y el misterio de la fascinación.

  4. Nicolás Améndola #78    4 marzo, 2016 a las 7:35 pm

    Abrite una entrada en el blog para los que fueron a la obra gordo!! aunque no sean 1200 palabras ponete un gracias totales así la gente comenta!!! 😉

  5. Agustina Altmann #76    4 marzo, 2016 a las 6:18 pm

    Gordo, tengo los huevos al plato. Mi novio no para de romperme los ovarios diciendo que inventaste a Julieta.
    No puedo seguir en una relación con una persona que me cuestiona todo, que se replantea todo, todo el tiempo.
    Vas a causar una separación (si es que ya no has causado otras).

  6. Mercedes Pascual #75    1 respuesta4 marzo, 2016 a las 4:01 pm

    Hace años leo el blog, es la primera vez que comento. Lo hago porque ayer fui a Caras y Caretas, que placer ser conejito de india de tremenda obra. Gracias Hernan!! Sos grosso lpm!!

    1. Matias Fernandez    1 respuesta4 marzo, 2016 a las 8:32 pm

      Yo creo en Julieta cante pri!!! Jeje a mi me pasa lo mismo con mi novia, me mira raro cuando me ve leer al gordo o escuchar a Zamba o a Varela… Ella lee a Liniers que si bien es otra clase de genio, es mucho mas inocente, quiza por eso no logra comprender la sana malicia de Hernan.

  7. S0L! #73    2 respuestas3 marzo, 2016 a las 2:00 pm

    Leí hasta “Julieta” y después no leí más.
    La proxima vez voy a hacer “Control F” (Julieta) y si aparece el nombre esperaré hasta el próximo martes.

    1. Norma Musso    1 respuesta4 marzo, 2016 a las 11:54 am

      Que yo sepa, Hernàn es un tipo màs que inteligente y de una sensatez interior que pocos ejercen. Conoce sus defectos y sus errores, cuando toma decisiones sabe lo que hace. No creo que haya dejado de querer a Cristina, a su modo, pero si es feliz con Julieta, quienes somos nosotros (sus lectores) para pretender condicionarlo? Por mi parte, voy a seguir leyèndolo hasta la muerte (probablemente la mìa, tengo casi 80 anios), porque amo su prosa, su personalidad, me reflejo en sus recuerdos, y me interesa un pito con quien viva mientras siga escribiendo y volcando sus vivencias para la delicia de sus seguidores — que èsas sì que no moriràn jamàs.
      Ya lo sè, soy un poquito fanàtica del Jorgito. Quizà porque lo leo con ojos de abuela.

  8. Jeantou #72    2 marzo, 2016 a las 11:25 pm

    Justo para el partido del Barça contra el Celta de Vigo…estaba en Barcelona y hasta habia soñado con conocerte…hasta que lei los posts que hacia un tiempo no leia y asumi tu estadía en argentina…era el dia de San Valentín y que se me ocurrio regalarle a mi querida esposa?…Dos entradas para ir a ver el Barça…mi esposa entiende poco de futbol…pero la magia la toco y quedo maravillada. Fué el mejor regalo que le pude haber hecho a ella…y a mi mismo tambien. Abrazo.

  9. Nombrador #71    1 respuesta2 marzo, 2016 a las 8:53 pm

    Gran relato! Y también muy literario el comentario de Matías. Los sigo, alumbran algo que es cierto, me reí un poco mirando Borat. Pero me pregunto (tipeando una luminosa Mac y vistiendo jeans) ¿No nos estaremos jodiendo nosotros al no comprender algunas cosas de ellos? ¿No será que a ellos les toco garchar y a nosotros el mejor pedazo de vacío? Ojo que no es lo mismo

    1. Matias Fernandez    1 respuesta2 marzo, 2016 a las 9:12 pm

      Exacto Nombrador ellos garchan todo el finde y nosotros tenemos el mejor pedazo de vacio. Pero que grandioso pedazo de vacio es ese con en que nos contentamos a pesar de no garchar. Dedusco que el que inicio la conversación en la parrillita fue el amigo que garchaba quejandose porque le tocó un pedazo de vacío no tan bueno. Se quejaba a pesar de haber garchado… Y su amigo disfrutaba su vacío (mientras el primero miraba sin entender el porque) y pensaba… Que se joda igual que Mike y Honey.

