El sentido del olfato en los trenes

Mi nombre no importa; no voy a presentarme. Lo que importa es mi cara, que aparece de perfil en un video que ahora recorre el mundo. En ese video viajan en metro un español, una ecuatoriana y un argentino. (Parece el principio de un chiste, pero no lo es.) Yo soy el argentino. O quizás en ese video vayan en un vagón una víctima, un verdugo y un cobarde. En ese caso, soy el cobarde. También es posible que en ese tren estén viajando tres animales muertos de miedo, oliendo a diferentes miedos. Pero eso no lo dice nadie.

Yo soy el que mira para otro lado, el que está sentado a la derecha y abajo de la imagen. Aparto la vista porque tengo terror de sobresalir, de cruzar la mirada, de chocar contra los ojos de la bestia. Hay una pregunta que no quiero escuchar en ese momento, en ese tren, a esa hora de la noche. La pregunta es: «Y tú qué miras».

No tengo la suerte de ser un argentino invisible, nieto de polaco y española, o bisnieto de italiana y vasco-francés. Soy argentino profundo, algún indio ranquel anda en mi sangre todavía. Y ese cuarto de sangre contaminada es suficiente para que aquí me pidan los papeles por la calle, o para que me peguen una paliza los leones.

Los leones nos detectan por el rasgo aindiado, no por el pasaporte. No importa dónde nacimos ni si les quitamos el trabajo. No importa quién es nuestro dios ni el de ellos. Es solamente un tema de fealdad facial. No sé por qué le llaman racismo a este asunto; estoy seguro que con cirugía estética a precios razonables, en España se acaba la violencia en los trenes nocturnos.

Por eso yo no pongo nunca mis ojos en los ojos del león, ni en este video que recorre ahora el mundo ni tampoco antes, en otros vagones sin cámaras de vigilancia. Pero sobre todo en este video, yo no quiero que él me huela. Si no estoy atento a su merienda flamante, si sigo pastando ajeno, es posible que la bestia no descubra que soy un ciervo idéntico al que ya está devorando.

Antes de que el león subiera al tren, yo miraba con timidez a la chica. Estábamos solamente ella y yo en el vagón vacío. Entonces sí hubiera deseado cruzar mirada, intensamente. Hay hombres que tienen la entereza de mantener los ojos fijos en la mujer desconocida, en un tren o en cualquier sitio, aunque ella también observe. Yo soy tímido y no puedo hacer esas cosas. Yo soy, también cuando no hay leones merodeando, el macho cobarde de la manada.

Nosotros, los tímidos, los cobardes, fantaseamos en los trenes. Más que nada cuando viajamos con mujeres hermosas a las que no sabemos abordar.

Una de mis fantasías preferidas es salvar a la chica hermosa de un peligro, ser su héroe. Los tímidos no sabemos trabar conversación falsa («¿sabes si este tren tiene parada en Virreyes?») ni entablar diálogo seductor «yo también he leído ese libro que estás leyendo»), entonces sólo nos queda la providencia improbable de un peligro.

Por eso mismo más tarde, cuando el león ya desgarraba a su presa con insultos y con patadas certeras en la cara, sentí por un momento que Dios me había preparado una broma cruel:

—Ahí lo tienes, cobarde —me decía el Señor—. Ahí está tu fantasía hecha realidad, el dichoso peligro ajeno que pides cada noche en los metros y en los autobuses y en las calles oscuras, cada vez que no puedes abrir la boca frente a una minifalda. Aquí tienes tu momento, tus quince segundos de gloria, anda, ahora puedes ser el héroe de esa chica, su bienhechor. Levántate y haz lo que has soñado mil veces.

Qué exagerado para los milagros resulta, a veces, Nuestro Señor Jesucristo. ¿No podía haber puesto una araña en la ventanilla de la niña guapa, una araña no muy grande que la llenase de pánico? Yo entonces sí habría saltado de mi asiento, habría dicho «no te preocupes», habría enrollado mi periódico y, ¡zas!, habría acabado con el insecto como el príncipe valiente que siempre he querido ser.

