El poeta y la chica prodigio

Tuve la suerte de conocer al poeta Salas y ahora, que está muerto, me siento más cómodo para contar algo que pasó al final de su vida. Él impartía técnicas sobre Literatura y Derecho en la Universidad de Buenos Aires y un día apareció en sus clases una alumna prodigio de trece años, a punto de recibirse. ¡De trece años! Esta chica a los siete había terminado la educación primaria, un tiempo después el bachillerato y a los once había empezado la carrera de abogacía.

Antes de conocerla, Salas me confesó que sentía prejuicios por esta chica. «Más allá de su desarrollo intelectual temprano, una criatura de trece años no puede ejercer la abogacía. ¿Y la experiencia vital?», se preguntaba el poeta. «Yo no pienso aprobarla solo porque sea un poco despierta para su edad; va a tener que esmerarse mucho, voy a hacerle preguntas que no se aprenden en los libros, y sin dudas va a contestar como lo que es: una criatura». Eso me decía Salas.

Un mes más tarde me encontré a mi amigo en El Ateneo y le pregunté qué había pasado con aquella chica. «¿Andrea?», me dijo. «Es la persona más inteligente y justa que conocí en la vida, la tuve que aprobar con un diez». Cuando me contó aquello, Salas tenía sesenta y cinco años.

Después me mudé a España y perdí de vista a Salas durante meses. Volví a verlo un año más tarde, en uno de mis viajes a Buenos Aires, y lo encontré rejuvenecido. Me dio a leer una carta manuscrita. La letra era redonda, no del todo adolescente:

Querido maestro Salas, nos vimos durante un cuatrimestre y nunca me animé a decirle cuánto lo admiro, por temor a que usted lo creyera una adulación. Entre los diez y los doce años leí toda su obra. Más que los poemas, me fascinan sus ensayos sobre teoría literaria y su novela «Casuarinas». Ahora acabo de cumplir catorce años y me gustaría proponerle el mismo intercambio que ocurre en «Casuarinas» con sus personajes. Usted lo sabe, porque lo escribió: su mente y mi cuerpo están en la edad de la plenitud. Lo que yo podría recibir si me dejara entrar a su mente nadie más podría dármelo nunca, y viceversa. Su mente por mi cuerpo… ¿Debo seguir? No me responda si no acepta. Déjeme pensar que esta idea nunca llegó a sus manos y evíteme la vergüenza. Firmado: Andrea Lima.

Salas se quedó callado y me miró; soltó un suspiro de animal grande y dobló el papel en cuatro. «Maestro», le dije, «ni se le ocurra aceptar». Llegó la camarera y nos dejó los platos, no hablamos durante unos segundos. Cuando volvimos a estar solos me contestó en voz baja: «No te estaba pidiendo consejo, la carta es de hace unos meses… Andrea y yo estamos juntos». 

Después comimos. Me costó un poco disimular el asco, pero cuando tomé impulso le hice a Salas un montón de preguntas. No fueron preguntas morbosas, al contrario; casi todas tenían que ver con la incertidumbre: ¿Se había vuelto loco? ¿No sabía que podía ir preso? ¿Sabía algo Estela de todo esto? ¿Y los padres de la chica?

Me respondió cada pregunta con la serenidad de sus poemas. Me habló del mandato social arraigado, de la piel tersa de la juventud, de los tabúes de occidente, de la sensación que produce besar con chicle. Un delirio… Un delirio. Mezclaba argumentos teóricos con la excitación cursi de los novios flamantes. Le brillaban los ojos de la misma manera cuando decía albedrío que cuando decía orgasmo. Era él, el mismo de siempre, pero novedoso y enérgico. En un momento hizo un gesto con la mano extendida y vi un tatuaje escondido en su muñeca: una luna minúscula en cuarto menguante. Salas, con tatuaje… No lo podía creer.

Seis meses después la conocí, a Andrea, en Bilbao. Salas me invitó a un restorán pero ellos no llegaron juntos. Primero apareció él, y al rato ella. Se cuidaban de la exposición pública y habían armado un sistema de códigos para encontrarse en cines, en restaurantes, en hoteles. Cuando los tuve cerca a los dos no me pareció necesario tanto sigilo: parecían un abuelo y la nieta; nadie podía sospechar. 

Ella había cumplido quince años y, la verdad, no me sentí deslumbrado. Era hermosa y serena, sí, pero a la vez tenía la edad que tendría mi hija en poco tiempo. Sin embargo cuando empezó a hablar me inquieté: se convirtió de repente en una mujer sagaz, fluida, demoledora. En reposo parecía una nena de mirada lánguida, pero en acción no. La sensualidad le brotaba cada vez que conectaba ideas, cada vez que refutaba las teorías de Salas o las mías con desparpajo y, sobre todo, cuando mostraba argumentos mejores que los nuestros. Su seguridad intelectual le confería una madurez peligrosa, porque contagiaba de madurez a su cuerpo. Y yo terminaba, por costumbre ancestral, enfocando el escote de una menor de edad.