      1. Nombrador    3 respuestas2 marzo, 2016 a las 10:25 pm

        Si, tengo sentimientos encontrados con respecto a la metáfora. Por un lado, es cierto que no saben lo que se pierden, que no aprendieron a apreciar la sinfonía de una mollejita crujiendo sobre las brazas. Por otro, temo que nosotros somos precisamente los garchados y que como consuelo nos dejan las achuras, que por otro lado a ellos no les sientan tan bien (como los dueños de las vaquerías le dejaban al gaucho la lengua del ganado cimarrón con la condición de que dejaran el cuero).
        En una entre Juan Villoro y Martín Caparrós en la feria del libro (no recuerdo de quién fue la idea, ni sé si las ideas son de alguien) escuché (o quise escuchar?) que el fútbol respira al ritmo de latinoamérica, con sus tiempos dilatados (como el de la cocción de un cordero a la cruz), las escasas conquistas (imaginan un empate 0 a 0 en basket?), las injusticias de las autoridades (una falla de un árbitro como Codesal o Griesa puede definir todo o mucho) Me pregunto ¿por qué será que nos gusta lo que nos gusta?; ¿por qué será que les gusta lo que les gusta?

        1. El toti    1 respuesta3 marzo, 2016 a las 12:19 am

          Hace 46 años que vivo en este universo y no me tocó todavía ver la parte de la nivelación….
          En mi barrio los de 14 siguen fajando a los de 8 (“el hijo de la novia” la frase se la dice Eduardo Blanco a Darín)

          1. Matias Fernandez    3 marzo, 2016 a las 6:36 am

            Jamas pensé que EL TOTI iba a leer uno de mis comentarios y encima responderlo…
            Que te puedo decir? Quizás el universo no nivela por tu barrio, por eso dije nivela solo por algún lado, igual no creas que hablo de que empata el marcador (esto va también para Nombrador), solamente nivela un poquito, y muy sutilmente con esos pequeños actos de justicia poética como el que cuenta Sacheri.

        2. Matias Fernandez    4 respuestas3 marzo, 2016 a las 6:25 am

          Entiendo perfectamente ese sentimiento, se perfectamente que ellos parten la torta y se quedan con la porción mas grande (perdón pero la analogía de ser garchado aunque acertada me resulta difícil de digerir) pero Sacheri, en “me van a tener que disculpar” dijo de Diego:

