Rara, como encendida

Ahora leo que más del 50% de las mujeres jóvenes consume alcohol esporádicamente en la Argentina, y me vienen a la cabeza las entrañables borrachitas de mi época, que eran mucho menos en número pero mil veces más constantes en periodicidad de consumo. Y es que, para mi modo de ver, la mujer borracha, cuando es joven y está al aire libre en una fiesta, es mejor que casi todas las cosas sobrias que existen.

Será que crecí en un pueblo, y las fiestas las hacíamos en las quintas de las afueras. Iban drogones, pichones de escritores, jugadores pobres de monte y colocolo, desocupados, madres solteras, bajistas sin banda fija y toda clase de comunistas: desde afiliados del partidobrero hasta socialistas depresivos.

Para peor, no éramos muy amigos entre todos, pero teníamos algo en común: sabíamos que estábamos más solos que los perros. La mayoría de las mujeres se habían juntado alguna vez —y tenido un hijo— con la mayoría de los hombres de esas fiestas. Por eso había una habitación entera destinada a los bebés.

Aunque éramos alrededor de treinta en esas noches, siempre faltaba alguien porque estaba preso, otro porque se había escapado a Chivilcoy y otro porque había conseguido trabajo en DuPont y tenía que madrugar.

Las quintas quedaban lejos, saliendo a la ruta, y de los treinta que éramos, nomás tres tenían auto y cinco le usaban la zanellita a la madre. De todas maneras —nunca supe cómo— llegábamos más o menos a la vez. Y siempre nos enterábamos dónde era la fiesta el mismo viernes a la noche, cosa complicada en un tiempo de incomunicación inalámbrica.

Las fiestas no eran felices, lo sé muy bien. En las cocinas siempre había seis jugando a las cartas por plata; en los inmensos comedores estaba el desmayado entorpeciéndole el paso a los cinco que bailaban brasilero o los redondos, y más allá un grupo masculino —muy compacto— alrededor de la hermana de alguien, que era una chica que venía por primera vez y se la quería coger todo el mundo.

Yo pasaba un ratito por todos los ambientes, pero siempre terminaba afuera, al fresco, charlando con la gente alrededor de una mesa de madera o de mimbre donde había fuentones de empanadas y una música distinta que adentro (también algo brasilero o los redondos, pero otro disco). En la mesa siempre había alguien armando porro, alguien fumando un porro y alguien —previsor— que avisaba todo el tiempo que se nos estaba acabando la bolsa.

A las tres llegaba uno desde adentro, con un sombrero en la mano:

Vaquita para más birra —iba diciendo, y todos poníamos monedas, o billetes de dos pesos hechos un bollo que sacábamos del vaquero con dolor, pero también con enorme sentido cívico. Nadie encanutaba en esas fiestas: estaba mal visto.

Los que tomaban cocaína eran los que más aportaban en la vaquita, porque tenían trabajo fijo o padre profesional. Y también porque tomaban el doble de cerveza. Perseguidos como todos los merqueros, se escondían por las habitaciones para enviciarse y volvían a la mesa levantando las cejas y haciendo gestos de aprobación. Nunca supe si el puntito blanco en la nariz con el que volvían era un descuido o una marca voluntaria, una especie de tatuaje que indicaba que tenían más poder adquisitivo que los que nomás fumábamos.

De todas formas me caían bien. Para charlar de algo, yo apuntaba siempre a algún enroscado de estos, porque eran más permeables a mis divagues de porro. Y les contaba cosas de Borges o del ruidito que hacía mi máquina de escribir cuando yo era chico. Más o menos lo mismo que ahora hago en Orsai, pero sin movable type.

