El viaje

Ayer, a las seis de la tarde, pusimos el último punto en la última página de la revista. Vamos a estar todo el fin de semana corrigiendo originales y el lunes 13 de diciembre, bien temprano, entramos a imprenta con una flor en el ojal. Estamos agotados como si fuera el final de un viaje, y al mismo tiempo sabemos que, en realidad, es el inicio de otro. Parece mentira que los últimos dos meses hayan sido, solamente, meter ropa y ropa adentro de una valija. Ahora que terminamos, lo que nos queda es empezar.

Mañana, viernes 10 de diciembre, a la medianoche argentina, vamos a cerrar la venta a distribuidores. El número que quede escrito en el contador serán las revistas que imprimiremos. Pero cuidado: no estamos cerrando la venta de ejemplares. Muchos lectores seguirán pidiendo su revista, y la idea es que los distribuidores puedan satisfacer esos pedidos durante lo que quede de diciembre, y enero, y también febrero.

Las librerías se sumaron con muchísima timidez a este proyecto. Prueba de ello es que de los cuatro distribuidores que más compraron packs, dos son particulares y uno es pizzería.

Incluso las librerías que están comprando packs, lo hacen únicamente sobre pedidos de lectores. A esas librerías les aconsejamos proveerse mejor, más allá de las ventas que hicieron hasta ahora. Habrá un momento, en enero, que mucha más gente querrá un ejemplar del número uno. El librero que tenga stock, seguirá manteniendo la publicidad en el blog, y seguirá vendiendo del 10 de diciembre en adelante.

Un ejemplo: la pizzeria de Comequechu, Estilo Argentino, abrirá sus puertas el 4 de enero, el mismo día que la revista esté en la calle. Y además de muzzarellas y empanadas, venderá revistas para España y el resto de Europa. Comequechu ya vendió, como distribuidor, unas trescientas cincuenta revistas. Y pedirá quinientas más para tener en stock, porque sabe que mucha gente se va a enterar del proyecto tarde.

Como no lo hace para ganar plata (porque con las pizzas le alcanza y porque además es hippie) al Comequechu se le ocurrió una idea fantástica:

—¿Por qué no usamos lo que me quede de margen de venta —me dijo ayer— para hacer algo lindo, Cayota?

Y entonces nos contó la idea del marcapágina.

En Argentina le decimos señalador. En España marcapágina. En Barcelona punt de llibre. En otras partes se lo llama marcador o punto de lectura. En realidad es un pedazo de cartulina gruesa, rectangular, que se usa para saber en qué página del libro estamos.

Las revistas no usan marcapágina, pero cuando ayer vimos cómo está quedando la nuestra, la cantidad impresionante de texto que tiene, Comequechu sospechó que podía ser necesario uno. Pero esa no era su idea. Él iba un poco más allá:

—Lo que podemos hacer —nos dijo— es un señalador de la pizzería. Lo pago yo con mis ganancias de las ventas. Pero tiene que ser un señalador numerado.

—Eso me gusta —le dije—. ¿Y numerado para qué?

—¡Para hacer una timba! —dijo Comequechu— Cuando estén todas las revistas repartidas, cada una con su señalador, hacemos un sorteo entre los lectores.

—¿Y qué regalamos? —preguntó Chiri.

—¡Una pizza! ¿Qué vamos a regalar? Una de muzzarella, o la de champiñones caramelizados. La entregamos en mano en la pizzería. El ganador viene, yo le doy un abrazo y una pizza gratis. Además lo podemos hacer el 16 de marzo, que es cuando Cayota cumple cuarenta. Invitamos a un lector a la fiestita de cumpleaños.

Comequechu es muy buen muchacho, pero no tiene muy clara la idea de revista internacional. Chiri se lo hizo notar:

—Escuchame —dijo Chiri—. Lindísima la idea, muy conmovedora. Pero imaginate que al sorteo lo gana un lector que vive en México, o en Canadá, o en Argentina…

Nos lo quedamos mirando.

—¿Qué pasa? —dijo— ¿No comen pizza ahí?

—Claro que comen pizza —le dijo Chiri—. ¿Pero cómo viene el ganador de tu sorteo a Sant Celoni? La gente no cruza el mar para buscar una pizza de regalo.

—Bueno, eso lo ponemos en la letra chiquita —nos dijo Comequechu.

—¿En qué letra chiquita?

—¿Vieron que todos los sorteos vienen con letra chiquita abajo, una letra que nadie puede leer, en donde te dan las malas noticias?

—Sí.

—Bueno, nosotros en esa letra chiquita les damos la buena noticia.

—¿Y cuál es la buena noticia?

Comequechu agarró un lápiz y diagramó el marcapágina, frente y dorso. A los diez minutos María lo diseñó. A las dos horas lo mandamos a imprenta.

