Una línea de puntos en un libro de catecismo

Nunca jamás en la reputísima vida caímos en la vulgaridad de festejar el veinte de julio. Es más, en las épocas en que el Chiri y yo nos pasábamos las tardes juntos, nos inventábamos una excusa para desencontrarnos durante los días del amigo. Nos daba vergüenza tener que decirnos "feliz día", caer en esas extravagancias que se dicen los maricones. Con los cumpleaños nos pasaba más o menos lo mismo. Pero con los veinte de julio muchísimo más.

La exhaltación de la amistad ocurría cuando estábamos completamente borrachos, por lo general zigzagueando por la calle 31. Ahí sí sucumbíamos a la tentación de verbalizar dos cosas de los que estábamos convencidos: que no conocíamos a dos tipos más amigos que nosotros (ése era la cosa uno), y que cada uno de los dos era quien era gracias al otro.

Yo estaba seguro —y estoy seguro todavía— de que si no me lo hubiera cruzado al Chiri a los ocho años no sería escritor. No sé qué sería, pero no escritor. Seguramente bajista de rock pesado, o alguna otra cosa donde también esté permitido ser gordo. Pero no escritor.

Cuando Mercedes era un pueblo en donde nos conocíamos todos, yo no me llamaba Hernán. Me llamaba Chiri y el Gordo. Y él se llamaba Chiri y el Gordo también. Eso fue desde 1980 y durante un montón de años. Éramos una especie de siameses locos, muy respetados por la gente más espantosa del pueblo. Le caíamos bien, generalmente, a los desequilibrados.

Como ocurre en estas clases de amistades absolutas, abríamos la heladera de la casa del otro sin pedir permiso, y eso era porque la casa del otro, o más bien la familia del otro, era también nuestra. El día que nos fuimos de Mercedes a vivir a Buenos Aires, por ejemplo, mi vieja le dio más plata a Chiri que a mí. Y un tiempo antes, una tarde en que nos mandamos una cagada en la escuela, la madre del Chiri me pegó un sopapo a mí solo.

Cuando llegábamos muy borrachos a la mañana, los domingos, el Chiri se comía el desayuno de mi viejo y después se quedaba dormido en la mesa de la cocina. Si llegábamos borrachos a su casa, yo le robaba los 43/70 al padre de Chiri, y me los fumaba en el garage. Éramos, se mirara por donde se mirara, los peores hijos del mundo; no por esto que cuento, sinó por ochenta cosas que me callo (no quiero hacer de este texto una enumeración de anécdotas, solamente quiero que entiendan). Éramos los peores hijos pero, por alguna razón, mis viejos al Chiri lo quieren como si me hubiera llevado por el buen camino, y yo a la vez siempre me sentí querido por los padres del Chiri, incluso en las épocas en que los padres de todo el mundo le decían a sus hijos que no se juntaran conmigo.

Quiero ser objetivo, no sé por qué. No quiero caer en ningún tipo de sensiblería en este texto, y tampoco quiero hacer alarde de una juventud desopilante. Y no quiero porque me he pasado la vida oyendo a la gilada contar sucesos de sus juventudes desopilantes, y me he pasado la vida escuchando qué sensible se pone todo el mundo cuando habla de la amistad. Quiero ser objetivo, más que nada, porque el Chiri estará leyendo esto y no quiero que el pelotudo se piense que escribo con emoción.

A lo que quiero llegar, si hay que llegar a alguna parte, es que nunca se nos hubiera ocurrido, ni en medio del pedo más surrealista del año ochentisiete, que alguna vez los dos tuviéramos una hija, una cada uno, y que el otro no la conociera. Pero la vida es muy rara (eso sí lo supimos siempre). La vida es rara y la baraja pintó así: yo todavía no conozco a Julia Basilis, y el Chiri es el día de hoy que no conoce a Nina Casciari. No pasa nada. Ya va a llegar, pero pensarlo objetivamente nos sorprende mucho. A los dos. Y en esto hablo por boca de él también.

No tengo idea, ahora mismo, si él también desde hace un par de años empezó a darle una importancia distinta a los veinte de julios. Por lo menos yo, sin solemnidad, sin levantar bandera, cuando llegan días como el de hoy me pongo muy maricón, terriblemente maricón. Después se me pasa, pero mientras me dura me acuerdo de una cosa que pasó hace más de venticinco años.

Era un sábado de 1979, alrededor de las once de la mañana. Obligado por Chichita, me tuve que meter en un lugar a hacer el cursillo de la primera comunión. Éramos un montón de chicos de ocho años. Nos dieron un libro a cada uno; la catequista nos dijo que lo abriéramos en la primera página. Eran tareas interactivas o algo así. Una de esas tareas decía: “Elige a un compañero que no conozcas dentro de la clase y pídele ser tu amigo. Si acepta, escribe tu nombre en su libro y viceversa”.

