La frente alta, la frente tersa

Ya no quedan viejas originales de fábrica. Quiero decir encorvadas, vestidas sin estridencia y abocadas a la labor del punto cruz. Ya no queda ni un especimen entrecano y silencioso, al que nombrábamos abuela —aunque no lo fuese— cuando nos pedía ayuda peatonal. Venga que la cruzo, abuela. Ya no queda ni una en las grandes ciudades y en breve no las habrá tampoco en el mundo, por culpa de la mujer actual, que, con tal de no envejecer, prefiere inyectarse botulismo.

Cuando los de mi edad éramos chicos (digamos hace un cuarto de siglo) las señoras que traspasaban los sesenta y cinco años no estaban en la pavada, como ocurre ahora. Las viejas de entonces poseían una especie de saber oculto, rústico y efectivo, para casi todos los males posibles: los del cuerpo, los del corazón y los del alma. Sabían solucionar un dolor de muelas con la ayuda de un sapo, por ejemplo, magia que la vieja moderna ya no practica. Sabía mezclar yema de huevo, azúcar y vino de misa para alegría de los nietos jóvenes; ahora las viejas les compran Danoninos. Sabían, en realidad, utilizar la experiencia de los años, no las avergonzaba el calendario.

Eran tiempos, los de mi infancia, en que todavía podíamos ver por la calle a señoras mayores con canas. Yo ayer estaba sacando cuentas, y hace mucho que no veo una cana verdadera, de mujer, por ninguna parte. No sólo eso, sino que las viejas actuales vuelven de la peluquería con colores estrambóticos: rojos zanahoria, amarillos fluorescentes, infinitas variantes del castaño con reflejos y, desde no hace mucho, hasta una especie de azul metalizado que las hace parecer, además de más viejas, un poco extraterrestres o incluso borrosas; como si les hubieran envuelto el pelo para regalo.

El gran problema es que por culpa de ese peinado horroroso al que le llaman la permanente y que sin embargo no les dura nada, hoy resulta casi imposible reconocer de atrás a una vieja. Todas son iguales.

Las canas que ya no vemos porque se esconden bajo litros de tintura cursi, los arrorrós que los bebés de hoy no escuchan porque sus abuelas modernas están en el bingo o estudiando en la escuela nocturna, la medicina campestre para salvar a los demás que las abuelas de hoy han sustituido por la cirugía dermoestética para salvarse solas, todo aquello, ha empezado a morir con esta nueva generación de mujeres empecinadas en parecerse a una ciruela hinchada, a una caricatura de Lánger, a un hazmerreír que no hace gracia.

¿Por qué ya no tejen escarpines, ni bordan mantillas, ni cuentan historias de aparecidos? ¿Por qué las abuelas de ahora, en lugar de a Gardel, escuchan a Julio Iglesias, y algunas a su hijo Enrique? (Las del pelo azul.) ¿Por qué ya no se espantan las señoras mayores con los chistes picantes, sino que hasta son capaces de contarlos en la sobremesa, sin gracia siempre, sólo para sacar patente de desprejuiciadas? ¿Por qué nuestros hijos habrán de privarse de la calidad de las abuelas que yo tuve, y padecer en cambio a otras que prefieren divorciarse antes que enviudar como dios manda?

La vejez femenina natural, en estos tiempos, sólo crece bajo el amparo de la pobreza. Únicamente vemos el verdadero rostro de una anciana en la mujer que no tiene el capital suficiente para pintarse como una puerta, o para ponerse colágeno, o para inyectarse bottox en las ojeras. Ya no es vieja la que quiere, sino la que no puede dejar de serlo. Estamos en camino, muy cerca ya, de que la vejez sea sólo un síntoma inequívoco de miseria, no de sabiduría o dignidad. Ya no les importará a estas señoras ir con la frente bien alta por la calle, pero sí bien tersa.

