Tres años después

Mi weblog se llama Orsai. Puedo decir sobre él que no tiene iconos ni dibujos, que no tiene por costumbre incluir enlaces hacia otros blogs ni a páginas de mi interés, que no posee menú de navegación a izquierda o derecha, que no utiliza publicidad, que no ofrece un reloj que indique la hora en mi país de residencia, que no tiene entradas diarias, breves e informativas, ni videos de youtube, ni fotografías de paisajes, ni de mujeres desnudas o vestidas. Mi weblog es blanco con letras negras. Y hoy cumple tres años.

En mi weblog, que se llama Orsai, las entradas cronológicas no se denominan posts sino textos, y suelen abordar los géneros del cuento, el ensayo, la entrevista o el teatro breve. Estas piezas son siempre extensas: unas 1.800 palabras de promedio. Su primer párrafo tiene siempre ocho líneas exactas y resume la trama o el espíritu general de lo que seguirá a continuación.

Las entradas de Orsai tienen como principal objetivo caminar por la frontera que existe entre la realidad y la ficción, sin que se distinga, a primera vista, dónde comienza una cosa y acaba la otra. Narrar, decía Piglia, es como jugar al póker: todo el secreto consiste en parecer mentiroso cuando se está diciendo la verdad. Justamente la verdad y la mentira son los pilares narrativos de Orsai, y a veces su justificación posterior.

Como único autor del weblog —y por ello el mejor conocedor de su entramado— puedo decir que nunca he escrito nada, ni una sola vez, en donde no haya invertido al menos un día entero de reflexión silenciosa. A veces muchísimo más que eso, pero nunca menos. Jamás he abierto un documento de word sin saber, minuciosamente, lo que quería decir en Orsai.

La reflexión no consiste en quedarme ensimismado, como un monje que imagina la historia en la mente, sino en pasar por lo menos veinticuatro horas poniendo a prueba la idea. ¿Hay claros elementos nuevos para aportar? ¿Será realmente divertido invertir el tiempo en su redacción? ¿Tiene interés universal o sólo regional mi hipótesis? ¿No es ésta una teoría demasiado intelectual o demasiado infantil? ¿Hay suficientes chistes buenos que acompañen el recorrido? ¿No será mi idea un ladrillo intratable que sólo me interese a mí?

Aunque parezca variada, la línea argumental de Orsai puede resumirse en sólo cuatro temas recurrentes: mi hija, los cambios absurdos en la sociedad moderna, la hipocresía en las relaciones interpersonales y la añoranza exagerada de un tiempo anterior o de un sitio lejano. No hay nada más que eso en todas y cada una de las historias. Y tampoco hay más que esas cuatro obsesiones en mi cabeza.

Orsai tiene, al día de la fecha, ciento noventa textos publicados, a razón de cinco por mes, y la frecuencia de actualización es de un texto cada nueve días. La ausencia máxima entre dos textos ocurrió en junio de 2006 (treinta días) y la ausencia mínima después de eso fue de cuarenta y tres horas (a principios de febrero de este año).

Los textos de Orsai se publican en varias revistas. Las más pomposas son NewsWeek, La Mujer de Mi Vida, El Malpensante, First y Brando; la más humilde es La Nave, el tabloide bimensual que edita Chiri en Luján. En todos los casos, los textos permanecen de forma exclusiva en internet durante una semana completa antes de ser trasladados al papel. En Orsai nunca se ha publicado un párrafo que haya aparecido antes en otro sitio, ni físico ni virtual.

Los lectores de Orsai llegan desde Argentina, España y el resto del mundo en un porcentaje idéntico: un 33 por ciento para cada región. Son México, Estados Unidos, Uruguay, Chile y Venezuela los países que escoltan (en receptividad) a mis países de nacimiento y residencia. La audiencia actual de Orsai es de seis mil lectores y el crecimiento es de un ocho por cien mensual; hace un año eran ustedes cuatro mil y el año próximo serán diez mil.

