El embudo

Tras la resaca del picnic de ayer, que fue uno de los momentos más hermosos de nuestras vidas, hago lo posible por publicar bien rápido por lo menos algunas imágenes y textos de lo que ocurrió en la cancha. Es imposible traducir sentimientos, pero lo que sigue es un muestrario para los que no pudieron venir, o para los que llegaron tarde por los cortes de ruta o la falta de nafta. Agradecerles es poco. Ojalá que la revista, que ya se empezó a distribuir, pueda sonarles exactamente como un gracias.

I.
Dice Chiri

Una tarde de 1987 yo estaba en la tribuna sur de esta cancha de la liga alentando al Club Mercedes, en un partido histórico contra Douglas Haig de Pergamino. Me acuerdo de ese partido en particular, pero hubo muchos. Si en aquel momento alguno de los que estaban ahí conmigo, Talín Doufourquet, el Negro Meana o el Chino Silvestre (aguerridos hinchas del club) hubieran sabido que veinticinco años después yo iba a estar adentro de la cancha, pero no jugando al fútbol sino presentando una revista literaria, me habrían expulsado de la hinchada para siempre; por puto.

Es muy posible que esas tres personas que acabo de nombrar hoy estén acá. Si me esfuerzo un poco, por más miope que sea, creo que hasta podría ver la sonrisa sarcástica del Negro Meana, con su emblemático colmillo de toda la vida, brillando ahí, en medio de todos ustedes. Ahora, que tengo cuarenta años, esa sonrisa no me intimida. Pero antes las cosas eran diferentes.

Tuve que demostrar algún mérito para ganarme un lugar adentro de la hinchada. Yo era una persona pacífica. Un adolescente tímido. Lo mío no eran las trompadas. Lo mío por entonces era la poesía. Después de mucho trabajo logré sumar algunos cantitos de cancha originales a la obra de los grandes poetas de tablón que tuvo el club. No es poca cosa.

También una noche de primavera lloré, delante del Jorge Casciari y de otros más, cuando la hinchada de Vélez, de esta misma ciudad, me robó una capelina roja de mi hermana, que a su vez yo le había robado a ella.

Esta cancha está llena de esa clase de recuerdos. Hubo una época en la que esperaba ansioso que llegara el domingo para ver jugar al Club Mercedes con mis amigos. Esos encuentros eran un ritual con su liturgia de banderas blancas y negras; de bombos, redoblantes y damajuanas de vino, y de cantitos hechos por nosotros mismos; que cantábamos convencidos de que no había otro club en la provincia de Buenos Aires como el nuestro, ni una hinchada tan original como la mercedina.

Tengo una vaca lechera
no es una vaca cualquiera.
Me da vino y cocaína,
es la vaca mercedina,
tolón, tolón,
tolón, tolón…

No importaba mucho si eso era verdad o no. Lo que importaba era que nosotros nos sentíamos parte de algo, que teníamos una historia en común; compartíamos un lugar en el mundo, un club que nos identificaba y que nos daba, a la vez, la mejor de todas las excusas para que los domingos no fueran como todos los domingos. Eso alcanzaba para que fuéramos felices.

Por eso tiene mucho sentido para mí estar acá esta noche, arriba de esta tarima, sobre uno de los laterales por el que alguna vez corrió el Canario Biaggini, sobre el mismo césped que alguna vez pisó Marcelo “la Loba” Bommagio. Porque esta revista también es nuestra historia en común. Una historia de verdad, sin dobleces raros, sin medias tintas.

En fútbol (esto va para las mujeres) estar en orsai significa estar fuera de juego. Cuando esto sucede el juez de línea levanta el banderín, el referí hace sonar su silbato, la maniobra se anula y el juego vuelve a empezar. El blog del gordo se llama Orsai por algo que tiene mucho que ver con esto. Porque en España, y por muchos años, el Jorge se sintió afuera del juego de toda su vida, el que lo había convertido en la persona que era, en la que es.