          Un pacto que puede conducirme (lo sé), a que alguien me acuse de patriotero. Y aunque yo sea de aquellos a quienes desagrada la mezcla de la nación con el deporte, en este caso acepto todos los riesgos y las potenciales sanciones.
          Digamos que mi memoria es el salvoconducto para volver el tiempo al lugar cristalino del cual no debió moverse, porque era el exacto sitio en que merecía detenerse para siempre, por lo menos para el fútbol, para él y para mí. Porque la vida es así, a veces se combina para alumbrar momentos como ése. Instantes después de los cuales nada vuelve a ser como era. Porque no puede. Porque todo ha cambiado demasiado. Porque por la piel y por los ojos nos ha entrado algo de lo cual nunca vamos a lograr desprendernos.
          Esa mañana habrá sido como todas. El mediodía también. Y la tarde arranca, en apariencia, como tantas otras. Una pelota y veintidós tipos. Y otros millones de tipos comiéndose los codos delante de la tele, en los puntos más distantes del planeta. Pero ojo, que esa tarde es distinta. No es un partido. Mejor dicho: no es sólo un partido. Hay algo más. Hay mucha rabia, y mucho dolor, y mucha frustración acumuladas en todos esos tipos que miran la tele. Son emociones que no nacieron por el fútbol. Nacieron en otro lado. En un sitio mucho más terrible, mucho más hostil, mucho más irrevocable. Pero a nosotros, a los de acá, no nos cabe otra que contestar en una cancha, porque no tenemos otro sitio, porque somos pocos, porque estamos solos, porque somos pobres. Pero ahí está la cancha, el fútbol, y son ellos o nosotros. Y si somos nosotros el dolor no va a desaparecer, ni la humillación ha de terminarse. Pero si son ellos. Ay, si son ellos. Si son ellos la humillación va a ser todavía más grande, más dolorosa, más intolerable. Vamos a tener que quedarnos mirándonos las caras, diciéndonos en silencio «te das cuenta, ni siquiera aquí, ni siquiera esto se nos dio a nosotros».
          Así que están ahí los tipos. Los once nuestros y los once de ellos. Es fútbol, pero es mucho más que fútbol. Porque cuatro años es muy poco tiempo como para que te amaine el dolor y se te apacigüe la rabia. Por eso no es sólo fútbol.
          Y con semejantes antecedentes de tarde borrascosa, con semejante prólogo de tragedia, va este tipo y se cuelga para siempre del cielo de los nuestros. Porque se planta enfrente de los contrarios y los humilla. Porque los roba. Porque delante de sus ojos los afana. Y aunque sea les devuelve ese afano por el otro, por el más grande, por el infinitamente más enorme y ultrajante. Porque aunque nada cambie allá están ellos, en sus casas y en sus calles, en sus pubs, queriéndose comer las pantallas de pura rabia, de pura impotencia de que el tipo salga corriendo mirando de reojito al árbitro que se compra el paquete y marca el medio.
          Hasta ahí, eso solo ya es historia. Ya parece suficiente. Porque le robaste algo al que te afanó primero. Y aunque lo que él te robó te duele más, vos te regodeás porque sabés que esto, igual, le duele. Pero hay más. Aunque uno desde acá diga bueno, es suficiente, me doy por hecho, hay más. Porque el tipo además de piola es un artista. Es mucho más que los otros.
          Arranca desde el medio, desde su campo, para que no queden dudas de que lo que está por hacer no lo ha hecho nadie. Y aunque va de azul, va con la bandera. La lleva en una mano, aunque nadie la vea. Empieza a desparramarlos para siempre. Y los va liquidando uno por uno, moviéndoseal calor de una música que ellos, pobres giles, no entienden. No sienten la música, pero sí sienten un vago escozor, algo que les dice que se les viene la noche. Y el tipo sigue adelante.
          Para que empiecen a no poder creerlo. Para que no se lo olviden nunca. Para que allá lejos los tipos dejen la cerveza y cualquier otra cosa que tengan en la mano. Para que se queden con la boca abierta y la expresión de tontos, pensando que no, que no va a suceder, que alguno lo va a parar, que ese morochito vestido de azul y de argentino no va a entrar [/align]al área con la bola mansita a su merced, que alguien va a hacer algo antes de que le amague al arquero y lo sortee por afuera, de que algo va a pasar para poner en orden la historia y que las cosas sean como Dios y la reina mandan, porque en el fútbol tiene que ser como en la vida, donde los que llevan las de ganar ganan, y los que llevan las de perder pierden. Se miran entre ellos y le piden al de al lado que los despierte de la pesadilla. Pero no hay caso, porque ni siquiera cuando el tipo les regala una fracción de segundo más, cuando el tipo aminora el vértigo para quedar de nuevo bien parado de zurdo, ni siquiera entonces van a evitar entrar en la historia como los humillados, los once ingleses despatarrados e incrédulos, los millones de ingleses mirando la tele sin querer creer lo que saben que es verdad para siempre, porque ahí va la bola a morirse en la red para toda la eternidad, y el tipo va a abrazarse con todos y a levantar los ojos al cielo. Y no sé si él lo sabe, pero hace tan bien en mirar al cielo.
          Porque el afano estaba bien, pero era poco. Porque el afano de ellos era demasiado grande. Así que faltaba humillarlos por las buenas. Inmortalizarlos para cada ocasión en que ese gol volviese a verse una vez y otra vez y para siempre, en cada rincón del mundo. Ellos volviendo a verse una y mil veces hasta el cansancio en las repeticiones incrédulas. Ellos pasmados, ellos llegando tarde al cruce, ellos viéndolo todo desde el piso, ellos hundiéndose definitivamente en la derrota, en la derrota pequeña y futbolera y absoluta y eterna e inolvidable. (queria poner un fragmento mas corto pero creo que era desmerecer a Eduardo).

          Y bueno a veces toca contentarse con lo que hay, si ponemos de nosotros podemos garchar todo el finde, pero ademas falta que la chica diga que si, pero cuando la chica que tiene que decir que si, son gobernantes corruptos que ayudan a países primermundistas a explotar países pobres, es mas complicado que la chica diga que si.

          Otra vez me sorprendes con una de tus frases “No aprendieron a apreciar la sinfonía de una mollejita crujiendo sobre las brazas.”, cuando te leo me siento como Copani cantandole a Serrat.

