Instrucciones para crear mundos paralelos

Descubrimos el truco por casualidad, en nuestro propio edificio. Y como nos salió bien, empezamos a repetir la rutina en hogares ajenos, subidos a otros ascensores, con nuevas víctimas. Las bromas perfectas surgen de la nada, de un error o una impaciencia, y ésta fue una de las mejores. Tan original, y tan simple, que siempre nos pareció mentira que no existiera ya, que no fuese un clásico popular. Pero no lo era: lleva nuestra firma. De hecho, ésta será la primera vez que el truco tome estado público.

Ojalá muchos adolescentes lean estas instrucciones, porque sólo hay una época en la vida en que nos atrevemos a poner en práctica ciertos juegos inútiles, absurdos y maravillosos.

Yo, ahora mismo, con casi cuarenta años y esta panza, ya no podría. Sigo fumando idéntica hierba promotora, conservo en el corazón los mismos sueños, pero ya no estoy para andar corriendo de noche como un loco ni para pegar semejantes gritos de auxilio en la oscuridad. Me atraen los mundos paralelos igual que siempre, pero ahora prefiero concebirlos frente a un teclado, sentado tranquilamente en casa. Me convertí, no sé cuándo ni cómo, en un hijo de puta sedentario, en un mentiroso inmóvil.

Pero no hablemos de problemas propios que ya no tienen solución. Mejor usemos este rato en explicar de qué modo podemos crear un mundo paralelo en el cerebro de un amigo ingenuo. Papel y lápiz.

Ingredientes

Amigo que viva solo en un departamento, 1
Cómplices, 3
Banderín de club de fútbol, 1
Marihuana, a gusto.

Preparación

Esperamos a que llegue la noche y nos presentamos a cenar, junto a dos cómplices, en el departamento de un amigo en común. Es fundamental que este amigo (al que llamaremos la Víctima) no resida en la planta baja ni en el primer piso del edificio.

Tocamos el timbre de abajo y aguardamos a que la Víctima nos abra. Una vez en el ascensor, deberemos observar sus características, a fin de individualizar dónde aparece la numeración de cada piso durante en ascenso.

Existen tres variantes. Los ascensores antiguos tienen la numeración sobre las paredes que vamos dejando atrás: 1, 2, 3, etcétera. Los modernos, en un visor digital sobre la botonera. Ambas ubicaciones son perfectas para nuestros planes. Si el visor estuviera demasiado alto (encima de la puerta de salida) el trabajo podría complicarse.

En este ejemplo la Víctima reside en el 4ºB. Llegamos al piso en cuestión y, antes de que su morador nos haga entrar, utilizamos el rellano para saludarlo y —allí mismo— le hacemos entrega de un obsequio: el banderín de su club de fútbol preferido.

—Mirá lo que te trajimos, Víctima —diremos con una sonrisa (es importante suplantar la palabra víctima por el nombre real).

El anfitrión nos agradecerá el regalo e intentará quedárselo, o guardarlo, pero nosotros fingiremos tener una idea mejor:

—Ponélo acá, para que todo el mundo sepa que sos de Vélez —diremos, colgando el banderín en el picaporte exterior de la puerta.

Sólo un 6% de las víctimas se niega a colgar el banderín. En general, los más reticentes son los hinchas de Racing (por un tema relacionado con la vergüenza).

Pero la enorme mayoría acepta colgar el obsequio a la vista, sin sospechar que todo forma parte de un propósito siniestro.

Durante las siguientes tres o cuatro horas actuaremos como cualquier grupo de amigotes que cena de noche en casa de alguien. Hablaremos de mujeres, de fútbol, de política y del sentido del universo. Jugaremos al póker, fumaremos marihuana, beberemos. Este paso es el más sencillo y, en términos técnicos, sólo busca alterar el sentido temporal de la Víctima.

Durante los postres, el Cómplice Uno deberá individualizar las llaves del departamento. El manojo suele estar sobre un mueble, cerca de la puerta, o colgado. Cuando la sobremesa comience a decaer se iniciará la primera acción física importante, a la que denominamos El Éxodo. Para ello, y sin venir a cuento, el Cómplice Uno se levantará de la mesa y dirá:

—Me pegó el bajón. Salgo un cacho a buscar alfajores —y se hará con las llaves del departamento, fingiendo el ademán de irse solo.

—Buenísmo —dirá la Víctima—. Tenés un quiosco abierto sobre Scalabrini.

En ese momento el Cómplice Dos deberá interrumpir la acción con esta frase: “¿Por qué no salimos todos, che, así nos aireamos un poco?”. En cuestión de segundos, los cuatro tendrán que estar ubicados en el pasillo, del lado de afuera y a punto de cerrar la puerta, de la que cuelga el banderín. En ese instante hará su parlamento el Cómplice Tres:

—Uy, me estoy cagando —dirá, tocándose la panza—, yo me quedo. ¿Está todo bien si van ustedes?