Después el gordo se aquerenció (un poco, no mucho) y llevó a vivir cerca de él a sus amigos y todo lo que ya sabemos. Y ahora su blog se convirtió en una revista hecha, primero, por una comunidad de seis o siete amigos, y después en esta criatura con voz propia que ahora estamos celebrando entre todos, en un ritual fantástico, raro y antiguo.

Cuando soñamos hacer esta revista pusimos el listón bien alto. Queríamos una revista sin publicidad, en la que escribieran los autores que más nos gustaban. Una revista que no nos vendiera nada, de ninguna de las maneras conocidas. Queríamos notas de largo aliento, crónicas periodísticas delirantes e ilustradores que nos rompieran la cabeza. Y sobre todo queríamos inventar un sistema, un juego con reglas propias, al que terminamos llamando la Pirámide Invertida.

La última de esas reglas, que ustedes ya conocen, decía que nosotros, desde el primer piso de la pizzería de Comequechu, nos comprometíamos a cagarnos de la risa, a pensar buenas ideas, a conseguir a los autores y los dibujantes que más nos gustaran, y a no hacer nada en función del dinero. Cada uno de estos puntos de la pirámide, incluso este último que menciono, fueron cumplidos casi sin esfuerzos.

Pero lo más alucinante es que, entre todos nosotros, terminamos convirtiendo una idea trasnochada en algo real. Somos parte de algo que está sucediendo. Esta noche con el Jorge estamos en casa, como cuando teníamos dieciséis años y veníamos a alentar al Club Mercedes. Ya no para que los domingos dejen de ser aburridos, sino para que cada día de la semana empiece a tener la forma de nuestros sueños; un sueño que empieza a armarse con nuestras propias reglas, fuera de juego.

Por eso estamos todos en esta cancha celebrando la presentación de una revista literaria. Por eso estamos en Orsai.

II.
Dice el Jorge

Voy a empezar con una confesión muy personal, de esas que no se hacen. Una confesión pedante, que hasta puede sonar horrible. No deberían hacerse estas confesiones delante de tanta gente. Queda feo. Pero lo voy a decir igual. Esta revista, Orsai, es lo mejor que hice con mi vida.

Atentos al “con”. No dije “en mi vida”. Dije “con mi vida”. La revista Orsai es lo mejor que hice con mi vida. ¿Se entiende el matiz? No digo que ésta sea una buena revista, ni tampoco digo que sea la mejor cosa que hice hasta ahora. Quiero decir que esta revista le da respuesta atrasada a una pregunta que me hicieron muchas veces en la infancia, en la adolescencia, en la madurez:

—Hernán, ¿qué carajo estás haciendo con tu vida?

Y yo nunca la pude contestar. Todas mis profesoras de la secundaria, por ejemplo, me preguntaron eso por lo menos una vez por semestre. ¿Qué estás haciendo con tu vida? Y yo ahora sé que podría haber contestado:

—Estoy practicando para una revista que se va a llamar Orsai.

Lo que quiero decir es que es este es mi proyecto embudo.

Un proyecto embudo es algo muy raro. No pasa siempre. Es muy difícil dar con uno. Nunca sale queriendo. Mucho menos podés ir a buscarlo. Viene solo.

A ver si lo explico mejor: a veces te metés en algo y te vas dando cuenta, en el camino, que todo lo que hiciste antes, lo bueno y lo malo, lo inspirado y lo mediocre, lo más lejano e infantil y lo más reciente y olvidable, todo, fue una práctica involuntaria para llegar al proyecto actual.

Todo lo anterior desaparece en un embudo, se condensa en el ahora. Haber conversado con Chiri en los recreos de la primaria, haber hecho la revista La Ventana en esta ciudad, hace ahora veinte años. Haberme ido a vivir a España, haber nacido en Mercedes. Haber leído a los que leí, en el momento en que los leí. Haber venido tantas veces a esta cancha. Todo.

Durante los últimos tres meses usé, como nunca antes, mis herramientas más antiguas para hacer un trabajo. Me hundí con sinceridad en mis mayores deseos.

Fue sin querer. Empezó siendo una cosa más que haríamos con Chiri. Otro de nuestros divertimentos trasnochados. Pero paulatinamente se convirtió en algo mucho más profundo.

