Las teleoperadoras también lloran

Mi relación con las chicas que te quieren vender cosas por teléfono empezó hace un par de años, y fue un comienzo descorazonador. En Argentina estos llamados no eran una plaga (como lo son aquí) y yo no estaba acostumbrado a defenderme. La primera vez que me quisieron vender algo, mandé a la operadora a la concha de su madre y colgué, como dios manda. Error: a los dos minutos la chica me llamó de nuevo, y estaba llorando.

Amargamente, me dijo entre sollozos que yo era un miserable, que no me costaba nada decir “gracias, pero no me interesa la oferta” o alguna otra frase cariñosa. En medio de hipos y pucheros me invitó a comprender que ella no tenía la culpa de estar encerrada, puchero, en un cubilete de tres por tres llamando a desconocidos, puchero, durante nueve horas al día; hipo.

Me conmovió la teleoperadora; me conmovió en serio. Me provocó un charco de culpa en la mirada, como cuando —de niños— hacíamos bromas por teléfono y nos pasábamos de crueles.

Le pedí perdón con sinceridad y vergüenza, y le dije que, si fuera por mí, le compraba aquéllo que me quería vender. Pero que las decisiones económicas en la casa las tomaba mi mujer. Nos despedimos con tensa calma.

Lo primero que hice, esa misma tarde, fue adquirir un teléfono buchón, que son ésos que te dicen desde qué número te están llamando. De ese modo podría esquivar las ofertas de las operadoras intempestivas. La primera semana todo anduvo de maravillas: las empresas de telemarketing utilizan un sistema que nos impide conocer el número, por lo que yo no atendía ninguna llamada que pusiera “número privado” en el visor. Durante días me sentí un muchacho inteligente e ingenioso.

Pero lo bueno no dura mucho. A las dos semanas descubrí que las llamadas procedentes del extranjero también ponen “número privado”. Por lo tanto podía ocurrir que, al esquivar a una teleoperadora depresiva, no me enterase de la muerte de mi madre o alguna otra cosa importante de Argentina. Y otra vez empecé a contestar las llamadas de todo el mundo.

En los últimos seis meses casi nunca murió mamá. La enorme mayoría de los telefonazos vespertinos fueron de estas chicas, y tuve que pasarme tardes enteras escuchando el discurso memorizado de las promotoras autómatas, a las que me imaginaba encerradas en cubiletes oscuros y a punto de suicidarse si yo decía algo inadecuado. Por temor, nunca les falté el respeto ni colgué el auricular sin un “chau, que tengas un buen día”, pero también aprendí algunas técnicas de disuación.

Así como ellas, las telemarketers, hacen un cursito para aprender a ser seguidoras e insistentes, yo fui puliendo métodos eficaces para quebrantarles el objetivo de mantenerme en línea. A mis mejores trucos los bauticé EAT y YSA: “Estaba Al Tanto” y “Ya Soy Abonado”. Hasta hace poco, ambos me funcionaban a la perfección:

—¿Hablo con el señor Casciari Hernán? —ellas siempre saben tu nombre, y lo dicen al revés, como en los colegios de curas.

—Sí, digamé —hay que responder “sí”, porque si decís “no” les da lo mismo.

—Disculpe, Hernán —desde ese momento dirán tu nombre al final de cada frase—, lo llamo de “Movistar” para informarle de una promoción de alta gratis…

—Ah sí, estaba al tanto —primer match point.

—Fantástico, Hernán, ¿y le interesa?

—Es que ya soy abonado —bolea y partido.

—Siendo así, Hernán, disculpe la molestia.

—Chau, que tengas un buen día —saludamos a los jueces de silla y nos retiramos a vestuarios.

Vivía feliz con mis métodos hasta hace una semana que me llamó Silvia, la teleoperadora de “El Periódico de Catalunya”. Una mujer terrorífica que debería estar trabajando como perro que huele marihuana en el aeropuerto. No hubo forma de detenerla.

