Liberen Orsai

Las revistas no salen de la Aduana, nos dijeron, ni se molesten en mandar el flete para ir a buscarlas al puerto. Nos quedamos mirando el barco, en apariencia tan cerca. Adentro de ese barco hay dos toneladas y media de revistas hechas a pulmón por un grupo de argentinos. Las pensamos y las hicimos durante todo este año, por fuera de la industria y perdiendo plata. O, para decirlo con más propiedad: invirtiendo plata en un proyecto editorial a futuro.

Esas revistas, las bloqueadas, fueron distribuidas y pagadas, de antemano, por miles de lectores argentinos que quieren leerla y que, hasta hoy, la recibieron con alegría.

Las tres primeras ediciones se imprimieron en Buenos Aires. Las siguientes ediciones (si es que podemos seguir haciéndola, ahora improbable) las imprimiríamos en Buenos Aires. La cuarta no, porque quisimos que llegaran por barco, desde España, el 12 de octubre. Un guiño para cerrar un círculo de vaivenes.

Para presentar este número de la revista bloqueada montamos un bar en San Telmo que se llama Orsai. Invertimos otra vez: habilitaciones, sueldos, camareros, puestos de trabajo. A contra reloj, para poder hacer la fiesta completa.

En las páginas de esa revista, la bloqueada, hay textos de Guillermo Martínez, de Luis Pescetti, de Marcelo Birmajer, de Ana María Shúa. Hay ilustraciones de Luis Alberto Spinetta, de Max Aguirre, de Miguel Rep.

Cuando preguntamos por qué no podíamos sacar las revistas del barco, la respuesta vino en forma de circular desde la Secretaría de Comercio Interior del gobierno argentino:

“Porque estamos defendiendo la industria y la cultura nacional”.

Yo estoy convencido de que si los que toman decisiones supieran qué es Orsai, se pondrían colorados por el malentendido. Nosotros también, desde nuestro pequeño ámbito, defendemos la industria y la cultura nacional. Es decir: estamos del mismo lado.

Esta es la parte poética del asunto. La parte práctica es bastante más brutal: como no somos una multinacional de la industria, como no tenemos resto, como somos una empresa familiar, como hacemos esto solamente por amor al arte, si las revistas no salen del puerto, quebramos.

Sin ironías: estoy seguro, en serio, que se trata de un malentendido.

Si el próximo jueves inauguramos el bar sin revistas, será porque los que toman decisiones siguen sin enterarse del error.

Si después de la inauguración del bar (que haremos de todas formas) seguimos sin revistas, Paypal nos obliga a devolver el dinero a los distribuidores y nos quedamos con una deuda que nos deja en la lona durante, al menos, cuatro meses. Adiós al segundo año de la revista y a la editorial.

No conozco a los que toman decisiones. No sé cómo comunicarme con ellos para explicarles qué es Orsai. No sé cómo decirles que estamos peleando por lo mismo.

Se me ocurre solamente una manera. Que cada uno de nosotros nos convirtamos, estos días, en un medio de comunicación. Un puente entre nosotros y ellos.

La palabra clave es #LiberenOrsai. Con un poco de suerte, nos escuchan. Con otro poco de suerte, nos entienden.

Actualización. Las revistas Orsai Número 4, los “Cuadernos secretos” de Altuna, y las “Charlas con mi hemisferio derecho” salieron del puerto ayer viernes a las 17, y ya están en nuestros depósitos en Buenos Aires. La ayuda de los lectores, a través de Twitter, fue providencial. ¡Gracias a todos!

Hernán Casciari
Jueves 20 de octubre, 2011

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