          1. Nombrador    3 marzo, 2016 a las 1:58 pm

            Gran texto ese. Si, es un poco eso. Gracias, pero no lograrás agrandarme; de hecho esa frase tiene hasta un error de ortografía, sería brasas (aunque la carne gime en gallego, zzzzz!) Apuntaba a señalar la dimensión histórica de los gustos, ¿cuándo aprendimos que acariciar la pelota por arriba del arquero es más lindo que pegarle de “puntín”?. Y ahora me dejaste pensando en la importancia de las previas, tal vez los grandes goles son como las grandes olas, se forman reasumiendo aguas del pasado. Tal vez por eso se empieza a hacer el amor cuando le abrimos la puerta del auto a una dama, elogiamos algún detalle de su ropa impostando la voz y luego la escuchamos con atención.

          2. El toti    3 marzo, 2016 a las 4:11 pm

            A veces la vida te la pinta tan jodida , que quedarte con un vuelto de un mandado millonario te pone en una situacion de poder chiquito pero tuyo…es como cuando un periodista tiene un secreto chico de un personaje poderoso, no le va a hacer nada pero es esa cuota de poder sobre el otro.
            Hay gente que goza mas con los garches ajenos….como mi vecino que me grita los goles que le hace calquier equipo a river…

            Don Fernandez, no me sobrevalúe….comento como cualquier otro de los cientos que nos reunimos en este fogón del amigo casciari….si es que así se llama

          3. Tino Mendieyta    7 marzo, 2016 a las 2:53 am

            Hermano, conté los caracteres de tu comentario y superan en número a los del post que comentás. No es así la cosa..me parece…

          4. Matias Fernandez    7 marzo, 2016 a las 8:21 pm

            Tino, creo que es asi en el caso de todos, salvo que andes dejando post vacíos, igualmente no sabia que había un máximo de caracteres, no me tomo el trabajo de contar ni los caracteres de mis comentarios ni de los demás, me parece un trabajo de hormiga y sumamente fútil.

            Pocholo, que osadía meter las narices en un asado ajeno, envidio tu valentía, pero mas envidio tu oído fino de asador, una sensibilidad así seria muy útil para saber el estado de animo de la moyejita antes de pedirla en la carnicería.

        3. El toti    2 respuestas3 marzo, 2016 a las 4:20 pm

          Nombrador! te corrijo…creo que la onomatopeya de la carne asándose a las brasas es mas un kjjjjjj que un zzzz.
          que se yo…
          digo

          1. Nombrador    3 marzo, 2016 a las 6:50 pm

            Tenés razón Toti, (la k son los chispazos, no?) kjjjjjjjjjzzzzzsskjjjjzzjjjjjzjjjjjjzjjzjzjjjkjjjkjjjjjjjjzzzzzzzzszzzzzjjkzzzzzszzzzzkkkzzzjjjjzzzkjjj kjjjjjjjjjzzzzzsskjjjjzzjjjjjzjjjjjjzjjzjzjjjkjjjkjjjjjjjjzzzzzzzzszzzzzjjkzzzzzszzzzzkkkzzzjjjjzzzkjjj

          2. Pocholo DeGreit    4 marzo, 2016 a las 1:11 pm

            jajajaaja NOMBRADOR me mató el kjjjjjjjjjzzzzzsskjjjjzzjjjjjzjjjjjjzjjzjzjjjkjjjkjjjjjjjjzzzzzzzzszzzzzjjkzzzzzszzzzzkkkzzzjjjjzzzkjjj

            claramente tenes mucho carbón bajo la parrilla y se pincharon los chorizos. Hace algo que se te están apagando las brazas!!!!

  10. Matias Fernandez #70    2 marzo, 2016 a las 7:13 pm

    Pri.
    Una vez se escuchó en una parrillita olvidada de algun barrio viejo, una conversación entre dos amigos que fué mas o menos asi:
    El universo nivela por algún lado viste? Vos garchaste todo el fin de semana y a mi me toco el mejor pedazo de vacío.
    Cuan cierto es eso, que esta frase tan sabia fue dicha en una parrillita de barrio y no en una sucursal de una multinacional gerenciada por un payaso marquetinero que explota pibes recien salidos del secundario y vende carne de gusanos. Y cuan cierta es tambie si la aplicamos al deporte. Ellos, con todo su primer mundo, todas sus ojivas nucleares y todos sus rimbombantes espectaculos de medio tiempo del super tazón, tienen deportes llenos de ostentación y brillo, ese mismo brillo que no les permite disfrutar de las cosas simples o sutiles de la vida (tan sutiles como la diferencia entre un buen asado y un cuero arrebatado al fuego como la barbacoa que ellos hacen), deportes llenos de esa monotona y predecible rutina donde gana siempre el equipo mas poderoso, donde si un rival te pega, te sacas todas esas protecciones que te ponen para que no te lastimen si te pegan y te agarras a las piñas parando el juego… En vez de sumplemente tirarle un caño al que te pegó.
    Siento lástima por ti gringuito que no entiendes la diferencia entre gritar “defense” y aplaudir al arquero que la baja de pecho y le tira un caño al delantero que viene a apretar. Pobre de ti, que entiendes tan poco, que llamas football a un deporte que se juega con la mano. Te diria EEUU decí alpiste, pero en ingles no rima y aunque rimara tampoco lo entenderias.
    El universo nivela por algún lado viste?