Pero Él tenía que hacer las cosas a su manera, pensé esa noche con rabia mientras escuchaba los insultos reales y los rugidos y los arañazos. Él, en Su enorme sabiduría, tuvo que hacer entrar al vagón a una bestia desbocada, a un animal dos veces más grande que yo. No una araña ni una cucaracha voladora, no. Aquella noche debía ser el inicio de un romance entre dos cervatillos tiernos, y a Él no se le ocurre mejor idea que meter en medio al rey león.

Dos hombres me han seguido con la mirada esta mañana, al salir de casa. Me veían con los ojos inquisidores, con el gesto duro. Más tarde la mujer mayor de la tienda, que siempre me saluda, no me ha dado esta vez los buenos días. Y por la noche unos chavales de mi edad me han tirado piedras, cerca de la estación. Ninguna me dio de lleno, por suerte.

Al mediodía me encierro en casa pero me aburro, porque mi madre ya no quiere poner la tele. Es que allí, en cualquier canal que pongas, sea la hora que sea, sigue estando mi perfil inmóvil, mis ojos fijos en la nada, mi culo que no se levanta del asiento de un tren nocturno.

Noche y día los informativos repiten, y no se cansan, las imágenes del vagón que muestra mi rostro en primer plano, de perfil, siempre a la derecha de la pantalla. Han pasado dos semanas y la gente ya se ha cansado de compadecerse de la bella, y también se ha cansado de repudiar a la bestia. Ellos tienen más suerte que yo, porque saben hablar, porque no son tímidos ni son cobardes.

La bella ha sido muy valiente y ya ha hablado del asunto. Dijo por la radio, sobre la bestia: “Como vio que yo estaba sola, pues mire, se puso a descargar su rabia”. Para la bella yo no estaba presente aquella noche: ella iba sola en el tren, según sus palabras. La bestia también ha hablado del tema por la televisión. Dijo: “Yo iba borracho y no recuerdo nada, punto”. Para él tampoco existí esa noche. La bestia estaba borracha y no me recuerda, nunca me vio.

El único que no ha hablado con la prensa, ni con nadie, he sido yo mismo, que no soy la bella ni soy tampoco la bestia. Que solamente soy un chico tímido, un animal doméstico y un poco escurridizo. Y algunas noches complicadas también soy, sin querer serlo, un cobarde.

Aunque todavía sea menor de edad —tengo diecisiete años, cumplo los dieciocho en marzo— los adultos de mi barrio me acusan de no haberme enzarzado en una pelea con otro adulto mayor, más grande que yo también en músculo, no sólo en edad o estatura o mañas.

Les doy vergüenza a todos.

Ellos, los de mi barrio, hubiesen deseado decirme al día siguiente, mientras me palmeaban haciendo corro: «Te hemos visto por la tele, has sido valiente, el otro era más grande y sin embargo te levantaste y peleaste como el hombre que todavía no eres, en el barrio estamos orgullosos de ti, hemos comenzado a organizar una colecta para comprarte la silla de ruedas».

Les doy vergüenza. A todos. Están enfadados conmigo porque no pueden sentirse orgullosos de mí.

Hasta esa noche yo vivía en Olesa, un pueblo tranquilo a treinta kilómetros de Barcelona en el que éramos quince mil animales domésticos, ciervos todos, casi ningún león desbocado, y a mí me conocían más bien poco. A mi madre más, porque es simpática y conversadora.

Pero ahora ya no vivo allí, aunque mi casa siga en el mismo sitio. Ahora no podemos salir a la calle, ni mi madre ni yo: el barrio se ha llenado de fieras con los dientes afilados, de leones salvajes que me acusan y señalan con el dedo. No a mí, no al de hoy. Señalan al que fui aquella noche en el video. Señalan al que no hará, ya eternamente, nada heroico en esa cinta.

A veces me da miedo de que uno de mi barrio se me acerque una tarde cualquiera, me olfatee, huela los restos de mi cobardía, y me estampe una patada en la cara.

Ya tenía yo bastante conservando un poco de esta sangre india que los leones salvajes pueden oler de lejos. Ahora además tengo este otro olor, pusilánime y rancio, que molesta mucho a los demás ciervos y los convierte en malas bestias.

