El picnic

Las cosas no salieron como estaban planeadas. Pensamos que venderíamos unos tres mil ejemplares del primer número. Pensamos que los escritores y dibujantes prestigiosos nos dirían que no, al menos la primera vez. Y que pagaríamos las colaboraciones y los sueldos de nuestro bolsillo. Y que el sueño de una revista sin publicidad era solo nuestro. Y que si las librerías nos daban la espalda nadie compraría un pack. Y que la prensa no se interesaría por el proyecto. No esperábamos, ni remotamente, lo que pasó.

Sobre todo, no soñábamos que un proyecto así, tan caprichoso y personal, pudiera financiarse —absolutamente— con la venta anticipada de la revista.

Por eso me apuro a dar la primera buena noticia; ustedes merecen saberlo primero que nadie, porque lo hicieron posible. La primera buena noticia es que el proyecto es rentable. Los honorarios de los autores e ilustradores, los sueldos del staff, los costos de imprenta y los gastos de envío a cada país se cubren —casi exactamente— con los pagos de Paypal, transferencia bancaria y Western Union de cada uno de los distribuidores y lectores.

Estos resultados, completamente imprevistos, generan también algunos hitos editoriales que no tienen precedente. La imprenta, por ejemplo. En las dos imprentas donde se hará la tirada de la revista están alucinando porque, por primera vez, un cliente pagará la tirada completa de una revista literaria en efectivo y antes de comenzar la distribución.

—En general nos pagan a noventa días —me dijo el dueño de la imprenta de Cataluña—, o eso dicen. Al final solo paga el cincuenta por ciento de los clientes. Las revistas literarias no se venden, quiebran a la mitad de proceso. Algunos ni siquiera vienen a buscar el trabajo terminado porque no tienen dinero para el primer pago.

Lo mismo ocurre con los autores: todos cobrarán sus honorarios antes de la salida a la calle del número uno. Algunos de ellos no pueden creer que seamos nosotros (la revista) los apurados para que envíen la factura y puedan cobrar antes de las fiestas de fin de año. Con Chiri decidimos pagarles a todos, incluidos los varios que, en principio, decidieron no cobrar por su colaboración. Y no lo estamos diciendo ahora para que ustedes piensen bien de nosotros. Lo decimos para que ustedes piensen bien de ustedes. Lo decimos para que sientan que el esfuerzo, que la empresa en la que nos embarcamos todos, funciona.

Empresa. Estuve a punto de no escribir esa palabra en el párrafo anterior, para referirme a lo que conseguimos entre todos. Busqué un sinónimo que sonara mejor, pero en realidad la palabra no tiene la culpa. La palabra empresa está muy bien. El problema es lo que hicimos con esa palabra en el siglo pasado.

Pero si lo pensamos bien, en su primera acepción no es mala palabra: “Acción que entraña dificultad y cuya ejecución requiere decisión y esfuerzo”. ¿Por qué no decir empresa? Nos divertimos como chanchos haciendo esto, y sin embargo es rentable. Yo creo que podemos pronunciarla en paz.

Lo mismo ocurre con otra palabra que siempre intentamos esquivar: inocente. No estaba tan mal ese adjetivo en los viejos tiempos. Pero de cien años a esta parte es como decir “lepra”. En estos dos meses nos la dijeron mucho, con un tinte peyorativo, los que no confiaban en el proyecto:

—¿Una revista sin publicidad? —me dijo alguien— Es un proyecto demasiado inocente. Vais a perder. Hay crisis.

—¿Lectores comprando la revista de a diez, porque sí? —escuchamos también— La gente no es tan inocente.

Inocente. “Que no daña, que no tiene malicia, que no es nocivo”. Eso dice el diccionario sobre la palabra. Es extraño que estemos tan acostumbrados a usar el adjetivo con una connotación defectuosa.

Es extraño que para ejecutar sueños que requieren decisión y esfuerzo, y para hacerlo sin daño y sin malicia, no podamos usar las palabras que definen esa acción: embarcarse en una empresa inocente. Es extraño que nos sorprenda cuando la mezcla sale bien. Estamos asqueados de tanta mierda, pero al mismo tiempo acostumbrados a soportarla. A olerla. Por eso nos sorprende la ausencia del mal olor.