Salas me miraba de reojo y disfrutaba mi turbación. Me hizo un par de veces un gesto muy argentino (o muy italiano): el de levantar las cejas y entrecerrar los ojos. Como si me dijera «¿Viste, salame?». Claro: él me había dicho mil veces que Andrea generaba esa perplejidad. Pero verla en acción me resultó doloroso. Me resultó denigrante. Confuso. Entonces me fui del restorán antes del postre.

Ellos siguieron viaje a Grecia y después volvieron a la Argentina en dos vuelos diferentes. Yo ya estaba en mi casa de Barcelona, preparando el siguiente viaje, cuando leí en la prensa que habían detenido a Salas por estupro agravado y abuso sexual. La opinión pública de Buenos Aires convirtió enseguida al poeta en un engendro del diablo y a Andrea Lima en una víctima, pero solamente hasta que la chica dio su primera conferencia de prensa. 

Fue una semana después de la detención. Ella se recogió el pelo y se puso anteojos. Él estaba a su derecha (parecía muy cansado). Ella miró el micrófono y leyó dos hojas de papel. El párrafo final fue el más enérgico. Dijo: «La misma institución que me otorgó hace dos años la potestad de impartir Justicia, hoy me cree incapaz de tomar decisiones con mi cuerpo». Los fotógrafos la acribillaban. «Repito: o me quitan la matrícula, o me permiten defender el honor de un hombre inocente». En ese momento puso su mano sobre la mano del poeta. «Mientras tanto», dijo Andrea Lima, «pido al Juez la excarcelación sin fianza de mi cliente hasta el juicio». Eso dijo. Y se levantó.

El poeta Salas y Andrea Lima habían entrado a la vida pública como verdugo y víctima, pero cuando salieron de la rueda de prensa se habían convertido en dos monstruos idénticos: la sociedad los vapuleó. A mí mismo, que fui amigo de Salas, toda la situación me dio muchísimo asco. Hay un video en Youtube en donde un grupo de vecinos, a la salida de un canal de televisión, les tira huevos y les grita obscenidades. No solamente a él: a los dos.

Salas oculta la cabeza entre las manos y ella, que dentro de un año será Jueza de Instrucción, ella lo escuda con el cuerpo. Recibe el repudio con la indiferencia de los abogados, y él con la resignación de los poetas. Si se pone en pausa este video de Youtube en el minuto 6:21, justo cuando ella lo cubre para protegerlo, se ve con nitidez que Andrea Lima tiene, en la muñeca, el tatuaje de una luna en cuarto creciente.

Hernán Casciari
Martes 29 de septiembre, 2015

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185 comentarios El poeta y la chica prodigio

  1. Juliana Acuña #96    29 noviembre, 2015 a las 8:14 pm

    En términos de suposiciones, esto pudo impulsar a alguna niña, no prodigio, a proponer el mismo intercambio que hubo en Casuarinas a algún profesor, no casado. Por esa posibilidad; gracias.

  2. Vicky Zappegno #94    1 respuesta2 noviembre, 2015 a las 8:11 pm

    La puta. Soy un click más en el cuenta ganado de los que googleamos al Sr. Salas y a Andrea Lima. Que lindo es no adivinarte querido Casciari (me falta confianza para decirte “Gordo”… pero se que es sólo cuestión de tiempo).
    Y también lograste que me logueara para poder comentar, aun cuando había prometido no generar mas usuarios y claves que después olvido.
    Cada vez vengo más seguido por acá!
    Saludos!!!

  3. brian roca #93    25 octubre, 2015 a las 8:36 pm

    Que bueno que todavía repudies todo esto…
    me cuesta pensar que hay gente que aun cree el los valores morales, y que bueno que seas uno de ellos… un abrazo…

  4. Jean-Jacques Eucher-Lahon #92    21 octubre, 2015 a las 9:13 am

    Soy Francés. Descubrí “Mas respeto que soy tu madre” en un programa de tele a las tres de la mañana cuando todavia tenia una tele – ahora tomo somníferos y tiré la tele a la vasura. Ya hace unos años que compré el libro – en Francés – me quedé riendo durante años (tenia un rictus permanente en la cara) hasta que descubra que eres un autor serio cuando leí “El pibe que arruinaba las fotos” que compré en el Ateneo… (ahora tengo esa cara de enterrador). Descubrí Orsai y el blog hace poco tiempo. Quiciera compartir con amigos franceses que no leen castellano. Acabo de traducir “El poeta y la chica prodigio“. Supongo que publicar el texto en Francés en la Internet sería complicado… (mi Francés es casi perfecto al contrario de mi castellano/español que aprendí con Argentinos que se reconoceran!!!! cuando quisás leeran tu blog… que les recomendé)

  5. Martín Lapadula #89    13 octubre, 2015 a las 1:33 pm

    Esta historia es una mentira maravillosa y me la creí tanto que ni siquiera busqué nada en internet. Me di cuenta que no era verdad al leer el resto de comentarios. ¡Felicidades!

