A diez años del primer post

El mes que viene se cumplen diez años desde que subí mi primer post a internet. Mis expectativas eran tan bajas que el primer comentario que recibí me pareció un milagro.

Según el servicio de archive.org (que recopila webs fantasmas de épocas pasadas) mi debut en la web ocurrió el 26 de septiembre de 2003, a las 3:15 PM. Fueron 832 caracteres con espacios.

Como si nos costara poco traer el pan, el Caio pasó un rojo y nos cayó una multa. Ciento diez pesos por lo del semáforo, y doscientos cinco porque es menor de 16. Total: trescientos quince mangos que hay que pagar o nos secuestran la tatadiós, que tras cartón es la única movilidad que tiene el Nacho para ir al puesto. Mi marido estaba que echaba humo, y lo corrió al Caio por el fondo hasta que lo agarró en un voleo y se desquitó un poco. Yo le gritaba: «¡Zacarías, dejá ese chico!», pero se conoce que no había caso. Si hubiéramos estado en la buena, Zacarías no hace tanto esfuerzo por alcanzarlo al Caio. Como mucho le sacude un zapato desde el sillón; pero no andamos en la buena. Antiyer al pobre lo cesantearon, después de veinte años en Plastivida SA, y no consigue ni para changas. Está alterado y se pone como loco por nada.

Un rato antes había creado una cuenta en Blogspot, porque se me había ocurrido escribir fingiendo la voz de un ama de casa: me parecía gracioso que una señora usara las tecnologías para quejarse del precio de las pizzas. Supuse que a Chiri, a Comequechu, a mis padres, los haría reír. Y les mandé el enlace por mail.

A la página la quise bautizar «Señora gorda», como el humorista Landrú llamaba a las amas de casa argentinas. Pero descubrí que no se podía poner la letra Ñ en una dirección web. Sin muchas ganas de pensar algo mejor, opté por «Mujer Gorda», incluso sabiendo que el guiño a Landrú se perdería.

Ese dato —no pensar demasiado en el título— me confirma ahora, diez años después, que no le tenía mucha fe a la aventura.

hache te te pe
dos puntos
barra barra
mujergorda
punto
blogspot
punto
com

¿Quién iba a acordarse de todo eso y además escribirlo en un navegador, además de Chiri, Comequechu, mi hermana y mis padres, que tenían el enlace directo en un mail?

A las tres o cuatro horas, apareció un comentario. Lo abrí con curiosidad para saber quién de mi familia, o de mis amigos, había sido el primero en acusar recibo del mail.

El comentario, sin embargo, era de un lector de Costa Rica.

Me dio tanta impresión que alguien no previsto estuviera leyendo esas líneas, que me puse nervioso frente al monitor. No supe bien si de vergüenza o de orgullo.

Lo descubrí esa misma noche, cuando en vez de borrar la cuenta de Blogspot, o bloquearla, escribí las palabras «Más problemas» en el asunto, y redacté:

Acabo de llamar a la Intendencia para denunciar a la vieja Monforte, que vive al lado de casa y tiene alzheimer y no para de escupir a la gente que pasa, desde la ventana. Yo creo que el Concejo Deliberante debería hacer algo con esta mujer… ¡Pero sabe dios cuándo me van a contestar los de la Intendencia! (…) Bué. Me conecto para eso nomás… Hoy hizo como treinta grados, y la Sofi me trajo un dos en cívica.

Sin saberlo, ese 26 de septiembre había escrito los dos primeros capítulos de una novela episódica que acabó nueve meses después. Mientras redactaba el episodio doscientos, llamado «Sefiní», había ciento veinte mil lectores de todo el mundo conectados, a la misma hora, esperando el final.

Después esa novela online tuvo premios y se hizo conocida y se convirtió en un libro al que llamé «Más respeto que soy tu madre». A ese libro le llegaron traducciones y adaptaciones, algunas muy buenas (como la francesa y la italiana) otras horribles (como la mexicana y la española).

Todas esas ediciones, en rústica y bolsillo, están agotadas y no se reimprimen desde 2010, cuando resigné mis contratos con las editoriales por motivos que detallo en una entrada de ese año que se llamó Renuncio.

Uno de esos motivos siempre me pareció el más injusto: que mis libros aparecieran en España, Argentina y México únicamente. Que nunca lo pudiera comprar mi primer lector de Costa Rica.

Utilizo a este lector como símbolo, claro. En realidad ni siquiera recuerdo su nombre. Pero en su metáfora descansan todos los lectores de países hispanos que nunca pudieron acceder a ese libro, a pesar de haber sido la energía que me impulsó a escribirlo.

Y así, en caliente, hasta me animo a quitar la metáfora. No es simbólico un carajo. Si aquel lector de Costa Rica, puntualmente él, no hubiera puesto su comentario agradable en el primer post de mi vida, yo no habría escrito nunca el segundo post.

Así de simple.

Cuando a fines de 2010 me harté de todo y nos pusimos a soñar con la editorial Orsai, yo miraba de reojo la hora en que mis contratos con las demás editoriales vencieran, para poder publicar «Más respeto que soy tu madre» con mis reglas.

No sé si es casualidad o afán, pero eso ocurrirá el mes que viene, justo cuando se cumplen diez años de mi primer mensaje en internet, que fue al mismo tiempo el primer capítulo de mi primer libro.

Poder publicar, después de una década, mi primera novelita en una editorial propia levantada a pulmón por casi todos los amigos a quienes iba dirigido ese «primer post», es un poco de azar y otro poco de muchas ganas de que ocurra.

Lo que sí es azar puro, y puedo jurarlo, es que a fin de mes estaré invitado a dar una charla en la Feria del Libro de Costa Rica. Podía haber sido cualquier otro lugar, pero el destino quiso que fuera ahí.

Lo confieso. Sé que no hay muchas posibilidades, pero lo confieso de todos modos por las dudas. Fantaseo con que en el medio de la Feria se me aparezca alguien, un absoluto desconocido, y me diga:

—Fui yo.

Y yo pueda devolverle esto.

«Más respeto que soy tu madre» (publicado por Editorial Orsai, ISBN 978-84-15525-06-6) entró a imprenta hoy, diez años después. Y desde hoy está a la venta en todo el mundo.

Hernán Casciari
Viernes 16 de agosto, 2013

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