¿Cuando es que se acaba la joda?

Soy un iluso. Siempre di por hecho que, al nacer la Nina, aquellos que se pasaban la vida diciéndome "disfrutá ahora, porque cuando tengas un hijo se te acaba la joda" iban a desaparecer. Pero no. A la gente que da consejos pesimistas le encanta seguir a tu lado, sobrevolando tu inminente desgracia. Ahora han cambiado levemente el discurso; me dicen: "disfrutála ahora, porque en realidad es cuando crecen que se te acaba la joda".

Tener un hijo, por el momento, no se parece en nada a todo lo que me han dicho estos pájaros de mal agüero. No ha habido un minuto, ni uno solo, de desconcierto o agobio. Ni los llantos madrugadores, ni el tópico impedimento para ir al cine o al teatro, ni las cuatro mamaderas diarias, ni la mierda (cada vez más consistente y humana) de los pañales, ni las tardes que no puedo escribir, me importan un carajo. Y si se le pregunta a Cris, dirá lo mismo.

Desde hace seis meses —la Nina ha cumplido medio año, ¡oh!— estamos viviendo en una nube de pedo. Los tres. El tiempo se estira y se comprime sin que podamos encontrarle un ritmo: a veces creemos que era ayer cuando volvíamos de la clínica con una criatura en brazos, y otras veces nos da la impresión de que hemos vivido este tiempo con la intensidad de una larguísima década de novedad y descubrimiento.

Hace un par de semanas los abuelos paternos, enviaron a casa un regalo que no me canso de ponerle a mi hija. Es una camiseta de Racing que le queda todavía enorme pero que ya usa con la mayor responsabilidad (a pesar de que a algunos les moleste y utilicen el potoshop para escupir mentiras diabólicas). Cuando llego a casa y la veo con su camiseta albiceleste pienso que todo es como siempre imaginé que sería.

Y es que nunca he estado tan de joda como ahora. No es sólo que la joda no se acaba con la llegada de un hijo, es que, extrañamente, empieza. Los recuerdos anteriores, visto desde la perspectiva de la paternidad, son momentos simpáticos pero vacíos de polenta.

¿Con qué ganas regresaba yo en la antigüedad a mi casa de Mercedes, de Belgrano, de Urquiza, de Barcelona, si no había una hija que me esperaba? ¡Qué vida de mierda, aquélla! ¿Qué hacía por las tardes, si no debía preparar una mamadera con cereales a las seis y media? ¿Por qué razón no me quería morir? Preguntas de este calibre me hago ahora, mientras vuelvo a casa con desesperación, para darle los buenos días a Nina y comenzar a estar de joda una mañana más.

Hace una semana le contaba estos milagros a alguien que me retrucó con esa frase del primer párrafo:

—Disfrutála ahora, porque cuando crecen se te acaba la joda —me dijo, levantando una ceja, con ese gesto experto que ponen los idiotas.

Y no sé por qué, me dieron ganas de meterle la cabeza adentro de un balde con aguarrás. Los pesimistas deberían vivir en zonas rojas trazadas por el Gobierno, como los travestis. Si los querés ver e interactuar con ellos, te tomás un taxi y vas a sus barrios; y sinó, todos en paz.

He tenido siempre, desde chico, un karma que llevo sobre las espaldas con muchísimo sacrificio. Hay una clase de gente que sospecha, al verme, que en cualquier momento se me acaba la joda. Me pasa desde que tengo memoria, pero me ocurría sobre todo en el colegio. No había un solo profesor que no me haya dicho alguna vez: “ya te vas a caer, Casciari, y yo voy a estar ahí para verlo”. No soportaban mi aparente felicidad.

Yo me caía casi diariamente, la verdad sea dicha; yo era igual de infeliz que todo el mundo: pero no me quejaba. Y eso siempre le pone los pelos de punta a los cuervos y a los pesimistas.

Ahora, con la Nina, vuelve a revolotear a mi alrededor esa gentuza con sus predicciones de desbarranco futuro: al principio son dóciles pero después no podés dejar nada en la mesita ratona (te alertan); cuando empiezan el colegio se te va todo el sueldo en lápices, cuadernos y libros; en la adolescencia se te escapan de las manos y los perdés; cuando crecen tienen amigos delincuentes; cuando son mayores te meten en un geriátrico.

