La sorpresa de Lelé

Juan Jáuregui estuvo en Capital para dar una conferencia sobre los nuevos métodos de packaging en la Comunidad Europea y cuando volvió a Mercedes, a las diez de la noche, ni Lelé ni el nene estaban en la casa. Había una nota imantada a la heladera. "Estoy harta de todas tus mentiras y de que te pienses que soy una estúpida. Voy a pasar unos días con Laura para pensar mejor".

A Jáuregui se le vino el mundo abajo. Todo lo que deseaba al llegar a su casa era sacarse los zapatos y ver Fútbol de Primera, y ahora, después de aquello, debía al menos hacer un par de llamados para dar la impresión de desconcierto. ¿Y qué pasaba si hacía esos llamados después del fútbol? Total, nadie sabía a qué hora había llegado de la Terminal. Además, se convenció, queda mucho mejor llamar a casa de Laura después de medianoche para preguntarle a Lelé, con tono angustioso, qué bicho le había picado.

Abrió la heladera, sacó un plato de langostas con una salsa muy rara, lo metió al microondas y fue a buscar las chancletas. De pasada encendió el televisor. Durante las propagandas pensó un poco en la nota: “Estoy harta de todas tus mentiras…”. Alguien debió haber abierto la boca, porque Lelé jamás había sospechado su relación con Aldana. Es más, no conocía a Aldana. Él siempre había tenido mucho cuidado.

Después de todo, se dijo, cuando hable con Lelé las cosas se van a arreglar. Está la criatura de por medio, y siempre queda la posibilidad de negarlo todo. Ensayó incluso algunas frases convincentes para minimizar los hechos, pero justo empezaba el compacto de River y San Lorenzo, y se olvidó hasta de las excusas.

A las doce menos cuarto, durante otra propaganda, fue hasta el cuarto matrimonial e hizo un llamado. No a la casa de Laura, sino al departamento de Aldana. Por eso la esposa no salió del ropero. Se sentía además tan estúpida, Lelé, escondida desde hacía dos horas, con la ropa interior de encaje, y llorando en silencio, que ni aunque hubiese querido habría logrado salir de allí.

A las cinco de la tarde a Lelé se le había ocurrido la idea estúpida de esperar al marido de una forma diferente. ¡Maldita revista Cosmopolitan y sus consejos para la mujer de hoy!, pensaba ahora, escondida y llorando. Había dejado a Esteban con su tía Laura, y lo había adoctrinado: “Cuando llame papi y pregunte por mí, decile que se fije en el ropero”. Después había vuelto excitadísima a su casa, había cocinado algo afrodisíaco con salsa de nueces, y cuando sintió el taxi que traía a su esposo, apagó las luces y se escondió semidesnuda entre los vestidos de noche y el olor a naftalina de la ropa de invierno.

Ahora estaba obligada a escuchar cómo Juan Jáuregui se tiraba en la cama con el inalámbrico y le preguntaba a su secretaria, la perra teñida con cara de mosquita muerta, si ella le había dicho a alguien sobre su relación. Aldana, desde el otro lado de la línea, debió preguntar por qué, y el hombre le dijo que su esposa lo había dejado esa noche. Y por la nota, concluyó, alguien le tuvo que haber dicho ‘sobre lo nuestro’. Aldana volvió a negar. Bueno, no te hagas problema, dijo él, cuando termine el fútbol la voy a llamar y arreglo todo. El marido volvió a la televisión: estaba por empezar el segundo tiempo.

Lelé aprovechó para colgarse un gamulán sobre los hombros y salir por la ventana del cuarto hacia la calle. Pidió un taxi. Llegó a casa de Laura. Abrazó a su hijo. Se puso ropa. Comió algo. Y entonces por fin sonó el teléfono.

