Las paranoias del nuevo rico

En la vidriera de Dolce & Gabanna hay carteras pequeñas, de piel, a 800 euros. A unos metros, en la vereda, un marroquí vende unas idénticas por 15. Como las carteritas de dentro y las de fuera tienen el mismo color, el mismo diseño y el mismo logo, por la tarde llega la policía. En un mundo sensato meterían preso al vendedor que no tiene escrúpulos. En este mundo, en cambio, se llevan esposado al marroquí, por molestar a los nuevos ricos con una realidad escandalosa: el verdadero precio de las carteras.

A los millonarios de toda la vida les importa un pito que la gente de a pie, la gente común, compre falsos Rolex y falsos Ray Ban y complementos falsos de Armani. Ellos están en otra nube, viven en el limbo de los que consumen productos imposibles de falsificar. Mientras no haya vendedor ambulante capaz de imitar un yate, ni un chalet en la Costa Azul con catorce baños, los verdaderos ricos estarán tranquilos. No son ellos los que llaman a la policía para que apresen al marroquí que vende carteras. Entonces, ¿quién llama a la policía?

En España está ocurriendo un fenómeno singular (en Rusia dicen que también, pero yo solamente vivo en España). Aquí, en España, hay mucha gente que se está haciendo rica de golpe y porrazo. Se trata de ricos sin pedigrí, millonarios de sopetón, gente que no ha tenido una familia poderosa en el pasado ni una educación ricachona desde la cuna. Los nuevos ricos son, ante todo, ricos asustados de perder la brújula de un estatus que nunca merecieron.

El estatus es un galardón de prestigio, casi siempre falso, que se da en todas las clases sociales. Mi papá todavía cuenta con orgullo que, en la época de Alfonsín, robaba los desperdicios de otra gente y los metía en casa, a escondidas, para después salir a la calle con sus propias bolsas de basura y que el barrio lo viera. Tener algo que tirar, en ese tiempo y en aquella geografía, también era síntoma de estatus.

Así como mi padre falsificaba basura, en este tiempo el mercado de las falsificaciones se dedica a imitar productos llamados “de marca”. Esta práctica, que ocurre en todo el mundo gracias a la astucia de los chinos, está dejando al descubierto la paranoia de los nuevos ricos, a los que les cuesta mucho aceptar que haya personas pobres y sin suerte comprando sus mismos juguetes de fantasía.

El nuevo rico adquiere una carterita de 800 euros no porque le guste demasiado el producto en sí mismo, ni porque lo necesite, sino porque la carterita tiene un código común: la marca. Este símbolo indica su valor comercial en el mercado de las cosas. Se trata de un código no secreto, no oculto; un código que entenderá todo el mundo a simple vista. Es como si el producto tuviese el precio grabado a fuego y ellos pudieran así generar la envidia de los imbéciles.

Por una cuestión de reglas internas, los nuevos ricos no pueden decir que compran cosas únicamente por el precio inasequible. Entonces dicen que lo hacen por la calidad. Aseguran que se han comprado una cartera costosísima y de marca porque las costuras son mejores, o porque duran toda la vida. Sin embargo, y también por culpa de las reglas internas, a las cuatro semanas ya no pueden seguir usándola, pues ha aparecido otra mejor, o porque demasiada gente ya los ha visto con la primera.

El mercado de la falsificación es, entonces, el infierno de los superficiales. Lo peor que le puede pasar en la vida a un frívolo es que otro, por mucho menos, pueda ostentar sus mismos códigos de grandeza, y ensayar idénticos pavoneos, aunque sean imitaciones vulgares de los códigos reales, aunque las costuras sean pésimas y se destiñan al segundo lavado.