Revisando estos recuerdos con perspectiva, me sorprenden muchas cosas que en su momento me parecían de lo más normales. Por ejemplo que nunca se acabara la bebida y la comida. O que los pocos que tenían auto jamás hayan querido hacer una vaca para la nafta. O que nunca haya habido trompadas ni sillas rotas en el lomo de nadie. O que siempre, en alguna parte de la quinta, resonara el eco desfondado de alguien muriéndose de risa

Pero más que nada me sorprende que, ya clareando, siempre hubiera una chica borracha, sola entre las demás borrachas, tirándole piedras al agua sucia de la pileta y cantando Los Mareados.

Por alguna razón, yo siempre terminaba con una de estas borrachas dóciles, y por otra razón o la misma, ella de golpe y porrazo lloraba, al rato lloraba yo, y después nos quedábamos mirando en silencio —como si nos descubriésemos gemelos, idénticos en una soledad pegajosa— y de repente nos estábamos revolcando por el pasto como dos cuises, diciéndonos con media boca cada uno cuánto nos queríamos.

No sólo eso: jurábamos que nos habíamos querido siempre. Y que nos querríamos igual o peor cuando fuésemos viejos. Y todo era mentira, y todo era verdad al mismo tiempo.

Recién ahora descubro que si mezclo a las cuatro clases de mujeres que existen en el mundo (la puta, la esposa, la madre y el resto) el resultado me da —increíblemente— a aquella borracha de las quintas, ésa a la que podías hacerle cosas mientras te juraba amor eterno, y al rato se arrepentía, y después de vomitar se olvidaba de todo. Sexo, amor, culpa y olvido. Ellas encerraban todo eso en diez minutos de manoseo al costado de una pileta llena de verdín.

Les juro que he estudiado mucho este asunto antes de sentarme a escribir, y llegué a la conclusión de que aquellas borrachas dóciles —esa especie tan común en las quintas mercedinas de mis tiempos— eran la mujer ideal. Y yo, cabezafresca, que no supe verlo a tiempo.

Será por eso que me acuerdo de aquellas frases de amor falseadas, de esos besos de heineken tibia, de aquellos manotazos de ahogado por abajo de una blusa, como momentos de amor verdadero. De amor efímero y triste, lo sé, chaparrones de verano que no dan tiempo ni para encontrar un toldo, pero también de amor onírico e intenso, cien veces más real que otras pasiones chicle que nacen abstemias, un martes a la tarde, y agonizan moribundas años enteros.

Hernán Casciari
Miércoles 14 de julio, 2004

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117 comentarios Rara, como encendida

  1. Duro #117    3 marzo, 2006 a las 2:28 pm

    Se que es mas bien tarde para dejar un comentario, pero no puedo resistir a la tantacion.
    Decia Omar:
    “No hay verdades comprobadas
    pero hay mentiras evidentes,
    si los amantes del vino y las mujeres
    van al infierno,
    vacio debe estar el paraiso”

  2. Caribé #114    18 julio, 2004 a las 9:30 pm

    Romu:
    Yo que tú iría destruyendo todas las fotos malas que tuviera y guardando cuidadosamente sólo las mejores. Así te aseguras de no llevarte luego un disgusto de ultratumba con las estampillas.

    Y al cuarentón de marras nadie lo consideró como reverendo pelotudo por decir tal cosa, ni aún las mujeres. Más bien era como que les daba ternura verlo taaan desolado.

    ¡Pobres hombres que se ven condenados a escribir porque no pueden parir!

    En fin.

  3. Lali #112    18 julio, 2004 a las 2:05 pm

    Mira, Gordito:
    Leyendo el post y luego los comments me quedé en:
    “La puta, la esposa, la madre….”
    “El amante, el esposo, el padre….”
    Así que “ese” tipo de mujeres son “putas”, pero “ese” tipo de hombres son “amantes”… Hrmmmm

  4. ignacio #111    18 julio, 2004 a las 8:09 am

    Hey! decime que mujeres borrachas -que hoy en día deben ser madres- tienen hijas que se emborrachen y cojan con el primer bicho que se les cruza, si es así la genetíca es perfecta.

