Los blogs asesinan a los talleres literarios

Un amigo me confiaba vía mail que quería empezar un taller literario. "Estoy seguro que vos no creés en esas supersticiones", sospechaba en su correo, y la verdad es que tiene razón. Me resultó extraño este deseo en mi amigo, porque tiene una una prosa muy original y una bitácora excelente donde lo demuestra. Y yo realmente creo que escribir en un blog le hace mucho mejor al estilo de cada uno que cualquier cursillo en el que un facineroso te quiere transmitir lo inexplicable: el arte de contar historias.

Si hubiera que creer en algo alrededor de la creación literaria y sus secretos, yo solamente creería en dos verdades: desde siempre, en el decálogo del buen cuentista que escribió Horacio Quiroga a principios del siglo pasado; y desde este siglo, en publicar textos online, más o menos todos los días, para que los lean y comenten un grupo de desconocidos de cualquier parte del mundo. No hay nada mejor para mejorar tu prosa que alimentar un blog.

Los talleres literarios se usaban mucho, en el pasado inmediato, con un fin muy alejado al narrativo. La mayoría de la gente concurría para ver si podía coger. Un porcentaje algo menor se apuntaba para que alguien leyera sus cosas. Y una minoría, muy discriminada, realmente tomaba parte para estilizar su técnica. Éstos últimos se decepcionaban pronto, y se daban a la fuga en el preciso momento que descubrían que quien brindaba el taller también lo había abierto para poder coger.

Es casi un hecho que estos talleres, tal y como los conocemos, acaben muriendo pronto, en manos de una Internet que ya cumple con creces sus dos funciones sociales: mostrar textos y coger. Los que quieren aprender a escribir pueden tener su bitácora gratis, y los que prefieren la cópula pueden darse de alta en el chat de AOL.

Lo que no entiendo es cómo estos cursos improvisados funcionaron tan bien durante el siglo veinte, porque, ¿qué más se le puede enseñar a una persona que ya conoce las 27 letras del abecedario, que ya sabe cuál es la forma de concatenarlas para formar palabras en su idioma materno, y que no le está vedada la manera en que cada una de esas palabras, unidas, forman ideas? Eso es todo lo que hay en la literatura, y viene gratis en la escuela primaria. Lo demás es intransferible.

Aunque los folletos de los talleres y los programas impresos de la Facultad de Letras lo oculten, no todo el mundo aprende a escribir historias mediante el método de la enseñanza. Por ejemplo, una persona que no sabe contar una anécdota con algo de gracia en una sobremesa jamás podrá narrar decentemente. Alguien que desconoce las bases inmorales de la seducción no logrará nunca envolverte con su prosa. Ni tampoco sabrá engañarte con un buen cuento aquel que va siempre, en la vida diaria, con la verdad por delante.

El asunto pasa por tener algo interesante de lo que hablar, lograr seducir impunemente y ser un mentiroso cabal: éste es el trípode con el que se debería sostener, solita, cualquier historia digna de ser contada. El que no tiene nada interesante que decir no es escritor, es político; el que no sabe seducir tampoco es escritor, es mimo; y el que no sabe mentir cuando escribe es periodista y —para mal de males— de un periódico independiente.

Es cierto: hay trucos narrativos que te sueltan un poco la mano. Un profesor literario puede instruir al grupo de alumnos sobre las bondades de callar lo importante, de corregir exhaustivamente, de provocar suspenso, de que el principio de la historia es tan importante como el final, de la ventaja de leer a los clásicos, etcétera. Pero eso no convierte al curso en un taller literario. Si lo fuera, también podríamos decir que un señor que te descubre que el acelerador sirve para que el coche circule y el freno para que se detenga, posee un taller mecánico.

Todo el asunto radica en tener, o no, un estilo propio. Y la mayoría de los talleres son nocivos a estos efectos. Si concurre al taller un narrador mediocre sin estilo literario, las más de las veces acabará imitando, y mal, el estilo del alegre profesor que imparte el curso. Y si se apunta al cursillo una persona que ya tiene un estilo definido —como es el caso del amigo con el que hablaba sobre este tema— lo más probable es que el taller intente limar esa personalidad hasta unificarla con la del grupo. (Lo mismo pasa en los Institutos de Enseñanza Radiofónica con los aspirantes a locutores: entran mil voces diferentes y salen todos con la misma entonación efeéme.)