Hacer este primer número de Orsai fue lo que más ganas tenía de hacer en el mundo. Los últimos tres meses fueron los mejores que podía tener.

Mientras trabajábamos en octubre y en noviembre, yo pensaba que no había absolutamente nada, en ninguna parte, que pudiera sacarme de ahí. No pasa muchas veces en la vida: saber que eso que estás haciendo es, inequívoca, exactamente, lo que querrías estar haciendo si todo deseo te fuera concedido.

Si a mitad de noviembre, pongamos, venía Aladino a la redacción, y frotaba su lámpara y me decía:

—Jorge, pedime lo que vos quieras; de una, sin compromiso. Lo que más quieras en la vida.

Yo le hubiera contestado:

—Aladino, dejame que estoy cerrando la página treinta.

A ese nivel.

Y así como en noviembre no hubo tentación que me sacara del proceso de una revista, ahora, en este momento, no quiero estar presentando esa revista en ninguna otra parte del mundo que no sea este pedazo de tierra.

Aunque ahora yo esté muy nervioso diciendo esto, aunque me trabe un poco y me emocione, no hay sitio en el planeta donde yo pueda estar más cómodo que acá, con las personas que me rodean.

Mercedes fue mi patio de atrás durante los primeros veinticinco años de mi vida. Caminé por absolutamente todas las calles de esta ciudad, de noche, conversando tranquilamente con Chiri, con Comequechu, con el Negro Sánchez, con Andrés Monferrand, con Talín Dufourqet, con muchos de ustedes aquí presentes.

Presentar esta revista en mi casa, en mi ciudad natal, en mi patio, es el último ángulo del embudo. La confirmación de su vértice.

Estar acá hoy, con el primer ejemplar de Orsai en la mano, frente a tantos amigos viejos y tantos lectores virtuales, me conmueve y me pone orgulloso.

Pero ojo. No es un orgullo del verbo vanidad. Es, por ejemplo, un orgullo de padre. Mi hija Nina está acá, ahora mismo no la veo entre la gente pero está acá; tiene seis años. No sé cuánto entiende de lo que pasa, pero de algún modo ya sabe que la felicidad laboral es hacer lo que se te antoja.

Mi orgullo es, también, un orgullo de hijo. Mi mamá está acá, se llama Chichita y tiene sesenta y tres años. Es mucho más fácil ubicarla porque se puso una capelina blanca y está en el medio de la cancha, llamando la atención. Chichita entiende perfectamente lo que pasa esta tarde, y sobre todo sabe que ella —y su esposo— tuvieron muchísimo que ver con el embudo. Son la boca del embudo.

Y es, también, un orgullo de amigo. Estoy absolutamente orgulloso de haber conocido a Chiri y a Comequechu, y de todas las cosas que hicimos juntos en el pasado hasta llegar a este proyecto de hoy, que es una revista literaria con una pizzería en la planta baja que se inaugura en una cancha de fútbol, con un picnic, el Día de los Inocentes.

Y si me permiten ser asquerosamente demagógico, pero limpito, quiero decirles que hoy siento, también, un enorme orgullo de escritor. Y este sí es un orgullo vanidoso. Que ustedes hayan venido de tantos lugares a esta presentación, un martes laborable, con 38 grados de calor, en medio de cortes de ruta, de piquetes, de falta de nafta en todo el país, de cajeros que no devuelven billetes, que estén aquí a pesar de eso, y que sean tan diversos en edad, tan multitarget, que hayan llegado en micros desde Buenos Aires, o en autos desde otras provincias, y que por el pasto haya chicos, y también viejas con capelinas, y que haya amigos que hace quince años que no veo, y amigos nuevos que veo por primera vez, y que todos estemos esperando una revista, todo eso, es lo máximo que yo le puedo pedir a mi oficio.

Lo quiero repetir: que ustedes estén acá, y que muchos de ustedes se hayan quedado en medio de la ruta empantanados, y que muchos otros estén haciendo F5 desde el blog para tener noticias de este picnic, es, lo máximo que yo le puedo pedir a mi oficio. No hay nada que supere esto.