—Todo bien —accederá la Víctima.

Un minuto después, la primera parte del plan ya estará encarrilado. ¿Qué hemos conseguido hasta ahora? Recapitulemos:

1) tenemos a la Víctima en la calle, escoltada por dos de nosotros;
2) las llaves del departamento están en nuestro poder; y
3) conseguimos que un tercer cómplice se quede dentro.

La noche nos sonríe.

Consumación

Mientras el trío se dirige al quiosco, el Cómplice Tres se ha quedado recluido en solitario. Por supuesto, nuestro colaborador no tiene deseos de cagar. Está allí para algo mucho más importante.

En cuanto se sepa solo, el Cómplice Tres abrirá la puerta de entrada, quitará el banderín y, sin cerrar la puerta (porque no tiene llaves), deberá subir por las escaleras un piso más y colgar el banderín en el picaporte del 5ºB. Después, en silencio, deberá regresar al 4ºB y quedarse sentado a esperar el desenlace del truco.

Mientras tanto, el grupo estará regresando de la calle con los alfajores. Entrarán los tres al edificio y subirán al ascensor entre bromas y monerías. Éste es un momento de gran importancia y coordinación general, alerta máxima.

El Cómplice Uno será el encargado de apretar el botón del 5º piso (¡no del 4º!), mientras el Cómplice Dos se ubicará de tal modo que impida la vista numérica. La Víctima debe permanecer muy entretenida durante el viaje. En circunstancias normales, cualquier inquilino conoce, por costumbre, el tiempo exacto que tarda su elevador en llegar.

Ahí es donde la droga blanda hace su parte. El porro provoca, entre otras muchas virtudes, la distorsión temporal y el anacronismo del usuario. La gente drogada siempre piensa que los ascensores tardan demasiado.

La Víctima no sentirá el paso del tiempo, y llegará entonces al 5º piso con la certeza de que se encuentra en el 4º. Al apearse del ascensor observará también el banderín colgando de la puerta B, que creerá suya. Este dato quizá parezca nimio, pero es fundamental para que la Víctima reconozca una ambientación fidedigna.

El Cómplice Dos saldrá del ascensor con las llaves en la mano, dispuesto a abrir la puerta. Entonces el Cómplice Uno dirá:

—¡Esperen, esperen! Bajemos al 3º piso que les quiero mostrar algo.

La Víctima, curiosa y en estado de gracia, bajará por las escaleras en compañía de los cómplices. Esto tiene que ocurrir entre las dos y las tres de la madrugada, en medio de un gran silencio.

Una vez apostados en el verdadero 4º piso (la Víctima está convencida de que se trata del 3º), el Cómplice Uno se acercará al departamento B y, sin preámbulos, comenzará a golpear la puerta con los dos puños mientras gritará enloquecido:

—¡Incendio! ¡Incendio! ¡Socorro! —en tanto, el Cómplice Dos festejará la gracia y se unirá a los golpes.

La reacción de la Víctima es inmediata y está rigurosamente testada: hemos hecho este truco más de una docena de veces y siempre ocurrió lo mismo.

La Víctima, señores, huye por las escaleras, para esconderse en el que sospecha su hogar. En el momento que la Víctima desaparece, el Cómplice Tres nos abre la puerta y entramos. Por supuesto, estábamos golpeando con los puños el 4ºB. Una vez los tres cómplices dentro, cerramos y seguimos gritando “¡Incendio, incendio!”, etcétera.

La Víctima ya está en el 5º piso y ve que el banderín sigue colgado en la que cree su puerta. Se tantea los bolsillos y descubre que no tiene las llaves, pero es conocedor de que dentro ha quedado un amigo. Entonces le toca el timbre, con ansiedad, para que éste le abra.

La Víctima tocará el timbre una vez, dos veces, a veces gritará “abrime, abrime”. No hará falta más. Cuando por fin se abra la puerta, aparecerá el vecino del 5ºB, en pijamas y enojadísimo. Se trata de un momento mágico e irrepetible. La creación real de un mundo paralelo en el cerebro de nuestro amigo.

—Qué carajo te pasa, hijo de puta y la concha de tu hermana —suele ser, en siete de cada diez casos, la frase más utilizada entre los vecinos del 5ºB cuando son despertados a timbrazos en medio de la madrugada. Otros directamente estampan a la víctima contra la pared de una trompada, como nos ocurrió en dos oportunidades.

En varios casos aparecen también otros propietarios e inquilinos, alertados por los gritos iniciales de incendio y socorro. Cuando ocurre tal cosa, la turba comienza a rodear a la Víctima con intención de venganza. No sabemos en qué momento todo se desmadra y se convierte en un linchamiento. Pero ocurre, siempre, pasados los seis minutos.

