Acabo de actualizar el home de la editorial; puse esto: «Conseguir revistas Orsai no es fácil. La suscripción es cara. Casi siempre nos atrasamos en la entrega. Imprimimos solo un número limitado de ejemplares. Etcétera. Si querés revistas baratas, fáciles de conseguir, en el kiosco de la esquina hay un montón». Lo escribí en caliente, cuando me cansé de esperar que las revistas salieran del puerto de Barcelona. Ahora ya están en camino a sus distribuidores europeos, pero fue una semana intensa. Me cansé mucho.

Si hace una semana empecé el texto diciendo que ya éramos mil suscriptores anuales a la nueva revista Orsai, hoy lo inicio con mejores noticias: ya somos casi mil quinientos. Esto indica una progresión constante, y nos obliga a tomar decisiones. Según los números, llegaremos al objetivo a finales de enero. Por lo tanto vamos a entrar a imprenta el 20 y la revista estará en el bar el 1 de febrero. Ya es hora, entonces, de ponernos a trabajar.

Si no tuviera una familia extremadamente catalana, volvería a vivir a Argentina ahora mismo. No me había pasado nunca en estos once años de vivir afuera. Pero resulta que ahora el contraste es inmenso. España se prepara para cuatro años horribles (no hablo de crisis económica, sino de aburrimiento monumental, de ausencia de ideas, de gente con corbata tomando decisiones en todas partes) y Argentina en cambio está explotando de pibes con los ojos brillosos.

Las revistas no salen de la Aduana, nos dijeron, ni se molesten en mandar el flete para ir a buscarlas al puerto. Nos quedamos mirando el barco, en apariencia tan cerca. Adentro de ese barco hay dos toneladas y media de revistas hechas a pulmón por un grupo de argentinos. Las pensamos y las hicimos durante todo este año, por fuera de la industria y perdiendo plata. O, para decirlo con más propiedad: invirtiendo plata en un proyecto editorial a futuro.

Las ideas trasnochadas son peligrosas. Al día siguiente, nadie se acuerda en qué parte de la charla el absurdo tomó forma. ¿En qué momento una fantasía de borrachos se convierte en una necesidad? Nadie lo sabe. ¿Fue Chiri o fui yo el que pensó primero en la posibilidad de los barcos? Ahora no nos acordamos. Solo sabemos que, esta mañana, cuatro toneladas de revistas están viajando al Puerto de Palos, en Cádiz. Y que de allí cruzarán el Atlántico. Y que llegarán a América, exactamente, el 12 de octubre.

Parece que haya pasado mucho tiempo, pero fue hace solamente un año cuando renuncié a mis trabajos en la prensa, y a las editoriales donde publicaba, para dedicarme al proyecto Orsai. Era septiembre como ahora, el mismo clima. Nos pasábamos las noches conversando en el patio, con Chiri, sobre cómo hacer una revista imposible. Fantaseamos mucho en esas sobremesas. Pero ni por casualidad se nos ocurrió fantasear con lo que iba a ocurrir.

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