Y que esta calidez, que este fervor, provenga de un hecho tan simple como haber contado historias en un blog, ése, es mi orgullo más secreto y vanidoso.

Por eso el modo más sincero que encuentro para agradecer ese orgullo de padre, y de hijo, y de amigo, y de escritor, es estar esta tarde con ustedes mostrándoles el fruto de un proyecto feliz.

Esta es la tapa del primer número de la revista Orsai. Cada uno de los 10.080 lectores empieza a recibirla hoy.

Tarea cumplida.

Algunas fotos del evento, en Facebook. — Algunos videos del picnic, en Vimeo.

Hernán Casciari
Miércoles 29 de diciembre, 2010

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432 comentarios El embudo

  1. Abby #431    6 enero, 2011 a las 11:11 pm

    Yo compré un pack, ya llegó a mi casa, estoy en el proceso de entregar las revistas.
    Mientras llevaba impresa la información en /licitacion para entregársela a un librero de mi ciudad que “me cayó bien” porque me dijo que le gustaba mucho la forma de escribir de Hernán, pensé: “esto no me conviene a mí, ni a mis compradores, económicamente.¿Por qué lo hago?” Por cada revista pagué 41,3 pesos argentinos, y a mis compradores se las cobré 45. Hagan las cuentas, no llego ni a cubrirme mi ejemplar. Pero ser distribuidora es lo que me permitió comprarme el 1er ejemplar. Soy de ese extraño tipo de personas que tiene plata en Paypal, pero el bolsillo agujereado. Si la revista la hubiese visto en una vidriera de una librería, ya sea grande o chica, ya sea a 50 o 75 pesos, NO hubiese podido comprarla.

    ¿Por qué lo hice? Supongo que porque quiero que la revista llegue a más gente, que se yo.

  2. conan #430    6 enero, 2011 a las 9:26 pm

    Ceci, cuándo te llegó? A mi me llegó un mail de DHL el 4/ene diciendo que YA había salido, pero todavía nada. No entiendo, si ya llegó a Mendoza, por qué no nos llegó a todos a la vez?

  3. Esteban #428    6 enero, 2011 a las 7:38 pm

    Yo leo los comentarios de todos, veo como hablan de la futura distribución del nº 2 y yo todavía no tengo la mía.

    Si se prende fuego una pizzería no me vengan a buscar!

  4. franco #427    6 enero, 2011 a las 7:00 pm

    muchísimas gracias, julián. la quise comprar pero la persona con la que me contacté me derivó a una librería que ya tenía todo vendido. en resumen: me cagaron. yo también me tendría que haber avivado antes, el 9 de diciembre recién mandé un mail diciendo que quería comprar la revista.
    en fin, no sé para qué te digo todo esto, a vos te debe chupar un huevo.
    gracias por la información.

  5. Max #426    6 enero, 2011 a las 6:13 pm

    En La Plata, mi ciudad, estimo que entre todos los distribuidores mas los grupos que seremos en total 6 vendimos al menos 250 ejemplares.

    Un flete que vaya a buscar las revistas a la imprenta cuesta $ 500.

    Supongamos que el flete llegue todo a la librería. Que la librería separe las 5 cajas que iremos a buscar los distribuidores y los grupos y que por cada caja reciba el valor de una revista. Y digo una revista porque es lo mismo coordianr con alguien que venga a retirar una revista o cincuenta.

    Entonces, a grandes rasgos, tenemos $ 750 por la distribución de 200 revistas en La plata. Como las transferencias son sin cargo, el único costo que tiene la revista por pago y traslado es de $3.

    Ahora bien, sirve sólo para el número 2, porque con el tiempo, los suscriptores encontrarán mucho mas fácil ir a retirar su ejemplar a una librería que generalmente son céntricas y de fácil acceso que a la casa o trabajo de un distribuidor. En defenitiva, que nos pase esto es culpa de los libreros, porque algunos señores, tendrían que poner una verdulería.