Nos sorprende confiar en un desconocido. Hacer una transferencia sin factura. Pagar antes de recibir. Tener fe en ideas trasnochadas. Conocer a personas que no teníamos previsto conocer. Organizar fiestas o asados para recibir una revista. Promocionar una idea, hacerla propia, convencer a amigos.

Nos sorprende que seamos diez mil personas queriendo lo mismo, y que eso que queremos no sea complicado de obtener. Nos sorprende que podamos tener veinte, treinta, cuarenta años viviendo en este mundo, y todavía nos quede fe para ser inocentes, cándidos, adolescentes, crédulos, y que desde ese lugar descontaminado podamos soñar una empresa como las que se soñaban antes, cuando no existía el Hombre Corbata. El intermediario. No sabíamos que se podía trabajar en paz.

Nosotros, Chiri y yo, en la primera sobremesa, cuando apareció por primera vez la idea de esta revista, no la soñábamos tan fuerte como la soñaron ustedes.

La segunda buena noticia es que vamos a hacer un picnic. La idea surgió porque empezamos a recibir noticias de gente que está organizando fiestas, o quedadas, o reuniones, todas a principio de enero, cuando se reciba la revista. Sabemos que ocurrirá en Mendoza, en Madrid, en Córdoba, en el DF, en bastantes ciudades. Y nos dio una envidia rabiosa. No sobró demasiado dinero de la venta del número uno, pero sí el suficiente para organizar un picnic.

Y justamente porque necesitamos un lugar al aire libre, desistimos de hacer la fiesta en Sant Celoni (está haciendo mucho frío). Decidimos volar al verano, con un pack de revistas en la valija. Poquitas, las suficientes para leer un rato entre amigos.

La noticia es esa, y ya termino. Estamos organizando un picnic el día que la revista salga de la imprenta. Un picnic raro, porque nos llevamos también a Comequechu para que nos cocine pizzas mientras mostramos la revista. Es decir, un picnic con porciones de muzzarella caliente.

Como ya hicimos en 2008, cuando viajamos a Buenos Aires a presentar “España perdiste”, no podemos decir en qué lugar exacto será el picnic. Sí diremos en qué ciudad y qué día. Pero no el lugar exacto, porque eso dependerá de las personas que reserven su invitación, y del espacio físico que necesitemos para albergar a todos con comodidad.

Y así llegamos al final de este año, el año en que cumplimos cuarenta… Vamos a hacer la presentación mundial de la revista Orsai en la ciudad de Mercedes, provincia de Buenos Aires. No tiene sentido hacerla en otra parte. Nacimos ahí, siempre vamos a ser de ahí.

Y tampoco tiene sentido elegir un día distinto para encontrarnos y festejar el inicio de una empresa que hicimos entre todos, sin publicidad y sin intermediarios. Será el martes 28 de diciembre.

El día de los Inocentes.

Hernán Casciari
Martes 14 de diciembre, 2010

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606 comentarios El picnic

  1. José #604    25 diciembre, 2010 a las 12:55 am

    Hernán, Chiri y todos los que hacen y apoyan este proyecto: los felicito, admiro y respeto por lo que hacen. Al margen, mandé el mail para ir al picnic y nunca recibí la contestación. Por lo tanto, por ahora, no podré asistir. A alguien más le pasó esto? Algunos quedaron en el camino? Organicé mi día para viajar a Mercedes desde Rosario, pero no creo que me dejen entrar sin ese comprobante mágico electrónico que tengo que imprimir. Espero respuesta, por favor.
    Saludos.
    José

  2. Roberpf #601    23 diciembre, 2010 a las 6:57 pm

    Perdona tú, Rafa B.

    En realidad creo que mi “enojo” venía más dado porque había estado leyendo “otros foros” menos civilizados que este y, en esos, la palabra “mandril” sí que la utilizan para insultar.

    Con el ambiente que hay por aquí, me chocaba el comentario pero no pasa nada…

    Aceptadas tus disculpas (no eran necesaris) y espero aceptes tú las mías.