Y esto es así porque aquello que llamamos “trucos literarios” no son más que las diferentes formas de escribir del profesor; su visión de la literatura y su modo de plasmarla en el papel. Y está claro que hay tantos métodos como cantamañanas abren un taller de narrativa. El estilo personal de cada quién es algo que está oculto pero latente. Y en general los profesores de talleres entienden bastante poco de literatura, pero muchísimo menos de mayéutica.

El mandameinto tercero de Horacio Quiroga, en su “Decálogo del buen cuentista”, habla justamente de la personalidad narrativa. No está mal recordarlo:

—Resiste cuanto puedas a la imitación —nos alerta el uruguayo—, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.

Una buena manera de descubrir nuestra personalidad literaria (llamada en el barrio “el estilo”) es la siguiente: buscamos en nuestra memoria un escritor que hayamos leído mucho y, luego de abrir el word, escribimos una pantalla entera imitando descaradamente su prosa. Garabateamos cualquier boludez, lo que nos pasó ayer a la tarde, por ejemplo, pero con la personalidad literaria del autor elegido; luego nos reeleemos. Todas las frases que no se parezcan en nada al narrador remedado, ésas, habrán sido dictadas por nuestro estilo, el que duerme al acecho en el interior de la mano.

Para el gran cuentista Augusto Monterroso hay, además, otras cuestiones de suma importancia para ser un buen escritor. Nos explica una de ellas en el mandamiento séptimo de su decálogo:

—Aunque el éxito es siempre inevitable —nos dice—, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.

Yo creo, al igual que mi admirado hondureño, que la amistad con otras personas del mismo palo es fundamental para mejorar la técnica. Que un puñado de buenos amigos se entristezcan por nuestros fracasos literarios es, muchas veces, más importante que un éxito humilde loado por cien mil desconocidos. Y el leerle a un grupo de amigos (no azarosos compañeros de taller, sino amigotes) las historias que uno escribe, tiene más rédito que cualquier cursito barato. Si Quiroga o Monterroso hubiesen escrito sus decálogos en esta época, habrían incluido, entre sus consejos, éste:

—Escribe tus historias en un blog e intenta interpretar las sensaciones de los comentaristas; no sus aplausos o críticas, sino la temperatura que provocan tus textos.

En lo personal, utilizo el decálogo de otro gran novelista (el chileno Roberto Bolaño) para escribir mis bitácoras. Claro que él hablaba de cuentos, pero yo lo he reinterpretado para la publicación de mis blogs. Sus mandamiento primero y segundo son muy claros en este sentido:

—Nunca abordes los cuentos de uno en uno; honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte —y en el segundo da detalles—: lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco. Si te ves con energía suficiente, escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince.

Y es verdad: la pasión por escribir y la excelencia al hacerlo se alimentan únicamente escribiendo. Ésta es otra ley de la literatura por la que es aconsejable publicar un blog. El primer mandamiento de Monterroso no deja lugar a dudas:

—Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre —nos aconseja el centroamericano.

Cualquiera de los tres narradores nombrados en este artículo hubiesen visto con buenos ojos las bitácoras como nobles potenciadoras de la literatura, y agregarían de buena gana el consejo de escribir en ellas como undécimo mandamiento de sus decálogos. Yo me limito, para acabar, a incluir dos consejos más, de suma importancia a la hora de escribir: olvidarse de los talleres literarios y leer los libros de Augusto Monterroso, Roberto Bolaño y Horacio Quiroga.

Todo lo demás, es puro cuento.

Hernán Casciari
Miércoles 3 de noviembre, 2004

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146 comentarios Los blogs asesinan a los talleres literarios

  1. elgomes #146    7 noviembre, 2015 a las 3:55 pm

    Gracias por los consejos! He tenido que desandar te bastante para que sueltes prenda

    Sobre la pregunta que te haces de por qué la gente paga talleres de este tipo, creo que en general, casi todos apreciamos la belleza de algo bien hecho. Pocos sin embargo ven el esfuerzo que la sostiene. Un taller pretende ahorrar ese esfuerzo condensan dolo en poco tiempo..crasso error como bien explicas.