Hernán Casciari
Viernes 26 de octubre, 2007

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362 comentarios El sentido del olfato en los trenes

  1. Hernan (otro) #362    29 noviembre, 2007 a las 6:39 pm

    German-alm, otro que no entendio la historia, Como cuesta! es una lucha…
    Che Hernan, cuando vas a escribir algo nuevo, no tengo material para mis garcos! Yo vivo en EEUU y trabajo en un banco, y todos los dias, a media mañana, imprimo un par de historias y me voy al baño y me tomo mi “break”.
    Plis, ponete las pilas y escribi algo pronto!

    Hernan (otro) yo naci en el 71 y parece que nuestras viejas nos ponian a todos Hernan

  2. miguelin #359    28 noviembre, 2007 a las 4:53 pm

    Hola amigos, en verdad el texto me parecio bastante acertado. Por aqui (Madrid) en un grupo de amigos entablamos conversacion acerca de este desagradable suceso, hubo de todo, mi punto de vista era que si no eres protagonista de la situacion no puedes conocer tu reaccion, y en ningun momento se me ocurrio censurar la accion del muchacho (su nacionalidad me es indiferente la verdad), pues como se dice por aqui el miedo es libre.
    Ahora bien, leo apesadumbrado comentarios de lo malo malisimos que somos los españoles, y solo se me ocurre una contestacion, gente mala existe en todos los sitios al igual que gente buena.
    Al igual que me indignan todos aquellos que dicen que vienen solo a delinquir por la permisividad de la leyes de reinsercion españolas y luego tienen al pobre chaval de Guayaquil currando por un 60 % del sueldo que le daria a un Español, obviamente tambien favoreciendose de esas otras leyes mal ejecutadas.
    Nunca me considere una persona racista, digamos que no me fijo en los documentos de la persona sino en su base humana siendo del todo indiferente que tu lugar de nacimiento sea Cordoba (Argentina) o Cordoba (España).
    Tambien os digo que no me cruzo medio mundo, gastando ahorros y dejando atras a seres queridos para andar muerto de hambre por las esquinas y que en ese supuesto caso me agarraria a cualquier clavo por incandescente que fuera, aunque ello me llevara a delinquir.
    Verdaderamente el principal problema que creo que tenemos en España no es en si un repunte de los comportamientos xenofobos, como la sensacion de que la demanda de mano de obra inmigrante (porque en realidad en España hacia falta gente para crecer como Pais) se ha visto superada con respecto a la oferta, lo cual ha llevado a un endurecimiento de las condiciones laborales en determinados sectores laborales copados por la mano de obra inmigrante.
    En este sentido algun dia entenderemos (todos) que es necesario ir de la mano, normalizar la convivencia, enriquecer nuestro patrimonio cultural (tanto los de aqui como los de alli) con la mezcla de todos y cada uno de nosotros, pues en algunos comentarios de “alla” se respira el mismo racismo/clasismo que en algunos de los de “aca”.
    Muchisimas gracias a todos.

  3. Trisha #358    28 noviembre, 2007 a las 4:29 am

    Es la primera vez que paso por aqui, soy mexicana, y nunca habia visto el video, cuando di con tu pagina me fui directo al post, creí que de verdad todo eso te paso, que tu eras el chico de 17 años (aunque pense que era una casualidad inaudita) comprendí perfectamente al personaje que describes, senti pena cuando el personaje contaba su timidez y verguenza, y me causó tremenda risa cuando contó lo de la araña en la ventanilla, luego, cuando termine el post vi un letrerito que decia 363 comentarios, – creí que el chico era muy famoso, y luego cuando empece a leer algunos comentarios note que habia algo raro, y fui cuando regrese a la pagina inicial y constante que eres escritor, , tambien me paso lo que al comentarista #89:

    Cuando empecé a leer los comentarios, de verdad me asusté. Me dije “carajo, entonces no entendí nada”.
    Gracias tocayo por estos textos, por hacer justicia con tus tarjetas y por demostrarme que debería tener más confianza en mi propio entendimiento.

    Nomas quitale lo de tocayo y eso pensé yo.