Siempre creí que los pesimistas vivirían más tranquilos en un mundo en el que los demás no reflejáramos nuestra serenidad. Me parece —es una teoría rebatible— que la mitad de su amargura es fruto de observar la paja en la risa ajena.

La miro a la Nina, sentadita en el sofá, y me pregunto si ella también tendrá la buena costumbre de vivir de joda. Yo espero que sí, espero que odie a los cuervos como yo los odio, que reniegue de los consejos pesimistas y que pueda andar por el mundo en su nube de pedo.

Me preparo, cada día, para disfrutar de la joda más grande: enseñarle a mi hija a entender que todo lo que ocurre en esta vida es algo que, bien mirado, tiene muchísma gracia.

Hernán Casciari
Miércoles 20 de octubre, 2004

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83 comentarios ¿Cuando es que se acaba la joda?

  1. GELY #81    26 diciembre, 2004 a las 5:23 pm

    Hola Hernan: que decirte de esta nota “GENIAL” , en todo lo que alli escribis , me parece estar escuchandome a mi misma , cuando me digo , “en esta vida , hay que vivir , como si fuera este, el ultimo dia” , asi les deje a mis hijos que eligieran al libre Albedrio , y , no les ha ido nada mal. Gracias Hernan , por hacerme ver , que no soy la unica “tocada” que piensa asi.Gely

  2. PolíticamenteIcorrect@ #80    31 octubre, 2004 a las 5:25 pm

    Excelente!! Apoyo tu moción de mandar a los pesimistas a una zona roja, así cuando tenemos ganas de escuchar malas gratis, hacemos un viajecito allí. Juntemos Firmas. 🙂

  3. JuanCC #79    25 octubre, 2004 a las 10:41 pm

    Es totalmente cierto, es maravilloso este breve ensayo sobre “la paternidad y el fin de la Joda”.Tengo/emos tres hijas:Malena(9), Camila (6) y Eugenia (20 dias) y como dice el poeta García…”siempre es como la primera vez…”, estas personitas no paran de decirte a diario, “La Joda es hoy, chabón”
    Te mando un abrazo.
    Juan Carlos Carlocchia – Bragado

  4. La Romu #72    22 octubre, 2004 a las 4:54 am

    Que el Angel Gris diga semejante tontería, con lo bien que me cae, es razonable. Es varón (hombres no hay).

    Pero que las minas se prendan… bueno. Parece que si una la pasa bien tiene que volvere sí o sí pelotuda y empezar a pensar distinto.

    Okey. Ahí voy.

    “Qué lindooo… las flores…. los pajaritos… la vida es beia… ¿no que sí?”

    ¿Contentos?

    Un beso grande.

  5. PatoMusa #71    22 octubre, 2004 a las 4:53 am

    Ponete de acuerdo, paranoica!
    ¿No me pediste que tomara nota de tus comentarios para cuando te decidas a escribir tu biografía?
    Ahora me ofendí y que te ayude otro.

  6. La Romu #62    21 octubre, 2004 a las 9:56 pm

    No, corazón, si mirás bien por donde caminás, no te tenés que caer en ningún lado, ni relojear por encima del hombro a todas las que no somos “optimistas” per se.

    Un beso grande.

  7. Interior #61    21 octubre, 2004 a las 9:13 pm

    Perdón Señora href=”#63″>#63, no pretendía ni refutar a nadie ni correr a nadie, simplemente señale que estamos los que pensamos distintos, pero no por eso soy de pocas ideas ;). Si me salgo de esta nube de pedos, ¿indefectiblemente me tengo que caer en un pozo?.

  8. Mercedes #60    21 octubre, 2004 a las 8:43 pm

    Romu! por Dios relajate, lo menos que queremos es que vuelvas y te enfades.
    Hernan : Tu hija es bella, sus ojos me inspiran mucha , pero munncha ternura, brillan relindo!

  9. La Romu #59    21 octubre, 2004 a las 8:12 pm

    Uy,#57, qué pocas ideas que tenés, nene.

    Ahora correme con los enfermos y los desposeídos.

    A ver si somos más creativos para refutar a los que no viven en la nube de pedos, corazón.

    Un beso igual.

