El limbo, desde dentro

Entré por primera vez a España —sin papeles— el 1 de enero de 2001. A los tres meses, cuando se me venció la visa turista, ya había decidido quedarme. Fui un indocumentado durante tres años, hasta que un bisabuelo italiano y muchos trámites me convirtieron en hijo de la Unión. Esos tres primeros años fueron complicados: no podía fumar porro en la calle ni conseguir trabajo en blanco. No podía hacer nada que llamase la atención. Tampoco podía, por ejemplo, volver a Argentina de visita, porque no me dejarían regresar. Pero volví.

En los aeropuertos españoles no tienen problemas en dejarte salir con el pasaporte vencido. No les importa, incluso se alegran de que te estés yendo, porque eso es lo que quieren. Lo que no te dejan es entrar de nuevo.

Estuve en Argentina la semana en que asumió Kirchner: del 20 al 30 de mayo de 2003. Después de reencontrarme con la familia y los amigos, de ver perder a Racing en el Cilindro, de comer seis kilos de alfajores Cachafaz y de saludar por última vez a mi abuela Chola, volví a Ezeiza con mi pasaporte caduco.

En el aeropuerto de Buenos Aires un empleado de migraciones miró mi documentación inútil y me soltó una frase que nunca me olvido:

—Si este fuera un país serio —me dijo— yo no debería dejarte salir con los papeles vencidos; pero pasá, que se hagan cargo ellos. Nos vemos en cincuenta horas.

Y me dejó subir.

Entré al avión con la certeza de que en Barcelona me mandarían para casa otra vez. Es horrible estar catorce horas en el aire, sentado a diez mil metros del suelo, inmóvil y atado, con la seguridad de que, una vez en tierra, te subirán a otro avión idéntico para desandar el camino.

Cristina me esperaba en el aeropuerto del Prat cortando clavos. Yo tenía pensado patalear, gritar, hacer escándalos, incluso desmayarme si me detenían. El desmayo falso es un arma muy útil cuando sos gordo, porque nadie te puede levantar del suelo.

Pero en Barcelona me tocó un empleado de migraciones miope, o quizá cansado, que miró mis documentos con desidia y me dejó seguir viaje hasta la calle sin decir nada.

Entré al país con la misma cara de un perro que hubiera volteado una maceta. Cuando me senté en un taxi catalán y dije la dirección de mi casa, respiré por primera vez en quince horas.

Desde entonces, y hasta hoy, le presto mucha atención a las deportaciones de latinoamericanos en Barajas o en el Prat. No es solamente que me parezcan expulsiones injustas, también me producen muchísima tensión y amargura.

La prensa española no informa sobre estos abusos. Ni la prensa de izquierda ni la de derecha. Es un agujero negro del que nadie sabe nada, del que nadie quiere oír.

Los periódicos de Argentina hablan mucho sobre el tema —sí— pero sólo cuando ocurre algo extra de caracter conmovedor:

  • Una profesora argentina, invitada por la Universidad Complutense de Madrid, perdió su embarazo por estrés, mientras esperaba ser deportada. Maltrato y hacinamiento en Barajas. Enlace.
  • Una abuela quiso ir a visitar a su nieto recién nacido a Canarias y no la dejaron pasar (incluso teniendo sus papeles en regla) porque el oficio de su país de origen es de “empleada doméstica”. Enlace.
  • A una profesora de la Universidad Nacional de Salta la deportaron junto con su sobrina de 9 años. La nena iba a visitar a su madre que vive en España. Vio a la mamá pero jamás se tocaron, ni se besaron: un vidrio las separó todo el tiempo. Enlace.

Son historias crueles, pero ese componente de aislamiento las convierte en casos especiales que no van al fondo de la historia. ¿Qué pasa realmente ahí dentro? ¿Cómo duermen? ¿Tienen baños? ¿Te ponen un abogado? Los más de siete mil deportados latinoamericanos mensuales que pasan entre 30 y 50 horas en Barajas y se vuelven en silencio, casi nunca pierden sus embarazos. No son noticia.