Ese instante de descontrol vecinal es el momento indicado para la huída. Los tres cómplices llamarán al ascensor y egresarán del lugar en silencio, pero con gran velocidad. No antes, porque se perderían los sonidos de la paliza que está comenzando en el edificio. Y siempre es bueno oír el resultado de un buen truco.

Una vez en la calle, es muy recomendable arrojar las llaves del departamento en una alcantarilla, imitando el final de un cuento muy famoso.

 

Nuestra experiencia indica que más del 80% de las Víctimas no nos hablará durante el resto de su vida. El otro 20% puede tardar de dos a cinco años en aceptar nuestro perdón (que siempre redactamos vía email una semana más tarde de los hechos).

Una vez que no hay heridas abiertas, cuando pasó ya mucho tiempo, a veces hemos preguntado a antiguas Víctimas qué sintieron, exactamente, en el momento que se abría la puerta del que creían su hogar y aparecía un señor enojado y en pijamas.

—Es un flash —nos confiesan—. De repente dejás de hacer pie en la realidad, empezás a preguntarte si no será todo un sueño, tu cabeza se hunde en un mundo parecido al real…

Nosotros nos quedamos en silencio y sonreímos para dentro. Y entonces las viejas víctimas suelen agregar:

—De verdad… Es lo más impresionante que me pasó en la vida.

Y eso nos basta para sentir que, otra vez, hemos mejorado la existencia de unos pobres diablos.

Hernán Casciari
Martes 20 de mayo, 2008

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129 comentarios Instrucciones para crear mundos paralelos

  1. Pilar #127    13 agosto, 2018 a las 1:00 am

    Buahh.. yo también tuve ese sentimiento, pero de manera espontànea, sin maldad de amigos por detrás.. Era mi época universitaria, y vivía en Málaga en un piso de estudiantes dentro del campus. Ese día el regreso a casa desde la facultad lo hice por un camino no tan directo, y acabé entrando por error en otro bloque que no era el mío. Aclaremos que era la primera semana de curso, que los edificios eran exactamente iguales, y que no soy, digamos, persona de alta capacidad de orientacion. Subí a “mi piso”, el 3°C, en ascensor y encontré la puerta abierta, así que entré muy segura. Dentro , en el salón, otros estudiantes. “Hola ” les dije muy risueña, pensando que eran visitas , y fui a sentarme frente a la TV. En ese momento dije “algo raro pasa” . Han pasado años pero aún recuerdo ese instante, esa ráfaga de absoluta confusión, ese universo paralelo donde personas extrañas se han adueñado de mi casa, que por otro lado no es mi casa… Fuerte, fuerte!! De vuelta a la realidad, lo que aún recuerdo con exactitud es la cara de esos chicos, viendo a una desconocida acomodarse en su salón muy dispuesta y después decir.. “disculpen, pensé que vivía aquí”.. mientras huía hacia la puerta esperando no volverlos a ver en lo que quedaba de curso!! Por cierto que ninguno reaccionó mal con todo ésto.. debe ser , como dices, cosa de la edad!!

  2. Pierre Courreges #126    26 marzo, 2016 a las 3:19 pm

    Excelente! Un relax en la diaria. Un momento de paz, alegría, para ver como la viveza, dentro del arte literario, sirve para que mi espíritu entre en otra frecuencia…
    Gracias

  3. Clarissa Cristal #123    23 julio, 2012 a las 7:39 am

    No podessssss!!!! Me agarró hipo después de leerte, che!!! No puedo parar de reirme!!! Sigan asi, alimenten a este pequeño gran monstruo que llevo dentro!!!! De pendeja lo que he llegado a hacer es, junto a los compañeros del secun,balancear la cabeza todos al mismo tiempo, para marear al profesor de plástica, que ya por esos tiempos, tenia unos casi 70 años. O esconderle un zapato a la de italiano, que le gustaba sacarselos, y convencerla de que habia llegado sin zapato al aula. Tendrías que haber visto a la tipa salir a buscar dicho zapato en las aulas vecinas y en direccion, jajajaja!!!! Que tiempos aquellos!!! Pero como tu historia, no conocia una. Miles de abrazos, sigan asi!

  4. Pablo Giordano #121    28 mayo, 2008 a las 3:36 pm

    Me pasó de chico, cuando me mude a un barrio donde todas las casas eran iguales. Una tarde me voy corriendo a mi casa, pero salgo exactamente alreves, di media vuelta a la manzana por el otro lado y me metí a mi casa. Mi mamá y mi papá eran raros, y mi casa había cambiado muchísimo. Sentí desmoronarme, sentí un mundo paralelo o algo así, pero era muy chico y creí de inmediato que la realidad era esa. Un día tus padres cambiasn abrutamente, tu casa también, y por ende tu vida. Así que corrí a abrazarlos.