  10. el edu #56    21 octubre, 2004 a las 7:28 pm

    Estimado papá y cólega:
    Parece que si tenés algo que es bueno, hay que ocultarlo para que no te mangueen. Todavía sorprendo a muchos cuando al “cómo te va” contesto “bien”, aunque con un cachito de miedo a no se qué…
    Tal vez sea esta puta manía de la culpa del pecado original, o del tan mentado valle de lágrimas, o vaya uno a saber…
    Te cuento que acá en la Argentina y en Bs. As. hace una primavera de la gran puta. Y si tenés hijos, y sos de Racing, mejor todavía.
    Un abrazo

  11. Vitalio #54    21 octubre, 2004 a las 7:08 pm

    A los que dan mate a los bebés e infantes: Propongo esperen a que tengan el sistema inmunológico más consolidado (no sé cuando, averígüenlo), pues conozco el caso de una beba de dos años que se hizo adicta a la bombilla y siempre pedia tomar, sea en casa o fuera. Al fin tuvo una faringitis, luego resfrío, y aunque evolucionó bien, fué un dolor de cabeza para los padres, que ahora se abstienen totalmente de darle acceso a la bombilla.
    La nena era muy graciosa sorbiendo la bombilla, pero hay que privarse de algunas gracias en homenaje a su salud.

  12. Interior #53    21 octubre, 2004 a las 6:11 pm

    La diferencia esta en gente que esta peor que #56 pero no vive para quejarse, vive para tratar de solucionarlo, y casi siempre con alegria, cualquiera fuera el trabajo que le toco en suerte

  13. La Romu #52    21 octubre, 2004 a las 3:44 pm

    Justo estoy volviendo para leer que escribiste semejante pavada.

    Decime una cosa, vos que sos inteligente y sesudo: ¿Quién te dijo que amar a los hijos está exento de que te cansen?

    Una sola cosa me queda clara: Si tenés problemas para cambiar lamparitas, si te gusta que te alcancen las cosas, si sos el vagoneta que sos, es lógico que vivas “en la nube de pedo”

    Y que la gorda sea tu compañerita de juego ideal.

    Pero si vos hicieras un trabajo de gente normal, llegaras a tu casa molida para encontrar que la bestia dejó tirado todo, que no se lava un plato ni por casualidad, que para que no te hagan abuela antes de tiempo tenés que poner cara de nada frente al farmacéutico y comprarle los forros, ¡otra sería tu perspectiva!

    No sé por qué me malicio que el trabajo duro lo hace la Cris, mientras el marido escribe estas églogas sobre el optimismo.

    ¡Squenún!

    Un beso igual.

  14. DudaDesnuda #51    21 octubre, 2004 a las 3:40 pm

    Si un hijo no logra modificar tu existencia o sos un pelotudo o estás muerto.
    Yo tengo días en los que me arrepiento de no haberme comido a mi hija cuando era chiquita y otros en los que siento que no puedo amar más a una persona.
    Ya sé que va a quedar largo mi mensaje, pero creo que esta poesía de José Agustín Goytisolo lo merece, se llama “Palabras para Julia”

    Tú no puedes volver atrás
    porque la vida ya te empuja
    como un aullido interminable,
    hija mía es mejor vivir
    con la alegría de los hombres
    que llorar ante el muro ciego.
    Te sentirás acorralada,
    te sentirás perdida o sola,
    tal vez querrás no haber nacido,
    yo se muy bien que te dirán
    que la vida no tiene objeto
    que es un asunto desgraciado,
    entonces siempre acuérdate d
    de lo que un día yo escribí
    pensando en ti
    como ahora pienso.
    Un hombre solo
    una mujer
    así tomados de uno en uno
    son como polvo
    no son nada,
    pero yo cuando te hablo a ti
    cuando te escribo estas palabras
    pienso también en otros hombres,
    tu destino está en los demás,
    tu futuro es tu propia vida,
    tu dignidad es la de todos,
    entonces siempre acuérdate
    de lo que un día yo escribí
    pensando en ti
    como ahora pienso.
    Nunca te entregues ni te apartes
    junto al camino,
    nunca digas no puedo más y aquí me quedo,
    la vida es bella
    tú verás como a pesar de los pesares
    tendrás amor
    tendrás amigos.
    Por lo demás no hay elección
    y este mundo tal como es será todo tu patrimonio,
    perdóname no sé decirte nada más,
    pero tú comprende que yo aún estoy en el camino,
    y siempre siempre acuérdate
    de lo que un día yo escribí
    pensando en ti como ahora pienso.