  5. La Romu #110    18 julio, 2004 a las 12:24 am

    Me dejás dura con lo que contás de los fanfics, Caribé, y por más de una razón…

    ¿Prócer yo?

    ¡Volveré y seré estampillas!

    Ah, y el cuarentón ese es lo que acá en Argentina se conoce como “reverendo pelotudo”.

  6. Caribé #109    17 julio, 2004 a las 7:25 pm

    Romu:
    Supongo que hay cierto mito con eso de identificar a la capacidad de quedar embarazada con un privilegio.
    Y defenderlo, pues, de la codicia masculina.

    ¿Existe esa codicia?
    No sé, Romu, no sé. Pero quién quita. Podría ser.
    Temor sí existe, estoy segura.
    ¿Codicia? Puede que también.

    Una anédota: Tenía yo dieciocho añitos, y por aquel entonces era poeta. (Ahora ya me he dejado de eso). Y participaba en un taller de poesía en el cual había gente variada, en extracción social, económica y cultural, en edad, en sexo…
    Un día que salimos del taller para una fiesta, el alcohol hizo sincerarse a uno de sus integrantes, macho, cuarentón y argentino en exilio: Recientemente habían sido leídos mis poemas en el taller, así que se la agarró conmigo. ¿Su argumento? Que las mujeres no teníamos derecho a escribir, ni a crear en ningún sentido, porque teníamos ese privilegio, el de parir.
    Yo me quedé patidifusa.
    Pero lo que más patidifusa me dejó fue comprobar que unas muchachas que andaban por allí le daban la razón.

    Hoy en día ya estoy convencida de que cierto grado de machismo es inevitable, e incluso, hasta divertido. Lo que importa es no creerse uno (una) nada que lo perjudique. Después, que ellos crean lo que quieran.

    En cuanto a ese deseo que tú expresas, no estás sola en su manifestación:
    Creo que ya he dicho que ultimamente he estado leyendo fanfics de Harry Potter (fenómeno que también me dejó patidifusa por un ratito), y que me he encontrado un mundo de gente que no lee pero escribe, sin ortografía, y con escasísima gramática. Eso sí, han desarrollado toda una categorización de los fics, slash significa que tienen relaciones homosexuales entre hombres, y mpreg que un hombre queda en estado. Y bien, los slash son re-abundantes, y los mpreg tampoco son raros en el ámbito.
    Lo raro, para mí, es que esos fics los escriben … niñas de trece años.

    Como ves, Romu, estás bien acompañada en tus sentimientos, eres una procer y las nuevas generaciones te siguen (o acompañan).

    Ahora bien, yo echo a faltar que en alguno de esos fics “mpreg” el “padre” de la criatura sea una mujer. Eso es lo que les está faltando. Uno sólo que salga con ese elemento y habrá luego un montón, porque se copian unos a otros los argumentos. Lástima que yo no tengo ni tiempo ni ganas de escribirlo.

    Cariños
    Caribé

  7. La Romu #108    17 julio, 2004 a las 6:02 pm

    ¿Odio, Marinuchi?

    Nena, o sos adolescente, o estás pasando por una fase hormonal.

    ¿De qué odio me hablás?

    Es una tontera. Como eso que decís de las mujeres y el embarazo. Otra tontera más. Digna de Martha Stewart o Sarah Kay.

    ¿Una suerte que las mujeres podamos quedar embarazadas? ¿Y por qué?

    Más bien una lotería de la creación, donde nos tocó eso, y punto. Si estás buscando un hijo y quedás embarazada, todo bien. Si querías un rato de diversión y te cae la ficha, es una cagada lo mires por donde lo mires.

    Ahora yo te pregunto lo siguiente a vos: ¿Qué problema tendrías con que los tipos pudieran quedar embarazados? Que al fin y al cabo es el único deseo que expresé. Serían más cuidadosos y menos prepotentes a lo mejor.

    Ahora, yo expreso ese deseo y saltan todos, hasta las mujeres.

