Olores de la infancia

La que sigue es la transcripción de una sobremesa entre mi hija y yo, ayer viernes a la noche. Nina tiene diez años y encontró, por casualidad, fotos de mi primera infancia; mientras las miraba empezó a contarme sus propios recuerdos a esa edad. Tuve los reflejos de poner la grabadora del teléfono sin que se diera cuenta, y gracias a eso pude desgrabar la conversación completa y transcribirla incluso con sus fallas gramaticales. El sonido no es bueno, pero igual les recomiendo acompañar la lectura con el audio incorporado.

—¿Pero no te gusta recordar? A todo el mundo le gusta recordar, pá.

—¿Qué cosa?

—La infancia.

—¿Vos qué te acordás de tu infancia?

—Yo pensaba que la gente era una… Le tocaba una cosa ‘a ruleta’.

—Le tocaba ¿qué cosa?

—Yo estaba en el tobogán de la rectoría, a punto de tirarme, y eso es lo que pensaba: «A mí me tocó ser niña, y lo voy a ser toda la vida. Pero por ejemplo a mamá y a papá les tocó ser adultos y lo fueron toda la vida».

—¡Ah!

—Yo pensaba esto.

—Que lo que te tocaba en la ruleta era para siempre.

—Que si eras adulto, nunca fuiste niño; y si sos niño, nunca vas a ser adulto. Que te tocaba una cosa y te tenías que conformar.

—Sí, sí, sí.

—Algo te toca.

—¿Y eso te pasaba más o menos a los tres años?

—Sí, tres años… Cuando ya podía pensar bien.

—Yo una vez, más o menos a esa edad, fui a cagar al baño. Y en el baño estaba siempre el diario, el periódico que compraba mi familia, ¿no? Y yo veía que Roberto, cuando iba a cagar, leía el diario. Entonces yo, cuando iba a cagar al baño, abría el diario y miraba fijamente las letras sin entenderlas. Me acuerdo de mirar fijamente una letra jota, que era como un anzuelo de pescar con un puntito arriba, para mí. Y yo decía: «Yo creo que los grandes me están mintiendo y no existe ‘saber leer’. Para mí que los grandes tienen un juego en donde fingen que saben entender todos estos dibujitos. Y que cuando sos grande y vas a la escuela, la maestra te enseña a hacerle ese mismo chiste a tus hijos. Y que leer no existe».

—Yo pensaba que los perros eran Ovnis. Porque, ¿sabés que siempre un perro cuando te conoce te huele?

—Sí.

—¿Sí? Yo pensaba que te olían como para saber si eras de su Tierra… Es que es difícil de contar.

—Bueno, eso es lo que tiene los recuerdos. Cuando sos muy chiquito, tus ojos están muy abajo.

—Y, sí.

—Entonces le das mucha más importancia a las cosas que están abajo: al ultimo cajón, a los pies de las personas. Yo me acuerdo de mi bisabuela, que se murió cuando yo tenía dos años. Me acuerdo de ella, más que de la cara, de los pies. Que tenía unos zapatos, y como era muy vieja…

—¿Pantuflas?

—Claro. Y como era muy vieja (a la gente vieja se le hinchan los pies) tenía la parte de afuera de los zapatos muy hinchada. Y yo lo miraba y me parecía que era una empanada.

—Pfff…

—Cuando sos muy chiquito, tu cabeza mira más para abajo que para arriba. Formas de pies, último cajón, las cosas que hay… Y a mí me encantaba oler. Muchos olores te acordás cuando sos chiquito.

—Como cuando yo huelo la mamadera que está en el tercer cajón de la mesita de luz de mamá.

—¿Qué te pasa?

—Me vienen mil cosas a la cabeza.

—¿Qué te viene?

—Como olor de… A ese olor siempre lo voy a recordar como el olor de la felicidad.

—¿Pero por qué?

—De los recuerdos del pasado.

—¿Te acordás cosas puntuales, o te acordás sensaciones?

—Sensaciones. Como que volviese sin los ojos. Como que cuando huelo, me voy. Me voy a esa época pero sin los ojos. No oigo nada, no veo nada. Solo siento que estoy en esa época.

—Te pasa solamente con tu mamadera…

—Es algo. De eso estoy segura. Y es algo de cuando era muy, extremadamente chiquita: un año, dos años como mucho.