—Ah sí, estaba al tanto de la promoción —mentí convencido después de su primera impronta, creyendo que sería otro partido fácil.

—Fantástico Hernán —me dijo ella—, ¿y le interesa?

—Es que yo recibo El Periódico en casa todos los días —dije, y esperé la ovación de las tribunas. Pero ella entonces me devolvió un passing shot paralelo a dos manos:

—Es que esta promoción es justamente para suscriptores. Déjeme que le comente en qué consiste…

La siguiente media hora escuché el discurso de Silvia en silencio. Para peor, ella tenía razón: si yo realmente hubiera sido suscriptor de El Periódico de Catalunya estaría encantado con los vales anuales de descuento, los DVD y las entradas a los preestrenos. Era un monstruo, Silvia. Un león vendiendo diarios.

—¿Entonces qué hacemos? —me dijo al final del espích— ¿Le envío los vales y los paga contrareembolso?

Manoteé una excusa débil:

—Es que debería consultarlo con mi señora —confesé avergonzado; aquel era un drive sin fuerza, muy alto, extremadamente fácil de devolver.

—¡Fantástico! Consúltelo esta noche con Cristina —me dijo, sabiendo por alguna razón el nombre de mi mujer—. Lo llamo mañana a esta hora y confirmamos el envío, Hernán —y me colgó.

¡Me colgó ella, hija de una gran puta! Manejó el partido mejor que Martina Navratilova en sus mejores tiempos, y me había ganado el primer set sin transpirar.

Al día siguiente me había olvidado por completo del incidente. Por eso contesté el teléfono con las defensas bajas y la Nina en brazos.

—Hola Hernán —dijo con una sonrisa que se adivinaba a través el cable—, soy Silvia, de El Periódico de Catalunya.

Temblé y Nina casi se me resbala de las manos. En otra situación, hubiera dicho “no, está equivocado”, pero el acento argentino me delata. Opté entonces por el desdoblamiento de la personalidad:

—No habla Hernán —dije—; soy Rafael, su hermano, ¿quiere dejarle algo dicho?

Fue peor. Durante media hora me informó sobre todas las ventajas de la promoción como si yo nunca las hubiera escuchado, y cuando terminó me preguntó a qué hora podría encontrar a Hernán o a Cristina.

—Mi hermano ha tenido que viajar a Buenos Aires de urgencia —fantaseé—. Pero mi cuñada mañana por la tarde está todo el día —esto último era verdad; yo no quería saber más nada con Navratilova: que se encargara mi cuñada.

Cristina y Silvia conversaron por teléfono el viernes. Silvia le contó a Cristina que había estado hablando con su cuñado Rafael sobre la renovación de la suscripción al diario. Cristina le dijo que nunca habíamos sido suscriptores de El Periódico y que ella no tenía ningún cuñado llamado Rafael. Se despidió de la teleoperadora sin sacarme los ojos de encima, como si me quisiera comer vivo.

—¿Por qué tienes que mentir siempre? —me dijo entonces Cris, haciendo puchero— ¿Por qué le mientes a todo el mundo, sin ningún motivo? ¿Qué ganas enredándolo todo?

Nina nos miraba con un compás rítimico de cabeza, privilegiada espectadora de una final de tenis sobre mosaico. Busqué el mejor golpe de revés durante un segundo larguísimo. No quería que Cris empezara a llorar y había que hacer algo pronto. Cuando tuve todas las puntas más o menos hilvanadas, tomé aire y le dije, mirándola a los ojos:

—Sí, Cris: tengo un hermano que se llama Rafael —prendí un cigarro, porque sería un partido durísimo, a cinco sets—. Es una historia muy larga, pero tarde o temprano te tenías que enterar —y le empecé a explicar la doble vida de mi padre.