  6. Max #425    6 enero, 2011 a las 5:06 pm

    Algo es seguro: el pago, impresión y distribución de la revista va a ir evolucionando atravez de las ediciones. Digo evolucionando y no cambiando porque se entiende que con buenas intenciones las cosas van mejor. Esas buenas intenciones(o buena leche)que no tiene el distribuidor o librero que quiere cobrarles $75 a los que suscribieron a $52, entre otros ejemplos.

    Entonces para la realidad de hoy, se me ocurre que el análisis tiene que partir de que el 90% de las revistas, es decir 9.000, tienen como finalidad España y Argentina. En éstos dos países no se puede ir a pérdida.

    En argentina, que me compete, hoy las transferencias de hasta $10.000 son sin cargo. Y además según el último censo la población está concentrada en Buenos aires, Córdoba y Rosario.

    Entonces tenemos un medio de pago sin costos, y probablemente tres grandes centros de distribución a los que lleguen los camioncitos.

    Habría que identificar bien donde estan ubicados los lectores como punto de partida para el análisis.

  7. Cristian #421    6 enero, 2011 a las 2:31 pm

    Gordo!! no puede ser esto! me compre un pack de diez y me vino un señalador repetido!! aca hay tongo! y ni hablar si llega a ganar tonga…
    Igual me tengo fe, abrazo!

  8. Marcela G #420    6 enero, 2011 a las 1:40 pm

    ALGO RARO, hoy 6 de enero, aparece un post en mi mail con el texto AVISO LEGAL. Si uno clickea entramos A ACÁ: El embudo.
    Aviso Legal es un post publicado en septiembre 2010. Para mi que hubo algun inconveniente técnico. Será?

    Bueno, pero como soy medio colgada y la flaca que encargó nuestras revistas es una GROSSA DIVINA, solo me ocupé de leer sus mails y estar al tanto por ella, de cuándo llegaban las revistas. CERO ANSIEDAD, 110% DE CONFIANZA por suerte. LO QUE VEO que no me enteré del encuentro en MERCEDES. Francamente, lo mío, un bajón. Por eso lo comento. Podría caretearla, pero no quiero.Para qué? UNA BOLUDEZ SUPINA de una ANTI-Pri. jajajaajajajaj!!!

    AHORA que tuve unos minutos, (me costó encontrar el “posteo” del aviso legal channnnn) Y de paso visité la columna REVISTA. IMPRESIONANTE!!

    TE DAS CUENTA Hernán, que lo tuyo no solo es UNA REVISTA… LOKO!!! VOS ESTÁS modificando el MERCADO EDITORIAL!! Lo de los distribuidores, lo de los traductores!! Quiero que nos cuentes cómo vas a hacer con la “Aduana” IPAD… pero seguro que alguna forma le vas a encontrar.

    GRANDE, PIONERO!!!
    UN BESO y sigan asi que son inspiradores.

    Marcela Gaitán
    (cuando viva en mi “proyecto embudo” te aviso a vos PRI.)

  9. Gabriel Budiño #417    6 enero, 2011 a las 11:26 am

    cuando uno crece tiene que organizarse… comparto con hernán que que hay que apostar a la creación de chiris… desde el comienzo esto fue: ORSAI+CHIRI+VOS es decir siempre se pensó en un distribuidor.

    la clave es que los “CHIRI” que ganen la “liciación” se comprometan a entregar directo a “VOS” en domicilio.

    así no hay mas intermediarios que el necesario.

  10. Dave #416    6 enero, 2011 a las 7:04 am

    Sigo esperando mi revista que aún no llega a Casa del Sol… Alguien pudo retirarla de alguna sucursal?
    Buscaba “Lectores en mi zona” pero ya no lo veo

  11. Hernán Casciari #415    6 enero, 2011 a las 6:55 am

    Todas son buenas ideas. Las del hilo anterior y esta. Vamos a evaluar todas las opciones y (al igual que el precio en el número anterior, que lo pusimos entre todos) llegaremos a una idea consensuada. ¿Licitación? ¿Distribuidores por zona? ¿Múltiples imprentas? Todo suma.

    Yo creo que ya somos suficientes como para organizarnos bien.