Por los fragmentos que alcanzo a oír cuando hablan entre ellas, las viejas de hoy —además— tienen preocupaciones banales, sin sustancia y casi siempre reproducen una charla anodina y ramplona. Ya no saben curar el empacho, ni tirar el cuerito, ni cantar viejos tangos irrecuperables, ni fajar con un poncho los pies de una criatura para que duerma por la noche de un tirón. Las viejas actuales únicamente repiten como loros las nuevas tendencias falsas de las revistas de la peluquería, y desean, más que ninguna otra cosa en este mundo, que nadie sepa nunca la verdadera edad de su vejez.

Para peor, la mercadotecnia les sigue la corriente: las telenovelas actuales ya no están confeccionadas para la anciana venerable de ayer, que buscaba un romanticismo angelical para pasar la tarde, sino para la vieja recauchutada de hoy, para las señoras degeneradas que pululan en este tiempo. Ahora las telenovelas ponen muchachos semidesnudos, untados en aceite, en lugar del recio galán de bigote fino. La vieja de hoy es un monstruo alimentado por la televisión vespertina, y me temo que es poco lo que podemos hacer para salvar a nuestros hijos de su cercanía.

Las pocas viejas sensatas que todavía quedan (lo mismo que el koala y el ford taunus) se irán extinguiendo en la soledad de los geriátricos y en los pueblos chicos, y sólo quedarán estas otras, las siliconadas, las lectoras de best-sellers de quince pesos, las sexuadas, las contemporáneas, las de los perfumes penetrantes, las compradoras de teletienda, las que ven en sus nietos no una segunda oportunidad, sino un dedo que las humilla o las delata.

Y en no muchos años, las criaturas ya no sabrán que en el mundo había ancianas cocineras que empezaban a preparar el estofado cuatro horas antes, ancianas reales con canas y trucos para el mal de amor, cebadoras de los primeros mates dulces, que recitaban coplas antiguas y las repetían mil veces por las tardes de la infancia y que ya son coplas inolvidables,

Negrito, ¿querés café?
No mama, que me hace mal,
¿Y entonces, qué querés?
Chocolate, pal carnaval.

Coplas incluso inolvidables treinta años después, cuando el niño ya no es un niño ni vive a la vuelta, ni puede ya despedirse, ni podrá.

En memoria de Teodolina Longhi de Casciari (1915-2006), la abuela Chola, que era de las sensatas.
Hernán Casciari
Viernes 13 de enero, 2006

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140 comentarios La frente alta, la frente tersa

  1. no hay hijo q no se resista si hastata en el aroma se sentia la delircia #138    1 respuesta7 marzo, 2018 a las 4:16 pm

    A mi me sale rebien el asado al horno con batatas cebollas ajos con cascara Sal pimientita oregano sobre Las papas.algo aceitado todo..el horno fuerte hasta que Dora un poco.luego lo bajio bien despac iiito hasta que esta cocido y blandiiito

    1. .    7 marzo, 2018 a las 5:16 pm

      Felicitaciones capo!!!esos son hombres que siguieron a sus papas o Madres en Los asados campestres o caseros… Supieron aprovechar la oportunidad Unica que encontraron al …. Ayudar… al cocinero del momento….yo me alegro POR aquellos q pudieron estar presentes Susi

      .

  2. Rafael Román Scandola #137    16 abril, 2016 a las 9:22 pm

    RETRATO DE UNA MADRE
    Monseñor Ramón Ángel Jara

    Hay una mujer que tiene algo de Dios por la inmensidad de su amor, y mucho de ángel por la incansable solicitud de sus cuidados; una mujer que, siendo joven tiene la reflexión de una anciana, y en la vejez, trabaja con el vigor de la juventud; la mujer que si es ignorante descubre los secretos de la vida con más acierto que un sabio, y si es instruida se acomoda a la simplicidad de los niños; una mujer que siendo rica, daría con gusto su tesoro para no sufrir en su corazón la herida de la ingratitud; una mujer que siendo débil se reviste a veces con la bravura del león; una mujer que mientras vive no la sabemos estimar porque a su lado todos los dolores se olvidan, pero que después de muerta, daríamos todo lo que somos y todo lo que tenemos por mirarla de nuevo un instante, por recibir de ella un solo abrazo, por escuchar un solo acento de sus latidos. De esa mujer no me exija el nombre si no quieres que empape de lágrimas vuestro álbum, porque yo la vi pasar en mi camino. Cuando crezcan vuestros hijos, léanles esta página, y ellos, cubriendo de besos vuestra frente, os dirán que un humilde viajero, en pago del suntuoso hospedaje recibido, ha dejado aquí para vosotros y para ellos, un boceto del Retrato de su madre.