Hernán Casciari
Lunes 25 de octubre, 2004

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80 comentarios Las teleoperadoras también lloran

  1. buda #78    28 enero, 2006 a las 10:12 pm

    Otra que por ahí no falla es hacerte el loco.

    – “buenas noche señor, lo llamamos de Telecom para ofrecerles descuentos en sus llamadas a larga distancia…¿esta interesado?”

    – “NOOOO…IMPOSIBLE…aqui no hay TELEFONO!!!…muejejejeje…” (risa de científico loco)

  2. maximo #77    24 diciembre, 2005 a las 6:49 pm

    no se si vale la pena sikiera decirtelo, pero quizas la historia ganaria mas si se enfocara desde el principio como un problema de mentiroso compulsivo…. seria el dilema suspense o sorpresa,
    pero bueh…

  3. claudio #76    17 diciembre, 2004 a las 12:40 am

    Alguien llama por telefono. Es una persona que me ofrece el mejor lugar para mi eterno descanso. Poco a poco con su dulce voz me va describiendo un paisaje de arboles añosos, cesped siempre verde, y aroma a pino. Una brisa me va despeinando y me siento atraido a este lugar maravilloso. Voy entrando en un sopor de ensoñacion. Ya casi no siento mis manos que sostienen apenas el auricular. Mi cuerpo se deja llevar hacia ese bosque, hacia la paz, hacia la salida. Mi voz se afina en la linea. Ya apenas queda un susurro que automaticamente contesta “si, si, si” .Presiento que en una horas no sere ni el recuerdo de lo que fui. Mi firma ya no tiene significado alguno ni valor en el cheque que firmare. Esta vendedora fue tan convincente que escuchandola pase de plano terrenal. Ahora solo soy un cliente menos. Una venta mas.

  4. paola #75    9 noviembre, 2004 a las 11:39 pm

    A mí me tocó laburar de eso…salado.
    En México, como todos son TAN bien educaditos no se les puede decir las cosas directamente, entonces les digo lo que a todos los vendedores: ¡Muchísimas gracias! acabo de comprar uno/a. O el más escueto: “ya tengo, muchas gracias”

  5. Diego León #74    5 noviembre, 2004 a las 11:35 am

    En una ocasión me llamaron de un Banco, para ofrecerme algún tipo de préstamo personal…

    Mi respuesta fue “Gracias, pero todo me está rodando excelentemente. Nunca estuve tan cómodo como ahora.”.

    Luego le comenté de ello a mi esposa y reímos y nos acordamos de la anécdota que se dio en uno de los momentos que más debíamos dinero.

  6. nievski #73    3 noviembre, 2004 a las 3:02 pm

    son unos impresentables. las teleoperadoras NO son la plaga. La plaga lo son ustedes, burgueses de mierda que persiguen el consumismo estúpido sin importarles que detrás de las luces de neón están las teleoperadoras y otros trabajadores basura que no dejan de cagarse en ustedes. No, la plaga no son ellas, son ustedes

  7. SONIA #71    2 noviembre, 2004 a las 3:40 pm

    Soy una persona por lo general, educada. Sé que los teleoperadores están mal pagados y que tienen que soportar una gran presión. Por eso intento “zafarme” lo más educadamente posible. Pero hace ya un par de meses recibí una de las típicas llamadas: “¿Es usted la titular del contrato de teléfono?”; “No, no soy yo”; “¿Es usted su esposa?”; “No tampoco”; “¿Es propietaria del piso?”. “Sí, copropietaria”(…).

    LLegado hasta este punto, tras preguntarme el nombre, viene la pregunta: “Sonia ¿le interesaría un contrato de teléfono que le permita ahorrarse entre un … y un …% en sus llamadas?”. Yo contesto: “No gracias, muy amable, pero no estoy interesada”. Y la señorita operadora de la que me acordaré durante mucho tiempo, y que ha hecho que cuando contesto al teléfono me ponga a la defensiva me suelta gritando y en tono impertinente: “PERO OYE, ESO NO ES NORMAL…¿COMO QUE NO TE INTERESA AHORRARTE UN …DE LAS LLAMADAS?. ESO ES IMPOSIBLE, TODO EL MUNDO QUIERE”. “Yo no, buenas tardes” CLICK.

