Disculpe, ¿me dice dónde hay un quiosco?

Una familia ecuatoriana, marroquí, boliviana, rumana o peruana, cuando descubre que lo ha perdido todo, compra un pasaje de oferta y viaja a España para seguir siendo pobre en otro país. Una familia argentina, en cambio, antes de sucumbir económicamente, antes de caer en lo más bajo y hediondo de la indigencia, hace un último esfuerzo y pone un quiosco en su propio barrio. Lo último que hace un argentino antes de bajar los brazos no es buscar nuevos horizontes, sino endeudarse con un proveedor de golosinas.

Por ese motivo, y no por otro, en España no hay argentinos pobres. Quiero decir, no hay argentinos pidiendo monedas por las calles de Madrid, ni latinkings rosarinos en Barcelona, ni mafias porteñas, ni familias mendocinas que mandan a sus hijos a robar teléfonos, ni mendigos bandoneonistas, ni prostitutas de veinte euros que se llamen Carolina o Daniela. Hay pobres de casi todas las razas y colores, pero no argentinos. La razón es sencilla: los pobres de Argentina no emigran, mueren quiosqueros en sus propias casas, mueren alimentándose con golosinas caducadas y sin conocer el mundo.

En otros países se usa más el suicidio, el exilio, el alcoholismo o la degradación personal. Los argentinos tenemos un sistema un poco más extraño de asimilar el fracaso. Abrimos la ventana que da a la calle (en general la habitación del abuelo muerto), ocultamos la cama y la mesa de luz, llenamos el ropero de galletitas, alfajores y cigarrillos Jockey Club, y nos jugamos la última ficha a la mínima expresión del microemprendimiento: el quiosco propio.

Es una jugada extraña, porque lo que menos hace falta en Argentina son quioscos (hay uno cada ventisiete metros). Pero sin embargo siempre alguien supone que poniendo otro más no pasará nada malo. Algunos pocos están bien provistos, pero la mayoría son quioscos tan escasos como la creatividad de sus dueños, y solamente te ofrecen veinte o treinta cosas inútiles (en un buen quiosco debe haber, como mínimo, más de doscientas cosas inútiles). Y entonces ocurre que la frase que más utiliza un quiosquero novato es “de eso no tengo, pero me están por traer”.

Más de la mitad de los argentinos ha sido dueño alguna vez de un quiosco. Y el 98% de la población tiene un amigo que trabajó en uno. El quiosco forma parte de la vida diaria de los argentinos, mucho más de lo que nosotros mismos imaginamos mientras vivimos allí. Solamente nos damos cuenta de la importancia de los quioscos el día que emigramos y desaparecen de nuestra vista.

A España sólo se muda la clase media argentina: el joven profesional, el futbolista incipiente, el cantante malo pero honrado, el psicólogo mentiroso, el publicista sensible y también su novia, la modelo descerebrada. Pero el argentino pobre se queda en casa. Y la verdad es que esta tendencia nos está matando. A nosotros, digo: a los argentinos de clase media que vivimos en España, la ausencia de quioscos nos está dejando un vacío en el alma y otro, de dimensiones similares, en el estómago.

Como es por todos sabido, los argentinos no entramos a los quioscos por necesidad alimenticia, sino por angustia oral. Según un estudio, el ser humano que camina tranquilamente por la calle piensa en sexo cada ocho segundos. Los argentinos también, pero usamos los siete segundos restantes para fantasear con cosas rellenas de dulce de leche. Nuestro ritmo mental se comporta con esta cadencia:

…teta, cabsha, fantoche, shot, cubanito, concha, jorgito, milka, tubbi tres, tubbi cuatro, culo, aero blanco, minitorta de águila, teta, cabsha, fantoche triple —y vuelta a empezar.

Cuando un argentino pisa España por primera vez y recorre los bulevares sin rumbo fijo, descubre a los quince minutos que algo va mal, muy mal en su paseo, pero no atina a descubrir qué es. Es como caminar por las calles de un mundo paralelo, casi idéntico, pero con siete errores. ¿Qué es lo que me pasa—se pregunta el argentino—, por qué me vienen estas ganas de llorar? Al rato, descolocado su aparato digestivo, el recién llegado descubre el fallo: ha andado más de veinte minutos por una avenida y no se ha topado con ningún quiosco.

Por lo general, la primera conversación entre un argentino recién llegado y un español es la siguiente:

—Disculpe, ¿me dice dónde hay un quiosco?

—¿De periódicos? —pregunta el español.

—No, no. De cigarros, biromes, chocolatines, hilo de coser, alfajores, tarjetas de teléfono, cinta scotch, libros, tornillos, hojas cánson, planisferios, revistas, pelotas de rugby, linternas, ginebra bols, desodorante, helados, alcohol fino, café, panchos con savora y desinfectante para matar sapos.

El español indica como puede:

—Vamos a ver —dice—. Los cigarros los encuentra en el estanco, el hilo en la tienda, los libros en los supermercados, el helado en la heladería, la comida rápida en un burger, los tornillos y la linterna en la ferretería, las hojas y el mapa en la papelería, la revista en el odontólogo, el alcohol en los bares, las pelotas de rugby en Francia, y lo demás no tengo ni pajolera idea porque no existe.

