Apuntes
Un viaje a Burgos
▣ Christian Basilis, jueves 19 de abril, 2012
El Jorge Casciari odia salir de su casa. A finales del año pasado le dieron un premio muy importante que se llama iRedes, y con Andrés Locatelli (el realizador audiovisual de Orsai) lo acompañamos a Burgos, donde se lo iban a entregar. Burgos es lejos. Salimos los tres en un taxi muy de madrugada, y llegamos a destino cerca del mediodía, media hora antes de que comenzara la ceremonia. Hasta último momento, el Jorge hizo lo posible para no ir.
Se había pasado días enteros respondiendo llamadas de los organizadores e inventando excusas cada vez más inverosímiles para zafar del viaje, pero a medida que improvisaba un obstáculo del otro lado de la línea llovían soluciones llenas de buena voluntad.
Jorge decía, por ejemplo, “es demasiado lejos”. Los organizadores respondían: “Te pagamos el avión”. Jorge argumentaba: “Me da miedo volar”. Los organizadores replicaban: “Hay un tren de alta velocidad todas las tardes”.
La última excusa fue definitiva: “Sucede que no puedo estar dos días fuera de casa —dijo el Jorge—. Tendría que ir y volver enseguida, pero todo sabemos que eso es imposible porque no hay un medio de transporte que me lleve y me traiga en el día”.
Lo organizadores respondieron: “¡Claro que lo hay! Te pondremos un taxi para ti solo, y todo solucionado”.
Acorralado, sin excusas, Jorge tuvo que dar el brazo a torcer. No solamente le daban un premio, sino que le costeaban un taxi de ochocientos euros. Pero en lugar de agradecer, seguía enojado.
Justamente porque lo vi deprimido (después de esa llamada se sentó en el sillón y estuvo media hora mirando la nada), pero sobre todo porque soy su amigo, decidí acompañarlo. Para darnos coraje le dije que era lo mismo hablar boludeces arriba de un auto o en la mesa del patio, cosa que hacíamos todas las tardes y que también hubiéramos hecho ese día. Y que además el movimiento, el aire de una ciudad desconocida, seguramente nos iba a hacer bien, aunque fueran unas pocas horas. Él estuvo de acuerdo y me agradeció el gesto con ojos brillosos.
Un día antes de partir hacia Burgos le contamos a Andrés por teléfono lo que pensábamos hacer. Locatelli, que está bastante loco, quiso acompañarnos y de paso llevar su cámara, por si tenía ocasión de hacer alguno de sus videos para Orsai.
Salimos temprano, dije. Pero no dije que hacía mucho frío y que estábamos recién levantados y con un humor de perros, y que a esa altura también estábamos completamente arrepentidos. Teníamos por delante siete horas de ida y siete de vuelta, catorce horas de viaje en total, además de dos o tres inevitables horas en la ciudad. Con suerte regresaríamos a casa pasada la medianoche. Y el periplo recién empezaba.
El taxista era catalán. Un señor, por fortuna, de escasas palabras. La primera hora viajamos en silencio. Pero apenas empezó a clarear nos fuimos olvidando que estábamos en un auto atravesando Castilla y, en efecto, empezamos a hablar de las mismas cosas de siempre.
Recuerdo ráfagas de algunas conversaciones exaltadas. Probablemente el taxista, pobre hombre, nunca se olvide de nosotros. Hablamos de un ovni que esa misma noche había aparecido sobre Jerusalén y que había sido filmado por varias cámaras desde distintos puntos de vista; elaboramos tres teorías extraterrestres muy propias; inventamos cuatro nuevos formatos de televisión; pasamos dos horas enteras tratando de recordar cuáles eran los siete pecados capitales (cuando creíamos que los habíamos enumerado a todos, siempre nos sobraba uno) y recorrimos los últimos quince minutos del trayecto riéndonos sin parar de un chiste que dijo Locatelli apenas la ciudad de nuestro destino apareció por la ventanilla:
—Qué mono, Burgos...
Cuando llegamos al teatro donde se realizaba el evento y el Jorge se anunció en la puerta sucedió algo raro: las chicas de la recepción se miraron, luego revisaron unos papeles, se volvieron a mirar y finalmente una de ellas levantó el teléfono y habló con alguien:
-El señor Casciari está aquí —dijo, y al cabo de algunos segundos repitió—, Casciari... Sí, Casciari.
Al rato apareció un muchacho corpulento, con uno de esos cartelitos plastificados enganchados al traje y con los ojos fuera de órbita.
—¿Pero qué haces aquí, Hernán? —dijo el muchacho—. La entrega de premios es mañana. Hoy es el día de la conferencia de prensa...
Jorge se puso pálido. Con Andrés nos miramos. Después miramos la cara del organizador, descompuesta. Miramos al Jorge: incómodo. Era una comedia de Larry David en tres dimensiones.
El organizador tardó un poco en reaccionar, entre nervioso y avergonzado. Después llamó por su móvil a alguien.
-Oye, mira, estoy aquí con el Casciari que se ha confundido de día: ¿podremos adelantar la entrega del premio y hacerla hoy?
No sé bien qué pasó en el medio. Nosotros aprovechamos para comer unas masitas secas que había en una mesa larga y tomar café. Mientras tanto veíamos a los organizadores correr de un lado a otro, subir y bajar escaleras, vociferar a la nada con el manos libres.
Después de un rato consiguieron rearmar el programa de actividades. Improvisaron una ceremonia para él solo, entre una actividad y otra, y le entregaron el premio frente a un auditorio desconcertado, que no lo esperaba, o que en todo caso lo esperaba al día siguiente. Jorge apareció por un costado del escenario, con su clásico jogging azul y muy despeinado, improvisó un par de frases cortas y formales, recibió los aplausos perplejos del público y salió disparado del auditorio.
Listo. Ya estaba. No había nada más para hacer, salvo detenernos en un restaurante de la zona, tomar unas cervezas, probar la clásica morcilla de Burgos y regresar a Sant Celoni sin escalas.
Jorge estaba ansioso por irse. Pero apenas bajó del escenario el organizador lo tomó del brazo (“con fuerza acaso excesiva”, nos diría después) y lo invitó a participar de la conferencia de prensa junto a un grupo de expertos y profesionales en redes sociales y tecnologías modernas.
No tenía excusa. No podía decir que no. Había confundido la fecha del evento, había hecho derrochar una fortuna en taxi, había alterado un programa rígido de actividades. Estaba en falta. Le dolió, pero agachó la cabeza.
Lo vimos entrar a la sala de prensa llevado del brazo del organizador, que no lo soltaba. Me acordé de una vez que el Negro Cusa, el director de la escuela Normal de Mercedes, lo metió de la misma manera en la Dirección. Lo único que hizo el Jorge en el trayecto fue darse vuelta y buscarnos con la mirada, a Andrés y a mí. Resignados, entramos con él para hacerle el aguante.
La cara del Jorge en esa rueda de prensa obligó a Locatelli a sacar la cámara. La gente hablaba de Twitter, de tecnologías, de comunicación, y el Jorge (yo lo sé porque lo conozco) los quería morder a todos, despedazarlos con los dientes. Le hubiera encantado ser un perro malo en ese momento. Pero se contuvo. La cara, en cambio, no la pudo disimular.
Y ese es, justamente, el rostro que Andrés registró en este video, y que luego editó solamente para nosotros, sin intención de que lo viera nadie. El Jorge nunca quiso publicar este video en el blog, porque le da vergüenza ser tan arisco y ermitaño. Y también, creo, para que no se sintieran mal los organizadores de iRedes.
Pero hace un rato me dio la contraseña de mi nuevo blog, y ahora el que manda acá soy yo.