  8. Sauria #70    1 noviembre, 2004 a las 5:46 am

    yo tengo algunas estrategias mas o menos similares para con los “testigos de jehová” que anda casa por casa evangelizando a los desprevindos… la cuestión que he aprendido. Si vos le decis “no gracias, no creo en eso que me contas” los incentivás a los tipos a que saquen todas sus armas, entonces simplemente les digo “ajá, sí, qué bueno” Los tipos: “bueno, entonces te podemos dejar esta revista que bla bla bla”. Yo: “como no, perfecto”. Los tipos no pueden decir ni mu. Listo, gracias muy amable, dejé la pava en el fuego, gracias, si, lo meditaré esta noche en la cama, gracias.
    (tiempo aproximado de charla: 2′, antes me peleaba como media hora con estos fundamentalistas locos)

  9. Valeria #69    29 octubre, 2004 a las 8:50 am

    Cada vez que llaman las teleoperadoras a casa para que no me hagan perder mi tiempo ni pierdan el suyo trato de ser cortante y a la vez amable … “GRACIAS NO ESTOY INTERESADA BUENAS TARDES” y procedo a colgar ..

  10. CORU #68    29 octubre, 2004 a las 12:38 am

    En mi casa llamaba siempre una empresa que presta servicio de ambulancias. Harto ya de que me hablaran de lo que me podía pasar (aún así que me hiciera pasar por mi abuelo, por el sereno y hasta por mí mismo) resolví una jugada magistral cuyo resultado ha sido que no me llamen nunca más:
    Una vez llamó la operadora y me saludó con su speech me dijo su nombre y que era de la empresa “Emergencias SA (¿SA será de sádicos Amorales?)”. Entonces yo le respondí:
    -Esto es una casualidad, señorita, está hablando con la filial administrativa de Emergencias en Villa Lugano, de más está decirle que estamos todos afiliados acá, ja, ja.
    -Ayyy perdón -dijo la muchacha- se ve que el “Negro” me pasó mal el número. Mil disculpas, yo estoy en el edificio costanera cualquier cosa que pases por acá pregunta por mí”

    Otra que mátch point… ¡¡¡Fue chin chon de mano!!!

  11. Petrovich #67    28 octubre, 2004 a las 11:15 pm

    Esa es la diferencia entre “primer mundo” “resto del mundo” ( no me atrevo a ponerle un número): acá en Argentina tenés que llamar al callcenter para putear. Allá te llaman ellos y escuchan las puteadas.

  12. el edu #66    28 octubre, 2004 a las 10:31 pm

    #70 bene, mentecato, sino es como ser dentista y quejarse del mal aliento del paciente, o médico y quejarse de la sangre, o ser maestro y quejarse de los alumnos, (siguen las firmas)
    Si no te lo bancás, cambiá de laburo. Hay muchas posiciones laborales para ser maltratado en este Supermercado de dios (o era DIOS?)
    La diferencia del nivel de queja es que 1)es tu laburo, y 2)es mi vida privada, entendés chiquita/o?

  13. Raúl #64    27 octubre, 2004 a las 8:36 pm

    Eh! yo soy teleoperador pero de atención al cliente y tenemos que soportar a clientes pesados y no decimos nada, así que si os llaman nuestros comapañeros/as ser educados leñe 😛

  14. NANCY KARINA #62    27 octubre, 2004 a las 4:51 pm

    Oigame noooooooooo!!

    Aqui en México, soy operadora de un call center en el area de servicio tecnico en una empresa de copiadoras, y creanme no es muy grato atender a cierto tipo de gente que se desquita con una, como persona… horror!!