    Igual y se me escapa alguna idea de todo el monton que cosas que pensé mientras leía algunos comentarios, solo agregó que me gustó mucho leerte y voy a seguir pasando.

  4. Marian #357    28 noviembre, 2007 a las 3:29 am

    Seguís leyendo los comentarios, aún superando los ahora 364??
    Ya està todo tan dicho por acà, que nos vamos reiterando demasiado. Incluso creo que esta misma pregunta ya fue hecha, y bue.

  5. Diego A. #355    27 noviembre, 2007 a las 5:41 am

    Uff!!! Difícil hablar o comentar la barbarie, la falta de razón, el miedo…
    A mi no me interesa si los protagonistas son una “víctima” ecuatoriana, un “cobarde” argentino o un “skinhead” español. Creo que, en principio, estamos y estaremos ante una simple, y no por eso menos nefasta, agresión de un hombre a una mujer. Es decir: una cuestión de género. Seguimos considerando como sociedad (humanidad) que la mujer es inferior al hombre a pesar de que estamos en pleno siglo XXI… Una vergüenza!!!
    Digo esto porque a pesar de que el agresor (victimario, nunca víctima… no nos confundamos) tuvo la posibilidad de elegir, decidió pegarle a la mujer no al hombre que se encontraba a escasos 2 metros o menos aún, lo cual no es un dato menor a la hora de hablar de cobardía/valentía.
    En este sentido creo que no está de más mencionar los altos índices de violencia que posee España (y en América latina no demasiado menores) respecto de violencia de género, mucho menos estando a pasados 2 días del día internacional de la lucha contra esta clase de violencia.
    Ahora bien, por otra parte, es necesario repensar la situación de “sudacas” en la que ambas (repito: ambas) víctimas se encontraron y no es mi intención tratar el tema desde un lugar tangencial pero, pensándolo bien, se torna atemorizante sufrir (sentir o presenciar) la agresión desde un lugar “visitante”.
    Imaginémosnos siendo expulsados por nuestros respectivos países dado que el nuestro se cae (o caía) a pedazos y recibiendo agresiones cotidianas por el solo hecho de ser extranjero y haber tenido la posibilidad de intentar algo nuevo pensando a futuro.
    En fin, ¿Desde donde nos paramos para juzgar al “forastero”, tanto en el simple hecho de agredir física o verbalmente (sudaKa) como en la posibilidad de mandar tropas a Irak?
    ¿Desde dónde? Si lo mejor que se nos ocurre decirle al 1er mandatario de una Nación Soberana por el simple hecho de no estar de acuerdo es: “¿Por qué no te callas?”.
    Creo que es el momento de pensar un poco mas en frío y no dejar que las discusiones se tornen indescifrables o intrascendentes…
    Cada 2, 4 o 6 años todos nosotros votamos nuestros respectivos gobiernos y mientras tanto, algunos, también seguimos haciendo cosas para evitar otras y entendernos mejor. Y de eso se trata: si no nos entendemos/comprendemos nos damos miedo por el solo hecho de ser desconocidos/diferentes. El ser humano le teme y le seguirá temiendo a lo desconocido pero por suerte está también en nosotros que así deje de serlo.

    Ps: Pido disculpas si en algún pasaje de lo escrito algún/a ciudadano/a español/a se sintió agredido/a. La crítica que hice puede ser argumentada geopolíticamnete en cualquier país del mundo.

    Atte, Diego A.

  6. Che #354    26 noviembre, 2007 a las 7:24 pm

    Muy bueno el texto como siempre.
    Lo que está claro Hernán es que tenés un montón de lectores con problemas de comprensión o directamente no leen y les interesa mas dejar su comentario y el enlace a su blog que otra cosa.

    Saludos

  7. Hipatia #351    25 noviembre, 2007 a las 3:30 am

    Sí que el pibe era una vícitma también, sin embargo acá los racistas lo utilizan para justificarse. Lo digo por conocimiento de causa porque hubo un@ que se metió en mi blog, y sabiendo que soy argentina y que arremeto contra el racismo, salió hablando del pibe argentino cobarde…

    Buena historia.