—A mí me pasó una vez una cosa así, parecida. Yo estaba en un mercadillo, en México o en Perú. Y en un momento siento un olor que me llevó como de los pelos a la súper infancia… Y descubrí lo que era: había, en uno de los puestos del mercadillo, unos hippies que vendían artesanías. Y entre esas artesanías que vendían había unas velas chiquitas, como de centro de mesa, que me hizo acordar a una vez que mi papá me regaló un barquito a vapor que andaba solo. Y para que anduviera solo, adentro del barquito, en la parte de atrás, se ponía una vela. Esa vela tiraba un humo que funcionaba como vapor y el barco se desplazaba. ¿Sabés dónde lo usaba yo?

—En la… No sé.

—En la bañadera, antes de irme a bañar. ¿Y sabés por qué fue el recuerdo? Porque en ese puesto del mercadillo también vendían jabones. La mezcla del jabón y la vela prendida yo nunca más la había sentido. Y volvió un día en Perú… ¡Tuc! El cerebro es como que está preparado. Tiene todos los recuerdos, todas las cosas, pero las tiene en cajones, como…

—…en cajones con llave, que se tiró la llave y por alguna casualidad alguien mete un alambre y lo abre…

—Claro. El recuerdo es ese alambre, esa ganzúa que te abre…

—…que te abre el recuerdo.

—Y ¡tuc! Volvés a ese lugar. Y a veces te cuesta mucho reconocer cómo se abrió esa puerta.

—Ah, ¿y te acordás cuando desviamos el GPS y nos metimos en un gallinero?

—¿Eso dónde fue?

—En Italia.

—En Italia, claro.

—Después de salir de ese restaurante.

—¿Dónde era eso?

—Era en Ferrara, la tercera noche, que era la penúltima, que fue donde probaste el salame que dijiste que era «el salame de Mercedes».

—¡Ah, es verdad! Era recontra mercedino ese salame. Era impresionante ese salame… ¿Y por qué hablábamos de eso?

—Del poema de ese señor. ¿Fernando Pessoa? No, no me acuerdo.

—No. No era de Pessoa. Era un poema de Borges.

—Que decía ‘por última vez el camino’ o algo así. Recorrer un camino sin saber que era la última…

—«De estas calles que ahondan el poniente una habrá, no sé cuál, que he recorrido ya por última vez…» ¿Y vos te acordás lo que te conté ahí?

—Me contaste que, cuando Roberto vino por última vez, si vos hubieses sabido que era la última vez que lo ibas a ver, le habrías dado un abrazo más fuerte…

—Claro. ¿Y te acordás por qué empezó esa conversación?

—Nop.

—Porque era la época en donde a vos te costaba mucho dormir sola, y en un momento te pregunté por qué siempre, antes de irte a dormir en tu cama, siempre querías tener la última palabra: «Los quiero mucho, los quiero mucho, los quiero mucho».

—Aún lo hago.

—Sí.

—Lo digo mucho porque nunca se sabe… Hay gente que muere por cosas muy raras. Y lo digo porque lo último que les quiero decir es «te quiero».

—Y por eso empezamos a hablar del poema de Borges.

—A vos, cuando olés esas cosas, ¿te hacen feliz? Como cuando oliste la velita y el jabón.

—Muchísimo.

—Si yo ahora por ejemplo huelo una cuna, o algo así, ¿no me vendría el recuerdo? ¿No sería como una manera de hacerte feliz? ¿No se pueden convocar los olores, no los puedes hacer vos para sentirte bien?

—Claro que sí.

—Cuando yo me siento muy triste porque pasó algo muy muy triste, como cuando se fue ese compañero que estaba con nosotros desde hacía siete años (lo conocíamos de toda la vida), yo siempre abro el tercer cajón de mamá y ahí siempre, nunca se va, la mamadera. Con oler ese olor a goma ya me vale para que me suba el día.

