Hace unos meses Chiri me dijo: «Brasil la debe estar rompiendo con la literatura, y nosotros ni idea». Desde entonces —llenos de culpa— estuvimos buscando y leyendo cuentos brasileños hasta que nos atragantamos. Buscamos gente surgida de internet, no a los de siempre, no a los conocidos por el público hispanohablante. Buscamos autores con gran participación en el mundo virtual. Y nos encontramos con una narrativa impresionante.

Salimos de imprenta hace algunas horas. La Orsai número 6 empieza a distribuirse la semana del dos de abril y, como sabíamos la fecha desde hacía meses, con Chiri nos pusimos a pensar en un especial sobre Malvinas. Nuestra idea fue buscar dos escritores admiradísimos: uno británico, otro argentino. Necesitábamos que fuesen (a nuestro gusto) los dos mejores escritores vivos de cada país. Tuvimos suerte, mucha suerte. Ian McEwan y Abelardo Castillo se dejaron entrevistar por Gonzalo Garcés.

Hace cinco años la muerte de Fontanarrosa nos produjo la tristeza de una ausencia cotidiana. Los ídolos cuando mueren nos dejan el asombro de su obra. En cambio cuando mueren amigos queridos nos arrancan un futuro común. Ya no más una sobremesa o un viaje compartido. Con Fontanarrosa sentimos eso: ya no más domingos futuros con su historieta, no más mundiales de fútbol con su reseña, no más cuentos nuevos. No solamente lo queríamos. Sobre todo, lo queríamos más tiempo.

La última vez que estuve en Buenos Aires conocí por fin a Sáenz Valiente, uno de los mejores dibujantes de historieta del universo. Con Juan habíamos trabajado juntos en mi cuento "La madre de todas las desgracias" que apareció en la Orsai N3. Fue un placer hacer cosas con él, a la distancia. Me enloqueció a preguntas para adaptar la historia, y eso es fantástico. Desde entonces supe que Juan volvería a estar en la revista. ¿Pero cómo? ¿Y haciendo qué?

La historia ocurre en una Argentina de pesadilla. El país se quedó sin carne y nadie tiene qué comer. En medio del caos, el Ejército recluta a los varones mayores de edad. Los saca de sus casas, de los bares, de donde sea. Los arrastra a empujones, los uniforma y los obliga a pescar. En los afluentes del río Paraná han crecido surubíes enormes que son atrapados por gomones de Gendarmería y suministrados a los habitantes hambreados del conurbano bonaerense.

Le pedimos a nuestro gran amigo Franco Pastura (distribuidor de Orsai en Rio de Janeiro, y gran periodista) que nos recomiende lugares, que nos cuente trucos, que nos avise por dónde anda la policía y cuáles son los sitios liberados. Es decir, una crónica turística, pero muy enfocada al mundo cuete. Pero Franco fue más allá: también nos da un panorama histórico del porro en Rio desde la colonia hasta los problemas actuales del narcotráfico. En resumen, una crónica Orsai, desde la punta hasta la tuca.

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