La hermana del amigo

Quizá conozcan a Rodrigo Solís como «Pildorita de la felicidad», porque es así como firma en los comentarios de este blog. Rodrigo es mexicano y ha realizado, por voluntad propia, un minucioso trabajo de enlaces con las sobremesas de la revista. Rodrigo también es un muy buen escritor. Y un gran amigo virtual. Pero hay algo en él que destaca sobre el resto: la hermana de Rodrigo (a la que él llama «Bicho») es una de las mujeres más hermosas del mundo.

Yo no conozco en persona a Rodrigo Solís, tampoco a su hermana «Bicho», pero sigo la historia desde hace un par de años.

Rodrigo es uno de esos lectores virtuales que, a base de mails y charlas online, se convierte en alguien de tu familia. Hiperactivo, entregado a sus obsesiones, afecto a los correos larguísimos en donde te cuenta todo lo que le pasa por la cabeza, con gracia y con ritmo de metralleta.

Por lo que me ha contado en muchos mails, Rodrigo siempre ha hecho muchos esfuerzos por convertirse en un narrador profesional. Escribe algunas columnas en periódicos mexicanos e intenta, todavía sin suerte, publicar su primera novela.

En medio de sus sacrificios literarios y desde hace años, Rodrigo ha visto cómo, en su propia casa, su hermana ha comenzado a convertirse en una especie de celebridad sin hacer nada. A base de belleza. «Bicho» y él son de esos hermanos con códigos, que se pelean y se reconcilian, pero que siempre, al final de la noche, tienen una ternura última para regalarle al otro.

Cuando conocí a Rodrigo un poco mejor, a través de correos y chats, su hermana Anabel acababa de ser galardonada como Miss Yucatán. Y a Rodrigo ya entonces no le gustaba mucho ese camino, porque para él «Bicho» era muchísimo más que eso que veían los otros en ella.

Un año después, cuando el hermano seguía golpeando puertas de editoriales y peleando con su familia para que no convirtieran a «Bicho» en un mueble hermoso, ella ascendió todavía más y fue elegida Miss México; ya empezaba a aparecer en las revistas y en la televisión.

Rodrigo se pasaba el día aconsejando a su hermana en otros ámbitos, en otros lujos y placeres alejados de la belleza.

Temía por ella, por la sombra de la bulimia, por los sacrificios de su hermana en las dietas, por la presión familiar para que ella llegara a coronarse Miss Mundo. Rodrigo, en las tardes muertas y cuando nadie los veía, intentaba inculcarle a «Bicho» otros valores.

En esa época Anabel me mandó un par de videos, uno hecho en su casa y otro en medio de una de sus giras de Belleza. Había leído uno de mis libros (siempre por insistencia de su hermano) y me agradecía esa lectura.

Yo, por supuesto, le mostré a Chiri que Miss México me mandaba videítos (siempre es bueno alardear con tus amigos hombres) y también una noche dejé mi portátil abierta para que Cristina descubriese que yo, su marido gordo, tenía esa clase de relaciones virtuales con chicas que viajan a China para convertirse en Miss Mundo, que me tiran besos al final del mensaje.

Fue justo entonces, en esas fechas, cuando ocurrió algo.

En una de sus columnas semanales, a un par de semanas de la elección de Miss Mundo en Pekín, Rodrigo se cansó de pelear dentro de las cuatro paredes de su casa y escribió un artículo en la prensa mexicana. Un artículo demoledor en el que aseguraba que su familia había metido a Anabel en un quirófano, en secreto, para quitarle grasa. Y que su hermana, ya en China para representar la belleza mexicana, padecía de bulimia.

«Mi único consejo desde siempre —decía Rodrigo en su columna— había sido el que mi hermana desistiera de ser una Reina de Belleza, convencerla de que la belleza era efímera y lo único seguro, lo que en verdad prevalecía, era la inteligencia, que los concursos de belleza no eran muy distintos de las ferias ganaderas donde se exponían y calificaban a las reses.»

La reacción de la prensa fue inmediata:

Fue en ese momento cuando, con Chiri, empezamos a pensar en la crónica para Orsai N4. La historia de dos hermanos que se adoran, y que están en dos extremos diferentes de lo que cada uno llama su carrera. O quizás, dos visiones maniqueas del sacrificio. O únicamente una historia de amor y fraternidad.

Aquello parecía un cuento, pero estaba insertado de algún modo en la realidad de la prensa, de los correos, e incluso de nuestra vida privada.

Hablamos con Rodrigo sobre el tema, porque no queríamos forzarlo a hacer un relato que perjudicara a Anabel. A él le pareció adecuado hablar del asunto, por única vez, en Orsai. Despojarse, entregar las tripas.

Al mes recibimos su crónica. Recuerdo que la leí por la noche, en el patio de casa, hace ahora un mes.

Releí las dos últimas páginas llorando, porque Rodrigo había conseguido algo con ese texto, algo tan lleno de verdad y de amor, que lo convertía en lectura entretenida, profunda y necesaria. Era mucho más de lo que le habíamos pedido. Era mejor incluso que la literatura. Era verdad.

Yo estoy convencido de algo. «Bicho» (así se llama el relato) es una de las crónicas personales más hermosas que se publicaron en la primera etapa de Orsai, y uno de los textos sobre hermanos más hermosos que leí en la vida.

Estamos muy orgullosos de tener esas diez páginas en el próximo número.

Y sabemos que cuando «Bicho» lea las palabras de su hermano (y por supuesto que las leerá) entenderá todo.

Hernán Casciari
Miércoles 28 de septiembre, 2011

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110 comentarios La hermana del amigo

  1. Andrés #110    7 octubre, 2011 a las 7:28 pm

    Gordo, me hiciste buscar la palabra “maniquea” en el diccionario. Es la primera vez que me haces buscar una palabra en el diccionario. Esto tu padre tampoco lo hubiese entendido. ¿No te estarás volviendo medio maricón?

  2. C Sueldo #108    4 octubre, 2011 a las 4:23 am

    Pildorita, sólo algo que objetar: seguramente “Bicho” es de una belleza que va mucho más allá de lo aparente. Pero lamentablemente el mundo allá afuera impone patrones e ideales de belleza que a ella seguramente le hicieron creer que sus orejas de Dumbo y su nariz un tanto desviada no se condicen con su principal hermosura, esa que sólo los más cercanos pueden ver porque verdaderamente la conocen. Con ello, a no ser tan duro. A comprender lo que ella misma busca. Espero tu relato con ansias, pero también con esperanzas de que -paradójicamente- no haya sido ella allí convertida en objeto, antes que en las pasarelas.

  3. Tincho G./ #103    3 octubre, 2011 a las 7:18 am

    Y yo he intercambiado mails y links y demás cosas con él. Un grande el Rodro.

    Saludos, y no puedo esperar a tenerla en mis manos!!
    PD: si alguna vez vuelvo a pisar Mérida, vas a tener que firmarme tu artículo. Te aviso hoy, para que no te sorprenda un mail mío a futuro. Abrazo desde Argentina.

  4. Sebastian #102    3 octubre, 2011 a las 3:16 am

    Hernán, consulta, el 31 de agosto envié un mail a orsai.redaccion porque no tengo idea cual lees, quería saber si lo habías recibido.

    Un abrazo.

    Esperando con ansiedad la Nº 4.