Hizo señas a Laura para que nadie atendiera, y luego del quinto timbre descolgó ella misma el auricular. No hablaron demasiado. Jáuregui le preguntó qué bicho le había picado y ella le dijo, con una serenidad pasmosa, que solamente buscara un abogado. Que había entendido por la tarde de ese domingo que ya no lo quería, simplemente.

Hernán Casciari
Miércoles 3 de marzo, 2004

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41 comentarios La sorpresa de Lelé

  1. Matias Ramos Frare #41    29 junio, 2016 a las 6:17 pm

    Cuanta verdad en eso de no querer afrontar un problema o algo que te demande tiempo, cuando solo queres ver un compacto de la fecha del torneo tirado en la cama.

  2. Tía Ganga #35    27 abril, 2004 a las 3:15 pm

    La realidad supera a la ficción: una amiga mía tuvo la idea, cierta tarde, de decirle a su novio con el que pronto se casaba: -tengo que hablar muy seriamente con vos- El novio, pálido, le preguntó por qué y ella le contestó con voz firme: -te vi con una morocha.
    Y ante semejante revelación que no daba siquiera lugar a la negación por venir de primera fuente, no le quedó más que confesar.
    Mi amiga escuchaba retorciéndose… le temblaba el cuerpo y la vencieron las náuseas.
    Pero la ironía es que ella no había visto nada, sino que la noche anterior había “soñado que veía” al novio con una morocha, a orillas de un río.

  3. LocaComoTuMadre #33    6 marzo, 2004 a las 2:37 am

    Al tipo ese, le tiro la langosta por la cabeza, la busco a la secretaria, y le regalo a mi marido con un moño en el trasero!!!! y me mando a mudar con uno mas joven que yo!!!!

    Saludos desde Rosario
    Loca__

  4. Carola #32    5 marzo, 2004 a las 9:50 pm

    Cada vez me engancho más a tus historias Hernán…
    Esto es una adicción y yo no tengo ninguna intención de ir a Lectores Anónimos…
    Besos, Caro.

  5. Caro la del DF #29    4 marzo, 2004 a las 7:56 am

    Esto es lo que me temía… Cuando un escritor me gusta, quiero conocer sus otros libros, y entonces encuentro la voz interna. ¡¿Habrá más cuentos?!

    Gracias!!

    Caro

  6. elena sin h #28    4 marzo, 2004 a las 7:23 am

    Pues el que busca encuentra, digo yo. Lelé sólo encontró la confirmación de lo que ya sabía. Muy triste, de esos cuentos que no sabes si admirar u odiar porque te identificas taaanto. Coincido con Walquiria en que Lelé salió victoriosa al fin y al cabo. Quién quiere un patán así en la vida?
    Desde el punto de vista en que escribes, seguro que no eres mujer? Mirta?

  7. pablo-el ruso #27    4 marzo, 2004 a las 12:42 am

    si me hubiera pasado a mi no tendría problemas porque el teléfono inalambrico es tan trucho que en el único lugar donde se escucha es adentro del ropero…..

    Muy buena la historia…
    un abrazo
    pablo-el ruso del Solbaid

  8. Patri #24    3 marzo, 2004 a las 7:57 pm

    Puf… me ha dejado una sensación como de vacío… muy triste… Digna la actitud de Lelé, pero qué situación tan dura…¡y qué capullo ese marido, por dios!

    Me ha gustado mucho, Hernán.

  9. Hernán #23    3 marzo, 2004 a las 7:38 pm

    “Tiempo Final” era, si no me falla la memoria. Llegué a mirar la primera temporada, y después me vine para acá. Sé que hubo más. Los primeros trece capítulos estuvieron muy bien.

    Acá en España compró los derechos Antena 3 (el título se me escapa) y lo levantaron después del primer capíulo porque estaba muy mal hecho.

  10. marino, edmundo #22    3 marzo, 2004 a las 6:51 pm

    Tranquilamente podría haber sido un capítulo del programa ése que tenía los hnos. Borenstein (Argentina) en la tele. ¿Cómo se llamaba? Me sale “cuenta regresiva”. Tenés que considerar seriamente la idea de empezar a escribir guiones.