  6. Pila Gonzalez #87    8 octubre, 2015 a las 6:22 am

    Me gusta el Casciari comentarista… Ah, muy buena la historia también. Fui uno de los tantos que buscamos a Andrea Lima en Youtube y nos llevamos una grata sorpresa… Gracias por compartir…

  7. Genaro La Fata #85    7 octubre, 2015 a las 6:16 pm

    Hernán,

    No soy de registrarme ni hacerme usuario de los sitios en internet.
    Recién leí, sonreí, se me puso la piel de gallina y llore.

    No soy de llorar, me registré solo para escribirte y agradecerte. Dicen que cuando lloras nunca terminas llorando por lo que lloras, sino por todas las veces que querías llorar y no pudiste.

    El detalle de la luna me lleno el corazón.

    Abrazo de Gol.

  8. Oscar Zamora #84    6 octubre, 2015 a las 6:30 pm

    ¡Grandísimo cabrón, Casciari! No soy un lector nuevo (aunque no es sino hasta hoy que me resolví a empezar a comentar), pero nunca sé a ciencia cierta cuando mentís y cuando decís la verdad. Lo que escribís, eso si (e independientemente de si es embuste o no), siempre lo saboreo con deleite. Gracias.

  9. Minor Mora #83    5 octubre, 2015 a las 4:10 am

    Excelente historia Hernán, desde hace meses leo tus historias y me parece genial como agarrás cuestiones cotidianas y nos haces vivirlas como propias.

    Mandale un saludo al Chiri de mi parte, que leyendo tus historias de infancia me he sentido parte de tus aventuras con él.

    Saludos y gracias por hacerme reír y pensar.

  10. Adri K #82    4 octubre, 2015 a las 10:17 pm

    Alguien puede pensar que los padres de Andrea podrían negarse a firmarle la autorización para salir del pais?
    Te gustará saber que mi hijo adolescente me regala tus libros para mi cumpleaños.

  11. Florencia Grassi #81    1 respuesta2 octubre, 2015 a las 10:16 pm

    Hace mucho que soy “habitué” de Orsai… lectora silenciosa. Me limité sólo a disfrutar de tu pluma. Pero hoy tengo que decirte aunque sea “gracias, chabon”. Entré como una campeona en el juego y tengo la sospecha que muchos de los que critican este post, lo hicieron también… cayeron poniendo “Poeta Sosa” en el buscador de google, o Andrea Lima, pretendiendo dar con la imagen de una niña tímida, pero la realidad de la red de redes los (nos) llevó a una modelo infartante.
    A medida que iba avanzando en el texto, iba luchando con mis propios prejucios que ante los legitimos argumentos del poeta Sosa, me iba generando sensaciones encontradas y contradictorias. Me paraste en diferentes lados al compás de cada párrafo.
    Lo que mas bronca me da, creo, es no poder leer nunca “Casuarinas”.
    Gracias de nuevo. Te veo en La Matanza o en el CCK.

    1. El Gusta    1 respuesta5 octubre, 2015 a las 3:22 am

      Yo no llegué a caer en la trampa de googlear. Pero una modelo infartante es bastante más interesante que una niña prodigio.
      Me voy un rato a googlearla…

  12. Ever Laínez #80    2 octubre, 2015 a las 8:15 pm

    Saludes desde Honduras, excelente, me encanto el relato. Sobre todo porque a pesar del asco que dices sentir por la relación, sabes que a muchos hombres nos han robado suspiros jovencitas de similar edad, es mas, creo que a ti también.

  13. Catherin Ortiz #79    2 octubre, 2015 a las 7:20 am

    Por supuesto que también hice el gesto “¿Viste, salame?” y googleé por las dudas, pero el relato perdió un poco la magia al leer los comentarios. No volverá a pasar.