A los nuevos ricos no les importa realmente la calidad de lo que poseen: sólo les importa la seguridad de saber que nadie más que ellos pueden conseguirlo. Para ellos una “marca” indica la seguridad de la subsistencia, la grieta que los separa de la antigua vida de mortales corrientes. Recordemos que no han sido ricos siempre: son nuevos y torpes en el malabarismo de la opulencia. Hace no mucho eran envidiosos de los verdaderos ricos, eran resentidos fisgones de la vida de los otros. Por eso ahora se desesperan para no caer otra vez en la miseria.

Por eso cuando se topa con un marroquí que, en la vereda de enfrente, ofrece códigos de estatus a todo el mundo, y a un precio ínfimo y posible, el nuevo rico se siente estafado en su buena fe.

—Yo quiero que me estafe Dolce & Gabbanna —pareciera decir—, yo quiero que una cartera de mierda me cueste muchísimo dinero, necesito demostrar que puedo despilfarrar y alardear y pavonearme, pero no soporto que me estafen otros. Prefiero que me quiten el dinero, que me sobra, y no la autoestima, porque de eso tengo poco.

Se ha llegado a tal grado de frivolidad que hasta el que te rompe el culo tiene que ser alguien importante, para que valga la pena mostrar el culo roto como un trofeo. La riqueza y la pobreza muchas veces tienen una frontera azarosa. Si las chicas que esta semana han muerto de anorexia en Brasil hubieran nacido 400 kilómetros al sudoeste, serían las chicas que han muerto de hambre en Bolivia.

El nuevo rico lo sabe. Sabe que el azar ha provocado su buena racha, y no el esfuerzo. Sabe que la vida puede quitarle todo tan rápido como se lo ha dado. El nuevo rico necesita desmarcarse de la gente corriente. Porque el estatus —parecen decir los nuevos ricos— es poder elegir quién puede estafarte y quién no.

Parecen decir esto, pero en realidad dicen otra cosa. Lo que dicen es que hay que acabar con el mercado de la falsificación porque involucra la explotación de los chinos, pobrecitos, que están encerrados en los barcos y trabajan por un plato de arroz; dicen que el mercado negro es nefasto porque obliga a trabajar a los niños filipinos y eso a ellos (a los ricos) los hace llorar; dicen que las mafias de las marcas falsas acabarán un día con la bendición del libre comercio. Eso es lo que dicen cuando llaman a la policía desde sus teléfonos móviles, escondidos detrás de un árbol:

—¿Señor policía? Venga rápido a la esquina en la que estoy, puesto que hay un delincuente con una manta, en la calle, ofreciendo a la población cosas inútiles a precios razonables. ¡Apúrese, oficial, que hay muchos pobres a punto de convertirse en ricos falsos!

Hernán Casciari
Martes 16 de enero, 2007

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172 comentarios Las paranoias del nuevo rico

  1. Rifle #167    27 junio, 2012 a las 12:26 am

    Creo que nadie escribiría un comentario cinco años y medios después de que se publico en un blog, pero hay algo que me pareció llamativo leerlo ahora luego de transcurrido un buen tiempo:

    En España está ocurriendo un fenómeno singular (en Rusia dicen que también, pero yo solamente vivo en España). Aquí, en España, hay mucha gente que se está haciendo rica de golpe y porrazo.

    Hoy en 2012 supongo que aquellos ricos nuevos son parte de los que se indignan, los que viven en el paro o los que como buenas ratas, abandonan el barco y se vuelven para estos lares.

    PD: me gustaría saber que alguien leyó este comentario, pero me parece muy improbable.

    Rifle

    http://www.sanmartindemackenna.com.ar

  2. pal #166    25 enero, 2007 a las 5:23 pm

    Mire Paquito le seré breve: una de las peores distribuciones del ingreso en América Latina solo se sostiene mientras haya trabajo, y con mucha estabilidad. Y ya nos citan como ejemplo!
    Ahora si alguien atina y guarda para las vacas flacas, capaz que tampoco todo sea tan negro.
    Felicidad, de la de a deberas?… esa no, no es tema… todavía.

  3. MalcolmX #165    25 enero, 2007 a las 5:01 pm

    Fearandir tiene razon cuando dice que el pobre que compra la cartera imitación de marca también está inmerso en la misma frivolidad.