El resultado, frente y dorso:

Para los cortos de vista, la letra pequeña de Comequechu dice así:

Para participar de este sorteo hay que registrar el número en la página orsai.es, consignando nombre, apellido y país del participante. El sorteo se realizará el 1 de marzo de 2011 en directo desde el blog, entre todos los números registrados. Se utilizará a dos niñas de corta edad para escoger el número ganador de una bolsa. El premio (una grande de muzzarella) se entregará en el local de la pizzería, cito en la calle Sant Martí 36 de Sant Celoni, provincia de Barcelona, España, el día 16 de marzo de 2011, justo cuando el señor Cayota cumpla 40 años. Si el ganador no puede llegar al lugar al pie, la Pizzería Estilo Argentino solventará los gastos de avión (ida y vuelta) y hotel en Sant Celoni durante cuatro noches, para él y un acompañante, vivan donde vivan.

—Eso sí —dijo Comequechu después que ovacionamos su idea—, avísenles a los lectores que el 4 de enero reclamen al distribuidor su marcapáginas. No sea cosa que el que venga al cumpleaños termine siendo Tonga y el hermano.

—¡Sería tongo! —dijo Chiri, y todos nos reímos y en medio de la risa se congeló la imagen y nos fuimos al corte.

Lo que más me gusta de la idea de Comequechu, además de parodiar a los que usan la letra chiquita para el mal, es poder festejar mi cumpleaños con un par de lectores desconocidos de alguna parte del mundo.

Supongo que me gusta cerrar esos círculos: la idea entera de la revista nació, hace doce jueves, como una forma de engañar a la crisis de los cuarenta. Que esos cuarenta lleguen con pizzas e invitados sorpresa está muy bien. No hay mejores invitados para un cumpleaños redondo que gente que hizo una valija a las apuradas y se fue de viaje. Porque sí.

Este texto se llama El viaje por muchas razones. Una de ellas la explicaré el próximo martes 14 (atentos los adoradores del Pri: los backstages de Orsai, desde la semana que viene, se publican los martes.) A otras razones las explico hoy.

Para nosotros es el final y el principio de un viaje editorial que siempre habíamos soñado con Chiri. No sé si la revista le gustará o no a todo el mundo —lo más probable es que no a todos—, pero es exactamente la que queríamos hacer. Exactamente.

Nos tiramos a una pileta vacía que se fue llenando de agua mientras caíamos. Fue muy loco y muy intenso. Y durante ese viaje nuestro, hacia ninguna parte, conocimos a un chico del que todavía no había hablado en Orsai. Me gustaría acabar hoy con eso. Que el último goteo de los contenidos sea la historia de Albert Casals.

Con Chiri descubrimos la existencia del personaje —y de su historia— cuando la aventura de la revista en papel ya estaba más o menos clara. Durante varias sobremesas, Víctor Correal y Adrià Cuatrecases, responsables de la dirección audiovisual de Orsai, nos hablaron de un chico catalán de menos de veinte años que, con su silla de ruedas a cuestas, tenía ganas de dar media vuelta al mundo, sin dinero, para ver si en las antípodas de su casa (una granja de Nueva Zelanda) alguien lo dejaba pasar la noche. Un viaje porque sí.

Nuestros amigos nos contaban la historia con pasión. Nos explicaban que Albert ya había hecho varios viajes de prueba, y que ahora comenzaría el gran viaje, La Media Vuelta. Chiri y yo escuchábamos la historia y nos gustaba, pero no nos emocionaba más que otros asuntos parecidos. Pero entonces Víctor y Adrià, de una manera sutil, nos mostraron a Albert en movimiento, para que lo escucháramos hablar.

Cuando lo vimos, supimos que el chico, y su historia, tenían que estar en esta revista. Es la única crónica narrativa de Orsai que durará un año entero, los cuatro números de 2011, es decir, lo que le lleve a Albert llegar a la otra punta del mundo.

Albert Casals se lleva cámaras y micrófonos (Víctor y Adrià le consiguieron todo lo necesario) y también se lleva a su novia Anna, de camarógrafa y sonidista. Ahora, mientras el primer número de Orsai viaja a la imprenta, Albert ya empezó también su viaje.

Fue bueno empezar nuestra aventura de revista de la mano de Albert. En medio de nuestra pequeñísima locura, conocimos a este chico que le dará media vuelta al mundo con una silla de ruedas y sin plata, y que dice que hay que hacer en la vida solamente lo que nos dé la gana.

La primera vez que vi el video que pongo aquí abajo, tuve ganas de llorar, y después, casi enseguida, quise que Nina viera las imágenes y que escuchara la historia. No hay una historia mejor que la de este chico, ni en nuestra revista ni en el mundo entero.

De una forma natural, Albert llegó para decirnos que todo, los volantazos a destiempo, los viajes sin sentido, cualquier cosa que soñemos hacer, puede curarnos y es posible.

Hernán Casciari
Jueves 9 de diciembre, 2010

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