  3. Rafael Román Scandola #136    16 abril, 2016 a las 9:17 pm

    Buscando en la red versos que recitaba mi Madre, encontré este artículo, mis ojos se llenaron de lágrimas ! Ella fue la Mujer Más Increíble que conocí !
    Hace treinta años que Dios la llevó, pero sigue a mi lado cada día con Más Fuerza y por sobre Todo con Más Amor y Siempre ¨Juntos¨ con mi Padre !
    GRACIAS !

  4. elgomes #135    1 respuesta5 noviembre, 2015 a las 11:33 pm

    Es un problema de asepsia también. Nos estamos haciendo fríos y plásticos, la arruga incomoda, los años avergüenzan hasta con los niños se ha perdido el estilo de bronca y capón. El fruto creo de un espíritu que nos han imbuido (tu lo explicas muy bien) según el cual, nunca hubo un momento mejor que el ahora ando web are te man or the Woman Es decir que nos tienen con la lengua fuera simplemente porque nos hemos creído los arquitectos de nuestra realidad y cuatro chorradas más, con lo bonito que es dejarse mecer por el tiempo.

    Estupendo post, como la mayoría!
    (Empece al leerte en la actualidad y en una semana llegue aquí, gracias por el viaje ; D)

  5. magavie saulado #134    24 abril, 2015 a las 1:08 am

    ay Hernán. Es que las abuelas actuales se formaron en otra época. O tal vez en otro medio, como sospecho es mi caso. ¿Cómo aprender a cocinar si mi madre ni mi abuela lo hacían? Tuve 4 hijos. Para cocinar me compré un libro que mis muchachos (parafraseando el título) llamaban “Cocina fácil para la mujer estúpida”. Probaba recetas, siguiéndolas al pie de la letra,y si resultaban las repetían hasta que mis muchachos lloraban frente a sus platos. Ahora soy abuela y como me he jubilado, tengo más tiempo para mis 6 nietos (entre 15 y 2 años). Los más grandes se turnan para pasar una semana en mi casa. Hacemos artesanías (hice el secundario en Bellas Artes, algo quedó), bajo recetas de Internet y hacemos mermeladas ¡en microondas! y bailamos rockabilly. En algún momento ellos vuelven a sus tablet y yo la PC, que me jubilé como docente pero sigo en investigación, les cuento lo que hago, se interesan. Hacemos incursiones en librerías de usados y volvemos contentísimos con nuestras adquisiciones, si no nos gustan los donamos, si los queremos releer los guardamos. En una semana tenemos una cita formal: vamos a escuchar jazz dixiland. Que querés, en mi casa nunca se escucharon tangos. Podría darte muchos ejemplos más de como la pasamos y lo bien que me siento como abuela, pero para qué, vos tenés tu imagen, otros la suya, todos hacemos lo que podemos. Salud

  6. rubytuesday #133    10 abril, 2006 a las 9:59 am

    gracias por hacerme acordar a mis abuelas,las dos tucumanas: una, en la cocina de la casa chorizo en la calle bolívar, siempre detrás de los vitrales, amasando y cantando el tango manoblanca. La otra, nacida en 1898, que contaba como sembraron los árboles en el parque 9 de julio con los chicos de la escuela y siempre llena de anécdotas divertidísimas de su vida de partera(trabajó en un hospital del campo hasta los 85 años), y un sentido del humor incomparable.Aun me acuerdo, cuando me ponía una mini , ella me decia:- En mis tiempos las mujeres no salían a la calle sin sombrero ni guantes, pero parece que ahora se estila salir sin polleras!!!
    Hernán, Cariños!

