Los bloggers muertos no van al cielo

Hace unos días, en Estados Unidos, asesinaron a un blogger. La noticia apareció en la prensa. El muerto se llamaba Simon, y la policía pudo dar con el criminal porque el occiso, antes de morir, nombra a su verdugo en su último post: El ex novio de mi hermana está aquí, fumando y recorriendo toda la casa; suerte que se irá pronto, escribía ingenuamente el blogger. Por lo visto tuvo tiempo de darle al botón enviar antes de que su cuñado le partiera la cabeza con un picahielo.

El asesino se llama Jin, y también mató a la hermana del blogger. Los mató a los dos y se fue lo más tranquilo a su casa, a mirar la semifinal de la NBA. Creía no haber dejado huellas, creía haber quitado, limpiado y borrado todos los rastros en la escena del crimen, pero algo se le escapaba: no sabía que Simon lo había mencionado en su blog, a las 5:05 pm, mientras él fumaba y recorría la casa, media hora antes de matar. El asesino no sabía que había quedado una huella delatora, en forma de venganza o boomerang, en el texto póstumo de su víctima.

El blog de Simon es una bitácora personal como las hay a millones. Simon tenía diecinueve años, era hijo de un padre chino y una madre americana, le gustaba la computación, el tenis y el estudio de los idiomas. Escribía casi todos los días en su blog; los textos eran cortos y lo leían unos pocos amigos. Su penúltimo post tuvo 10 comentarios. El último, en cambio, el famoso post-mortem, está a punto de alcanzar los 3.000 mensajes de lectores. La gente ha leído la noticia en la prensa y ha ido a escribirle cosas al muerto. Su bitácora se ha convertido en un velatorio permanente, en un altar con flores y velas encendidas, como los que se ponen en las carreteras, justo en el sitio del choque frontal.

Cuando se muere un blogger, se muere también la contraseña de su blog, es decir: muere la posibilidad de modificar el texto, y entonces ese espacio en internet deja de pertenecerle a un vivo, para comenzar a ser patrimonio de un fantasma. Todavía no sabemos si en el más allá (en el cielo, en el infierno) hay cibercafés, no sabemos si la muerte es compatible con Movable Type, ni si al convertirnos en espíritus errantes tendremos tiempo de seguir escribiendo nuestra rutina diaria. No lo sabemos porque hasta hace unos días no había bloggers muertos. Pero ahora ya hay uno y puede que, alguna vez, Simon escriba un nuevo texto, porque él sí se sabe la contraseña de su blog. Yo, por precaución, me guardé su dirección en los favoritos y cada tanto vuelvo a la bitácora de Simon, para ver si su fantasma nos quiere decir algo.

Todo esto me ha llevado a pensar que un día, dentro de unos treinta o cuarenta años, internet estará lleno de blogs a los que se les habrá muerto el dueño. Bitácoras a la deriva del tiempo, textos inconclusos que acabarán diciendo “mañana les cuento algo que me ha causado mucha gracia”. Y después nada. Después un silencio eterno. Los lectores no sabrán nunca que el blogger ha muerto. Los lectores pensarán que se ha cansado, o que le han cortado la banda ancha, o que ya no quiere escribir. La muerte rondará en silencio, congelando las historias cotidianas, cortando la continuidad del home, confundiendo al caché de Google.

Esta bitácora, sin ir más lejos, esta misma que ahora escribo y ustedes leen, un día de este siglo será la bitácora de un muerto. Es extraño decirlo de este modo, e incluso redactarlo naturalmente, pero es la puta verdad.

Y si seguimos fantaseando con el paso del tiempo, notaremos enseguida otras novedades a las que no prestamos atención, pero que en el futuro serán moneda corriente. Por ejemplo, que los blogs de nuestros hijos tendrán un link a nuestra bitácora, una vez que ya no estemos en este mundo. Y también los blogs de nuestros nietos tendrán, en el menú de la derecha, un apartado en el que dirá: “Ir al blog del abuelo”.

¿Cuántos comentarios acabará teniendo mi último artículo en Orsai? ¿De qué hablaré ese día que será, sin que lo sepa, la víspera? ¿Será un texto gracioso, como el del lunes, o un poco melancólico como este de hoy? ¿Moriré, acaso, en mitad de la redacción de una historia que nadie podrá leer? ¿Alcanzaré a decir alguna vez exactamente lo que siento, sin disfrazarlo de banalidad?

Se me han cruzado muchísimas preguntas por el estilo mientras leía anoche la noticia del blogger asesinado. Muchísimas preguntas. Pero hay una que me preocupa más que todas. Hay una que me remonta a la fábula de Juan y el lobo, y que no me deja pensar en paz:

El día que me muera, el día que Orsai quede a la deriva del tiempo y sin dueño, ¿alguien me creerá?

Hernán Casciari
Viernes 10 de junio, 2005

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69 comentarios Los bloggers muertos no van al cielo

  1. Marco Antonio Sepúlveda #68    25 febrero, 2006 a las 9:41 pm

    Fantástico tu comentario.
    Nos acerca un poco a lo que somos, tecleando opiniones cada día con más ganas de seguir,siempre que no nos pille la muerte y nos lleve a no se donde,que seguramente es parecido a no se como o a no se cuando,
    de lo que estoy seguro es que ni muerto dejo actualizar mi blog.