    Un saludo!

    Pd; por que sale mi foto volcada?
    Pd2: me queda mucho para terminar el bloc y empezar con las Orsai? ; D

  2. Bandancha #143    6 noviembre, 2004 a las 6:49 am

    Eso! Palabras iniciales!
    Mi memoria ya no es lo que …
    Monterroso tiene varios textos (no puedo denominarlos cuentos) sobre el hecho de ser escritor o tratar de serlo, no solo ese decalogo de doce reglas.
    Gracias por Bolaños, no lo conocía.

  3. Caribé #142    6 noviembre, 2004 a las 3:19 am

    No estoy de acuerdo, Sandris, y no me resisto a responderte, porque he visto en foros literarios de la red muchas pretensiones con “alma” que no pasn de ser catálogos de frases hechas.

    El perfeccionamiento va más bien en corregir al hábito, no al “alma”.
    Sin cierto grado de trabajo sólo se escriben lugares comunes, y por mucha “alma” que haya detrás en intención, en el resultado no hay ninguna, porque el lugar común no comunica.

  4. Sandris #140    5 noviembre, 2004 a las 9:28 pm

    Hola Hernan, es la primera vez que opino en tu web blog, pero es inevitable. Nadie te puede enseñar a escribir, solo a perfeccionar tus técnicas, el tema es que cuando mas perfeccionado está, menos del alma es.
    asi que al señor ese que se da de literario, que muestre que es lo que escribe él, y lo desafío a que me haga pasar un buen rato de lectura como lo hacés vos.
    Seguí asi!!
    pd. es obvio que este show lo hizo porque lo que escribe no lo debe leer ni su madre…la envidia es un pecado muy feo….

  5. Bandancha #137    5 noviembre, 2004 a las 4:56 am

    “Puto el que lee”.
    Imprescindible texto del Negro Fontanarrosa. Muy relacionado con el tema de este post.

    Hace un tiempo busqué ese texto en google y luego de unos meses aterricé aqui. Nunca me había enganchado con el universo bloggístico hasta esa noche. Le estoy muy agradecido al Negro.
    Huelga decir que recomiendo ese artículo a todo aquel que no lo conozca.

  6. Mauricio #136    5 noviembre, 2004 a las 12:48 am

    Tienes toda la razón Patomusa (#140). Sin embargo, como alguien que no tiene ninguna aptitud para el baile puedo decirte que mi mayor aspiración no es bailar como Baryshnikov sino simplemente saber lo suficiente sobre el baile como para bailar medianamente bien con mi novia.

    Así como Hernán piensa que escribir literatura es fácil porque a él le resulta fácil, la mayoría de gente considera que bailar es sencillo porque les resulta sencillo. Pero incluso de algo aparentemente tan fácil como es bailar en una fiesta familiar, algunos necesitamos talleres que empiecen por los principios más básicos.

  7. Max #135    5 noviembre, 2004 a las 12:19 am

    Me llevó toda la tarde leer todos los comments. Pero desde el comentario del HdP ¿eran asi las siglas que le sucedian al nombre? llegué a una conclusión: que envidia que te tiene Hernan!
    bah, ni ganas de escribir de ese tipo, es un mediocre!

    me enojé conmigo mismo.-

    chau.

  8. Mauricio #132    4 noviembre, 2004 a las 11:37 pm

    Si Antonio Lubenzo hubiera escrito sólo el comentario #45 creo que hubiera conseguido una buena participación en su bitácora, pero luego de los comentarios #68, #78 y #123 creo que el distinguido Philosophiae Doctor ha demostrado que todavía no tiene mucha experiencia en la comunicación en línea.

    En cuanto al tema que propone Hernán es cierto que, como reza el dicho, “la práctica hace al maestro”. Pienso, sin embargo, que hay una confusión en los alcances de la práctica pues no creo que se aprenda a escribir novelas redactando apuntes de bitácora o que uno se vuelva poeta elaborando guiones para radio. Más bien, se aprende a escribir apuntes de bitácora escribiendo apuntes de bitácora, a escribir poemas escribiendo poemas o a escribir novelas escribiendo novelas.