—Qué loco… O sea que vos tenés como un lugar donde hay un olor que sabés…

—Al que puedo recurrir… Pero lo extraño es que, por ejemplo, hace un par de años lo olía y me venían muchos. Ahora ya casi no se nota el olor…

—¿Sabés qué tenés que hacer? Cada tanto ponele leche tibia y tomátela, y después guardala de vuelta. Eso necesita algo tibio para que vuelva a tener olor a mamadera… Y está bueno que tengas siempre un recuerdo. Imaginate cuando seas grande, y quieras volver rápidamente a un sentimiento de protección, de felicidad…

—Esto me va a ir muy bien cuando me rompan el corazón muchos chicos…

—¡Claro! Para eso digo, para eso. Qué bueno.

—Sí.

Hernán Casciari
Sábado 17 de mayo, 2014

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123 comentarios Olores de la infancia

  1. Leandro Di Girolamo #80    5 agosto, 2016 a las 10:46 am

    Muy pronto te contaré sobre el árbol de caramelos que duro varias décadas divirtiendo y maravillando a nenes y me incluyo, toda esa magia salia de una sola persona, que fue mi tía solterona (copete), viajada (neeene viajar es la mejor plata invertida ) …el mismo tenia la particularidad de dar muchos y variados caramelos cuando llegaban criaturas inocentes y felices a la quinta de parque las alamedas , batan, mar del plata… lugar de reunión de toda la familia .. eramos variosss. pero ella los doce meces regaba ese sauce para poder ver por lo menos unos minutos esas caras asombradas y felices de nenas nenes , familiares , vecinos o simplemente chicos que se hacían de esos caramelos sobre el pasto de la base del sauce llorón.
    Mínimo relato del árbol de los caramelos .. cuando te pueda ver en Mardel te lo contaré y vos lo narraras mejor. Sos muy bueno..

  2. Caio #78    18 junio, 2015 a las 12:25 am

    Gordo, vos podés ser muy bueno escribiendo, tener siempre la palabra justa para sacarnos una sonrisa o una lágrima. Podés haber escrito la mejor entrada de un blog en castellano en la historia de internet (http://mujergorda.bitacoras.com/cap/000183.php) y haber descripto a Messi como nadie pudo hacerlo antes ni después. Tal vez sea verdad que tenés la capacidad de poner en palabras muchas cosas que nos pasan muy adentro y que la mayoría de las veces antes de leerte no sabíamos que nos pasaban o, lo que es peor, sabíamos que había algo pero no podíamos explicarlo.
    En resumen, podés ser todo eso y mucho más, pero hoy me quedó claro que la genia en la familia es Nina. Al lado de ella sos un cuatro de copas.

  3. monchy #77    19 mayo, 2015 a las 6:58 am

    Ahora que estan tan de moda las peliculas 3D, con esta especie de audioanecdota senti que estaba ahi , con ustedes en esa sobremesa escuchando con media sonrisa en la cara y asintiendo con la cabeza cada vez que coincidia con algo.Me encanto!
    Lo que se me vino a la cabeza es que unos años despues de fallecido mi abuelo que trabajaba en una fabrica de laminados , esos que van en los bajo mesadas. Estaba en la puerta de la casa de la casa de mi vieja, con ella y de pronto nos miramos y casi al unisono dijimos -el olor a la ropa del abuelo! y nos reimos.. nos quedamos un momento pensativos,emocionados. Su ropa de trabajo tenia un olor particular,no era feo ni lindo era solo que ese olor, era de el, de mi abuelo. ..

    Por esas casualidades, quedo grabado en un casette, unos segundos de la voz de mi abuelo haciendo un chiste y riendose al final y de vez en cuando la escucho, para recordar su voz que con el tiempo uno se va olvidando. Hoy en dia me lamento no haber grabado mas sus historias del campo, que para nosotros era un espectaculo escucharlas y cada vez que las relataba eran igual de intrigantes y siempre habia un detalle nuevo para preguntar…

  4. Mariana Zayas #76    8 mayo, 2015 a las 4:54 am

    tu hija habla como española pero con las eshes rioplatenses “¿y te acordás cuando desviamos el GPS y nos metimos en un gashinero?”

  5. Tobias Samet #72    25 agosto, 2014 a las 10:43 pm

    Descubrí Orsai hace una semana. No es el primer post que leo, pero recién hoy me registré. Todo lo que leí y escuché hasta ahora es excelente. Dicen que para muestra solo hace falta un botón. Aplausos.