    En definitiva eso es lo que quiero decir: el texto critica al rico por lo mismo que hace el pobre o cualquier persona en nuestra sociedad moderna (salvo el que por aca puso que usa ropa que le teje su abuela).

    Entonces, si ricos, pobres, clase media, todos por igual somos materialistas solo que obramos de forma materialista cada uno de acuerdo a nuestras posibilidades económicas, en realidad el artículo no critica al rico por frívolo sino por rico.

    Personalmente creo que al ser humano, sea en la edad media, en la rusia comunista o en nuestra sociedad materialista, siempre le gusto ostentar. Invariablemente. Esta en la naturaleza humana. Por ello me parece injusto cargar las tintas contra el rico. Creo que obedece mas a un prejuicio y a una falta de capacidad de criticarnos a nosotros mismos que otra cosa.

    Reitero: que el rico, mientras pague impuestos y no viole la ley, haga lo que quiera con su dinero. En ultima instancia si compra Armani le da trabajo a los costureros, a la gente que trabaja en Armani, al piletero de Armani, al coiffeur de Armani, al valet de Armani, al ama de llaves de Armani, al chofer de Armani, … maldito ricachon… deberían hacer un artículo contra él!

  4. DudaDesnuda #163    25 enero, 2007 a las 4:46 pm

    Ahora mismo salgo a reclamar mi condición de princesa desterrada. Si alguno la ve a Carolina de Mónaco le avisan que tiene una hermana en la Argentina?
    Gracias, si mi hermana paga, habrá recompensa.

    Besos y reinos.

  5. yo #161    25 enero, 2007 a las 4:42 pm

    Hay un libro muy interesante que explica mucho mejor que yo la apertura al mundo que hizo China y como creció en consecuecia.
    El libro es “Cuentos Chinos” de Andrés Oppenheimer. Se los recomiendo a los que les interese la política internacional. Asi y todo es para leerlo con ojo crítico, pues es tendensioso.

  6. Paco Achaval #160    25 enero, 2007 a las 4:21 pm

    je, je Muy Bueno PAL !
    Te faltó dar los porcentajes:
    viejos ricos ??%
    nuevos ricos ??%
    clase media tirando a ex ??%
    clase pobre ??%
    indigentes ??%
    Digo!, como para tener una vision mas realista, de como nos va con el capitalismo neoliberal y el libre comercio.

  7. pal #159    25 enero, 2007 a las 3:43 pm

    Yo, yo, yo! Epa! nosotros ejemplo a seguir! uy! mira para que no te pierdas la posibilidad de seguir por este camino te indico como:
    primero te tomas digamos, 18 años de pausa de democracia, porque sinó, vienen y se te oponen los pelafustanes a cosas tan fantásticas como el fin del sistema previsional, el de salud y alguna otra tonterita que se me escapa y que significaría redistribución (uf que asco!). Después de eso, te será facil soportar una crisis al comienzo con nosecuantos cesantes, le echas la culpa al anterior, sigues con una crisis brutal 10 años más tarde, ahí tu reconoces 38% de desempleo pero te haces el tonto y ya, y sigues con tus cambios… (bueno un par de violaciones a los derechos humanos, pero eran marxistas!)
    Además después de eso, a nadie le va a quedar ganas de empezar de nuevo nada. Ah! el nivel de sueldos del inicio se recuperará algo así como 20 años más tarde… ahora no sé como lo harás para que se mantenga constante el precio del cobre… y vas a tener que partir con un país que en los 60ta ye era estable, alfabetizado al 90% y con una amplia clase media, aparte que pa´desarmar el sistema por ejemplo de previsión tienes que tener primero uno que cubra el 72% de la población…y lo de la previsión es papita pal loro porque no se darán cuenta que recibirán en promedio 40% menos de su sueldo actual con tu nuevo flamante sistema cuando ya estén viejos, jajajaja ahí entregas el poder (pero no totalmente, no hace falta) y te dedicas a esperar que toda la deuda social acumulada la paguen los que vienen detrás.
    Sigue no más la receta. Y que diosito santo te acompañe, creyente por lo menos eres.

    ps:El resumen de China que te lo haga un chino, yo soy chilena. Pero anda por ahí.