  11. Lucas R #69    1 respuesta2 marzo, 2016 a las 6:49 pm

    Nadie comentó el resultado del partido de la NBA,.. Oeste 196 – Este 173??
    Culiau! no podés ser mas exagerado!?? (sí, soy cordobés!)

    Hubieras tirado un 107 a 116, q se yo! algo mas normal..
    Se nota q vos no ves partidos NBA, igual que el yanqui no ve fútbol, jajajaja

    1. Lucas R    2 respuestas2 marzo, 2016 a las 7:01 pm

      Ignorar comentario anterior, jajajajjaa,.. pero podés ser más específico Hernán,. era el Juego de las Estrellas (All Stars Game 2016) y si terminó así.

      Lo mismo sos un exagerado, gordo culiau! jaaja

      1. Juan Pedro Monteagudo    1 respuesta2 marzo, 2016 a las 7:54 pm

        Esto sería como una ñoñada del basquet, pero cuando dice que el Oeste le gano al Este, queda implicito que es en el All Stars Game, ya que es el único partido en el que se enfrentan las conferencias. Es como decir que Federer gano 3-6, 7-5, 4-6, 6-1, 7-6, por el orden de los números se entiende cuál set perdió y cuál ganó. Quería dejar otro comentario, nada más 🙂

        1. Sarko Medina Hinojosa    2 marzo, 2016 a las 10:31 pm

          Dejalo al cordobes!!!! que cosa pues sino arranca con chistes a lo flaco Pailos y terminamos diciendo que color sos #000000

    1. Nicolás Améndola    1 respuesta3 marzo, 2016 a las 2:16 pm

      Se me cruzo por la mente cuando leí el nombre… dije hdp el gordo.. mira como se hace el dolobu…después me acorde que yo estoy acá por la magia del mago no de la asistente 😉

    1. Nicolás Améndola    3 marzo, 2016 a las 2:20 pm

      Gracias Doctor G por el aporte a todos.

      Hernán vos tenes que tener una sección donde nos compartas estas cositas, flojoo hee te estas quedando te estaaas quedandoo… nos vemos a la noche!!

      1. NaTi P.    2 marzo, 2016 a las 4:18 pm

        nooo jajajajajaja, no se si el chiste del argento es bueno o malo, ya con la historia del robo y como funciona tu cerebro en esos momentos me mate de risa , (este cuento se me debe haber pasado ); Gracias H.!!!!!

  12. Juan Pedro Monteagudo #62    2 marzo, 2016 a las 1:24 pm

    “ese gol es un guiño entre dos personas que toman mate” es tan exquisito como el toque de Messi para que Suárez reviente el arco. GOL GORDO! (tres manitos con aplauzos de whatsapp)

  13. ela. #60    2 respuestas2 marzo, 2016 a las 7:05 am

    A esta altura del partido, Hernán, te leo por religión… Debo confesar que ni el fútbol -ni mucho menos el básquetbol- ni tampoco los chistes son mi fuerte… Leí varios comments esperando que alguien se dignara a contar adecuadamente el chiste al que hacés alusión al final -perdón por el spoiler-, sin destruir ni malograr tu narración que, por cierto, es una joyita… ¿Me lo contás vos? ¿Podrías?

  14. Irene ARG #57    2 marzo, 2016 a las 3:33 am

    ¿Podemos deducir entonces que Julieta es argentina?
    Lo digo por el citado chiste del final. Ahora no recuerdo cuál es el post donde está explicitado.