  12. Demian #413    6 enero, 2011 a las 4:14 am

    Desde un punto de vista orgánico, los lectores se juntaron y formaron distribuidores (o bien compraron packs o bien convencieron a las librerías para que distribuyan las revistas).
    Hay que armar la estructura para que los lectores aglutinen la distribución para bajar costos.
    Es más subiendo la apuesta propongo un precio único, sin descuento, para solventar los gastos extras de distribución y ennoblecer la causa.
    Hernan ésto es un p2p de gente, si nos das las herramientas, nosotros arreglamos la distribución entre nosotros.

    No me parece sensato imprimir, porque perdes el control de calidad del producto final.

    Saludos

    Demian

  13. juan #412    6 enero, 2011 a las 3:48 am

    Hernan te falta imaginacion, aunque debemos reconocer que ya le has puesto mucha. 1) en argentina no pierdes por que imprmes ahi, si hubieses imprimido todo en españa ya te veo barriendo los pasillos de DHL para pagar, no seria rentable para argentina y ahi esta parte de la solucion, imprimes en mexico o estados unidos y lo haces centro de distribucion para norte y centro america, lo que sea mas rentable.
    pay pal no es la unica opcion, tampoco western union, ambos son unos verdaderos ladrones, hay al menos tres opciones mas y todas son via el sistema financiero internacional, BBVA, Santander o incluso american express, el distribuidor puede hacer un money order y parece que eso es mas economico que pay pal, peor si todo lo quieres hacer via internet, la revista deberia ser electronica y te quitas de problemas.
    estas dos propuestas matan a pay pal y el correo parcialmente, dado que no puedes imprimir en todas las ciudades, pero si en centros de distrubcion.
    si imprimir en mexico te sale por revista en unos 5 dolares, el costo de envio se va a los suelos.
    Confia en tus lectores como los lectores lo hacen contigo

  14. Lucas #411    6 enero, 2011 a las 3:39 am

    Que buena frase:
    “es necesario matar a PayPal y al Correo”. ¿Ellos no te habrán comprado alguna?

    Yo no entiendo nada de números, pero si el problema fue como se encareció x la distribución, pongamosnos las pilas los lectores. Es decir, enviá tantas cantidades a nombre de un representante por país y nosotros las repartimos! Yo tengo bici. ¿Y cómo se pagan? Bueno, ahora sería al revés. Confiá vos en nosotros Hernán que cuando te decimos: “quiero reservar una del Nº 2”, la voy a pagar cuando llegue a mi país, no? Pagá vos al principio y vas recuperando…

    Salutes!

  15. juan #410    6 enero, 2011 a las 3:36 am

    Hernan cuales y en donde son los problemas?, si le atinaste a imprimir en dos ciudades por que no en tres gograficamente situadas para minimizar costos y problemas???

  16. juan #409    6 enero, 2011 a las 3:25 am

    Julian justo lo que pense, solo agrego dos cosas a tu exelente argumentacion.

    a) la Fe que tuvieron los lectores de Orsai tambien debe ser reciproca de Hernan y banda para con los primeros, he visto como los pequeños distribuidores comenzaron a promocionar en un circulo que ni idea tenian del blog y los diferentes proyectos, si la revista y su tiraje crece sera por este trabajo hormiga que deberia ser mejor.

    b) si la impresion se hace en varias ciudades, hay que ver precios, el problema de costos de distribucion baja dado que las distacias no son iguales, sugiero mexico df o estados unidos, para cuidar calidad eso si se puede licitar.

    saludos y espero que el espiritu del proyecto se mantenga GLOBAL en todo el sentido de la palabra.

  17. Julián Chappa #404    6 enero, 2011 a las 1:25 am

    Hernán:

    ¿Y si imprimís también en México D.F.? ¿Solventarías esa pérdida que dan los ejemplares de Centroamérica? ¿O en Colombia? Entre Norte y Centroamérica según mis cálculos vendiste el 9,3% del total (supongamos 1.000 revistas). Si apostamos a duplicar para el Nº 2, serían 2.000. Por ahí podés hacer una tirada de 3.000/4.000 en la zona y equilibrar esos números. Seguramente no es tan fácil, pero es un aporte para ir desmadejando el ovillo y encontrarle la punta.