    El mono

  11. pecadora #21    3 marzo, 2004 a las 6:18 pm

    Coincido en los detalles que resaltó recién Flor….y en la dignidad que destacó la tía Ingrid….
    Eso sí…yo no le muestro a mi marido este post ni loca!! Me lo guardo en la manga ….
    Muy bueno, Hernan!
    Una vecina agradecida

    Pd (Cómo te mando la fuente con empanadas para retribuír tantas atenciones??? Barcelona queda lejos….)

  12. Flor #20    3 marzo, 2004 a las 5:33 pm

    Es pec ta cu lar!!
    Ya me parecio un atorrante el pibe cuando decidio llamar a su mujer despues del partido….
    Despues sospeché algo cuando abrio la heladera y sacó langosta…(quien tiene langosta con salsa rara un domingo a la noche???)…
    Terminé de confirmar que el tipo era un turro cuando llamó a la “otra” primero…
    Pero lo que jamas hubiese imaginado es que Lelé estaba escondida en el ropero con ropa interior sugestiva (mi linda!!!).
    Mente archirecontra fria y ovarios de acero, porque yo, en su lugar, salia del placard en plena conversacion con la mosca muerta y lo reventaba a trompadas…
    Seré una conventillera, pero a él no le queda un solo hueso sano.
    Muy muy bueno (ya se lo conté a mi marido….cosa que si un dia encuentra una nota asi, busque en el ropero primero).
    Un beso a todos,
    Flor

  13. Interior #19    3 marzo, 2004 a las 4:05 pm

    Espectacular, eso le pasa por moderno, si el telefono estaba cerca del TV, sin ser inalámbrico, no le pasaba, la Lelé se quedaria acalambrada, pero nada mas. Ahora si todo es para verla a la Diablita salir en bolas del ropero a comer langosta vale la pena tener un inalámbrico en el dormitorio.

  14. pp #18    3 marzo, 2004 a las 3:40 pm

    yo siempre he dicho que a las mujeres les deben prohibir la lectura de Cosmopolitan, la cantidad de matrimonios y relaciones que se ha tirado esta revistica no tiene fin, este es un buen ejemplo de ello

  15. walquiria #16    3 marzo, 2004 a las 3:22 pm

    Muy bueno Hernán!!!
    Disiento con algunos.- Para mí Lele fue digna, y además le clavó al guacho del marido la daga en el orgullo; para él ELLA LO DEJO PORQUE NO LO QUERIA MÁS, convencido de que ella nunca se enteró de su tranza con Aldana. Y eso le va a doler (joder) más… VIVA LELE!!! , aunque creo que yo la televisión no la hubiera tirado por la ventana, se la hubiera tirado por la cabeza.-
    Cariños
    Walquiria

  16. Susy #15    3 marzo, 2004 a las 3:16 pm

    Yo, en el lugar de Lele, hubiese hecho lo mismo que dijo Diablita!!! Salir en pelotas del ropero, mirarlo y rajar, para que se de cuenta la porqueria de persona que es!
    Muy Bueno lo suyo Casciari.

  17. marco melandri #13    3 marzo, 2004 a las 2:59 pm

    Hernán, que difícil es lo tuyo. Adhiero a lo que dice Cristian, ¡¡ que producción !! Pero no lo puedo disfrutar a pleno; advierto que -ahora que el resto sabe quien sos- todos los días tenés que aprobar un exámen. Desde ya, como decían los profesores en la secundaria, “SUPERÓ” los objetivos propuestos.
    Un abrazo.