Titita Caquel

quiquepim

Gonzalo Juárez
muy bueno el video.

Javier Castillo



Chichita

El final con el video de Locatelli, me hizo cagar MAL de la risa... ¡Actorazo!

NEODOC

maga

(escribís mejor que el Jorge, pero no le digas).

Pablo Di Noto
Viendo a Cayota y sus caras de bodrio e incomodidad absoluta me siento inmediatamente transportado a alguna reunión plomo típica de los ambientes corporativos. ¿Será por eso que trabajo ahora por mi cuenta, y me da alergia la idea de volver a una "empresa grande"? ;-)
Lo suyo, Chiri, es de estratega: pergeñar semejante plan, ponerse como espectador en primera fila y llevar a un registrador gráfico bajo una supuesta "compañia de amigo" es maquiavélico!
Salute desde Córdoba, pero la del Fernet con Coca Cola.

fede o

P.D. Chiri, eres un escritor bestial.


Andrea Marcos

Rodrigo Villar
¿Para cuándo un texto largo tuyo en Orsai?
Abrazo.

Un abrazo!


Larimar
A pesar de la traición con el video, muy bueno el post!

Florencia Iglesias

GAbriela Fariña

Alicia Haydeé Ramírez




Eugenio Piraino
No me gusta ser repetitivo; pero con estos de las "nuevas habitaciones de la casa" me veo obligado a escribir dos veces lo mismo.
Tengo una idea que ya le mencioné al Jefe de Redacción (al Chiri) por linea privada (formulario de contacto).
Me parecería buenísimo que exista la posibilidad de que los lectores/suscriptores podamos enviarles textos breves de nuestra autoría con la ilusión (absurda en algunos casos, como el puntual de quien esto escribe) de que sean publicados en Revista Orsai. Previo proceso de selección, evidentemente.
Ya se que en el futuro existirá la posibilidad de enviar novelas, ensayos, etc para lo recientemente denominado "Libros Autogestionados". Pero muchos de nosotros solo tenemos mínimos raptos de lucidez que nos permiten escribir textos breves que se puedan mostrar al prójimo sin generarle daños irreversibles.
Espero que se entienda mi idea.
Abrazo de gol para todos.

Eugenio Piraino
Es de las cosas que más me ha hecho reír en el último tiempo.

conocía la anécdota pero contada así y con el video testigo es mortal!! pobre Jorge!! :D





Hernan Casciari

Bien Chiri, tomando poseción del blog.


Aduchis

Una de cal por las que van de arena! Bravo!
Realización y musicalización:
El Flaco
































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