    Por lo menos que se pide, es que se nos trate como personas…

    Definitivamente..!

    Me encanta como escribes Hernan…!!
    Salu2!

  15. Mentecato #61    27 octubre, 2004 a las 2:48 pm

    Mi respuesta es siempre la misma a estos obreros del telefono.

    Perdoname, pero mis momentos de oscio son cortos y no me gustan ocuparlos con gente extraña.
    (Telefvendedora sigue al ataque)
    chau chau, te corto.. que tengas suerte, adios.

  16. Torombolo #60    26 octubre, 2004 a las 11:30 pm

    Le cuento la última generación que vivimos en Argentina. Te habla una maquina a la cual decisdis cortarle, a la hora nuevamente la misma grabación, al día siguiente la misma historia hasta que por cansancio decidías prestarle atención. La última frase del mensaje es ” Si Ud. escuchó este mensaje completo disque 1″

  17. el edu #59    26 octubre, 2004 a las 10:55 pm

    Otra solución (provisoria, pero efectiva) es decir:
    “Me interesa. Podés remitirme la oferta por escrito?” Jamás llega. Y no te vuelven a joder.
    ESPECIALMENTE VÁLIDO PARA EMPRESAS TELEFÓNICAS, QUE DE FIRMAR LA PROMESA, NADA, TIO.

  18. AnisVil #57    26 octubre, 2004 a las 5:12 pm

    Ahhhhhhh! Que delicia! Me encantan las historias de telemarketers y cómo sacárselos de encima!
    Yo he utilizado la de decir “nahhhh, ya sé que sos vos JAVIER! No me vas a engañar otra vez! Escuchame, estoy ocupada ahora, te llamo cuando vuelva, chau!” Click 😉

  19. gustavo #56    26 octubre, 2004 a las 7:32 am

    Una técnica de un amigo consiste en decir: “Voy a responder todas sus preguntas, señorita, pero voy a mentir sistemáticamente. No voy a decir la verdad en ningún caso”.

  20. J.Lo. #55    26 octubre, 2004 a las 5:02 am

    Eso de tener que dar recomendaciones, por aca con cada producto 4 conocidos nos hemos puesto de acuerdo, siempre damos los datos de los otros tres, que son numeros del trabajo. Se escucha la pausa del titubeo del operador cuando le regresamos el numero del que nos recomendo y los otros que ya tiene. Y eso es siempre. 🙂

  21. cinderella #54    26 octubre, 2004 a las 3:14 am

    Yo digo que no soy la encargada del telefono y que ademas soy menor de edad y les digo de la manera mas amable que mis padres no estan [y claro toda esta informacion que les digo es falsa]y me piden una hora en la que los mayores esten y siempre digo una hora en la que se que nadie contestara.

  22. Mauro Trivilino #53    26 octubre, 2004 a las 2:39 am

    Si hay algo que no soporto es cuando te llaman y te dicen que la operación va a llevar solamente unos minutos y te tienen media hora explicándote el producto. De esa forma te quitan el tiempo y luego te llega la factura de teléfono.

  23. lowprofile #52    26 octubre, 2004 a las 2:08 am

    Mi mujer es muy amable con las y los promotores.
    Yo tomo de muy mala manera que me llamen a casa.
    A los promotores de las empresas de servicios que mes a mes llegan a casa a través de las facturas les digo que tienen o tuvieron esa ocasión para comunicarse conmigo y que si no tomé yo la iniciativa es porque no me interesa.
    Muchas veces pedí casi de entrada que me comuniquen con su supervisor, que no tengo intención de putear a quien no decide este tipo de invasiones.
    Lo que mejor me funciona es interrumpirlas al comienzo con un: Qué coincidencia!, también desde aquí estamos promocionando un producto muy interesante, se trata de un juego de tuercas y bulones… para perderme en los detalles y terminar por escuchar el click del operador