    Mi blog es:
    htt’p://grabavina.blogspot.com

    Saludos

    Marco Antonio Sepúlveda

  2. kare #66    12 septiembre, 2005 a las 5:57 pm

    llevo buen rato de esta mañana leyendo con gusto tu blog. Indudablemente este ha hecho que mi cuerpo comenzara a arrojar ciertas alarmas de angustia; me puse un tanto fría y sin pensarlo dos veces junté los brazos como quien se auto-abraza.. me dio miedo, Hernán. Confieso que me dio pavor eso de pensar en que no hay certeza del día en el que entregaremos en algún sitio el boleto que nos lleve al viaje infinito.
    Prometo escribir en otra ocasión para que sepas que vivo…
    Desde Venezuela,
    kare

  3. Melina Imhoff #65    15 julio, 2005 a las 6:06 am

    Hola, mi novio me mostró de tu blog y me parece re copado. Lo que quería comentarte es una anégdota referente al tema que trataste: un conocido mío murió, y como me sentía mal y triste decidí escribirle un mail de despedida y respondió!. Me asusté muchisimo… fue un amigo de él… pero por días pensé que era mi amigo que desde el cibercafé del cielo (como decis vos) respondió un “gracias”… quizas podes hacer eso con tu blog, dejarle la contraseña a alguien y darnos un buen susto a todos los que entremos, morbosos, a ver si respondiste.

    Saludos y seguí con lo tuyo que está bueno.

    Melina Imhoff
    Tucumán – Argentina

  4. Rrro #64    30 junio, 2005 a las 8:48 am

    buscaba en google información acerca del desaparecido programa de Bonadeo y Petinatto y me encuentro con este blog.

    muy bueno. buen estilo y atrayente contenido.

    me gustó este post. deja pensando harto tiempo. definitivamente tendré que linkearlo.

    saludos.

  5. Julieta #63    20 junio, 2005 a las 1:15 am

    wow. carajo…. ahora me hago las mismas preguntas, y otras tantas también. Yo tengo un blog. o.o que loko. Y es cierto, es la puta verdad, toda bitácora será algún día, la bitácora de un muerto.

  6. pattyce #62    17 junio, 2005 a las 7:40 pm

    es ilógico creer que el blog de un muerto pueda permanecer por años y años…
    cuando nadie renueve el pago del host, chas, tijerazo y murió el blog también (y sus jpg, y etc)
    que lo tenía en un host gratuito? bueh, llegará al máximo de capacidad y hasta allí los comentarios.

  7. Fede #59    15 junio, 2005 a las 2:27 pm

    Justo adelante de la peluquería donde me suelo ralear las pocas chapas que me van quedando, hay un post(mortem) de un blogger fallecido.

    Tiene forma de Hyundai Coupé, colorado, con las ruedas medio desinfladas y con ramitas de pino y cadáveres de bichosbolita debajo de cada una de ellas y entre los limpiaparabrisas. Las ventanas tienen tierra y arena, que llueve cuando el migjorn trae en las nubes polvo del sahara.

    El auto es lindo, algo “carnisa”, eso sí, pero ante los típicos síntomas de abandono, le pregunté a la peluquera si sabía de quien era.

    “El dueño se murió. Al volver del trabajo aparcó el coche aquí y esa noche murió en su casa. Una putada, era un tío joven”.

    No pude menos que mirar el auto desde afuera, con algo de morbo y por que no decirlo, con la curiosidad de saber si se vendería barato o alguna vez lo subastarían,

    Sin embargo, al fisgar por las ventanas, me dí cuenta que ese coche había muerto con su dueño. Allí había una sillita de bebé (que ahora tendrá 3 años), unas toallas de mano de un gimnasio, unos papeles de trabajo, la caja abierta de un cd de Presuntos Implicados y un regalo, envuelto en un papel descolorido por el sol.

    Cada vez que paso por adelante de ese coche yerto, camino del trabajo, saludo a la peluquera y pienso en ese tío, joven, y en las páginas, virtuales o no, que inevitablemente dejó en blanco.

  8. ángel sistémico #57    14 junio, 2005 a las 5:40 am

    No es mi problema, yo ya soy un fantasma, disfrazada de ángel mutante. Una forma más de la nada. Pero es probable que estos conchas de su madre de los proveedores nos borren para siempre si después de un tiempo no actualizamos la página. Y sólo quede un link ál vacío.
    Me sonó tan lindo eso de tener links de nietos y bisnietos. Gracias.

    Me gustó. Me gustó.

    Besitos vacíos y trémulos.
    Chaoooo.

  9. batcat #51    13 junio, 2005 a las 1:29 am

    De no mediar una muerte intempestiva que lo impida habrá que dejar de herencia la contraseña de nuestros blogs para que lo sigan escribiendo los hijos de los hijos de los hijos de nuestros hijos…
    amén.

    En cuanto a la última pregunta, no hay que morirse para saber la respuesta. Un tal Bush la tiene, justo ahora, en el despacho oval mientras postea o analiza asuntos de actualidad mundial y persigue con el pulgar algun moco rebelde de su orificio nasal. Casi, casi digo anal. Bueno, da lo mismo.