—¿Y los alfajores?

—De eso por aquí no hay.

—¿Y entonces qué comen ustedes cuando van por la calle?

—Generalmente cosas con atún o con chorizo.

—¿Y dónde compran eso?

—En la panadería.

El quiosco es una de las costumbres argentinas más difíciles de explicar a un español. Es posible que te escuche con atención y más tarde te diga “ya, ya, entiendo”, pero en realidad sigue en blanco. Sólo se hace una idea fugaz, pero no puede ir muy lejos con la idea. Su estructura moral no concibe que en un solo sitio se puedan conseguir todas las cosas del mundo, a cualquier hora del día o de la noche. El español medio no comprende el concepto de síntesis, ni la urgencia de tener un antojo a las tres de la mañana.

Hay otras muchas costumbres argentinas que el español no comprende: el peronismo, por ejemplo; la televisión por cable, la palabra “prolijo”, el relato radiofónico de fútbol en donde el locutor entienda de fútbol, la ironía publicitaria, la autocrítica, el cine subtitulado, etcétera. Son todas nebulosas difusas en el cerebro ibérico. Pero la ausencia del concepto «quiosco» es, de todas sus taras, la más grave.

El día que el español conozca las ventajas de los quioscos es posible que se convierta en una raza entretenida. En vez de gastarse las monedas en las tragaperras y las horas muertas en los bares, comería más alfajores y descubriría que nadie puede ser dichoso en un país en el que al chocolate duro lo rellenan con chocolate blando.

Es hora de que los argentinos pobres de Argentina descubran que hay que instalar los quioscos aquí, en España, donde de verdad hacen muchísima falta, y no en el propio barrio, donde ya el nicho está saturado y en caída libre.

Somos miles y miles los argentinos que, en España, no sabemos qué hacer cuando caminamos por la calle. Vamos en ayunas a los trabajos, no tenemos envoltorios que tirar en la vereda, hace años que no nos robamos un encendedor del estante de abajo, lustros enteros sin leer el horóscopo del bazooka. Y lo que es peor: estamos a punto de olvidar el olor de la bananita dolca, que es peor que olvidar el rostro de nuestras madres.

Necesitamos de la pobreza de nuestros hermanos en desgracia, queremos volver a sentir el suave cosquilleo del sobreprecio de las cosas. Estamos dispuestos a consentir que nos den mal el cambio, queremos abrir nosotros mismos la heladerita de los conogoles y congelarnos los dedos. Queremos los bonobon derretidos del verano y los guaymallenes de fruta que nadie quiere. Queremos esos sánguches espantosos que vienen adentro de un plástico. ¡Queremos quioscos!

Argentinos pobres: hay un mercado enloquecido que está pidiendo a gritos un quiosquero en cada cuadra de España. Somos capaces de subalquilar nuestras propias ventanas que dan a la calle, y de pintar a mano para ustedes un cartel que diga «kiosko», las dos veces con k, con tal de que se incorporen a nuestras vidas europeas y nos llenen las manos de sugus, aunque sean todos de menta. No nos importa que bauticen a sus quioscos con la primera sílaba del nombre de sus tres hijos menores. Es más, echamos de menos esos nombres espantosos.

¡Aquí! ¡Aquí, en la madre patria, es donde estamos ansiosos y vírgenes de quioscos! ¡No allá, que hay muchos, sino aquí! Necesitamos hombres tristes, esposas despeinadas, adolescentes drogados y abuelos paralíticos que, con cara de hastío y de muerte en vida, nos vendan un paquete de cerealitas a través de una ventana.

Los estamos esperando, hermanos pobres; con los brazos abiertos, la sonrisa en la boca y los puños llenos de monedas de cinco, de diez y de veinticinco.

Hernán Casciari
Lunes 5 de febrero, 2007

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170 comentarios Disculpe, ¿me dice dónde hay un quiosco?

  1. Rosana Bariios Orrabalis #170    3 junio, 2013 a las 3:55 pm

    no me imagino mi vida, y ni siquiera concibo pensamiento, donde no vaya poor la calle mirando kioscos (porque se cescribe con K carajo) y entrar a un lugar pararme interrumpiendo el paso, contemplando, pensando, decidiendo por unos 5-10 minutos, para comprar lo de siempre o también cometer una osadia con alguna golosina desconocida, nueva, rara o hasta inverosimil. hace un tiempo me di cuenta que no hay lugar en el mundo donde haya tantas variedades de caramelos blandos, o alfajores o chocolates, que no sean para chicos, aca el adulto, solo es un niño con dinero. Creo que los kioscos son una forma de satisfacer huecos de la infancia donde o no existia, o no te compraban, y ya de grande me di cuenta q si se siguen haciendo los caramelos media hora es porque alguien los come, y que muy pocos chicos son los que comen las yapas, que son la causa por la que pèrdere mis dientes. saludos.