  18. elap #12    3 marzo, 2004 a las 2:48 pm

    Hola Hernán,
    Leía el Weblog de Mirta desde fines de diciembre más o menos, pero nunca me animé ha hacer un comentario.
    Ahora también me doy una vuelta por aquí todos los días, y me encanta.
    Tu obra me parece genial,y espero de todo corazón que tu talento sea siempre adecuadamente reconocido.
    Hoy me animé ha comentar por que me recordaste mi divorcio. Y es que a veces es así, sabes con certeza lo que pasa, ya no puede caber ninguna duda, y es como si se apagara la luz, es intantáneo, los sentimientos se acaban y luego ni siquiera te interesa para nada la otra persona, sólo quieres términar todo vínculo (es decir, divorciarte lo más pronto posible).
    Claro después pasan unos años, encuentras a alguien genial y la vida fluye como siempre debió ser.
    El cuento de hoy ha retratado con mucho acierto ese momento en que ya sabes, y no te puedes engañar; también sabes lo que hay que hacer.
    Te felicito.
    Saludos desde el Perú.

  19. Anika #10    3 marzo, 2004 a las 2:30 pm

    ¡Hay que ver como ayudan esas revistas femeninas a descubrir las verdades de la propia vida!
    ¡No se qué hago leyendo El Jueves, la revista que sale los miércoles!

  20. Félix #9    3 marzo, 2004 a las 2:20 pm

    Intuyo que no sales de la tónica de este blog, y de su nombre. Lelé también ha quedado en Orsai. Queriendo jugar, ha quedado en un clarísimo fuera de juego. Es un placer leerte, y estoy de acuerdo con Rax: las itálicas del quinto párrafo no son necesarias. El quiebre del relato se entiende perfectamente sin ellas.

    Juegas con ventaja, Casciari: tienes unos lectores que no se permiten el halago, sino que están atentos. Es lo mejor que te puede pasar.

    Un abrazo lelno de admiración.

  21. Analía #8    3 marzo, 2004 a las 2:09 pm

    Seguí a Mirta, me divertía, sin hacer comentarios.
    Te sigo a vos (me gusta más ésto), sin hacer comentarios hasta hoy.
    Se me ocurren muchas cosas que comentar pero en este momento no salen. Sólo levanto la mano y te digo PRESENTE.

  22. fle #7    3 marzo, 2004 a las 2:03 pm

    Yo soy Lelé y lo primero que hago antes de mandarlo a la mierda es tirar la tele por la ventana para que, cuanto menos, se quede sin ver como acaba el partido de futbol.
    Faltaría más.
    No me convence el final, demasiada falta de caracter por parte de ella, además que le hace un favor a él separándose, así nadie le estorbará cuando tenga que ver los deportes y, seguro, encima es ella la que se quede con el nene… siejque, hay tipos que tienen una señora cara que no se la acaban.
    En fin, que pese a que las mujeres como Lelé me sacan de quicio por sus maneras de ser, me gusta mucho como escribes, eso por supuesto.
    Felicidades.

    Fle.

  23. Diablita #6    3 marzo, 2004 a las 1:59 pm

    Yo, en cambio, hubiera salido del ropero, sin decir palabra, asi como estaba, semidesnuda y me hubiese comido TODAS las langostas solita. Después, me iba, también así sin gamulán ni nada, y le dejaba los platos para lavar.

  24. Rax #5    3 marzo, 2004 a las 1:52 pm

    Hola, Hernán…! Desde mi punto de vista, no hacen falta las itálicas cuando dices que ella no salió del ropero. Se puede confundir un poco con el otro uso de itálicas, que es un parlamento, ¿no?
    Por lo demás, yo hubiera preferido que le rompiera la cara (o al menos el televisor) a semejante patán/marido; pero ya se ve que Lelé tiene más calma de la que yo puedo hacer gala (teóricamente. Espero no tener que probar mi temple en la práctica).
    Un abrazo, me late el cuento 🙂

  25. marci #3    3 marzo, 2004 a las 1:37 pm

    Fue una confusion muy afortunada.
    Es preferible el dolor del final que vivir en la mentira y no solo por la amante, sino por la falta de amor, preocupacion e interes de el frente a la ilusion, el mimo y las ganas de ella.