    Por tanto, Hernán, creo que en Orsai estás desarrollando habilidades de escritor de bitácoras pero no de novelista. Así que no te queda más que abrir una ventana de Word en tu computadora y empezar a escribir una novela en este mismo momento pues, en realidad, dándote la razón, “la práctica hace al maestro”.

    Por otro lado, es claro que cuando a uno le resulta fácil algo piensa que de ninguna manera es necesario aprenderlo de manera estructurada. Hay gente que escribe novelas, cuentos, poemas (o el diario de Mirta) con mucha facilidad pero otros necesitaríamos de varios meses de estudio para poder elaborar una ficción medianamente presentable. También hay gente que piensa que bailar es lo más fácil del mundo o que el fútbol se aprende espontáneamente. En este mundo, sin embargo, todos tenemos diferentes habilidades y es por ello que siempre se necesitarán escuelas, academias y talleres donde podamos aprender todo aquello que la vida no nos facilitó.

  9. Amelie #131    4 noviembre, 2004 a las 11:35 pm

    Ahhh, no solo es escritor, sino que tambien es humorista!!
    Que deje algun chiste en el achique!!!!

    (habla como un señor amargo y aburrido y tiene 34 años!!!!!
    Esto agrava terriblemente la depresión precumpleaños(de 34) que estoy sufriendo!)

  10. animal #130    4 noviembre, 2004 a las 11:09 pm

    Del señor que tiene un diplomita, sobre dónde estaba el 9/11:

    “Antonio Lubenzo, 16:55pm, 11-09-2002, Chile

    “Ese día fui precisamente despedido de mi trabajo, por primera vez en mi vida, por lo que el impacto fue doble. Por un lado, mi jefe diciéndome que me despedía por razones de lo mal que iba la empresa y, por otro, recibiendo el golpe de este otro asunto que sucedía a miles de kilómetros. Cuando llegué a la casa, alrededor del mediodía, mi esposa no lo podía creer por las mismas dos razones: una por mi situación y la otra por la ocurrencia de Bin Laden y sus boys. Fue un día “inolvidable” para mí.
    Por la tarde, mi hija, al llegar del colegio me preguntó si tenía alguna relación lo de los atentados con mi despido, yo le dije bromeando que sí, que me había enojado tanto con mi jefe que en vez de pegarle, había mandado a botar esas torres. Ella, de sólo 5 años, no podía creerlo.
    Hasta hoy ese día tiene una doble carga para mí… Por si acaso, aún no encuentro trabajo estable… “

    *********

    A mí me da es pesar la criatura…

    Y bueno, con esto es suficiente, o queda algo que decir sobre ése? Temita cerrado, ahora sobre Orsai.

  11. Rabino #123    4 noviembre, 2004 a las 9:57 pm

    No quiero caer en lo vulgar… mentira, si quiero.

    1. No, no me interesa tu obra.
    2. No entiendo, ¿todo este lio es para venir a buscar clientes para tu taller? Si tan mala te resulta la prosa de Hernán y tan pacatos te parecemos los que comentamos… ¿QUE HACÉS ACA?
    3. “pues veo en él cierta potencial y mínima capacidad y talento que bien podría transformarlo en un escritor de cierta regularidad” ¿De dónde salió este marciano? ¿Cúantos lectores diarios tiene Orsai? ¿Cúantos tenía “Weblog de una mujer gorda”?.

    Ufff, no se ni para que me caliento

  12. Sole #122    4 noviembre, 2004 a las 9:24 pm

    De niña me perdi en los miedos de “gallinas degolladas” y por supuesto por nada del mundo duermo con “almohadones de plumas”.
    Trato si, de cuando en vez de reencontrarme con el decálogo del “salteño triste”.
    Mi Caja de los Hilos es mi personal taller, pero cuando me pierdo en los Pirineos o en llanuras infinitas de La Mancha, donde internet aun es algo de los de “Madris”, bibliotecas y salas de actividades culturales, siguen siendo testigo, del mano a mano, del papel impreso por una máquina que no es digital y haasta a veces por una “vieja” olivetti eléctrica.
    La palabra, que de tan mágica trasciende espacio, para sobrevivir a como de lugar.
    Pásate por mi Caja, hace tiempo que te dejo hilos.