No sé si fue que estábamos sentados cerca o si nos levantamos y nos buscamos. No me acuerdo. Lo único que sé es que no nos conocíamos y que nos intercambiamos los libros y pusimos nuestros nombres en la línea de puntos. Me acuerdo de su letra alargada, y de la “s” que parecía un cinco, y de la hache intermedia. Christian, puso el Chiri en mi libro. Y yo después firmé el suyo: Hernán. Mucho tiempo después, ya de mayores, supimos que dios es grande por esa clase de boludeces.

Hernán Casciari
Miércoles 20 de julio, 2005

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86 comentarios Una línea de puntos en un libro de catecismo

  1. Mafaldita #85    15 mayo, 2006 a las 2:38 am

    No lo vas a leer nunca pero tengo que escribirte este comentario ya que esta semana me reencontré virtualmente con mis 2 mejores amigas de la adolescencia(las dos me buscaron sin estar en contacto entre sí …una sola quedó en el pueblo donde nos conocimos). Recién ahora leo esto y me encantó, claro.Por eso se los envié.

  2. mariademanson #82    29 julio, 2005 a las 6:59 pm

    … No se… todo esto es una rosconada, el post no esta mal, el tema no esta mal, pero la maricada de las amistades es realmente desalentadora, lo amigos no existen, que tirsteza que huvieras conocido a tu amigo gracias dios. pero… no todos nos podemos dar ese lujo.

  3. Teresiña #81    27 julio, 2005 a las 8:03 pm

    Igual es conmovedor verlos queriéndose así, putitos alegres. Nadie, de todos modos, se metió a ver sus camas cuando compartían pieza en la adolescencia.

  4. Clari #77    25 julio, 2005 a las 5:20 pm

    a ver ustedes, si me se hacen el beneficio de pasar por la pagina del benedicto y votar a patomusa para su correspondiente canonizacion, la santita lo merece, che!!!

  5. Jean Georges #76    25 julio, 2005 a las 4:47 pm

    Desconocía estos pagos. Llegué recomendado, traído por un amigo casi que a prepo. No es el Chiri, pero podría decirse que nuestra historia es parecida. Luego de convivir más de un verano, a los 9 años, por la única razón de ser el vecino de enfrente a lo de mi tía, dejé de ver a la Mole por mucho tiempo. La facultad nos volvió a juntar, de lejos, sólo por un mate o algo así. Luego fueron Matisse, el amigo Van Gogh o el demente de Duchamp. Ahora son otros, no más cuerdos que estos. Y el tipo igual, lento y taciturno, con el mate abajo del brazo.
    Pero ahora la calle que separaba las casas es más cortita, casi que un murito bajo, por donde se puede pasar de un salto.
    Gracias por recordarme a mis amigos. Yo también soy un mariqueta.

  6. Chiri #68    24 julio, 2005 a las 12:23 am

    Como sabrás, Jorgito, ya no estoy en la librería, razón por la cual no tengo más banda ancha. Recién hoy abro Orsai, y leo. Pido perdón por eso, por aparecer ahora, un poco tarde, justo cuando los lectores de Orsai estaban empezando a confirmar que el Chiri era nomás un invento tuyo.
    Después de leer me dieron ganas instantáneas de hablar con vos, pero como lo único que ahora tengo a mano es esto, quiero dejarte, por lo menos, un mensaje rápido, y agregar algunas cositas al paso.
    Por lo general (le cuento a la gente de Orsai) el Jorgito y yo siempre supimos que nuestra amistad era algo muy bueno, pero nunca hablamos de eso adelante de otros. Probablemente porque nos daba vergüenza, o porque éramos superticiosos y temíamos que el hechizo se rompiera al nombrar las cosas en voz alta. Lo cierto es que, sea cual sea la razón, acá estamos ahora, hablando de lo importante que fuimos (y somos) el uno para el otro, adelante de una bocha de gente.
    Una sola vez nos peleamos con el Jorgito. Estuvimos como quince días sin hablarnos, y lo peor fue que, pese al enojo mutuo, estábamos obligados a vernos todos los días.
    Teníamos quince años, y cursábamos tercer año en la Escuela Normal. La pelea fue un acontecimiento bastante raro en nuestro curso. Nadie podía creer lo que estaba pasando. La indiferencia que el uno le prodigaba al otro ponía incómodo a todo el mundo.
    Nos habíamos peleado por una cuestión de vida o muerte. Fue mientras escribíamos un soneto a dúo, en la piecita del Jorge, una tarde de invierno. La cosa iba bastante bien, a nuestro entender. Pero en la mitad de uno de los tercetos una diferencia en principio atroz, y luego irreparable, surgió entre nosotros. No recuerdo exactamente los detalles, no sé si fue una palabra que no compartíamos o una rima que al otro le parecía burda. Pero lo cierto es que comenzamos a discutir a los gritos hasta que uno de los dos le pegó una bofetada al otro y terminamos revolcándonos en el piso, para el terrible susto de Chichita, y para el desconcierto de Roberto, que no sabía si enorgullecerse porque su hijo por fin se estaba peleando a las piñas con alguien, o comenzar a preocuparse de veras por el motivo real de la disputa. Después, con los días, nos olvidamos de todo y volvimos a ser amigos.
    A lo mejor, Jorgito, si de jóvenes hubiéramos tenido un poco de orgullo (cosa que siempre nos pareció vergonzosa), hoy no estaríamos hablando de esto, ni de nada. O tal vez, en lugar de haber hablado de mí el 20 de julio, habrías dicho exactamente lo mismo de Cristian Alcón.
    No sé qué hubiera pasado. Y aunque tampoco puedo precisar el motivo concreto que desencadenó aquella primera pelea, hoy, a veinte años del hecho pugilístico, sólo me acompaña una certeza: la opción que yo proponía para el soneto era la mejor.