  8. Germán #158    25 enero, 2007 a las 3:31 pm

    #yo

    China no está tan bien como lo pinta la tele.
    El 80% de su población vive como campesinos, con todo lo que eso implica.
    Y lo que beneficia a China no es el libre comercio (de hecho, todavía no pertenece a la OMC), sino los bajísimos costos laborales. Además de que al gobierno de China le importa su país, no como en otros ejemplos cercanos que todos conocemos.

    Igual yo no estoy en contra del libre comercio, sino en contra del neoliberalismo económico, y de la pérdida de competencia del poder político frente a la economía y política mundial.

    Salu2

  9. yo #157    25 enero, 2007 a las 3:08 pm

    Germán,
    Casualmente China (casi único bastión comunista) es el país que más ha crecido en los últimos años, donde sus índices de marginalidad económica ha descendido estrepitosamente. la receta: simple, abrió su mercado al mundo en ambas direcciones: exporta e importa. Siendo el país con más cantidad de habitantes mantiene una balanza comercial positiva. Otros casos: Irlanda y Polonia. Chile, que es el ejemplo a seguir para latinoamérica también tiene un desarrollo de libre comercio.

  10. yo #155    25 enero, 2007 a las 12:37 pm

    Fearandir:
    Esos medios que mencionas que existen antes de internet no son canales que te permitan expresarte con el 100% de libertad, desde el anonimato. Siempre están soportados por alguien que fija reglas. Aquí, podes hablar mal de coca cola, de danone o de quien sea, aunque sea éste el primer benefactor de la web.
    Coincido en que el eje son las marcas premium, inalcanzables, casi, para los empleados full time, como es mi caso. Pero no me parece que no tengan que existir las marcas como propones vos. Las marcas dan trabajo, compiten, tratan de superarse. Eso como espíritu, también hay marcas que mienten, hacen mal lobby, etc., pero como concepto la marca distingue y da información sobre lo que vas a comprar (origen, calidad, garantía).

  11. Germán #154    25 enero, 2007 a las 9:39 am

    Matías,

    casualmente hay cada vez mas pensadores que están considerando que en realidad el libre mercado tal como se entiende hoy en día (es decir, la teoría de la “mano negra” del mercado) destruye la democracia.
    Por eso es que en Europa cada vez mas están ganando las elecciones los gobiernos que ponen cierto tipo de “restricciones sociales” a los mercados.

  12. matías #153    25 enero, 2007 a las 5:19 am

    Yo es de la gente q cree q el mercado en si genera democracia. El problema es q la gran mayoria de la poblacion (por lo menos en latinoamerica) esta fuera del mercado, por sus mismas concecuencias.

  13. Fearandir #152    25 enero, 2007 a las 4:37 am

    No estoy de acuerdo con tu comentario, Yo. Muchísimo, pero muchísisisisisísimo antes de que existiera Internet, existían otros medios por los cuales expresarse que no dependían (como podría hacerlo perfectamente Internet) de la publicidad. Y aún existen esos medios.
    Y lo de que las marcas generan democracia… pfff…
    Además una cosa es la marca que aparece como título de una publicidad (como podían serlo las “primeras” marcas) y otra MUY distinta la marca como institución social, simbolo de status y trofeo de quienes la poseen, tal como muestra Hernán acá.
    Lechones y dulce de leche…
    Saludos.

  14. Yo #151    24 enero, 2007 a las 9:15 pm

    El tema es que las marcas hacen publicidad. La publicidad sustenta a internet y hoy podes leer y escribir lo que pensas por que existe este medio. O sea, las marcas generan democracia.