  13. Xtian #121    4 noviembre, 2004 a las 9:22 pm

    Yo tengo un MS, y dos anios de PhD, asi que me animo. Don Lubenzo, a pesar de la alharaca su weblog sigue congelado en 1 comentario. Nadie tiene interes en su taller literario, no se que otra traduccion del hecho de que nadie le haya dejado ni un comment necesita.

    Y su ironia fue simpatica (para algunos) en su primer Carta Abierta, el resto de sus comments fueron codas lastimeras que se podria haber ahorrado.

    Suerte.

  14. Anika #118    4 noviembre, 2004 a las 8:58 pm

    Caribé, yo me doy cuenta de que la pulsión que me lleva a entrar a Orsai a cada rato, es precisamente porque Hernán incumple el punto 3 de su decálogo.

    Gracias por la explicación. Me mataste de risa, qué linda!

  15. El Angel Gris #117    4 noviembre, 2004 a las 8:56 pm

    Antonio Lubenzo: Que tengas poca convocatoria en tu invitación no habla mal de los que no se anotan. Me recuerda una chica que conocí en mi juventud que siempre decía “Esta ciudad está llena de estúpidos, fijate que fuí al baile y nadie me sacó a bailar”

    Suerte en lo suyo.

  16. Antonio Lubenzo #116    4 noviembre, 2004 a las 7:34 pm

    Al Señor Rabino, autor del mensaje Nº 80 y otras mentecitas:

    1.- Señor Rabino, si le interesa saber sobre mis publicaciones y obra, investigue.

    2.- A las otras mentecitas, he ofrecido al señor Orsai realizarle un taller, pues veo en él cierta potencial y mínima capacidad y talento que bien podría transformarlo en un escritor de cierta regularidad. Hasta ahora no he recibido respuesta de él, como tampoco del resto a quienes ofrezco mis servicios.

    3.- Por la mañana ingresé un comentario similar en esta libretita de notas del señor Orsai y esta no fue publicada. No quiero pensar que este señor esté censurando ciertos mensajes y aplicando alguna indigna ley marcial en este lugar. En fin. Él lo sabe “en el país de los ciegos, el tuerto es rey”. Ya se lo dije ayer en mi Carta Abierta.

    Antonio Lubenzo PhD

  17. Sandra #115    4 noviembre, 2004 a las 7:20 pm

    Increible!! este mundo de mentes pequeñas (incluida la mia) cada día me seduce más… y respecto al post hay cosas con las que no concuerdo, aunque me gusta tu estilo Hernán o Sr. Orsai?, pero para que les voy a dar la lata ya con tan extensos comentarios es suficiente…Roberto y todo esto por tu taller literario… Lo encuentro francamente Genial.
    Saludos desde Chile

  18. M.- #114    4 noviembre, 2004 a las 6:54 pm

    Los Cursos Literiarios lo único que hacen es homogeneizar de una forma diplomática los estilos de expresar y transmitir nuestras ideas.-
    Para qué un curso literario si ya sé las letras y el idioma (pacialmente, claro)?
    Mejor me quedo en casa, le pido ayuda al diccionario on-line y listo.-
    Escribir es como investigar. Buscate un problema y tendrás la narración.
    Saludos.
    M.

  19. Douglas #113    4 noviembre, 2004 a las 6:46 pm

    Para poder escribir no interesa como una hable solo tu ser (paz interior o una ira que te consume, de otra manera no te sale nada … como a mi) saludos
    PD los talleres no sireve para cojer si no tenes labia

  20. el edu #110    4 noviembre, 2004 a las 4:57 pm

    Pregunta descolgada:
    ¿Alguien leyo “El Prestidigitador” de Bonifacio Lastra?
    Y si asi fuera, que tal? Lo leí a los diez años y no me dejó dormir
    sin pesadillas durante un año…