El mecanismo de captación de lectores que ha resultado más efectivo en Orsai es una herramienta que no utilizan los blogs: el botón de “envía esto a un amigo” que hay bajo cada texto. Este servicio genera que, cada mes, cincuenta usuarios nuevos se suscriban a las alertas o a los agregadores de noticias, alentados por los consejos personales de los lectores asiduos. Desde que el año pasado programé el servicio de envío, los lectores han recomendado artículos once mil veces. El texto más enviado a un amigo es España, decí alpiste.

Orsai comenzó a publicarse el 27 de febrero de 2004, y durante los primeros meses los textos fueron más cortos, periódicos e irreflexivos. Un artículo tenía en promedio menos de mil palabras y podía escribirlo en una sentada y sin prestar mayor atención. De hecho, durante los meses de marzo y abril del primer año escribí treinta y dos artículos, la misma cantidad que durante todo el 2006.

El texto de Orsai mejor valorado por los lectores (en número de comentarios y enlaces externos) es Los justos, pero el más leído sin embargo es La edad de los países, que recorre el mundo en forma de fwd, rebautizado como El mundo según Casciari (nombre que por supuesto yo no le puse) y con variaciones, extensiones y modificaciones hechas por la pluma anónima y popular.

Los comentarios a cada texto de Orsai son generalmente muchos —en comparación con la media de un blog— y en total suman, al día de hoy, unos veintitrés mil. Los cinco lectores que más comentan responden a los apodos de Angel Gris, Ginger, El Teta, Diablita y La Romu. Todos estaban presentes el primer día de Orsai y, por suerte, están aquí también hoy, tres años después. No conozco personalmente a ninguno de ellos.

El lector medio de Orsai tiene veintinueve años, es mujer, profesional y vive en una ciudad de más de un millón de habitantes. Orsai es uno de los pocos weblogs escritos por un hombre que tiene mayor afluencia femenina (65%) que masculina (35%). Otra característica poco frecuente es que la mayor cantidad de lectores de Orsai no se corresponde al país de origen del autor: sólo el 42% son argentinos que viven dentro o fuera del país. El resto, extranjeros de hispanoamérica.

Orsai es el menos exitoso de los weblogs populares que he escrito, y el que menos ha aparecido en la prensa. Las blogonovelas de un ama de casa, una princesa o un vidente han tenido siempre mejor repercusión y mejor audiencia. Más comentarios, más seguidores e, indirectamente, mayores ingresos económicos. Mi hija no come gracias a Orsai, sino en virtud de otras idioteces que escribo.

El diseño de Orsai (o su ausencia) pretende demostrar que en internet es posible acaparar la atención del público sin estridencias ni monigotadas, sólo con palabras encadenadas que forman párrafos que, encadenados, construyen ideas. Es un diseño propio basado en nadie, y me costó llegar a él más de dos años, después de intentar con otras versiones menos minimalistas.

No escribo aquí para nadie, ni porque haya alguien, ni para que vengan más. Pongo aquí lo que se me antoja, cuando me da la gana, y nunca me he aburrido de hacerlo. Lo haré otra vez después de esta entrada, y después otra, y lo haré también si un día me quedo hablando solo y sin público, como un loco o un borracho.

Hoy Orsai cumple tres años y tenía ganas de hablar de él, cosa que muy pocas veces hago aquí dentro. Halagarlo y ponderarlo. Decir quién es y qué tan importante me resulta. Piropearlo un poco. Porque me gusta saber que existe, y porque me hace bien algunas noches escribir en sus páginas blancas, con mis letras negras, la historia de nuestra vida en común.

Hernán Casciari
Martes 27 de febrero, 2007

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305 comentarios Tres años después

  1. Luz Panizzi #304    19 julio, 2016 a las 6:38 pm

    Quería decir que cuando escribiste esto yo no te leía, pero ahora me lo estoy leyendo todo.
    Quería decir que celebro que hayas decidido crear este blog.

    Quería decir que ya no se si lees esto pero que sos mi escritor favorito.