    Da mucho que pensar.

  8. tin_nqn #107    16 julio, 2004 a las 11:22 am

    flashié con el texto este, y más con la partuza…
    che, tu jermu lee tu huevlog? no le dan como celos retroactivos? y no te da nostalgia escribir esto tan lejos (en tiempo y distancia) de los hechos?

    otro flash es Fatti. Sabes que mi viejo era amigo de uno de los hermanos (Tito) de este mostro allá en mi Mendoza natal. Ahora la hermana (Ana), que vive en Neuquen, es amiga de la esposa de mi viejo. En la casa tiene muchos cuadros del hermano. Pectaculiar.-

  9. marinuchi #106    15 julio, 2004 a las 7:13 pm

    La Romu: por que tanto odio? siempre pense que era un suerte que nos tocara a las mujeres quedar embarazadas. No entiendo por que tiene que ser algo tan negativo, despues de todo si no queres quedar embarazada en ese momento siempre podes usar un forro. paz y amor.

  10. proshen #105    15 julio, 2004 a las 6:56 pm

    Pues todo lo bueno, o es pecado o esta prohibido o
    engorda…para cada momento de tu vida..siempre habra una borrachera…yo aconsejo calidad antes que cantidad..
    saludos de vereano en españa

    proshen

  11. shered #101    15 julio, 2004 a las 4:06 pm

    Che, Hernán:

    Vos estás seguro que vivías en Mercedes y no en Venado Tuerto, allá por los 85, 86??????

    Es que ni que las quintas fueran las mismas hubieras descripto aquellas fiestas con tanta fidelidad (aunque suene contradictorio esto de fidelidad con el contenido del post).

    Y otra cosa que me preguntaba yo siempre era:

    ¿porqué carajos siempre había algún boludo que se cortaba la nariz con la gillette jalando? ¿sería también una muestra de status o simple boludismo falopero?

    El caso es que más de una vez terminé llorando, vomitando y enroscada (aunque normalmente con el mismo pelandrún, que soportaba heroicamente mis bajones de fin de fiesta, a causa de ese amor eterno que ahora mismo no se donde carajos habrá ido a parar, je)

    En fin, que esas eran fiestas, que joder!!!

    Y como corolario, les cuento la mas memorable:

    Motivo: mi juntamiento (que no fue casamiento, hasta pasado un año y entonces ya no hubo fiesta, solo registro civil)

    Lugar: el campo de mis (entonces) suegros…(hoy ex-suegros)

    Comida: 5 lechones (que obviamente asaba “el ruso”, asador y porrero por excelencia)

    Bebidas: el tanque australiano rebosante de agua fría (que era octubre), lleno de damajuanas, botellas de birra y demases liquidos alcoholizantes imaginables.

    Invitados: TODOS los locos sueltos, perros solos y amigotes habidos y por haber (nada de familia, condicion imprescindible: llevarse toda la mari que poseyeran para compartir con la feliz pareja y demases invitados, el que tuviera otro vicio mas caro que se lo llevara tambien)

    Duración: dos días (no se pudo volver antes, nadie estaba en condiciones de manejar los 20 km que distaban del campo a Venado)

    Anécdotas: 1- Uno como se quedó dormido se fue en bicicleta, juaaaaa!
    2- Otro como había una carrera importante y era fana de los autos se llevó un tele y la miraba en el medio del campo… locura total.
    3- Todas las parejas de esa fiesta ya estan separadas, todas las mujeres de esa fiesta tenemos hijos, todos ya tenemos nuevas parejas, muchos se fueron a España, otros a Brasil, algunos estuvieron alguna vez presos, otros se convirtieron en abogados drogones y ya no les dirigimos la palabra (a menos que los necesitemos), a la inmensa mayoría hace más de 8 años que no me los cruzo en una fiesta.

    La vida cambia, vio?

    Fin. ABrazos a todos.