  7. graciela malagrida #132    9 abril, 2006 a las 9:03 am

    Es duro, duro, pero muy cierto lo que comentás Hernán y podemos ser más duros aún, hasta implacables.
    Es la actitud de las mujeres la que moldea ese hombre afeminado, porque aquel macho argentino, elegante y respetuoso, no las soporta. Es una verdadera pena que se hayan extinguido no sólo las buenas costumbres, sino el respeto por el otro…Sufro a diario las consecuencias de haber sido educada por un caballero y una dama: mis abuelos. Sufrimos todos la falta de orden y de decición, me refiero, a la decición de terminar con esta falta de buen gusto, de esta ordinariez que nos han hecho creer que está bien, que es por falta de guita!. No no! es como decís, las que pueden son MENNNNCHAS y las que no, destratadas.
    Estoy segura que de onda nomás, y porque nací viejita, femenina, inteligente y -con el tiempo- sabia voy a ser una abuela ejemplar y que al menos los que me lean, se van a quedar pensando, que “esta vieja la tiene clara”.
    Hay mujeres y mujeres Hernán. En la minoría está la clave…y x q no, en las provincias.
    Chau! y felicitaciones x el premio de 20 min.

  8. josefa Maria Setien #131    8 abril, 2006 a las 3:53 pm

    Mi madre (generación de tu abuela) era si. Pura abnegación y entrega a la familia. Yo la recuerdo maravillosa. Como escribí en cierta opcasión !No me la imagino en Benidorm, con wl pwlo teñido, bailando patéticamente!

    GUR

  9. Catalina #126    16 febrero, 2006 a las 7:59 pm

    Un mes tarde llegue a tu bitacora. Lei este post y me largue a llorar. Yo no tuve abuelas, pero prometi ser para los nietos que algun dia tendre, la abuela que cuenta cuentos y prepara galletas. Y queria que supieras, que alguien va a mantener la especie, al menos, por unos años mas.
    Un abraso.

  10. sole #124    8 febrero, 2006 a las 4:58 pm

    Mirá yo creo que afortunadamente muchos están tratando de volver a un camino más natural en la vida, es probable que estas abuelas, las que le van a tocar a mi hijo cuando lo tenga y al tuyo por ejemplo, serán como vos decís. Pero de mi generación hay mucha pero mucha gente que vuelve a las viejas recetas, a la cocina casera, a los barcitos en la vereda, a una vida mucho más natural.

    Nosotros cuando seamos viejos vamos a ser muy parecidos a nuestras abuelas, sólo que tendremos además una apertura mental que desde ya ellas no tenían, un poco por ignorancia, un poco por un tema generacional, en el que estaba prohibido mucho de lo que hoy es socialmente aceptable.

    No te descorazones, cuando se llega a tal nivel de decadencia social como el que atravesamos en esta época, viene una crisis, como la que se está viviendo, y la gente rescata las buenas cosas del pasado.

    🙂

    saludos me encanta este blogg.

  11. Julián #123    3 febrero, 2006 a las 5:36 am

    No se porque te asustás con la modernización de las abuelas, algunas cosas están bien pero por otro lado que bueno que es que se acoplen a algunos cambios positivos de la sociedad, las abuelas de antes veían el sexo como algo casi repugnante, eran muy conservadoras. Por último, no veo mal el tema de las cirujias, si en alguien joven pero en alguien mayor mientras lo haga feliz y sepa que no es lo único no creo q deba considerarse un problema, yo tengo 20 años y soy hombre y la verdad es que no se si no me operaría la calvicie incipiente que tanto me está acomplejando.
    saludos.
    PD: siempre te veo tan aferrado a tus prejuicios

  12. Juan Jose #122    30 enero, 2006 a las 7:01 pm

    Tengo a mi lado a una abuela de 60 y pese a ser un poco diferente, es tan abuela como las que vos describis si se las mide por el cariño y respeto de su nieto. Es una cuestión de época y de vocación. Es de esperar que las que hoy tienen 40 serán también tan abuelazas a pesar de formato exterior si llevan activo el gen del abuelazgo.
    Pero la razón de este comentario es otra:
    Ayer volví a Mercedes luego de dos meses y… la pucha…!!! Que hueco quedó en esa cuadra de la 32 !!!!