Ese montón de horas encerrados en unas habitaciones que nadie conoce, en el corazón de los aeropuertos, sin teléfonos móviles para contactar con el exterior, son un drama diario que está ocurriéndole ahora mismo, en este momento, a dos docenas de personas. Un drama que siempre tuve curiosidad por conocer.

La primera idea que tuvimos con el Chiri para la revista no era solamente arriesgada en producción, sino también carísima y bastante utópica.

Se nos ocurrió proponerle a algún periodista o escritor —con mucho oficio y ánimo para las aventuras extrañas— que viajara desde Buenos Aires a Madrid sin papeles, sólo con pasaje de ida, sin invitación ni dinero, para que se comiera las muchas horas en el limbo de los deportados. Que se dejara atrapar.

La idea: que nos contara desde dentro cómo son esos sitios secretos de los aeropuertos españoles donde un grupo de brasileños, ecuatorianos, rumanos, argentinos y mexicanos esperan incomunicados a que un avión (pagado por el gobierno de España) los devuelva a casa.

—Es complicado —dijo Chiri—, porque cuando te deportan no podés entrar a la Unión Europea por cinco años. ¿Que escritor o periodista va a aceptar el trabajo?

—Tendríamos que encontrar a un narrador nato —le dije—, uno de los de antes, de los que se juegan la vida en una crónica. Como cuando vos te robaste la foto de Wasmosy.

Nos quedamos pensando: no parecía posible dar con esa clase de periodista. Últimamente todos los colegas tienen ganas de entrar y salir de Europa cuando quieren. Son sibaritas del oficio.

—¡Seselovsky! —gritó Chiri.

—Sí —dije— Seselovsky estaba aquel día.

—No, boludo. Le tenemos que decir a Seselovsky que haga el viaje a Madrid y que lo deporten. ¡Seselovsky está loco y además escribe como los dioses!

Me quedé callado y pensativo. Alejandro Seselovsky había crecido muchísimo desde que lo conocimos en Énfasis, hace quince años. Algunas de sus crónicas en la Rolling Stone son míticas (sobre todo una en la que se pasó un mes entero trabajando en un call center para contar la historia desde adentro). Lo que tiene Alejandro, cuando escribe, es que logra que vos estés ahí, que seas su mirada. No narra con la cabeza sino con el cuerpo. Como si una mosca, con sus mil ojos, supiera contarte lo que ve.

—Me encanta Seselovsky —le dije a Chiri—, ¿pero vos te pensás que se va a arriesgar a que lo expulsen de la Unión Europea? Además no sabemos si ahora, con cuarenta años, está tan loco como antes. Tiene esposa, tiene hijos.

—Escribíle. Nosotros también tenemos cuarenta, esposa, hijos, y mirá las boludeces que hacemos.

Chiri suele tener razón. Esa misma noche (11 de octubre, hoy hace justo un mes) le escribí a Seselovsky el siguiente mail:

Ale, una idea. Te mandamos un pasaje de ida a Madrid para que te deporten y pases 48 horas detenido hasta que te manden de vuelta a casa. Queremos saber cómo es ese mundo desde adentro. Puede que te incomuniquen y que te peguen, pero no creo que muy fuerte. Además no te dejarían entrar a Europa durante algunos años. Te pagaríamos equis plata por la molestia. ¿Lo ves muy descabellado? Abrazo, Hernán.

A los diez minutos nos vino la respuesta por mail:

Dale. ¿Cuándo lo hacemos? Para mí sería óptimo la semana que viene, porque en diciembre presento mi nuevo libro Trash y tengo que estar acá. Abrazo, Ale.

Nos quedamos con Chiri mirando su respuesta en silencio. Supimos que Seselovsky estaba más loco que antes, y que era mejor periodista que nunca.