  6. Federico Marucco #69    12 agosto, 2014 a las 12:00 am

    Grande hernan!!! recien te conozco con vorterix… todo lo que me perdí boludo,
    libros revistas teatro editoriales portazos anarquicos,recetas de hasis…avisen loco que esta esto por acá.

  7. Marina Bagatolli #66    22 julio, 2014 a las 12:25 am

    Me mató Hernán, es tan cierto todo…
    La semana pasada me compré un lila pause de frutilla (es un chocolate relleno de la marca de la vaca violeta), lo mordí y me morí de nostalgia cuando sentí el olor al chocolate sheriff de frutilla que comía cuando tenía 6 o 7 años. Hacía mucho que no andaba por acá…te volví a disfrutar =)

  8. Emi #64    26 junio, 2014 a las 2:39 am

    Pfff que nudo en la garganta, olores de la infancia, recuerdos difíciles de invocar. A mi me pasa más con la música. Pequeñas estrofas o algún sonido de alguna melodía TUC, directo a un recuerdo de la infancia.

    Mi viejo se murió de un día para el otro, que tonta que no fui como Nina y le dije “te quiero mucho” todas las noches.

    Grande Nina!!

  9. Rolita #63    1 respuesta26 junio, 2014 a las 12:46 am

    Hacia mucho que no regresaba a leerte Casciari, y ahora me pregunto ¿por qué hacía tanto que no regresada, por qué? En fin, tus relatos son siempre buenas noticias.

  10. Nacho #61    1 respuesta27 mayo, 2014 a las 5:34 pm

    Me encanta cómo mezcla los acentos rioplatense y español/catalán. Y eso que no escuché el audio, sólo leí.

    Quiero una hija como Nina.

      1. toti    26 mayo, 2014 a las 1:24 pm

        loco…que capo lo de Mairal!!!!
        a traves tuyo los felicito a todos…
        el libro es una joya, lo vi en la feria y de verdad es una joya!
        un abrazo

  11. julio quinto leon #58    24 mayo, 2014 a las 10:39 pm

    Lo máximo la imaginación de los niños, que en su afán de transmitir exactamente como piensa alguna situación, nos regala esta frase.

    …en cajones con llave, que se tiró la llave y por alguna casualidad alguien mete un alambre y lo abre…

      1. Tilinga de cuarta    1 respuesta23 mayo, 2014 a las 10:56 pm

        No te enojes, Toti.
        Lo digo porque muchos asumen que su temor es real: “pobrecita, ya sabe que le romperan el corazon”.
        Seguro, pero ella tambien rompera alguno no?

        1. julio quinto leon    3 respuestas24 mayo, 2014 a las 11:04 pm

          Entiendo que TOTI hace referencia a una frase que repetía un comediante argentino, que en una de sus secuencias en la cual una bella joven (Julieta Prandi)….si es uuna neeeeeeeeeeeeena!!. que en verdad le rompía el corazón al cómico.

  12. Luli #53    23 mayo, 2014 a las 1:35 am

    Morí de amor con Nina. Esa nena es muy inteligente y muy sensible. Definitivamente le romperán el corazón y ya lo sabe!!

    Yo de chica sospechaba que los viajes en avión era un verso, te subían te pasaban una película de cielo y nubes y te bajaban ahí nomás.

    1. Jhordan PLG    1 respuesta23 mayo, 2014 a las 1:22 am

      Debe ser una estrategia, no hay otra. Nos acostumbro con unos cuantos jueves y una vez enganchados paró la ración, eso es de gente mala,eh?, eso no se hace…

      1. toti    23 mayo, 2014 a las 1:29 am

        cuantos habrá escondidos tras los arbustos leyendo pedorradas o contestando emails en forma livianita y sintetica mientras relojean Orsai blog y mandan F5?

  13. Carolina Cabral Rapela #51    21 mayo, 2014 a las 3:15 am

    Impagable Hernán!!!!! Antes que nada por haber tenido ese tipo de charlas con tu hija, son los momentos más lindos de un padre o madre. Y el tema de los olores….. siempre nos transportan a otro lugar!!!! El poema de Borges sin desperdicio… Pero encontrarte en Ferrara con un salame mercedino!!!!! ja ja ja Increíble!!!!
    Volví a conectarme con ustedes después de algún tiempo… Oriunda de Mercedes pero residente en Paraguay siempre los sigo!!!!