  14. nicobonder #78    2 octubre, 2015 a las 4:00 am

    Excelente el relato, me super atrapó. Muy bueno el recurso del dato de youtube con minuto y segundo.
    Lástima que entraron los abogados a decir que só o que no y si se puede, y usaron palabras como patria potestad. Quería quedarme con la idea que era todo cierto y que habías usado el viejo “le pasó a un amigo”

  15. Corny Mcrae #76    1 octubre, 2015 a las 7:48 am

    yo pense que eran cronicas de verdad como las mias, claro que ya no me quedan, me mate buscando el video, porque me habia enamorado de Andrea y cada vez mas comprendia al poeta, pero me quede con las ganas de que existieran, eso es tu culpa, gracias igual

  16. Raquel Gómez #64    30 septiembre, 2015 a las 5:27 am

    Hola Hernán y coleg@s lector@s, pri q participo del blog. Hace un tiempo (insulso) no conocía estos relatos y un domingo, en la radio, al mediodía, el conductor del programa leyó “Messi es un perro” y terminé de preparar el sustento nutritivo … a cualquier hora! porq no sólo quedó todo en suspenso mientras escuchaba el cuento mismo, sino q me seguía riendo un buen rato después de q se hubiera terminado la lectura, el programa (y casi hasta la radio!), en fin, cdo lo vi en la librería la mano fue mucho más rápida q la neurona y ¡zás! me lo compré (para q no me diera tanta culpa lo regalé … pero antes me lo leí y no hubo comida en todo el día). De este relato, lo q más me hizo reír fue el título de la ¿materia? q ‘impartía’ Salas, ahí dije … naaaa! a qué poeta se le ocurriría dar algo así … Y SE LO PERMITIRÍAN! o -desde el otro lado- en qué universidad ofrecerían una ¿materia? así y encontrarían un/a poeta Q AGARRARA VIAJE!! naa! (igual me pesqué haciendo el gesto, tá buenísima la descripción física!!). Ahora me imagino nombres de ¿materias? para distintas carreras …. y sus potenciales (d)efectos en la producción de l@s egresad@s, tá buenísimo!

  17. Santiago.uy #59    30 septiembre, 2015 a las 1:24 am

    Excelente la historia y todo lo que deja planteado. Simpatiquísima la lectura desde la posición de cada comentarista, especialmente Seidy (#25).

    Es raro leer las historias los domingos en Papel y no poner Pri porque en ese contexto no tiene sentido. Pero ante todo, celebro este nuevo enganche de Hernán con el almanaque que nos asegura -al menos- una historia por semana.

    Salud

  18. jorge moreira #56    30 septiembre, 2015 a las 12:41 am

    soy uno de los cincuenta millones de boludos que, alguna vez, han imaginado y escrito (mal!!) alguna crónica sobre un tipo de cuarenta y diez o veinte con una mujer sub veinte… vos, además de imaginarlo, los escribiste muy bien!!
    por supuesto que intenté “el gesto de cerrar los ojos y levantar las cejas”!!
    (el 13 te veo y escucho en la matanza!!)
    un abrazo

  19. MariPaz #55    30 septiembre, 2015 a las 12:37 am

    Preguntabas en la charla en “el mundo”
    – ¿está capacitado un menor prodigio para ser psicólogo o litigar?
    Eso me hace pensar cuáles son los criterios del mundo academico para dar sus titulaciones. Qué prepara? (En Cordoba un tipo casi se recibe de psicólogo hace muchos años, si no fuera porque su Tesis de grado era la demostracion de que él era jesucristo. Hasta ahi, alumno ejemplar. Ningun profesor se percató que algo no andaba bien).

    Y la otra pregunta que hiciste es: ¿preservamos la sexualidad de los menores por su fragilidad física o por la emocional? Me resulta dificil separar esas fragilidades, pero eligiendo la segunda, hay mucho escrito y debatido. De hecho, hay señores legisladores, que buscan argumentos para reducir la edad de consentimiento sexual a los 13.
    Lo que he leído más son teorías “acerca de” . Pero no leí (y no es un cargo, debo haber leído poco) que le pregunten a esos niños ya crecidos.
    No hace falta esperar. Pregúntenle a alguien de 30 o de 40, que a los 13 o 15, haya tenido una relacion con mucha asimetría de edad.
    Siempre me llamo la atención que nadie les pregunte de verdad a ellos. Que se teorice a favor y en contra. Pero nadie les pregunte, ni siquiera los protectores de la fragilidad.

  20. Pablo VALENTE #54    1 respuesta29 septiembre, 2015 a las 11:45 pm

    Siempre me resisto a comentar artículos, post o cosas por el estilo, pero llegó el momento de claudicar, de dar paso a la reverencia e inclinarme ante tanto talento.
    No me sentía así atrapado en la lectura desde cuando leía a Dickens, Salgari o Twain.
    No soy tan ducho con el verbo, ni tengo tanta confianza con Hernan, pero si la tuviera le diría algo tan sencillo como: Gordo, sos un hijo de puta, cómo podés escribir tan bien? Y me refiero a esa capacidad de dar profundidad a un texto simple
    Pero no me animo, por eso, creo que solo voy a decir un simple GRACIAS