  2. Damian Giordano #167    27 julio, 2012 a las 8:30 pm

    q hdp ,,lo q me reí con este texto jejeje lo mejor de todo es q es verdad!! estuve viviendo un tiempo en BCN y ni un kiosko o minimarket,,y cuando preguntas x ellos te miran con cara de gente que no ve de lejos. Grande gordo,,,genio!!!!

  3. Vero #164    10 febrero, 2007 a las 8:51 pm

    “..lustros enteros sin leer el horóscopo del bazooka”. Me hiciste llorar de la risa, Hernán.

    ¿Porqué los españoles no entienden la palabra “prolijo”?.

    Me quedé intrigada…

  4. Alejandra #161    10 febrero, 2007 a las 12:28 am

    Si encontré en mi estadía en España a conocer una palabra que reemplace a “prolijo” y es aseado! prueben con eso.

    Hernan, maravilloso tu blog, aunque deberías saber que nuestros kioskos porteños estan siendo invadidos por la hipocresía cormillotoriana, que hace que en lugar de alfajores colmados de calorias y colesterol, te encuentres con barras de cereal diet.

  5. gawi #160    10 febrero, 2007 a las 12:20 am

    Vamos Orsai, no me jodas que en Gallegoland sí hay quioscos, tal vez no tan repletos como los de Bs Aires pero haberlos haylos, y tienen algo más que periódicos y fascículos, a saber: bonobús, chicles, caramelitos, mecheros, tabaco, pipas, ganchitos, conguitos de chocolate, snaks de galletitas, papas fritas…y la verdad es que poco más. Lo reconozco, estamos escasos de artículos que no valen para nada. No tenemos tiempo de jugar con artilugios. Yyyy bueno, pibe, yo veo las pelis con subtítulos, también hay cines donde nos atiborramos de pelis koreanas o turcas (“de autor” que queda más chic)…. No me exageres de melancolía, vamos que también compro alfajores en El Corte Inglés y en el mercado me ponen buenos bifes de tu tierra que son los mejores. Hasta en el subte se oyen por los pasillos bandoneones que lloran de añoranza. Amo tu tierra Orsi, sois geniales, y especialmente tú que lo reflejas tan cariñosamente.
    Gracias por escribir tan relindo, me emocionas para bien, cuando te leo.

    Me encanta escribirte con “acento gaucho”
    Besitos

  6. Ro #158    9 febrero, 2007 a las 5:14 pm

    “—…teta, cabsha, fantoche, shot, cubanito, concha, jorgito, milka, tubbi tres, tubbi cuatro, culo, aero blanco, minitorta de águila, teta, cabsha, fantoche triple —y vuelta a empezar.”

    Morí de risa!!
    Mi vida sin un kiosco no sería la misma. Durante todo el año 2006 mi almuerzo estuvo compuesto por dos barritas Cadbury Yogurth y en el mejor de los casos un pebete…

  7. Laura-cr #155    8 febrero, 2007 a las 6:02 pm

    Aquí hay algo parecido, se llaman “pulperías” y están disminuyendo, pero a mí me encantan. Me morí de risa con lo del abuelo, aquí varias pulperías son atendidas por viejitos en silla de ruedas que dan la mercadería por la ventana!!! Vos sabés si te das una vuelta por Costa Rica, en la de menos te quedás!!

    P.D: Aquí en el stock pulpero hay bonobon, dulce de leche, alfajores, sugus, cabsha, y demás. Además creaciones nacionales de rechupete.

  8. JAvo #154    8 febrero, 2007 a las 4:48 pm

    Hola, hace rato que leo y creo que es hora de dejar de ser de esos fisgones de blog y comentar algo.
    De acá pude sacar dos conclusiones:
    Una, que (mas allá de educación, cultura, etc..), en otros paises las calles están limpias porque no hay kioscos y no hay kioscos porque no hay dulce de leche con que rellenar cosas comestibles.
    La otra no es conclusión, es reivindicación, de aquel que es kiosquero de alma, porque ante algunos hay que sacarse el sombrero, verdaderos expertos de las utilidades y ventajas de las 2536 boludeces que venden, sí, así comprés un Bazooka o una linterna, ellos sin siquiera titubear te van a comentar todas las ventajas y desventajas de lo que comprás, de su competencia y de porqué el de la distribuidora no lo trae más, porque se peleó con la fábrica porque parece que le rebotaban los cheques y…
    Sí, aunque no lo parezca hay gente que parece disfrutar de pasarse 14 horas sentadas frente de una ventanita rodeados, tapados de bonobones, criollitas, para tís, pilas, peines, gráficos, forros, biromes,gentes, diarios, llaveros, mayonesas, billikenes, jack con sorpresa ….
    Un abrazo.

  9. eL nORI #151    8 febrero, 2007 a las 12:41 am

    Che, buenisimo, es lo que siempre pienso con respecto a los (k)quios(k)cos… una vez me colgue en brasil luego de buscar por varios lugares algo parecido, igualmente me los encontre… pero me imagino alla… eso de ir a comprar una Palermo a las dos de la mañana con una mochila para que no te pare la cana… creo que solo en argentain pasa!!!!! cuando quieras visita mi blog