  21. Marie Pelouse #109    4 noviembre, 2004 a las 3:24 pm

    He llegado desde el blog de Roberto Arancibia. Había venido para acá alguna vez…
    Creo que el post es un poco radical. Concuerdo con mucho de lo que dice Paloma en su comentario más arriba.
    Creo que las facultades de letras son necesarias, así como las de periodismo y los talleres literarios, donde hay personas que van a aprender a escribir, otras que van buscar quizás qué cosas, como todo en la vida, no sólo esos talleres.
    Creo que buscar el propio estilo es aprender a conocerse a sí mismo porque no hay nadie igual a uno en este mundo, por lo tanto no habrá un estilo igual. Uno comienza copiando a veces lo que le identifica, pero después uno va en una búsqueda, que la mayoría de las veces debe ser asistida por alguien que sabe más del tema. Además, no va sólo por el juntar las 27 letras, sino que esas letras a veces llevan tilde o no (tienes una falta de ortografía por ahí en tu menú, perdona que te lo diga…), o se necesita saber cómo decir algo, pero la gracia es que el que lea entienda lo que uno quiso decir… a veces no resulta.
    Hay ciertos talentos que no necesitan de nada… esos son contados con los dedos de la mano, la mayoría aprendemos mucho cuando vamos a la universidad, o quienes aprenden en talleres que no es mi caso puntual.
    Los talleres literarios no van a morir… así como no murieron los periódicos con la internet, así como no murió la radio con la televisión, así como no han muerto las facultades donde te enseñan a escribir con la aparición de talleres gratuitos…

  22. Adrián #107    4 noviembre, 2004 a las 2:33 pm

    Como regla definitiva de un buen blogger, yo diría que no se preocupe tanto por el QUÉ como por el CÓMO.

    Lo bonito de los blogs es que con un poquito de inventiva hasta la vida más aburrida recibe comments.

  23. cpunto #106    4 noviembre, 2004 a las 1:49 pm

    Sorry, pero hay talleres para todos. Para el que quiere lucirse (disfrazado de profe y alumno), para el piola que va, escucha, lee y escribe.
    Sólo leer y escribir,harto, eso es todo.Y el que quiere fama, ese, seguro se queda en los puros blogs….

    C.

  24. Christian Libonatti #104    4 noviembre, 2004 a las 5:11 am

    Eran las cuatro de la tarde de un día de primavera bastante feo pero pasable. Un pibe de Haedo entra a la página hecha por el Sr Orsai y comenta tranqui y hasta tiene ganas de dedicarse aun mas a su pasión de escribir aunque sea solo verdades en un diario barrial…
    A las 7 este pibe se va a la facu y recien vuelve a la 1 de la mañana… entra de nuevo a la pagina de ese señor pero se encuentra con un vendaval de comentarios. Hay uno que le rompe soberanamente las pelotas y es el de un tal Lubenzo, que no se entiende bien para que entra si no le gustan los blogs….
    Se alegra al saber que va por el buen camino al leer en esa crítica que el señor que creo la página que está leyendo intenta aunque sea minimamente parecerse a Osvaldo Soriano (Señor Cuarteles de Invierno/El penál más largo de la historia)con resultados que el pibe de haedo considera totalmente satisfactorios.
    Termina el día comentando y pensando que en este mundo loco no se puede decir nada sin que aparezca una contra…

  25. Caribé #102    4 noviembre, 2004 a las 3:47 am

    Los talleres universitarios (que suelen estar abiertos a todo mundo) los hay desde 10$ mensuales, Xtian, al menos por aquí. Y posiblemente sean mejores (aunque el único al que yo he asistido aquí daba un poco de sueño, de verle la cara idem a la coordinadora, que tal vez fuera muy buena, pero a esa hora ya estaba que no podía con su alma) que muchos de los privados.
    Claro que mucho no puedo juzgar porque no andaba muy atenta, pues en este caso sí iba para coger: Iba con mi pareja, y el taller precisamente nos daba tema de conversación, y motivos para intentar conocernos mejor después. Esa era la idea, en el fondo. O sea. 🙂
    Pero la pasábamos muy bien. Recuerdo estar los dos muriéndonos de la risa en medio del grupo todo serio. Nos unía muchísimo.