La “Crónica del deportado” es uno de los contenidos que más me gustan del número 1 de Orsai. También es la más cara de las producciones: abogados acá y allá, pasajes, producción, hotel por si Seselovsky pasaba la frontera, etcétera.

Alejandro salió de Buenos Aires cuando Kirchner estaba vivo, sufrió cincuenta y dos horas de presidio y el gobierno español lo devolvió a Ezeiza cuando Argentina ya era otra.

A su regreso me escribió:

Casciari, estoy de vuelta en la ex patria K. Los resultados de mi experiencia en Barajas son de diez sobre diez, por lo menos en términos de lo que fui a buscar. Para decirlo más fácil, no me podría haber ido mejor. Estuve 47 horas detenido en la zona de no admitidos, fui entrevistado por polis, defendido por abogados puestos por el Estado español, y compartí desayuno, almuerzo, merienda y cena con un rumano que me explicó por qué robar whisky en Madrid es tan redituable para rateros como él, con una nigeriana que lloraba todo el día en el teléfono, con tres brasileñas evangélicas convencidas de que Cristo las iba a hacer entrar a España; en fin, docenas de historias. Saqué fotos clandestinas, te las adjunto. Hay un elemento que me traje que está bueno para usar: lo que está escrito en las paredes de ese limbo. Los deportados dejan grafitis. Copié la mayoría, porque tengo ganas de armar la crónica con esas frases como subtítulos. Es una boludez que hago a veces. Yo dejé un grafiti también, detrás de una de las camas: “Alejandro Seselovsky estuvo acá, para Orsai Revista, el 26 de octubre de 2010”.

Al recibir ese mail, con Chiri supimos que estábamos haciendo la revista que habíamos soñado.

Hernán Casciari
Jueves 11 de noviembre, 2010

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472 comentarios El limbo, desde dentro

  1. alet #472    2 abril, 2011 a las 12:02 am

    Ale,…si supieras que no la estoy pasando bien….que me gustaria,que me haria tanto bien escucharte,….pero sos “COMO UNA ESTRELLA QUE NUNCA PODRE ALCANZAR”…te mando un beso triste….

  2. iron samurai #471    15 febrero, 2011 a las 12:42 am

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  3. alet #470    5 febrero, 2011 a las 5:01 pm

    POR TU AUSENCIA!!!¡jamás inmajiné,que sucediera algo así,…quien me lo iba a decir,…con lo lejos que estabas tu de mí,…tan solo en mis sueños,fuiste mio,noo…Estando junto a tí,no me parece realidad,FUISTE COMO UNA ESTRELLA QUE YO NUNCA LLEGUÉ ALCANZAR,TE ALEJABAS MAS Y MAS EN LA INMENCIDAD…..Estoy tan enemorada,que aún no puedo creerlo,que estes a mi lado diciendóme te quiero,besando mi boca,acariciando mi pelo,NO ME LO CREO….Me siento tan felíz,que no se como expresar,lo que siento por tí….eres algo TAN ESPECIAL,creo estar en un sueño en el que no quiero despertar…..ESTANDO JUNTO A TI,NO ME PARECE REALIDAD,FUISTE COMO UNA ESTRELLA,QUE YO NUNCA PUDE ALCANZAR Y……TE ALEJABAS MAS Y MAS EN LA INMENCIDAD……(manzanita)…..

  4. canto moretic #468    19 enero, 2011 a las 5:17 pm

    son increíbles, su revista es increíble… realmente como decían los demás en los comentarios SON ADICTIVOS!! yo los conocí recién una amiga me regaló su revista y me quedé loca… felicidades y sigan adelante!!!