  5. Maestruli #118    26 mayo, 2008 a las 9:01 pm

    Bueh, pensé que iba a encontrar decenas de comentarios hablando sobre el cuento tuyo que apareció ayer domingo en la revista Viva de Clarín.

    A vos te regalan las Macs? Porque flor de propaganda les estás haciendo…

  6. Matu #116    26 mayo, 2008 a las 7:33 pm

    Im-pre-sio-nan-te.
    Me cagué de risa.
    Felicitaciones.
    Y otra cosa: Cuando te entrevisten en catalán, por lo menos disimulá que no te importa un carajo responder en español.

  7. Yimmi #112    24 mayo, 2008 a las 6:41 pm

    Llegué tarde… muy tarde esta vez. Pero igual aquí estamos.
    Recuerdo una vez que le tiramos el bolso a un amigo desde un piso mayor a 10 con una bolsa de agua dentro… este amigo fue de los que dejó de hablarnos para toda la vida.
    Las drogas te hacen perder a los amigos… jajajaja.

  8. gorocca #111    24 mayo, 2008 a las 4:55 pm

    Como dice un buen escritor del norte de España:
    El mal encuentra justificación en sí mismo, lo dificil en este mundo y lo justificable es hacer el bien, ser bondadoso,moraleja aparte, que jodida y pesada broma!un saludo!

  9. calmadito #110    24 mayo, 2008 a las 8:56 am

    Estoy totalmente de acuerdo con el mallorquín que asegura que en España no funcionaría. Aquí nadie se tomaría tanta molestia para algo así. Y, por supuesto, lo de las llaves es una apreciación totalmente correcta. Nadie dejaría las llaves de su casa así como así. Por cierto…¿Don marcos quedó impune o tuvo que pagar la puerta que rompió a patadas?

  10. Alejandro #109    24 mayo, 2008 a las 5:51 am

    Con mis amigos de Misiones, alquilamos por seis años un depto en bs as. Un día, después de volver de un partido de futbol, nos metimos entre ocho en el ascensor (con capacidad máxima para 4 personas obvio) y “alguien” como pudo y totalmente sin querer apretó el boton que nos llevó sin darnos cuenta al segundo piso en vez del tercero. La llave entró, giró, y abrió la puerta. Lo lamentable es que nosotros veniamos de un depto de estudiantes misioneros y muertos de hambre y lo que vimos fue un departamento, con una mesa servida y llena de muebles. Creo que salimos corriendo literalmente como “ratas por tirante”.

  11. el ex empleado del mes #108    23 mayo, 2008 a las 5:59 pm

    A causa de “el milagro de los pueblos” hace relativamente poco que vivo en un edificio. Al comienzo me pasó varias veces marcar al boleo el número en el ascensor y subir sin querer un piso. El problema era que la llave nunca entraba y desde adentro me llegaban unas cuantas puteadas. en ese instante mi “mundo paralelo” se derumbaba y al volver al de siempre abría rapidamente el ascensor y me zambullía al piso correcto escuchando como la vecina de arriba puteaba y golpeaba la puerta !!

  12. Manu #106    23 mayo, 2008 a las 3:42 pm

    Loco, la verdad sos UN GENIO!!! Jajajajaja no te das una idea lo que me haces cagar de risa y a veces hasta reflexionar y todo :P. Algun dia voy a tratar de hacer esto, es muuuuy buena! jajajaja. Un abrazo loco y segui asi!

  13. liuva #104    23 mayo, 2008 a las 10:35 am

    Leandro, no entiendo por qué ese menosprecio a los españoles/as. Si te vas en tu genealogía hacia atrás, no hace falta ir muy lejos, encontrarás un abuelo, un bisabuelo, un tatarabuelo español. Aunque no te guste tu sangre es la misma que esa española a la que desprecias. Claro que si te vas todavía mucho más atrás encontrarás que tus antepasados eran los bucaneros y gente de la peor calaña que les dejaban salir de las cárceles con la condición de que se fueran para siempre a América. Puede que tu sangre esté así de avinagrada por tal motivo. Saludos.

  14. El VAsco #103    23 mayo, 2008 a las 4:08 am

    Mi prima volvio a su depto apurada y se paso de piso. Cuando no podia abrir con su llave, le abren desde adentro y se pone como loca a gritar:
    Quién es Ud.???? Que hizo con mis cosas!!!!! En 15 minutos me robaron y armaron una oficina!!!!!

    Imaginate su cara cuando se dio cuenta de lo que habia pasado.

  15. Enrique #102    23 mayo, 2008 a las 2:10 am

    Que turrada! No me da el cuero para hacerle eso a un amigo. Sí podría ser complice, si se tratara de un conocido lejano. Creo que accedería pero no del todo convencido.