  15. Lucas #56    2 marzo, 2016 a las 2:28 am

    No voy casi nunca a la cancha. Pero tuve la suerte de ir a ver Boca Riber el año en que Riber se fue a la B. Estaba en la Bombonera debajo de la popular visitante (cuando todavía había popular visitante y una v en el nombre de Riber Plate). En la cancha rebosaban las banderas del fantasma de la B e incluso había algunos disfrazados con sábanas blancas. Desde arriba arrojaban pis en bolsa y en un momento hasta tiraron una sombrilla. Pero lo que más me asombró fue escuchar, en el entretiempo, cómo dos yanquis de esos que pagan el combo de chori-barrio-bombonera conversaban y uno le explicaba al otro qué significaba irse a la B. Y no sólo eso: el más alto logró hacerle entender al otro lo que era el “average”. Para mí fue una clase de lengua y de matemática. Y el más petiso, ese día, entendió algo del soccer.

  16. sebastian segarra #55    2 marzo, 2016 a las 2:21 am

    me gusto mucho su cuento y en como es diferente el fútbol para otras personas algunas sienten lo que es el fútbol otras no pero en realidad casi todo tiene que ver lo mismo si pones en un punto de vista de una persona que le gusta mucho el fútbol y otros deportes mas que las preguntas van a hacer las mismas pero algunos tienen la facilidad de pensar mas de acuerdo al deporte que otro que no sabe mucho del deporte mi conclucion es que debemos saber de lo que hablamos para así poder preguntar caso contrario no decir nada saludos y éxitos.

  17. Ariel Bär Sardá #53    2 marzo, 2016 a las 1:07 am

    Hace no mucho tiempo vinieron los tíos de Faviola desde Gral. Alvear a cobrarnos el alquiler. Ella siempre llega al mediodía y se queda unas cuantas horas que aprovecha para charlar con mi novia mientras yo no logro de ninguna manera encontrar una posición cómoda en la cama matrimonial que me permita trabajar sin tener que oír interminables chismes de la familia extensa que vive en Bolivia. Más tarde, cuando cae la tardecita, llega el tío luego de haber recorrido la avenida Warnes de punta a punta. Habitualmente sólo toca el portero y la tía se va. Pero esta vez subió y charlamos los cuatro un buen rato sobre sus vacaciones en Cuba (una invitación de su hijo que en realidad detestó porque él es un tipo que disfruta la Bristol y no veía la necesidad de ir tan lejos). Mi novia, hermosa mujer, tiene esa “preciosa” costumbre de intercalar algunas palabras en inglés, aunque sólo lo hace cuando está de muy buen o muy mal humor. Cuando finalmente los tíos se fueron, el tío Lito me invitó, sin la menor ironía: “Jani (honey) cuando quieras te venís a General Alvear, vamos al autódromo y después hacemos un flor de asado a la cruz”.

  18. Dani Garcia #52    2 respuestas2 marzo, 2016 a las 12:21 am

    ¿A los que se pidieron algún ejemplar de El pibe que arruinaba las fotos, qué versión les llegó, la de color azul o la que parece una página a cuadros de una libreta antigüa?

    Me refiero al diseño de la tapa del libro.

    Saludos desde la patagonia.

    PD: Hernán, mírate Shameless, te avisé la semana pasada…

      1. Dani Garcia    2 marzo, 2016 a las 7:47 pm

        La puta madre, me jodió la colección jajaja. Quería tenerlos todos en colores pero bueno, habrá uno que dará el cante…

        De todos modos esta muy buena la versión bordó, pero la puta madre, me dio coraje.

        El contenido muy bueno, eso sí, que al parecer también es importante 😉

        Al siguiente que edites que color le vas a poner, rosita?

    1. Liz Martínez Vivero    1 respuesta2 marzo, 2016 a las 3:32 pm

      Por favor Dani, dígame cómo puedo desde Cuba acceder a los libros de Casciari. Muchas gracias de antemano.

        1. Dani Garcia    2 marzo, 2016 a las 7:42 pm

          En el enlace de la tienda online (http://editorialorsai.com/tienda/). Los envíos son gratis lo pidas de donde lo pidas. Pagas por Paypal y listo.

          Te contesto yo si no te importa, que estoy de prácticas de secretario del gordo-flaco.

          (Respóndeme positivamente si tampoco te importa, que me dará puntos para que me contrate. Gracias)

  19. 18 BRUMARIO #51    1 respuesta2 marzo, 2016 a las 12:16 am

    Otra cosa, me encanta el ritual de los comentaristas. Es casi mejor que los cuentos.

    Es como la mesa de los galanes… pero sin mesa, ni galanes.