  7. Faro justiciero #66    23 julio, 2005 a las 10:43 am

    Soy uno de esos desequilibrados a quienes cae bien Hernán (sobre todo cuando no me borra los comentarios).
    Conocí a mi mejor amigo cuando tenía 7 años. A los 11 emigró con su padre a Vandellós, a montar la central nuclear. Volvió otra vez a los 14 años, y a los 24 lo perdí para siempre, cuando tras estudiar psiquiatría (más desequilibrado que yo) se fue a recorrer el mundo y acabó secuestrado y seguramente asesinado en tierra de guerrillas exsoviéticas.
    En España “todavía” no tenemos día del mejor amigo porque El Corte Inglés se despistó o porque nadie sabe que se llegó a la Luna. Aun así, existen amigos, algunos mejores que otros. Conozco uno a quien la madre de su maricón quiere más que a sus propios vástagos, y la explicación es simple: “porque con él no tuve dolores de parto”, dice la madre.

  8. La NiNoNa #60    22 julio, 2005 a las 10:30 am

    mmm aclaraciones para los de allende de los mares:

    Eivissa = Ibiza
    Barna = Barcelona
    Petonets= Besitos en català
    COU = Curso de Orientación Universitaria, el ultimo año antes de la uni.. pero ahora le han cambiado el nombre y me siento como una vieja!

  9. La NiNoNa #59    22 julio, 2005 a las 10:27 am

    Yo me cambié de cole para hacer COU, y de mi clase sólo conocía unos pocos chicos (eramos 5 chicas y 25 chicos). Al principio a Stella, que iba a mi clase, le caía como el culo. Un día coincidimos en un concierto (creo q yo le vendí una entrada)y desde entonces inseparables! borracheras, noches en blanco, Eivissa..
    Ahora estamos las dos en Barna, pero hasta hace poco ella estaba en Suiza y yo en China, pero igual seguiamos sintiendonos tan cercanas!
    Eso es lo bonito de la amistad!

    petonets a todos/as

  10. Gayabuc (el cazador predeterminado) #57    21 julio, 2005 a las 10:15 pm

    Como diría mi abuela:
    Que lindo !

    No es de maricones acordarse de estas cosas, por algo cuando sos viejos te acordas mas de momentos asi que si apretaste o no el botón del baño.

    Muy bueno lo suyo, valió la pena pasar.
    Como en el resto de mis vicios seguramente seré repetitivo.

  11. ElTeta #54    21 julio, 2005 a las 8:54 pm

    Angel Gris (47):

    Tubby
    Yo soy un Tubby
    que andaba solo
    en una ciudad pesada
    hasta que un día
    encontre una Tubby
    y quiso que la acompañara.

    Yo soy un Tubby cuatro
    de maní y caramelo
    yo soy bañada en chocolate

    Vamos subidos
    a los bolsillos
    de una ciudad soleada
    Tubby tres y Tubby cuatro
    Tubby tres y Tubby cuatro

    xoxoxxoxoxoxox

    Toffi
    Te quiero
    recien te conozco y te quiero
    me gusta tu dulzura y te quiero
    regalame tu sonrisa
    sos tan dulce y diferente
    que te quierooooo
    casi sin conocerte

    (locutor)Toffi. Un corazón de dulcedeleche cubierto de chocolate

    JA, memoria!

  12. Nanda #51    21 julio, 2005 a las 6:20 am

    Es 20 julio y en Colombia en lugar de ser el día del amigo, es en que se conmemora la independencia nacional, lo bizarro que puede resultar…. Lo unico que yo es que hoy es 20 y que Nina debe estar enojada por que el post hoy era para ella, qué paso Hernan??