  13. marcela #121    28 enero, 2006 a las 8:28 pm

    No solo la abuela desapareció, todo lo que tiene que ver con lo femenino ya no existe; aqui en Noruega el feminismo es una de las corrientes mas influenciables, y lo que mas extraña es que una mujer entre mas feminista, se ve menos mujer. Lo que escribes me ronda en la cabeza todos los dias desde que estoy en este pais.

  14. pucho #120    27 enero, 2006 a las 7:44 pm

    …que te pario….Hernán….
    soy de los que no le gusta que los demas te vean llorar…..
    ….ahora voy a estar moqueando todo el día….
    sabes cuantas abus reviviste aunque sea por un rato???
    gracias.

  15. gustavo #119    26 enero, 2006 a las 7:46 pm

    mis lagrimas brotan por Ana y Maria, mis abuelas muertas de cuerpo hace como 30 años, pero vivas en mi corazon y vivas en letras como estas que acabo de leer…

  16. victoria #116    24 enero, 2006 a las 1:40 pm

    Quien cumplió el rol de “la abuela” que desscribís es una tía, hermana de mi papá (que a su vez hizo casi de mamá para mi viejo).
    Haber leido tu historia me hizo recordar muchos buenos momentos que viví con ella, y me dieron ganas de escribir y escribirle.
    Ahora ya hace un tiempo que no me reconoce, ni a mi ni a sus hijos.
    Me acuerdo de todo lo que quiso ser. Tenía una mente brillante, inteligentísima, pero sus obligaciones y responsabilidades fueron más fuertes.
    Pero gracias a ella y su laburo hoy somos lo que queremos ser, libres y con ganas de ser mejores todavía. Gracias Kuky.
    un saludo, Hernán.
    vic.
    http://www.vicovin.blogspot.com
    http://www.viajesincreibles.blogspot.com

  17. GELY #115    21 enero, 2006 a las 6:37 pm

    Hola Hernan: lamento lo de Chola; pero .. es la ley de la vida , sucede siempre cuando se van los seres que mas amamos , nos queda un vacio norme , ” que nunca , nunca ,nadie podra llenar”.

    En cuanto a lo que decis de las “abu” actuales , estoy totalmente de acuerdo con WIDO del comentario 13; porque es bueno que haya abuelas modernas y actualizadas y poder hablar de tecnologia con sus nietos y tambien cantarle “NANAS”. Un beso Gely

  18. Criticón #113    20 enero, 2006 a las 12:27 pm

    EL SR. CASCIARI DEBERIA DEJAR DE CRITICAR A LAS SEÑORAS QUE SE TIÑEN O SE ARREGLAN, MIRARSE AL ESPEJO Y AVERGONZARSE DE SU PELO GRASIENTO.

    (AUNQUE TODO EL SEA GRASIENTO)

    que pena, con lo barato que vale el jabón…

    ah, otra cosa, ¿que pasa con los abuelitos? no quiero ni pensar en como serás tú de viejo (horror!!!!