  5. Daniel #466    25 diciembre, 2010 a las 11:28 am

    Después de la censura (repito: censura) que Hernán ha hecho de algún post donde aportaba links que demuestra que Hernán miente (repito: miente) abandoné el post, no fuera esto a acabar mal. No me fio de la gente como él, se empieza azuzando la xenofobia, se sigue aplicando la censura y todos sabemos como acaba.
    Pero me faltaban aportar unas últimas palabras: Villa Soldati, el reportaje que ustedes no leeran en Orsai.

  6. james guapacho #463    12 diciembre, 2010 a las 9:04 pm

    Solo una cosa..

    En serio ustedes están locos de atar, yo con mis desvarios no llegó ni a la rodilla de ese man.

    No sé si felicitarlos o dejar de leerlos 🙁 glup

  7. maria sancho #461    9 diciembre, 2010 a las 12:39 am

    Muy bueno el blog y otro tanto la revista.
    ODIO los “pri” me pregunto como se puede ser tan pelotudo?, ODIO los comentarios chupamedias de todos los fans del blog, che que se puede felicitar sin ser tan… ñañañaña Hernan. Tomatela

  8. Poli #460    8 diciembre, 2010 a las 8:54 pm

    Ahora todos son listos y valientes….
    les falta pedir: “Hernán, puedo ser tu amigo????”
    dando saltitos en el mismo lugar al estilo de El Chavo,
    cuánta inmadurez.
    Felicito a los que harán la revista, y con estas historias, les saque unos pesos/euros, a los que la compren…guantes blancos, fino fino…

  9. Juan Ismael #455    26 noviembre, 2010 a las 10:03 pm

    Simplemente quería agradecerles por esta idea buenisima que tuvieron, y decirles que siganle metiendo con todo.
    Y haber Chiri si me recuerdas y me mandas un mail o algo…
    Mucha suerte!

  10. Noelia #454    25 noviembre, 2010 a las 4:50 am

    Che, seré muy rompebolas para mandarte a corregir un texto de hace 2 años , pero si tenés ganas en el texto que menciona el comment anterior dice:
    “la que aliementa la pena con la que tenemos”, debería decir ” que alimenta” .
    Saludos

  11. Gringo #453    24 noviembre, 2010 a las 5:57 pm

    Mortal. Vale la respuesta del lector, más que la del escritor. Paso a leer textos antiguos. Es que me incorporé hace poco a esto de leer desde una pantalla…
    Gracias loco!

  12. franco #452    24 noviembre, 2010 a las 5:13 pm

    “…Mis amigos de siempre me seguían apodando El Gordo por inercia, pero mis amigos temporales, los que me habían conocido flaco, no entendían por qué yo respondía al apodo histórico:

    —Flaco, ¿por qué tus amigos te dicen el Gordo?

    Entonces yo mostraba con orgullo mi documento de identidad, cuya fotografía era la de un gordo precioso y sonriente, y todo el mundo se sorprendía del que había sido en los ochenta…”

    http://orsai.bitacoras.com/2008/05/una_decada_flaca.php

  13. Gringo #451    24 noviembre, 2010 a las 3:33 pm

    Seguramente este comentario se va a perder en medio de los otros 400 y pico. Además… me siento medio pelotudo por lo que voy a decir (medio, con lo cual me queda la otra mitad) Es un comentario viejo, que ya pasó, que ya no podía hacer en el lugar debido. Me explico: en tu texto “La Revancha”, que me pareció buenísimo, vos contás “En esa época yo era un tipo flaco, de veintitrés años, que trabajaba en una revista económica llamada Énfasis”. Luego, cuando Andrés Gelós te echa y lo invita al Chiri a quedarse él responde: “Yo me voy con el Gordo —le dijo sonriendo.” Entonces…………¿eras gordo o flaco?
    La mitad que me dice que es un comentario pelotudo le está ganando a la otra mitad que no se puede contener en escribirte esto que seguramente no leerás. Pero bueno, son detalles ridículos.. y justo me di cuenta.
    Saludos y espero que llegue la revista a Córdoba.
    Abrazos!