  19. lunanueva #112    20 enero, 2006 a las 2:49 am

    Hernán, mi abuela murió hace 8 años; tenía 94 y era como las abuelas que vos describís: canosa, arrugada, excelente cocinera, siempre lista para prepararnos algo, confidente, un amor. Poco tiempo antes de morir, un día vio cómo yo metía los platos en el lavavajilla, se quedó pensando y dijo: “Qué suerte que tienen ahora, que pueden ahorrarse tantos trabajos ingratos. La verdad, que yo he trabajado como una burra toda mi vida”
    Si ella hubiera podido, si por ejemplo en vez de ser más bien pobre hubiera sido rica, se hubiera ido a pasear por Europa, hubiera jugado a la canasta con sus amigas todos los días y hubiera tenido mucamas que hicieran los trabajos ingratos. No era estúpida, es que no tuvo elección.
    Mi mamá tiene 76, y trabajó como empleada en Tribunales hasta los 70. Nunca cocina, porque lo hace mi papá. No teje ni borda punto cruz, porque tiene cosas más interesantes que hacer, como salir con sus amigas, varias de las cuales tienen mi edad.
    Adhiero a lo que dice Wido, y creo que no hace falta denigrar a unas para exaltar a otras. Cada generación tiene sus glorias y sus miserias; aquellas no pudieron elegir, y éstas viven en una sociedad en la que la vejez es un pecado imperdonable que debe ocultarse a toda costa. No todo el mundo tiene la fortaleza de espíritu para decir: “Me importa un bledo, yo hago la mía, no me tiño y uso pañoleta”
    Y si no, fijate en varios de los comentarios que han dejado aquí, en los cuales se refieren a las mujeres mayores de 60 igual que vos, con asco, desprecio y subestimación, sin hablar de la incomprensión más absoluta de lo difícil que resulta vivir dignamente la segunda mitad de la vida.
    Y la dignidad no la podés definir desde la subjetividad, la soberbia o la ignorancia.

  20. Ana_La #111    20 enero, 2006 a las 1:59 am

    Tengo suerte. Mi Nanita Chuy todavia esta conmigo. Me acaba de hablar para preguntarme como sigo, ha estado mas triste que yo por el embarazo perdido. Y de todos modos me regaña porque es la unica forma que sabe de quererme; regañarme o darme de comer, y por el telefono no me puede dar comida. Es abuelita a la antigüita, empecinada en enseñarme a tejer con ganchillo por aquello de que hay que adornar la casa con mantelitos — no comparto el gusto, pero la dejo hacer–; me manda a servirle mas a mi flaco si su plato ya esta vacío. “Atiende a tu hombre”, me dice,”que esta cansado y necesita comer”. El flaco nomás se ríe y se deja consentir. Mi hijo es aún mas afortunado. No tiene Dos abuelas. Tiene tres, muy consentidoras. No son abuelas a la antigüita, pero no importa, porque tiene a sus tres bisabuelas que tambien lo consienten como locas. Mi nanita Chuy lo ha nombrado su nieto favorito –a escondidas de los demas, claro– porque a sus 4 años ya le dice “por favor” y “gracias”. Yo tambien soy un poco a la antigüita.
    Gracias por el post, hablar de abuelitas me endulza el corazon.
    Y me hace feliz.

  21. nasha #110    19 enero, 2006 a las 9:21 pm

    Yo tengo una de esas abuelas, bien abuela: con sus trapos, sus canas, sus manos sin crema, su infinita sabiduría y sus interminables quejas… y la amo, es realmente una de las personas mas lindas que me dio la vida.
    Sin embargo no estoy de acuerdo con linchar en la plaza Orsai a las abuelas modernas en frente de toda esta audiencia.
    Muchas veces tambien vi como a mi abuela se le vaciaba la vida… de a poco solo quedamos los que tenemos ganas de hacer el viaje en bondi para verla un rato o los que llamamos de vez en cuando solo para darle charla; y no somos ni el 10% de su familia…
    Y acuerdo con #13. Que vivan las viejas con novios cubanos!
    Si bien me parece igual de pelotudo a los 20, 40 o 70 años esconderse tras un monton de maquillaje, tintura, siliconas y botox; brindo por las abuelas de hoy con una vida propia, llena de aventura, y plena de felicidad; que no se quedan como mi abuela sentadas junto al telefono diciendo que sus hijos y nietos tienen mucho trabajo como para llamar.

  22. El Marce #106    18 enero, 2006 a las 6:20 pm

    Sirva también de homenaje para mi inigualable “Mamina”, hermosa vieja que supo hacer del estofado con asado ruso y el postre de vainilla el más bello de mis recuerdos.
    Fuerza, maestro! Deberían prohibir por ley que las abuelas se mueran

  23. Hugo #104    18 enero, 2006 a las 3:21 pm

    Mi pésame también Hernán… cualquier pérdida de un ser querido duele hondo, y lo que importa es el dolor, independientemente de la forma en que lo expresemos.